Historia y Arqueología Marítima

 

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ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

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INTRODUCCIÓN

 

Por el Capitán de Navío ®  Francisco Valiñas :   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

            Con la firma del Tratado de Utrech en 1713, que puso fin a la guerra de sucesión española, se produjo un ajuste en el relacionamiento de las monarquías europeas.  Inglaterra como potencia marítima y comercial emergente luego de haberle arrebatado el dominio de los mares a Holanda, apareció con fuerza, obteniendo del tratado, además de ventajas propias, la devolución de la Colonia del Sacramento a Portugal (ya convertido en subordinado de la corona inglesa) y la autorización para introducir hasta 4.800 negros anuales en las colonias españolas a cambio de oro y plata del Perú, y otros intercambios comerciales. 

            Este comercio tuvo entre sus principales efectos el apegar a los ingleses a la riqueza ganadera del Río de la Plata, empujándolos a apoyar a los portugueses en su tendencia expansiva.  También apegó a los rioplatenses a las mercancías que de contrabando los ingleses introdujeron burlando el férreo sistema monopólico del comercio español con sus colonias.

            Como consecuencia de Utrech y sus tratados concurrentes, España aprendió que sus enemigos, Inglaterra y Portugal, tenían dos puntos de ingreso al Río de la Plata: Buenos Aires y Colonia.  Para contrarrestarlo, en 1717 el monarca español ordenó ocupar la ribera nororiental del Plata, tomando como centro la Bahía de Montevideo y reforzándola lateralmente con Maldonado y Colonia.  Luego de algunas dilaciones, en diciembre de 1726 se fundó la ciudad de Montevideo, cuyo fuerte y apostadero naval pasó a ser de inmediato el guardián de la entrada al mar interior de Buenos Aires, de Asunción y de la entrada al hinterland de la cuenca.

            Pero el enfrentamiento entre España y Portugal por un énclave en el Río de la Plata no finalizó allí.  Por el Tratado de Permuta de 1750, con Inglaterra como garante, Madrid le entregó a Lisboa siete pueblos de la Banda Oriental del Alto Uruguay a cambio de la Colonia del Sacramento.  Como condición los lusitanos exigieron que previo a la entrega los indios deberían ser desalojados de los pueblos.  Tontamente, la corona española desbarató las misiones jesuíticas que le servían de muro de contención de las bandeiras, aplastando la resistencia indígena a abandonar su territorio.  Portugal fue ocupando paulatinamente los pueblos desocupados, pero nunca devolvió la Colonia del Sacramento.

            En 1761 España, Francia y Nápoles entraron en guerra con Inglaterra y Portugal, con resultados militares desastrosos para los hispanos en el teatro europeo, pero no en el Río de la Plata porque el gobernador de Buenos Aires, Pedro de Cevallos, conquistó Colonia, derrotó una flota inglesa que pretendió reconquistarla, e iniciando una marcha hacia el norte ocupó Río Grande, siendo detenido cuando avanzaba sobre Río de Janeiro por la noticia de la firma de la paz de París entre Francia y España con Portugal e Inglaterra.  Por dicho acuerdo, se restituyó Colonia a los portugueses y se reconoció el derecho español sobre Río Grande hasta Santa Catarina, aunque en los hechos los lusitanos lo desconocieron y para abril de 1776 habían ocupado lentamente dicho espacio hasta la línea San Borja-Camacuá.

            Simultáneamente los ingleses, buscando consolidar su dominio en el Atlántico, intentaron dos asentamientos en las Islas Malvinas, de donde fueron expulsados por los franceses primero y por el gobernador de Buenos Aires después.  Este antecedente, junto a la presión portuguesa, harían que la corona española comience a pensar en el problema del Atlántico Sur, concluyendo en la conveniencia de la creación de un Virreinato en el Río de la Plata con autoridad real sobre el área oceánica austral.

            Para 1776 Río Grande había sido perdido, y la presión anglo lusitana era de tal magnitud, que el rey español convocó a Pedro de Cevallos, en ese momento Gobernador de Madrid, por considerarlo el más conocedor de la región y su problemática.  Este confirmó la idea de crear un virreinato, indicando que debería incluir Buenos Aires, Banda Oriental, Tucumán, Paraguay, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y toda la jurisdicción de la Audiencia de Charcas, con autoridad política sobre los territorios y las aguas adyacentes.  Por Cédula Real fue entonces creado el Virreinato del Río de la Plata, con Pedro de Cevallos como Virrey y Presidente de la Audiencia de Charcas.

            Al mando de una expedición militar, Cevallos conquistó Santa Catarina y entró a Río Grande, mientras en forma simultánea el Gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, puso sitio a la Colonia del Sacramento y envió una fuerza terrestre en apoyo de la campaña del virrey.  Los portugueses habían invadido el Virreinato del Perú por Marañón, Caquetá y Putumayo, y ambos coincidieron en que una operación militar sobre la región paulista, centro de gravedad de la expansión lusitana, contendría las pretensiones de Portugal en Sudamérica.  Y casi lo lograron, porque a punto de alcanzar sus objetivos Pedro de Cevallos fue detenido por la firma del Tratado de San Ildefonso, por el que España recibió la Colonia del Sacramento (que ya había recuperado) y perdió definitivamente Santa Catarina y Río Grande (que estaba ocupando militarmente); a cambio de ello, Portugal se retiró de los territorios peruanos (de los que ya se estaba replegando diezmado por las enfermedades selváticas que devastaron sus tropas).

            Los hechos repetían un patrón histórico. Las actividades de expansión anglo-lusitanas en la Cuenca del Plata terminaron siempre derrotadas por las armas regionales, pero vencedoras en las lides diplomáticas europeas.  La razón de ello se puede encontrar en la interrelación de fuerzas en Europa, o sea la debilidad de España (y a veces su muy voluble aliada Francia) frente a la fortaleza del poder naval de Inglaterra apoyando a Portugal. 

            El Virreinato del Río de la Plata marcó el punto más alto del dominio de España en el Atlántico Sur.  Con Buenos Aires como gran expansor del desarrollo y la cultura hispánica toda la región prosperó comercial y socialmente.  No fue ajeno a ello el contrabando de los ingleses, quienes comprendieron que esta forma de comercio ilegal era también la mejor vía de penetración para el momento.  En el Apostadero Naval de Montevideo el virreinato encontró la seguridad militar para el crecimiento pacífico.  Si bien contuvo la expansión lusitana, no eliminó definitivamente la ambición portuguesa.  Solo la pospuso por unas pocas décadas.

            La Revolución Francesa, con su régimen de terror consecuente y el vertiginoso ascenso de Napoleón Bonaparte, introdujo importantes cambios en el relacionamiento de las potencias europeas.  Luego de conquistar la Europa Continental, el emperador francés impuso el bloqueo comercial a Inglaterra.  Esto le creó a los británicos una imperiosa necesidad de materias primas para sus industrias y de mercados para sus bienes manufacturados.  Ya no se trataba solo de la oportunidad de comerciar contrabando, sino de intercambios de mayor volumen que pudieran mantener una estructura económica que se encontraba muy frágil y debilitada luego de la pérdida de las colonias americanas en la emancipación de los Estados Unidos de América.  Entonces, la conveniencia de encontrar nuevas plazas comerciales se transformó en necesidad de urgencia.  Para Inglaterra el dilema fue simple: comercio o hambre.

            Entonces sobrevinieron los enfrentamientos en el mar.  Aboukir, Copenhagen, Finisterre y finalmente Trafalgar.  Este último, dejando caer como corolario el dominio absoluto de las rutas marítimas comerciales por parte de  la Armada Real Británica.  En este punto de inflexión de la historia de los beligerantes, la solución al dilema inglés de supervivencia cayó por sí misma.  Las ricas colonias de España, aliada forzado de Francia, serían las destinatarias de las mercaderías que el continente europeo no admitía, y también la fuente de las materias primas. 

            Pero primero se ensayó otra variante mas accesible, ante un rival más débil, conquistando la colonia holandesa del sur de África y los trampolines insulares del Atlántico, para comprobar que si bien eran mercados favorables a la penetración de los productos manufacturados ingleses, no serían proveedores de las materias primas necesarias para sostener la estructura industrial de la metrópolis.

            En consecuencia, el siguiente blanco fue el Río de la Plata.

 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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