Historia y Arqueología Marítima

 

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ACADEMIA URUGUAYA DE HISTORIA MARITIMA Y FLUVIAL

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LAS INVASIONES INGLESAS: BALANCES Y PERSPECTIVA

 

Por: Licenciado JUAN  CARLOS  LUZURIAGA  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

Indice Introducción La Marina inglesa antes de Trafalgar La Real Armada Española en Trafalgar

El Comando en el Mar

El Combate de Trafalgar Enfermedades y muerte de Lord. Horatio Nelson El legado de un marino español que combatió en Trafalgar
Un testigo de la Batalla de Trafalgar en Uruguay Consecuencias Geoestratégicas de Trafalgar Antecedentes previos a las Invasiones Inglesas 1806: Montevideo hacia la Reconquista de Buenos Aires
¡Culpables! ….. de la Reconquista

Médicos y Medicina en las Invasiones Inglesas

The Southern Star, el primer periódico montevideano La toma de Montevideo por los británicos en el periódico londinense “The Times”
Colonia bajo bandera británica La principal influencia de las Invasiones Inglesas en los Pueblos Orientales Fe y Cultura en las Invasiones Inglesas Las Invasiones Inglesas: balances y perspectivas

LA OPORTUNIDAD DE LA REFLEXIÓN HISTORIOGRÁFICA

Si en algo están de acuerdo los historiadores, en el momento de determinar las bases que  deben estructurar su tarea, es en la importancia que casi de modo unánime se otorga a la reflexión historiográfica, entendida esta como el análisis del estado actual de la investigación en aquella área especifica del pasado que  se ha  de estudiar, así como en elementos metodológicos y epistemológicos que se hallan detrás de todo el caudal de conocimientos acumulado. Nadie negara, por lo tanto, la importancia  que tiene realizar en algún momento un alto en el camino para echar la mirada atrás e intentar esbozar una recapitulación de los andariveles por los que ha transitado la historiografía, en este caso, sobre las Invasiones Inglesas en ocasión de este bicentenario.

Existe una tendencia  que  ha llegado a la elaboración de textos históricos de vincular en demasía la marcha de la Historia como ciencia con los momentos de las conmemoraciones que señalan décadas o números simbólicos importantes. Desde hace ya un tiempo, año tras otro se va sucediendo un programa de temas del momento, alrededor de los cuales se organizan jornadas, seminarios, congresos, ediciones criticas de fuentes, monografías varias e  iniciativas editoriales. No es nuestra intención entrar aquí en consideraciones sobre los pros y los contras de esta práctica, más que nada porque de un modo u otro ésta es la que convoca a este Seminario organizado por el Centro de Estudios Históricos Navales y Maritimos de la Armada y la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial.  Además hemos de reconocer que, si sirven al menos para propiciar la exposición de los últimos aportes sobre el tema a estudio y su divulgación, el intercambio de opiniones entre los investigadores que coinciden en el area, e incluso la reflexión historiográfica,  por todos estos motivos ya han de ser bienvenidas.

Alejados de las expectativas de escribir una historia definitiva o total, la mayoría de los historiadores a inicios del siglo XXI son conscientes de que cualquiera sea el área que se investiga, la parcela de conocimiento histórico que se elabora o sobre lo que se reflexiona esta en permanente construcción. Una labor que no es coto cerrado  sino que por el contrario necesariamente debe involucrar a sociólogos, arqueólogos  y geógrafos en tareas interdisciplinarias y multidisciplinarias. Es que cada vez más la generación de conocimiento histórico en proyectos de largo aliento o de una amplitud en tiempo, espacio o protagonistas, implica el trabajo en equipo; o por lo menos el estar al corriente de lo que otros están produciendo. Este es  más fructífero que la tarea individual que reduce a veces al historiador a un papel de francotirador para diferentes áreas del conocimiento.  Paralelamente la realización de encuentros de investigadores en el tema, en los diferentes formatos posibles, Jornadas,  Seminarios,  Congresos puede generar el contacto personal e intelectual de todos aquellos que están trabajando en la temática posibilitando un crecimiento cualitativo en el conocimiento de estos hechos. 

LOS HISTORIADORES DEL SIGLO XIX Y XX

Las Invasiones Inglesas fueron principalmente objeto de estudio de los historiadores rioplatenses del siglo XIX y principios del XX; entre otros, figuras referentes como Bartolomé Mitre en Argentina y Francisco Bauzá, Eduardo Acevedo,  y Pablo Blanco en Uruguay. Todos ellos desarrollaron un relato de los hechos y a su vez les dieron interpretación y significado. En los treinta Carlos Roberts y Juan Beverina dieron a conocer estudios completos, sobre este tema. En su conjunto establecieron la base de los conocimientos y perspectivas sobre las  Invasiones Inglesas. Nos extenderemos sobre ellos y sobre quienes continuaron abordando estos sucesos históricos.

Bartolomé Mitre publicó a fines del siglo XIX su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, con un muy ameno relato de los aspectos que aquí nos interesan. Se extiende, como era de esperarse, en los sucesos que involucraron a Buenos Aires. Su obra, si bien centrada en Manuel Belgrano, es una interpretación de los hechos políticos desde la Colonia a la Independencia. Asimismo, en su reflexión sobre la influencia de los británicos les adjudica un papel precursor en la difusión de las ideas de libertad de comercio e independencia:

[…] las tropas inglesas en 1807 […] rendidas y prisioneras, conquistaban los corazones a sus ideas, depositando en ellos los gérmenes fecundos de la independencia y la libertad.[1]

Francisco Bauzá dio a conocer su  Historia de la dominación española en el Uruguay en 1895. Allí trató este tema extensamente, transmitiendo al lector el esfuerzo y sacrificio de Montevideo para la reconquista. Historiador de su tiempo, buscó explicar la formación del Estado Oriental independiente a través de la gestación de una nacionalidad propia. En ese afán, Bauzá adjudicó a los británicos y a su prensa, La Estrella del Sur, un papel fundamental al haber alertado a los montevideanos de las desventajas del régimen colonial y de los consiguientes beneficios que se podían obtener a través de la Independencia. Expresó en forma contundente:

[…] todo lo que pudiera relacionarse con los intereses espirituales y materiales de los uruguayos, era hábilmente desenvuelto en la propaganda de La Estrella. La influencia moral que ejercieron en el espíritu de los habitantes del Uruguay estas cosas, dichas en voz alta y por órganos de circulación pública fue grande […] empezaron a enfriar el sentimiento de amor al gobierno español por el conocimiento de sus faltas y errores.[2]

En la Revista Histórica se publicaron entre 1909 y 1918 diferentes papeles del cabildo y de particulares, ademas de la traducción del diario anónimo de un oficial de la expedicion del brigadier Robert Craufurd, quien condujo el último contingente británico para reforzar las fuerzas del general John  Whitelocke antes de proceder este  al segundo ataque a Buenos Aires.

Ya en el siglo XX, Eduardo Acevedo, en sus Anales Históricos del Uruguay, compartió en líneas generales la opinión de Bauzá, aunque resalta aún más su trascendencia. Así, en el primer párrafo manifestó:

La historia del pueblo uruguayo arranca realmente de las invasiones inglesas. […] el Uruguay, como organismo propio, surge a la vida con ocasión de la toma de Buenos Aires, los criollos de Montevideo se organizan militarmente, confieren a su Gobernador Ruiz Huidobro facultades que las instituciones reservaban expresamente a la Corte de Madrid y […] obligan al ejército inglés a capitular sin condiciones. Tal es el acta de nacimiento del pueblo uruguayo […].[3]

En 1929, Pablo Blanco Acevedo publicó El Gobierno colonial en el Uruguay y los orígenes de la nacionalidad. Al igual que Bauzá y Acevedo, Blanco entendió como relevante el aporte británico y agregó incluso nuevos matices

Diseminados en la población […] representaron los ingleses un factor de renovación espiritual de considerable importancia. Un concepto distinto de la sociedad, del respeto a las personas, de sus derechos y libertades, nuevos ideales para la felicidad y bienestar, fueron los resultados de esa frecuencia de trato, prolongado por espacio de seis meses continuos. [...] La imprenta […] fue introducida por ellos […] El efecto de esta propaganda en la antigua ciudad colonial debió ser inmenso.[4]

En los años treinta efectuaron trabajos exhaustivos fundamentalmente en el plano militar, historiadores como los argentinos Carlos Roberts y Juan Beverina. El primero en 1938 con la obra Las Invasiones Inglesas del Rio de la Plata (1806-1807) y la influencia inglesa en la Independencia y organización de la Provincias del Rio de la Plata) y el segundo, un año despues, con un titulo similar Las Invasiones Inglesas del Rio de la Plata (1806-1807). Roberts junto con el analisis en lo militar se extiende en consideraciones politicas y en interpretaciones que hacen de estos sucesos fundamentales para la independencia del Río de la Plata. Beverina centrado en forma casi exclusiva en lo militar realiza el trabajo más completo sobre las acciones militares.

En 1938, el también argentino Arturo Capdevilla dio a conocer su obra Las Invasiones Inglesas, crónica y evocación. Como lo indica su título, es fundamentalmente una semblanza de los hechos, principalmente en Buenos Aires. Su estilo, novelado en la mayor parte, va presentando los sucesos principales de 1806 y 1807, provocando una lectura agradable. Destaca con cierta perspectiva las disputas de Buenos Aires con Montevideo y Córdoba. En lo que hace a las diferencias entre la primera y segunda, su interpretación desestima entre ironías los reclamos de Montevideo.

En nuestro país, en 1942 Ariosto González tuvo a su cargo la dirección de la reproducción facsimilar de La Estrella del Sur. En el prólogo, también bajo su responsabilidad, muestra lo arraigado de esa visión benéfica de la publicación británica:

La Estrella del Sur es uno de los signos visibles de la civilización inglesa en el Uruguay. Como las vastas empresas pastoriles que sus esforzados pioneers hacen triunfar en el campo […] salvaje […] como las fábricas que levantan sus capitales […] como los ferrocarriles […] que […] señalan con el penacho de humo de sus locomotoras los canales del progreso, así aquel periódico […] agita problemas doctrinarios y recoge la voz compleja de la calle, que predica direcciones políticas […] [y] en su intensa brevedad llenó el ambiente del ansia de recorrer la nueva senda que conducía a la libertad. Fue una estrella cuya luz, como la de algunos astros retardados de la noche, alcanzó a confundirse con la del amanecer.[5]

Juan Carlos Pedemonte publicó a fines de la década de los cuarenta su libro 1807. Crónicas de la época de las Invasiones Inglesas. El autor se preocupó por hacer vívidos los acontecimientos, sensibles para quien vivía ya casi siglo y medio después. Los hechos salen de las palabras, y un montevideano de ese año —y de este— puede recrear los lugares donde se desembarcó y donde se combatió tan duramente. El relato se inicia cuando las fuerzas británicas ensayan la conquista de Montevideo.

En la visión de los hechos históricos Pedemonte se apoyó sin duda en Francisco Bauzá, Eduardo Acevedo y Pablo Blanco. También debió acceder a documentación particular. Como Blanco, expresó su reconocimiento por lo que entiende fue una influencia benéfica en la sociedad montevideana. Escribió sobre los británicos con verdadero afecto y, en los últimos capítulos, les asignó un papel decisivo en la formación de una conciencia de identidad distinta a la hispana, que surgiría pocos años después al iniciarse la revolución en el Río de la Plata. En el desarrollo del tema, Pedemonte establece su opinión, que no compartimos, de que tal vez para los criollos en ese momento los españoles eran tan extraños como los británicos.[6]

Estas interpretaciones y análisis de Bauzá, Acevedo, Blanco y González tal vez puedan explicarse en parte por el relevante papel e influencia de Gran Bretaña en el Uruguay cuando ellos escribieron. Como historiadores no pudieron sustraerse a esa realidad, y su admiración por la Gran Bretaña de su época la proyectaron a la de inicios del siglo XIX. Es por todo lo dicho que les resultó embarazoso resaltar un triunfo ante la nación que significaba un modelo en muchos sentidos. Además para el caso de González, el momento en que escribe el prólogo a la edición fascimilar del periódico británico se vive en todo su dramatismo la Segunda Guerra mundial, y Gran Bretaña es vista con particular simpatía, son los abanderados de la democracía  que resiste la agresión de los totalitarismos.

Estas visiones de las Invasiones Inglesas y de su incidencia en la gesta independentista —dejando de lado la anglofilia notoria de Pedemonte— variaron en la visión de algunos historiadores que se ocuparon del tema en la segunda mitad del siglo XX: Juan Pivel Devoto, Andrés Vázquez Romero y Washington Reyes Abadie. El primero de los nombrados efectuó una crítica sustantiva, recogida por los segundos, a la importancia que Bauzá y Blanco le habían adjudicado a La Estrella del Sur, demostrando que en los hechos la influencia de la prensa fue absolutamente marginal en los sectores populares y medios, porque en ellos los iletrados eran mayoría absoluta, y en los sectores cultos, porque directamente no lo leían o le hacían poco caso:

Los memorialistas de la época no registran el hecho en sus crónicas; Pérez Castellano no hace mención alguna; Larrañaga no poseyó un ejemplar de “La Estrella del Sur”; no la recuerda en sus “Apuntes” y en sus efemérides […] Igual silencio mantienen en sus escritos los autores que después de 1810 escribieron sobre los acontecimientos que precedieron al movimiento revolucionario [...] La historiografía tradicional ha atribuido a las Invasiones Inglesas una influencia fundamental en la gestación de los anhelos de los pueblos platenses por el gobierno propio y el comercio libre […] [aunque no fuera] efecto inducido por los ingleses sino una derivación natural de las circunstancias lo que determinó una singular experiencia para los pueblos de las dos ciudades del Plata y de sus inmediaciones.[7]

En otros planos del análisis,  un historiador naval argentino, el contralmirante Lauro Destefani, en los setenta y ochenta realizó varios y documentados trabajos sobre el desempeño del apostadero y la Real Armada en estos acontecimientos. Su pensamiento puede sintetizarse en un capitulo de la Historia Marítima Argentina, “La Reconquista de Buenos Aires”, en la que con elogiable equilibrio se refiere a la participación de unos y otros, en las acciones de agosto del 1806.[8]  Historiadores británicos también se refirieron al hecho. En este caso nos remitiremos a Ferns, con su obra Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. Este trabajo presenta un análisis global en el capítulo titulado “Descubrimiento de la ecuación política”. Es particularmente esclarecedor en lo que hace a la trama de los acontecimientos en el Cabo, Santa Elena y Londres, que llevaron a los diferentes protagonistas —Popham, Beresford, Windhman, Castlereagh— a asumir tal o cual actitud. El autor se muestra ponderado y ecuánime al evaluar a unos y otros. Relaciona los intereses políticos y comerciales que se anudaron para estimular las expediciones; explica las diferentes alternativas que se sucedieron, desde la sorpresa en Londres por la iniciativa de Popham hasta la decisión de Castlereagh de orientar la política exterior británica en el Río de la Plata con una de sus variables en la no conquista. Permite al lector palpar los hechos y su interpretación del “otro lado de la colina”. Presenta la atmósfera y los parámetros mentales de sus compatriotas de inicios del siglo XIX:

Una idea política favorita de las naciones que confían en sí mismas y están satisfechas de sí mismas es la creencia de que siempre que sus fuerzas armadas basten para derrotar a todos sus enemigos, una parte sustancial del género humano acudirá bajo su bandera, ansiosa de gozar de las bendiciones de la civilización […] Beresford alimentaba este mal fundado prejuicio y lo empleó para conciliar el hecho de que ninguno de los habitantes de Buenos Aires apoyara a los británicos con el natural y obvio principio de que toda persona con buen sentido desea ser británica. En las instrucciones a Whitelocke este prejuicio estaba avalado por el gabinete británico. Se lo alentó a que creyera en el mito […] de que los súbditos coloniales de España darían la bienvenida a los británicos, a quienes considerarían libertadores […].[9]

Todos estos conceptos se ven algo opacados ante algunas apreciaciones de los eventos del Plata en temas militares que el autor hace con trazo grueso, simplificaciones y omisiones que no se pueden pasar por alto. Así expresó:

Las fuerzas armadas españolas eran escasas y mal adiestradas […] La triste figura que hicieron las tropas españolas frente a Buenos Aires y también durante el sitio de Montevideo son prueba categórica del fracaso o incapacidad de la Corona española […] De manera que una resistencia eficaz a las tropas británicas exigía la creación de una fuerza militar diferente de la que los británicos habían dispersado con tanta facilidad.

[…] El primer elemento estaba representado por la caballería ligera del gaucho, que en nada se parecía a una formación de caballería europea […]. El segundo elemento de las fuerzas de Buenos Aires estaba constituido por las tropas disciplinadas de España, reformadas y reanimadas por […] Liniers [quien] movilizó sus fuerzas en Montevideo y Colonia […] [el tercer elemento] […] estaba constituido por una fuerza de guerrilleros urbanos organizada en Buenos Aires [que] debía su eficacia a una combinación de arquitectura y política […][10]

Todas estas expresiones merecen algunas puntualizaciones. Las fuerzas armadas españolas, aunque escasas y mal adiestradas, no cumplieron una “triste figura”; al contrario, efectuaron una defensa exitosa con el apoyo de milicias, voluntarios y población en general; el haber derrotado a los invasores en dos ocasiones es prueba tangible de ello. No existió una fuerza militar “diferente” que incidiera en el balance de las acciones para la reconquista de Buenos Aires y la defensa posterior de esa ciudad. La caballería ligera a la que alude Ferns, formada por los milicianos, tuvo una participación marginal; no estuvo en  los combates decisivos de la Reconquista y  la Defensa de Buenos Aires, que fue retomada y defendida por infantería con algunos cañones. De hecho, salvo en el combate de San Carlos, las milicias de caballeria fueron dispersadas en todas las acciones. Las fuerzas de Montevideo, componente principal de la reconquista —protagonismo que Ferns ignora—, no fueron reorganizadas por Liniers; se aprestaron en Montevideo a instancias de su Cabildo, de los marinos del apostadero, de los oficiales del ejército y los reservistas, nutridas fundamentalmente con el fervor de la gente que deseaba ir a expulsar a los invasores.

Tampoco eran todos regulares; por el contrario, la mayoría eran civiles, reservistas o voluntarios. El papel de los vecinos de Buenos Aires fue apoyar a las tropas provenientes de Montevideo, entre otras cosas por que eran los únicos que estaban aceptablemente pertrechados de armas y municiones. Si constituyeron unidades de apreciable valor militar que sí se desempeñaron con gran eficacia en 1807 en la defensa de su ciudad. Las tropas de Buenos Aires no fueron formadas por “guerrilleros urbanos”, en el sentido que les da Ferns; fueron milicias apoyadas, como era lógico, por sus vecinos. Como en el caso de los montevideanos, realizaron prodigios de valor y seguramente sólo la convicción de que defendían sus bienes y familias les hizo resistir a pie firme el asalto, pese a los éxitos iniciales de los británicos. En cuanto a la arquitectura que entiende facilitó la defensa de Buenos Aires, debe advertirse que las mismas posibilidades tuvieron de su lado los efectivos de Beresford cuando defendieron la misma ciudad de las fuerzas de Liniers. En definitiva, Ferns, como los generales británicos en su momento, no tomó en cuenta los factores morales que incidieron en la reconquista y posterior defensa, elemento que más de cuarenta años atrás ya había señalado Juan Beverina.[11]

En los años sesenta, en nuestro pais se produjeron diversos trabajos enfocados en aspectos regionales, concretamente en la zona de Maldonado y San Carlos, a cargo de Florencia Fajardo Terán  y Carlos Zubillaga, publicados en el Boletín Histórico del Ejército. En 1992, en Gran Bretaña  con la pluma de Ian Fletcher se edito The Waters of Oblivion – The British Invasion of the Rio de la Plata, 1806 – 1807. (Las Aguas del Olvido – La Invasion Britanica de el Rio de la Plata, 1806 – 1807).  Es un aporte, que sepamos no traducido al castellano, que transita por los episodios que nos convocan sin conceptos particularmente novedosos o  sustantivos. Ruben Álvarez trató el tema en 1996, en el referido boletín del Ejército.  Es un trabajo relativamente breve que se destaca por su claridad y sus aspectos didácticos. Así, al hablar de las fuerzas de la plaza, bajo el título “Los españoles antes”, se refiere a los voluntarios de Montevideo, como montevideanos, criollos o españoles,  señalando sin hacerlo especificamente,  el anacronismo en que incurrieron Bauzá, Eduardo Acevedo y Pablo Blanco de llamarlos uruguayos. El anacronismo es comprensible por el momento en que escribieron, especialmente Bauzá, pero, aunque es fácilmente identificable para quien está en el oficio, puede llevar a confusión a un lector desprevenido.

Dos años después, en 1998, un periodista anglo-argentino, Derek Foster, se aproximó a la temática; escribió; El león domado. Relato informal de las invasiones inglesas al Río de la Plata. En algunos sentidos novelado, es ameno y de fácil lectura. Peca, no obstante, de fallas en el análisis de los hechos históricos. En lo que hace a la visión del autor, tenemos que tomarlo por parcial. No disimula ni poco ni mucho sus simpatías por los invasores. El lenguaje respetuoso ante los efectivos británicos cambia sorpresivamente a un tono despectivo al referirse a los artífices de la reconquista, los voluntarios de Montevideo y el pueblo de Buenos Aires. El papel de los miñones se define como un feroz pero desorganizado ataque de un tropel de irregulares (conocidos como Migueletes)”. El ataque final, es descrito con estas palabras: “[Beresford] tenía que sostener el peso de la acometida de todas las fuerzas de Liniers más el salvaje entusiasmo del populacho, que rápidamente ganaba en descontrol”. Luego continúa cargando de adjetivos a aquellos que estaban expulsando de la ciudad a los enemigos: “Liniers comprobó que no podía controlar a su indócil turba; a hora temprana de la mañana siguiente, el populacho, ebrio de sangre y poder, se agolpó en la Plaza Mayor con la intención de tomar por asalto el Fuerte”.[12]

Finalmente, no esta de más decir que buena parte de los trabajos realizados en Argentina relegan a un segundo plano el protagonismo de Montevideo en la reconquista. Lo hacen, por ejemplo, Roberts[13] y Capdevilla. Sin duda, dado que únicamente se basa en la historiografía porteña, ocurre lo mismo con Ferns. En cambio, los historiadores compatriotas Bauzá, Acevedo y Blanco resaltan el papel de Montevideo y su apostadero y ubican en un plano muy secundario el de Buenos Aires y sus pobladores,  con lo que las disputas de los Cabildos de ambas ciudades a inicios del siglo XIX prosiguen de alguna forma en la interpretación del papel de montevideanos y porteños en los acontecimientos. Sea como sea,  para nosotros Destefani ha dado la puntada final al debate al expresar que la victoria de la Reconquista es tan grande, que cubre de gloria a ambas ciudades del Plata, concepto en que coincidimos completamente.

 LOS APORTES DEL BICENTENARIO

En el entorno temporal de este bicentenario diferentes publicaciones en nuestro país, pero tambien naturalmente en España y Argentina han tratado las invasiones en diferentes abordajes. A poco de iniciado el nuevo siglo, en el campo de la uniformología, José María Bueno presento “La Defensa del Río de la Plata”,  un libro de uniformes de las fuerzas rioplatenses en esta campaña, con el particular estilo de un veterano y reconocido uniformólogo como es el  autor. En el 2004, quien escribe dio a conocer, “Una gesta heroica, Las invasiones Inglesas y la Defensa del Plata”. En setiembre de 2005, en Buenos Aires,  Fabian Kleiman Cosarinsky publicó “Breve aporte para la historia de las Invasiones Inglesas (1806-1807)”. Constituye un relevamiento de algunos protagonistas de los hechos, particularmente británicos.

En febrero de 2006  se dio a luz “Invasiones inglesas – Cronicas anonimas de dos ingleses sobre Monte Video y Buenos Ayres”, con un sugerente prologo de Ana Ribeiro que incursiona sobre las visiones personales de los anglosajones, en particular dos de ellos sobre los rioplatenses, en momentos en que ambas culturas se encuentran.  En el ámbito de la novela histórica, se publicó una biografía novelada de Santiago Liniers; “La lealtad como tragedia”, de la pluma de Jorge León Otero. En abril de 2006 el periodista anglo-argentino Andrew Graham-Yooll presento “Ocupación y Reconquista 1806 – 1807  - A 200 años de las Invasiones Inglesas”,  donde incluye diario de viaje del teniente coronel Lancelot Holland. Este trabajo cuenta como aporte particularmente valioso el referido diario de viaje de Holland, un protagonista de primera linea del asalto a Buenos Aires en 1807. Por lo demÁs cuenta con una síntesis en forma de crónica de las pretensiones británicas de tomar el Cono Sur de América, desde inicios del siglo XVIII. En el breve análisis que oficia de prólogo mantiene la línea de la mayoría de los historiadores argentinos y británicos, la contribución de los montevideanos para la Reconquista es minimizado, como sugiere la frase que indica que “Santiago de Liniers...habia organizado un contrataque...reclutando refuerzos en Montevideo”.[14] Como sabemos, Liniers no recluto a nadie, y las fuerzas naturalmente las organizo su superior jerárquico, el brigadier de la Real Armada Pascual  Ruiz Huidobro que estaba investido del doble carácter de jefe del apostadero y gobernador de Montevideo. En esa tendencia filobritánica que ya señalaramos para otros anglo-argentinos se refiere a la actitud de Álzaga de solicitar la inclusión de la devolución de Montevideo, en las condiciones de capitulación que proponía Liniers a Whitelocke,  en forma peyorativa, en una poco feliz frase para nosotros,  como el inicio de “La era de la “viveza criolla”. [15] En Buenos Aires y en agosto de 2006 apareció “Historias ignoradas de las Invasiones Inglesas” de Roberto Elissalde. Es un trabajo interesante, con una recopilación de curiosas e interesantes anecdotas sobre estos hechos; muchas de ellas desconocidas, expresadas en forma muy amena. También está a publicarse en Montevideo  “Tiempo de Invasiones – 1806 – 1807 Analisis historico sobre las Invasiones Inglesas.”, de Martin Moscowics, que aborda entre otros,  aspectos poco tratados de las invasiones como es el caso de la presencia de la Masonería en la Banda Oriental. Diego Lazcano tiene previsto un trabajo bilingue “Colonia bajo bandera britanica / under British flag”, un aporte sustantivo sobre el combate de San Pedro en esa comarca, el 7 de junio de 1807.

Pero no solo han sido publicaciones. En abril de este año en la ciudad de Colonia se vivió una interesante jornada sobre el tema organizada por el Centro Histórico y Geográfico del departamento. En ella participaron investigadores de Nueva Palmira, Soriano, Colonia, Buenos Aires y Montevideo. Otra tuvo lugar en junio en Buenos Aires llevada adelante por la Junta del Combate de Quilmes. En agosto, en la Intendencia Municipal de Montevideo se realizó una jornada con la intervención de representantes diplomáticos de España, Gran Bretaña, Paraguay y Argentina, que trató entre otros aportes, el inicio de las relaciones entre Inglaterra y el Río de la Plata. Los días 12 y  13 de agosto en el Cabildo de Montevideo se vivieron actividades con diferentes ponentes. Se incluyo una exposición de objetos e imágenes de la época.  Los días 15, 16 y 17 del mismo mes en la Biblioteca Nacional se realizaron jornadas que se refirieron al encuentro de dos culturas: la británica y la rioplatense. 

Este evento que se celebra en el Auditorio de la Escuela Naval, en octubre de 2006, es también oportunidad de reflexionar sobre estos sucesos históricos. Destacamos, entre otros: los aportes de Cristina Montalbán  y Ana María Musicó sobre la dimensión del esfuerzo para la Reconquista por parte de los montevideanos y Ruiz Huidobro; las observaciones de Juan Antonio Varese sobre el estilo periodístico del Estrella del Sur, las de Rúben Álvarez que reflexionan sobre las operaciones navales y anfibias de los británicos.  Destacamos particularmente la intervención de Milton Rizzi Castro en su área específica, la medicina y su historia.

Las actividades previstas para el resto del año son varias; señalemos las que se desarrollaran en el ámbito de Estudios Históricos del Ejército y las previstas en el departamento de Maldonado.

 ÁREAS PENDIENTES

Queda aun mucho por hacer. Los desafios en lo que hace al estudio de las Invasiones Inglesas son a nuestro entender varios, señalaremos algunos. En lo que hace a los aspectos económicos, el campo de la historia economica el estudio de las implicancias y relaciones de los comerciantes británicos y españoles fundamentalmente en Montevideo. El comercio lícito e ilícito, la generación de fortunas a consecuencia a de la venta forzada de stocks a los montevideanos, el contrabando a Buenos Aires, entre otras situaciones. Otro campo poco explorado en profundidad es abordar las relaciones personales, mas alla de las anécdotas, para introducirse en el encuentro entre dos culturas teñidas de preconceptos de una con la otra. Tambien los historiadores militares pueden analizar nuevamente los enfrentamientos pero en una clave distinta y complementaria a la de guerra clásica de Beverina, la del combate asimétrico entre civiles rioplatenses y militares ocupantes.

El arte en sus diferentes facetas también esta convocado. Desde la novela histórica, la de ficción, hasta las produciones televisivas o incluso cinematográficas pueden tratar las Invasiones Inglesas y su tiempo. Son conocidos cuadros, interpretaciones de estos eventos británicos y argentinos. No obstante no conocemos iguales obras efectuadas desde esta banda del  Río de la Plata.  No estaría de más que nuestros artistas en sus distintas facetas, pintores de temas de época,  marinistas, e incluso novatos se decidieran a  abordar esta temática. Incluso la música militar puede tener inspiración en estos sucesos. Solo conocemos una marcha militar, argentina,  que alude al tema, “Reconquista”.[16]

Finalmente, y  nuevamente en el ámbito histórico, sin agotar nuevos y distintos enfoques, se deberia poder superar las visiones locales, Montevideo, Buenos Aires, Asunción,  para integrarlas en una  rioplatense, cotejada a posteriori con la de España y Gran Bretaña.   

UNA UCRONÍA: “…SI WHITELOCKE HUBIERA DICHO NO…”  

Escribir sobre lo que pudo haber pasado y nunca paso, aún pretendiendo hacerlo con fundamentos y lógica, lo que se denomina una ucronía, es siempre correr un albur. No obstante,  expresaremos nuestra visión de lo que pudo haber sucedido. Antes que nada debemos dejar claro que esta es una de las posibles vías de los acontecimientos para nosotros, explicitaremos algunas, pero también  creemos en otras proyecciones históricas  posibles.

Vamos a partir de la posibilidad del 7 de julio de 1807, Whitelocke enfrentado a la disyuntiva de un acuerdo con Liniers que incluyera la devolución de Montevideo. Supongamos que  alguien al lado del general británico, así como Liniers tuvo a Álzaga, le hubiese insistido en retener Montevideo, y esta ciudad hubiese continuado en manos británicas. A continuación se acordaría si era solo la urbe amurallada y seguramente más allá de lo que se conviniese en ese momento, de una forma ú otra los ocupantes extenderían su dominio por las cercanías de la ciudad, posiblemente hasta la zona de las Piedras por lo menos. De esa forma tendrían un área cercana que le proporcionase por medio de la producción agrícola y granjera los alimentos mínimos para autoabastecerse.

Si se hubiera establecido firmemente un enclave colonial en la región, en 1806 o 1807, los  eventos posteriores no atados a éste, como la invasión francesa a España, habrían sucedido igual. De esa forma la ocupación británica podría haber permanecido sin molestias en los años más difíciles, los primeros. Montevideo hubiese sido una boca de salida de la producción británica en América, dando en parte un respiro a las dificultades que tenía la economía de ese país por el bloqueo napoleónico. La situación de anarquía producto de la invasión francesa a la Metrópoli hubiera agregado incertidumbre y confusión al resto de  las posesiones de la corona española en el Río de la Plata. Las intenciones portuguesas se hubiesen mantenido y posiblemente para 1811 o 1812 hubiesen ocupado parte del territorio de la Banda Oriental, buscando lo que la diplomacia lusitana y posteriormente brasileña definió como sus limites históricos, los naturales, los ríos Uruguay y de la Plata. Su tradicional alianza con Gran Bretaña se hubiese mantenido en la Banda Oriental y hubiesen acordado una amigable partición de este territorio. Luego de la derrota de los franceses, el complejo proceso revolucionario americano y su enfrentamiento con la corona española seguramente habría dejado en su lugar, sin incomodar seriamente, la posesión de Gran Bretaña en el Plata.

Después de concluido el proceso independentista, en la tercera década del siglo XIX, hubiera sido muy difícil para Buenos Aires reclamar a Gran Bretaña este territorio, pues, si no le ha devuelto aún las Malvinas, menos lo haría con toda o parte de la Banda Oriental. Lo mismo en lo que hace a Portugal y Brasil. Dificilmente lo hubieran restituido a la corona española o a sus herederos rioplatenses.  Pongamos que los lusobrasileños hubiesen ocupado hasta el norte del río Negro y hasta el litoral, lo que hoy es Salto, Paysandú, Artigas y Río Negro. Sin duda hubiesen ocupado también buena parte del este del país, posiblemente todo Rocha. En lo que hace a los británicos tal vez su territorio podría ser lo que hoy conocemos como los departamentos de Montevideo, San José, Colonia y Soriano. Quizás los hispanocriollos ocupasen el resto de la Banda Oriental. La relación entre estos y los británicos en la comarca ocupada por los últimos hubiese tenido una situación de convivencia similar a la de franceses e ingleses en Canada, en Quebec, o la que se vivió en África del Sur, entre holandes y británicos en los dominios que fuesen de los primeros. Podría haber sido del tamaño de un Gibraltar; o de un Belice, podría haber sido poblada con unos pocos colonos ingleses, en explotaciones agropecuarias parecidas a las de Australia o Nueva Zelanda, pero seguramente se le hubiera incorporado mano de obra de bajo costo para trabajar, africana o india. De cualquier manera hubiese sido un enclave británico que el pragmatismo de Londres habría sostenido con la pluma y la espada.

En esta hipótesis, la independencia de las naciones platenses hubiera sido aún más cuestionada y mediatizada de lo que fue. Los conflictos mundiales que Gran Bretaña enfrentó en su carácter imperial seguramente habrían llevado a crear una importante base naval en el del Río de la Plata, con toda la problemática consiguiente. De incorporarse al proceso de descolonización iniciado luego de la Segunda Guerra Mundial, lo hubiese hecho como un territorio extraño, enfrentado al resto de la identidad histórica platense y americana, como le ha sucedido a las Guyanas o a Belice. Tal vez incluso no se hubiera incorporado a ese proceso y estaría en una situación similar a Gibraltar, base militar de una gran alianza política y militar.

Esa posibilidad sin duda ha sido añorada —no es necesario leerlo entre líneas— por muchos de los historiadores y ensayistas que han estudiado el tema. Avizoraron el desarrollo de un enclave británico a semejanza de una Nueva Zelanda o Australia en América del Sur, tal vez olvidando que su carácter de grandes islas les permitió desarrollarse en forma autónoma solo bajo influencia anglosajona. En el caso de la Banda Oriental británica, por el contrario la influencia criolla y luso brasileña se hubiesen hecho sentir naturalmente.

Es imposible saber que tipo de asentamiento británico se pudo haberse concretado; lo que sí sabemos es que cualquiera de estas posibilidades habría mutilado la particularidad histórica y cultural rioplatense.  No obstante, una certeza es que el torrente inmigratorio de gallegos, canarios, vascos, piamonteses y napolitanos que se dirigieron en el siglo XIX a la Banda Oriental y Montevideo, si este territorio hubiese sido británico, se hubiesen trasladado a Buenos Aires. En buen romance eso significa que la mayoría de  los que añoran la presencia británica en el Uruguay no tienen en cuenta de que sus antepasados directamente no se hubiesen dirigido a estas tierras. Si lo hubiesen hecho otros posiblemente irlandeses, escoceses y quizás alemanes.

Sobre este tema ha escrito recientemente el historiador Lincoln Maiztegui Casas en El Observador, [17]

. . . hay una opinión que cierto sector de nuestra gente parece alentar: fue una lástima que los ingleses no ganaran. Hoy seríamos un país mucho mejor organizado y próspero, si hubiéramos llegado a integrar transitoriamente el imperio británico y luego su Commonwealth . Semejante opinión no sólo minimiza el esfuerzo patriótico de nuestros antepasados, sino que simplifica las cosas hasta extremos inaceptables. Hacer historia contrafactual siempre es riesgoso, además de inútil; pero es oportuno señalarles, a quienes así piensan, que no había garantía alguna de que fuésemos hoy, en caso de una victoria británica hace 200 años, los Estados Unidos o Canadá; podríamos también ser África del Sur o Rodhesia, con la lacra del apartheid, o vernos sumidos en las abismales diferencias sociales de la India. Quien esto escribe no puede sino sentirse orgulloso de aquella victoria, cargada de sentido nacionalista . . .  

MERCURIO RELEVA A MARTE...

            Las Invasiones Inglesas fueron momentos claves en la historia rioplatense. El impedir   el establecimiento de una colonia anglosajona en estas tierras también significo   una advertencia y señalo un camino a los dirigentes políticos de Londres. Desde ese momento buscaron otros caminos para incidir en estos territorios, potenciales mercados que  se encontraban ávidos de las mercaderías que abarrotaban las fábricas de toda Gran Bretaña. El camino lo señalaron Canning y Ponsonby para 1828, con la Convención Preliminar de Paz que dividía la soberanía del Río de la Plata entre Buenos Aires y Montevideo.  Menos de veinte años después, una colonia británica estaba ubicada en la Banda Oriental con firmes raices. Inversores, comerciantes, aventureros, se habian establecido con halagueñas perspectivas. Eran vistos con simpatía por las elites liberales.

Los  británicos continuaron arribando al Rio de la Plata y terminada la Guerra Grande comenzaron a residir en cantidades importantes en la Republica Argentina. En ambas margenes del río, se establecieron, algunos como simples trabajadores, otros como empleados de grandes empresas importadoras y exportadoras, y muchos como propietarios de estancias y saladeros. Fue también el momento en que el capital inglés se extendia como una mancha de aceite por todo el mundo y estas tierras eran un lugar privilegiado para su inversion. Vino acompañado del ferrocarril. Para 1900 la presencia británica  era impresionante en  los dos paises: gas, agua, seguros, transportes, eran algunas de las áreas en las cual hacen sus inversiones. El fútbol, un deporte traido por los ingleses, se popularizo a traves de los ferrocarriles y los colegios ingleses, desde las elites criollas a las clases medias y de ahí a los sectores populares en un proceso vertiginoso.  Cincuenta años después, finalizada la Segunda Guerra Mundial, la inversión inglesa en Argentina y Uruguay estaba en declive. Hoy a inicios del siglo XXI Gran Bretaña continua siendo un  referente en las sociedades rioplatenses. Más alla de que en Argentina los vinculos se ven enturbiados por la espina de Malvinas y la guerra de 1982. Teniendo en cuenta esa realidad y de  la reivindicación de un territorio sentido como propio, es evidente que el capital británico y sus gestores en el Rio de la Plata moldearon para bien o para mal, las economías de ambas repúblicas. En Uruguay por su parte tal vez la presencia de Inglaterra mas perdurable y visible se encuentra en el Club Atletico Peñarol, fundado en 1891 bajo el  muy circunspecto y  británico nombre de Central Uruguay Railway Cricket Club.    

UNA DEUDA COLECTIVA

Los hechos aquí reseñados son recordados en forma distinta en ambas orillas del Plata. En el ambito urbano se visualiza el recuerdo de un lado y la indiferencia del otro. En Buenos Aires se encuentran las banderas capturadas; una importante avenida y un barrio recuerdan a Liniers, numerosas calles recuerdan a los hechos y heroes de la Reconquista y Defensa. Un parque recuerda a Los Patricios, que a su vez da nombre  a un barrio. En esta orilla, la realidad es otra. Es Maldonado la más memoriosa. Una placa  recuerda en la Torre del Vigía, la defensa de la ciudad; un monumento recuerda a uno de los héroes de la resistencia a los invasores: un joven chasque de 1806. En Colonia, no existe ningún monumento o placa visible que indique que la expedición reconquistadora zarpara de esa ciudad.  En Montevideo, unas pocas  calles, de relativa o escasa importancia,  recuerdan a estos eventos, o a personajes que participaron en los mismos, “Reconquista”, “Brecha”, “Liniers”, “Miñones”, “Hipólito Mordeille” , “Agustín Abreu”, “Benito Chain”, “Antonio Leal de Ibarra”.

 Pese a que Montevideo cuenta con numerosos espacios abiertos en  los cuales se observan variadas estelas, bustos y monumentos a personajes nacionales y extranjeros,[18] apenas un monolito recuerda cerca del Pasaje Frugoni a uno solo de los combatientes, Francisco Maciel, cuando en la batalla que sucumbió murieron cientos.

Creemos que sería justo que  Montevideo tuviese un museo, un espacio público,  esculturas u otras figuras conmemorativas apropiadas,  que recuerden a los cientos que dieron su vida por esta ciudad. Fueron hombres, pero también mujeres y niños. Aunaron esfuerzos por su terruño  sin importar su condición, pobres  y ricos, civiles y militares,  religiosos y laicos, nacidos en estas tierras y venidos de otras.

  LA PERSPECTIVA DEL SIGLO XXI

Que hoy nuestra identidad rioplatense con raíz hispanocriolla permaneciese como hoy la conocemos no permanece por un destino histórico irreversible o una dádiva de los grandes centros de poder político de inicios del siglo XIX. Es sí el resultado de la lucha, de la obstinación, del esfuerzo abnegado de miles y miles de rioplatenses de ese tiempo, que empeñaron vidas y haciendas para tener libre su tierra, que hoy es la nuestra, de la presencia de una potencia que en ese momento era agresora y extranjera.

A doscientos años del inicio del conflicto que enfrento a británicos y  españoles en el Rio de la Plata, es justo  tener presente a aquellos que dieron todo, incluso su vida, para marchar a reconquistar Buenos Aires, en un gesto de desprendimiento y amor a su patria. El recuerdo involucra a montevideanos, fernandinos, carolinos, colonienses y otros patriotas de los más distantes parajes  que enfrentaron después a los invasores de la Banda Oriental. También a los porteños, asunceños y cordobeses, entre otros tantos habitantes del Virreinato que contribuyeron a la defensa de su tierra. Igualmente debemos recordar con respeto a los ingleses, escoceses,  e irlandeses que siguiendo su bandera, arribaron a estas tierras, y por ellas lucharon.

Los rioplatenses de inicios del siglo XIX fueron artífices de un pasado y de un presente que nos legaron y que es irrenunciablemente nuestro al que debemos recordar y valorar, por ellos pero también por nosotros. Creemos que todos los que dieron sus vidas en esa guerra merecen la sentida oracion que por sus vecinos y soldados expreso  Pericles, hace dos mil quinientos años a quienes 

 Sostuvieron la guerra con sus cuerpos, y en un brevisimo instante del destino, con la aureola del aliento supremo de la gloria y no del miedo, se fueron 


 


[1] Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la Independencia argentina,  pp. 161-162, 190-195.

[2] Francisco Bauzá, Historia de la dominación española en el Uruguay,  pp. 132-135.

[3] Eduardo Acevedo, Anales Históricos del Uruguay, p. 9.

[4] Pablo Blanco, El Gobierno colonial en el Uruguay y los orígenes de la nacionalidad,  pp. 181-196.

[5] Ariosto D. González, La Estrella del Sur, pp. 17 y 30.

[6] Juan Carlos Pedemonte, 1807. Crónicas de la época de las Invasiones Inglesas, p. 147.

[7]  Washington Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero, Crónica General del Uruguay, tomo II. p. 139.

[8] Lauro Hedelvio Destefani “La Reconquista de Buenos Aires”, en Historia marítima argentina, tomo IV, capitulo X.

[9]  H. S. Ferns, Gran Bretaña y la Argentina en el siglo XIX, p. 49.

[10] Ibidem. pp. 43-45.

[11] Juan Beverina, Las Invasiones Inglesas del Río de la Plata, 1806-1807, p. 409.

[12] Derek Foster, El león domado. Relato informal de las invasiones inglesas al Río de la Plata, pp. 46 y 48.

[13] Carlos Roberts, Las Invasiones Inglesas del Río de la Plata (1806-1807), p. 237 y ss. Arturo  Capdevilla, Las Invasiones Inglesas, crónica y evocación en la p. 120, entre los argumentos que utiliza, menciona que los miñones eran voluntarios catalanes, y la gente de Mordeille, corsarios, como si eso les impidiera ser montevideanos, carácter que está dado obviamente por residir en Montevideo.

[14]Andrew Graham -Yooll, “Ocupación y Reconquista. .. “ p. 35.

[15]Andrew Graham -Yooll, Ob. Cit. p. 39. Debe tenerse en cuenta que Álzaga defendía su patria, en ese momento el Río de la Plata, y para eso apostó a la conmoción de Whitelocke y la ventajosa posición que en la negociación tenia Liniers. Acertó. Seria ilustrativo saber que tipo de “viveza” es para Graham - Yooll, “criolla” o “británica” la que ha permitido a Gran Bretaña mantenerse ocupando territorios a miles de kilómetros de su tierra como es el caso de Gibraltar y Malvinas.

[16] Escrita por Juan Tonazzi.

[17] El Observador, domingo 6 de agosto de 2006.

[18] A título de ejemplo, se recuerda por ejemplo a Winston Churchill, Augusto Sandino y  Yuri Gagarin. Una plaza pública recuerda en Punta Gorda el triunfo de los Campeones Olímpicos de 1924 y 1928. Una escultura reitera el homenaje en las cercanías del Estadio Centenario. 

 
 

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