Historia y Arqueología Marítima

 

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LA REAL ARMADA ESPAÑOLA EN EPOCA DE TRAFALGAR

Por el Contralmirante ALBERTO CARAMES Centro de Estudios Históricos Navales y Marítimos de la Armada:   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

Las efemérides más relevantes del frondoso pasado naval español, tanto las gloriosas como las adversas, han acaecido en octubre, octavo mes del calendario romano y décimo del actual.- Un 12 de octubre la nao y carabelas de Colón llegaron a América; un 7 fue la victoria de Lepanto y un día 21 de dicho mes a la vista del cabo de Trafalgar, se inició el declive del poderío naval español.-

El tiempo, que en su pasar va haciendo a los hombres y con el hacer de éstos acaba haciendo la historia, tiene sus medidas. Uno de estos patrones métricos es el aniversario, al cabo de 100 años como medida temporal quedan abiertos los límites del horizonte de cualquier marco histórico, latiendo a ritmo normal los corazones de quienes sienten concientes el pasado y ven y entienden mejor, las inteligencias que lo enjuician.-

Ahora está llegando el centenario segundo del trascendental combate del cabo de Trafalgar, relevante hito naval en la historia de Europa si se quiere, que era ya la historia de occidente y  nos obliga a pensar y fuerza con intensidad clara, a reavivar el recuerdo para el mejor entendimiento de lo histórico.- Trafalgar encierra en sí capacidad de enseñanza referida a la mar, a las marinas de guerra , a la guerra naval y por derivación natural, a la política y a la historia de cualquiera que se siente interesado por eso que llamamos “ cosas de la mar”.-

Para Francia y España, en especial para ésta última, Trafalgar fue una derrota estruendosa y decisiva, pues por falta de una política naval, se desaprovechó la condición marítima española, mientras la absolutamente marítima Inglaterra, se aseguró el dominio del mar, evitó la invasión de Napoleón a las Islas Británicas y por otro lado posibilitó la invasión  inglesa del continente europeo para detener al gran Corso.

En suma, Trafalgar haría posible el Waterloo de 1815 y el reinado del Imperio Británico en los mares del orbe por más de una centuria. La ausencia de España en la mar tanto fue, que prácticamente dejó incomunicada América con Europa y habilitó el camino a los ingleses a incursionar por América meridional, inclusive por las costas platenses en 1806 y 1807, siendo también causa de la independencia de los países americanos.-

Pero para comprender cabalmente la situación de la Real Armada Española en la época de Trafalgar, se hace necesario remontarse a principios del siglo XVIII y seguir su evolución hasta que la marina  llega al cenit en la década del 80 y posteriormente seguir su estrepitosa caída, que termina fatalmente en aguas próximas a Cádiz, al sur de España.- 

La marina que crean o impulsan desde 1700 los primeros Borbones, Felipe V, Fernando VI y Carlos III, este último en plena Ilustración, se encontraba en estado letárgico, sobre todo a partir de la batalla de Dunas, tras la cual se adquirió una evidente conciencia de los males que la aquejaban. Fue primero Felipe V ante la orfandad naval que hace investigar sus causas, captando rápidamente que no era otra que la absoluta falta de escuadras, hombres y barcos, que pudiesen proteger y amparar las relaciones comerciales del país mantenidas a través de la marina mercante, que definitivamente devolviera a la nación española su otrora preponderancia en la mar. Iniciada la recuperación naval seguirán con esa política sus sucesores Fernando VI y  Carlos III en lo que puede entenderse como la gestación y nacimiento de la  marina moderna y en su posterior asentamiento ilustrado los Borbones van a otorgarle un trato preferencial.-

La famosa frase de Ensenada a Fernando VI encierra un perfecto planteamiento estratégico naval, pues las guerras del siglo XVIII europeas y españolas fueron ante todo y sobre todo, guerras marítimas. Así se expresaba al respecto “….proponer que VM tenga iguales fuerzas de tierra que la Francia y de mar que la Inglaterra sería delirio, porque ni la población de España lo permite, ni el erario puede suplir tan formidables gastos, pero proponer que se aumente el ejército y que no se haga una decente marina, sería querer que la España continuase subordinada a la Francia por tierra y a la Inglaterra por mar …”.

Estas palabras calaron profundamente y la marina decente se hizo durante buena parte del siglo XVIII, pero sobre todo en el reinado de Carlos III, cuando puede  constatarse como el gobernante español, el político, ha entendido la proyección exterior de la marina y se pone de manifiesto la aplicación de una estrategia que la comporta, hasta el extremo de que si Ensenada pedía a mediados de siglo un mínimo de 60 navíos, en 1788, año de la muerte de Carlos III, ya se habían construido 67 buques de ese porte.-

En suma, el siglo XVIII representó una revisión crítica, que enfrentó la deformación del pensamiento español del siglo anterior con una nueva actitud científica del mundo europeo donde la armada se volcó al proceso transformador que implicó el resurgimiento naval español, cimentado en las disposiciones de Patiño, Ensenada, Arriaga y recogidas en las acciones del Almirantazgo. Esto hizo de la Real Armada una profesión fuertemente jerarquizada,  transformada culturalmente y con sólido soporte profesional e incorporada sin reservas a las corrientes europeas.

Su oficialidad egresada de las Reales Compañías de Guardiamarinas instituidas por Felipe V en 1717, sumamente preocupada y comprometida con el desarrollo intelectual de la nación, constituyó el conjunto profesional más brillante y eficaz de que dispuso la España del siglo XVIII y que debido a su sólida formación técnica, científica y humanística, podían compararse ventajosamente con el resto de las marinas europeas. No obstante, esa gran marina con una Oficialidad de alto nivel se derrumbaría en algo más de un decenio,  por obra y gracia de los monarcas y gobernantes de turno de la talla de Godoy, que sucedieron a Carlos III y no supieron estar a las alturas de los acontecimientos de la época histórica en la cual tuvieron que desenvolverse.-

Pero comencemos por  reconocer que en el siglo XVIII se alcanzó también un altísimo nivel tecnológico en la construcción naval y un notable desarrollo en las ciencias náuticas, proporcionando al hombre más seguridad en la mar y exactitud en la navegación.- El buque de línea del siglo XVIII y comienzos del XIX continuaba siendo la máquina de guerra mas poderosa, compleja y técnicamente avanzada de la época.  La construcción  en madera y los aparejos de los navíos, alcanzaron sus más altos niveles de perfeccionamiento y grandeza de diseño.-

Es admitido entre los estudiosos que el diseño y la construcción naval militar española del siglo XVIII y hasta poco antes de Trafalgar, tenía poco que envidiar si no es que superaba a  los de otras naciones. A comienzos del XVIII el gran constructor. Antonio de Gastañeta había introducido en la construcción naval española los principios matemáticos y geométricos, con los primeros planos de conjunto de los buques, lo que produjo unos navíos excepcionalmente bien conseguidos, más grandes y resistentes que sus homólogos europeos.-

Pese  a la bondad del sistema, el gran Jorge Juan lo mejoró con la incorporación de las ciencias físicas y la continua experimentación, contratando y trayendo a España además a constructores británicos. El paso siguiente fue en sentido opuesto, al traer a España al  gran constructor francés Francisco Gautier en 1765, que reorientó en ese sentido el diseño de nuestros buques, para llegar a la síntesis con  su discípulo y continuador, uno de los mejores constructores navales del siglo, José Romero Landa y cuyos buques  estuvieron entre los mejores de la época en todos los sentidos y muy especialmente su serie de navíos de tres puentes y 118 cañones de porte entre los cuales el Príncipe de Asturias y el Santa Ana tuvieron una destacada actuación en Trafalgar, siendo el primero además el buque insignia de Gravina y hecho casual, sobreviviendo ambos al combate y posterior temporal y quedando en manos españolas.-

Nada pues cabe reprochar al diseño general de los buques españoles de la época, aunque conviene resaltar que con las técnicas del período, resultaba casi imposible que dos navíos realizados según los mismos planos resultaran enteramente iguales en condiciones, siendo inevitable que algunos salieran no tan buenos, eso sin contar con reformas posteriores a la construcción, que alteraban de nuevo sus prestaciones tal como sucedió con el  navío de tres puentes Santísima Trinidad, convertido en un cuatro puentes de 140 cañones, siendo el buque de guerra más grande del mundo en su época y también presente en Trafalgar.-

El tamaño de los navíos de tres puentes españoles era de unos 60 metros de eslora y 70 de altura máxima de arboladura, artillados con 100 a 140 cañones. No obstante el buque tipo o de línea tenía dos puentes, alcázar y castillo, y llevaba 74 cañones.  Formaba parte de  la columna vertebral de las escuadras antagonistas en Trafalgar, disponía de alojamientos para oficiales por grados y antigüedad según las ordenanzas de Patiño de 1717.

Los únicos pabellones realmente espaciosos eran los del General de Escuadra y el Comandante del Buque. El primero situado a popa en la cubierta del alcázar y el segundo en la cubierta de entrepuentes, ambos tenían cámara y camarote. El segundo Comandante, el comisario ordenador de marina o intendente y los Tenientes de Navío por riguroso orden de antigüedad y de popa a proa, poseían camarotes múltiples a banda y banda de un pasillo en crujía donde también se montaba la capilla. Los Oficiales disponían de una cámara propia y los Guardia Marinas de una pequeña camareta  y a proa de la misma sin más separación que unas lonas, arranchaban los oficiales de mar .-

Las dos cubiertas eran corridas y sin división alguna y en ellas iba montada la artillería sobre cureñas. En los entrepuentes colgados de los baos y de proa a popa se armaban las hamacas o coys donde dormía hacinada la dotación del buque, pero separada la marinería de la tropa de infantería de marina. Cuando se tocaba diana o zafarrancho de combate había que enrollar o liar los coys rápidamente y entonces se convertían en los llamados salchichones que se colocaban en las redes de borda o batayolas antes de acudir cada hombre a su puesto de combate. Estos salchichones servían de parapeto contra las balas de la fusilería, las metrallas y los astillazos. Las mesas para comer por ranchos se armaba diariamente entre las piezas de artillería.

Los navíos de línea por lo general montaban 4 bombas de achique situadas en la proximidades de la carlinga del palo mayor que llegaban desde la primera batería hasta el forro interior de la bodega. En sus inmediaciones se disponían alojamientos para cirujano, contramaestre y condestable.-

Bajo la primera batería y también corrido de proa a popa se encontraba el sollado. En el mismo tenían  un pañol de pólvora dónde se guardaba este elemento encartuchado en lienzos, por calibre o a granel en barriletes. Llevaban también un ante pañol de pólvora, siendo este  un espacio completamente aislado con pequeñas ventanas que daban a los callejones de combate para el servicio de cartuchería. A través de estos callejones o pasillos, se desplazaba  la dotación libremente de proa a popa, facilitando en pleno fragor del combate a los carpinteros y calafates la reparación de los costados del buque averiados por los balas de cañón del enemigo.-

A proa del palo mayor, siempre en el sollado, se encontraba un pañol de velas para el alumbrado y otro de balas, estibándose los proyectiles de acuerdo al reglamento de artillería de 1766 y además llevaban una despensa en cuya parte central almacenaban barricas de vino, vinagre y otros víveres secos, además de pañoles exclusivos para el pan forrados de tablas delgadas para preservarlo de la humedad. En el sollado se encontraban  la enfermería y hospital de combate, siendo la bodega el espacio que existía por debajo del sollado y más próximo a la quilla del buque.-

Desde principios del siglo XVIII, en la Armada se denominaba tripulación o equipaje a la totalidad de la gente de mar, que componía la plantilla de un navío de guerra, mientras que guarnición se reservaba para la infantería de marina embarcada, el conjunto de tripulación y guarnición constituía la dotación del buque.-

La marinería tenía un origen social muy bajo, pues existía el viejo resabio de considerar el trabajo de mar como algo deshonroso. El reclutamiento estaba basado en las llamadas matrículas de mar que dividía a la marinería en grumetes, marineros, artilleros de mar ordinarios y artilleros de mar de preferencia. El sistema cuando se cumplió dio buen resultado, pero fracasó a causa del enorme número de buques que se armaron a partir de 1760 y la frecuente suspensión de pagas por falta de asignación de recursos, dejando a las familias en la indigencia lo que motivó gran desconfianza hacia el sistema de matrículas con un considerable aumento de deserciones.-

En 1804 cuando España declaró la guerra a Inglaterra no se pudieron cumplir las exigencias de Napoleón por falta de gente de mar y para dotar los buques de Gravina se recurrió a todos los procedimientos habidos y por haber, bandos, levas forzosas, vaciado de buques pesqueros, marineros presos en arsenales e incluso reclusos de condenas limpias  y tropas de ejército como marinería, que nunca llegaron a tener la debida pericia marinera, para maniobrar rápidamente los buques en combate ni tampoco efectuar una cadencia de tiro apropiada con las piezas de artillería naval por falta de adiestramiento, lo que redundó en una muy mala gestión de la potencia de fuego.-

No obstante, en referencia al número de piezas de  artillería de los buques españoles que entraron en combate en Trafalgar, podemos decir que en la mayoría de los mismos, se habían embarcado una considerable cantidad de obuses además del porte normal de cañones y algunas carronadas presumiblemente apresadas al enemigo, pues ya en 1779 fueron montadas en todos los navíos ingleses como piezas de poco peso pero gran calibre y poder de fuego  a corta distancia y que el Almirante Nelson empleó para rociar de metralla las cubiertas enemigas impidiendo el abordaje y rindiendo a sus adversarios sin llegar al cuerpo a cuerpo.-

Por lo tanto,  la afirmación de que la superioridad inglesa se basaba en el mayor número de navíos de tres puentes y en las carronadas es exacta en lo que se refiere a los navíos franceses, pero completamente errónea en cuanto a los españoles. Otra cuestión es la superioridad derivada de la situación táctica de las maniobras de buques y del adiestramiento de las dotaciones de las piezas de artillería.-

Justamente en referencia a la táctica en la época de Trafalgar, para interpretar la misma se hace necesario conocer las dos escuelas de pensamiento, la escuela formalista y la escuela melenista. La primera propugnaba por mantener la línea de fila durante todo el combate por lo que la flota se mantenía bajo el mando de su Comandante General, no dejando iniciativa alguna a los Comandantes. La escuela melenista (meléa), por el contrario, proponía romper la línea propia para atacar masivamente y con independencia confiando en la iniciativa y agresividad de los comandantes. Los melenistas fueron más agresivos y temerarios. El Almirante. Holandés De Ruyter, estableció el principio táctico: ”…. contener la vanguardia enemiga con una fuerza inferior o prescindir de ella, para atacar con toda la fuerza sobre el centro y la retaguardia enemiga ….”, principio que prevaleció hasta Trafalgar.

En suma, se verá como los españoles bajo el comando del francés Villeneuve, siguieron la doctrina de la escuela formalista, pues lo único que el Almirante ordenó, fue la formación de una línea larga rígida e inmanejable, haciendo caso omiso al Mayor General de la escuadra española Cosme Churruca, que sugirió virar en redondo para proteger el centro y la retaguardia tomando al adversario entre dos fuegos, concepto propio de la escuela melenista donde autonomía y agresividad prevalecen, como primero lo demostraron los ingleses con el Toque de Nelson y toda la intuición y confianza en la victoria que su maniobra táctica conlleva tiñéndola de puro melenismo.

Como conclusión podemos decir, que las fuerzas materiales españolas, o sea los buques estaban casi a la par de los británicos, no obstante las fuerzas morales de las tripulaciones de Gravina se encontraban tremendamente afectadas por la problemática citada en referencia al adiestramiento de su personal,  mientras que las fuerzas orgánicas, o sea la organización para el combate de los españoles, bajo el comando del Almirante. Francés Villeneuve demostró ser un fracaso desde el principio.

             Sin embargo, no podemos dejar de destacar el valor a título personal de los tripulantes de la Real Armada Española encabezados por Gravina, Churruca, Alcalá Galiano, Valdés y Flores, Baltasar Hidalgo de Cisneros, Alcedo y Bustamante, y María de Álava, entre otros, y que junto a todos los españoles embarcados se convirtieron en héroes trágicos, que lucharon por puro patriotismo, honor y disciplina, faltos de adiestramiento y mal pagos, pero dignos de mejor causa, los que ya les convierte en figuras heroicas, sacrificados en una coyuntura crítica para su país, en una empresa que no era realmente la suya, sino un intento de hegemonía mundial de Napoleón.

El cuerpo de Oficiales de la Armada española siempre respetó a sus enemigos, no obstante fueron reticentes de su aliado francés y sin dudas  probados en derroche de valor, coraje y tenacidad, siendo los 49  guardiamarinas (40 peninsulares y 9 hispanoamericanos) que Gravina embarcó en sus navíos, privilegiados custodios de la bandera roja y gualda e integrantes  de una gloriosa escuela de verdadero aprendices de héroes.-


BIBLIOGRAFÍA

 Alte. Eliseo Álvarez Arena; Entorno a Centenarios: Trafalgar .Revista General de Marina  Agosto/Setiembre 2005

 Contra Almirante José González-Aller Hierro, La vida a bordo en la época de Trafalgar.Revista General de Marina, Agosto/Setiembre 2005.

 General Auditor José Cervera Pery – Guardia Marinas en Trafalgar.Revista General de Marina, Agosto/Setiembre 2005.

 Vice Almirante Julio Ferrero – La Táctica Naval en la época de Trafalgar.Revista General de Marina, Agosto/Setiembre 2005.

 

 

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