Historia y Arqueología Marítima

 

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ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

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EL COMBATE DE TRAFALGAR

Por: Profesor ALEJANDRO BERTOCCHI  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

Nuestra principal fuente son los aportes documentales efectuados en los últimos años y publicados sucesivamente por el Instituto de Historia y Cultura Naval de la Armada Española.

Antes de pasar directamente a los comentarios de las acciones de combate entabladas aquel 21 de Octubre de 1805, debemos enfocar la mira hacia diversos conceptos, entendiendo que Trafalgar supuso el enfrentamiento entre dos marcos doctrinarios diferentes, dados ambos a la vida por muy variadas contingencias.

Ejemplos: Horacio  Nelson ingresa en la Royal Navy a sus 12 años de edad; Cuthbert Collingwood lo hace a sus 13; John Hardy a los 11; Tomás Cochrane a los 12, todos directamente a pisar las cubiertas de los buques de Su Majestad Británica.

Por su parte Federico de Gravina ingresa en la Real Armada a sus 16 años, Cosme Churruca a los 15, todos ellos directamente a la Academia de Guardiamarinas. Matemáticas, navegación, cosmografía, armas, etcétera, conociendo al dedillo los valores generales y técnicos de la guerra naval, mientras aquellos, sus adversarios, se educan a plena practica en la mar, haciendo de sus buques su hogar y enfocando en forma muy tangencial y progresiva, el resto de su preparación.

Al momento del choque en Trafalgar, efectuando una sucinta sumatoria de tiempo, Nelson había estado casi 10 meses en navegación y a su vez Collingwood habría de pasar casi 7 años de su vida virtualmente sin pisar tierra firme, ya que se hallo en todo ese tiempo al mando de la fuerza estacionada en Gibraltar.

Entonces, siguiendo este esquema los almirantes Villeneuve y Gravina habían pasado algunos años en el mundo diplomático con todo su significado ulterior y amén de todo esto, sabemos que el factor dominante dentro de la armada combinada franco española era la falta de entrenamiento de las tripulaciones. En este caso puntual una buena cantidad de grandes navíos españoles que habían de luchar en Trafalgar, llevaban cerca de 20 meses de inmovilidad.

Así, mientras la marinería británica reconocía plenamente que sus jefes no solo eran afiatados conductores de hombres, sino también de sus buques, se asumía este factor como un reflejo moral indiscutible que hacía que la respuesta dada a las directivas del mando fueran tomadas al pie de la letra, como una religión, reconociéndose que ello ameritaba lo mejor para la causa general.

Algo diferente ocurría a bordo del adversario, al menos en una percepción generalizada.  Los grandes jefes navales españoles había sido formados como magníficos conductores de hombres -así lo dicen siglos de gloria- pero en una contingencia donde pesó tan fuertemente lo anteriormente señalado, pese a la total y abnegada entrega en el combate, parte del personal subalterno entendió en las primeras de cambio, que la balanza se inclinaba generosamente hacia el frente donde el mayor dominio de las circunstancias campaba por sus respetos.

Y aquí hallamos -en un análisis que podría ser discutible pero que debe hacerse- el gran “handicap“ que obtenía la fuerza de Lord Nelson, basada eficazmente en el mayor “pié marinero” de sus hombres.  Así, cuando llega la hora de la verdad, este último factor se constituye rápidamente en la principal fuerza moral que se debe ostentar, ya que aquellos cuyo marco doctrinal supeditan lo marinero a lo castrense, cuando se entra a flotar, se entrega la iniciativa al enemigo. Algo de ello ocurrió en Trafalgar.

Existen algunas muestras esclarecedoras que han sido señaladas en los ámbitos documentales que ya hemos referido y a vía de buen ejemplo damos solo uno de estos hechos, dado este, en un combate nocturno acaecido meses antes de Trafalgar, en las cercanías de Algeciras. Aquí tenemos que dos buques españoles que navegaban en línea de frente, fueron cruzados por sus bandas interiores por una veloz fragata británica, con el fatal resultado de que ambas naves se trabaran en un desgraciado y feroz duelo artillero por cierto tiempo hasta que sus mandos se dieron cuenta del error, muy tardíamente, cuyo resultado supuso el incendio y posterior pérdida de uno de estos barcos.        

Aclarados algunos de estos puntos señalamos que la salida a mar abierto de la flota franco española (33 navíos y 7 buques menores), se hace a mediodía del sábado 19 de octubre de 1805, desde la bahía de Cádiz, pero dicho movimiento no pudo ser complementado por varios buques a causa de la falta de vientos. [1] A la jornada siguiente se completo finalmente la salida de la Combinada, con rachas de viento Sur, tocando zafarrancho de combate general, reconociéndose la entrevista presencia de la flota enemiga.

En el consejo de jefes habido con anterioridad se había traslucido la verdadera casual de la salida general de la flota: la situación personal del almirante Villeneuve ante Napoleón, cosa que trae a colación la idea de que primaban intereses personales por sobre la empresa misma, señalando la investigación que muchas cosas salieron a luz en aquellas horas tan sugestivas y difíciles para los aliados. Y tamaña precipitación demostró poseer buenos ejemplos: no se pudo anotar el andar respectivo de cada unidad, ni de hacer las enmiendas de estiba y de aparejo, datos que se necesitaban para conformar una línea coherente de navegación y maniobra. En este caso el francés prefirió mezclar las nacionalidades de los navíos, por cuestiones políticas y de prestigio, cuanto no de pretendida desconfianza.  Además señalamos un precioso dato para los conocedores del ambiente, pues la flota combinada tuvo varias bajas antes de recibir fuego enemigo, dadas las caídas de los inexperientes gavieros, situación que superó lo normal en cualquier maniobra.

Los buques franco españoles aparejaron desde Cádiz, como dijimos en tandas, poniendo proa al Sur, muchos remolcados dado los vientos y cercanía de la faja costera. A vanguardia el Almirante Gravina, al centro el comandante en jefe y a retaguardia el Contralmirante Dumanoir con sus cinco navíos. Era este el orden de batalla iniciático que el francés había decretado en aquella premonitora reunión.

A la caída de la noche, estando la mayoría de los buques en la mar, el tiempo comenzó a tener mal cariz, navegando la Combinada en tres columnas, en demanda ahora del estrecho de Gibraltar.  Gravina intentó hacer saber a Villeneuve de su oposición a entablar dicha navegación a sabiendas de la proximidad del enemigo, sin lograr resultados. En esas horas el viento rolaba al cuarto cuadrante, situación que se daría en la siguiente jornada, hecho que según los conocedores auguraba una fuerte tormenta.

A la amanecida del 21 con tiempo aturbonado por el Norte, la Combinada se halla navegando en una línea mal formada, sin sujeción a puestos y tomado el viento por la aleta de estribor en un rumbo general Sureste.

A su vez la flota británica se va presentado paulatinamente desde el Oeste al Nor-noroeste ( o sea a  barlovento) en número de 27 navíos, conformados en dos columnas, pareciendo querer ganar mas espacio corriendo el viento al largo hacia proa de la Combinada.

En este momento culminante, donde tanta polémica se a entablado desde el mismo fin de esta gran batalla, expresamos que si se detalla esta hora, tenemos en el teatro respectivo un regular viento Nor-noroeste favoreciendo a los británicos en las primeras de cambio, salvo que la flota combinada prosiguiera rumbo al sur para eludir el envite del enemigo, que en parte, se hallaba por fuera del horizonte visual propio.

Y aquí sobresale fuertemente, en nuestra opinión, el momento que debía haber aprovechado Villeneuve, pues con su escuadra precisamente sotaventeada podría haber puesto rumbo al cercano estrecho aprovechando su empopada y la fuerte corriente atlántica que tira unos 3 nudos, en forma permanente, al interior del Mediterráneo, con una retaguardia que podía haber aguantado el ataque británico, conformada por el Contralmirante Dumanoir, su jefe de estado mayor, a esa altura el marino mas joven y galardonado de la flota francesa. [2]

De tal manera, los franco españoles podrían haber arrastrado a Nelson en un combate de persecución y si esa oportunidad hubiera ocurrido se habría cumplido parte de las directivas de Napoleón: sacar a las fuerzas navales enemigas del Atlántico. De esta forma, quizás, se hubiera repasado Gibraltar por lo noche, en combate y buscar ganar puerto en Cartagena, Tolón o cualquier otro punto del Mediterráneo.

Empero, Villeneuve sobre las 9 de esta mañana ordenó una virada por redondo, o sea poner proa al norte, alegando, según alguna fuente, tener Cádiz a la vela. Y aquí hallamos el momento cardinal de esta jornada histórica, dado que girar 180° hacia tierra, ciñendo el viento por babor a una masa de 33 grandes navíos sotaventeados, conformados en su gran mayoría por embarcaciones con diferentes aparejos y obras, resulto que esta maniobra se efectuó en aguas muy acotadas por la cercanía, entre otros obstáculos, del bajo de la “Aceitera”, significando todo esto que no se pudo restablecer un orden cerrado y menos una línea de fila, quedando la retaguardia en la vanguardia y viceversa el resto.

En el momento crucial, antes de tirar el primer tiro, la armada combinada se hallaba cortada en dos segmentos, dado que muchos buques del grupo comandado por Gravina ahora expuesto al sur y apelotonados, debieron ponerse en facha para evitar abordajes, saliendo de sus puestos hacia sotavento al no poseer espacio para ubicarse.

Y aquí pasamos a fuente directa:

“.... La armada combinada sin haber podido concluir el restablecimiento del orden, tuvo que orzar para recibir al enemigo y a pesar de que la vigía señalaba que la línea propia tomaba demasiada extensión, tuvieron nuestros navíos que ponerse en facha para evitar abordajes y muchos salieron de sus puestos doblando a sotavento por falta de lugar en que colocarse ....” [3]

Aclaro a la audiencia que esto sucedía en momentos en que ya la las dos líneas británicas se hallaban plenamente conformadas en cuña y en orden cerrado de marcha, aprovechando el viento, por lo cual Nelson se dio el lujo de elegir por donde cortar la formación adversaria.

“.... Al fin cae el enemigo sobre esa torpe línea mal formada, en facha y casi toda inmóvil y ataca muy de cerca, atravesando por los pasajes que se le proporciona, maniobrando los unos en sostén de los otros con el mayor acierto y prontitud manifestando su facilidad de maniobrar, en cuya clase de ataque debían tener la superioridad que les proporciona su acertada práctica marinera contra unos buques que no la tenían y mareada parte de su tripulación ....” [4]

A las 12 y ocho minutos se dispara el primer cañonazo que a posteriori iba a tener el resultado material de varias naves perdidas y unas 3.000 bajas para la Combinada.

Ante este momento, para reflejar aún mas claramente lo que sucedía, quizás las duras palabras del Brigadier Cosme Damián de Churruca, minutos antes de su muerte, sean el mas crudo ejemplo que podemos brindar a la audiencia: “.... la causa esta perdida, nuestra vanguardia será aislada de aislada del cuerpo principal y nuestra retaguardia será abrumada; el almirante francés no conoce su trabajo ....”

Nelson había intuido gran parte de lo que sucedía ante sus ojos: una formación virtualmente detenida con el viento sobre sus proas, ya dividida en varios segmentos, facilitando su tan publicitada maniobra de corte, que tuvo a su buque insignia, como matalote de la cuña norte.

Y así se desarrolló lo que la audiencia conoce, el combate individual buque a buque, buscado por Nelson, negando desde el primer cañonazo la posibilidad enemiga de aprovechar los pocos minutos en que la fuerza atacante británica, se hallo expuesta al fuego de costado de la poderosa, por magnitud, masa de fuego franco española.

Y todo se dio como calcado al papel y hasta la misma maniobra inicial del VICTORY al pasar por popa del BUCENTAURE, resultó afortunada, pues el navío francés, que caía por banda en dirección del viento, con su velamen apagado por la masa gigantesca del SANTÍSIMA TRINIDAD, que se hallaba a su frente, quedo expuesto por popa, justamente formando un ángulo de 90° con la banda de babor del navío inglés. Esto fue aprovechado para darle un gran golpe, lanzando las baterías del VICTORY por esa banda una andanada completa que corta en dos al buque francés, penetrando la masa de fuego por las amplias aberturas exteriores del alcázar, longitudinalmente por su segunda cubierta, causando estragos de magnitud, aislando los escombros y cadáveres la cubierta superior de las inferiores, dejando al insignia enemigo virtualmente fuera de combate.

Una de las pocas satisfacciones que da la investigación histórica, es reconocer que la elaboración del mito no se ajusta a las realidades, ya que en líneas generales en el marco global de la guerra, la victoria casi siempre, o siempre, puede basarse en una sumatoria de errores ajenos, que inclinen la balanza hacia el campo del mas preparado.

Por ello, tomando nota de la asimetría señalada entre las concepciones marineras de unos y otros, y asumiendo mayormente que el Almirante Villeneuve regaló el viento al enemigo, desbaratando gran parte de su fuerza, si la insignia del duque de Bronté no hubiera estado enarbolada en el VICTORY y su lugar se hubiera hallado ocupado por cualquier otro gran marino, seguramente la Gran Bretaña habría ganado, igualmente, la batalla de Trafalgar.          

 


 

[1] O´ DONELL Hugo.- “ La campaña de Trafalgar”. Editorial Esfera. Madrid. 2005.

 

[2] WHIPPLE A.- “Navíos en guerra.” Editorial Time- Life Folio. Barcelona. 1995.

[3] GONZALEZ - ALLER José C/ A . “La guerra contra la Gran Bretaña (1804- 1808) en el manuscrito 472 del Museo Naval.” Revista de Historia Naval. IHCN. Madrid. 2005

[4] ibídem.

 

 
 
 
 
 

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