Historia y Arqueología Marítima

HOME ESBOZO BIOGRAFICO DE LOS COMANDANTES DEL APOSTADERO DE MONTEVIDEO Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

 

Publicado Por la Academia Uruguaya de Historia Maritima y Fluvial, 1997

Indice Prologo Politica Internacional en la Época El Sistema Geoestrategico Español El equlibrio naval
El Apostadero de Montevideo y las Islas Malvinas El Montevideo del Apostadero Aspectos comerciales y politicos del Apostadero. Montevideo visto desde el Mar Los Gobernadores y el Apostadero
Sus Comandantes Los Ingenieros de Marina Las operaciones Britanicas y Españolas en el Plata 1806-7 Las Batallas del Apostadero  

 

Académico ALEJANDRO BERTOCCHI

             Dios, Patria, Rey.  Tres sentimientos que han sido una constante histórica en la milenaria vida del pueblo español; sin los cuales, resulta imposible entender el significado del nombre de España.

             Así, cuando en este siglo XX, por azares de los procesos políticos, se intentó negar estos tres conceptos básicos sumergiendo a la vieja Hispania en las desgracias de una guerra civil, fueron justamente los marinos españoles quienes regaron con su sangre las cubiertas de sus buques, en defensa de estos sentimientos de corte secular.  Y si esto acaeció en nuestros días, bien vale decir que en siglos pretéritos la Real Armada ha dado notables ejemplos de entrega en este sentido, en prácticamente todas las aguas del planeta. 

            En tal menester, siempre el historiador deberá hacer en todos sus análisis un ejercicio de empatía, de forma de visualizar el pasado con la misma mente de aquellos seres que transitaron esos tiempos.  No hacerlo sería utilizar la historia en un camino equivocado, juzgando no sólo el pasado con ojos del presente, sino faltando el respeto a nuestros más queridos antecesores. 

            Entonces, si penetramos en el mundo de aquella España americana y nos ubicamos en el Río de la Plata, tenemos que la magnífica posición geográfica de la bahía de Montevideo resultó en la estrategia general del Imperio español, resorte de tanta importancia, que el Apostadero Naval montevideano fue sin duda, la base más fuerte y temida con que contaron los hispanos al sur del ecuador terrestre.  En sus 38 años de existencia, el Apostadero dejó su impronta no sólo en lo que atañe exclusivamente a sus servicios de sostener la fortaleza de este territorio, sino que su proyección logra alcanzar estos tiempos, dado el alcance que tuvo en los mismos procesos formativos de la incipiente nacionalidad oriental, cosa de la que no debemos tener dudas, pues así lo dicen las mejores plumas históricas de este lar. 

            El siglo XVIII, comenzó como una suerte de camino nuevo para España.  La guerra de sucesión significó el principio del monarquismo absolutista y con ello la estructuración de un complejo organigrama estratégico que buscó otorgar una mayor seguridad al Imperio, ante el avance claro de otras potencias europeas.  Cuando asume el primer Borbón, la Real Armada española era un triste remedo de un pasado glorioso, hecho que deparó la aparición de toda una serie de personajes directores, que en menos de tres décadas, lograron ubicar a la marina de guerra en una posición de corte notable, siendo Patiño y Ensenada los organistas de tamaño desenlace. 

            Los historiadores españoles, indican que la generación de marinos que tuvo el Imperio en la última mitad de este siglo XVIII, rayó tan alto en todos los terrenos, que fueron el asombro del rival y el respeto del propio.  Para el Río de la Plata y el Atlántico Sur, o sea para nuestro Apostadero, la Real Armada destinó una notable saga de destacados jefes navales, que han tenido en Don Homero Martínez Montero, allá por 1968, su más destacado biógrafo y apologista. 

            Las responsabilidades de los comandantes del Apostadero sobrepasaban las directivas de su poder militar.  Es hecho conocido dentro de la dirección política del llamado Reino de Indias, que la Real Armada gozaba de determinada independencia funcional de cara a las autoridades civiles, sean aquellas Virreyes, Gobernadores o Capitanes Generales.  Esto originó, en el caso especial del Río de la Plata, una suerte de poder dual, que nace cuando Carlos III da a Buenos Aires la categoría de capital virreinal, con Cevallos al frente y a Montevideo, Apostadero Naval y más adelante, se llega a unificar este último cargo con el de Gobernador Político y Militar de esta plaza.  Y este hecho orgánico significó mucho para el Plata ya que es la semilla del futuro de separación comunal entre ambas orillas. 

            Entonces, la gran importancia estratégica de la base montevideana llegó a ser baza decisiva para el control de los espacios atlánticos australes.  Entre las tareas más destacadas que desarrolló el Apostadero señalamos varios:  la definitiva expulsión de los británicos del archipiélago malvinense en el mes de Junio de 1770, por la expedición a órdenes de Juan Ángel de Madariaga cuando aún Montevideo no alcanzaba el máximo rango naval; la ocupación de las islas de Fernando Poo y Annobón en el africano Golfo de Guinea en el año 1778, por fuerzas al mando de Juan Varela y Ulloa; el lanzamiento del corso sobre la navegación británica en todo el Atlántico sur en 1804, tras los hechos de la agresión inglesa de Santa María; la Reconquista de Buenos Aires del mes de Agosto de 1806, y finalmente como hecho de mayor destaque tenemos la presencia de un Montevideo absolutamente fiel a la causa peninsular hasta la capitulación final de Junio de 1814, batalla naval del Buceo mediante. 

            Todos estos procesos tuvieron sus directores intelectuales y protagonistas directos en los Jefes navales, y la sola lectura de sus hojas de servicio que custodia el manchego Archivo-Museo "Alvaro de Bazán", nos dice de una vida plena de sacrificios para ellos y sus familias, y de la cerrada lucha que llevaron al frente ante el fárrago de dificultades de todo tipo que sufrieron en sus destinos, las que supieron enfrentar con tino, dedicación y entusiasmo indeclinable. 

            Lógicamente, para ser justos, no sólo aquellos marinos que ostentaron el honor de asumir la Comandancia general tuvieron tamaño protagonismo, sino que también junto a ellos prestaron servicio toda una destacada saga de personalidades que esta inscrita en nuestra historia:  Jacinto de Romarete, que según el gran Almirante Guillermo Brown fue el marino más capaz que enfrentó en toda su destacada carrera; Andrés de Oyarvide, que inscribió con el trazo de su pluma todo el ancho litoral de la región rioplatense y que es considerado el mayor cartógrafo que vio este territorio; Juan Ángel de Michelena; José Primo de Rivera; Juan Gutiérrez de la Concha, jefes que se destacaron en las luchas contra la insurgencia; científicos de la talla de Azara, Alvear, Gundín, Solórzano, De la Peña, no olvidando a Liniers y Malaspina que pusieron lo suyo en este período tan fulgurante para la común historia que une España y el Plata. 

            Corresponde al Capitán de Navío Juan Antonio Camino el honor de haber asumido el primer comando del novel Apostadero, aunque ya Montevideo era por su propio peso la primer base naval hispana en el sur. Su hoja de servicios al Rey nos dice:

            Guardiamarina el 27 de Junio de 1740; Alférez de Fragata en 17 de Junio de 1747; Alférez de Navío en 20 de Noviembre de 1749; Teniente de Fragata en 20 de Marzo de 1754; Teniente de Navío en Diciembre de 1757; Capitán de Fragata en 15 de Enero de 1766; Capitán de Navío en 22 de Octubre de 1770 y Brigadier en 29 de Diciembre de 1782. 

            Camino se halló a órdenes de Cevallos y el Almirante Casa Tilly en los hechos del sitio y toma de la Colonia del Sacramento en Junio de 1777. Fue por demás breve su estadía en el Plata aunque de gran importancia, ya que se halló al frente de las defensas de la plaza montevideana y sus fuerzas navales propias en el marco de aquella invicta expedición hispana que batió al lusitano y fue la mayor ostentación naval que conoce nuestra historia. 

            El Capitán de Navío Gabriel Guerra y Mendoza sucede en el cargo a Camino en Febrero de 1778. Su hoja de servicios nos dice:

            Guardiamarina en 6 de Mayo de 1750; Alférez de Fragata en 15 de Junio de 1754; Teniente en 20 de Abril de 1757; Teniente de Fragata en 13 de Julio de 1760; Teniente de Navío en 3 de Setiembre de 1767; Capitán en 23 de Febrero de 1768; Capitán de Fragata en 24 de Abril de 1774; Capitán de Navío en 18 de Octubre de 1777; Brigadier en Octubre de 1783 y Jefe de Escuadra en Marzo de 1791; desempeñándose al frente del Departamento de Marina de Cádiz donde fallece en Noviembre de 1800. 

            Guerra, natural de Jerez de la Frontera y como vemos poseedor de una impecable hoja de servicio, tuvo destacada labor al frente del Apostadero y en horas en que se hablaba del primer plan de defensa concreto del Río de la Plata. 

            Le cupo actuar de consuno con la férrea personalidad del 3er. Gobernador de Montevideo, Joaquín Del Pino, quién ordenó uno de los primeros relevamientos de las costas septentrionales del Río de la Plata, atento a su defensa y las posibilidades que daban diversos puntos del territorio en tal materia. Se estaba ya viviendo la primera génesis marítima de la Banda Oriental, de ello no hay duda, pues no sólo el Apostadero se hallaba francamente operante, sino que otros hechos se daban, como el funcionamiento de la Real Compañía Marítima y de Pesca y de San Fernando de Maldonado en aguas platenses y las costas de la Patagonia, cosa que señalaba la extrema importancia de la base naval rioplatense en el cuidado y seguridad de todas estas actividades. 

            El Capitán de Navío Francisco Idiáquez Borja y Echevarría sucede en el cargo a Guerra con fecha 20 de Febrero de 1784. Su hoja de servicios nos dice:

            Natural de El Ferrol, Guardiamarina en 25 de Julio de 1752; Alférez de Fragata en 29 de Diciembre de 1755; Alférez de Navío en 2 de Abril de 1760; Teniente de Fragata en 15 de Enero de 1766; Teniente de Navío en 15 de Junio de 1769; Capitán de Fragata en 17 de Febrero de 1776 y Capitán de Navío en 13 de Mayo de 1779.           

            Martínez Montero indica este momento de la vida del Apostadero, como aquel en el que se comienza con el indigesto problema de la ingerencia de las autoridades de Buenos Aires sobre las actividades marítimas de la plaza de Montevideo, cosa de la que mucho se ha escrito y poco se ha asumido, ya que es el inicio de la separación entre las comunidades de ambas bandas del Río. Pero ello es sólo el reflejo del propio sentimiento cantonalista de los pueblos ibéricos, siendo esto un hecho inevitable dadas las diferencias entre el mejor puerto platense y la capital virreinal, que desató celos en todos los estamentos de la sociedad de la época. 

            Idiáquez, cuando se hallaba a pleno desempeñando su cargo, con fecha del 5 de Mayo de 1785, fallece de un ataque de apoplejía, asumiendo interinamente el Capitán de Fragata Santiago de Hezeta, por ausencia del oficial de la derecha, que lo era el de su mismo rango Ramon de Clairac, que al momento se hallaba en las Malvinas como Gobernador. Resulta por demás interesante el empeño que puso Hezeta a lo largo de años en lo referente a la imprevista muerte de Idiáquez, siendo en tal caso su apoderado ante las autoridades de la época, destacando su solidaridad con la familia Idiáquez. En este último caso, la viuda, Doña Beatriz de Castro, aún en fecha del mes de Abril de 1815 solicitaba al Rey, desde la ciudad de San Fernando, la íntegra pensión de su esposo, atento a la precaria situación en que vivía. Y este triste hecho se dará en varios casos similares. 

            El 31 de Mayo de 1786, Hezeta hace entrega del mando a Clairac, cuyo desempeño apenas durará 4 días ya que en tal fecha llegó desde Madrid la orden para que asumiera el cargo el Capitán de Navío Antonio Basurto, que se hallaba en Montevideo desde el día 20 de Abril. 

            La hoja de servicio de Ramón de Clairac y Villalonga nos dice:

Natural de Cataluña Guardiamarina en Junio de 1759; Alférez de Fragata en Febrero de 1766; Alférez de Navío en   Octubre de 1767; Teniente de Fragata en Junio de 1774; Teniente de Navío en Abril de 1776; Capitán de Fragata en  Noviembre de 1781 y Capitán de Navío en Octubre de 1789 ; Brigadier en Febrero de 1809, falleciendo en El Ferrol en 1814. Debemos destacar que este jefe naval fue por tres períodos Gobernador de las islas Malvinas, señalándose su total dedicación en tan dura posición.           

            La hoja de servicios de Antonio Basurto y Velázquez de Cuellar nos dice:                       Natural de Jerez de la Frontera, Guardiamarina en Julio de 1757; Alférez de Fragata en Febrero de 1760; Alférez de Navío en Enero de 1766; Teniente de Fragata en Septiembre de 1767; Teniente de Navío en Enero de 1774; Capitán de Fragata en Mayo de 1778; Capitán de Navío en Diciembre de 1782 y Brigadier en 29 de Enero de 1795, falleciendo en su ciudad natal en Noviembre de 1800. 

            Como dato sui generis, observamos que Basurto sostuvo un serio altercado con Hezeta, ya que a su arribo a Montevideo, siendo oficial más antiguo y de mayor jerarquía, el comandante interino no le cedió el cargo ya que aguardaba comunicación oficial desde Madrid. Según surge de la abundante correspondencia tanto de uno como de otro, Basurto planteó el problema de tal manera que casi amerita un tribunal de honor; pero finalmente primó el factor tiempo, burocracia de por medio, y la cosa no llegó a mayores. 

            La política hegemónica de las potencias europeas y la misma situación del Viejo continente, en vísperas de los tremendos acontecimientos de la Revolución Francesa, comenzaban a afectar a cuanto rincón de la tierra viera pasar una vela europea. Las guerras entre Francia e Inglaterra, por el Canadá y la India o por la cuestión de las Trece Colonias, habían alborotado en grado sumo el balance de poder. La Gran Bretaña se perfilaba ya como el poder naval que regularía el planeta por un lapso centenario, al paso de sus avances, victorias y su implacable política de dominación. 

            Así, la política hispana de aquellas horas se halló de cara a esta disyuntiva, laborando fieramente para alcanzar ya en estas décadas finales del siglo XVIII un fuerte tercer lugar en el ranking naval, cosa soñada por aquel genio, el Marqués de la Ensenada, hecho que aseguraría el balance de poder europeo. De forma que el Río de la Plata, con Montevideo y su Apostadero, se hallará en primera fila en ese juego constante de la estrategia y la geopolítica, y de aquí en más las consecuencias no se harían esperar. 

            El 23 de Febrero de 1789, Basurto hace entrega del cargo al Capitán de Navío José de Orozco, de quién poca información tenemos, conociendo que un primo hermano de este navegó con Malaspina en la Astrea y fue justamente oficial de ordenes de Orozco por el tiempo en que este ejerció su comando montevideano. 

            Como sabemos, durante este período se halló en el Río de la Plata la expedición al mando de Malaspina que recibió todo el apoyo necesario y posible de los medios del Apostadero, hecho ya señalado en la historia. Se resalta la labor de Orozco en lo relativo a este tópico y en sus relaciones con el Cabildo de la ciudad. 

            El 20 de Setiembre de 1791, el Rey Don Carlos IV firmaba la designación del Brigadier Antonio de Córdova como nuevo Jefe del Apostadero. La personalidad de Cordova era conocida en la zona, ya que había efectuado una campaña de relevamiento de las islas Malvinas y la costa patagónica, entre los años de 1788 y 1789, al mando de los paquebotes SANTA CASILDA y SANTA EULALIA, siendo además hasta el momento, el marino de mayor jerarquía que asumía en el Plata, hecho que ya destacaba la relevancia que se estaba dando al Apostadero, cada día con mayores responsabilidades y medios. 

            La Revolución Francesa planeaba ominosa sobre los cielos del Viejo Mundo. Al principio España se halló en lucha contra quienes habían guillotinado a un Borbón, pero como conocemos, los franceses siguieron adelante en su proceso.Para Montevideo, como para el resto del imperio español, la hora fue grave y en este caso es de resaltar que bajo Córdoba, el Apostadero se halló en buena condición y su presencia en el Atlántico sur se hizo sentir. Como bien decía Leslie Crawford: "la época más feliz para Montevideo", se dio en aquellas horas hispánicas cuando las naves del Rey se hallaban estelando el suratlántico y sus costas al entero, mientras la Compañía de Pesca laboraba tranquilamente en el Río y el litoral patagónico, y las Malvinas se hallaban bajo control estricto de los gobernadores navales nombrados por la autoridad del Apostadero montevideano. No hubo nunca momento de mayor grandeza para la que sería "muy fiel y reconquistadora" andando pocos años en los tiempos. 

            En el mes de Marzo de 1795 asume el nuevo comandante, el Brigadier José Adorno. Su hoja de servicio nos dice:

            Natural de Jerez de la Frontera, en Diciembre de 1762 se recibe de Guardiamarina; como Teniente de Navío comandó la fragata SANTA RUFINA en Abril de 1777 donde hizo fulgurante campaña en el Mediterráneo; como Brigadier se halló en el sitio de Tolón; asciende a Jefe de Escuadra en 5 de Setiembre de 1795 durante su mando en Montevideo; como Teniente General se halló en 1814 como comandante General del Departamento de Cartagena, al fallecer tenía sobre sí 74 años de edad y 59 de servicio a la Patria y al Rey. 

            Como se expresa, dado el juego de los conflictos europeos al paso de los tiempos y los acontecimientos, cada día se acrecentaba la importancia del Apostadero montevideano de cara a las constantes estratégicas. Ello es dable al observar las jerarquías de estos jefes que se alternaban en su mando; mientras Adorno ejercía en forma notable su servicio, en Madrid las mas altas jerarquías resolvías nombrar al Brigadier José de Bustamante y Guerra como novel comandante. 

            El segundo jefe de la expedición malaspiniana había presentado al Rey y al válido Godoy, una serie de estudios basados en la mejor estrategia defensiva del Reino frente a los desafíos del momento. La potenciación de las Filipinas y el Río de la Plata, conformaban el nudo central del trabajo del ilustrado marino. Así, en una decisión memorable Carlos IV envía al lar platense al que será, por imperio de su notable labor, el más grande comandante que tuvo el Apostadero; y en esta opinión participan la casi unanimidad de los más claros historiadores de estas horas. 

            La impecable hoja de servicios de José de Bustamante y Guerra nos dice:

            Natural de Ontañeda (Santander), Guardiamarina en Noviembre de 1770; en 1774 como Alférez de Fragata se desempeña en las Filipinas; en 1782 como Teniente de Navío se halla en el sitio de Gibraltar; en 1789 es segundo de Malaspina como comandante de la corbeta ATREVIDA; por Real Cédula del 13 de Setiembre de 1796 es nombrado Comandante del Apostadero y Gobernador de Montevideo; el Octubre de 1802 es Jefe de Escuadra; y como Teniente General de la Armada a partir de 1808, ejerce la Capitanía General de Guatemala y en 1820 la Dirección General de la Armada, máximo cargo naval. 55 años de servicios a España. 

            Por vez primera el Rey unificaba la gobernación "política y militar" de Montevideo, con el mando naval del suratlántico, y este hecho es de tamaña importancia para el destino de la ciudad y la misma Banda Oriental. Nos animamos a decir que Bustamante y Guerra, es, por su acción social y política al frente de la plaza montevideana, la figura que origina la llamada orientalidad, o si se quiere, quién lanza el proceso cantonalista que lleva, ineluctablemente, a la separación entre las comunidades platenses. De este tema nada hay que temer, en la vieja Iberia acontece algo similar con sus divisiones y subdivisiones históricas entre sus pueblos. 

            En tal caso, el quinto gobernador de Montevideo fue sin lugar a la mínima duda, el gobernante más popular de la época hispánica. Cuando en 1804 cesa en su cargo y regresa a España al frente de cuatro fragatas, y estas, en una acción cuasi ilícita, son atacadas por otras tantas naves británicas a la altura del gaditano cabo de Santa María, y el marino es hecho prisionero, la noticia sacude a Montevideo hasta sus tuétanos. Se organiza el corso de represalia desde el lar montevideano con tal éxito, que el mismo es señalado por fuentes británicas con especial indicación, ya que opera sobre la costa africana y la brasileña con un alto guarismo de presas. 

            No había mas que hacer, surgía a la luz de la historia la plaza de Montevideo, con su base naval y su territorio circundante, o sea la Banda Oriental, con un destaque a nivel planetario y por cierto de la estrategia ya que este tiempo es aquel en el que la Gran Bretaña, luego de la diana triunfal de Trafalgar, se disponía a efectuar su "....rule Britannia, rule the waves....", su dominio de las aguas que transformaría a la Rubia Albión en el segundo imperio atlántico que conoce la historia. 

            El 4 de Julio de 1803, Carlos IV nombraba al Brigadier Pascual Ruiz Huidobro al frente de Montevideo y el Apostadero. Había, a lo largo de su servicio, comandado diversos buques y sostenido diversos cargos que lo hacían personaje indicado para el momento en que le tocaba actuar.        

            "Ningún comandante de Apostadero antes que él hubo de afrontar situación tan difícil y en condiciones tan precarias". No exagera Martínez Montero con este pensamiento, ya que la guerra contra la potencia inglesa, se iba a hacer con los exiguos medios materiales con que contaba la plaza. Pese a esto bien vale indicar que Montevideo poseía las mayores defensas estáticas del Río de la Plata, siendo otro logro que en gran parte era debido al intelecto de los jefes navales. 

            Las invasiones inglesas marcan un importante mojón en la historia nacional. En el exclusivo metier de este trabajo, podemos decir que Ruíz Huidobro rayó tan alto que logró alcanzar la popularidad de Bustamante y Guerra. Cuando cae Buenos Aires en el mes de Junio de 1806, y por ende el Virrey Sobremonte debe huir al interior, el Cabildo de Montevideo en memorable sesión otorga al Gobernador el máximo título regional: "en virtud de haberse retirado el Virrey al interior del país y de haber jurado el Cabildo de Buenos Aires obediencia a la autoridad británica, debía respetarse en todas las circunstancias al Gobernador Don Pascual Ruíz Huidobro como Jefe Supremo del Río de la Plata y el Virreinato, pudiendo obrar y proceder con la plenitud de esta autoridad para salvar la ciudad de Buenos Aires". 

            Y así acontece la Reconquista, término muy feliz y querido para la mentalidad española, con Huidobro como gestor y Santiago Liniers ejecutor, hecho en el cual la marinería y las fuerzas montevideanas llevaron la mayor parte del peso del combate. El Apostadero Naval de Montevideo alcanzaba notable entidad a ojos del enemigo y por ello su firme decisión de dar término a su potencia y de allí su sitio y toma de Febrero de 1807, tras el Cristo y la Brecha.           

            Para Ruiz Huidobro esto supuso su prisión en las mazmorras de la Rubia Albión hasta que los vaivenes políticos hicieron que los británicos y españoles debieran aunar esfuerzo contra el azote napoleónico; y en este caso había seguido los mismos rumbos que su ilustre antecesor, también en su misma situación. 

            En el mes de Junio de 1809, arribaba al Río de la Plata el Capitán de Navío José María de Salazar. Si nos remitimos a su apasiondo apologista, Don Homero Martínez Montero, tenemos que este marino poseía una notable inclinación intelectual y su inclusión en tal hora en el Plata fue un acierto para España, pese a que el desarrollo de los acontecimientos desembocara en otra cosa. La invasión francesa y la caída de la Monarquía tras la inefable "comedia de Bayona", había formalizado la resurrección de los antiquísimos fueros populares hispánicos, y el surgimiento de los Cabildos y las Juntas como máximos órganos de conducción de los pueblos de España. Y esto se proyectó al mundo de la América española. 

            El 21 de Setiembre de 1808, el Cabildo Abierto de Montevideo proclama al mundo su absoluta fidelidad a la Corona hispánica en la figura de Fernando VII. Este hecho de corte notable para la historia del país, tuvo en Salazar figura de primera línea con una sensibilidad social y política no extraña en los directores de aquellos días, mal que les pese a algunos historiógrafos del presente. La primera manifestación juntista hispanoamericana se daba en el Plata, con las repercusiones que todos conocemos tuvo en las ásperas controversias que esto supuso entre Montevideo y Buenos Aires. 

            La documentación sobre Salazar abunda en todo género de detalles sobre la relación de este con la volcánica personalidad de Don Francisco Xavier de Elío, gobernador primero, luego Virrey rioplatense por las idas y venidas de la situación, 25 de Mayo de 1810 mediante, e insurrección de la campaña oriental, que supuso el principio del fin para la época hispánica. 

            El 10 de Agosto de 1811 el Consejo de Regencia decidía el regreso de Salazar a España, haciendo eco a los sucesivos pedidos del marino de relevo. El mes siguiente parte hacia Cádiz dejando tras de sí una coyuntura muy difícil para los intereses peninsulares. En el mes de Noviembre de 1814 se lo comisionaba a Río de Janeiro a: "indagar el estado de las

Provincias del Río de la Plata", o sea cuando prácticamente ya nada mas había para hacer, pues el territorio se hallaba ya en un proceso de consolidación de la independencia. José María de Salazar fallece en la ciudad carioca en el año de 1818, ostentando la jerarquía de Brigadier, alcanzando su persona el mismo rango de importancia que Bustamante y Guerra en el sentido del aporte que hizo para la defensa de Montevideo y la consolidación de los sentimientos forales de independencia ante Buenos Aires.   

            Corresponde al Capitán de Navío Miguel de la Sierra el honor de ser el último Comandante. Su hoja de servicio nos dice:  

            Natural de Guaraizo, provincia de Santander, sentó plaza de Guardiamarina en El Ferrol el 26 de Abril de 1780; Alférez de Fragata el 16 de Setiembre de 1781; Alférez de Navío el 26 de Abril de 1787; Teniente de Fragata el 12 de Julio de 1790; Teniente de Navío el 22 de Noviembre de 1794; Capitán de Fragata el 29 de Octubre de 1805; Capitán de Navío el 24 de Mayo de 1811 y a Brigadier el 14 de Julio de 1825. Estuvo 12 años y dos meses en comisión fuera de España y dio la vuelta al mundo en la escuadra al mando de Alava desde 1794 a 1803, donde desempeñó innumerables comisiones, en especial en los cruceros entre Manila y Lima. Se halló en los hechos de Tolón en 1793 y en la batalla de Santa María, en 1804 donde al igual  que Bustamante y Guerra cayó prisionero; asimismo participó de varios eventos navales en la lucha contra el invasor francés en aguas de Cádiz y Barcelona. Arribó al Plata al mando de la fragata EFIGENIA que trasladaba a Elío, ya nombrado Virrey del Río de la Plata. 

            Mediante Real Orden de Enero de 1812, asume el mando del Apostadero en horas finales para España. Por consiguiente su historial nos habla de los sucesivos hechos de armas en que se halló durante el sitio de Montevideo donde debió extremar sus virtudes dado los problemas de todo tipo que sufría la plaza, situación que esta inscrita en nuestra historia. 

            El combate naval del Buceo, dado entre los días 14 al 17 de Mayo de 1814 a la vista de sus murallas, fue la diana que cerró la época hispánica rioplatense. De forma que bajo el fragor de las armas, se cierra todo un amplio capítulo de la historia de estos países, en el preciso y sugestivo marco de una batalla naval, casi desesperada para los navíos del Apostadero, dirigidos en esta oportunidad por el propio Comandante, el que abordo del queche HIENA participó en los prolegómenos de la acción, que resultó en victoria para los comandados por Guillermo Brown. 

            Como hecho consumado se da la capitulación de Montevideo, en fecha del 20 de Junio siguiente, dimanado de la derrota de los últimos buques peninsulares, que en el lapso de estos últimos años, poco y nada recibieron desde España. 

            Bajo el exclusivo marco de la vida de Miguel de la Sierra, estos hechos le significaron durante muchos años, el deber de enfrentar un Tribunal de Honor y una causa que finalmente dilucidó el Supremo Consejo de la Guerra en Real Orden del 15 de Octubre de 1818, declarando al marino cántabro libre de todo cargo y que la formación del proceso no perjudique su fama y memoria. De forma que su carrera siguió adelante y en Enero de 1819 es nombrado Director del Arsenal de El Ferrol y en 1822 vocal de la Junta del Almirantazgo, pasando luego a Cádiz donde participó del sitio que pusieron las fuerzas francesas a dicha plaza. Falleció en El Ferrol en 1827. Como dato sui generis, tenemos que el Tribunal que sostuvo la causa contra De La Sierra, tuvo en sus manos el destino de casi todos los jefes que estuvieron en el Plata en los últimos aconteceres bajo color español; el propio Jacinto de Romarate - según Guillermo Brown: "el oficial más capaz que enfrenté en toda mi carrera" - José Primo de Rivera, que alcanzó el rango de Teniente General, se hallaron bajo juicio, junto a la casi totalidad de los mandos que estuvieron con el primero en la batalla de Martín García y el Combate del Arroyo de la China, dados en Marzo de 1814. Aquí va la lista: 

            Tenientes de fragata Ignacio Requena y Pascual Cañizo, Alfereces de Navío Miguel Quesada e Ignacio Florez, Alférez de Fragata Miguel del Castillo, Teniente de Ejército José Benito de Azcuénaga, Piloto particular habilitado Julián Carmona, Piloto Antonio Cortez, todos con sus defensores. Esto indica hasta dónde arribó el hecho de la pérdida de Montevideo para los intereses de España en este año de 1814, cuando ya las últimas tropas napoleónicas traspasaban los Pirineos para ya nunca volver. 

            Antonio Camino, Gabriel Guerra, Francisco Idiáquez, Santiago de Hezeta, Ramón de Clairac, Antonio Basurto, José de Orozco, Antonio de Córdoba, José Adorno, José de Bustamante y Guerra, Pascual Ruiz Huidobro, José María Salazar y Miguel De La Sierra, configuran gran parte de nuestro pasado y por ende están inscritos en este con indeleble trazo, el mismo que transcurrió en horas en que se fraguaba esta Patria. 

            Por obra del proceso del Descubrimiento y el posterior fallo del Papa, España se halló dueña y señora de gran parte del orbe, el mismo que ayudó a descubrir. De tal forma, nació la primera talasocracia occidental moderna y el primer imperio atlántico de la historia, por imperio de sus marinos y entonces, como bien decía Navarrete la real Armada sembró con sus ilustres muertos todos los fondos de los mares planetarios en cuanto rincón de la Tierra exista.

            Notable parte de estos marinos, prestaron servicio en el Río de la Plata sin desmedro del resto, los hemos esbozado muy someramente en estas páginas en las que la mejor crónica de la vieja Montevideo se ha dejado ver. Por ende surge a la vista de la posteridad, la deuda que el Uruguay tiene con aquellos abnegados Comandantes del Apostadero Naval, sin cuyo sacrificio no hubiera sido posible tanta grandeza; esa misma que ostentó gallardamente la base montevideana en los 38 años de su fulgurante existencia. 

 
 

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