Historia y Arqueología Marítima

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APOSTADERO DE MONTEVIDEO 220 AÑOS DE SU FUNDACION

1776 - 9 de agosto - 1996

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Publicado Por la Academia Uruguaya de Historia Maritima y Fluvial, 1997

Indice Prologo Politica Internacional en la Época El Sistema Geoestrategico Español El equlibrio naval
El Apostadero de Montevideo y las Islas Malvinas El Montevideo del Apostadero Aspectos comerciales y politicos del Apostadero. Montevideo visto desde el Mar Los Gobernadores y el Apostadero
Sus Comandantes Los Ingenieros de Marina Las operaciones Britanicas y Españolas en el Plata 1806-7 Las Batallas del Apostadero  

PROLOGO 

Palabras pronunciadas por el Presidente de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, Capitán de Navío (CG)(R) Juan José Fernández Parés, el 9 de agosto de 1996, en la Sede del Apostadero de Montevideo, en celebración de los 220 años de su fundación, habiéndose colocado en la ocasión una placa alusiva. 

            Don Homero Martínez Montero, Oficial de la Armada Nacional de nuestra Patria, autor del libro "El Apostadero de Montevideo, 1776 - 1814", que se diera a la estampa en Madrid en 1968, y que fuera prologado por el Contralmirante don Julio F. Guillén, Director del Instituto Histórico de Marina, Secretario Perpetuo de la Real Academia de la Historia, del Reino de España, en la parte final del citado exordio expresaba: "El presente libro no es solo historia pura sino también crítica atinada de lo que siempre ocurre cuando se olvida el viejo aforismo de que las campañas en tierra se ganan en la mar".

            De esta obra histórica, base sólida para el conocimiento del Apostadero de Montevideo, anotamos las referencias de defensa de las Malvinas y del Río de la Plata.

            - A partir de la instauración del Apostadero de Montevideo, con su triple cometido de defensa: de las islas Malvinas, del pasaje del Atlántico al Pacífico y del Río de la Plata, hasta su desaparición en junio de 1814, al verificarse el fin del dominio español en la Banda Oriental cuando el Gobernador de Montevideo, Mariscal de Campo Gaspar Vigodet transpone con sus tropas el portón de la Plaza montevideana, habían pasado casi treinta y ocho años de la existencia del Apostadero, marcando la fuerte gravitación de la impronta española y muy en   particular de sus hombres de mar. -

            En cuanto a la ubicación física de la Sede del Apostadero y sus funciones nos ilustra el libro "La conservación de los monumentos históricos nacionales" del entonces Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social, a cargo del Profesor don Juan E. Pivel Devoto, del cual citamos:

            "La historia del puerto de Montevideo y de la marina en el Río de la Plata desde la época de la dominación española hasta fines de la Guerra Grande, es inseparable de la historia del Apostadero Naval Español, edificio que después fue nuestra primera Aduana y Oficina de Correos Nacional.

            Estas construcciones de origen colonial, conocidas también como "Barracón de la Marina", han venido a quedar enclavadas tras el edificio que ocupa la sede central del Banco de la República. El frente de lo que fue el Apostadero da a la calle Zabala entre Piedras y la Rambla Roosevelt y tiene una faja de habitaciones orientadas casi en sentido paralelo a la última arteria.

            En 1770 desde este lugar se pertrecharon las seis naves destinadas a desalojar a los ingleses de su establecimiento oculto en las Malvinas.

            Con posterioridad ese edificio fue definitivamente sede del Apostadero Español del Río de la Plata, Patagonia y Malvinas. Desde allí salieron durante cuarenta y cuatro años -todo el período colonial - los capitanes de corbeta que ejercieron el gobierno de aquellas islas. En un estudio, Jorge Tito Naser da a conocer pormenores sobre la existencia del Apostadero, jalonado de gestas heroicas.

            En 1776 junto a los primitivos barracones se levantó un edificio de mampostería de dos plantas. El Ingeniero Rodríguez Cardozo proyectaba por entonces las murallas, fortificaciones y baluartes de Montevideo y a esta construcción también se le pensaba dar un carácter militar. La obra quedó concluida cuando se esperaba el grueso de la expedición de Ceballos que estaba por arribar con sus 116 naves de guerra y transporte de tropas a Montevideo.

            Esta flota fue la más grande que España envió al nuevo mundo y sus hazañas la cubrieron de gloria. Desde el Apostadero zarparon naves, durante muchos años, para librar los rudos combates en los que la flota española defendía sus posesiones en el sur de América. También salieron de allí tripulaciones a desafiar el embravecido Río de la Plata - al que llamaban en la época "El Infierno de los Marinos" - para arrancarle sus víctimas. Muchas veces esas tripulaciones pagaron con la vida el precio de sus heroicas acciones.

            También en el Apostadero tuvieron sus despachos los gobernadores marinos que reunían en sus manos los títulos más altos del gobierno español de esta Plaza: el de Gobernador y Comandante de Marina, funciones que desempeñaron sucesivamente don José Bustamante y Guerra y don Pascual Ruiz Huidobro.

            En 1805 cuando la flota británica comenzó a hacer estragos en los navíos españoles y llegó la noticia de que el primer Gobernador Comandante del Apostadero de Montevideo, don José Bustamante y Guerra, estaba preso en Inglaterra, su sucesor Ruiz Huidobro, apoyado fervorosamente por marinos y camaradas de ambos y bajo los auspicios del Virrey Sobremonte, comenzó a otorgar patentes de corso a cualquier embarcación que en Montevideo se ofreciera a luchar contra las naves inglesas. Los franceses que se sentían heridos por los resultados de Trafalgar, se sumaron a quienes iban a ofrecer sus servicios al Apostadero de Montevideo.

            En 1806 los navíos de guerra al mando del Comodoro Pophan llegan al Río de la Plata para tomar por sorpresa la capital del Virreinato. El poder inglés se dirigía a aplastar la cabeza del gobierno desde el cual Sobremonte patrocinaba la acción del Apostadero de Montevideo. Las tropas de Beresford ocuparon por sorpresa Buenos Aires, pero aquel mismo año, gracias al heroísmo de los hombres que defendían su hermana, la ciudad de Montevideo, la capital virreinal era reconquistada y liberada.

            En 1807 la flota inglesa retorna, pero esta vez apuntando su objetivo directamente hacia la Plaza Fuerte y el Apostadero Naval Español de Montevideo. Las fuerzas británicas barrieron parte de las fortificaciones y hasta destruyeron muchas casas, en el sangriento asalto del 3 de febrero de 1807.

            Al caer al fin la ciudad tras una resistencia heroica de las fuerzas de tierra y las naves del Apostadero, en este edificio se instalaron los capitanes, oficiales y marinos ingleses que dirigieron desde ese lugar su flota, durante la ocupación.

            En las postrimerías de la dominación española fueron asentistas del Apostadero, don Mateo Magariños y don José Batlle Carreó proveyendo éste último de su Molino de la Aguada, con harina, galletas y fideos a los marinos españoles, durante los turbulentos años que siguieron a las Invasiones Inglesas y que culminaron con el sitio por parte de las fuerzas patriotas y la caída de la Plaza a manos de las tropas de Alvear en 1814.

            Durante el período de la "Patria Vieja", Artigas instaló en el secular edificio, la Aduana y Comandancia de la Marina de la naciente patria oriental y en este lugar se extendieron las primeras patentes a los corsarios del héroe. También funcionó en esos locales la Primera Oficina de Correos.

            En el transcurso de la Guerra Grande frecuentaron los aposentos del edificio, el Jefe Naval de Montevideo, don José Garibaldi, y sus huestes, los miembros de la Legión Italiana. Allí organizó las tripulaciones de su flotilla de combate. El ex Apostadero sirvió de Aduana de Montevideo hasta 1852.

            Posteriormente el Estado, apremiado por estrecheces económicas, loteó la manzana de esta histórica construcción. Quedó en pie el frontón sobre la calle Zabala y más de la mitad del cuerpo central edificado en la época del Virrey Ceballos, con su arquería similar a la de la Ciudadela. La familia Figari compró este lote histórico que no dejó de ser ajeno a su destino de servir a las actividades del mar. En los locales subsistentes, toneleros del puerto instalaron sus oficinas y talleres de reparaciones.

            Más tarde, la Comisión de Monumentos Históricos por iniciativa de uno de sus miembros, el Profesor Juan E. Pivel Devoto, y los arquitectos del Municipio, se preocuparon de la conservación del ex Apostadero.

            El 25 de mayo de 1965, el Concejo Departamental de Montevideo dispuso "conservar y poner en valor" el edificio. Meses después la Directora Interina del Museo Histórico Nacional, Profesor María Julia Ardao, sugirió al Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social que el edificio de la Aduana y Apostadero formara con la Casa de los Ximénez y las Bóvedas, ya incorporadas a aquel organismo, una unidad museística y que a ese conjunto se le aplicara el mismo fin previsto en la resolución del Poder Ejecutivo de 1946, "evocar la tradición de la ciudad de Montevideo, Plaza Fuerte y Puerto del Mar". De esta manera se formaría "un barrio histórico compatible con la edificación moderna impuesta por la evolución de la ciudad, en el que armonicen pasado y presente".

            El 9 de noviembre de 1966 el Poder Ejecutivo resolvió adquirir el edificio que ocupara la primitiva Aduana de Montevideo y el Apostadero, a la Comisión Financiera de la Rambla Sur, quedando dicho edificio bajo la jurisdicción del Museo Histórico Nacional".

            Cuando la Comisión Directiva de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, se propuso el pasado año, por iniciativa del Académico Directivo, Dr. don Carlos Bauzá, nominar a su primer Ciclo de Conferencias, "Apostadero de Montevideo - 220 años de su fundación", varios Académicos, diez a la fecha, presentamos nuestras conferencias que en actos públicos relevaron la vida, funciones y acontecimientos del Apostadero y sus entornos; tomamos respetuosamente citas de esos textos:

            El Académico Doctor don Daniel Castagnin, expresó:

            "Su erección no fue casual, sino que constituyó el verdadero remate de todo un sistema colosal que abarcó la gestión sostenida de los grandes Ministros de Marina e Indias que tuvo la Corona Española en el Siglo XVIII: Patiño, Ensenada y Gálvez. la continuada  labor de estos tres Secretarios de Estado permitió articular un mecanismo militar que tuvo un efectivo poder disuasorio frente a potencias más poderosas que la propia España, tanto en el campo marítimo como en el militar".

            Del Académico Doctor don Juan Oribe Stemmer:

            "La decisión de establecer el Apostadero de Montevideo fue uno de los resultados de los profundos cambios estratégicos, económicos y, sobre todo en las mentalidades, que se estaban produciendo, tanto dentro del Imperio español, como en el más amplio escenario internacional de la época".

            El Académico Escribano don Juan Antonio Varese, se refiere así a Montevideo:

            "Ya por fines del siglo XVIII Montevideo había cobrado importancia, tanto por las fortificaciones como por el aspecto edilicio , que << daba agradable golpe de vista>>, como lo atestiguaron los Diarios de Viaje de la época.

El fuerte de San José defendía la entrada de la bahía, mientras que la imponente Ciudadela, terminada hacia 1780, dominaba la línea de las murallas por el lado de tierra.

            El Académico Profesor don Alejandro Bertocchi Morán nos ilustraba:

            "Antonio Camino, Gabriel Guerra, Francisco Idiáquez de Borja, Santiago de Hezeta, Ramón de Clairac, Antonio Basurto, José de Orozco, Antonio de Córdova, José Adorno, José de Bustamante y Guerra, Pascual Ruiz Huidobro, José María Salazar y Miguel de la Sierra, son los ilustres marinos que ostentaron el título de Comandantes. Dos de estos: Bustamante y Guerra, y Pascual Ruiz Huidobro, alcanzaron la gobernación política y militar de Montevideo y este último hasta la categoría de Virrey".

            Del Académico Doctor don Walter Rela:

            "Desde la fundación del Apostadero Naval (1776) hasta la capitulación de Vigodet (1814), 6 gobernadores tuvo Montevideo, y 10 virreyes el Río de la Plata. (citemos a los gobernadores)

1- D. Joaquín del Pino (1773 - 1790)

2- D. Antonio Olaguer y Feliú (1790 - 1797)

3- D. José Bustamante y Guerra (1797 - 1804)

4- D. Pascual Ruiz Huidobro (1804 - 1807)

5- D. Francisco Xavier de Elío (1807 - 1810)

6- Mariscal D. Gaspar de Vigodet nombrado por la  Regencia Gobernador de Montevideo (ste. 1810)

* Gaspar de Vigodet firma la Capitulación de Montevideo (junio 1814)

* Alvear en Montevideo. Fin del dominio español en el Río de la Plata (junio 25 - 1814)".

            Del Académico Dr. don Carlos Bauzá:

            "Entre las numerosas responsabilidades funcionales que correspondieron al apostadero hubo varias que requirieron por su naturaleza estrictamente técnica, la participación especializada de ingenieros de Marina. Entre otras, la carena y construcción naval, el armado en guerra de barcos mercantes, evaluación de la navegabilidad, así como medidas, arqueos y tasaciones de embarcaciones apresadas o embargadas.  Estos técnicos se formaban profesionalmente en la Escuela de Ingenieros de Marina, fundada por Carlos III en 1772 ..." 

            El Académico Ingeniero don Adolfo Kunsch, así expresó:

            "El Apostadero se implanta y opera en el puerto y la ciudad de Montevideo durante los últimos 38 años de la dominación española, durante los cuales la población creció de 4.270 almas en 1778 a 8.000 en 1810.

Casi al mismo tiempo que el Apostadero, el Rey Carlos III, instituye el Virreinato del Río de la Plata, elevando con ello la categoría de esta zona, que se transforma en el nudo de comunicaciones y transportes entre España y el cono sur del continente americano".

            Del Académico Licenciado don Julio César Cotelo:

            "Este Apostadero, institución hispana, exhibe sus magnitudes en una Historia simultánea: española, americana, y dentro de esta, oriental.

La institución más importante que hizo funcionar España para la Banda Oriental, se nos muestra en un corte que nuestra historiografía no había hecho público".

            El Académico Capitán de Fragata don Alberto Caramés, nos dijo:

            "La escuadra del Apostadero al mando del Capitán de Navío Luis de la Sierra fue derrotada y posteriormente cayó la ciudad de Montevideo. Mientras tanto Romarate victorioso en los ríos, sin el Apostadero, no le quedaba otra alternativa y rindió su espada al Director Posadas".   "El Apostadero había desaparecido pero como dijo Homero Martínez Montero: Sin la acción del apostadero, impidiendo la adhesión de la Banda Oriental a la Junta bonaerense, no habría existido ocasión para el surgimiento del artiguismo que es, no sólo la historia de la República Oriental -  y que historia! - sino, en buena parte, la razón y la acción del federalismo argentino".

            El Académico Escribano don Ruben Alvarez Massini, así expresó:

            "Siempre quedó claro que el lugar donde se decidirían los acontecimientos sería Montevideo, pues era la plaza fuerte por excelencia. Se le reconocía como suficientemente defendida por mar, pero bastante mal fortificada por tierra. No obstante su ubicación y la geografía circundante impedirían un sitio completo, permitiendo un relativamente fácil contacto con el interior del país de donde vendrían abastecimientos y refuerzos. En general se sostenía, quizás no muy erradamente, que una resistencia prolongada por parte de la plaza debía estar acompañada por grandes masas de fuerzas montadas en la campaña. Estas hostilizarían la retaguardia del enemigo, quién combatiendo en dos frentes y sin abastecimientos locales terminarían por agotarse y abandonar el lugar".   

            Señoras y Señores, en sentido homenaje, a la celebración de los 220 años de la fundación del Apostadero de Montevideo con la anuencia  comprensiva de las Autoridades del Ministerio de Educación y Cultura y de sus Direcciones del Museo Histórico Nacional, y de la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación, venimos a descubrir un recordatorio que nos distingue como orientales y estudiosos de la historia marítima y fluvial nacional y universal.

            Al decir de nuestro excelso historiador, marino y Canciller, Teniente de Navío, don Homero Martínez Montero:  "... la existencia del actual Estado Oriental se debe en buena parte a la marina española; se debe al mar que hizo posible su asentamiento en Montevideo …”. 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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