Historia y Arqueología Marítima

 

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ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

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¡CULPABLES!  .…. DE LA RECONQUISTA

 

Por: Licenciada CRISTINA MONTALBAN   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

LA SITUACIÓN PREVIA A LAS INVASIONES

El presente informe sobre la primer etapa de las invasiones inglesas no pretende ser original en cuanto a la documentación porque sabemos que toda ella ha sido trabajada exhaustivamente, en especial al cumplirse tan señalado aniversario.

Nuestra intención es evidenciar mediante tales documentos, la responsabilidad que cupo en la reconquista de Buenos Aires, al Brigadier de la Real Armada  Don Pascual Ruiz Huidobro y Ravaschiero, Gobernador Militar y Político y Comandante de Marina del Apostadero Naval, a las fuerzas de su mando y a la población de la plaza montevideana

La capital bonaerense resultó el primer objetivo en el proceso de la invasión de estos territorios cuyo dominio se había mostrado secularmente estratégico, proceso   determinado por la situación política europea y cuyo detonante fue el ataque al  convoy de las fragatas CLARA, MERCEDES, FAMA y MEDEA, zarpadas del puerto de Montevideo. Este episodio verificado el 5 de octubre de 1804, rompió la Paz de Amiens marcando el inicio de una nueva contienda entre España e Inglaterra.

            En el Plata, tras la Proclama del Virrey Sobremonte que exhortó a la represalia del atentado, y en respuesta a la autorización del corso que Inglaterra había librado contra las naves hispánicas, el Apostadero y el Brigadier Ruiz Huidobro, en su carácter de Comandante General, habilitaron esta práctica que involucró a numerosos armadores montevideanos- quienes habían perdido una fortuna entre caudales y mercaderías- en el asalto antes mencionado.

Al tiempo que se desarrollaban  estas operaciones de corso particulares, donde se registraron campañas muy exitosas preferentemente en las costas de Africa, la metrópoli exigió  al Apostadero, custodio de sus posesiones, las mayores providencias para la defensa, a la vez que dejaba en claro la imposibilidad de cooperar con ningún tipo de socorro.

Paralelamente entonces, Huidobro instrumentó el incremento de la vigilancia  para protección del tráfico marítimo, tomando además algunas medidas condicionadas por lo escaso del erario y la precariedad de los elementos con que contaba el Apostadero.

Dentro de las previsiones pueden exponerse

·        la adquisición  de 4 obuses de a 12 para colocar en las zumacas BELÉN y SANTO DOMINGO, armadas en guerra en Buenos Aires, las cuales, unidas a 2 de las lanchas cañoneras construidas en Montevideo, fueron destinadas a un nuevo Apostadero Naval en Barragán que  integró otra base dentro del alerta defensivo 

·        un estudio de la costa  entre Montevideo y Maldonado para el establecimiento de vigías encargados de dar aviso  sobre los buques enemigos o sospechosos que fueran avistados desde sus posiciones

·        la realización de misiones de vigilancia por el Río de la Plata, en las que participaron la fragata ASUNCIÓN, la corbeta FUERTE, el bergantín LIGERO, el místico SAN IGNACIO DE LOYOLA,  la barca BON y el falucho NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Lamentablemente la incidencia de las penurias para poner en práctica las medidas tuvo su reflejo en los resultados:

·        los vigías previstos no llegaron a establecerse, quedando limitado el control a los de Maldonado, Cerro del Toro y Montevideo

·        las embarcaciones del Apostadero de Barragán tuvieron que ser tripuladas por 50 granaderos de los Cuerpos de Infantería y Dragones,  pues no había marinos para integrar las tripulaciones, situación preocupante que  Ruiz Huidobro había informado en reiteradas oportunidades, urgiendo el envío de tropa de Marina a fin de cubrir los servicios

·        y por último, no podemos dejar de mencionar los naufragios desgraciados de la fragata ASUNCIÓN y del místico SAN IGNACIO DE LOYOLA, ocurridos ambos en cumplimiento de los cruceros de custodia, que además de las lógicas connotaciones, significaron en la práctica una merma ostensible de los precarios recursos humanos y materiales del Apostadero

Mientras … Inglaterra inauguraba con Trafalgar su dominio marítimo, su flota se dirigía a la conquista de la Colonia de El Cabo, en tanto se advertía que naves de su bandera   recorrían estas aguas, sondaban, hacían reconocimiento de las defensas y  hasta se atrevían a ejercitar el corso en el Río de la Plata.

Para completar el panorama desalentador Sir Home Popham, triunfante en El Cabo, y con el conocimiento de Trafalgar y Austerlitz, enfocó la mira en   las ciudades del Plata- antiguo proyecto compartido con  Miranda- y alentado con  promesas de apoyo y  rumores de una aceptación mayoritaria del dominio inglés.

La fuerza de invasión compuesta por navíos y fragatas que conjuntaban un poderío de más de 250 cañones fue avistada tempranamente y confirmada con posterioridad  por el Vigía de Maldonado. Ruiz Huidobro convencido de que se trataba de una expedición inglesa, salida desde El Cabo, dio pronto aviso a Buenos Aires

            Como Comandante del Apostadero, Ruiz Huidobro estaba consciente que las fuerzas de su mando- escasas, mal equipadas y peor tripuladas- no podrían siquiera intentar una operación  para cortar el paso de la escuadra enemiga, impidiéndole el desembarcar y desarrollar su capacidad operativa.

A las carencias expuestas se sumaba la actitud negligente de Sobremonte,  quien ante los reiterados avisos y consecuentes  reclamos de medidas desestimaba el peligro, repitiendo el argumento de que los observados eran buques corsarios y con el convencimiento que de consolidarse algún ataque, el objetivo sería Montevideo.

En lo razonable de la medida  no estaba desacertado el Virrey ya que el criterio estratégico -que fue expuesto incluso por el Brigadier Beresford en el Consejo de Oficiales- imponía el ataque a esta ciudad, para que no quedara un enemigo de esta

significación a la retaguardia. No obstante primó la opinión sostenida por el Comodoro

Popham, tomando los navíos rumbo a Buenos Aires, en base a  los argumentos de una defensa más débil que la de Montevideo y del hecho nada menor de ser depositaria de los caudales del Virreinato,  creyendo además que la toma de la capital tendría  una influencia desmoralizante.

Lo cierto es que el 15 de junio los británicos llegaron frente Buenos Aires, y es recién entonces cuando el Virrey ordenó acuartelarse a las milicias, así como algunas otras providencias  que no obstaculizaron el desembarco que se inició el 25 en la zona de Quilmes. Tras algunas escaramuzas, en medio de un aguacero, del asombro y del son de los gaiteros- el 27 de junio por la tarde- las tropas invasoras ingresaron a la capital.

 

UNA DECISIÓN UNÁNIME: LA RECONQUISTA

Entramos entonces a considerar este período en el cual la caída de Buenos Aires, a manos de una exigua fuerza británica no significó una sorpresa, sino más bien la culminación de una incertidumbre.

La comunicación oficial del hecho fue enviada a Montevideo el 2 de julio desde la Ensenada de Barragán, pero en la misma no constaba  ningún dato concreto sobre el número de fuerzas ni posibles proyectos del enemigo, de manera que Ruiz Huidobro ordenó algunas precauciones básicas-  como la reparación de las murallas y el acopio de víveres-   previendo un posible avance sobre Montevideo.

Para un militar de su experiencia resultaba evidente la urgencia de actuar antes que los ingleses tuvieran la posibilidad de reforzarse y desde la capital porteña buscaran extender la conquista a la parte septentrional del Plata.

En base a lo expuesto  el planteamiento para llevar a cabo la reconquista de Buenos Aires, que combinaba la estrategia de los militares y hombres de mar  con la solidaridad  del pueblo montevideano, aparecía como una empresa  fundada y urgente.

El  principal argumento que detenía a Ruiz Huidobro- que era el hecho de no contar con órdenes de la Corte-  se desvaneció ante la presión ejercida en forma multitudinaria y un hecho que resultó un hito histórico.

En una resolución sin precedentes el Cabildo de Montevideo, ante la defección del Virrey Sobremonte que se había trasladado a Córdoba, un Cabildo bonaerense que había quedado al frente de una población civil que había jurado obediencia al Rey de Inglaterra, y al hallarse suspendido el Tribunal de la Real Audiencia, reconoció a Ruiz Huidobro como la única autoridad del Plata: “…. En nombre del Rey, en las actuales circunstancias, es y debe respetarse el Señor Gobernador de esta Plaza como Jefe Superior y Capitán General de este Continente, obrar y proceder en él, con la plenitud de esta autoridad que es indispensable ya para salvar a la ciudad amenazada de los enemigos, como para desalojarlos de la capital, deprimirlos, vindicar sus insultos, atacarlos y destruirlos en honra y gloria de las armas del Rey ….”

Aceptada por Huidobro la designación, podemos agregar que -sorprendentemente- Sobremonte reconoció su investidura popular, dando aprobación a la expedición y llegando a ofrecerle refuerzos en el caso que pudiera  aguardarlos, agregando en su comunicación que “.... si temiese perder la oportunidad del ataque , y se conceptuase con bastante seguridad, procediese en consecuencia .... “

            Allanado el problema de su autoridad en el orden político, en el orden militar, Ruiz Huidobro encauzó las iniciativas de sus subordinados.

El 11 de julio de 1806, en un Consejo de Guerra, los Tenientes de Navío José de Obregón y Leal de Ibarra y Oximando y el Teniente de Fragata José de Córdova- le habían presentado el proyecto para la reconquista, determinándose además en esta reunión que el Comandante estuviera al frente de la gesta.

La generalidad de las obras de autoría argentina- de las más antiguas a las contemporáneas- adjudica el plan y la organización al C/N Santiago Liniers, quien estaba  al comando del Apostadero de Barragán al ocurrir la invasión.

Lo cierto es que este Oficial -subordinado jerárquicamente al Brigadier Ruiz Huidobro – se había ofrecido para comandar los efectivos que pudiesen facilitársele para retomar la ciudad porteña.

Según documentación, cuando Liniers expuso sus ideas en la Junta de Guerra a la que fue invitado, los asistentes le informaron que ya se había tratado en la reunión anterior un plan que había sido aprobado y que el mando de las fuerzas lo tenía el Comandante del Apostadero.

Es conocido que finalmente Liniers será el brazo ejecutor cuando, ante la alarma de un posible desembarco de Popham, una nueva Junta de Guerra  resolvió  que Ruiz Huidobro permaneciera en Montevideo a cargo de la defensa, dejando asimismo, al efecto,  una parte de las tropas y de las cañoneras.

Respecto a este punto creemos importante destacar que hubieron de imponerse disposiciones para conformar el contingente de tropas destinadas a la reconquista pues todos los efectivos disputaban tener su lugar en las filas que irían a concretar la campaña.

Tratado el aspecto militar es fundamental  referir el concurso civil –concurso que refiere tanto a la colaboración  material  como al servicio personal.   Blanco Acevedo, aseguraba que Ruiz Huidobro había estado en los sucesos del Plata “…. siempre al lado del pueblo del cual era constante defensor ….”. Después de conocer el empuje y la respuesta polifacética de toda la población creemos que ese juicio también puede aplicarse a la inversa.

En lo que respecta a la faz económica: las colectas organizadas por comerciantes, hacendados y por la propia esposa del Gobernador Josefa Morales de los Ríos, alcanzaron en donativos la suma de   160.676 pesos, a los que se agregaron préstamos sin interés por más de 90 mil pesos.

Los vecinos convinieron en imponerse una cuota mensual durante la guerra, destinada a levantar el sueldo de las tropas de línea y facilitar el enrolamiento voluntario en campaña. Como dato anecdótico podemos mencionar que Mateo Magariños estableció un premio de 10 mil pesos para los soldados o marinos, que avanzaran primero sobre el enemigo.

Se contó con el ofrecimiento de provisiones, bueyes, carretas, caballos,  buques, tripulaciones e incluso de esclavos para reforzar las tropas o las dotaciones de marina.

Respecto al servicio de voluntarios convocados por Ruiz Huidobro: se conformaron varios grupos  denominados con el nombre de Tercios (de “Patricios Criollos”- integrado por pardos y negros, de “Extramuros”, de “Andaluces”, de “Vizcaínos y Montañeses” y el de “Catalanes” o “Miñones”). Estos cuerpos prestaron un servicio mayoritariamente honorario, y se estableció -al efecto de adiestrarlos- una escuela de artillería.

Igual respuesta habían dado muchos veteranos que se habían ofrecido para relevar a los artilleros de la defensa de Montevideo, a fin de que los que estaban en servicio pudieran engrosar las filas de la empresa.

En lo atinente a las fuerzas navales, las mismas contaron con la invalorable conducción de los oficiales del Apostadero, pudiendo destacarse también entre sus filas al capitán corsario  Hipólito Mordeille –alias “El Manco”-  de relevante actuación durante los combates.

Con el detallado informe de los efectivos enemigos a enfrentar en la otra orilla y la promesa de apoyo por parte de los complotados que habían contactado a Huidobro, partieron hacia Colonia las tropas y la escuadra.

Superada la mala noticia que comunicó entonces Pueyrredón en relación a que no se contaría con los refuerzos esperados debido a la derrota de Perdriel, alentados por la arenga de Liniers, demorados por vientos contrarios, finalmente el 3 de agosto navegaron en medio de un temporal, cerca de los bancos, seguros que los buques ingleses no se podrían acercar por su calado. Tras el desembarco en Las Conchas, la expedición emprendió la marcha entorpecidos por las lluvias.

El panorama era confuso, mientras algunos grupos trataban de disuadirlos de continuar con el argumento del peligro que significarían las represalias, otros –entre aclamaciones- daban apoyo, se agregaban a las columnas e incluso colaboraban  en el transporte de la artillería dificultado por el barro y los charcos.

En medio de la neblina reinante, grupos e individualidades sumaron esfuerzos, el tercio de miñones o catalanes y los marineros de Mordeille, conformaron las avanzadas de las fuerzas de reconquista, en un ataque más entusiasta que ordenado, cumpliendo el objetivo de replegar las filas enemigas.

Todos los documentos señalan el ímpetu que mostraron esos efectivos desafiando el fuego nutrido con que los ingleses defendían sus posiciones, hasta que -cercados en la Recoba- Beresford, ordenó retirarse a la Fortaleza, cerrando el puente levadizo.

Provistos de escalas de madera Mordeille y los suyos se dispusieron al asalto, y mientras un número de efectivos escalaban la muralla, varios oficiales ingleses agitaron pañuelos blancos, tratando de calmar los ánimos.

Enarbolada la bandera de parlamento, D. Hilarión de la Quintana intimó la rendición de Beresford, pero a pesar de las órdenes no había forma de dominar la actitud hostil, hasta que uno de los ingresados arboló la bandera española, hecho que llevó a acatar las voces de mando. Los ingleses, impresionados por el tumulto se resistían a dejar el recinto, hasta que garantida su seguridad, desfilaron frente a la formación de las fuerzas reconquistadoras, rindiendo sus armas y sus banderas.

En medio de la euforia de esa victoriosa jornada del 12 de agosto- particulares y autoridades demostraron en fiestas, banquetes y homenajes su reconocimiento para con los orientales, y para la ciudad de Montevideo a la cual se otorgaron 6 medallas conmemorativas especialmente acuñadas, una de las cuales se dedicó especialmente al Brigadier Ruiz Huidobro.

El Cabildo bonaerense otorgó una espada –con puño y guarnición de oro- a D. Benito Chain en reposición de la que había sido destrozada por una bala cuando encabezaba el ataque a la Recoba, felicitó a Jefes y Oficiales, dispensó un premio de 25 pesos a cada efectivo, y expidió al de Montevideo, un oficio  en los términos más  expresivos:

“…. Cuando esta ciudad reconquistada el 12 del corriente por las tropas que se presentaron al mando de don Santiago Liniers ha llegado a cerciorarse de los oficios que ha hecho V.S. y parte que con ese vecindario ha tomado en la Reconquista, no halla expresiones con que manifestarle su gratitud. Cuanto pudiera decirse es nada con respecto a los sentimientos que le asisten. Por tanto da a V.S. las más encarecidas gracias, se ofrece gustoso a acreditar en todo tiempo su agradecimiento y suplica se sirva hacerlo entender así a ese noble vecindario, cuyos auxilios han contribuido para una empresa en que consiste nuestra común felicidad ....”

Hemos asentado este documento por los justos conceptos que en él se exponen, los cuales serán prontamente relegados ante la situación que se generó por la pertenencia de los trofeos de la victoria.

            Dichos trofeos- las banderas capturadas a los batallones enemigos- correspondían según la costumbre a quienes habían resultado vencedores en el combate. El entredicho comenzó cuando  los oficiales orientales se encontraban aún acuartelados en Buenos Aires, elevando la queja y el informe correspondiente donde indicaban que Liniers había prometido las banderas capturadas a la Virgen del Rosario (de la Iglesia de Santo Domingo).

En la visita que efectuamos recientemente a dicho templo encontramos las banderas que se han mostrado, eran las pertenecientes al 1er y 2º Batallón del famoso Regimiento 71 de Highlanders, una de los Royal Marines y una que había estado ubicada en el asta de Retiro.

En una de las paredes próximas al espacio donde se exponen las citadas banderas observamos un extracto del Acta  recordatoria del cumplimiento de la promesa de Liniers,   que decía en forma textual:

            “Rendida esta Plaza el 27 de Junio de 1806 a las armas de Su Majestad Británica el Domingo 1º de Julio prohibióse en este templo celebrar los cultos del Rosario con la solemnidad acostumbrada

El Capitán de Navío de la Real Armada D. Santiago Liniers y Bremont acongojado por ello aseguró al R.P. Fray Gregorio Torres y al Mayordomo de la Cofradía Francisco Antonio Letamendi que había hecho voto solemne a N.S. del Rosario ofreciéndole las banderas que tomase al invasor de reconquistar esta ciudad, firmemente persuadido de que lo lograría bajo tan alta protección

El 12 de agosto rindió al enemigo y en cumplimiento de su promesa, el 24 obló con una solemnísima función, salva triple de artillería, en curso de la Real Audiencia y del Cabildo Secular e Ilustrísimo Obispo las dos banderas del Regimiento 71 y dos de marina confesando deberse toda la felicidad de las Armas al singular y visible patrocinio de N.S. del Rosario.

                                   Buenos Aires, 25 de Agosto de 1806.”

Tres días antes- el 22 de agosto- el Gobernador y el Cabildo de Montevideo habían reclamado al de Buenos Aires las banderas tomadas a los ingleses.

Consultado  Liniers, respondió que los trofeos eran de Buenos Aires, opinión que compartió la Audiencia, y el Cabildo, que el 16 de agosto- con tanta grandilocuencia había referido su agradecimiento al de Montevideo- estableció en  el acta labrada para denegar el pedido que “…. era una temeridad pretender arrogarse la gloria de una acción que ni aún hubieran intentado los de Montevideo  a no contar con la gente y auxilios que estaban dispuestos en Buenos Aires ….”, discurso muy diferente al de la comunicación anterior, a la realidad según lo pauta la documentación y una lamentable actitud como respuesta a la demostración de heroico patriotismo del vecindario oriental, sus militares y su Gobernador.

 

 

CONCLUSIÓN

Evaluando los sucesos podemos decir que se evidencian como elementos  fundamentales en la reconquista:

·        La presencia del Apostadero, que incidió en dos aspectos: el humano y el material. Con referencia a su personal, aportaron la experiencia técnica y táctica para planificar la estrategia y dirigir tropas que incluían efectivos no profesionales. Respecto al material proveyó las  lanchas cañoneras- para el transporte del ejército a través del Plata Superior – especiales por su calado para la difícil navegación entre bancos, canales y profundidades escasas.

·        El convencimiento en las más diversas capas de la sociedad respecto a que debían instrumentarse las medidas necesarias para reconquistar la capital y la decisión de colaborar e implementar los recursos necesarios para lograr esa meta. El empuje que dieron al movimiento posibilitó la definición del emprendimiento y el aglutinar esfuerzos que posibilitó la coherencia del mismo.

·        La figura de Ruiz Huidobro, quien conjuntó en su autoridad como gobernador y Comandante del Apostadero, el aspecto militar y el  político.   En el sentido militar manejó la visión profesional, y su rango y experiencia en ese campo le llevó a organizar y dirigir una lucha que reclamaba –por la diferencia de las fuerzas en pugna- de estrategias medidas y coherentes con los recursos existentes.  Como político dio respuesta a los requerimientos, encabezó, racionalizó y canalizó el patriotismo y las energías de su pueblo. Este “militar entendido y pundonoroso” como lo catalogó Don Andrés Lamas, hombre de acción, inteligente y emprendedor, respetado por sus condiciones de valor y carácter amalgamó idealismos. Lamentablemente, el no haber comandado las fuerzas relegó su figura, dejando para Liniers la imagen de vencedor, y para muchos, el ser totalmente responsable- incluso- de los planes.

Pruebas de este aserto podemos encontrarlo no solamente en una gran parte de la bibliografía, sino también en homenajes como el de la lámina que la ciudad de Oruro obsequió a Buenos Aires, exaltando las victorias logradas por Liniers, sin mencionar para nada a Ruiz Huidobro, la valentía de su pueblo y de sus tropas.

El liderazgo que determinó su nominación como  “Jefe Supremo del Virreinato”, como Virrey de Acuerdo a Real Orden que le investía cuando ya estaba prisionero, constituyeron  para Huidobro  motivos de personal orgullo.

Pero quizás – y sin quizás- el más justo reconocimiento fue la resolución  de la Corona, cuando, de acuerdo al planteamiento de la comisión que presentó el parte oficial- determinó que los montevideanos eran “CULPABLES”... de la reconquista.

Lo estipulado en la Real Cédula de 12 de abril de 1807, validó su esfuerzo  concediéndole el título de “…. Muy Fiel y Reconquistadora”,  y que además el escudo de sus armas añadiera abatidas las banderas inglesas que apresó en la reconquista, con una corona de olivo sobre el Cerro, atravesada con otra de las reales armas, palma y espada ....”.  Más allá de los honores y del orgullo significó la recompensa a una mancomunidad de voluntades  responsable de truncar la etapa inicial de dominación.

A 200 años de aquellos hechos, es de justicia reconocer que esta fusión hizo viable el éxito y que –librado a su suerte- difícilmente hubiera reunido Buenos Aires  los recursos necesarios para liberarse.

Como investigadores y como orientales- nos congratulamos de la aparición de obras recientes- con el irrebatible respaldo documental- así como de ciclos como el que compartimos, donde el tratamiento del evento que nos ocupa, reivindica con la contundencia necesaria  el protagonismo de nuestros antepasados

 

 

BIBLIOGRAFIA

Ø  Martínez Montero, Homero. "El Apostadero de Montevideo." Madrid. 1968

Ø  Blanco Acevedo, Pablo. "El Gobierno colonial en el Uruguay y los orígenes de la nacionalidad". Imp. Ligu. Montevideo. 1959

Ø  Tanzi, Héctor- "El Virreinato desde 1790 a 1806". Cap. VIII. "Historia Marítima Argentina". Vol. IV

Ø  Bauzá, Francisco- "Historia de la Dominación Española en el Uruguay".Colección de Clásicos Uruguayos. Vol. 98.T.II. Montevideo. 1968

Ø  Destéfani, Laurio- "La tercera invasión inglesa (1806)- Cap. IX. Historia Marítima Argentina. Armada Argentina. Secretaría General Naval.  Departamento de Estudios Históricos Navales. Tomo IV. Buenos Aires. 1985

Ø  Luzuriaga, Juan- "Una gesta heroica. Las invasiones inglesas y la defensa del Plata." Ed. Torre del Vigía. Montevideo. 2004

 

 
 
 
 
 

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