Historia y Arqueología Marítima

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Publicado Por la Academia Uruguaya de Historia Maritima y Fluvial, 1997

Indice Prologo Politica Internacional en la Época El Sistema Geoestrategico Español El equlibrio naval
El Apostadero de Montevideo y las Islas Malvinas El Montevideo del Apostadero Aspectos comerciales y politicos del Apostadero. Montevideo visto desde el Mar Los Gobernadores y el Apostadero
Sus Comandantes Los Ingenieros de Marina Las operaciones Britanicas y Españolas en el Plata 1806-7 Las Batallas del Apostadero  

 

 Académico Capitán de Navío (R) JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ PARÉS           

            Desde aquel 24 de diciembre de 1726, cuando el Capitán de Caballos Pedro Millán, encargado de los gastos de guerra del Puerto de Montevideo, comisionado por el Gobernador y Capitán General de las provincias del Río de la Plata, don Bruno Mauricio de Zabala, procede a dar cumplimiento al acto de creación de la Ciudad de San Felipe de Montevideo hasta el 9 de agosto de 1776 que por Real Orden firmaba en San Ildefonso dispuso la creación del Apostadero de Montevideo, faltaban cuatro meses y medio para que Montevideo cumpliera su primer medio siglo de vida.

            A partir de la instauración del Apostadero de Montevideo, aquel 9 de agosto de 1776 con su triple cometido de defensa de las islas Malvinas, del pasaje del Atlántico al Pacífico y del Río de la Plata, hasta su desaparición en junio de 1814, al verificarse el fin del dominio español en la Banda Oriental cuando el Gobernador de Montevideo, Mariscal de Campo Gaspar Vigodet transpone con sus tropas el portón de la Plaza montevideana, habrían pasado casi treinta y ocho años de la existencia del Apostadero, marcando la fuerte gravitación de la impronta española y muy en particular de sus hombres de mar.

            Montevideo durante esos casi treinta y ocho años había sido protagonista de relevantes acaecimientos que hoy pretendemos exponer algunos de ellos, con la finalidad de encontrarnos con el "Montevideo del Apostadero".

            Esta relación de hechos, crónicas de estas Ciudad referirán los sucesos por orden del tiempo, como forma de ir ordenadamente conociendo la vida y milagros del Montevideo y de los montevideanos de entonces. 

La corrida de toros y sus beneficios

            Los españoles eran muy aficionados a los toros, y se quiso utilizar ese divertimiento en beneficio del arreglo de las calles que carecían completamente de empedrado, en el tercer cuarto del siglo pasado.

            Con ese fin, en el año 1776 se construyó una Plaza de Toros en el gran despoblado que existía al oeste de la ciudad entre el cuartel de Dragones y las casas conocidas por de Juan Soldado, a espaldas del que, 12 años después, fue el primitivo Hospital de Caridad.

            El constructor fue un don Sancho, español, que hizo de picador en la cuadrilla de aficionados, y un Cosme de Banderillero.

            Se dieron dos corridas, destinando su producto al arreglo de las calles intransitables.

            Pasaron muchos años sin que volviera a repetirse esa clase de función en Montevideo, hasta 1823, en tiempo de los lusitanos, en ocasión de celebrarse la proclamación de la constitución portuguesa en Oporto.

            Los toros entraron entonces en el programa de las fiestas públicas, pero ya no fueron en el descampado del cuartel de Dragones, sino en la Plaza de la Matriz.

            Para hacer la diversión más entretenida, se colocaba un muñeco en medio de la plaza, para que el toro lo embistiese.  Dentro de un pipa vacía, se metía un hombre, y el toro lo llevaba rodando a topadas con el viviente dentro.  A la voz de a la uña! cargaban todos sobre el toro y lo despachaban. 

Deslinde y nomenclatura de las calles

            Después de medio siglo de fundado Montevideo, se efectuó el deslinde y nomenclatura de sus calles.  Comprendía siete calles laterales y trece transversales.  En 1778 se dio nombre a las calles, tomados de los santos del calendario.  Esa nomenclatura subsistió sin variación por el espacio de 75 años hasta 1843 en que se dio nueva nomenclatura, con otras variaciones posteriores. 

       Nomenclatura  Antigua y Actual

                     San Telmo           25 de Agosto

                     San Miguel          Piedras

                     San Luis            Cerrito

                     San Pedro           25 de Mayo

                     San Diego           Washington

                     San Gabriel         Rincón

                     San Carlos          Sarandí

                     San Sebastián       Buenos Aires

                     San Ramón           Reconquista

                     San Antonio         Juan L. Cuestas

                     San José            Guaraní

                     Santo Tomás         Maciel

                     San Vicente         Pérez Castellanos

                     San Benito          Colón

                     San Agustín         Alzáibar

                     Santiago            Solís

                                         1 de Mayo

                     San Francisco       Zabala

                     San Felipe          Misiones

                     San Joaquín         Treinta y Tres

                     San Juan            Ituzaingó

                     San Fernando        Juan Carlos Gómez

                     Del Pilar           Bartolomé Mitre 

Aduana en Montevideo

En agosto de 1778 se instaló la aduana en este puerto.  La misma estuvo dirigida por José F. de Sostoa, quien ya había realizado las tareas preparatorias para su función. La instalación de una aduana en Montevideo (que hasta hace pocos años apenas tenía un teniente del rey para cobrar algunos impuestos) ha sorprendido gratamente a los comerciantes del lugar.

            La noticia es buena, y así comentaban algunos comerciantes:  "Significa que podremos comerciar libremente con el exterior, igual que cualquier otro puerto del Imperio.  Las mercaderías que hasta hoy llegaban aquí, lo hacían recorriendo todo el virreinato:  primero atravesaban el Alto Perú, luego las provincias del norte, la aduana de Córdoba, Buenos Aires y finalmente Montevideo.  El encarecimiento de estos artículos los volvía prohibitivos.  Aquí no existe gente con el poder económico de los mineros de Potosí, así que intentar vender algo en Montevideo era más difícil que encontrar oro. Ahora, con la aduana, esperamos vender normalmente nuestros cueros y sebo , y poder comprar lo que necesitamos a un precio más sensato que el que debíamos pagar hasta ahora.  Esto es como una segunda fundación de Montevideo",  concluían. 

La primitiva Aduana

            En el año 1779 comenzó la construcción del edificio de la primitiva Aduana, en donde forman hoy esquina las calles Piedras e Ituzaingó.  La portada principal miraba al norte, teniendo otra puerta de salida al este. Al frente, el espacioso patio cuyo fondo venía a quedar próximamente donde se hallaba el Teatro Cibils. Ese viejo, pero sólido edificio sirvió de Aduana hasta el tiempo de los portugueses. Después se dio de baja, mudándose la Aduana al antiguo Barracón de la Marina, inmediato a San Francisco, previas las reformas consiguientes para el servicio a que se destinaba. Esa fue nuestra Aduana hasta el año 1852, en que se construyó la valiosa Aduana Nueva, que es en la actualidad una de las obras que reflejan el progreso de Montevideo. 

No más toreo

            En marzo de 1780, la plaza de toros que se levantara en esta ciudad se dispone a efectuar sus últimas corridas. El lugar que ocupa será utilizado para levantar el nuevo Hospital de Caridad, y la última corrida se dedicará a recoger fondos para la obra. 

Están desapareciendo los indígenas?

            En setiembre de 1780, los relatos de los viejos pobladores de esta ciudad hablan de la permanente presencia de indígenas en las inmediaciones, y aún en la misma ciudad. Sin embargo, últimamente se los ve muy poco y es raro encontrarlos en la jurisdicción. La gente se pregunta si se están extinguiendo. Uno de los montevideanos más acostumbrados a tratar con ellos aclaró sobre el punto.

            "No se trata tal vez de la extinción, sino que se van retirando hacia el interior. No olvide que son nómades y además aprecian poco nuestra compañía: en la medida en que nosotros nos afincamos, ellos oponen resistencia para guardar la distancia y luego se retiran. Ahora se los encuentra en la zona de Castillos y también al norte del Río Negro y en la Banda  Occidental del Uruguay. Pero por estas zonas se encuentran muchos guaraníes y tapes de las antiguas misiones".

            A pesar de las apariencias, las diferencias entre los indígenas de esta Banda y de los nativos de las misiones es notoria para los que han podido conocerlos. "La vida en las misiones deja una marca permanente en los indígenas: si se acostumbraron a ella, pueden integrarse en alguna población española. Pero generalmente encuentran un fuerte rechazo entre los cristianos viejos. Por eso, muchos se vuelven al campo, no a reiniciar su vida nómade, sino que se dedican al bandidaje, adoptando los vicios de los mestizos, pero aumentados: beben alcohol descontroladamente y pueden llegar a ser terriblemente crueles. Los indígenas que nunca conocieron las misiones, en cambio, tienen hábitos diferentes. En algunos aspectos nos parecen más bestiales: se mutilan un dedo cuando muere un pariente y si se trata de un pariente cercano tienen un complejo ritual de mortificación: se clavan trozos de cañas en el cuerpo. También se perforan el labio inferior para incrustarse un adorno. Pero en otros aspectos tienen formas de vida que nosotros deberíamos aprender. Las peleas entre ellos no pasan de empujones y golpes de mano, hasta que alguno de los contendientes se retira. No crea por esto que si tienen problemas con alguien fuera del grupo, las cosas serán tan fáciles: prefiero enfrentarme con un gato de monte que con un minuán embravecido. Por lo demás, sus costumbres son como las nuestras: las mujeres se encargan del trabajo doméstico mientras los hombres se dedican a cazar y traer alimento, y el marido es el jefe de la familia. Igual que entre nosotros, son las mujeres las que hacen las tareas más pesadas." 

Llegan comisionados

            En mayo de 1781, llegó a este puerto la fragata portuguesa "Santísimo Sacramento".  En ella vienen los comisionados encargados de la demarcación de los límites establecidos en el Tratado de San Ildefonso.  La misión al mando de José Varela y Ulloa, cuenta entre sus miembros a un joven oficial de Ingenieros, Félix de Azara, de 35 años, de quien se cuenta que estuvo al borde de la muerte en Argel; herido por una bala de cobre, fue salvado por un soldado que se la extrajo con un cuchillo, en medio del combate y sin ningún tipo de anestesia. 

Extraordinario cargamento

            En marzo de 1781, veinticuatro buques cargados con 432.000 cueros vacunos partieron hoy del puerto de esta ciudad rumbo a España. " No todo lo embarcado corresponde a productos de esta tierra", dijo un comerciante. " Claro que la gran mayoría son cueros vacunos, pero hay también pieles de lobos y de tigres, lana de vicuña del norte, bolsas de lana ordinaria, pieles de chinchilla, planchas de cobre, paquetes de cacao, marquetas de sebo, cera, doblones de plata y de oro y hasta barbas de ballena". 

Montevideo: ciudad de cueros

            El 5 de julio de 1783, abandonó el puerto de Montevideo la goleta  " Nuestra Señora de la Concepción", llevando consigo un cargamento de 10.380 cueros . Lo excepcional de la situación ha dado también caracteres extraños a esta ciudad. " Hay en el puerto más de 80 buques de bandera francesa  que han buscado refugio. Por otro lado toda la ciudad parece un inmenso almacén de cueros, agregó el entrevistado. " Todos los lugares disponibles están mostrando pilas de cueros más altas que un hombre", exclamó un observador. La existencia de tantas pieles ha introducido algunos cambios en la vida de la ciudad. " Es asombrosa  la cantidad da ratas que hay por las calles. De noche se cruzan entre los pies de los viandantes. También hay un olor muy desagradable por las garras y restos de los cueros que hay tirados por las calles", dijo un vecino.   

Riquezas desaprovechadas

            Junio de 1783: "Los habitantes de este territorio no saben cuidar los animales de campo; si estuvieran en una región menos rica habrían terminado con toda la riqueza", dijo aquí un inmigrante agricultor. Tales declaraciones coinciden con las quejas reiteradas de varios funcionarios oficiales.

            " Resulta desconcertante ver como realizan la faena de cueros. Un grupo de 10 a 12 peones salen al campo. Uno de ellos se adelanta  con una cuchilla en forma de media luna enastada en un asta muy larga y va desjarretando los toros a la carrera. Los otros van sacrificando los animales que encuentran tirados en el suelo, les sacan rápidamente el cuero y los dejan estaqueados en el mismo lugar, o los llevan para hacerlo en la estancia. Lo único que aprovechan del animal es este cuero y el sebo; el resto queda abandonado en el campo. Cuando veo todos los despojos tirados, pienso en mis paisanos de Galicia, que trabajan todo el año para arrancar un mezquino sustento a la tierra, y aquí a la carne se la comen los perros salvajes", dijo el inmigrante. "La única razón por la que la ganadería no ha desaparecido en este país es que cada año se reproduce un cuarto de la riqueza existente, por lo menos, y es difícil matar en un año más de la cuarta parte de las vacas. Pero hay algunos que parecen dispuestos a exterminarlas todas de una sola vez, solo para beneficiarse con los cueros", concluyó. 

Montevideo exporta tasajo

            En diciembre de 1785, el capitán Juan Ros, nacido en Cataluña, regresó a Montevideo desde la Habana, donde había llevado un cargamento de carne salada. Según el capitán, la mercadería tuvo "muy buena aceptación", recibiendo muchos pedidos para otro viaje. " Aunque la carne salada no tiene aceptación entre nosotros, acostumbrados a la carne fresca, en Cuba es una solución estupenda para alimentar a los esclavos", dijo Ros.

            Cuando se prohibió la empresa ballenera, pero en cambió se liberó el comercio de sal por el Reglamento de 1778, el "saladero" se transformó entonces en un negocio permanente pero limitado, ya que solo abastecía a las flotas y al ejército. " Ahora se abre un nuevo mercado que puede hacer la prosperidad de esta industria, y ya se habla de la construcción de otros establecimientos en el arroyo Miguelete, mas cerca del puerto", concluyó el Capitán Ros. 

Murió última fundadora de Montevideo

            En febrero de 1787, falleció aquí doña Dominga Cabrera, última sobreviviente del grupo fundacional de esta ciudad . Dominga había llegado con el primer grupo de inmigrantes procedentes de las islas Canarias en compañía de su esposo Isidro Pérez de Rojas y Cabrera, y ya con tres hijas: Catalina, que entonces tenía nueve años, María, de tres y Juana, de pocos meses.

Enseñanza pública y cultura general

            Durante casi todo el siglo XVIII, Montevideo no tuvo otro centro de enseñanza que el Convento de San Bernardino de los P.P. Franciscanos, quienes abrieron su escuela de "primeras letras" en dicho lugar antes que lo hicieran los P.P. Jesuitas establecidos en la ciudad hacia 1745.  Expulsados éstos de los dominios españoles por Carlos III, en 1767, siguieron solamente los Franciscanos encargados de la enseñanza pública; ésta era paga, y por lo que respecta a la de "primeras letras" se reducía a educar la juventud en los "rudimentos de la fe católica, en las reglas del bien obrar, en el ejercicio de las virtudes, y en el noble arte de leer, escribir y contar".

            El maestro de Gramática, además de enseñar latín y retórica, daba lecciones sobre otras materias, tales como aritmética, geometría, astronomía, física experimental, que en cierto modo correspondía a una incipiente enseñanza media.

            En 1786, a instancias del Síndico Procurador de la ciudad, - visto que "los hijos de los vecinos de este pueblo se retraen de seguir la carrera literaria a causa de que teniendo por precisión que pasar a Buenos Aires para cursar los estudios mayores de filosofía, éste es un obstáculo que los separa de aquel beneficio" - fue creada la Cátedra de Filosofía, a cargo de los P.P. Franciscanos; y en 1790, por similar instancia, fue erigida la de Teología, también a cargo de los mismos religiosos.  A estas dos cátedras se redujo toda la enseñanza superior en el Montevideo colonial español.

En 1776, D. Mateo Cabral obtuvo permiso del Cabildo para abrir la primera escuela particular paga con que contó la ciudad. La primera escuela gratuita para niñas pobres fue fundada en 1795 por D. Eusebio Vidal y su esposa Da. María Clara Zavala, quienes la dotaron de sus propios bienes para sostenerla. Recién en 1809 el Cabildo estableció la primer escuela gratuita para niños. Libros había muy pocos en Montevideo colonial, salvo los breviarios de oraciones, catecismos, manuales de Historia Sagrada, devocionarios. 

Que cambiada Montevideo

            El 1 de enero de 1788, se eligió en esta ciudad el nuevo Cabildo. El fundador de Montevideo eximió a los cabildantes de la exigencia de saber leer y escribir, aunque tal exención estuvo vigente hasta no hace muchos años. Hoy, vestidos con sus trajes de paño negro y sus elegantes sombreros, los electos cabildantes tomarán posesión de sus cargos como si se tratara del Cabildo de México.

            La ciudad ha sufrido cambios en pocos años. Lo que hasta no hace mucho era todavía un pobre rancherío, se ha transformado ahora en una verdadera ciudad. " Ahora son comunes las casas con azoteas y las ventanas con rejas. Todas las construcciones son de material y pintadas a la cal, lo que le da a esta pequeña ciudad un aspecto mediterráneo. Cada vez quedan menos terrenos libres, y es más difícil conseguir un lugar para construir una casa.  Ya se está hablando de levantar una nueva iglesia, que ya la antigua Matriz  no condice con los aires que se da la ciudad", relató un viejo vecino. 

Catalanes cambian Montevideo

            Marzo de 1788, ya nada se tira en esta ciudad debido a las enseñanzas de los inmigrantes catalanes. " Hace pocos años se tiraba la mayor parte de las reses: sólo el cuero y el sebo se aprovechaban. Pero los catalanes  comenzaron a utilizar todo lo que se desperdiciaba. Fue uno de ellos quién abrió el mercado cubano para nuestra carne salada y ahora están exportando armas, sebo y hasta manzanas. Ellos fueron los que empezaron a comprar los cueros por poco dinero, exportándolos hacia Europa con poco gasto porque los mezclaban con arena  y los llevaban como lastre. Lo mismo ha ocurrido con las garras, que antes estaban tiradas por toda la ciudad y que ahora han desaparecido porque ellos encontraron la forma de obtener de ellas un beneficio. Los catalanes comenzaron también a cortar la cerda de las colas y las crines de los caballos, sabedores de que estos artículos tenían mercado en España".

            Los catalanes han despejado a la ciudad de pedazos de cueros y restos de animales, que tanto la afeaban hasta hace poco, y con ellos disminuyó sensiblemente el número de perros vagabundos y de ratas, que antes eran un verdadero castigo.     " Se puede salir de paseo al caer la tarde y sentir el olor a mar y no la nauseabunda gedentina que nos repugnaba hace poco en toda la ciudad", comentó una dama. 

Expedición científica a Montevideo

            El 20 de setiembre de 1789, llegaron a este puerto las naves  " Descubierta" y " Atrevida", comandadas respectivamente por los capitanes Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra. " Se trata  de la más importante expedición científica encarada por España en este siglo.  Componen la tripulación naturalistas, botánicos, cartógrafos, pintores, entre otros, a quienes se ha encomendado la más exacta descripción de las posesiones españolas", dijo uno de los responsables del grupo Integra la oficialidad Francisco Xavier de Viana, hijo de quién fuera primer gobernador montevideano, el Mariscal don José Joaquín de Viana. 

Actividades científicas en Montevideo

            Importantes observaciones científicas han realizado aquí los hombres de la expedición del capitán Malaspina, quién comentó. " Desde que llegamos hemos podido realizar extraordinarias observaciones. El tiempo se ha presentado muy favorable y los astrónomos y cartógrafos han podido reunir datos valiosísimos. Ya pudimos levantar un plano de la bahía y sondar su profundidad y medir por triangulación la costa desde la Punta de las Carretas. También pudimos observar un eclipse parcial de luna y las ocultaciones de las estrellas detrás del sol. Eso nos ha dado datos suficientes para calcular la latitud exacta de Montevideo, que hasta ahora se desconocía"

            "He confirmado mi idea de que este territorio es extraordinariamente rico; mi oficial Viana ya me había comentado algunas de sus características, que resultan difíciles de creer en Europa: que la carne sea gratuita, que el ganado vacuno se críe solo, sin necesidad de cuidados, es algo que llama la atención. Nuestros naturalistas han encontrado gran número de plantas y animales desconocidos o todavía mal clasificados. Y es posible que muchas especies apenas conocidas puedan ser utilizadas como alimento o para uso medicinales". 

Nuevo edificio para la Iglesia Matriz

            El 20 de noviembre de 1790 se colocó la piedra fundamental del nuevo edificio de la iglesia Matriz de esta ciudad. Asistieron a la ceremonia el gobernador, los regidores del Cabildo y los jefes de las fuerzas militares. Aunque existe mucho interés en su terminación (el viejo edificio ofrece un aspecto lamentable), es muy probable que la obra demore muchos años en completarse.     

Escándalo en la Aduana

            En diciembre de 1790 se confirmaron las denuncias que el virrey Loreto formulara contra el ex jefe del Resguardo de Aduana, Francisco Ortega y Monroy. Según Loreto, Ortega había iniciado su participación en la empresa saladeril de Francisco de Medina, a orillas del arroyo Colla, con 20.000 pesos pertenecientes a la Aduana de Buenos Aires y que le habrían sido proporcionados por el administrador de dicha aduana, Francisco Ximénez de Mesa, quién también se encuentra preso. Todos sus bienes han sido confiscados, y se espera la orden para enviarlos a España. Este asunto ha conmovido a la opinión de las dos ciudades, que se muestra dividida en cuanto a la actitud asumida por las autoridades.  A todo esto, Ortega, su mujer y sus bienes partirán rumbo a España, donde esperarán que se sustancie el proceso.

Montevideo pierde valiosos libros 

            En mayo de 1791 fueron embarcados para España, 13 cajones que contienen la biblioteca embargada a Francisco Ortega y Monroy, antiguo jefe del Resguardo de la Aduana de Montevideo. Salen así de esta región más de 700, obras, entre las que se encuentran dos ediciones del Quijote, 28 tomos de la " Enciclopedia", cuatro tomos de obras de Montesquieu y 40 tomos de obras de Voltaire. Hasta hoy el conjunto estuvo bajo la custodia del Depositario General del  Cabildo, Martín José Artigas, quién lo conservó tal como se le entregó hace ya seis meses.  

La esclavitud 

            La falta de brazos decidió al gobierno del Rey a promulgar la Real Cédula del año 1791, favoreciendo a los buques de cualquier bandera que introdujesen esclavitud en las colonias, declarando al puerto de Montevideo como único en estos territorios de la Colonia Española en el deplorable comercio de la importación de esclavos. Esa franquicia fomentó tanto el tráfico de esclavos, que en tres años se introdujeron 2.689 africanos, por el solo puerto de Montevideo.  Los esclavos se vendían a 200 y 300 pesos cada uno.

            La compañía llamada de Filipinas, que era la que más esclavitud introducía, estableció por el año 98 el llamado Caserío de los Negros, para depositarlos allí por vía de cuarentena, por que generalmente venían sarnosos. Se les sometía por algún tiempo a los baños de mar hasta su curación.Los hombres de color esclavos, eran destinados generalmente por sus amos al trabajo de peones en sus establecimientos de industria, y las mujeres al servicio doméstico.

            El lavado era desempeñado especialmente por éstas. Desde que se abrían los portones de la ciudad, salían en grupos las pobres negras lavanderas, con el atado de ropa a la cabeza, a que agregaban muchas la consabida batea, al lavadero de la Estanzuela y pozos de la Aguada, al lavado de las ropas, teniendo buen cuidado de emprender el regreso antes de puesto el sol, hora en que se cerraban los portones. Más de una vez sucedió que demorando algo en el camino al regreso, algunas pobres lavanderas llegaban tarde, encontrándose con el portón cerrado, teniendo que pernoctar fuera de los muros a espera del día siguiente en que se abriesen los portones. Y gracias si no les esperaba algún castigo del amo.

            Abundaban las ratas en las basuras que se arrojaban fuera de los muros, y hubo vez que algunas de las infelices lavanderas, durmiendo al raso, despertaban mordidas por las ratas. Y los castigos? Lo mismo en tiempo del coloniaje, que en el de la dominación portuguesa, era costumbre aplicar crueles castigos a los que fugaban del poder de sus amos, se insubordinaban o cometían algún robo. Se les llevaba a la cárcel del Cabildo y allí, atados de pies y manos a la escalera del martirio, se les aplicaba desde 25 hasta 300 azotes, mandándolos después al Hospital para su curación.

            En lo antiguo, larga fue la noche de la esclavitud de la raza africana, tan sufrida y tan fiel por lo común a sus buenos amos; hasta que alumbró para ella, en la región oriental del Plata, el sol de la libertad, declarando la ley: "No hay esclavos en la República".  

Los estancieros juntos contra el delito

            El 17 de agosto de 1791, ante el alcalde de esta ciudad, Mateo Vidal, se presentaron hoy 30 estancieros de la jurisdicción de Montevideo otorgando poder a tres de ellos para que asumieran representación a nombre de los firmantes, en asuntos de interés común referidos a los problemas del medio rural.

            Los graves problemas que afectan a la campaña han sensibilizado a sus habitantes. " Ya sea por la indeterminación de la frontera, por la falta de poblaciones , por el abandono en que se encuentra o por la falta de vigilancia , los delitos que se cometen en el campo quedan generalmente impunes", dijo uno de los propietarios asociados.

            " Poco podemos hacer frente a tanto malandrín. Es un dolor ver como la gente abandona sus casas y sus haciendas para venirse a Montevideo, porque es imposible vivir en el campo. Hemos visto grupos de gauchos que asaltan las estancias y las pulperías, matan  o ahuyentan a los moradores y se instalan a comer y tomar lo que encuentran. Y a veces pasan varios días allí sin que aparezca ninguna de las partidas celadoras que deben protegernos", agregó. 

El Campo Santo

            Obra de misericordia y precepto de higiene es enterrar a los muertos. A falta de campo santo donde hacerlo, en los primeros años de la fundación de Montevideo, se adoptó el expediente de sepultar dentro de la Matriz Vieja y de San Francisco. Felizmente, como la población era poca y gozaba de buena salud, las defunciones eran insignificantes. Pero a medida que acrecía, se reconoció la necesidad de habilitar algún terreno para enterrar los fallecidos.  Los padres Franciscanos destinaron una parte del corralón de San Francisco para sepultar a los de su comunidad que falleciesen y a los menesterosos, aunque continuando el uso de sepultar en la iglesia, atrio y corredor del norte a las personas distinguidas.

            A los militares se les sepultaba en la capilla de la Ciudadela, y a los fallecidos en el Hospital de Caridad, en un terreno cedido al efecto por Juan Fernández (a) Soldado, contiguo al Hospital por el sur. Dentro del estrecho recinto de la Matriz Vieja, se seguía sepultando a las personas de más distinción social, hasta el año 1791 en que su cura párroco Ortiz, dispuso la construcción de un campo santo al sur, contiguo a la parroquia, bajo un cerco de pared de piedra; no permitiendo desde entonces enterrar en la iglesia parroquial; no sin experimentar en su buena obra, oposición y contradicciones de la ignorancia.

            Así se continuó hasta la toma de la plaza por los ingleses, en que la mortandad fue tan crecida, que hubo que recurrir a todo el corralón de San Francisco para sepultar sin distinción de creencias, de a dos cadáveres, mezcla de católicos y protestantes, en una misma sepultura. Se construyó el primer cementerio en el año 1808, fuera de los muros de la ciudad, al sur, sobre la costa del mar. Venía a quedar precisamente donde forman hoy esquina las calles del Durazno y Andes, propiedad de Aguiar, ocupando como una cuadra de largo y poco más de media de ancho. Por espacio de 27 años estuvo en servicio ese Campo Santo, llamado vulgarmente Cementerio viejo, desde el año 1835, en que se inauguró el nuevo cementerio. Al clausurarse el antiguo campo santo, decretóse su demolición, reservándose el sitio que ocupaba, para la erección de un templo, que nunca se hizo. 

Robo en el puerto

            El 17 de junio de 1793 un carnero muerto y dos cajones de arena fue todo lo que se encontró en las bodegas del buque francés "El Dragón".  El hallazgo provocó gran sorpresa en las autoridades, ya que es sabido que la nave entró a puerto hace un mes con las bodegas llenas.  "He sido robado", declaró el Capitán cuando fue interrogado por las autoridades.  "No tengo explicación para lo que ha ocurrido", afirmó el comandante del puerto.  "Lo ocurrido es muy sencillo", declaró un vecino.  "Y verá si tengo razón cuando dentro de pocos días las tiendas ofrezcan mercaderías francesas a un precio bajísimo.  Ya ha pasado otras veces y pasará en esta, esté seguro".             Mientras tanto, la nave permanecerá retenida todo el tiempo que dure la guerra con Francia, que acaba de comenzar en el pasado febrero. 

Lleve su silla al teatro

            El 15 de noviembre de 1793, se realizó un espectáculo en la Casa de Comedias propiedad de Cipriano de Melo. El espectáculo consistía en tonadillas que hacen las delicias de nuestro público.  Se recuerda que comenzará a las 19:30.  No olvide llevar su asiento. 

Cómo resolver el problema rural?

            En Montevideo, 1795, las noticias provenientes del medio rural resultan cada vez más alarmantes:  cómo es posible que alguien pueda vivir todavía en una región donde impera el bandolerismo y la delincuencia.  "No hay que permitir que los comerciantes sean a la vez estancieros, porque tienen una manera lastimosa de explotar sus riquezas:  lo único que les importa es el cuero y el resto queda tirado para pasto de perros cimarrones", propone uno.  "También habría que aumentar el impuesto que pagan los cueros que entran sin marca a la ciudad; probablemente así se podrían limitar las matanzas de ganado cimarrón que hacen algunos.  Y sobre todo, habría que difundir la educación y la religión entre estos verdaderos salvajes". 

El Alumbrado Público

            En el año 1795 acordó el Cabildo establecer el alumbrado público, sacando a remate el ramo.  Maciel, el Padre de los Pobres, lo remató en sociedad con el colector don Juan de Molina. Creóse desde entonces el impuesto de alumbrado, fijándose real y medio por puerta. Los asentistas dotaron a lo más poblado de la ciudad de faroles, de forma ovalada, altos, con largos pescantes de fierro. El alumbrado se hacía con velas de sebo, de las llamadas de baño, de dos tercios de largo, según arancel del Cabildo. Las velas se fabricaban en el establecimiento de velería de Maciel, sito en la calle de San Miguel (Piedras), contiguo a la plazoleta entonces de San Francisco. Tan bien servido estaba, que al decir de los antiguos, conservaba luz hasta el amanecer.

            Después de la toma de la Plaza por los ingleses y de la desgraciada muerte de Maciel, otros fueron los asentistas del ramo. El año 9 lo era don Juan Pedro Gil, quien en febrero del año 10 pidió al Cabildo se le eximiese del alumbrado público y se sacase a licitación. Así se hizo, pero no hubo postores, por los muchos faroles que faltaban y hallarse inútiles los pocos que existían. En ese estado, el Cabildo se hizo cargo del ramo. Convocó a los faroleros y veleros para contratar la provisión y compostura de faroles y el suministro de velas. Era curioso el procedimiento de encender los faroles. Los buenos de los tíos Francisco, Juan, Manuel o José, conchabados al efecto, recorrían las calles al oscurecer con la escalera al hombro y la gruesa mecha de estopa encendida para encenderlos.

                Otra de las operaciones en que se singularizaban aquellos buenos africanos, era la de mudar las velas a media noche, a despecho del pampero cuando soplaba fuerte, o de la lluvia. Con la escalera al hombro y la caja de las velas a la espalda sostenida con una correa, corrían apresuradamente las calles, y en un santiamén mudaban las velas de los faroles, recogiendo los cabos de las consumidas, que iban a parar a la gaveta. La misma operación practicaban en las tardes siguientes, a fin de proveerlos de vela para el alumbrado de la noche.

            Por muchos años el alumbrado público de esta ciudad fue servido con velas de sebo, hasta el año treinta y tantos en que, modificada la forma de los faroles primitivos, se sustituyó con el de aceite de potro, que por su fetidez, hubo que reemplazarlo con aceite de otra clase, aumentando medio real por puerta el impuesto del ramo. Después vino el uso del queroseno y por último el del gas. 

Inauguran nuevo Hospital de Caridad

            El 23 de junio de 1797, ingresaron al nuevo Hospital de Caridad de esta ciudad las tres primeras enfermas.

            Con esto entró en servicio el nuevo local, una aspiración largamente anhelada por los miembros de la Hermandad de la Caridad.

            Sin embargo, no es mucha la gente que acude al hospital.  "Todos preferimos estar con nuestros deudos cuando enfermamos, y es con ellos con quienes pasamos los últimos momentos en esta vida.  Los hospitales son para los pordioseros, los soldados y gentes que no tienen dónde caerse muertas:  para ellos el hospital es un refugio y por eso es obra de caridad mantenerlo". 

El arribo del Arquitecto don Tomás Toribio

            En noviembre de 1799 llega a Montevideo el arquitecto Tomás Toribio, nombrado Maestro Mayor de las Reales Obras de la Plaza de Montevideo, siendo el primer arquitecto venido al Río de la Plata, poseedor del título expedido por la Real Academia de San Fernando.

            Es autor del nuevo Cabildo y Cárceles Reales y continuador de las obras de la Catedral, que modifica dentro de los lineamientos neo - clásicos de la escuela de Juan de Herrera - autor del Escorial -, proyecta el primer suministro de conducción de agua, las recobas para la Plaza Mayor y primer mercado, la casa de la Misericordia, la primera ordenanza de construcciones, la Capilla de San José, (hoy del Hospital Maciel), entre otras obras.  

El Retorno de Félix de Azara 

            En junio de 1801 y luego de 20 años el español Félix de Azara se apresta a tomar el buque que lo llevará nuevamente a España.

            "Llegué a esta ciudad en 1781, y ahora tengo apuntes sobre las características del territorio y de sus habitantes, sobre sus problemas y sus posibles soluciones.  Creo que este es uno de los más ricos dominios españoles que han sido injustamente olvidados y descuidados.  Una administración ilustrada podría hacer aquí verdaderas maravillas", dijo Azara sobre la vasta región que recorrió, que va desde el norte del Paraguay a las costas del río de la Plata.

            "La población tiene que enfrentar problemas que podrían remediarse.  El problema central son los gauchos, un tipo propio de esta región, y son verdaderamente difíciles de tratar, no reconocen ninguna autoridad y se comportan como bárbaros". 

            "Yo he pensado algunas medidas que podrían dar como resultado la mejora de esta situación: se podrían fundar pueblos en las fronteras y donar tierras a quienes quieran poblarlas, y así combinar el poblamiento con la defensa como hacían en el Imperio Romano.  También se podría aumentar las capillas y la enseñanza religiosa para civilizar en algo las costumbres". 

Las Pilas de la Capilla de la Caridad

            En tiempo en que la corona de España sostenía guerra con los ingleses, fue armada en corsario en Montevideo, la fragata Dolores, siendo don Pedro José Errázquin uno de los armadores, y comandante del buque, Mr. Curot, de nacionalidad francesa.

            La Dolores fue en uno de sus viajes destinada a llevar víveres a las Islas Mauricio, que bloqueaban los ingleses, y en ella iba don Pedro José Errázquin.

            Logra forzar el bloqueo, entra con felicidad a la isla, y cumple su cometido. A su regreso, el año 1805, trajo Errázquin las referidas pilas, destinadas expresamente para la capilla del hospital de Caridad, que estaba en construcción. Errázquin las eligió entre 12 o 14 pares de lindas conchas, comprándolas con ese objeto y regalándolas a la Hermandad de la Caridad, las cuales aún lucen en la Capilla del actual Hospital Maciel. 

Artigas contrae matrimonio

            Luego de casi cinco meses de intensas gestiones para lograr la autorización del virrey, del Ejército y de la Iglesia, finalmente el teniente del Cuerpo de Blandengues, José Gervasio Artigas, pudo casarse en Montevideo con su prima hermana, Rosalía Rafaela Villagrán, el 23 de diciembre de 1805.  La ceremonia se celebró en la Iglesia Matriz de esta ciudad. Los oficios religiosos estuvieron a cargo del cura Dámaso Antonio Larrañaga y fueron testigos Martín José Artigas, padre del novio, y María Villagrán, hermana de la novia.

            Artigas, quien es 11 años mayor que su flamante esposa, debido a su fuero militar y al parentesco directo que lo une con Rosalía debió solicitar autorización para casarse a sus superiores, y tuvo también que obtener un permiso eclesiástico especial para poder llevar a su prima al altar.

            El ejército condicionó su autorización al previo depósito de 3.000 pesos fuertes.  La Iglesia, menos pragmática que el Ejército pero más espiritual, impuso a la novel pareja otro tipo de condiciones.

            Nepomuceno Solá, representante del obispado de Buenos Aires, dijo por su parte que "siguiendo el espíritu propio de nuestra Santa Sede, previamente al casamiento les exigimos a los novios el cumplimiento de una pública y saludable penitencia: durante 15 días cada uno de ellos debió rezar una parte del rosario.  También tuvieron que ayunar todos los viernes y comulgar todos los domingos transcurridos en ese lapso. Pero además asistieron devotamente a la misa parroquial y todas las noches rezaron de rodillas tres padres nuestros y tres avemarías en reverencia de nuestra Santísima Trinidad". 

La Muy Fiel y Reconquistadora

            Inglaterra tenía fija su atención en los puertos del Río de la Plata, el comercio fue la causa principal. Una expedición inglesa se apoderó del Cabo de Buena Esperanza a principios del año 1806, estaban las fuerzas navales al mando de Sir Home Popham y las de tierra por Guillermo Beresford, desde allí se dirigieron al Río de la Plata, en conocimiento de que sus puertos no tenían la debida defensa.

            La idea era apoderarse de Montevideo primero y luego de Buenos Aires; al constatar la fortificación montevideana, se planeó entonces tomar primero a Buenos Aires.

            El virrey del Río de la Plata, marqués de Sobremonte, apenas conoció la llegada de los ingleses, huyó al interior argentino, sin dictar ninguna orden de defensa.

            En julio de 1806, Berresford desembarca en Quilmes con 1.600 hombres y Popham bloquea el puerto.

            Buenos Aires cae en poder del invasor y Montevideo organiza inmediatamente la reconquista, bajo las directivas del Gobernador de Montevideo, don Pascual Ruiz Huidobro.

            Don Santigano Liniers y Bremont, francés de nacimiento al servicio de España, llega a Montevideo solicitando 600 hombres para desalojar a los ingleses de Buenos Aires. Liniers fue designado General del Ejército Reconquistador, el cual se componía de 1.400 hombres, parte criollos orientales, parte españoles de Montevideo y algunos soldados venidos de Buenos Aires.

            El 12 de agosto de 1806 los ingleses fueron derrotados por el Ejército Reconquistador en casi todos los puntos donde se habían fortificado. En la tarde de ese día Beresford entrega su espada a Liniers.

            El Rey de España en reconocimiento al valor de San Felipe y Santiago de Montevideo, la declara "Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad", creando un escudo de armas con las banderas inglesas abatidas, en su parte inferior. 

Junta en Montevideo

            El 21 de setiembre de 1808 se integró una Junta Gubernativa según el modelo de las que surgieron en España.  La misma está presidida por el gobernador Francisco Elío.

            "Esto es un golpe contra los afrancesados de Buenos Aires", comentó un montevideano.  "Así verán cómo se defiende un pueblo fiel cuando se amenaza su libertad". 

Ingleses en Maldonado

            Los ingleses toman Maldonado en noviembre de 1806.  Si bien hace meses que los ingleses se encuentran bloqueando el Río de la Plata, hasta ahora las amenazas se habían dirigido a Montevideo, donde fue rechazado un ataque.  "Esto significa que los ingleses han venido a quedarse", comentó una autoridad militar local. 

La invasión inglesa

            En el amanecer del 14 de febrero de 1807 más de setenta barcos ingleses aparecen entre la Isla de Flores y el Cerro. La invasión comienza en la estancia de don Sebastián Carrasco, al este de Punta Gorda y marcha sobre Montevideo.

            Un poderoso ejército de más de cuatro mil hombres avanza, dividiéndose en dos columnas que se encuentran en el actual Parque Batlle, sin que el virrey Sobremonte ofrezca una resistencia efectiva.

            Al amanecer del 20 de enero una columna de unos 1.300 hombres sale de la Plaza al mando de Bernardo de Lecocq y son batidos en el combate del Cardal, actual Facultad de Derecho.            Entre los muertos figura Francisco Antonio Maciel, cuyo cadáver fue devorado por los perros cimarrones.

            La ciudad de Montevideo fue bombardeada por mar y tierra, el 2 de febrero se abre una fisura al costado del Portón de San Juan, por concentración de fuego de cañones, fisura que se transformará en una enorme abertura, "la brecha".

            La brecha es obturada por la noche, con fardos de cuero y sebo, y ante un nuevo ataque, las tropas inglesas penetran por la brecha y toman la ciudadela.

            El gobernador Ruiz Huidobro ha caído prisionero y las autoridades decretan el cese de la lucha, era el 3 de febrero de 1807, Montevideo pertenece a su Majestad el Rey de Inglaterra.

            Las autoridades de Buenos Aires, no quieren entregar a los ingleses que retienen prisioneros desde 1806, en represalia en Montevideo, las autoridades militares inglesas deciden deportar a Inglaterra al Gobernador Ruiz Huidobro y un grupo de jefes y oficiales patriotas.

            El Cabildo intercede por algunos de ellos por razones de salud, los ingleses otorgan lo solicitado y poco antes de zarpar las naves con los desterrados, desembarca un pequeño grupo, entre ello, un Blandengue, José Gervasio Artigas. 

La Estrella del Sur

            Uno de los medios utilizados por los ingleses para conquistarse la buena voluntad de los Montevideanos, fue la publicación de un periódico. Se llamó "La Estrella del Sur" o " The Southern Star" y fue el primer periódico que apareció en Montevideo. 

            Se editaron siete números, el primero el 23 de mayo de 1807 y el último el 11 de julio del mismo año y estaba escrito en español e inglés.

            Se publicaba informaciones diversas, culturales, oficiales y editoriales políticas en las cuales se trataba de destacar las bondades de la administración inglesa y criticar al régimen español. Se cree que su director fue un estadounidense llamado William Scollay. 

La primera procesión masónica

            Las tropas inglesas se habían posesionado de la plaza el año 1807, tomándola por asalto en sangriento combate el 3 de febrero.

            Bajo el dominio de sus armas celebraron los masones ingleses, de una manera pública y solemne, el día de San Juan, con un ceremonial desconocido para los habitantes de San Felipe y Santiago.

            La procesión partió del Barracón de la Marina, recorriendo las principales calles hasta la plaza de la Matriz, imponente y silenciosa.

            Como tomaría el vulgo aquellas bandas, mandiles, estrellas y compaces simbólicos, es de suponerse. Cuántos habría que creerían ver en ellos, condecoraciones o modas inglesas,sin poderse explicar otra cosa, porque en la vida habrían oído hablar de francmasones, ni figurarse lo que significaban.

            Pero como no hay regla sin excepción, es tradicional el hecho de que gracias a cierta seña de algún iniciado en los misterios de la orden, salvaron los cabildantes de ser sacrificados en el conflicto, cuando los soldados ingleses, triunfantes después del asalto de la plaza, avanzaron al Cabildo, dónde se habían encerrado los cabildantes, que eran a la sazón don Francisco Joanicó, don Antonio Pereira, don Juan Manuel Ortega, don Antonio de San Vicente, don Juan Antonio de Bustillos y don Lorenzo Vivanco.

            Con relación a ese suceso, decía el mismo Cabildo en nota de agosto de ese año al Coronel Gore Browne, Comandante de la ciudad de Montevideo, entre otras cosas, lo siguiente:

            "Señor. La mañana de ataque, vos, Señor, entrasteis en esta ciudad con el mando General de las tropas. En ese extraordinario peligro, el Cabildo, en dolorosas suspensión, estaba reunido en la Sala Capitular, esperando por momentos la muerte por una soldadesca enfurecida y victoriosa, que había forzado las puertas y se había lanzado dentro con toda la furia que inspira el triunfo. Fuimos rescatados de la inminente bayoneta por los grandes esfuerzos de un valiente y amable oficial, el Capitán Enrique Bowell, después del 5 batallón de guarnición, que afortunadamente entró en el instante y nos preservó arriesgando su persona.

            Vos, Señor, fuisteis presentado por él a nosotros y recibisteis de nuestras manos la espada y las insignias de la Justicia, tuvisteis la generosidad de devolverla inmediatamente a nuestra posesión. Nos suplicasteis volviésemos a nuestra Sala y colocasteis a la puerta una guardia para nuestra protección, disteis vuestra palabra por nuestra salvaguardia y nos garantisteis del menor insulto o afrenta". 

El fin de la invasión inglesa

            A principios de mayo de 1807 llegan a Montevideo nuevas fuerzas inglesas al mando del Teniente General Juan Whitelocke, quien a fines de julio inicia operaciones contra Buenos Aires, buscando extender su dominio a todo el virreinato.

            Esta segunda invasión fue un verdadero desastre militar, cuando el General inglés debió firmar en Retiro, el acta Rendición, entre las cláusulas de la misma, se exigió la evacuación completa de Montevideo dentro de los sesenta días posteriores, lo que fue aceptado.

            Buenos Aires pagaba la deuda de gratitud que contrajera con Montevideo en la reconquista de 1806, y en los primeros días de setiembre de 1807 las fuerzas inglesas evacuan esta ciudad. 

Numeración de Puertas

            Las calles de la antigua ciudad tenían nombres desde el año 1778, pero la numeración de las puertas de calle no tuvo lugar hasta principios del siglo XIX, esperando, sin duda, el incremento de la población material.

            El año 1808 cometió el Cabildo esa operación al maestro pintor Puqueli (italiano), debiendo empezarla por la calle de San Pedro (25 de Mayo), que era la principal, fijándose el precio de cinco octavos por cada número de puerta. Practicada en mayo de ese año la numeración en la referida calle, continuó en las restantes, abonándose el costo del ramo de policía. Los números eran pintados en una hoja de las puertas de calle.  

El Cabildo Abierto

            El 21 de setiembre de 1808 se verifica el primer antecedente del movimiento independentista de la Banda Oriental, al celebrarse en Montevideo el Cabildo Abierto, que expresó su solidaridad con su gobernador Francisco Javier de Elío destituido por el virrey Santiago Liniers y dispuso la formación de una Junta de Gobierno, a imitación de las españolas, presidida por Elío, concretándose así una verdadera ruptura con Buenos Aires, pleito que fue resuelto por las autoridades metropolitanas españolas, las cuales sustituyeron al virrey Liniers por don Baltasar Hidalgo de Cisneros y ordenaron la disolución de la Junta, en junio de 1809.  

Junta de Sevilla media entre

Buenos Aires  y  Montevideo

            El 30 de junio de 1809 se reunieron el nuevo virrey del Río de la Plata, el recién llegado Baltasar Hidalgo de Cisneros, con la Junta de esta ciudad.  Pudo saberse así que la Junta de Sevilla, en relación al conflicto que enfrentó a las autoridades de Montevideo con las de Buenos Aires, resolvió la disolución de la Junta local y la sustitución de Santiago Liniers por Cisneros. 

Sitio de Montevideo

            Fue sitiada el 20 de mayo de 1811, la ciudad de Montevideo luego de que sus tropas fueran derrotadas el 18 de mayo en Las Piedras.

            Sin ninguna fuerza militar capaz de movilizarse por la campaña, Francisco Javier de Elío debió resignarse a refugiarse en la ciudad.  Las fuerzas sitiadoras, integradas por tropas llegadas de Buenos Aires a las órdenes de José Rondeau, tienen un gran optimismo, pero militares más experimentados expresan sus dudas. 

Oposición de Montevideo

            Junio de 1810.  Llegará próximamente a esta ciudad un secretario de la Junta de Buenos Aires, se informó aquí.  "El mismo viene con la intención de convencer al Cabildo de Montevideo para que reconozca la Junta", dijo una fuente oficial.  El Cabildo montevideano había aceptado días atrás el reconocimiento de la Junta, pero con condiciones.  Sin embargo, el 2 de julio, en una decisión que para muchos significó un cambio de opinión, impuso a Buenos Aires el previo reconocimiento del Consejo de Regencia.

            "La oposición a Montevideo le plantea a Buenos Aires problemas difíciles de resolver", se comentó aquí.  "Y muchos montevideanos no están convencidos de que la oposición a la capital sea la mejor postura".  Sin embargo, la influencia adquirida por el jefe del Apostadero Naval Salazar, hace improbable que se verifique un cambio de opinión. 

Jefe de los Orientales

            En la chacra de Juana Suarez (a) La Paraguaya, Artigas el 10 de octubre de 1811, es elegido Jefe de los Orientales, ante el Diputado del Gobierno de Buenos Aires, Dr. don José Julián Pérez. La citada chacra estaría situada al norte de la actual calle Monte Caseros y la también actual Avda. Garibaldi.  

El éxodo oriental

            El 23 de octubre de 1811 por libre y unánime decisión, los orientales resuelven abandonar su suelo antes de someterse, el Virrey don Francisco Javier de Elío, podrá dominar la tierra que se abandonaba inerme, pero no a sus hijos que preferían perderla antes que entregar su libertad.

            El suelo oriental sin orientales, ese fue el Exodo, iniciado en los aledaños de Montevideo.

            La columna humana se pone en marcha, gentes de todas partes se va sumando en rústicas carretas, en improvisadas rastras, en caballos de todo pelo y condición, otros de a pie, todos con sus pocos trastos como único patrimonio.

            En las noches, en los altos de descanso, junto a algún curso de agua, la reunión en los fogones, el mate corría de mano en mano, con algún sorbo al "chifle" de guampa con fuerte caña paraguaya y guitarras sonoras acompañando las estrofas de Bartolomé Hidalgo:

                          Orientales la Patria peligra

                          reunidos al Salto volad;

                          Libertad entonad en la marcha

                          y al regreso decid libertad.

            El éxodo fue la piedra fundamental de la identidad política de los orientales. 

Fin del virreinato

            El 18 de noviembre de 1811 partió en la fragata "Ifigenia", Francisco Javier de Elío, último virrey del Río de la Plata.  En cumplimiento de la resolución del 26 de julio, el virreinato se transformó en Capitanía General y Elío entregó el mando en la Capilla del Fuerte a Gaspar de Vigodet, hasta ahora gobernador de Montevideo.  Las cortes españolas entendieron que el territorio efectivamente dominado por Montevideo no justificaba la jerarquía de virreinato:  en efecto, el último virrey nunca pudo residir en la capital virreinal. 

Asamblea de Diputados

            El 5 de abril de 1813 en el Cuartel General y alojamiento de Artigas, en la chacra de la que el escribano Manuel José Sainz de Cavia, era colono arrendatario, situada en el barrio de las Tres Cruces, paraje en donde se consumó el asesinato por malhechores de tres víctimas y tres cruces de madera señalaban sus sepulcros a principios del siglo XVIII dieron su nombre, allí se realizó la asamblea que reunió a los diputados de toda esta Banda.  Convocada por Artigas a mediados del mes de marzo, sus participantes adjudicaron gran importancia a esta reunión.

            Las resoluciones del Congreso son muy importantes, según la opinión de los diputados: "Ha nacido la `Provincia Oriental`, que enviará delegados al Congreso de Buenos Aires con la misma jerarquía de las otras.  Además, reivindicamos nuestras demandas anteriores: que el ejército de Buenos Aires sea declarado 'auxiliador', que seamos los orientales los que tengamos el control de las operaciones en nuestro territorio y que designemos nosotros a los jefes y oficiales al mando.     Pero lo más importante es la propuesta de organización que van a llevar los diputados: una organización provincial similar a la de las antiguas colonias inglesas, donde el gobierno central coordina pero no manda en las provincias

 

Rechazaron a diputados artiguistas

            Profundo malestar provocó en la Provincia Oriental la noticia de que la Asamblea Constituyente reunida en Buenos Aires, en sesión del 11 de junio, rechazó a los diputados enviados por este territorio.  Los diputados habían sido ya rechazados el 1 de junio porque su elección tenía vicios formales.

            Sin embargo, corregidos éstos, la decisión fue ratificada, el rechazo se debería a que los diputados orientales darían la mayoría al grupo de opositores a Buenos Aires. 

Fin del dominio español

            En el mediodía del 23 de junio de 1814, cuando las tropas al mando de Gaspar Vigodet transpusieron el portón de la Plaza, terminó el dominio español en esta Banda Oriental.   Pese a múltiples dificultades (los portugueses, los ingleses, la revolución), los españoles tuvieron el efectivo control de este suelo, por lo menos desde la fundación de la ciudad.

            Junto con esta culminación finaliza la vida del Apostadero de Montevideo, que casi por 38 años signó con la impronta naval española la vida montevideana. Al decir de Homero Martínez Montero: "Realidades y consecuencias que legitiman la conclusión de que la existencia del actual Estado Oriental se debe en buena parte a la marina española; se debe al mar que hizo posible su asentamiento en Montevideo".

 

 

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