Historia y Arqueologia Marítima

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  La expedición antártica alemana de 1938 – 1939

La Expedición antártica alemana de 1938/39 (Fig. 2) fue conducida por el Capitán Alfred Ritscher.   No fue una expedición militar, y Ritscher no era un militar, aunque era miembro del Kriegsmarine, el alto mando naval alemán. Estaba al servicio de la Armada en carácter de civil. Lo habían prestado para la expedición porque era uno de los exploradores polares (Ártico) más experimentados de Alemania, navegante y un consumado piloto aéreo. La expedición partió de Alemania el 17 de diciembre de 1938, y desarrolló actividades a lo largo de la costa de la Tierra de la Reina Maud solamente entre el 19 de enero y el 15 de febrero de 1939. El Schwabenland era un aeropuerto flotante de 8000 toneladas que estaba equipado para catapultar hidroaviones. Además, contaba con grúas para recuperarlos de las aguas una vez que acuatizaban y poseía instalaciones completas de abastecimiento de combustible y mantenimiento y reparación. Pertenecía a la aerolínea alemana Lufthansa, cuyas tripulaciones pilotearon y realizaron el mantenimiento de los aviones de Lufthansa durante la expedición (Ritscher 1942; Lüdecke 2004; Sullivan 1957; Mills 2003: 552–554).

Fig. 2. El sello de la Expedición Antártica Alemana de 1938 – 1939.

 Para asegurar que la expedición buscara una base ballenera en la zona correcta, la tripulación incluyó a un ballenero avezado, Otto Kraul, que había trabajado en esta región (Kraul 1939).  Kraul también se desempeñó como piloto de hielo y colaboró con la elaboración de una sección sobre las condiciones del hielo del informe de la expedición (Kraul 1942). Así como Kraul, había una dotación de científicos.

 Los resultados iniciales del Schwabenland se describieron ampliamente en la literatura científica alemana (Deutsche Seewarte 1939; Wohlthat 1939; Ritscher 1942), y también en relatos populares escritos por Kraul (1939) y Herrmann, el geógrafo de la expedición (Herrmann 1942).  Sin embargo, con el estallido de la guerra el 1 de setiembre de 1939, el trabajo quedó incompleto y los resultados tuvieron mucha menos difusión internacional de la que habrían tenido en caso contrario. Aun después de la guerra, muchas de las publicaciones relacionadas con la expedición estaban en alemán (Ritscher 1946, 1948, 1958; Brunk 1986, 1987; Lüdecke 2004), aunque había algunas referencias a la expedición en inglés (por ejemplo, Sullivan 1957: 124-128), y el libro de Kraul (1939) se tradujo a otras lenguas. No obstante, mapas rudimentarios de las montañas trazados por Ritscher y su tripulación se pusieron rápidamente a disposición, y aparecieron en los mapas nuevos de la Antártida (Bayliss 1939; Bayliss and Cumpston 1939; US Hydrographic Office 1943). El científico sueco Hans Ahlmann leyó los informes de la expedición a principios de la década de 1940 y esto lo llevó a presentar una propuesta en 1945 para la organización de una expedición internacional que sería la Expedición antártica noruego británico sueca (Norwegian/British/Swedish Antarctic Expedition, NBSA) de 1949–52 (Giaever 1954).  Los mapas alemanes se utilizaron para guiar la Expedición NBSA y, más tarde, las expediciones de países que planeaban instalar bases en la Tierra de la Reina Maud.

Fig. 3. Hidroavión Boreas en la catapulta del Schwabenland (Cortesía de Lufthansa).

 Mientras el Schwabenland recorría las costas haciendo sondeos y recolectando muestras marinas, sus dos hidroaviones Dornier-Wal de diez toneladas, Boreas y Passat, llevaron a cabo el primer reconocimiento fotográfico aéreo sistemático de la Tierra de la Reina Maud, que de hecho fue uno de los primeros reconocimientos de ese tipo en toda la Antártida, sobrevolando el interior del continente entre las latitudes 69° y 74° S, y las longitudes 5° O y 18° E (Brunk 1987).  Más tarde se comprendió que, ante la falta de mediciones de referencia verificadas sobre el terreno, los mapas topográficos realizados a partir de las fotografías aéreas eran algo imprecisos; había picos ubicados hasta 50 km fuera de su posición real y demasiado altos, hasta 1000 m (Giaever 1954). Los mapas se corrigieron a mediados de la década de 1950 (Ritscher 1958) sobre la base de datos verificados sobre el terreno suministrados por la Expedición NBSA, y de nuevo en la década de 1980 por Brunk (1986, 1987), quien comparó las fotografías de la expedición con las del satélite LANDSAT para establecer por dónde habían volado los aviones. En este trabajo, utilizamos las alturas corregidas.

Fig. 4. El Schwabenland lanzando un hidroavión (fuente: Ritscher 1942: 48, Fig. 14).

 La expedición descubrió que la mayor parte de la costa norte era un acantilado de hielo de unas decenas de metros de altura, situado en el borde que daba al mar de una plataforma de hielo llano flotante de 100 km de ancho en el océano a aproximadamente 70° de latitud S. La plataforma de hielo era el borde flotante de un enorme manto de hielo que se elevaba a un ritmo constante hacia el Polo Sur y culminaba en una meseta a una altura de aproximadamente 2500 – 3000 m.   La elevación lisa del manto de hielo hacia la meseta polar se interrumpía aquí y allá por algunos nunataks y, a una cota de aproximadamente 1500 m, por una vasta cadena de montañas rocosas orientada de este a oeste a una latitud de unos 72° S, alrededor de 200 – 250 km tierra adentro desde el borde de la plataforma de hielo que daba al mar (Fig. 1). Los picos rocosos cubiertos de nieve o expuestos se elevaban entre 500 y 1000 m sobre el manto de hielo, alcanzando una altura máxima de 3148 m en Jøkulkyrka y las Montañas Mühlig-Hofmann (Mills 2003). Para su sorpresa, la expedición descubrió cerca de la costa un área de 34 km2 de roca expuesta que contenía varios lagos pequeños sin hielo, a los que denominaron Oasis Schirmacher, en homenaje al piloto que la descubrió (Ritscher 1942).

Fig. 5. El Boreas amarrado al borde de la plataforma de hielo. (Foto cortesía de Scherl/SV-Bilderdienst).

 Sólo se realizaron tres aterrizajes, todos sobre la plataforma de hielo. En cada caso, pequeños grupos de personas desembarcaron de un bote de barco o de uno de los dos aviones del barco para realizar breves visitas de menos de un día (Ritscher 1942; Fig. 5).

 Antes de la expedición alemana, la mayor parte de la exploración en esa zona la habían llevado a cabo los noruegos y había estado limitada a la costa (Christensen 1935, 1939; Royal Geographical Society 1939; Mills 2003: 535, 549). Las montañas no se habían divisado. Cuando la expedición alemana navegó a la Antártida, Noruega decidió presentar un reclamo formal por la región sobre la base de su descubrimiento previo de la mayor parte de la costa. Esto ocurrió el 14 de enero de 1939 (Giaever 1954; Lüdecke 2004).

No obstante, según lo planeado, la expedición colocó banderas alemanas en algunos puntos estratégicos de la costa, y arrojó en el interior banderas con la esvástica desde aeronaves como base para reclamar lo que Alemania llamaría Neuschwabenland.  Según Giaever (1954), los alemanes lograron mantener su expedición en secreto hasta que se realizó un anuncio oficial el 9 de marzo de 1939. Allí se indicó que habían descubierto e inspeccionado una gran zona de la Antártida y que habían trazado mapas del área desde aeronaves.

 Quizá debido al reclamo noruego, no se presentaron reclamos alemanes para anexar el territorio.  De hecho, el advenimiento de los reclamos noruegos parece haber encaminado a los alemanes en otra dirección porque, poco después de que el Schwabenland regresara a Alemania, se analizaron planes para regresar a la Antártida durante el verano meridional de 1939 – 1940 para visitar el sector pacífico entre los 80° y 130° O (Lüdecke 2004: 86). En ese entonces, ningún país había reclamado la costa en esa zona.

  

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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