Historia y Arqueología Marítima

 

HOME

ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

Indice art AUHMyF

1806: MONTEVIDEO HACIA LA  RECONQUISTA DE BUENOS AIRES

Por:  Licenciada ANA MARÍA MUSICÓ Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

Las causas de las incursiones inglesas en el Río de la Plata y del ataque a las naves españolas se remontan al momento en que Inglaterra comenzó a adquirir el dominio de los mares, y son ampliamente conocidas. Al reanudarse a fines de 1804 la guerra entre España e Inglaterra, el Virrey Sobremonte decidió reorganizar la defensa de la zona rioplatense.

Así estableció un apostadero auxiliar en la Ensenada de Barragán, cuyo mando confió al Capitán de Fragata Juan Gutierrez de la Concha, en tanto que el Capitán de Navío Santiago de Liniers recibió la jefatura de una escuadra sutil, integrada por las zumacas BELÉN y SANTO DOMINGO y dos lanchas cañoneras. (1)

Para esa época, las tropas de línea que integraban la guarnición fija del Virreinato consistían aproximadamente en 1.400 veteranos,  la mitad de ellos destinados a servicios en las provincias del Alto Perú, la costa patagónica y  la frontera con el Brasil.

Se contaba además con un centenar de artilleros en las baterías de Montevideo, Colonia, Ensenada y Buenos Aires; y con  dos cuerpos de Blandengues, uno en Montevideo y otro en Buenos Aires, los que  custodiaban  la frontera con el indio.

Sobremonte convocó asimismo a una Junta General de Guerra del Virreinato que dispuso, entre otras medidas, aplicar el plan de defensa de 1797, que consideraba a Montevideo la plaza más importante a defender, por sus condiciones estratégicas y por ser la sede del Apostadero.

Para reforzar la guarnición de su fuerte, armado con 150 cañones de diverso calibre, Sobremonte envió a Montevideo gran parte de la tropa veterana con asiento en la capital del Vireinato: el Real Cuerpo de Artillería, una compañía de infantería, dos de blandengues y tres de dragones de Buenos Aires

            Producido el desembarco de los ingleses en Quilmes el 25 de junio de 1806, y ocupada Buenos Aires dos días más tarde, los intentos  por expulsar a los invasores no tardaron en manifestarse, aunque las únicas tropas disponibles para ello eran el batallón de  Voluntarios de Infantería al mando de Miguel de Azcuénaga, una Compañía de Granaderos del regimiento fijo de Buenos Aires comandada por el Teniente Coronel Juan de Olondriz, y 16 Blandengues a las órdenes del Teniente  Ignacio Warnes, a los que se agregaron 82 presos  recién sacados de sus prisiones. (2)

Liniers, a quien la ocupación sorprendió mientras se dirigía desde Ensenada hacia Buenos Aires requerido por  el Virrey, solicitó y obtuvo permiso de Beresford para entrar en la capital y visitar a su familia, aunque su objetivo prioritario era entrevistarse con quienes organizaban la resistencia al invasor.

Ya en la capital se enteró que los ingenieros catalanes Felipe de Sentenach y Gerardo  Esteve y Llac pretendían socavar dos galerías que terminasen bajo el Fuerte y el cuartel del regimiento inglés, para colocar sendas minas y hacerlos volar. También conoció los planes del desprestigiado Sobremonte, quien tras abandonar la capital intentaba reunir tropas en Córdoba. Disconforme con ambos proyectos, decidió pedir ayuda al único núcleo de poder que quedaba intacto en su prestigio: el Apostadero de Montevideo. 

Consideró además, de acuerdo a los principios de la jerarquía militar, que la autoridad que debía suceder al Virrey ausente, era el Brigadier de Marina Pascual Ruiz Huidobro, quien se desempeñaba como jefe de las fuerzas navales del Plata, investido asimismo con autoridad política en su carácter de Gobernador de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.

            Liniers era conciente de que como Capitán de Navío no podía tomar por sí mismo ninguna iniciativa sin someterla previamente  a la aprobación de su superior jerárquico y que por lo tanto, cualquier pensamiento de reconquista plasmado en un proyecto orgánico debería ser puesto a la consideración de Ruiz Huidobro, lo que colocaba así a Montevideo como el centro natural de la reconquista.

Alrededor del 10 de julio, Liniers se trasladó a Las Conchas, para luego pasar subrepticiamente a Colonia, desde allí se comunicó epistolarmente con Ruiz Huidobro, a quien aseguró poder reconquistar Buenos Aires con 500 hombres de tropa escogidos, respondiendo por el éxito de la expedición, la que se ofrecía realizar en nombre de Montevideo y  subordinado a la autoridad de su Gobernador.

Con el mismo objetivo de recuperar la capital del virreinato, el Teniente de Fragata José de Córdova y el Teniente de  Navío José de Obregón ya habían presentado  a Ruiz Huidobro sendos planes de acción.

Según Martínez Montero, estos hechos constituyeron el origen  de la iniciativa reconquistadora, ya que   “…. Fuera de la acción promovida por conspicuos ciudadanos animosos defensores de su suelo nativo, la marina española destacada en Montevideo, ante la fácil victoria del enemigo secular que, además, acababa de batirla en Trafalgar en sus jefes más ilustres, presionó una operación de revancha que podía apoyar con sus efectivos navales …. “ (3)

La población civil experimentaba sentimientos semejantes a los de la armada: la idea de la reconquista primaba en los cafés, tertulias y demás sitios de reunión de los montevideanos.   Los gremios de comerciantes y hacendados fueron los primeros en reunirse  y aportar  los recursos económicos indispensables para comprar armamentos y aprontar el ejército libertador.

Los comerciantes suscribieron el 3 de julio un documento con más de 80 firmas, obligándose a donar hasta la cantidad de $ 100.000, pero la rápida y entusiasta labor de  Miguel  Vilardebó, Manuel Diago, Faustino García y Antonio Maciel logró que en pocos días ingresaran en las Cajas Reales $ 252.000. (4)   Muchos de ellos se enrolaron asimismo como voluntarios en la expedición, entre otros Juan Benito Blanco, y Vicente María Fernández.

Ignacio Mugica, conocido saladerista, ofreció y franqueó todas las carnes que fueran necesarias para el abastecimiento de la tropa. Los labradores concretaron su aporte mediante caballos de reserva, bueyes y carretas.

 Los hacendados se comprometieron a entregar $ 150.000 al tiempo que  gravaban la propia industria con derechos especiales, pese a que ya contribuían  a engrosar las arcas del virreinato con el pago de ingentes impuestos.

Martín José Artigas, Francisco Sierra, Juan José Durán, Joaquín de Chopitea, Juan Balbín Gonzalez Vallejo y otros hacendados franquearon sus caballadas por todo el tiempo que fuera necesario, sin responsabilidad ni obligación de reintegro alguno por parte del gobierno.

Josefa Morales de Ruiz Huidobro, esposa del Gobernador, realizó una suscripción popular, en cuya organización colaboraron  numerosas damas de la sociedad local.  

Otro grupo de ciudadanos, entre los que se hallaban Patricio José Beldón, Juan M. de Larragoiti, José B. Larreta, y dos hijos  de Juan Balbín González Vallejo: Luis y Domingo, pidieron a Huidobro que les franqueara el uso de doce lanchas cañoneras tripuladas con cincuenta hombres cada una “…. con el que demostraremos el ya dicho patriotismo en repeler la invasión de los enemigos..a los que nos obligamos batir con el mayor esfuerzo ....” (5)

 El Gobernador agradeció su actitud ordenándoles por decreto del 11 de julio, presentarse ante el Capitán Gutiérrez de la Concha “…. que ha de mandar la fuerza en que se les destine en las lanchas cañoneras en calidad de segundos capitanes de ellas, pues que las han de mandar los oficiales de la Marina Real, como corresponde ….” (6 )

Numerosos propietarios de buques y hombres de mar, entre ellos Antonio Anaya, Francisco de Castro, Juan Uset y Juan Batlle y Carrés ofrecieron sus naves a las que reacondicionaron para la guerra, y su incorporación en calidad de voluntarios a la expedición reconquistadora.

Mateo Magariños puso no solamente todos sus buques (algunos de alto bordo) a disposición del gobierno, sino también sus depósitos de artículos navales, y completó  el personal de marinería necesario para la empresa. Asimismo creó y mantuvo el grupo “Cazadores de Montevideo”, conocido popularmente como ”Cazadores de Magariños”.

Igualmente es digna de destacar  la actitud de  los artilleros milicianos: quinientos cabos y soldados se ofrecieron para hacerse cargo de las baterías de Montevideo y reemplazar a la tropa de línea.  Además, por esos días se  creó de la escuela práctica de artillería de Montevideo, con el objeto de instruir a los voluntarios sustitutos de los veteranos de esa arma. ( 7 )

El  hacendado Juan José Seco, además de donar 1.600 caballos, armó y equipó por su cuenta 200 jinetes pidiendo quedasen bajo las órdenes del Ayudante Mayor del Cuerpo de Blandengues de la Frontera  José Gervasio Artigas, quien  hallándose circunstancialmente en Montevideo por razones de salud, al enterarse de la caída de Buenos Aires, se  presentó ante Ruiz Huidobro solicitando integrar la expedición reconquistadora.  La autorización le fue concedida y formó parte de las tropas que el 10 de agosto atacaron los corrales de Miserere. (8 )

Ante la gravedad de la situación, el día 11de julio una Junta de Oficiales reunida en Montevideo sugirió un plan de guerra, que decidió que la operación reconquistadora debería estar al mando de un militar de autoridad y prestigio reconocidos, para el que propuso al Brigadier  Ruiz Huidobro.

Dicho plan consistía en el alistamiento de tropas veteranas y voluntarias que desde el puerto de Colonia  embarcarían en una escuadrilla con rumbo a Buenos Aires, desembarcando en los puertos de Las Conchas o  San Isidro, según lo aconsejasen las circunstancias.

El 16 de julio los residentes naturales de Cataluña en Montevideo conducidos por Esteban Benet, Magin Baltasar, Benito Vidal, y Tomás Rius, se presentaron ante el gobernador manifestando haber formado, con el nombre de Migueletes, una compañía para integrar la expedición libertadora. Estaba equipada a su propia costa, y contaba con alrededor de ciento treinta hombres, “…. mozos todos de miñones catalanes ….”. ( 9 )

Según un viejo fuero de las milicias españolas, que permitía que al crearse nuevas fuerzas militares los mandos fuesen designados por los mismos soldados, éstos eligieron capitán del cuerpo al Teniente Ramón Bofarull, y  segundo al alferez José Gray y Font.

Durante la reconquista, los miñones cumplieron servicios de descubierta y guerrillas, siendo su actuación  una de las más destacada en las acciones del 12 de agosto.

Por su parte, el Cabildo de Montevideo se reunió el 18 de julio con carácter  urgente. Considerando la circunstancia de no poder esperar las resoluciones de la metrópoli, la ausencia del virrey, el sometimiento y supresión de la Real Audiencia, el Consulado, el Cabildo y demás corporaciones de Buenos Aires, resolvió que  “…. es y deve respetarse el Sr. Governador de esta plaza como Xefe superior y Capitan General de este continente... con la plenitud de esta autoridad que es indispensable ya para salvar a la ciudad amenazada de los enemigos, como para desalojarlos de la capital...vindicar sus insultos, atacarlos y destruirlos en honor y gloria de las armas del Rey, que es el centro de los deseos y meditaciones del Cavildo ….”  (10 )

Ese mismo día el Gobernador, devenido suprema autoridad del Virreinato y único depositario de los derechos reales, invitó en una valiente proclama a todos los habitantes de la ciudad a tomar las armas en defensa de Buenos Aires.

En ella señalaba la indignación de todos los españoles  “…. al contemplar que un ejército tan reducido y de circunstancias tan inferiores, haya sido tan feliz sojuzgando una ciudad de más de 60.000 almas...desde luego no permitiré que éstos gocen más tiempo de las delicias y comodidades que le están brindando ese territorio feraz y me dispongo a eludirles sus ideas de posesión y dominio atacándolos con fuerza de mar y tierra, que pronto partirán de esta  ciudad compuesta de voluntarios esforzados y aguerridos y la mayor parte de tropas veteranas que manifiestan en sus discursos la emulación con que se han de portar en defensa de la patria ofendida : me lisonjeo que mi expedición tendrá el éxito que prometo ....” (11 )

Ruiz Huidobro comenzó a organizar la empresa, y despachó a Buenos Aires diversos emisarios para informar acerca de sus preparativos a Gerardo Esteve y Llac, José Fornaguera y al comerciante vasco Martín de Alzaga, quienes desde la ciudad se preparaban para apoyar las futuras acciones de Liniers, mientras que Juan Martín de  Pueyrredón aprontaba tropas en la  campaña. (12 )

Por otra parte, revelando su alta previsión estratégica, Huidobro estimó que los ingleses podrían recibir refuerzos de sus posesiones de Africa del Sur, con los que tratarían de apoderarse de Montevideo, presunción reforzada al avistarse desde la costa del cerro catorce navíos ingleses que se dirigían a la barra de Santa Lucía, por lo que resultaba absolutamente necesario atender a dos fines: la reconquista de Buenos Aires y la defensa de Montevideo.

            Una nueva junta de oficiales comenzó a sesionar el 20 con la presencia de Liniers, quien expuso su plan  de acción, que en líneas generales, coincidía con el aprobado el 11 de julio.

Luego de  analizar la situación durante dos días, se resolvió que Ruiz Huidobro continuara aprontando la defensa de la plaza bajo su  comando inmediato, y se confió a Liniers  el mando de las operaciones libertadoras, otorgándosele “…. la investidura de General de mar y tierra ….” según consta en las actas del Cabildo de Montevideo (13)

El 22 de julio, Huidobro dirigió un oficio a Liniers en el que, al oficializar lo resuelto por la Junta de Guerra, expresaba: “.... En consecuencia adoptó, como V. S. sabe, pues que fue uno de los vocales, su propuesta, y se le confirió el mando no solo de los 500 hombres escogidos de lo mejor de la Tropa, mas también se aumentó este número con el de cien de la compañía de Migueletes que se acababa de formar en esta plaza armada y uniformada en los mejores términos, haciendo extensivo el mando en jefe de V. S. a las fuerzas de mar, que están a las órdenes inmediatas del Capitán de Fragata D.Juan Gutierrez de la Concha, y los buques que transportan la artillería y víveres para las Tropas de la Expedición, y a cuyo Oficial he prevenido.   

Con esta fecha queda a las órdenes de V. S.  desde que llegue a la Colonia del Sacramento para todas las acciones de mar que  V.S.disponga y prestarle los auxilios que necesite, aún de la misma gente que dota los Buques si le fuesen necesarios. En tal inteligencia se pondrá V.S. hoy mismo en marcha, puesto que todo está dispuesto para que no se demore un momento haciendo el uso que estime conveniente de las noticias reservadas que le he comunicado, y que pueden contribuir al glorioso éxito de la Expedición, quedo muy satisfecho de que los conocimientos militares de V. S., su Celo por la Religión, por el mejor servicio del Rey , y su amor a la Patria le proporcionarán la indecible satisfacción de libertar a aquel Pueblo de la opresión en que se encuentra afligido y volverlo a la suave dominación de nuestro amado soberano, libertando por este medio todo el Virreinato, expuesto a caer en igual desgracia si subsistiendo el enemigo en la Capital recibe refuerzos, como es de espera ….”  (14 )

Finalmente, la expedición quedó así constituida:

Plana Mayor

Comandante: Capitán de Navío Santiago de Liniers y Bremond

Ayudantes: Hilarón de la Quintana y Juan José Viamonte.

Secretario: Pascual Díaz Tenorio

Capellan:  Dámaso de Larrañaga.

Auditor de guerra: Manuel de Lavardén

Cirujano: Angel de Refojo

Segundo Comandante y Jefe de la Escuadrilla Naval : Capitán de Fragata Juan Gutiérrez de la Concha.

 Ayudante: Teniente de Fragata José de Córdova y Rojas, quien además de desempeñarse como oficial de Ordenes, tuvo el cargo de Mayor General de las tropas que desembarcarían en Las Conchas.

En la Plana Mayor de los fusileros figuraban además, el Teniente Cristóbal Salvañach, el Alferez Teutonio Mendez Caldeira, el abanderado Manuel da Costa Agredano y el capellán Dámaso A. Larrañaga quien lo era además de toda la expedición.

 Cuerpos  de tropa veteranos

·         Real Cuerpo de Artillería, con tres cañones de a 4 y dos obuses de 6 pulgadas, al mando del Capitán Francisco Agustini, con el  Capellán Rafael Zufriateguy, el Alferez José Elorza y el guardaparque Manuel Acuña de Figueroa.

·         Regimiento  de Dragones de Buenos Aires, a las órdenes del Coronel Agustín de Pinedo, formado por tres compañías mandadas respectivamente por los Capitanes José Espina, Florencio Núñez y Antonio Pinedo.

·         Regimiento de Blandengues de Buenos Aires, cuyo jefe era el Capitán Manuel Martínez, con  dos compañías.

·        Una Compañía de Granaderos del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, comandada por el Capitán José Ignacio Gomez.

·        Una compañía de Granaderos, al mando del Teniente Coronel Agustín Arenas.

Buena parte de esta oficialidad era oriunda de Montevideo al igual que los soldados, ya que las tropas enviadas por Sobremonte desde Buenos Aires para reforzar la  defensa, habían sido notablemente aumentadas con elementos locales al llegar a la Banda Oriental (15 )

Tropas milicianas

·         El Batallón de Voluntarios de Infantería de Montevideo, integrado por la primera compañía de fusileros, y por dos  compañías de granaderos.  La comandancia de este batallón correspondió, por antigüedad, al Capitán de la primera compañía   de  fusileros Juan Balbín Gonzalez  Vallejo.(16 )  En la primera compañía de granaderos  revistaban el Capitán Joaquin de Chopitea, el  Teniente Juan de Ellauri y el alferez Juan Mendez Caldeira; y en la segunda los Tenientes Jaime Illa, Jerónimo Olloniego, Jaime Ferrer, y el Aférez Victorio García de Zúñiga

·         La Compañía de Migueletes (o miñones catalanes), estuvo al mando del capitán  Rafael Bufarull y como segundo el Alferez José Grau y Font

En cuanto a la naturaleza y cantidad de embarcaciones que integraron la escuadra, las opiniones difieren (17); pero  cabe destacar que la mayoría de las naves iban mandadas por Oficiales del Apostadero. (18 )

Se contó asimismo con el apoyo de una división ligera integrada por 7 lanchas pequeñas y botes armados, al mando del marino francés Francisco Hipólito Mordeille, a quien Sobremonte  había otorgado patente de corso.

El Regimiento de Caballería Urbana de Montevideo aumentó con parte de sus tropas la tripulación y dotación para el servicio de artillería de las embarcaciones. Así se agregaron 400 marineros voluntarios a los de línea, totalizando un cuerpo de 500 tripulantes y soldados en los buques

El 22 de julio, Liniers partió de Montevideo con las tropas terrestres rumbo a Colonia, el 26 cruzaron el río Santa Lucía en embarcaciones facilitadas por los vecinos, destacándose en la tarea  el Teniente de Dragones Manuel Pérez Castellano. Acamparon en las márgenes del río San José, y rumbearon luego  hacia  Rosario llegando el 28 por la noche a su destino. Gran número de voluntarios se les unió durante esta marcha.

En Colonia se incorporaron por orden de Ruiz Huidobro, la 1ª y 2ª compañías del Regimiento de Voluntarios de Caballería de la Colonia, al mando de los capitanes Pedro Manuel García y Benito Chain, equipadas y armadas por una suscripción pública iniciada por doña Francisca Huet del Pino, esposa del Comandante de la plaza.

Sumados éstos  al contingente de 900 plazas de las  tropas de tierra, Liniers quedó al frente de una columna de alrededor de 1.500 hombres.

Con respecto a la escuadrilla, partió del puerto de Montevideo al atardecer del 23 de julio, y protegida por la oscuridad pasó a través de 17 embarcaciones inglesas que  bloqueaban la zona.

Reunida la totalidad del ejército en Colonia, el 1º de agosto Liniers emitió la siguiente proclama:

“…. Don Santiago de Liniers y Bremond, Caballero de la Orden de San Juan, Capitán de Navío de la Real Armada y Comandante General de las fuerzas de mar y tierra destinadas para la Reconquista de Buenos Aires. Previene a todos los cuerpos que componen el  ejército que tiene el honor de marchar para la gloriosa hazaña de la reconquista de Buenos Aires, que esta tarde, permitiéndolo el viento, se embarcarán para pasar a la Costa del Sur; que no duda un solo momento del ardor, patriotismo e intrepidez de los valerosos Oficiales, Cadetes, Sargentos, Cabos, Soldados y Voluntarios que lo componen; pero que si, contra su esperanza, algunos olvidados de sus principios, volvían la cara al enemigo, estén en la inteligencia que habrá un cañón a retaguardia cargado de metralla, con orden de hacer fuego contra los cobardes fugitivos...

            ...Si llegamos a vencer, como lo espero, a los enemigos de nuestra Patria, acordáos Soldado que los vínculos de la Nación Española, son de reñir con intrepidez, como triunfar con humanidad...

... Si el buen orden, la disciplina y el buen trato deben observarse para antes y después de la victoria, rescatado Buenos Aires debemos conducirnos con el mayor recato...

... Por tanto espero de todos mis amados Compañeros de armas que me darán la gloria de poder exaltar a los piés del trono de nuestro amado Soberano tanto los rasgos de su valor, como su moderación y acrisolada conducta ….”  (19 )

La ausencia de vientos propicios postergó la partida hasta la tarde del 3 de agosto cuando, después de haber ahuyentado a un bergantín y a una fragata ingleses que se presentaron a reconocer el surgidero, la escuadrilla se dio a la vela.

            El  matinal viento este-noroeste  se convirtió poco después de la zarpada  en una típica sudestada con aumento de la profundidad del río, lo que producía un fuerte oleaje sobre la costa occidental.

Las embarcaciones eran pequeñas, ya que las de mayor tamaño apenas alcanzaban los 25 metros de eslora, y tenían asimismo  poco calado: las zumacas mayores, sólo calaban 6 ó 7 pies como máximo. Las lanchas cañoneras con una eslora de aproximada de 15 a 18 metros, calaban alrededor de 4 pies, y aún menos las balandras, los faluchos, los lanchones y los botes.

La pericia de Liniers, gran conocedor del estuario del Plata en el que había desafiado muchos temporales por su servicio en el cuerpo de guardacostas, y la del resto de los capitanes, prácticos  y pilotos, posibilitó el cruce en medio de la tempestad, atravesando el río entre bergantines y corbetas enemigos, para  arribar finalmente a la costa bonaerense.

Al comprobar que el fuerte oleaje que rompía en la playa a la altura de las puntas de San Isidro dificultaba el desembarco, Liniers decidió hacerlo en el puerto de Las Conchas, sitio más seguro y abrigado, en el que fondearon en la mañana del 4 de agosto.

José M.Goyechea se destacó por la colaboración prestada durante el desembarco, como así también otros lugareños que aportaron caballos, mulas y bueyes para el transporte de la artillería. 

Contribuyeron a aumentar el número de los efectivos 115 hombres de los vencidos en Perdriel, reorganizados por Pueyrredón; 147 voluntarios de a pie, y alrededor de 50 paisanos a caballo, que a las órdenes del Alferez Juan Terrada se ocuparon de mantener avanzadas a larga distancia

En San Isidro  acamparon en campo raso, alojándose la oficialidad en viviendas particulares.   Los habitantes de la zona les prestaron la mayor ayuda posible, pero un violento temporal los obligó a detenerse allí durante cuatro días.

Además de las copiosas lluvias que mantuvieron inactivo a Liniers, la fuerte sudestada tuvo nefastas consecuencias  para las embarcaciones inglesas. (20)

            Reanudada la marcha, el 10 arribaron a los Corrales de Miserere, donde se les unió el Teniente Coronel Antonio Olavarría con un cuerpo de Blandengues y algunas milicias auxiliares, totalizando 269 hombres. Se recibió además fuerte apoyo de la población que  proveyó a las tropas de víveres, mantas caballos y carros.

Desde allí Liniers intimó la rendición a Béresford, “…. y vista la negativa obstinación arrogante del general Inglés, nos precipitamos al ataque del campo del Retiro con tan ardiente denuedo, que en pocos minutos quedó vencida su guarnición, y poco después batido con nueva pérdida de los suyos el general británico, que había concurrido en persona a sostenerla con trescientos hombres y dos cañones violentos, produciendo a nuestras armas esta primera acción la ventaja de ocupar el cuartel y parque de  artillería y una posición que nos aseguraba las principales entradas de la ciudad ….“ (21)

Al día siguiente  las acciones se limitaron a guerrillas y tiroteos esporádicos, destacándose  la incorporación de una pequeña partida al mando de Lucas Vivas, y de 600 ”Voluntarios de la Unión”, cuerpo organizado por  Juan de Dios Dozo, Tomás Valencia, Sentenach, Esteve y Llac y Fornaguera.  Pese a que solamente 300 de estos hombres contaban con armas, entregaron a Liniers un Memorial donde se manifestaban dispuestos a batirse “…. por la Religión, el Rey y la Patria ….”. (22)

Igualmente se presentaron en forma individual otros habitantes de Buenos Aires que aunque deficientemente armados, deseaban combatir junto con las tropas de Liniers hasta la victoria final

El 12 de agosto se iniciaron las acciones con la marcha de las tropas en varias columnas paralelas que avanzaban hacia la Plaza Mayor.

Dos cuadras antes del objetivo, los Migueletes se apoderaron del cuartel de la Ranchería, y acto seguido se arrojaron temerariamente sobre dos cañones ubicados en la entrada de la plaza.   Liniers envió en su ayuda piquetes de dragones y granaderos, mientras que el subteniente García de Zuñiga, encargado de la custodia de las municiones, condujo un cañón de a 18  hasta el pórtico de la Catedral y repuso cartuchos a los combatientes.  (23  )

El grueso del ejército siguió avanzando hacia la Plaza Mayor, “…. donde a más de estar a uno de sus lados la Fortaleza, tenían establecido los enemigos su apostadero general, defendido con numerosa Artillería en todas sus abenidas y la entrada de ellas, y toda la circunferencia de la Plaza coronada de fusileros en sus azoteas . El general eligió para sí la calle de la Merced á la cabeza de tres Compañías de Dragones con dos piezas de Artillería, un cañón de á 18, y un obús de á 6 pulgadas …..“ ( 24 ) 

De acuerdo a lo atestiguado por Liniers, Gonzalez Vallejo y sus Voluntarios de Infantería se arrojaron “…. sobre los fuegos de la artillería y fusilería contrarias, arrostrando con el mayor denuedo los riesgos que le acechaban por todas partes, pues granizaban balas en todas direcciones ….”.  (25)

Un obús inglés emplazado en la bocacalle de la Catedral, “…. una de las más terribles en el fuego ….”, no hizo más que incentivar el valor y los ataques de la tropa, en especial de la primera compañía al mando de Salvañach “…. su brío fue tan activo y bien ejecutado el continuo fuego, que obligó al enemigo sobrecogido de terror, a desamparar el puesto y la pieza de artillería sin darle lugar a dispararla... desde cuio momento la plazas mayor, la recoba y la fortaleza fueron embestidas por nuestras armas ….” (26 ) 

La acción conjunta del todo el ejército reconquistador obligó a los ingleses a abandonar también las posiciones en el Cabildo, al decir de Gonzalez Vallejo ”…. porque los dos cañones de á 18  que se pusieron en la calle de la Merced, y en la calle de las Torres, los aterró, y empezaron a huir y a meterse en la Recoba de donde los sacamos a balazos …. ” (27)

Desalojados de este puesto se atrincheraron en el fuerte, siendo perseguidos hasta los fosos y el  puente levadizo.

Según declara el Capitán del Regimiento de Dragones José de Espina  “…. Aterrados los enemigos con el estruendo de las armas y con el feroz clamor de los combatientes y del Pueblo, arbolaron bandera parlamentaria ….” (28)

            Liniers les exigió rendición incondicional, que debieron aceptar en el momento en que Mordeille y sus corsarios se aprestaban a escalar las murallas del fuerte.

            Espina agrega que “…. Nuestro General, por un rasgo de su marcialidad característica, les concedió los honores militares, y mil seiscientos fusiles enemigos con cuatro banderas fueron rendidos a nuestras armas ….” (29)

            Gonzalez Vallejo, al comprobar que las tropas enemigas refugiadas en el fuerte duplicaban la cantidad estimada, concluye que “…. no podemos dudar que Dios y su Santísima Madre, son los que con su patrocinio, nos han alcanzado la victoria, pues de haber hecho esta tropa resistencia como pensamos, seguramente nos hubiera costado mucha sangre, y quizás no se hubiera conseguido, pero el Señor de los ejércitos ha mirado por nosotros ….”. (30 )

Finalizada la lucha, las tropas inglesas fueron alojadas en el fuerte y en diversos cuarteles. Los oficiales quedaron libres bajo palabra dentro de la ciudad. Un Cabildo Abierto celebrado el 14 de agosto, otorgó el mando militar a Liniers y el político a la Audiencia.

            Liniers y el resto de  los oficiales al mando de tropa elaboraron detallados informes  acerca del desempeño de sus subordinados y del rol que le cupo a Montevideo en la organización de la reconquista.

Gonzalez Vallejo, luego de destacar el heroico comportamiento de varios sargentos, cabos y soldados de su regimiento, certificó igualmente que  “…. nuestro Padre Capellán don Dámaso de la Rañaga se incorporó voluntariamente en mi piquete, el que siguió en mi compañía todas las marchas; que hizo los deberes de un capellán aguerrido, pues no nos desamparó ni dejó la compañía de Granaderos en los mayores peligros que estubo, sin mostrar el menor temor ni cobardía, haviéndonos echado por dos ó tres veces la absolución, y Exortandonos y animandonos a todos a entrar en la batalla con ánimo y seguridad de vencer …. ” (31)

El Capitán Espina detalló en forma  minuciosa la actuación de los milicianos, y aseveró que “…. Los Migueletes y Voluntarios de Montevideo, las Milicias de la Colonia y la marinería merecen particular alabanza por su bravura,  y comportación militar que les ha granjeado el renombre de expertos y valerosos ….” (32)

En cuanto a las tropas veteranas, el concepto de la ética y del honor militar del Capitán Espina lo llevaron a no destacar su conducta . Así declaró : “…. No me parece regular detenerme a expresar circunstancias de la tropa veterana. Es nuestro oficio el de la guerra ....” ( 33  )

Por otra parte, sostuvo que “….El mérito de la acción corresponde a la Plaza de Montevideo. Ésta hallándose bloqueada se desprendió de la mejor parte de su guarnición para ocurrir a tan importante empresa, y si fuera permitido sus habitantes en masa se hubieran abandonado para socorrer a su amada capital.  La alegría con que un pequeño ejército compuesto de soldados y de vecinos  sufrió la rigidez de los temporales y de la intemperie...sin tiendas ni bagaje en todo su tránsito...y el haber sido este ejercito el que comenzó y concluyó todas las acciones de armas hasta la rendición de la guarnición inglesa ¿quién puede dudar de la pertenencia á Montevideo de esta corona cívica? ….”  (34)  

A su vez, Liniers declaró que  “…. Montevideo tiene el timbre de haver concevido el sublime designio de libertar su capital encadenada por el tirano de los mares, y de haber dado el ser a una falange de bravos, que consumaron la obra de la propuesta restauración ….” (35)

El 18 de agosto de 1806 el Cabildo de Montevideo envió a España una diputación “…. con la plausible noticia de la Reconquista de la Capital de Buenos Aires debida al entusiasmo y patriotismo de esta ciudad, a la vigilancia y disposiciones de sus gobernantes y tales cuales movimientos de este Cavildo para que así instruído el Real ánimo del soberano acuerde las providencias y socorros de que necesiten éstas sus posesiones para su conserbación y su seguridad, con cuyo motivo suplicarle la dispensación de aquellas que le faltan a esta ciudad ….”  (36)  

            El  24 de abril de 1807 el Rey Carlos IV emitió el siguiente decreto:

“ Por cuanto atendiendo a las circunstancias que concurren en el Cavildo y ayuntamiento de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, y a la constancia y amor que ha acreditado a mi real servicio en la Reconquista de Buenos Aires he venido en concederle título de muy fiel y reconquistadora, facultad para que use la distinción de maceros; y que al escudo de sus armas pueda añadir las banderas inglesas abatidas que apresó en dicha reconquista, con una corona de oliva sobre el cerro, atrabesada con otro de mis reales armas, palma y espada.

Por tanto mando que de aquí en adelante la referida ciudad de Montevideo pueda llamarse y nombrarse y se intitule y nombre muy fiel y reconquistadora, poniéndose así en todas las cartas, provisiones y privilegios que se le exigieren y concedieren por mi y por los reyes mis subcesores, y en todas las escrituras e instrumentos  que pasaren ante los escribanos públicos de la misma ciudad y su distrito, con todo lo demás que ba expresado en el referido mi Real Decreto.

         Que todos de aquí en adelante guarden y hagan guardar las espresadas mercedes a la referida ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, sin permitir se contravengan a ellas en cosa alguna. “ ( 37 )


 NOTAS 

(1) En la Ensenada de Barragán, situada a 15 leguas al sur de Buenos Aires, se instalaron desde comienzos del siglo XVIII diversos puestos de vigilancia del Río de la Plata, por ser abrigada y de aguas relativamente profundas.  A instancias del Consulado, que deseaba habilitar un puerto en la costa sur del río de la Plata capaz de subrogar al de Montevideo, dándole a Buenos Aires autonomía en el tráfico marítimo y de ultramar, el 11 de abril de 1801 el virrey Avilés autorizó al de Ensenada para tal fin. Poseía un pequeño fuerte y 8 cañones de mediano calibre.

(2) Destefani, Laurio H: La tercera invasión inglesa (1806). En: Historia Marítima Argentina. Vol IV, pág.329. Bs.As. 1985 . El autor considera al ataque a Colonia por la escuadra de MacNamara en 1763, y a la ocupación inglesa en Malvinas entre 1766 y 1774, como las dos primeras invasiones.

 (3)  Martínez Montero, Homero: El Apostadero de Montevideo. Madrid 1968. pág.91

(4)  Blanco Acevedo, Pablo: El gobierno colonial en el Uruguay y los orígenes de la  nacionalidad.  Montevideo 1975. Tomo II, págs. 5

(5) Archivo General de la Nación. República Oriental del Uruguay. Expedientes del Cabildo de Montevideo para hacer constar los servicios de la ciudad en las invasiones inglesas. Documento Nº 31

 (6)  Ib.id. Doc. Nº32

(7)  Bauzá, Francisco.: Historia de la dominación española en el Uruguay. Tomo II. pág.395. Montevideo 1895

(8)  Archivo General de la.Nación: Expedientes... Doc.Nº.50 

( 9)  Sierra, Vicente: Historia de la Argentina. Tomo IV, pág. 128. Buenos Aires 1957.

El miñón era un soldado de la policía local, propio de Aragón. En Valencia llevaba el nombre de Miguelete.

(10)  Archivo General de la Nación. Actas del Cabildo de  Montevideo.  Tomo 11- 15 A.

págs. 77-178 

(11) Blanco Acevedo: op.cit. págs. 54- 55

(12)  Juan Martín de Pueyredón  se trasladó a Montevideo para ofrecer al Gobernador su colaboración en la reconquista, la que fue aceptada.  Regresó a la campaña bonaerense, donde organizó y equipó a su costa un escuadrón de aproximadamente 700 gauchos reunidos en la chacra de Perdriel. Debido a una delación, fueron sorprendidos y derrotados el 1º de agosto por los ingleses, quienes pese a su victoria, tuvieron gran cantidad de muertos y heridos.

(13 )  Archivo General de la Nación. Actas del Cabildo...pág. 181

 (14 ) Sierra,Vicente: op. Cit. págs.129-130.

 (15)  Blanco Acevedo: op.cit. p.58

(16) Juan Balbín Gonzalez Vallejo era un estanciero y saladerista español radicado en Montevideo. Al crearse los cuerpos de milicia urbana, fue nombrado Teniente del Batallón de Infantería, ascendiendo luego a Capitán. En 1806 su valerosa actuación en la reconquista de Buenos Aires le valió el ascenso a Comandante.  Poco después el Batallón fue transformado en Regimiento de Infantería Ligera, y  Gonzalez Vallejo permaneció en el mando. Su hijo Luis comandaba un batallón.  En 1810 ambos se pronunciaron en favor de la Junta de Mayo enfrentándose, junto con el Coronel Prudencio Murguiondo, (Comandante del Regimiento de Voluntarios del Río de La Plata) y el Capitán de Fragata Bernardo Bonavía, (Comandante de Matrículas), a los partidarios de Fernando VII, acaudillados por el Gobernador de Montevideo Joaquín de Soria y por el Comandante del Apostadero, Capitán de Navío José M.Salazar.

 (17) Según certificación del Capitan del Regimiento de Dragones de Buenos Aires José Espinosa, la flotilla zarpada de Colonia el 3 de agosto se componía de 6 zumacas y goletas armadas, 6 cañoneras del Rey y 3 lanchas partticulares armadas. Martínez Montero: op.cit.p.98

Bauzá señala la existencia de 5 zumacas, 17 lanchas cañoneras, particulares y de guerra, armadas respectivamente con cañones de  9, 18, 24 y 36.  Bauzá:. op.cit.pág.404

Beverina afirma que las escuadrilla y el convoy de transporte estaban formados por seis zumacas y goletas armadas con cañones de a 18 y de a 24;  una zumaca armada con obuses de a 36 libras; seis cañoneras del Rey; una lancha mercante con un cañón de a 18 en su popa; dos lanchas mercantes, con cañones de a 9; diez transportes para las tropas de la expedición.

A bordo de las embarcaciones había unos setecientos hombres, entre marineros (los de las cañoneras del Rey) y tripulantes voluntarios. Juan Beverina. Las invaviones inglesas. Tomo I. Bs.As.1939; pág.347.

Por su parte, Destéfani  expresa que la escuadrilla se componía de 6 zumacas y 6 lanchas cañoneras de guerra; 6 cañoneras y embarcaciones mercantes armadas y de 8 transportes. Destéfani: op.cit. pág.342.

(18)  El teniente de Navío Juan Angel Michelena, a quien Huidobro había dado el mando de la zumaca Remedios, la aparejó a goleta por cuenta propia y marchó con ella a Buenos Aires; el Teniente de Fragata José Posada -más tarde vencido por Artigas en Las Piedras-comandaba la Paraná; el Teniente de Navío Jacinto Romarate la Vizcaína; el Alférez de

Navío Benito Correa la Invencible; y el Teniente de Navío Juan de Vargas, Secretario del Apostadero la balandra San José.   Otros oficiales con mando fueron los Tenientes de Navío Joaquín Ruiz Huidobro, el Teniente de Fragata Cándido Lasala, los Alféreces de Navío Manuel de la Iglesia, Joaquín Toledo y José María Miranda; el Alferez de Fragata Federico Lacos.

Martínez Montero: op.cit.págs.104-105

(19) Sierra: op.cit pág. 133

( 20) El temporal hundió 5 cañoneras inglesas e inutilizó prácticamente a las demás.  El bergantín Walker perdió su timón, produciéndose el hundimiento de las lanchas y los botes mayores del navío Diadema y de la fragata Leda .

(21) Certificación de Santiago de Liniers. En: Archivo General de la Nación . Expedientes del Cabildo de Montevideo para hacer constar los servicios de la ciudad en las invasiones inglesas. Doc. N. 77.

(22)  Bauzá: op.cit. pág. 425.

(23) Certificación de Juan Gutiérrez de la Concha. En: A.G.N. Expedientes.. Docs.N.17-18

(24)  Certificación de José de Espina.  En: A.G.N. Expedientes.... Doc. N. 44.

(25)  Certificación de Liniers. En: A.G.N. Expedientes... Docs. N. 14-15.

(26)  Certificación de Liniers. En. A.G.N. Expedientes... Docs. N.14-15 ; 77-78.

(27) González Vallejo, Juan B.: Diario de la ida a la Reconquista de Buenos Aires, desde Montevideo en 1806 llevado por el Sr. González Vallejo. En: Biblioteca del Comercio del Plata. pág.268. Montevideo 1851.  Las calles Merced y Torres son, respectivamente, las actuales Reconquista y Rivadavia

(28) Certificación de Espina. En: A.G.N. Expedientes....  Doc. N. 45

(29) Ib. Id.

(30) González Vallejo. Op.cit. pág.269

(31) Certificación de González Vallejo. En: A.G.N. Expedientes... Doc. N. 16

(32) Certificación de Espina. En: A.G.N. Expedientes... Doc. N. 50

(33) Ib. Id.

(34) Ib. Id.

(35)  Certificación de Liniers. En. A.G.N.  Expedientes...Doc. N.78.

(36)       A.G.N. Actas del Cabildo...págs.179-180.

(37)        Decreto de Carlos IV del 24 de abril de 1807, recibido en Montevideo el 23 de enero de 1809. En: A.G.N.  Fondo: Ex Archivo General Administrativo. Invasiones Inglesas


 FUENTES DOCUMENTALES 

Archivo General de la Nación. República Oriental del Uruguay: Expedientes del Cabildo de Montevideo para hacer constar los servicios de la ciudad en las Invasiones Inglesas.

Archivo General de la Nación. República Oriental del Uruguay. Actas del Cabildo de Montevideo

González Vallejo, Juan B.: Diario de la ida a la reconquista de Buenos Aires desde Montevideo en 1806. En: Biblioteca del Comercio del Plata. Montevideo 1851


  FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

Bauzá, Francisco: Historia de la dominación española en el Uruguay. Montevideo 1895.

Beverina, Juan. Las Invasiones Inglesas. Buenos Aires 1939.

Blanco Acevedo, Pablo: El gobierno colonial en el Uruguay  y los orígenes de la  nacionalidad. Montevideo 1975.

Destéfani, Laurio H.:  La tercera invasión inglesa. En : Historia Marítima. Tomo III. Buenos Aires 1984

Halperín Dhongi, Tulio:  Historia Argentina. Vol. III. Buenos Aires 1993

Martínez Montero, Homero: El Apostadero de Montevideo. Madrid 1968.

Sierra, Vicente: Historia de la Argentina. Buenos Aires 1957. 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

Direccion de e-mail: histarmar@fibertel.com.ar