Historia y Arqueología Marítima

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Indice articulos publicados de la Academia Uruguaya de Historia Maritima y Fluvial

MEDICOS Y MEDICINA EN LAS INVASIONES INGLESAS, 1806-1807

 

Por: Doctor MILTON RIZZI  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

INTRODUCCION

En las Invasiones Inglesas al Río de la Plata 1806-1807, se produjeron alrededor de 1.700 muertos y 3.500 heridos. Las terapias médicas que se utilizaron fueron las habituales de principios del siglo XIX, tanto entre los españoles como entre los ingleses. Este trabajo incluye una extensa lista del personal sanitario de ambos bandos y también son enumerados los hospitales que ya existían y los que debieron ser improvisados. Igualmente se recuerdan varias perlas anecdóticas, en especial una referente al monóculo General inglés William Carr Beresford.

Como conclusiones sanitarias, al autor destaca:

a) la llegada de la hasta ese entonces desconocida Hidrofobia al Río de la Plata;

b) la importancia de la atención de enfermería de los Padres Betlehemitas en Buenos Aires;

c) la graduación de José María Gómez da Fonseca, primer médico nacido en el Uruguay, huérfano a raíz de los saqueos de Maldonado en 1806,  y

d) la transculturización médica acaecida a través de la actuación profesional de los facultativos ingleses en el Río de la Plata. 

1)  ANTECEDENTES. PROTOMEDICATO E INSTITUTO DE MEDICINA

El Protomedicato fue creado en Buenos Aires el 17 de agosto de 1780. Se trató de una iniciativa del Dr. Miguel Gorman, promulgada por el Virrey José de Vertiz. (1)(2)

El Protomedicato era una estructura sanitaria y de contralor, con funciones similares a las que presenta nuestro Ministerio de Salud Pública. Existían otros dos Protomedicatos en Sudamérica, el de México y el de Lima.

Las autoridades de esta institución fueron: Dr. Miguel Gorman, Protomédico y Alcalde Mayor, Cirujano José de Capdevilla y Coronel Médico Francisco Argerich.  A más: un abogado, un escribano y un actuario.

Luego de petitorios varios y extensas demoras burocráticas el Protomedicato fue autorizado a enseñar Medicina. Fue así que el 2 de marzo de 1801 se inauguró el Instituto de Medicina de la ciudad de Buenos Aires. Los cursos seguían el modelo de la Universidad de Edimburgo y duraban seis años.

Los requisitos para ingresar a esta Escuela de Medicina eran: certificado de bautismo y buenas costumbres y asimismo una constancia de pureza de sangre. La pureza de sangre se refería a que el aspirante no fuera mestizo de negro o indio. No siempre se cumplía esta disposición: Fermín Ferreira, hijo natural de Lucas Obes y una esclava de color, nacido en 1800 en Bahía y notoriamente mestizo, fue aceptado en la Facultad de Medicina de Buenos Aires en 1822.  Fermín Ferreira interrumpió luego sus estudios para actuar como practicante en Ituzaingó y otras batallas y finalmente se graduó en Medicina en 1829. Fue luego Cirujano Mayor del Ejército y Rector de la primera Universidad en el Uruguay. Falleció en 1867.

            Los primeros docentes del Instituto de Medicina fueron Miguel Gorman en Medicina y Agustín Fabre en Cirugía. (1)

            Miguel Gorman, el promotor intelectual tanto del Protomedicato como del Instituto de Medicina era un irlandés nacido en Ennys y graduado en París y Reims.  Gorman era fino, cortés, hablador, pendenciero, escribía y hablaba correctamente Inglés, Francés, Español y Latín. (1)(3)   Había fundado la Academia de Medicina de Montevideo en 1783, ciudad en la que residió y ejerció con brillo durante cuatro años.  Por su apariencia física de larga y pálida figura sus estudiantes lo habían apodado”el cadáver”. De siempre soltero, fue acusado de intento de bigamia por sus enemigos en ocasión de haberse interesado por una señorita de la sociedad porteña. Esta acusación nunca fue probada y Gorman murió en 1819 con una artritis tan severa que no podía ni firmar y casi ciego por sus cataratas bilaterales.  Su actuación en las Invasiones Inglesas estuvo limitada por sus condiciones de salud, pero no se le debe negar el mérito de haber sido el primer docente del brillante grupo de practicantes. (1)(2)

Mariano Cosme Argerich,  nacido en Buenos Aires era hijo del médico y Coronel Francisco Argerich y graduado en la Escuela de Medicina de Cervera, en España.  Sustituyó a Gorman en la actuación docente de éste en la Escuela de Medicina de Buenos Aires. Fue secretario del Protomedicato en 1803. Organizó la asistencia médica en ocasión de las Invasiones Inglesas en conjunto con los famosos “17 practicantes”.  Muerto en 1820 a consecuencia de un Angor Pectoris, tenía sólo 62 años de edad.

José Capdevilla.  Español, cirujano de Marina, llegó al Río de la Plata hacia 1780 y trabajó en Montevideo y Colonia, desde donde fue “reclutado” por Miguel Gorman para actuar como Cirujano en el Protomedicato.  Por largo tiempo estuvo enfermo, tanto que fue sustituido en sus funciones por Agustín Fabre, pero en 1806-1807 milagrosamente recuperó su salud y actuó como distinguido cirujano en ocasión de las Invasiones Inglesas.

Agustín Fabre.  Nacido en Cádiz en 1734 y graduado en la misma ciudad, actuó como cirujano de Marina en viajes a Filipinas y América. A fines del siglo XVIII  desertó de un barco en Montevideo y ejerció en esta ciudad por largos años. En 1799 sustituyó a Capdevilla en el Protomedicato.  Mantuvo disputas permanentes con Miguel Gorman. Éste lo acusaba de “impurezas” en sus títulos académicos. Actuó brillantemente en las Invasiones Inglesas. Murió en 1820.

 2) HOSPITALES DE BUENOS AIRES, 1806-1807  (1)(2)

MILITARES:

Del Presidio.

De la Ciudadela.

CIVILES:

Real Hospital de Caridad.

Hospital de Santa Catalina.

Hospital de la Residencia.

IMPROVISADOS EN MERITO A LAS ACCIONES BELICAS:

Convento de Santo Domingo.

Convento de San Francisco.

Convento de Santa Catalina.

Iglesia de San Telmo.

Iglesia del Socorro.

Casas Particulares.

Los hospitales eran primitivos.  Los médicos ejercían su función en la forma habitual, pero la asistencia del personal secundario tanto en las tareas de limpieza como de alimentación y de enfermería básica eran muy limitadas.

Sin embargo, los hospitales atendidos por los Padres Betlehemitas (llamados “Barbones”  por sus largas barbas), tales como el Hospital de Santa Catalina y el Convento de Santo Domingo, fueron más exitosos en su atención sanitaria.

Estos religiosos se organizaban con dos padres Superiores y veinte frailes que dividían las funciones asistenciales y de higiene y además enseñaban Teología, practicaban la Botánica Médica y ejercían la Cirugía.

Los mejores resultados se obtenían, de todas maneras, en la atención de los heridos en casas particulares por razones primordialmente higiénicas.

Un ejemplo clásico fue el del Capitán Mc Kenzie, herido gravemente en ocasión de la reconquista de Buenos Aires por Liniers, quién fue asistido por la Familia Ezcurra durante cinco meses, alcanzando una recuperación completa.

 3) PERSONAL SANITARIO EN BUENOS AIRES  (1)(2)

Ya hemos analizado la situación de Miguel Gorman, José de Capdevilla, Mariano Cosme Argerich y Agustín Fabre.  Corresponde documentar ahora las funciones ejercidas durante las Invasiones Inglesas por los siguientes médicos y practicantes:

Justo García y Valdéz. Nacido en Buenos Aires y graduado en Lima como Licenciado. Sustituyó a Miguel Gorman por razones de salud de éste en la Junta de Sanidad en 1804. Por su brillante actuación en las Invasiones Inglesas fue designado Cirujano Mayor. Fue luego primer Médico del Ejército en 1813 y Presidente de la Academia de Medina de Buenos Aires en 1822.

Silvio Gaffarot. Médico catalán. Fue herido en las Invasiones Inglesas. Actuó a posteriori como Médico Militar en la Banda Oriental y como docente en la Escuela de Medicina de Buenos Aires.

También actuaron Miguel García Roxas como consultor en Cirugía y como Cirujanos Ayudantes: Jerónimo Aráchaga, José Ignacio Arrocha, Pedro Faya, Bartolomé González, Francisco Lamela, Bernardo Nogué, Fernando Maciel, Manuel Pintos y David Reid.

Francisco Cosme Argerich. Este hijo de Mariano Cosme y nieto de Francisco completa la dinastía. En las Invasiones Inglesas fue Practicante Mayor.  Perseguido luego por Rosas, emigró a la Banda Oriental, donde ejerció hasta su fallecimiento en 1849 en Montevideo.

Pedro Carrasco. Nacido en Buenos Aires ejercía la Medicina sin título ya antes de 1801, ocasión en la que se inscribió como alumno del Instituto de Medicina.  Fue Practicante Mayor en  las Invasiones Inglesas junto con Francisco Cosme Argerich. Ejerció luego la docencia  fue designado Académico de la Academia Nacional de Buenos Aires en 1822.

            Como Practicantes también actuaron:

Manuel Antonio Casal (fue luego Médico Militar),

Antonio Castellanos

Francisco de Paula Fernández

Francisco de Paula Rivero (tuvo después larga actuación en los ejércitos libertadores y en numerosas batallas en la Banda Oriental)

José Escolá

Angel Lucio Fulco

 José Madera (fue Médico Militar y profesor de Materia Médica en la Facultad de  Medicina entre 1825 y 1828)

Cesáreo Martínez Niño

Pedro Francisco Millán

Adeodato Olivera  (En ocasión de la segunda Invasión Inglesa estaba a cargo de un ala del Hospital de la Residencia y cuando los ingleses se acercaban a ese nosocomio, Adeodato tomo un fusil con bayoneta y arengando al personal salió a “matar ingleses” preso de una crisis sicótica o de un cuadro de esquizofrenia paranoide. Dado que sus contrincantes tomaron la posición, Adeodato Olivera fue sometido a un juicio sumario y condenado a ser fusilado. (1)  La Reconquista por los españoles lo salvó de ese extremo, pero deprimido, confundido y probablemente afectado por una patología siquiátrica Adeodato deambuló años por Buenos Aires hasta que fue  finalmente designado Practicante del Ejército en 1821.

Matías Rivero

Pedro Rojas  (o Pedro Roxas, también Medico Militar fue jefe de Sanidad y  Médico de Policía.)

Francisco Romero

Paulino Sosa

Baltasar Tejerina (Graduado en 1815 acompañó los Ejércitos Libertadores en la campaña del Alto Perú. Fue médico de Belgrano), y

Mariano Vico. 

4) HOSPITALES DE LA BANDA ORIENTAL, 1806-1807 (2)

MONTEVIDEO:

MILITARES:

Hospital del Rey.

Hospital de la Ciudadela.

CIVIL:

Hospital de Caridad. (4)

IMPROVISADOS EN MERITO A ACCIONES BELICAS:

Iglesia Matriz.

Las Bóvedas.

Cuarteles de Regimientos.

Capilla del Hospital de Caridad.

Casa del Marqués de Sobremonte.

Casas Particulares.

COLONIA:

Hospital de Colonia.

MALDONADO:

Hospital de Maldonado. 

HOSPITALES DE MONTEVIDEO.

El Hospital del Rey había sido inaugurado en 1781 y estaba ubicado en Piedras y Solís. Tenía 200 varas de frente por 10 de profundidad y admitía hasta doscientos enfermos. (2)

Antes de 1781 existían en Montevideo el Hospital de la Tropa y el Hospital de la Marina y ocasionalmente el Hospital de Extramuros, que se utilizaba para asistir a los indios Tapes que construían las murallas.

El Cirujano Encargado del Hospital del Rey  durante las Invasiones  Inglesas fue el cirujano Cayetano de Molina.

Hospital de la Ciudadela.       Se trataba de dos minúsculas piezas con muy poca capacidad, donde se suponía debían asistirse solamente los militares que estaban en prisión. Cuando se dice Cirujano o Médico del Presidio debe entenderse Cirujano o Médico de guarnición militar.

            Hospital de Caridad. Había sido fundado por la Hermandad de San José y de Caridad el 17 de junio de 1788. Estaba ubicado en la esquina de las hoy calles 25 de Mayo y Guaraní. El actual Hospital Maciel, que ocupa toda una manzana es el resultado de las innumerables ampliaciones que siguieron a ésta fundación.  Atendido por personal mínimo, dado que la mayoría había fugado a consecuencia de la caída de Montevideo el 3 de febrero, el Hospital de Caridad fue administrado por Don Fermín Olave, que hizo milagros para mantener una asistencia por lo menos mínima a los españoles y criollos que fueron internados allí. (2)

Las Bóvedas eran 34 casamatas ubicadas frente a la Bahía en la hoy Rambla 25 de Agosto. Eran construcciones militares de paredes muy gruesas y húmedas, destinadas a alojar los cañones que, al dispararse, ennegrecían totalmente techo, paredes y piso. Muy inhóspitas e imposibles de atender sanitariamente, estas estructuras fueron el triste destino hospitalario de los españoles y criollos en la Invasión Inglesa de 1807. (2)

            Capilla del Hospital de Caridad.  Fue accidentalmente destino de enfermos y ocupada por los ingleses, también con fines administrativos para su Estado Mayor. Había sido completada su construcción en 1798 en terrenos que eran propiedad del Cirujano Cayetano de Molina y eran utilizados anteriormente como cancha de bolos.

            El Marqués de Sobremonte tenía varias casas en Montevideo, la más grande situada frente al Hospital del Rey y allí fueron también destinados enfermos.

            Iglesia Matriz. Fue destinada sobre todo para pacientes ingleses y llegó a contener 600 heridos. La acumulación de catres, camas y pacientes en el suelo, ubicados sobre simples jergones, sin limpieza adecuada y sin ventilación fue, de acuerdo a los testigos (Pérez Castellanos, Robertson y otros) un espectáculo dantesco, que duró cerca de cuatro meses.

Casas particulares. De acuerdo a Pedemonte, por lo menos en veinte residencias se asistieron fundamentalmente oficiales, tanto españoles como ingleses.

HOSPITAL DE MALDONADO.

Se asistieron allí los heridos de la Toma de Maldonado por los ingleses, acaecida ésta el19 de octubre de 1806.

El Practicante Don Dionisio Martínez y el Cirujano Mayo Mr. Doyle tuvieron destacada actuación en esta oportunidad.

HOSPITAL DE COLONIA.

Fueron allí atendidos los heridos del Combate de San Pedro, ocurrido el 7 de junio de 1807, oportunidad en la cual las tropas del Cnel. Pack derrotaron a Javier de Elío.   

5) PERSONAL SANITARIO DE LA BANDA ORIENTAL, 1806-1807 (1)(2)

Cristóbal Marín de Montúfar (1759-1852), nacido en Málaga, estudió Medicina en Cádiz y llegó al Río de la Plata en  1787.  Fue el primer Teniente Protomédico de Montevideo desde 1806. Fue también el Doctor en Medicina más importante de Montevideo en el período en que actuó.  Terminó su carrera en Buenos Aires. Viudo en 1841, con 80 años, casó con una prima de 20 años. Murió once meses después, en 1842, con una sonrisa en los labios.

            Don Fernando Olave  fue Oficial Cuarto del Ministerio de Marina y un excelente Administrador Sanitario. Organizó el hospital improvisado de las Bóvedas y se hizo cargo de recibir el Hospital de Caridad luego de la retirada de los ingleses.

            Don Juan Cayetano Sánchez de Molina.  Español llegado con Ceballos en 1777 como Segundo Cirujano de Marina fue integrante de la Junta de Sanidad. Fue designado por el Cabildo Cirujano Mayor de los Hospitales de Montevideo el 6 de febrero de 1807.

            Don José Giró  Catalán de Gerona. Médico de los Reales Hospitales y comercian-te importador-exportador. Actuó como médico desde 1870.  En Montevideo casó con María A. Zufriategui y su hijo Juan Francisco fue presidente de la República en 1852-1853.

Dr. Juan Pérez. Fue protagonista de la Expedición de la Vacuna al Interior de la Banda Oriental. Luego fue Primer Cirujano de Marina.

Dr. Antonio Cordero.  Fue Segundo Profesor de Medicina y Cirugía de la Real Armada. Acompañó a Ángel de Refoxo en la expedición bélica que culminó con la Reconquista de Buenos Aires. (5)

            Dr. Ángel de Refoxo. Cirujano del Cuerpo de Dragones. Acompañó a Buenos Aires al Dr. Cordero. En 1810 figura en la lista de Cirujanos que actuaban en Buenos Aires. (2)(5)

            Dr. Vicente Rey. Fue Segundo Cirujano de Marina.

            Don José Vila. Fue Cirujano del Cuerpo de Fusileros. Actuó en la Marina y como médico del Hospital de Caridad en las  Invasiones de 1807.

            Dr. Carlos María Deschamps. Médico francés al servicio del Rey de Portugal, había sido tomado prisionero y con Montevideo como cárcel actuó en el Hospital de Caridad.

            Presbítero Juan Antonio Larrañaga. Fue Capellán.  Actuando en las fuerzas de la Reconquista tuvo la persuasión suficiente como para convertir al Catolicismo a los ingleses moribundos en el Retiro.

            Don Francisco Dionisio Martínez. Era practicante en Maldonado en los años 1806 y 1807. Había sido en 1797 Ayudante de Cirugía y en 1801 Practicante y fue Médico Cirujano por la Junta de Higiene en 1838. Martínez fue advertido po el Cirujano Mayor Mr. Doyley que iba a ser detenido en uno de los barcos ingleses para ser probablemente deportado, lo que permitió que escapara a San Carlos. (6)(7)(8)

            Dr. Joseph Guezze. Médico probablemente de un barco anclado en Montevideo y enviado con el Ejército inglés a Buenos Aires en 1807.

            Dr. Manuel Rodríguez Sánchez.  Cirujano de la Villa de San Carlos. Actuó en la Invasión Inglesa a Maldonado. (9)

            Dr. Francisco García.  Actuó en Colonia como Cirujano en el Combate de San Pedro. (9)

            Capellanes:

 Don Francisco de Paula Borrás

Fray Ignacio Zufriategui.

            Practicantes Mayores:

Don José Pereyra. Continuó luego colaborando con vacunaciones y acciones contra la Hidrofobia.

Don Franco Arévalo

Don Franco Montero.

Practicantes Segundos:

Melchor Abreu,

Antonio Agualavada,

Manuel Blanco,

José García,

Ginés García Royo,

Benito Muñoz,

Sebastián Saloin,

Andrés Ylueso.  

6) PERSONAL SANITARIO DE MARINA Y EJÉRCITO INGLESES (10)(11)(12)(13)(14)(15)(16)(17)(18)(19)(20)(21)(22)(23)(24)(25)

MEDICO Y CIRUJANO JEFE:

Mr. Theodor Carr Beresford.  Fue Inspector General de Hospitales. (20)

Mr. Thomas Forbes. Fue Inspector Médico.

Mr. Doyley. Actuó como Cirujano Mayor.

CIRUJANO Y CIRUJANO AYUDANTE DE REGIMIENTOS:

71st. ROYAL HIGHLANDER:

Mr. G. Pooler: Cirujano

Mr. L. Evans:  Cirujano

Mr. Halliday:  Cirujano Ayudante. Falleció en combate en 1806 en Buenos Aires. (25)

ROYAL ARTILLERY:

Mr. E. Beck:  Cirujano

88th REGIMENT:

Mr. Robertson:  Cirujano. Herido en Buenos Aires. (2)

Mr. Ferguson:  Cirujano Ayudante. Muerto en combate en Bs. As. (2)

87th REGIMENT:

Mr. Buxton:   Cirujano Ayudante herido en Bs. As. (2)

40th REGIMENT:

Mr. Turner:  Cirujano. Herido en el Combate de San Pedro. (23)

35th REGIMENT:

Mr. Óbice:  Cirujano. Herido en Buenos Aires. (2)

Mr. Read:  Cirujano. Herido en Buenos Aires. (2)

            Este personal sanitario está notoriamente incompleto.  El Regimiento 71 Royal Highlander tenía 857 hombres de tropa y 32 oficiales. Este conjunto militar tenía un Inspector Médico, un Cirujano ayor y un Cirujano Ayudante. (23)(25)  De este listado se puede inferir que había un Oficial Médico cada 300 militares aproximadamente.

Por lo tanto, si estimamos que el total de integrantes del Ejército de Whitelock (16) era de 11.450 hombres, a los que habría que agregarle unos 2.000 marinos de los barcos tanto de guerra como de transporte, el total de las fuerzas británicas sería de alrededor de 13.500 integrantes.

Cada barco de guerra tenía un Cirujano y un Cirujano Ayudante, los barcos más pequeños un Cirujano Ayudante. Esto hace un total de 40 Inspectores , Cirujanos y Cirujanos Ayudantes en el ejército de tierra y unos 60 en la Armada.

Esto totaliza una cifra cercana a unos 100 integrantes de Personal Médico, de los cuales como se podrá apreciar, solamente tenemos los nombres de todos los que actuaron en el Regimiento 71 Royal Highlander y los heridos y fallecidos de los otros regimientos y de la Armada. 

7) PERLAS ANECDOTICAS.

Pascual Ruiz y Huidobro fue “una versión algo mejorada de Sobremonte”. Era un marino con mas olores que una perfumería. (15)

Santiago de Liniers. Viudo y mujeriego (18), inocentón y caballeroso, fue notorio amante de la Pericona, a quién llamaba Petaquita (mujer hermosa y pequeña) en sus cartas. La Sra. O’Gorman  perturbaba la sociedad Porteña con sus actitudes. Poco antes de emprender la Reconquista de Buenos Aires, Liniers se vio envuelto en un escándalo motivado por la presencia de la Pericona disfrazada de Coronel del Ejército en un baile de sociedad.  Liniers debió padecer una Colecistopatía Calculosa; su abdomen se distendía después de comer y tenía periódicos “cólicos biliosos” con vómitos, fiebre y diarreas.  Después de la Reconquista estuvo varios días enfermo por ese motivo. De todas maneras, su fusilamiento en 1810 interrumpió bruscamente sus padecimientos dispépticos y le impidió disfrutar de la mercadería que a precio de liquidación había comprado a los ingleses cuando éstos abandonaban Montevideo en 1807.

Home Popham (20) tenía veinte hermanos y veintitrés medio hermanos y llegó al Río de la Plata acompañado por un hijo de 12 años “rubio como el Sol”.

Marqués de Sobremonte. (17)(25)

“ Un quintal de hipocresía

tres libras de fanfarrón

y cincuenta de ladrón

con quince de fantasía

tres mil de collonería (cobardía)

mezclarlas bien y después

en un gran caldero inglés

con gallinas y capones

extractarás los blasones

del más indigno Marqués…”

William Carr Beresford (1768-1854).  Hijo natural del segundo Conde de Tyrone, tuvo una esmerada educación. Era culto, esbelto y corpulento. Hablaba Portugués y Español y cuando llegó al Río de la Plata tajo consigo su hermoso caballo de paseo. Éste fue después padrillo de una nueva generación equina en Buenos Aires.  Beresford era amante de la vida aventurera y muy buen General. Se le recuerda por el escape que protagonizó poco antes de la Segunda Invasión Inglesa en la lancha portuguesa de la “Flor del Cabo”.  Durante su estadía en Buenos Aires, agraciado y de 38 años, despertó “inclinaciones apasionadas y deshonestas” en las mujeres porteñas. Luego de su estadía en el Río de la Plata obtuvo victorias comandando fuerzas portuguesas en Bayona y Tolosa. Fue galardonado también el título de Generalísimo de las fuerzas portuguesas durante su estadía en Brasil.  Fue Sir y Vizconde de la Realeza Británica y Duque de Elvas en Portugal.  Este símbolo sexual masculino cuando tenía 18 años fue invitado por su medio hermano, el futuro Almirante Beresford, para una estadía en Nova Scotia (hoy Canadá)  y en una excursión de casa el fulminante de su arma explotó cerca de su ojo, ocasionándole severas heridas en el globo ocular, las que motivaron que durante su estadía en Buenos Aires poseyese un hermoso ojo de vidrio. (18)(19)

Era un Adonis monóculo.  

8) HISTORIA DE UNA HERIDA DE METRALLA

Un herida de metralla (19)(22)(26)(27) penetrante en el cráneo, tórax o abdomen tenía menos del 10% de supervivencia. Por lo tanto, éstos pacientes eran dejados a su suerte. Solo se les vendaba y confortaba. Esta es la razón que explica el llamado “agresivo comportamiento de despenar”, patrimonio de las salvajes guerras sudamericanas.

En el caso de heridas de cuello o miembros, lo primero era contener la hemorragia, para lo cual en las mochilas de los soldados siempre había trozos de lienzo, que se utilizaban a tales efectos. Si la hemorragia era intensa, en miembros había que usar un torniquete. Éste  se hacía con un lienzo que se ataba a una madera, que también era portada en la mochila.

Las heridas a menudo ameritaban la amputación, aunque dado que el concepto de infección es posterior a ésta época, sólo existía la certeza que una herida sucia, como lo eran la mayoría, siempre se complicaba. Decidida la amputación (26) (27), ésta se efectuaba , en este período de la historia de la medicina, con el método circular. Una poderosa cuchilla cortaba todo el paquete vascular. Éste se pinzaba con instrumentos que no eran autostáticos y por lo tanto debían ser mantenidos en posición por un ayudante. Tanto el paquete vascular como la arteria y vena podían ser ligados ya sea en conjunto o por separado. La ligadura se hacía con gruesas agujas e hilos de lino, algodón o seda trenzada. Los hilos se dejaban largos y permanecían fuera de la herida hasta que cayesen por su propia “voluntad”, dado que se pensaba que éstos eran fuente de envenenamiento.

También existía la torsión de las arterias, con el objeto de impedir que sangrasen después de la operación. Para tal procedimiento era necesario con una pinza tomar la arteria y retorcerla entre veinticinco y treinta veces. Cuando se llegaba cerca del hueso se utilizaba una cuchilla calentada al rojo vivo para quemar los músculos cercanos y de esa manera mejorar la calidad del muñón, al provocar la retracción de los mismos. El hueso se aserraba.

En manos de cirujanos hábiles, todo el procedimiento de la amputación duraba de treinta segundos a menos de seis minutos. No había anestesia general ni local. Se utilizaba opio en forma de láudano.

El muñón se dejaba casi sin hacer cierres de la piel y si había disponibilidad se colocaba una vejiga urinaria de un animal recién sacrificado. Luego se aplicaba “bálsamo universal” : cera, aceite de oliva, agua de rosas, vino y polvo de sándalo rojo.

En cirujanos hábiles y experimentados aproximadamente fallecían un tercio de los amputados de miembro superior y la mitad de los amputados de miembro inferior.

Las grandes tragedias de los amputados y naturalmente de los heridos no amputados eran:

(a)  La Podredumbre de las Heridas (26)(28). Ésta era una infección hospitalaria, es decir originada en parte por las bacterias que la propia efracción cutánea había ocasionado, sobre todo al estar en contacto con la tierra, la bosta de caballo, los uniformes sucios y la atención de las heridas por las manos contaminadas del personal sanitario. Se trataba de una infección a estreptococo y a estafilococo, la más característica de las cuales era la Erisipela de las heridas.  En ese caso, una plancha rojiza circuncidaba la lesión, elevándose por encima de sus bordes, había linfagitis y ganglios afectados en dirección proximal, fiebre, grandes chuchos de frío y cuando la infección se difundía de esas áreas iniciales, acaecía la sepsis, es decir la progresión hacia todo el organismo de la infección inicial. Esta era, en general, mortal.

(b)  Gangrena Gaseosa. Esta terrible complicación se ocasionaba por la condición de extrema suciedad que tenían los heridos en las contiendas militares, donde ingresaban los gérmenes del suelo, a menudo con desechos animales y uniformes sucios que contenían los clostridium, perfringens y otros. Éstas son bacterias anaerobias que esporulan con facilidad. La esporulación es una forma de resistencia que permite que durante meses o años estos gérmenes vivos estén al acecho de su próxima infección. Para esto necesitan condiciones anaeróbicas, tales como las que se dan en heridos de guerra, con mucha atricción muscular.  La gangrena gaseosa se presenta como una placa de color cobrizo y fría, sobre la cual aparecen unas vesículas que al reventar dejan salir un olor nauseabundo. Aparece luego fiebre, gran malestar general y la zona lesionada inicialmente se necrosa, dando lugar a una extensa muerte de tejidos, que significa el principio del fin. Las lesiones viscerales, abdomen, tórax, cráneo, que son extensiones de la infección, son el preámbulo de la muerte, que se alcanza generalmente entre el cuarto y el séptimo día. El Teniente Coronel Vassall (2)(14) del Regimiento 38º, herido en la Conquista de Montevideo en la madrugada del 3 de febrero de 1807, falleció cuatro días después, por una gangrena.  El Rey Jorge III concedió a la familia del Tte. Cnel. Vassall un Escudo de Armas con una imagen de Montevideo y sus murallas, donde figura la leyenda “EVERY BULLET HAS IT’S BILLET”, “CADA BALA TIENE SU DESTINO”.

(c)  Disentería Bacilar. Las condiciones de internación de los heridos en las Invasiones Inglesas motivaron pésimas condiciones de higiene (23)(28) y la mala disposición de las materias fecales de enfermos y heridos, todos apiñados en los hospitales. La manos del personal secundario llevaron las shiguellas causantes de la disentería bacilar de las heces de los pacientes a las manos de los enfermeros y de allí a los alimentos, que se contaminaron. La disentería provoca dolor abdominal y diarrea… 20, 25, 30 deposiciones diarias, que luego se hacen con expulsión de mucus, pus y sangre. En general, en condiciones normales, no es mortal, pero por lo menos según lo cuenta Pérez Castellanos (2)(23) contribuyó al inenarrable sufrimiento de los heridos de Montevideo.

(d)  Tétanos. Con un período de incubación de cuatro a cinco días, el tétanos de las heridas de guerra era conocido desde la más remota antigüedad. (28) El tétanos es causado por un bacilo esporulado, anaerobio, productor de una fuerte toxina, llamado Bacilo de Nicolaier o Clostridum Tetani. La sintomatología comienza con dificultad para abrir la boca, trismos, contracciones involuntarias, convulsiones generalizadas, parálisis respiratoria y muerte.  Dejado evolucionar sin tratamiento, el fallecimiento es la norma de más del 80% de los casos.  El General Craufurd (22) se asombra que a pesar del buen clima del Río de la Plata existiesen tantos casos de tétanos en los heridos en el curso de las Invasiones Inglesas.  

9) ALGUNAS CIFRAS Y FECHAS

A)   MUERTOS Y HERIDOS EN LOS COMBATES. (16)(20)(23)(29)(30)(31)(32) 33)(34)

Según Thomas (29) la cifra de bajas, entre muertos y heridos al 16 de agosto de 1806 fue de 200 españoles y 300 ingleses. En el Combate del Cardal hubo 800 bajas de tropas “Montevideanas” y en la Rendición de Montevideo en febrero de 1807, 600 muertos y 600 heridos ingleses y entre criollos y españoles 400 muertos y 1.000 heridos.

Pereyra (14)  indica que las pérdidas inglesas fueron de 800 muertos y 500 heridos durante la Conquista de Montevideo.

Pearson (15) calcula que durante la Reconquista de Buenos Aires los ingleses contabilizaron 300 bajas y los españoles 200. En el Asalto a Montevideo destaca 560 muertos y multitud de heridos. Según Auschmuty hubo 800 muertos españoles y 500 heridos.

Corbellini (19) indica que las bajas durante la fallida Conquista de Buenos Aires fueron de 300 muertos y 650 heridos para el bando inglés y 200 muertos y 500 heridos para los españoles.

Reyes Abbadie (34) menciona que durante la Reconquista de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806, en la rendición de Beresford se registraron 400 muertos ingleses y un número algo mayor entre criollos y españoles. El la Conquista de Montevideo, según Pérez Castellanos, fallecioeron 400 criollos y españoles y 500 ingleses.

Según Carafi las cifras totales de las fuerzas inglesas de tierra, en 1807, fueron de unos 11.450 hombres y el total de las fuerzas españolas y criollas unos 7.310 hombres.

Como podemos ver, las cifras de muertos y heridos que dejaron las Invasiones Inglesas fue de 5.006 bajas: 545 muertos, 1.332 heridos, 2.513 prisioneros y 210 extraviados.

El total de las bajas españolas, en términos conservadores, podría cifrarse en unos 1.200 muertos y 1.800 heridos. Esto haría un total de 1.700 muertos y 3.500 heridos entre españoles, criollos e ingleses involucrados en las  contiendas. Recordemos que por lo menos la mitad de los heridos graves en combate fallecían en las semanas subsiguientes. 

B)   LOS PRECIADOS DINEROS PORTEÑOS.

El tesoro virreinal que el Marqués de Sobremonte entregó a los ingleses en 1806 y que fuera motivo de un entusiasta desfile por las called de Londres, consistía en diez mil onzas de oro y 1.086.208 Pesos Fuertes Españoles. (32)

Aclaremos que diez Pesos Fuertes Españoles equivalían a 2.68 Libras Oro. Onza: peso que consta de 16 adarmes y equivale a 28.7 gramos.

En carta dirigida por el comerciante español Joseph Carafi (16) a su compañía en Barcelona, relata que ante la expectativa de un nuevo decomiso de valores por cuenta de los ingleses, en la esperada invasión de 1807, los comerciantes porteños contrataron un complejo servicio de transporte y vigilancia y enviaron al Alto Perú no solamente sus dineros sino también sus artículos más preciados.

Cinco mil kilómetros  ida y vuelta!  

10) QUE DEJARON LAS INVASIONES INGLESAS DESDE EL PUNTO  DE VISTA MÉDICO

1)    TRANSCULTURIZACION MEDICO-PROFESIONAL. (1)(2)

La población del Virreinato tenía hacia 1806-1807 una atención médica casi exclusivamente española, con la excepción de los médicos que ejercían en los barcos, dado que éstos permanecían largo tiempo en puerto. Durante la primera Invasión Inglesa, acompañando el Regimiento 71 estaba el Dr. Thomas Forbes. (18)(23)  Cuando la rendición de Beresford,  Forbes fue internado y llevado a Areco, en Paraná y luego a Catamarca. Aprendió allí español.

En ocasión de la rendición de Whitelock fue retornado a Buenos Aires y destinado allí a atender los heridos ingleses. Aparentemente se le permitió trabajar y cuatro meses después fue “invitado” a retirarse por las autoridades del Gobierno de Buenos Aires a pedido de los médicos locales, que protestaban porque “había acaparado” toda la clientela porteña. La consulta en el Buenos Aires de la época se cobraba menos de un peso y Forbes la había subido a un Peso. Un Peso eran cinco chelines y cuatro peniques de una Libra Oro, lo que significaba que cada dos enfermos y fracción Forbes se hacía de una Libra Oro. Es posible que el buen nivel profesional de éste médico inglés haya sido la causa de esta situación, aunque también pueden argüirse elementos tales como la atracción por una nueva medicina.  Recordemos que Forbes era un graduado de Edimburgo, probablemente la mejor Universidad docente de la época. (25)

Otro “secuestrado” por los bonaerenses fue el maestro de música del Regimiento 71. (25)

En Montevideo los ingleses utilizaban gárgaras y pinceladas de Ron de las Antillas  en las anginas de cualquier naturaleza. Cuando se fueron y se acabó el ron, los criollos comenzaron a usar las mismas pinceladas y gárgaras, en este caso efectuadas con Caña de La Habana. Esta costumbre persistió por lo menos hasta comienzos del siglo XX. (35)

2)    EL BUEN RESULTADO FINAL DE LOS PADRES BETHELEMITAS.

La excelente atención de estos denodados religiosos motivó que las autoridades locales emprendieran acciones para mejorar aspectos de sanidad y enfermería en las subsiguientes campañas bélicas.

El Coronel Pack, impresionado y agradecido por la atención recibida por los “Barbones” regaló a éstos un hermoso reloj de estufa que aún hoy se conserva en Buenos Aires. (15)

3)    PRIMER MEDICO URUGUAYO. (1)

José María Gómez de Fonseca nació el 16 de abril de 1799 en Maldonado. Era hijo de un argentino y una oriental. Ambos comerciantes fueron asesinados durante los saqueos que siguieron a la conquista de la localidad por los ingleses en 1806.  El tío de José María, que era cura de la localidad se hizo cargo de la educación de éste y lo envió a Buenos Aires, dejándolo con una de sus hermanas para que estudiase allí Medicina.

Se graduó de Médico en 1825, siendo por tanto el Primer Doctor en Medicina nacido en la Banda Oriental. De 1826 a 1831 fue enviado a París y fue allí alumno, entre otros, de Dupuytren  y Broussais. En 1836 fue designado Profesor de Cirugía de la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

De constitución débil, delicado, estrechamente vinculado a la Literatura y la Poesía, Gómez da Fonseca cursó una penosa Tuberculosis desde 1841 a 1843, fecha en la que falleció a los 44 años de edad.

4)     HIDROFOBIA.

En enero de 1808 ingresó en el Hospital de Caridad de Montevideo un paciente proveniente de campaña de unos 50 años de edad, que había sido mordido por un perro en los miembros inferiores hacía ya unos días. En conocimiento que había una “nueva enfermedad” en la campaña, los amigos y familiares del lesionado lo habían enviado al Hospital por precaución, donde fue internado a pesar de sus protestas.  Pero la sospecha se confirmó y treinta días después de admitido comenzó con afagia por parálisis faríngea  y convulsiones que lo llevaron a la muerte.

Durante el curso del mes de febrero apareció otro caso, también del interior de la Banda Oriental. En este caso la mordedura había sido en el labio superior. Dado que cuánto más cercana sea la mordida al encéfalo más rápida es la progresión de la enfermedad, en este caso poco tiempo después de haber sido mordido el paciente, falleció en iguales circunstancias que el anterior, a causa de Hidrofobia.

La Rabia en la Banda Oriental había sido traída por los perros que los Ingleses habían transportado ya sea desde Inglaterra o desde El Cabo. En octubre de 1807 y marzo de 1808 hubo una gran matanza de perros cimarrones ordenada por el Cabildo.

En 1810 la Rabia ya estaba en Buenos Aires (2) y había motivado un extenso folleto Acerca de la Hidrofobia, de autoría de Justo García y Valdéz.

 

 

“…CUANDO SE DECLARA LA GUERRA,

LA VERDAD ES LA PRIMERA BAJA…”

                                                                           TUCIDEDES (471-401 A


  BIBLIOGRAFIA

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