Historia y Arqueología Marítima

 

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ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

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COLONIA BAJO BANDERA BRITANICA

Por: DIEGO M. LASCANO  Publicado en Ciclo de Conferencias año

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

 

            El 4 de febrero de 1807, Santiago de Liniers, comandante del segundo y mayor contingente de los refuerzos enviados por la Real Audiencia y el Cabildo de Buenos Aires, se anoticia en la Colonia del Sacramento del asalto y captura de Montevideo, el día anterior, por las fuerzas del brigadier general británico Sir Samuel Auchmuty. Esa misma tarde, Liniers regresa a Buenos Aires para informar sobre los graves acontecimientos. Antes de partir, delega el mando de sus tropas en el capitán de fragata Juan Gutiérrez de la Concha quien debe transportarlas por tierra hacia el puerto de Higueritas (actual Nueva Palmira) y Conchillas y embarcarlas de regreso a Buenos Aires. Por otra parte, ordena al teniente coronel Cornelio Saavedra, comandante de la Legión de Voluntarios Patricios Urbanos de Buenos Ayres, el embarque de las cuatro piezas del tren volante de artillería de la Colonia y todo su parque con destino a la capital del virreinato.

Ramón del Pino, sargento mayor del Regimiento de Voluntarios de Caballería de la Colonia y comandante militar de la plaza, se sorprende al ver a los Patricios cargando su armamento en un falucho correo pues no ha recibido notificación previa. En un principio se queja por escrito al virrey Sobremonte pero acata finalmente la orden de Liniers de remitir su artillería y los caudales de la Colonia por intermedio de Saavedra.

En esos días, arriban intermitentemente a la Colonia parte de las tropas de la guarnición de Montevideo y marinería de la Real Armada que han podido escapar del ataque y toma de la ciudad. La solicitud de alojamiento y alimentación por parte de estos hombres cansados y desmoralizados se convierte en un problema de consideración para del Pino.

Precisamente, la caída de Montevideo deja una vez más en evidencia la inoperancia del virrey Sobremonte, que en octubre de 1806 se había trasladado con 2.500 hombres a la Banda Oriental  para defenderla del inminente ataque británico. Por ello, el 10 de febrero, un congreso convocado por la Real Audiencia de Buenos Aires resuelve suspenderlo de su cargo y arrestarlo. Sobremonte, con sus tropas desbandadas, no opone resistencia y es conducido desde su campamento cercano a Rosario (Banda Oriental) a Buenos Aires. En consecuencia, la Real Audiencia se hace cargo del mando político y militar del virreinato, confirmando a Liniers en sus funciones de comandante general de armas de la capital con extensión a sus dependencias.

El 14 de febrero, suena la alarma en la Colonia en tanto la corbeta británica HMS CHARWELL aparece por la costa sur. En la aproximación, del Pino observa una bandera parlamentaria izada en el mástil por lo que se dirige a la Playa del Portón, donde enarbola otra similar para evitar que el navío enemigo haga un reconocimiento del puerto. De inmediato, envía a uno de sus hombres en una falúa para enterarse acerca de las intenciones de los británicos. En el navío dicen tener siete oficiales enfermos y solicitan se acompañe a un miembro de su tripulación para la adquisición de provisiones. Sospechando una maniobra de espionaje, del Pino no permite el acceso a tierra de ningún británico, pero les hace llegar una res y seis gallinas.

En Buenos Aires, crece el pánico por una nueva intervención enemiga y se ordena la confiscación de todos los documentos en poder del general William Carr Beresford y de sus oficiales, prisioneros en el Cabildo de Luján desde octubre de 1806, y su traslado hacia Catamarca. Sin embargo, un grupo vernáculo de ideólogos de la libertad cree que es la oportunidad ideal para negociar con los británicos la independencia del Río de la Plata de la corona española. Con dicho objetivo, se organiza la evasión de Beresford para que trate el tema con Auchmuty en Montevideo. El teniente coronel Denis Pack, comandante del Regimiento 71º de Infantería derrotado durante la Reconquista, se une a su superior en la fuga. El 21 de febrero, ambos oficiales británicos, acompañados por los criollos Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla, escapan hacia Montevideo en el navío FLOR DEL CABO del contrabandista portugués Antonio Luis de Lima, encargado de la vigilancia costera.

Tres días después, Liniers comunica a la Real Audiencia sobre sus planes para proteger la campaña de la Banda Oriental. Para ello, designa a Ramón del Pino como Comandante General de "… la Banda Septentrional de este río …", quien deberá constituir tres cuerpos de milicianos a caballo con el propósito de observar los movimientos del enemigo evitando entablar acción directa. Por su lado, el Cabildo de Buenos Aires solicita la organización de tres partidas de caballería de 500 hombres cada una para realizar escaramuzas y hacer desistir a los británicos de un nuevo ataque a la capital del virreinato.

En Montevideo, Auchmuty recibe de Beresford un informe del estado de situación en la otra orilla del Río de la Plata. Probablemente, al enterarse de la concentración de fuerzas en el nuevo ejército de Liniers, decide fortalecer el insuficiente bloqueo naval a la Colonia, punto estratégico en el enlace entre Buenos Aires y Montevideo. De este modo podría controlarse la campaña en coordinación con un destacamento en San José y utilizar su puerto para la nueva expedición a Buenos Aires, luego de la llegada de los refuerzos.

Para cumplir con esta misión, Auchmuty designa al teniente coronel Pack, que no honra su palabra de honor dada en la rendición del 12 de agosto de 1806 y toma las armas una vez más en contra del Virreinato del Río de la Plata. El 9 de marzo, las tropas bajo su mando estacionadas en Montevideo embarcan en los transportes navales con rumbo a la Colonia, escoltadas por el HMS PHEASANT.

Debido al mal tiempo y a los fuertes vientos, los navíos no pueden hacerse a la mar hasta cuatro días después, arribando a la Colonia en la tarde del 15 de marzo. De inmediato, un destacamento de rifleros desembarca con una bandera de parlamento, percatándose de que el comandante de la plaza, Ramón del Pino, y las milicias de caballería se habían retirado hacia la campaña sin poder defenderla ante la falta de artillería.

Nuevamente, el temporal retrasa la maniobra de desembarco del contingente compuesto por seis compañías del Regimiento 40º de Infantería, al mando del mayor Campbell; el Batallón Ligero, formado por cuatro compañías de cazadores de los regimientos 38º, 40º, 47º y 87º, a cargo del mayor Trotter; y tres compañías del segundo batallón del Regimiento 95º de Infantería -Rifleros-, comandadas por el mayor Gardner. En la jornada siguiente más de mil soldados británicos se apoderan de la Colonia sin encontrar resistencia.

De inmediato, Pack diseña la defensa estableciendo destacamentos de 200 y 300 hombres en lugares estratégicos. A esto, se suman los "caballos de frisa", gruesas vigas erizadas de hojas de armas blancas para neutralizar un posible ataque de la caballería enemiga.

Imposibilitado de oponerse directamente por la disparidad de fuerzas, del Pino establece su campamento a orillas del arroyo El Colla y organiza una guerra de guerrillas, desplegando sus Voluntarios de Caballería de la Colonia al mando de Pedro Manuel García para evitar la comunicación terrestre entre la Colonia y Montevideo.

El 25 de marzo, Liniers envía un oficio a Gutiérrez de la Concha comunicando el arribo del coronel Francisco Xavier Elío y le expresa que piensa aprovecharse de “las luces y pericia militar de este bizarro oficial”. Este militar nacido en Pamplona en 1766 y veterano de las guerras en la Península y en Africa, había llegado pocos días antes a Montevideo proveniente de España, con su nombramiento de Comandante General de la Campaña Oriental. Evitando ser capturado por el enemigo, Elío pudo comprobar la desorganización y dispersión de la resistencia por lo que decidió dirigirse a Buenos Aires.

Días después, en Colonia, el homicidio de dos dragones desarmados mientras perseguían un caballo escapado en las afueras de la ciudad y otras hostilidades de parte de los vecinos inquieta a Pack. Por lo tanto, el 31 de marzo difunde una proclama para todos los habitantes de las poblaciones y de la campaña del distrito de la Colonia que habían jurado fidelidad a la corona británica y para los que no lo habían hecho, instando a evitar la violencia en contra de sus hombres con el fin de mantener la "paz y prosperidad" que reina a partir de su llegada. Sin embargo, a pesar de las estrictas órdenes impartidas por el comandante británico sobre el respeto a la propiedad privada, se producen rapiñas en despensas y gallineros de varios habitantes.

Entretanto, en Buenos Aires, la Junta de Guerra celebrada el 2 de abril resuelve enviar una fuerza expedicionaria de 900 hombres a la Banda Oriental, bajo el mando del coronel Francisco Xavier Elío, con el objetivo de detener la internación de los británicos en el interior de dicho territorio.

Entre las tropas del denominado “Ejército en operaciones en la Banda Oriental del Río de la Plata” figuran una compañía de veteranos del Fijo de Dragones de Buenos Ayres, comandada por el capitán Solano; las compañías 7ma. y 8va. de la Infantería Ligera de Urbanos Voluntarios de Cataluña, también conocidos por Miñones, a las órdenes de Josef Grau y Juan Santos de Irigoyen; varias compañías del 1º Batallón de la Legión de Voluntarios Patricios Urbanos de Buenos Ayres, al mando de los oficiales Martín Medrano y Josef Quesada, entre otros; dos compañías del Batallón de Americanos Forasteros Voluntarios de Infantería o Arribeños, y dos compañías de fusileros y dos de granaderos de Pardos y Morenos, con el capitán Agustín Josef Sosa al frente de una de ellas.

Como incentivo, el Cabildo de Buenos Aires ofrece velar por las familias de los que pudieran caer en combate como así también una recompensa de 4.000 pesos fuertes para el que lograse entregar a dicha institución al teniente coronel Pack, por haber quebrantado su palabra de honor.

Se destinan 12.000 pesos para gastos operativos que el Oficial de Contaduría del Ejército, Antonio Isla, debe custodiar hasta su encuentro con Rafael Pérez del Puerto, funcionario de la Real Hacienda residente en la Capilla de Mercedes (Banda Oriental) y designado Ministro de la Expedición.

El 9 de abril, el capitán de fragata Juan Gutiérrez de la Concha dispone de todas las embarcaciones de tráfico y de guerra para el transporte y escolta de la expedición. Las tropas embarcan el 12 y el convoy zarpa durante el amanecer del día siguiente. En las últimas horas de la tarde del 16 de abril, las naves fondean en Higueritas y el contingente completo logra llegar a tierra durante la noche, al igual que las piezas de artillería y los pertrechos. En la mañana del 17 se desembarcan los víveres y con el auxilio de sólo catorce carretas, sólo una parte de los cincuenta y seis transportes necesarios, las fuerzas del coronel Elío se desplazan acarreando municiones y equipo hacia el pueblo de Las Víboras donde dejan depositado una parte del parque. Desde allí, continúan la marcha a la Calera de las Huérfanas, en su derrotero hacia la Colonia.

El 21 de abril, luego de cuatro días de marcha, Elío y sus hombres arriban a las inmediaciones del Real de San Carlos. Allí se entera de que los británicos habían tenido una alarma falsa en la mañana, con el consiguiente desplazamiento de tropas y embarque de materiales. Especulando con el evidente cansancio del enemigo luego de una jornada de tensión, Elío dispone un ataque nocturno a la Colonia y deja el tren de artillería y una escolta en el Real de San Carlos.

Con la intención de penetrar por el frente norte de la muralla, el coronel español inicia la operación sigilosamente a las 22:00. Para evitar ser detectado por las patrullas británicas y no perder el factor sorpresa, conduce a sus tropas por cañadas y desfiladeros alejados del camino que une el Real de San Carlos con la Colonia. La orden de marcha silenciosa incluye la interdicción de hacer fuego aunque se divise al enemigo. Por lo tanto, se forma una larga columna cuya cabeza llega a cien metros de la muralla, cerca de la 1:00, por el camino de las Quintas Viejas. En esos momentos, uno de los hombres de avanzada dispara contra un dragon británico, a pesar de las órdenes impartidas por su comandante. De inmediato, suena el clarín de uno de los puestos de guardia y responde el del interior de la plaza.

Dada la alarma, pero con la convicción de poder sostener el ataque, Elío da la voz a los Miñones que sorprendentemente no son repelidos mientras entran por la brecha abierta en las posiciones británicas. Sin embargo, pocos minutos después, la intervención aguerrida de los rifleros repele el avance de las tropas virreinales. Al instante, reina la confusión y Elío se ve obligado a detener la dispersión de sus hombres con gritos amenazantes. El asalto se reinicia con “vivas” a España y al comandante pero deviene en un desbande generalizado cuando una patrulla británica ataca desde el sector de la costa. A pesar de estar protegidos por el terreno, las tropas de Elío huyen y el coronel repliega las restantes hacia el Real de San Carlos con el fin de impedir que el enemigo capture su tren de artillería. No obstante, los británicos no inician la persecución de los españoles y mantienen una total inacción. Siete octavas partes de la división de Elío se desbandan, desoyendo el amedrentamiento de la escolta de la artillería y de las partidas enviadas para detener las fugas. En el terreno, quedan ocho atacantes muertos y otros dieciseis heridos, mientras que entre los británicos, un mayor, un capitán y un cabo resultan heridos y sólo un soldado pierde la vida.

            En la tarde del 23 de abril, desde la Calera de las Huérfanas, Elío informa a Buenos Aires acerca de la fracasada acción y de su desánimo por la falta de valor y disciplina en sus soldados. Entre los que regresan con él y los capturados por las partidas, Elío sólo puede reunir 450 hombres. El desgano del coronel es tal que ni siquiera intenta tomar medidas ejemplificadoras pues tiene la seguridad de que los causantes del desbande han sido los mismos oficiales a cargo de las diversas compañías. Por ello anuncia que la mayoría retornará a Buenos Aires una vez que haya buques disponibles. Sólo quiere permanecer a la espera de los refuerzos que solicita escoltado por unos cuarenta marineros y algunos Miñones que no desean regresar.

Esta decisión torna en insostenible la disciplina en el campamento de la Calera de las Huérfanas. Mientras las partidas continúan en búsqueda de los fugitivos, se producen hechos graves de insubordinación: un Patricio hiere con su bayoneta a un oficial y a dos soldados de su cuerpo. Durante el consejo de guerra, Elío se entera de que la mayoría de sus hombres jamás ha recibido instrucción sobre disciplina militar. En consecuencia, dispone una lectura general del reglamento y, en especial, a los Miñones, pues los considera sediciosos desde el primer momento.

Enterada la Audiencia en Buenos Aires del traspié de la expedición de Elío, el 25 de abril, la Junta de Guerra determina el envío de dos compañías de la Legión de Voluntarios Patricios Urbanos de Buenos Ayres, con 139 hombres bajo las órdenes del capitán Antonio Josef del Texo; 80 marineros escogidos de la Real Armada, a cargo del teniente de navío Josef Luis Corbera, y las dos compañías con los 181 jinetes del Tercer Escuadrón de Húsares, al mando de Pedro Ramón Núñez.

El 2 de mayo, Elío recibe el oficio con la noticia del envío de refuerzos desde Buenos Aires. Creyendo que con esta novedad levantaría la moral de las milicias, cita a sus oficiales para comunicarles la situación. Sin embargo, uno de ellos, Jean Baptiste Raymond, solicita dejar el mando de los Miñones por la imposibilidad de motivarlos a luchar. Elío mismo habla con los soldados de dicho cuerpo que de ninguna manera quieren continuar en la expedición pues se sienten ofendidos de que se les atribuya el fracaso del ataque sorpresivo a la Colonia. Solamente treinta hombres obedecen a Elío quien decide desarmar al resto de los Miñones. Por ello, con estos milicianos, la mayoría franceses e italianos, y con algunos irlandeses y alemanes desertores de los británicos decide formar una compañía de Cazadores Extranjeros al mando de Carlos Laforett. Para evitar un descontento mayor, Elío desiste de su idea de colocar oficiales y sargentos blancos en las compañías de Pardos, al menos, hasta la llegada del nuevo contingente de tropas.

Como consecuencia del ataque de Elío a la Colonia, Auchmuty decide reforzar a Pack con las tres compañías restantes del primer batallón del Regimiento 40º; tres compañías del Regimiento 9º de Dragones Ligeros, bajo las órdenes del capitán Carmichael; y dos cañones de seis libras -2,700 kg- de la Artillería Real, a cargo del teniente Shepherd.

El 5 de mayo, Elío amenaza de muerte a Pack a través de una misiva, al enterarse de que la iglesia de la Colonia ha sido saqueada por soldados británicos. Ese mismo día, las compañías de Pardos y Morenos se presentan ante Elío para solicitar el traslado a Buenos Aires. Sin dudar un instante, el comandante ordena traer dos piezas de artillería cargadas con metralla para fusilarlos si es necesario. El pánico gana el ánimo de los milicianos que se arrojan cuerpo a tierra y juran obediencia absoluta a su superior en medio de las disculpas. Horas después, la noticia de la caída de San José en manos británicas lo obliga a enviar dos compañías de los Voluntarios de Caballería de la Colonia con cien hombres al mando del capitán Pedro Manuel García, para hostilizar al enemigo en la zona de San José y Santa Lucía y cortar su comunicación con Montevideo. Evidentemente, Elío debe enfrentar más dificultades en el ámbito interno que con su enemigo.

Finalmente, el 22 de mayo, se incorporan los refuerzos en la Calera de las Huérfanas. Con renovada esperanza, Elío arenga a sus hombres y les toma juramento de fidelidad. Solamente los Arribeños, Pardos y Morenos no vivan con entusiasmo al Rey y a la Patria, demostrando nuevamente su descontento. Consciente de que aún debe disciplinar a muchos de sus hombres, Elío informa a la Audiencia sobre su intención de acampar en la ribera norte del arroyo de San Pedro, distante a 22 kilómetros de la Colonia. Desde allí planea apremiar al enemigo, fomentar la deserción del mismo y reconocer el terreno con precisión para organizar un nuevo ataque a la plaza. El teniente de navío Corbera es nombrado segundo comandante de la expedición a pedido de Liniers, a pesar de los reclamos de Ramón Del Pino y Francisco Albín, comandante y segundo jefe de los Voluntarios de Caballería de la Colonia respectivamente, por tener mayor rango y antigüedad. Asimismo, Julián de Miguel, secretario de Elío y veterano, es puesto al mando de las dos compañías de Arribeños, secundado por nuevos oficiales.

El 25 de mayo, llegan las noticias del arribo de tropas británicas a la Colonia y Elío anuncia que pedirá nuevos refuerzos a Buenos Aires si esto se confirma. Por su lado, aprovechando la presencia de varios artilleros veteranos desertores en su campamento, Elío fomenta el envío de sus cartas a los antiguos camaradas en la Colonia, comentando el buen trato de los españoles e incitándolos a la deserción.

Considerando que sus tropas están listas para cumplir su cometido, Elío deja la Calera de las Huérfanas con cerca de 1500 hombres, en la madrugada del 4 de junio. El Ministro de la expedición, Rafael Pérez del Puerto, queda a cargo de organizar un hospital y un depósito de suministros a orillas del río San Juan. Una vez en San Pedro, Elío establece su campamento en un terreno elevado, con el arroyo homónimo al sur del mismo y sobre su flanco occidental. Desde esa posición puede controlar el único vado del camino que une la Colonia con Las Víboras.

En ese momento, la infantería de la división de Elío está conformada por varias compañías de Patricios, dos compañías de Arribeños, la reciente compañía de Cazadores Extranjeros, dos compañías de marineros de la Real Armada y cuatro compañías de los Pardos y Morenos. La caballería se compone de dos compañías de los Voluntarios de Caballería de la Colonia, las dos compañías del Tercer Escuadrón de Húsares y veteranos del Regimiento Fijo de Dragones de Buenos Ayres y de los Blandengues de la Frontera de Buenos Ayres. Por su lado, los Voluntarios Patriotas de la Unión son los servidores de los cuatro cañones y de los dos obuses.

Enterado de la presencia de Elío a orillas del arroyo San Pedro, Pack resuelve atacar a su enemigo y dar así una respuesta contundente a sus desplantes epistolares. Delega el mando de la guarnición de la Colonia en el mayor Pigot del 9th Light Dragoons y parte al frente de sus tropas, a las 3:00 del 7 de junio. En la vanguardia de la columna de 1139 hombres marchan 61 dragones del 9th, seguidos por 541 infantes del 40th, 225 rifleros del 95th, 278 cazadores del Light Battalion y 34 artilleros con dos piezas de seis libras. Los fuegos del campamento de Elío, divisados a 8 kilómetros de distancia, delatan la presencia de las tropas virreinales en medio de la oscuridad. A las 7:00, los británicos llegan al arroyo San Pedro y se percatan de que sólo puede ser atravesado en un sólo punto, debido a su profundidad, a sus márgenes pantanosas y a la posición del enemigo.

Cerca de las 8:00, bajo el fuego de la artillería virreinal, Pack ordena el avance de los rifleros del 95º, quienes vadean el San Pedro en 20 minutos cubiertos por artillería propia. Ya en la ribera norte del arroyo, forman la línea y avanzan sobre las fuerzas virreinales sin disparar un solo tiro. Cuando los británicos están a 70 metros, Elío ordena abrir fuego y atacar con bayoneta. Su caballería, emplazada en un ángulo recto sobre la izquierda de su infantería, descarga y retrocede abandonando su armamento, al igual que los Patricios, Pardos y Mulatos, que huyen precipitadamente dejando gran cantidad de armas y pertrechos sin evitar ser alcanzados por los certeros disparos de los rifles Baker del 95º. Sólo los Marineros, en el ala derecha, y los Arribeños, sobre la izquierda, permanecen firmes sin contar con el apoyo de los artilleros de los Patriotas de la Unión, destacados en el flanco derecho de la formación. Finalmente, estos hombres no pueden sostener su posición y abandonan el campo de batalla en orden, salvando sus armas.

Sobre el terreno yacen 120 muertos, entre los que se encuentra el teniente Josef Quesada de Patricios, y gran cantidad de heridos de las fuerzas de Elío, cifras que contrastan notablemente con los cinco británicos caídos en acción y sus 38 heridos. Entre los prisioneros, figuran el teniente coronel Jean Baptiste Raymond, un mayor, dos capitanes y dos tenientes. Al corsario francés Raymond y al capitán Agustín Josef Sosa, heridos en combate, se les permite retornar a Buenos Aires bajo palabra de honor.

Pack persigue al enemigo, tomando 105 prisioneros, un estandarte, 6 piezas de artillería y 253 fusiles. Antes de regresar a la Colonia, el comandante británico ordena destruir las municiones de su enemigo. Durante la maniobra, el mayor Gardner, el asistente de cirujano Turner y un grupo de 14 rifleros del 95º resultan seriamente heridos al explotar prematuramente dos carretas con más de 200 proyectiles debido a una ignición accidental. El resto de las tropas, que se halla a distancia considerable, no sufre bajas. Luego del incidente, lamentando no haber podido cruzar sus dragones y artillería a tiempo para destruir completamente al enemigo, Pack regresa a la Colonia con los prisioneros y el armamento capturado. De inmediato, embarca el contingente de españoles y criollos capturados en un bergantín hacia Montevideo.

Luego del desbande de sus tropas, Elío se repliega nuevamente hacia la Calera de las Huérfanas. De a poco, van arribando los dispersos mientras llegan más pertrechos para la expedición desde Buenos Aires. Finalmente, Elío consigue reunir unos 400 hombres, Patricios en su mayoría, para atravesar el río junto con ellos hacia San Fernando.

Poco después de su llegada y ante la inminencia de una acción británica en contra de Buenos Aires, recibe de Liniers el mando de la división del Centro, formada por poco más de 1.700 hombres entre el Tercio de Voluntarios de Galicia (Gallegos), Pardos y Morenos, dos compañías de Miñones y un escuadrón de caballería.

El teniente general John Whitelocke, comandante en jefe de las fuerzas británicas desde su arribo el 10 de mayo, había decidido llevar a cabo un segundo ataque a Buenos Aires para retomarla. Esta operación permanece en latencia hasta la llegada de las fuerzas del brigadier general Robert Craufurd a Montevideo, el 15 de junio. Whitelocke ordena que los 4.500 hombres de Craufurd sean transbordados a embarcaciones de menor calado quedando a la espera de su partida hacia Buenos Aires. El 17 de junio, el convoy se dirige a la Colonia. La denominada Primera División, comandada por el mayor general John Leveson-Gower, recién puede anclar frente a sus costas el 25 de junio, a causa de los vientos contrarios y de la niebla. El general Gower resuelve el abandono definitivo de la plaza para no arriesgar al destacamento que pudiera quedar. Un día después, luego de desmantelar rápidamente las defensas, el coronel Pack y sus hombres se embarcan con celeridad, dejando en tierra los 150 caballos de los dragones por falta de transportes adecuados. A toda vela y pese al mal tiempo, el contingente se une al resto de la expedición para desembarcar en la Ensenada de Barragán el 28 de junio.

Con poco más de 9.000 soldados en tierra, Whitelocke inicia el avance hacia Buenos Aires. 

 
 

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