Historia y Arqueologia Marítima

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CIEN AÑOS DE CIENCIA ARGENTINA EN LA ANTARTIDA

 CAPITULO II 

LA EXPEDICIÓN ESCOCESA DEL DOCTOR BRUCE

    William S. Bruce, experimentado explorador polar escocés, conocedor de nuestros mares australes, había partido del puerto de Edimburgo el 2 de noviembre de 1902 con el “Scotia”, al frente de una expedición organizada por la Real Sociedad de Geografía de Escocia, de acuerdo con lo recomendado por el VII Congreso Internacional de Geografía de Berlín de 1899, en el sentido de explorar el mar antártico realizando diversos trabajos científicos: observaciones magnéticas, meteorológicas, geográficas, oceanográficas, biológicas, etc., y que había dado ya lugar a la Gran Expedición Antártica Internacional de 1901. Esta fue realizada por Inglaterra con el buque “Discovery”, capitaneado por Scott; Alemania con el buque “Gauss”, bajo el comando del capitán von Drygalsky; Francia con “Le Francais”, bajo la dirección científica del doctor Charcot; y Suecia con la expedición polar del doctor Otto Nordenskjöld, embarcada en el buque “Antarctic”, capitaneado por el noruego Karl Anton Larsen. 

   El doctor Bruce, cuya expedición se realizaba al margen de la Gran Expedición Internacional, pero con igual finalidad, se había propuesto explorar y estudiar científicamente el sector del casquete polar situado al sur de nuestro continente. Arribado a las latitudes antárticas después de haber recalado en las Malvinas, a los 17° de longitud Oeste y 65° de latitud Sur, y no pudiendo continuar la navegación por impedírselo el hielo que ya cubría en gran parte el mar, decidió poner proa hacia las Orcadas del Sur, archipiélago que ya había visitado en un viaje anterior, y en cuya islas Sadle efectuar un desembarco en aquella oportunidad. 

   Alcanzadas las Orcadas en la isla Laurie, el “Scotia” penetró en una bahía de la costa de la isla Laurie, bahía que fue denominada por Bruce con el nombre de su barco. 

   Esto ocurría en el mes de marzo, y a esta altura del año el mar en esta zona comienza a cubrirse rápidamente de hielo. Por tal motivo, el “Scotia” quedó aprisionado en la bahía homónima, mientras Bruce y sus hombres decidieron invernar en la isla. Era necesario, pues tener un sitio para vivir en un lugar tan inhóspito y en la peor época del año, y los expedicionarios se dedicaron a la tarea de construir un albergue donde pasar el invierno. Así surgió Omond House, la primera casa habitación en Orcadas del Sur, una pequeña casilla de madera protegida por fuera con piedras de las faldas de los cerros próximos. El nombre le fue dado en honor de uno de los organizadores de la expedición. 

   Este fue el humilde origen del observatorio Nacional de Orcadas del Sur, primer establecimiento argentino permanente en la Antártida y primero de su tipo en el mundo.

   En Omond House pasó Bruce aquel invierno de 1903, en espera de que el deshielo le permitiera salir con el “Scotia” en procura del puerto de Buenos Aires, con el fin de reaprovisionarse. Mientras tanto, los hombres no permanecían inactivos. Otra pequeña casilla de madera para depósito del instrumental de magnetismo terrestre se levantó en un lugar próximo a Omond House, además de pequeños abrigos para observaciones meteorológicas instalados en la playa de bahía Scotia. 

Llegada la época propicia para la navegación, Bruce dejó en Omond House una dotación de seis hombres encabezada por el meteorólogo Robert C. Mossman, que durante los años 1896 a 1900 había ejercido la dirección de la principal estación meteorológica de Edimburgo y la superintendencia del observatorio de Ben Nevis (Escocia). Así se continuaría con los estudios y observaciones hasta el regreso de Bruce. 

   En diciembre de 1903 el “Scotia” llegaba a nuestro puerto. 

   Buenos Aires ya estaba familiarizada con estos exploradores de las regiones polares, y la Antártida comenzaba a despertar la curiosidad y atraer la atención de los porteños de la época. 

   Cuando llegó el “Scotia” hacía apenas dos años que nuestro puerto había sido visitado por el “Antarctic”, de paso para el sur; y a principios de diciembre, habían arribado el buque “Le Francais”, de Charcot, regresando de su viaje a los mares australes, y la corbeta “Uruguay” de la Armada Nacional trayendo a su bordo al doctor Nordenskjöld y sus hombres rescatados en las islas Cerro Nevado y Paulet, donde habían quedado en difícil situación al naufragar el “Antarctic” aprisionado por los hielos. Los porteños acompañaron y homenajearon a los expedicionarios a su paso por las calles céntricas de la ciudad, y lo más selecto de la sociedad del Buenos Aires de principios de siglo se dio cita en la sala del teatro Politeama para agasajarlos, cuando las autoridades nacionales les tributaron una emotiva demostración. Antártida estaba en todos los comentarios: en los periódicos, en las tertulias familiares, en las charlas del café, en la oficina y en el taller. 

   El doctor Bruce pudo maravillarse en aquella ocasión –como lo hicieran Nordenskjöld y Charcot– con el espectáculo que ofrecía la gran ciudad del Plata, que al decir de Nordenskjöld mostraba un lujo más ostentoso que el de cualquier capital europea, y signos evidentes de grandes riquezas. Efectivamente, el Buenos Aires de aquel entonces impresionaba al viajero que llegaba a sus playas. La belleza de sus edificios, los imponentes palacios que comenzaban a surgir en barrio norte, sus avenidas, parques y paseos públicos, la elegancia de sus gentes y la febril actividad que se veía en todas partes. 

COOPERACIÓN ARGENTINA EN LA INVESTIGACIÓN ANTARTICA 

La propuesta del Doctor Bruce 

   Durante la segunda presidencia del general Julio Argentino Roca (1898-1904) se daban condiciones para que nuestro país pudiera intervenir en el quehacer científico y se ocupara de colaborar en el avance general de las ciencias. 

   Fue así que la Argentina decidió cooperar con los científicos europeos que se dedicaban en aquel momento a la exploración e investigación del extremo austral del mundo. Dicha cooperación se concretó con la instalación de un observatorio meteoro-lógico, magnético y geofísico en la isla de Año Nuevo, al norte de la isla de los Estados. 

   Este hecho, sumado a la acción que nuestra marina acababa de realizar, rescatando a la expedición de Nordenskjöld y apoyando luego al “Scotia” en su viaje a Buenos Aires, inclinó quizás al doctor Bruce, preocupado por la continuación de las observaciones iniciadas en la isla Laurie, a pensar que nuestro país podría acometer esa empresa. El 3 de diciembre se había realizado en el teatro Politeama el homenaje a los huéspedes expedicionarios, y en esa oportunidad Nordenskjöld dijo: “Aquí las expediciones son bien preparadas y llevadas a término, como lo sabe cualquier persona que observe la expedición realizada con tan buen éxito por, la Armada Argentina”. 

   Por otra parte, nuestra situación geográfica es estratégica. No había dudas que podíamos intentar la empresa, y Bruce así lo entendió. Con tal motivo se dirigió al Jefe de la Oficina Meteorológica dependiente del Ministerio de Agricultura, señor Gualterio Davis, con la siguiente proposición: le vendía al gobierno argentino la instalación de Omond House, el depósito de instrumental y los aparatos de observación, todo por la suma de cinco mil pesos moneda nacional. Sólo ponía una condición: que dicha venta no se hiciera pública, y que figurase como una donación hecha por él a nuestro gobierno, en retribución por la cooperación que le prestara la armada nacional durante su viaje a Buenos Aires. El señor Davis, hombre competente en su materia, valoró en su justa medida la importancia de continuar con las observaciones comenzadas por los escoceses en la isla Laurie, lo cual proporcionaría un conocimiento de las corrientes magnéticas polares y meteorológicas, sumamente útiles desde el punto de vista práctico y del interés científico. 

   Con estos argumentos el señor Davis entrevistó al subsecretario del Ministerio de Agricultura, doctor Carlos Ibarguren. “En cuanto me enteré de la propuesta del doctor Bruce –declaró Ibarguren –percibí la importancia que tendrá para la Argentina, no sólo en interés científico, sino también político, practico, el establecimiento permanente de una instalación oficial del gobierno en la Antártida”. Esto es lo que el subsecretario de Agricultura le dijo al Ministro del ramo doctor Wenceslao Escalante, quién inmediatamente dio su aprobación al proyecto, encargándole redactara el decreto con fecha 2 de enero de 1904 y que fue publicado en el Boletín Oficial del 5 de enero. 

   Junto con el observatorio se instaló también en la isla Laurie la primera oficina de correos que funcionó en Antártida, siendo su primer jefe el señor Hugo Acuña, miembro de la comisión, que fue designado para esa tarea por el entonces Director General de Correos y Telégrafos de la Nación, don Manuel García Fernández, y provisto para tal fin de una valija postal con formularios del correo nacional y un matasellos para inutilizar estampillas argentinas usadas por el personal del observatorio. Autor de la iniciativa había sido un ciudadano muy preocupado por la defensas de nuestros intereses en la Patagonia y de nuestra presencia en Antártida, el naturalista y geógrafo don Francisco Pascasio Moreno. 

   Grande fue la satisfacción del doctor Bruce por el feliz término de su gestión pues al mismo tiempo que veía asegurada la continuación de los trabajos realizados por sus hombres en la isla Laurie, contaba ahora con el dinero necesario para proseguir su viaje hacia el Polo Sur. Como debía hacer escala en Laurie para embarcar el equipo que había quedado en Omond House, se ofreció para trasladar a los integrantes de la comisión argentina que irían a hacerse cargo de las instalaciones  adquiridas, ya que estando en reparaciones la “Uruguay” nuestra marina carecía de medios para hacerlo. 

   El 21 de enero de 1904, el “Scotia” zarpaba rumbo a las Orcadas del Sur. A su bordo viajaban los integrantes de la comisión argentina: Edgar C. Szmula, empleado de la Oficina Meteorológica Argentina; Hugo Acuña, de la División Ganadería y Luciano H. Valette, de la oficina de Zoología del Ministerio de Agricultura. Este personal trabajaría en Orcadas bajo la dirección del señor Roberto C. Mossman, que de ese modo pasaría un año mas en Laurie, lo mismo que William Smith, otro miembro de la expedición escocesa que quedaría en la isla como cocinero de la comisión. 

   Después de recalar en las Malvinas, el “Scotia” llegó a Laurie el 14 de febrero penetrando en la bahía Uruguay, que ofrecía mejor protección a los vientos del SE que soplaban ese día, pero al rotar éstos al día siguiente hacia el NW buscó el fondeadero de la bahía Scotia. 

            El día 22 se efectuó la sencilla ceremonia de traspaso de las instalaciones, y desde ese momento comenzó a flamear la bandera Argentina en aquel desolado lugar, testimonio permanente de nuestra presencia en la Antártida.  

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Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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