Historia y Arqueología Marítima

 

HOME

ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

Indice art AUHMyF

ANTECEDENTES PREVIOS A LAS INVASIONES INGLESAS

Por: Profesor Alejandro Bertocchi  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

Las ciencias que estudian el comportamiento humano nos dicen que todos aquellos sentimientos y /o valores negativos que hacen mortal al hombre y lobo de si mismo, se transmiten muy fácilmente mediante el tejido social para entonces ser asumidos enteramente en forma plural, por lo que clanes, tribus, comunidades, municipios o reinos, muchas veces toman patrones de conductas colectivas que parecen ser individuales, cosa que refleja el día a día de la crónica histórica.

El pesar del bien ajeno, la arrogancia de los fuertes, la codicia, las ansias de dominio, las apetencias de poder y sus vanidades conexas, son en oportunidades puntuales moneda corriente y  hechos consumados propios de la existencia del hombre sobre la tierra. Y ello hoy lo vemos reflejado en nuestro continente con algún ejemplo muy cercano.

De tal manera, cuando la navegación ibérica se topó con el continente americano descubriendo un nuevo mundo a ojos de la Europa Cristiana, y tras este hecho crucial, la máxima autoridad moral y política indiscutida, respetada y reconocida por todos los reinos y principados del viejo mundo, vino a especificar claramente en sus bulas pontificias, que todos los reinos y regiones del ultramar descubiertos, “habidos y por haber”, corresponderían enteramente a las soberanías de las coronas de España y Portugal, surgió inmediatamente lo anterior y por ello los emprendimientos ilegales aparecieron en forma de expediciones, primero, y luego empresas piráticas que dieron una válvula de escape a los sentimientos de frustración de aquellos reinos que querían un reparto mas justo, a su juicio, de la manzana de Adán, al decir del rey Francisco I de Francia.

Empero, cuando aquella unidad política tan ejemplar se fracturo al aparecer la Reforma Protestante, con esta última culminaron los escrúpulos y así reinos que habían sido marcas de frontera y por ende sin peso aparente en esa gran historia clásica conformativa de nuestra civilización, creyeron hallar su hora, comenzando bajo su égida un período histórico absolutamente nuevo.

Aquí no solo vamos a hallar los antecedentes puntuales e inmediatos del tema que hoy tratamos, sino también esto supone el surgimiento de un proceso de globalización indetenible, en ancas de la influencia doctrinaria de una moral relativista e indiscretamente materialista, que va a colocar por encima de subterfugios dialécticos, a la economía como tótem, cual dios absoluto, y al hombre sujeto al capricho de su arbitrio, donde la acumulación y la usura serán formidable centro de irresistible poder.

Así nacía el Mercantilismo, junto a la apertura oceánica y si bien aquel era un principio muy propio al espíritu de todo el género humano, ahora este nuevo proceso contaba con la parcial aceptación de las nuevas corrientes filosóficas del iluminismo que al basar sus dogmas en las utopías individualistas, sin necesidad de buscarlo, consagraron el edulcorante mediático propicio para el entendimiento singular de tal estado de cosas ante la visión de las sociedades.

Sin duda que hubo intentos para lograr un camino mas potable al humanismo, pregonado justamente ante las rencillas con el “orden antiguo” y por ello las diversas interpretaciones y corrientes filosóficas que surgieron a la luz pública en aquellos siglos XVII y XVIII, buscaron fundamentar el dorado camino hacia el “progreso indefinido”, mediante las muy apropiadas luces del entendimiento y la razón.

Entonces, las políticas de expansión de los estados europeos obtuvieron esa vía libre que conduciría a la inclusión de un férreo colonialismo impuesto sobre ultramar, cuyos títulos de dominio ya no vendrían de la afirmación de un acto de conciencia elaborado jurídicamente y asimismo llevado en buena parte a la práctica, como es el caso singular de los imperios ibéricos, creadores de este mundo único e indivisible de magnífica mixtura llamado Iberoamérica (1), ahora este neo imperialismo surgiría netamente de la fuerza de las armas, del “destino manifiesto” de raíz calvinista, y el poder macro económico, sobre cuyo eje todo debería girar y cuya proyección abarca nuestros tiempos.

Y para hallar un arquetipo ideal que nos explique aun en mayor medida lo anterior tenemos al pensador holandés Hugo Grocio quién en 1608 había publicado un capítulo de su obra “De Jure Praedae” (2) al que tituló “De Mare Liberum”, donde sostenía que las vías de comunicación marítima deberían estar abiertas a todas las naciones como vehículo para la expansión del comercio propio. Ciertamente asumimos que Grocio no fue un utopista, simplemente un justificador intelectual, pues como contemporáneos sabemos que sus afirmaciones recaen en un imposible, salvo que sigamos pecando de inocencia. La influencia doctrinaria de Hugo Grocio solo se explica en un panorama de conflicto contra el poder de España y en el marco de la “leyenda negra”, elucubrada como mero antagonismo religioso, pero que de mucho sirvió intelectualmente a la estructuración de la mundialización del mercantilismo.

Como sintaxis mayor en búsqueda de un derrotero mas entendible y ya en el siglo XIX, debemos hacer mención expresa a la figura del almirante Alfred Mahan, cosa inevitable pues nos hallamos ante el apologista mas consumado que a tenido la talasocracia británica, como lo sindican sus obras.

En esas páginas, con esa formidable simplicidad analítica, característica propia de los geopolíticos, siempre por razones entendibles un tanto lejanos a la hermenéutica y comprensiblemente cercanos a las estrategias de sus estados, Mahan sostenía que el clímax del dominio naval británico fue el bloqueo impuesto sobre la Europa napoleónica que considero plenamente efectivo, con toda la acepción de este término, tanto en lo táctico como en sus proyecciones estratégicas.

Empero, dado a quienes y a que objetivo el almirante estadounidense dirigía sus afirmaciones, este logró hacer obviar a ojos de sus elevados lectores, o sea los ejecutores de las políticas estatales, una clara premisa debida a tales operaciones, pues resulta obvio para los entendidos, que en la memorable época de la navegación a vela, los bloqueos navales no dependían de la voluntad de un Nelson, ni de la habilidad marinera de sus hombres y ni siquiera de los medios embarcados empleados: dependían de la Naturaleza y  sus caprichos. (3)

Ciertamente, el bloqueo continental elaborado por el emperador Napoleón fue tanto o mas efectivo que el de los buques de Su Majestad Británica, que siempre se hallaron en precario y dependiendo de la buena fortuna de sus medios.  Así lo dicen las terrestres seis coaliciones y media que obtuvo la Gran Bretaña desde 1801 a 1815, en su afanosa búsqueda de una “ espada continental” que combatiera en los campos de Europa, salvando sus islas del hambre y la penuria. Y así, virtualmente, la Francia napoleónica fue finalmente derrotada por los ejércitos irregulares de España y Rusia, dilucidándose el conflicto en el marco terrestre.  

Sobre este caso puntual, las últimas investigaciones que se efectuaron en España en el marco de la rememoración de la batalla de Trafalgar,  establecen que durante el bloqueo del puerto de Cádiz, por ejemplo, los británicos solo lograron interceptar un escaso porcentaje del trafico mercante, no obteniendo un corte efectivo de las comunicaciones entre la península, Filipinas y América. (4)

La Armada Real Británica sostuvo, en ese menester, una tarea titánica, que solo obtuvo prendas cuando las situaciones del teatro marítimo así lo disponían, o los recurrentes errores del adversario favorecían las operaciones de negación del mar a estos y sus medios, como lo demuestra la misma situación que llevó a la batallas de Finisterre y Trafalgar. (5)

Y si aun se desea hallar una explicación mas afiatada y asimismo ponderada para un entendimiento general, observemos lo acaecido en las dos últimas grandes guerras mundiales, donde con medios navales ahora si plenamente efectivos e idóneos, ante otro bloqueo continental medianamente similar, la Gran Bretaña debió mirar hacia América para escapar a una posible derrota.

Por ello enmarcado en estos pasos previos a lo sucedido en estas tierras hace 200 años, debemos traer a colación tres ejemplos referenciales de lo que se señala y que se inscriben en esa sorda lucha entablada entre la tierra y el mar sostenida en los conflictos napoleónicos y que Mahan solo comenta en forma parcial, como si la guerra naval hubiera nacido en esos siglos y en aguas atlánticas. Y tengamos en cuenta que el geopolítico estadounidense, en su breve capítulo histórico, parte desde la Holanda mercantilista del siglo XVII, como si en el pasado no existieran hechos que ameriten una inteligencia superior. (6)

El primer ejemplo que señalamos lo hallamos en la violencia que debió desatar la Gran Bretaña contra los países neutrales que obligados por Napoleón cerraban sus puertos al comercio inglés. Aquí tenemos el tan publicitado ataque sin declaración de guerra que comandó el almirante Parker contra Copenhague, en fecha del 1 de Abril de 1801.

El segundo lo sufrimos aquí en el Plata con el hecho que hoy conmemoramos, sin duda enmarcado en un emprendimiento mercantilista, cosa que indubitablemente nos señalan las fuentes documentales, que marcan que tras los buques del comodoro Popham, navegaban cerca de un centenar de mercantes. A esa altura de la lucha y dada la situación que se vivía en sus islas, la “mano de obra desocupada” de la Gran Bretaña.

Y el último ejemplo, algo olvidado por los historiadores, el conflicto que entre 1812 y 1814 debieron sostener los EEUU con la Gran Bretaña a causa de las levas compulsivas que desarrollaba la Armada Real Británica contra su navegación en el Atlántico norte y las trabas al libre comercio embanderado con las “barras y estrellas”.

Como colofón al estudio de las Invasiones Inglesas al Río de la Plata, sin duda en nuestra opinión el grito de “.... ¡Viva España! ....” debería cerrar este evento. El rigor de la investigación histórica nos dice que fue esa la exclamación y no otra la de los Maciel, Artigas, Belgrano o Moreno; grito que a todos no unió y nos hizo fuertes y temidos. Debemos reconocer que en este ítem vamos de vuelta encontrada con el confucionismo que se ha sembrado a lo largo del tiempo en las mentes de las noveles generaciones, que sugieren, por ejemplo, que la invasión británica de 1806 – 1807 fue un mero prólogo de nuestra independencia de la metrópoli hispánica y asimismo su disparador.

Pero existe un hecho que para muchos es paradojal, pues los que se presentaban ante ojos de la América española como campeones y abanderados del libre comercio, veían como sus amadas colonias de Norteamérica se les independizaban por razones crudamente económicas, luchando a brazo partido contra su propio rey que los acorralaba con su pesado sistema impositivo proteccionista. Así lo señalaban los “padres de la patria angloamericana”  mientras echaban aquellas bolsas de té al agua del puerto bostoniano. Quizás aquella afirmación de la olvidada pluma del Prof. Leslie Crawford, al señalar que la tiranía comercial española era un mito avaro de investigación, sea un norte a tomar en cuenta. (6)

Por ello, aquí en el sur del continente, el proceso de independencia consumatorio se inicia luchando a favor y en el nombre del rey don Fernando VII, prisionero de Napoleón, haciendo jugar, entonces, las antiquísimas leyes ibéricas que justificaban jurídicamente que ante la acefalía del poder regio, la soberanía devenía al pueblo; llámense juntas o cabildos. Y aquí hallamos claramente expuesta, la brecha filosófica que separa dos cosmovisiones, no solo alejadas por la geografía y que el tiempo no ha logrado enjugar pues provienen de aquel sentimiento deontológico que sostuvimos al principio.

Los antecedentes de la invasión británica al Plata tuvieron facetas un tanto obscuras sobre la cual han laborado insignes plumas de la investigación histórica, dejando en claro las conexiones e implicancias que tenían los británicos infiltradas en la región, aunque la mayoría de estos ítem se hallaran cobijados dentro del mundo portuario bonaerense, donde justamente, años adelante, va a surgir la primera manifestación regional de insurgencia contra España. (7)

Pero todo este seguimiento escrito no ha merecido mayores comentarios por no prestarse al juego de una interpretación elaborada a finales del siglo XIX, cuyos procedimientos mediáticos buscaron fijar en el pensamiento generacional que nuestra patria es simplemente el resultado de la germinación de un pensamiento cartesiano, que se halló en conflicto con el pasado, o sea de una idea arribada a estas tierras en aquellas oleadas inmigratorias.

Y esa abstracta prescindencia de nuestro origen, de aquello llamado Banda Oriental, hace que las acciones sociológicas y fundacionales del tiempo hispánico- de un Hernandarias, un Azara, del apostadero de Montevideo y de ese mismo rechazo armado al invasor que hoy traemos a colación- sea tomado por los textos en forma lejana, como historia mutilada y asimismo utilizada en ejercicio de ucronía, nada menos que  un inconcebible “mea culpa”, como si algo se hubiera perdido hace 200 años. (8)

Entonces en definitiva, lo que el criollo rioplatense defendió a capa y espada y hasta a baldazos de agua caliente en la Reconquista, Maldonado, el Cardal, la Brecha y la Defensa de Buenos Aires, fueron sentimientos superiores, que dada su emotividad, resisten el frío análisis del historiador.

En este caso puntual, el Río de la Plata no solo lucho por el honor de su bandera, sino que aquellas nobles gentes del pueblo llano, con su sacrificio le propinaron a las bizarras armas de la Gran Bretaña la única derrota militar que sufrirían en aquel siglo XIX, con la sola excepción de la primera guerra afgana.

Así, si pretendemos ser justos e interpretar con seriedad el espíritu de aquellos patriotas que nos miran desde el pasado, debemos sostener el hecho de que la noble sangre de Francisco Antonio Maciel no se derramó en vano, pues ella y la de tantos otros paisanos salvaron para la posteridad, nuestra identidad iberoamericana.-  

NOTAS

1)    El Prof. Washington Reyes Abadie señalaba sugestivamente que Iberoamérica había nacido durante la cálida noche del 12 de Octubre de 1492.

2)    Este libro fue publicado en 1605 y correspondía a toda una estructuración intelectual que elaboró toda una época donde el mercantilismo halló una justificación en el marco de la ética. En 1625 habría de publicar su obra decimonónica: “ De Jure belli ac pacis”.

3)    La crónica de época narra las vicisitudes de la flota británica para bloquear en forma efectiva los puertos del continente. Dada la influencia de los elementos, a vía de ejemplo, en los meses del invierno septentrional los puertos del litoral francés y español no pudieron ser negados en su totalidad, amén de que la pesca siguió siendo una de las principales fuentes de alimentación para los pobladores costeros. Quizà la impotencia de la Armada Real Británica en operar en el Rìo de la Plata en 1806, sea el mejor ejemplo, pues pese a su dominio no pudo impedir la reconquista.  Sus buques no pudieron operar en el Plata superior por su batimetrìa y el microclima imperante en dicho teatro.

4)    González- Aller José Ignacio.- “La guerra contra la Gran Bretaña, 1804- 1808 en el manuscrito 472 del Museo Naval”. RHN. Madrid. 2005. En esta publicación se observa el movimiento general de los puertos españoles durante el bloqueo inglés, cuya intensidad exime de mayores comentarios.

5)    Sostiene el historiador Hugo O´Donell y Duque de Estrada, que la batalla naval de Finisterre librada el 22 de Julio de 1805, donde el almirante Calder combatió con Villeneuve, tuvo una implicancia estratégica superior a la acción dada en Trafalgar, pues señalo el fin de los planes de Napoleón para invadir Inglaterra.

6)    El primer bloqueo naval de la historia, tomado como un hecho relevante fue el consumado a ordenes de Pompeyo Magno, entre el 70 y el 66 A.C., contra la piratería cilicia, logrando luego de años de paciente cerco, destruir completamente al adversario. As{i nació el “Mare Nostrum”.

7)    Diversas fuentes señalan la conexión existente entre Popham y el comerciante estadounidense Guillermo Pío White, radicado en Buenos Aires, quienes se habían conocido en la India años atrás. Dicha relación dio buenos dividendos a la operativa del invasor. Luego, en 1814, White sería uno de los financistas principales de la  flota a ordenes del Directorio de Buenos Aires, en su lucha contra el apostadero de Montevideo.

8)    Ucronía: acepción que supone “analizar la historia con ojos del presente”  y sus derivaciones intelectuales.

  BIBLIOGRAFÍA 

  • ANDREGNETTE Luis Alfredo- “ Hispanidad: lo misionero y la cultura”. Revista Naval. Año V. No. 13. Montevideo. 1992.

 

  • CRAWFORD Leslie- “Uruguay atlanticense”. Ed. Monteverde. Montevideo. 1973.

 

  • GARCITORAL Alicio.- “Interpretación de España.”- Ed. Claridad. Buenos Aires. 1945.

 

  • MAZZEO Juan Jose.- “Quinto Centenario, y la vigencia de la justicia.” Revista Naval. No. 13. Julio 1992.

 

  • O`DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA Hugo.-“La campaña de Trafalgar”. Editorial Esfera. Madrid. 2005.

 

  • PARRY J.H.- “ El imperio español de ultramar”. IED. Madrid. 1976.
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

Direccion de e-mail: histarmar@fibertel.com.ar