Historia y Arqueología Marítima

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LAS BATALLAS DEL APOSTADERO DE MONTEVIDEO

Publicado Por la Academia Uruguaya de Historia Maritima y Fluvial, 1997

Indice Prologo Politica Internacional en la Época El Sistema Geoestrategico Español El equlibrio naval
El Apostadero de Montevideo y las Islas Malvinas El Montevideo del Apostadero Aspectos comerciales y politicos del Apostadero. Montevideo visto desde el Mar Los Gobernadores y el Apostadero
Sus Comandantes Los Ingenieros de Marina Las operaciones Britanicas y Españolas en el Plata 1806-7 Las Batallas del Apostadero  

 

 Académico Capitán de Fragata (CG) Alberto Laureano CARAMÉS       

            Libro de bitácora de la Fragata española Santa Cathalina.

10 de junio de 1770, hora 10:00. Atlántico Sud Occidental; Isla Gran Malvina, proximidades de Puerto Egmont. El General de la Armada, Juan Ignacio de Madariaga al mando de la Escuadra del Río de la Plata, recobra las tierras ocupadas por ingleses y franceses en Islas Malvinas.

            Este significativo acontecimiento influyó decisivamente en la política marítima de España; pues a fin de velar por sus bastos dominios en el Atlántico Sud-Occidental que a fines del siglo XVIII se extendían desde Santa Catalina hasta los canales fueguinos, se hacía imprescindible disponer de una base naval, a los efectos de atender la defensa del Area, apoyar la colonización de la costa patagónica y mantener alejados de la región del Plata a portugueses e ingleses. La misma debería ofrecer buen abrigo y un adecuado apoyo logístico a su flota, además de estar bien ubicada del punto de vista geográfico. Estas claves geopolíticas determinaron en gran medida el nacimiento del Apostadero de Montevideo por Real Orden firmada en San Ildefonso el 9 de agosto de 1776.

             En sus 38 años de vida el Apostadero de Montevideo desarrolló sensiblemente su actividad e infraestructura en la ciudad homónima a cuyas orillas nació. Se construyeron barracas para la marinería, establecimiento hospitalario, almacenes, talleres de reparación, depósitos de mercancías y servicios varios. En síntesis, dio vida, movimiento comercial y militar que respectivamente se tradujo en prosperidad e importancia estratégica de la ciudad fundada por Zabala.

             En el transcurso de los primeros tiempos, el Apostadero prestó apoyo a la expedición de Cevallos, brindando alojamiento y hospital para la tropa embarcada, como así también personal para completar dotaciones de las naves que partieron rumbo a Africa Oriental, a fin de ocupar las islas de Annobon y Fernando Poo en el Golfo de Guinea. Estas posesiones, fueron cedidas por Portugal a España en cláusula secreta contenida en el Tratado de San Ildefonso de octubre de 1777. Asimismo, el Apostadero continuó cumpliendo sus funciones de control de las aguas del Atlántico Sud-Occidental, apoyando convoyes, expediciones, efectuando importantes relevamientos hidrográficos, atacando buques corsarios ingleses, impidiendo el contrabando e instrumentando planes orgánicos para la defensa del Plata, como los concebidos por el Capitán de Navío Santiago de Liniers y el Brigadier José Bustamante y Guerra. Este último se desempeñó como Comandante del Apostadero y Gobernador de Montevideo entre 1797 y 1804.

             Durante la primer invasión inglesa de 1806, el Apostadero colaboró activamente en la reconquista de Buenos Aires, pues el Capitán de Navío de la Real Armada Santiago de Liniers llevó a su mando en aquella magna empresa entre otros, a los marinos de Montevideo que le confió el Teniente General de Marina Pascual Luis Huidobro, entonces Comandante del Apostadero y con quiénes zarpó de la Colonia del Sacramento con una escuadrilla de cañoneras y buques de transporte. Participaron en el asalto 323 marineros, figurando entre sus jefes el Capitán Gutiérrez de la Concha y el Teniente de Navío Juan Angel de Michelena. Las naves de la escuadrilla quedaron acoderadas en el Luján al mando del Teniente de Navío Juan Jacinto de Vargas y del entonces Teniente de Fragata Jacinto Romarate, éste último como veremos, marino valiente y verdadero caballero de la mar, quién sería llamado a cumplir una distinguidísima actuación en la última etapa del Apostadero de Montevideo. 

             Romarate, se condujo con gran valor en ésta primer intervención en combate en la región platense, obteniendo en mérito a ello su ascenso a Teniente de Navío el 24 de Febrero de 1807.  

             La segunda invasión inglesa se produjo a mediados de 1807 e incluía un contingente de alrededor de 10.000 hombres, siendo que los británicos  luego de ocupar Maldonado marcharon sobre la plaza fuerte de Montevideo, que capituló después de una heroica defensa que determinó casi 700 bajas entre españoles, indios y criollos. En esta oportunidad los invasores no cometieron el error estratégico de la primera vez, dejando Montevideo por Buenos Aires, lo que suponía su retaguardia descubierta. Los pequeños buques armados en guerra que defendían el puerto, poco pudieron hacer frente a las abrumadoras fuerzas enemigas, cayendo en sus manos alrededor   de una docena de naves del Apostadero y más de 40 buques mercantes de diferentes tipos. Antes de que los ingleses zarparan de Montevideo para intentar la toma de la capital del Virreynato, en la rada del puerto se encontraban al ancla 20 naves de guerra, 90 transportes cargados de mercaderías y alrededor de 14.000 británicos dispuestos a reconquistar Buenos Aires.

                        El formidable esfuerzo del Capitán de Navío Santiago de Liniers organizando la defensa de la capital en la vecina orilla, culminó con el rechazo de los invasores y un duro golpe al orgullo británico, que determinó la degradación y el procesamiento del Teniente General Whitelocke, jefe de las tropas de invasión. En la defensa de la causa común habían intervenido codo con codo criollos y peninsulares; sólo en la posición estratégica de Retiro había más de 400 marinos al mando del Capitán de Navío Gutiérrez de la Concha, quien otrora por orden del Jefe del Apostadero de Montevideo, había llevado a cabo detallados levantamientos en la costa patagónica y que posteriormente por esas ironías del destino sería fusilado por los revolucionarios de Mayo.

             Muchos marinos murieron y otros fueron heridos en el rechazo al invasor, entre éstos últimos tenemos nuevamente a Romarate que por su arrojo en combate y servicios extraordinarios, recibió un meritorio ascenso a Capitán de Fragata con fecha 23 de Noviembre del referido año de 1807.

             Posteriormente, luego de la expulsión de los ingleses del Plata, los Comandantes Generales del Apostadero se abocaron a la reorganización de las fuerzas navales de Montevideo, a pesar del escaso apoyo que recibieron de la metrópoli. No olvidemos la heroica derrota de la escuadra franco - hispana en 1805 en la batalla de Trafalgar, de la que España ya no pudo reponerse y que determinó la pérdida del dominio de los mares de la talasocracia hispánica.

             A este decisivo acontecimiento se sumó la invasión francesa al territorio peninsular en 1808 a cargo de las tropas napoleónicas, razón más que suficiente para comprometer todo el esfuerzo bélico en procura de su autodefensa.

             No obstante, en setiembre de 1810 el orden de batalla naval montevideano era relativamente importante, pues estaba compuesto por las siguientes naves: 2 fragatas, 1 corbeta, 3 bergantines, 2 zumacas, 3 faluchos, 1 lugre y 4 lanchas cañoneras.

             Sin embargo, los cambios políticos que se produjeron a partir del 25 de mayo de 1810, fueron de tal trascendencia para la región platense, que modificaron decisivamente el balance de poder existente debido a la rivalidad entre Montevideo y Buenos Aires.

             A fin de comprender cabalmente ambas posturas, como así también el decisivo peso del Apostadero en el accionar político - militar durante el último lustro de existencia del mismo, vamos a efectuar una brevísima síntesis de la situación política en ambas márgenes del Plata, previo a los enfrentamientos de las fuerzas navales montevideanas y bonaerenses.

 SITUACIÓN POLÍTICA BONAERENSE

            Ciertas alineaciones políticas habían comenzado a producirse en 1808, con la formación de dos corrientes en la capital virreynal de Buenos Aires. Una integrada por los criollos, encabezada por el entonces Virrey Santiago Liniers y la española, personificada por el alcalde de Buenos Aires Martín de Alzaga, que contaba con el apoyo del gobernador de Montevideo Coronel Javier de Elío, acérrimo rival de Liniers, de quién desconfiaba por su origen francés.

            Como consecuencia de un levantamiento de Alzaga contra la autoridad del Virrey y a pesar de ser dominado por las fuerzas reales, la Junta de Sevilla envió un nuevo virrey para sustituir a Liniers, recayendo tal designación en el Teniente General de Marina Baltasar Hidalgo de Cisneros. Sería el Doctor Mariano Moreno, luego secretario juntista, quién presentara al nuevo virrey la propuesta de libre embarque de frutos en buques ingleses y que luego de su aprobación en contra de los intereses de los comerciantes españoles, incrementaría sensiblemente los ingresos de aduana, pero que también despertaría el interés político - comercial del parlamento inglés por la causa de la emancipación.

             Definitivamente, con la instauración del Consejo de Regencia en Cádiz, a fin de gobernar a las posesiones

 americanas y con la anulación del decreto de libre embarque en buques ingleses, los insurgentes formaron la junta de mayo y depusieron al Virrey Cisneros, quién posteriormente fue deportado a Canarias. Inmediatamente, se enviaron comisionados a Montevideo y Paraguay para adherirse al movimiento juntista, mientras partía un pequeño ejército para extender la proclama en las provincias y que castigó duramente la reacción de Córdoba, fusilando a quién otrora salvó a Buenos Aires del yugo inglés; nos referimos al Capitán de Navío Santiago de Liniers.

             En síntesis, se había producido la "destrucción del orden hispánico", quedando el poder en manos de la "Junta Revolucionaria Bonaerense".

 SITUACIÓN POLÍTICA EN LA BANDA ORIENTAL

            A mediados de 1809 había llegado de España en la fragata "Proserpina", junto al nuevo Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, el Capitán de Navío José María de Salazar, destacado y leal marino que fuera designado para asumir el cargo de Comandante General del Apostadero de Montevideo. Coincidía con su arribo un enrarecido clima político que llegaba a su superior inmediato, el gobernador Coronel Francisco Xavier de Elío, quien sentía cada día menor respeto por Liniers, especialmente por las señales poco auspiciosas que este trasmitía con sus relaciones francesas.

             Su rivalidad con el Virrey Liniers, entonces ya Brigadier de Marina, lo había llevado a que en setiembre de 1808 formara en Montevideo una Junta de Gobierno propia en nombre de Fernando VII. A raíz de profundas discrepancias por diversos procederes del Gobernador, varios Jefes y Oficiales de Marina abandonaron Montevideo, entre ellos el Capitán de Fragata  Joaquín Ruíz Huidobro, quién se desempeñó como Comandante del Apostadero, hasta que Xavier de Elío lo sustituyó por el Capitán de Fragata Bernardo de Bonavía, jefe de su confianza.

             Por si fuera poco el drama que España vivía en el viejo continente, las discrepancias que existían en el área platense comprometían aún más la situación en la región. No siempre cuando mas se necesita que los hombres estén a las alturas de los acontecimientos, estos captan en su verdadera dimensión los intereses superiores que los lleva a despojarse de los circunstanciales. No obstante, apareció un hombre que dejaría una profunda marca en su pasaje por el Plata. Nos referimos al Capitán de Navío Salazar, durante su ejercicio como Comandante del Apostadero.

             Una de las primeras medidas que efectivizó el nuevo Jefe, fue la reincorporación al Apostadero de los oficiales que se habían alejado del mismo, a raíz de las medidas tomadas por Elío, quién en abril de 1810 inicialmente se embarcó para la península, debido a sus hondas discrepancias con el nuevo Virrey Cisneros. Fue sustituido en el gobierno militar por el Brigadier Joaquín de Soria. No obstante retornaría al Plata con el título de Virrey en enero de 1811.

             En junio de 1810, el Comandante del Apostadero acuarteló en el Arsenal de Marina, 150 hombres de las dotaciones de mar de sus buques de guerra, a fin de entrar en acción contra el regimiento de infantería de la guarnición de Montevideo, que bajo el título de Voluntarios del Río de la Plata, respondía al comando del Coronel Murguiondo, oficial simpatizante de la Junta Revolucionaria Bonaerense que se opuso al reconocimiento del Consejo de Regencia efectuado por los montevideanos. La decidida actitud del Capitán de Navío Salazar, disipó toda clase de dudas acerca de la voluntad de emplear las tropas de Marina del Apostadero, como instrumento para evitar la segregación del Imperio Hispánico. Este hecho confirma la decisiva influencia del Apostadero, que apoyando con sus medios militares las decisiones políticas, rechazó las acciones de la Junta de Mayo y cualquier forma de gobierno distinta a la tradicional.

             Posteriormente, la Junta Bonaerense envió a Montevideo a su Secretario, Diputado Doctor don Juan José Paso, quién tenía

como misión seducir al pueblo montevideano para adherirse a Buenos Aires. Sin embargo, en Cabildo abierto el pueblo rechazó la propuesta, declarándose: "que entretanto la Junta de Mayo no reconociese la soberanía del Consejo de Regencia que había jurado este pueblo, ni podía ni debía reconocer las autoridades de la Junta de Buenos Aires". El propio Capitán de Navío Salazar, comunicó a la Junta Bonaerense la negativa del reconocimiento de su autoridad por parte de los ciudadanos            de Montevideo.

             Casi inmediatamente el Comandante del Apostadero tuvo   que reunir en el Arsenal de Marina, un contingente próximo a los mil hombres, a fin de someter nuevamente al Coronel Murguiondo, que en esta oportunidad junto a otros Jefes con sus tropas pertenecientes a las fuerzas de tierra, se alzaron en favor de la causa juntista bonaerense.

             La decidida acción del Comandante del Apostadero, determinó el control de la situación, con la remisión a España como "reos de alta traición" del Coronel Murguiondo y del Sargento Mayor Luis Vallejo, hasta entonces a cargo de los Regimientos de Voluntarios de Infantería del Río de la Plata y de Infantería Ligera, respectivamente.

             A fin de evitar situaciones análogas, Salazar empleó sus influencias para disolver la primera de las unidades antes citadas. Las tropas de mar vencieron a las de tierra en su medio; pero aquello no había sido mas que una guerra civil, donde de ambos lados hubo españoles y criollos, además de existir intereses británicos apoyados en su defensa por los buques de la estación naval inglesa en el Plata, junto a sus representantes políticos y comerciales, quienes disponían también de gran influencia en ambas márgenes del Río.

             En base a los hechos expuestos, estamos en condiciones de decir que la actuación de la Marina del Apostadero, en aquel crucial momento histórico fue fundamental para la preservación de Montevideo y su puerto, marcando un perfil diferente al ambicionado por la Junta de Mayo como destino para nuestra Banda Oriental.

             Por vez primera se produjo la separación de Montevideo y Buenos Aires, quedando ambas enfrentadas en lo político y como consecuencia también en el campo naval - militar. Al respecto, consideraremos las principales acciones navales en que se vieron involucradas las fuerzas flotantes del Apostadero de Montevideo desde 1810 hasta su caída en 1814.

             Aclaremos que en los tres primeros años del período antes citado, Montevideo sobrevivió gracias al dominio de las aguas del Plata y sus afluentes, e intentó inicialmente explotar al máximo esta situación, llevando a cabo el bloqueo de la ciudad de Buenos Aires en setiembre de 1810.

             Los nueve buques afectados al bloqueo se encontraban bajo el mando del Capitán de Fragata José Primo de Rivera y eran los siguientes: corbeta Mercurio, bergantines Belén y Cisne, sumacas N.S. del Carmen y N.S. de Aranzazú, lugre San Carlos y faluchos Fama, San Luis y San Martín.

             Sucedería un hecho inesperado durante la ejecución del bloqueo, pues como consecuencia de un duro pampero sobrevino una extraordinaria bajante del Río que dejó a la división bloqueadora varada en Balizas Exteriores con algunos buques algo tumbados.       Seguidamente se hizo un intento por parte de los bonaerenses para atacar a los buques llevando algunos cañones de tierra a las proximidades de la zona; no obstante, sobrevino la marea y las naves volvieron a flotar alejándose inmediatamente. Este pampero del 16 de setiembre de 1810 hizo también sus estragos en el Puerto de Montevideo, dejando entre varios buques hundidos a la fragata Nuestra Señora del Loreto, llegada un día antes del Perú.

             A fin de apoyar también por vía fluvial la expedición terrestre de Belgrano al Paraguay, la Junta Bonaerense confió la formación de una escuadrilla naval al Diputado por Salta Francisco de Gurruchaga, quién tenía conocimiento de náutica por haber combatido junto a Cisneros en la Santísima Trinidad durante la batalla de Trafalgar. Esta primer escuadrilla bonaerense estaba compuesta por la goleta "Invencible", el bergantín "25 de Mayo" y la balandra "Americana". Su primer Comandante fue Juan Bautista Azopardo, oficial de la Revolución Francesa que había luchado junto a Liniers en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires. Los capitanes seleccionados por Azopardo eran ambos franceses: Bouchard y Hubac.

             Inmediatamente se hicieron al río remontando el Paraná en procura de batir buques montevideanos o paraguayos. Pero al día siguiente también zarpaba del Apostadero de Montevideo el Capitán de Fragata Jacinto de Romarate, con una escuadrilla compuesta por los bergantines "Belén" y "Cisne" y los faluchos "Fama" y "San Martín". Azopardo, en conocimiento que la flotilla del Apostadero remontaba el Paraná, acoderó sus tres buques con proa aguas abajo próximo a San Nicolás, disponiendo los mismos en los vértices de un triángulo, apoyándose hacia la costa donde instaló una batería con cuatro cañones. En la mañana del 2 de marzo de 1811 se enfrentaron ambas escuadrillas intercambiando un nutrido fuego de cañones y fusilería, que luego de algunas bordadas llevó a los bergantines de Romarate a varar quedando a merced del fuego de Azopoardo por casi dos horas. No obstante, la indecisión de un abordaje por parte de los bonaerenses en ese momento crítico, desecha una excepcional oportunidad de victoria y los bergantines zafan de su varadura retirándose a protección de una isla.  A primera hora de la tarde los buques de Romarate atacan nuevamente. En esta ocasión lo hacen resueltos a abordar a las naves de Azopardo, quien se tiene que imponer a su gente trabuco en mano, pues muchos se intentan arrojar al agua.  Por otra parte, las tripulaciones de los restantes buques bonaerenses son acosados por el fuego de metralla enemigo y considerando inútil resistir abandonan sus buques para no caer prisioneros.  Sin embargo Azopardo resiste hasta quedarse sólo con ocho tripulantes haciendo explotar la santabárbara con disparos propios, a pesar de los ruegos de sus heridos.  De 50 combatientes la "Invencible" contó con 41 muertos y heridos.

             Cuando la Junta se enteró del desastre de San Nicolás, se instruyó un sumario a Azopardo y a "pesar del valor que desplegó en defensa de su buque", se le acusó entre otros cargos por " impericia" al no haber aprovechado la oportunidad de contratacar en el momento adecuado.  Mientras tanto, Romarate demostró actitudes dignas de un marino ejemplar en el trato a sus prisioneros.  Estos fueron atendidos y luego trasladados a la Colonia del Sacramento.  Posteriormente se condujo a España al Cte. Azopardo, quien luego de algunos años de reclusión volvería nuevamente al Plata.  Las naves tomadas a los bonaerenses pasaron a integrar el material flotante del Apostadero de Montevideo.

             Las fuerzas navales montevideanas habían asestado un duro golpe a los Juntistas, triunfo que significó para Romarate su graduación de Capitán de Navío y la Cruz Laureada de Marina.  Mientras tanto, Montevideo con Elío a la cabeza sería sitiada por las fuerzas artiguistas; no obstante, dado que aún los primeros continuaban ejerciendo el dominio de las aguas del Plata, llevaron a cabo acciones de bloqueo naval a Buenos Aires, motivo por el cual la Junta de esa ciudad decretó el corso contra España.

             Contra la voluntad del Comandante del Apostadero Capitán de Navío Salazar, el Virrey Elío personalmente ordenó el bombardeo naval de Buenos Aires, acción que llevó a cabo el Capitán Michelena, quien dio cumplimiento a la orden también con reparos, pues bien pudieron ser víctimas entre otros compatriotas, su esposa e hijos residentes en dicha ciudad.  Este hecho y las continuas intromisiones de Elío en asuntos técnicos-profesionales, fueron informadas por el Comandante del Apostadero a través de la vía del mando naval.  No obstante, antes de llegar a destino los informes oficiales, el Virrey Elío fue sustituido por el Mariscal de Campo Gaspar de Vigodet, quien asumió con el cargo de Capitán General.  Salazar también dejaba, pero a su solicitud, la Comandancia del Apostadero, asumiendo con ciertos reparos el Capitán de Navío Miguel de la Sierra.

             En agosto de 1811 y marzo de 1812 se llevaron a cabo dos nuevos bombardeos contra Buenos Aires a cargo de los Capitanes de Fragata Michelena y José Primo de Rivera, respectivamente.

             En el transcurso de 1812 se produjeron algunas incursiones menores en los ríos Paraná y Paraguay, siendo tal vez la acción naval de mayor trascendencia, la toma del bergatín de 20 cañones "Hiena" mediante un golpe de mano llevado a cabo por un grupo de españoles y criollos recluidos en el Establecimiento de Carmen de Patagones a orillas del río Negro, en territorio argentino.  Esta importante nave fue incorporada al Apostadero de Montevideo y sufrió dos infructuosas incursiones de fuerzas bonaerenses que intentaron recuperarla en 1813, la primera próximo a Colonia del Sacramento, mientras que la otra acaeció en la misma bahía de Montevideo.

             En las postrimerías de 1813 la situación de las fuerzas presentaba ciertos cambios, pues Artigas se retiró del Sitio de Montevideo y Buenos Aires lo declaró traidor.Fue entonces cuando se produjo el primer choque de las ideas unitarias de Buenos Aires y las federalistas de Artigas, que también abrazarían varias provincias argentinas.  En enero de 1814 Buenos Aires concentró todo el poder político en una sola persona, se sustituyó el triunvirato por un Director Supremo, recayendo tal designación en el Doctor Gervasio de Posadas.  Su Ministro de Guerra y Marina fue el Capitán de Fragata Xavier de Viana, insigne marino que integró la expedición de Malaspina y ejerció el comando de la corbeta "Descubierta" en aguas platenses.

             Finalmente, los bonaerenses llegaron a la conclusión que Montevideo no caería mientras tuviese expeditas sus comunicaciones marítimas y fluviales y continuara ejerciendo el dominio del mar, aunque solo fuera con una escuadrilla sutil. En consecuencia, se encauzaron todos los esfuerzos alistando una escuadra que desafió las fuerzas navales del Apostadero de Montevideo.

             Los principales impulsores en Buenos Aires, para llevar adelante el proyecto de crear una escuadra fueron: el Ministro de Hacienda Juan Larrea; Carlos de Alvear con su influencia política y Pío White que canalizó el aspecto comercial. Una vez incorporados los buques se artillaron y dotaron adecuadamente, designándose por el Director Posadas con fecha 1 de marzo de 1814 al irlándes Guillermo Brown como Teniente Coronel, Comandante de la Marina del Estado.

             En conocimiento de las autoridades de Montevideo los aprestos llevados a cabo en la vecina orilla, se procede inmediatamente a reclutar personal para dotar a los buques disponibles y se ordena atacar a la brevedad a los bonaerenses en proximidades del Puerto de Buenos Aires. Para tal misión, se depositó el mando de los buques de la escuadrilla del Apostadero, en la persona del experiente Capitán de Navío Jacinto Romarate, vencedor en San Nicolás y primer Comandante español que después de la derrota de Trafalgar, llevó las palmas de la victoria a su Patria.

             A través del destaque del queche "Hiena"  para recabar información en las proximidades de Buenos Aires, se confirmó los aprestos de la escuadrilla en puerto e inmediatamente Romarate se dirigió a fondear en el canal de Martín García, acoderando los tres buques mayores y una cañonera con sus proas hacia la entrada del puerto. Asimismo, las cuatro naves restantes junto a los mercantes, permanecieron al ancla en las inmediaciones de la fuerza.Esta posición adoptada por Romarate es una clásica disposición táctica naval, que permite disparar con el máximo de cañones de una banda, mientras que el enemigo al acercarse de proa, solo puede disparar con un mínimo de piezas artilleras (cruzar la T). La posición geográfica fue muy bien seleccionada, especialmente por ser un lugar estrecho, cerca de la costa donde un cañón operado desde la isla también colaboraba con la fuerza naval y además, estaba rodeado de bajos que impedían al atacante rapidez y agilidad en la maniobra. No obstante, todo no era ventaja para los buques del Apostadero, pues en definitiva la iniciativa de la maniobra estaba en manos de Brown, y el podía decidir en que momento y como atacar, dado que el dispositivo de Romarate era estático y de carácter netamente defensivo.

             El concepto táctico de Brown consistía en dividir su fuerza en dos divisiones. La primera la integraban sus buques  principales que atacarían aguas arriba por el canal de Martín García y la segunda división bordearía la isla para atacar por retaguardia. Las fuerzas que se enfrentaron eran las siguientes:

                        Escuadrilla de Romarate: 2 bergantines, 1 zumaca, 2 cañoneras, 2 balandras, 1 polacra y una lancha corsaria. Romarate tenía su insignia izada en el bergantín "Belén".

             El buque insignia de Brown era la fragata "Hércules" y su escuadrilla la integraban además una corbeta, un bergantín, dos goletas, un falucho y una balandra.

             El 10 de marzo de 1814 la "Hércules" se dirigió resueltamente al abordaje de la nave Capitana de Romarate, pero el práctico de a bordo fue alcanzado por un disparo mortal y la nave de Brown varó a tiró de fusil de la costa, recibiendo los fuegos de los buques de Romarate y del cañón de la isla que le causaron en total 82 impactos, varios rumbos en el casco e importantes averías en la arboladura. Sólo en la "Hércules" cayeron 45 tripulantes muertos, mientras que el número de heridos fue más del doble. Realmente se salvó del hundimiento debido a que con las sombras de la noche cesó el cañoneo. Las horas nocturnas también permitieron a Brown palletear su nave. Al día siguiente, cuando ya había comenzado el cañoneo, el azar cambió el destino del buque de Brown, dado que la marea permitió que la nave zafara de  varadura, alejándose río abajo donde también varó momentáneamente en el banco de Las Palmas, para finalmente proseguir navegando para Colonia del Sacramento, puerto en el cual brindó atención a sus heridos. Los restantes buques mayores de Brown fueron rechazados por las fuerzas de Romarate. Previamente, las naves menores de Brown que tenían por misión atacar por retaguardia, fueron rechazadas enérgicamente por las cañoneras enemigas que aprovechando su gran movilidad, dejaron rápidamente fondeadero y se dedicaron a desbaratar el ataque secundario.

             Romarate comunicó su triunfo al Apostadero de Montevideo y solicitó el envío de la escuadrilla de Primo de Rivera con la corbeta "Mercurio" de 32 cañones, a fin de buscar un combate definitivo con las fuerzas de Brown. No obstante, a pesar que los refuerzos zarparon ambas divisiones nunca pudieron reunirse. Brown no perdió tiempo alguno en reorganizar sus fuerzas y reparar en Colonia las averías mayores de la "Hércules". De hecho, en la madrugada del 15 de marzo (4 días después del combate), Guillermo Brown desembarcó en la zona SE de la isla Martín García con 240 soldados y marineros, reduciendo la pequeña guarnición española de la misma y capturando la batería, municiones, provisiones y otros pertrechos.

                        La isla estaba poblada por un considerable número de niños, mujeres e inválidos, siendo que muchos de estos últimos murieron en la resistencia al desembarco. Una vez consolidada la posición en la isla, Brown efectuó un intento de persecución de las naves de Romarate que se encontraban en proximidades, no obstante éste se alejó navegando río arriba hasta fondear frente a la isla Dos Hermanas. Mientras tanto, la escuadrilla de Brown encabezada por la Hércules llevó a cabo el reabastecimiento y las reparaciones mayores en la ciudad de Colonia, no sin dificultades, pues Artigas trató de impedir el apoyo logístico; el caudillo oriental también fue acusado por Brown de haber facilitado el escape de Romarate.

     La noticia de la toma de la isla de Martín García causó una penosa impresión en los habitantes de Montevideo.            No obstante, puso en manos bonaerenses la llave de acceso al control fluvial, elemento que sería decisiva para aislar a las fuerzas de Romarate en el río. Se había dado un primer paso estratégico, a fin de lograr seguidamente el objetivo principal: Montevideo. Para ello, sería necesario eliminar las fuerzas navales que aún le restaban al Apostadero. Sin embargo, luego de la ocupación de Martín García y el alejamiento de la escuadrilla de Romarate aguas arriba, Brown ordenó explotar el éxito, en base a la seguridad de que sus enemigos casi no disponían de municiones. Pero tal presunción adolecía de inexactitudes, pues partidarios de Artigas suministraron víveres, pólvora y proyectiles.

             La persecución de las naves del Apostadero fue llevada a cabo por una escuadrilla compuesta por la sumaca Santísima Trinidad, bajo el comando del estadounidense Tomás Nother, quien también estaba a cargo de toda la fuerza; la balandra Carmen comandada por Samuel Spiro; la goleta Fortuna al mando de Pablo Zufriategui; la cañonera Americana mandada por Francisco Seguí, futuro héroe de Juncal, y los faluchos San Martín y San Luis. Las fuerzas de Romarate eran las mismas de Martín García y sumaban 32 cañones con aproximadamente 325 hombres, contra 41 cañones y alrededor de 260 integrantes de la dotaciones de la escuadrilla del Comandante Nother.

             El 28 de marzo de 1814, Romarate fondeó con sus naves en proximidades del arroyo de la China, pequeño curso de agua situado al sur de Concepción del Uruguay. Ese mismo día, en horas de la mañana desembarcó a entrevistarse con Fernando Otorgués, quien consiguió suministrarle algunos víveres. Al mediodía, mediante un tiro de cañón fue avisado del avistamiento de los buques de Nother que venían remontando el río. Inmediatamente se largó para a bordo, encontrándose a su arribo con los buques acoderados y listos para el combate, gracias a las eficientes medidas tomadas por su Segundo en Comando, el Teniente de Fragata Ignacio Reguera.

             Los bonaerenses no se hicieron esperar y se lanzaron al combate, con la esperanza que sus enemigos consumieran rápidamente su escaso stock de municiones. Acercándose a distancias muy cortas y efectuando continuas bordadas, se entabló una feroz lucha que cobró muchas víctimas en la Santísima Trinidad, entre los que cayó mortalmente herido el Comandante Nother. Esta nave varó y luego zafó, gracias a los ingentes esfuerzos de sus tripulantes al mando de su segundo de a bordo, apoyado muy especialmente por un humilde artillero, que luego demostraría ser un destacado marino; nos referimos al Coronel de Marina Leonardo Rosales. 

            Durante el desarrollo del combate el Comandante de la balandra Carmen, voló su buque después de haber quedado varado y en situación muy comprometida. La explosión causada por el propio Spiro cegó su vida, prefiriendo antes morir que entregar su buque. El resto de las naves bonaerenses estaban muy averiadas y con muchas pérdidas de vidas y heridos, motivo por el cual se retiraron del escenario de combate dirigiéndose a Buenos Aires. Las fuerzas de Romarate habían obtenido una nueva victoria, en gran medida lograda por la superioridad de sus artilleros y los conocimientos profesionales navales de sus dotaciones de oficiales de mar.

            El cambio de frente a nivel estratégico a partir de estos últimos acontecimientos sería capital, pues contra la postura inicial del gobierno bonaerense de continuar combatiendo al victorioso Romarate en los ríos, el Comandante Brown sostuvo la posición de llevar a cabo el bloqueo de Montevideo y buscar dar combate a la escuadra principal del Apostadero en las inmediaciones del mismo, concentrando todos los esfuerzos en una gran batalla y aprovechando el embotellamiento de los buques de Romarate en el río.

             Brown, con gran visión, consideraba que la ciudad de Montevideo y la escuadrilla de Romarate sin los apoyos del Apostadero, estaban destinadas a una lenta agonía, para lo cual bastaría con el bloqueo y eventualmente la gran batalla. Finalmente, sus argumentos prevalecieron y en la tarde del 14 de abril de 1814, el pueblo argentino despedía a la escuadra al mando de quien sería su primer Almirante, don Guillermo Brown, largando insignia en la fragata "Hércules" junto a las corbetas "Belfast" , "Céfiro" , el bergantín "Nancy" y la goleta "Julieta", luego reforzada por la corbeta "Agreable", la sumaca "Santísima Trinidad" y el falucho "San Luis". El 20 de abril comenzó el sitio de Montevideo por mar, complementando al que soportaba por tierra a cargo de las fuerzas de Rondeau.

             Pronto recrudecieron en la ciudad las pestes y epidemias, escasearon como nunca los víveres y el Capitán general Gaspar de Vigodet llevó a cabo una junta con jefes y notables que resolvió alistar una escuadra llamando al reclutamiento forzoso para tripularla. Al frente de la misma se designó al Comandante General del Apostadero Capitán de Navío Miguel de la Sierra, quien inmediatamente elevó un oficio destacando la superioridad de los buques bonaerenses y la total falta de adiestramiento del personal que se puso bajo sus ordenes. No obstante, asumió la responsabilidad del Comando y salió a combatir con la insignia izada en el queche "Hiena", acompañado de las fragatas Neptuno y Mercedes, las  corbetas Paloma y Mercurio, los bergantines Cisne y San José, la goleta María, la balandra Corsario, el lugre San Carlos y el falucho Fama. En total alrededor de 1100 hombres y 155 diversos cañones, contra 1250 hombres y 147 cañones de los buques bonaerenses. Las fuerzas eran relativamente parejas en material. No así en adiestramiento de su personal, donde los montevideanos se vieron forzados a embarcar personal sin experiencia alguna de mar.

             Luego de 24 días de bloqueo de la ciudad, el 14 de mayo de 1814 las fuerzas del Apostadero se hacen a la mar buscando entablar combate, mientras que Brown ejecuta una falsa maniobra de alejamiento llevando a sus adversarios por un par de horas con rumbo general este, hasta que la Hércules vira y sostiene un corto duelo artillero con la Mercurio, sin consecuencias de importancia. Sin embargo, el San Luis fue apresado por las fuerzas del Apostadero y enviado a puerto de Montevideo. Las escuadras recibieron la noche al sur del Buceo, muy cerca entre sí esperando que soplaran vientos para entrar en lisa. Esta noche desaparece navegando hacia el Banco Inglés el Hiena con el Jefe de la escuadra Capitán Miguel de la Sierra.

             Al día siguiente el Capitán José de Posadas se hace cargo de la escuadra, pues el Hiena aun estaba algo separado, no obstante la calma no permitió a los contendientes efectuar maniobra alguna. Recién en la noche del 16, Brown cayó con la Hércules entre la Neptuno y la San José, entregándosele este último como también lo haría luego el Neptuno y la Paloma. El resto de los buques del Apostadero procuraron ingresar a Puerto, iniciándose la persecución y posterior captura de la goleta María y la varadura del bergantín Cisne y la balandra Corsario, inclusive la Hércules persiguió a la Mercurio hasta el pie de las baterías de Montevideo con total naturalidad frente a la mirada de confusos montevideanos, que por momentos  sospecharon que el buque bonaerense había sido capturado, hasta que Brown ordenó desplegar su desafiante pabellón en plena Bahía de Montevideo.

             Finalmente, el Hiena y otros buques del Apostadero lograron ingresar a Puerto burlando el bloqueo. No obstante, cuatro buques, 37 oficiales y 380 marineros y personal de tropa cayeron prisioneros otorgándole a Brown una victoria categórica, reduciéndose sus pérdidas a sólo cuatro hombres y   el falucho San Luis. Inmediatamente, se dispuso un férreo bloqueo a Montevideo, que definitivamente cayó en manos de las tropas de Alvear el 23 de junio de 1814.

                        La caída de Montevideo produjo como consecuencia la entrega al Director Posadas de Romarate y sus buques que se encontraban en los ríos, como así también del Establecimiento de Carmen de Patagones, que desde la captura del Hiena estaba en manos de españoles y criollos que respondían al Apostadero.

La caída de Montevideo resultó ser uno de los acontecimientos más trascendentes del proceso separatista iniciado en Buenos Aires y quitaba definitivamente a España el dominio de las aguas en el Atlántico Sud-Occidental, colaborando en la aceleración del proceso de balcanización de América y de la rotura del orden establecido.

             Dice el Teniente de Navío Homero Martínez Montero al respecto:

"Sin la acción del Apostadero, impidiendo la adhesión de la Banda Oriental a la Junta Bonaerense, no habría existido ocasión para el surgimiento del artiguismo que es, no sólo la historia de la República Oriental -  y que historia ! sino, en buena parte, la razón y la acción del federalismo argentino".

             Hace algunos años un Ministro de Marina español de visita en la Escuela Naval de Río Santiago de Argentina, se refería a ésta época con tan sencillas palabras como las siguientes:

"Los sociólogos, los políticos, los economistas, y hasta los filósofos, dirán lo que quieran de éste hecho histórico de la independencia; para mí no es sino el parto - y por lo tanto doloroso - de veinte naciones, tan hermanadas a la mía que hoy podemos entendernos en la misma lengua, pensando análogamente y al abrazarnos sentir lo fraterno en los latidos de corazones generosos y honrados".

             Señores, este tal vez pormenorizado relato que enfatiza la última etapa del Apostadero, quiero cerrarlo con el homenaje a dos hombres de mar, un vizcaíno ejemplo de honor, firmeza y probidad, que luego de prestar inmejorables servicios combatiendo por la causa de su Patria en aguas del Plata y sus afluentes, alcanzó el mas alto empleo en la Marina de España, al ocupar como Brigadier de Marina la Jefatura de la Escuadra en 1835, además de haberse desempeñado como Brigadier General y Jefe Político de Cádiz, Secretario de Estado y ser electo Procurador a Cortes por Vizcaya. Me refiero a Jacinto de Romarate, a quien el deber del Apostadero de Montevideo puso frente a la naciente Armada Argentina y que el Almirante Brown calificara como: "el enemigo mas bravo con que tuvo que habérselas en todas sus campañas".

             En segundo término, quiero referirme a quien a pesar de no ser siempre triunfador, también sólo conoció el comportamiento ejemplar digno de los caballeros vencedores, que saben despreciar la bajeza de quienes aprovechan las circunstancias. A mediados de 1814, inválido, caminando con muletas a raíz de sus heridas en combate, el Cabildo de Buenos Aires en pleno, lo agasajó por su brillante victoria en el Combate del Buceo. Posteriormente, también llevaría entre otros el laurel victorioso de Juncal. En verdad, el Almirante Guillermo Brown estaba comprometido con un destino que no sabía de pausas. Su sitio estaba en el puente de la Hércules, dirigiendo el combate por lo que el sentía su deber. No en vano es el héroe naval, primer Almirante y Padre de la Armada Argentina.

             Que el ejemplo del Brigadier de Marina Romarate y el Almirante Brown constituyan prenda permanente de que, por encima de todo, en la vida, es preciso proceder con esa caballerosidad, hidalguía y grandeza de espíritu, que trasciende lo circunstancial y hace que sea un honor rendir homenaje a aquellos que un día, porque la providencia lo quiso, pudieron ser nuestros enemigos en combate.

 
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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