Historia y Arqueologia Marítima

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CIEN AÑOS DE CIENCIA ARGENTINA EN LA ANTARTIDA

CAPITULO VIII

VIÑETAS ORCADENSES - 1

EL PRIMER COMISARIO ANTARTICO 

El año 1906 reviste singulares características en nuestro historial antártico, tanto más si se tiene en cuenta que por aquel tiempo no existían otros pretendientes a los territorios australes situados al sur del continente americano. Argentina se ocupaba de su actividad antártica con especial denuedo y objetivos claros: extender la actividad científica para sumar al conocimiento geográfico el de otras ciencias que permitieran determinar las grandes leyes de la naturaleza en el hemisferio Sur.

Coherente con el pensamiento de Estanislao Zeballos desde que fundó el Instituto geográfico Argentino de 1879, era la necesidad de ampliar los conocimientos de aquellas tierras heredadas de España y ello se pretendía plasmar mediante la instalación de nuevas estaciones científicas. Y así se preparó la fundación de un establecimiento en isla Booth o Wandell, al oeste de la península antártica.

 En las bodegas del "Austral" (ex-Francais de la expedición del doctor Juan Bautista Charcot) se embarcaron los elementos y los hombres para la instalación de la base y los refugios propuestos para otros puntos geográficos. El “Austral” cumplía así, el objetivo para el que había sido adquirido: servir a las estaciones antárticas. Desafortunadamente en ese diciembre de 1906 con destino a la Antártida, navegando en el Río de la Plata, fue sorprendido por un temporal que lo hizo naufragar en las proximidades del banco Ortiz.

 Nuevamente la corbeta “Uruguay” debió retornar el servicio antártico. Estos hechos son los más conocidos. Pero existe un hecho de carácter político jurisdiccional, que hace a la posición territorialista de la Argentina en la Antártida, y que es generalmente desconocido, por ser de reciente data el hallazgo del documento que prueba tan importante acto; en 1906 la Argentina, designó comisarios para las tierras antárticas es decir, guardadores del orden, jefes políticos, para islas Orcadas y también para el establecimiento que se pretendía fundar en isla Booth o Wandell. 

         Y así Rankin Angus, designado comisario de Orcadas del Sur, fue el primer comisario de la historia antártica. Jurisdiccionalmente, dependía del jefe de policía de la Gobernación de Tierra del Fuego. 

CURIOSA HOMONIMIA 

Promediando el año 2002, visitó el Instituto Antártico Argentino la señora Idalia Bruce de Grierson, una madura, simpática y elegante señora, que venía a investigar sobre los antecedentes antárticos de su padre William Bruce.

Nacía su inquietud de la poca información que su progenitor le había brindado sobre su experiencia como jefe del observatorio de Orcadas del Sur a principios del siglo pasado. Idalia manifestó vivir en Montevideo, razón por la que se la puso en contacto con la investigadora correspondiente de la república vecina, para aportarle todo el material informativo que pudiera satisfacer su inquietud.

 William Bruce es un personaje paradigmático de la historia Orcadense, y de la primera conversación surgieron algunos elementos poco claros sobre su identidad, ya que de la menguada información que proporcionaba Idalia, surgían algunas piezas que no encajaban en la personalidad del fundador del observatorio de isla Laurie. Así las cosas, la colega uruguaya advirtió que se trataba  de otro William Bruce, que curiosamente, había sido jefe de la base tres años después que el fundador, y que llevaba el mismo nombre y apellido.

 Surgió entonces a la luz la existencia de dos Bruce, el primero William Speirs, el segundo, William Robert, ambos escoceses, ambos discípulos de los mismos maestros en ciencias en Edimburgo, pero mientras el primero siguió su carrera de investigador polar, el segundo se radicó primero en Buenos Aires y luego en Montevideo, para dedicar su profesión de ingeniero al tendido y desarrollo de líneas ferroviarias en los dos países.

Uno fue jefe de Orcadas en 1903, el otro en 1908. La curiosa coincidencia, quizás única en la historia antártica, dio origen a una contribución que presentó la colega uruguaya en la reunión de historiadores realizada en Montevideo en 2003, en la que fue invitada especial Idalia Bruce de Grierson.  

UNA GRACIOSA PROPUESTA DE SU GRACIOSA MAJESTAD 

Con fecha 23 de agosto de 1906 nuestra Cancillería fue sorprendida por una nota del representante plenipotenciario de Gran Bretaña informando “que el grupo de islas de South-Orkney es territorio británico".

Si bien no respondió nuestro gobierno esa nota, pueden considerarse una respuesta los decretos del 7 y 15 de diciembre de 1906, designando comisarios para las Islas Orcadas y Wandell y los sueldos para las respectivas comisiones, lo que provocó otra nota británica de 4 de enero de1907 renovando los términos de la anterior. No hubo otra presentación, pero el 1° de setiembre de 1908 la legación británica presenta a nuestra cancillería un memorandum acompañado de un “Proyecto de Convención formulado por la Embajada Británica". 

Con una propuesta reveladora de la subestimación de un país sudamericano por parte de la gran potencia del norte. La propuesta era la siguiente: "La soberanía sobre las Islas Orcadas del Sur es cedida por su Majestad británica a la República Argentina" y "La República Argentina cede a Su Majestad británica un solar apropiado para la casa de la legación en Buenos Aires" ¡Soberanía canjeada por un terreno! Lógicamente la propuesta no fue aceptada ya que mal podía ceder Gran Bretaña una soberanía que no tenía por carecer de justos títulos.   

LOS MUERTOS PRESENTES Y AUSENTES: UN CEMENTERIO SINGULAR 

En el Istmo que determinan las bahías Uruguay y Escocia se encuentra, la población más antigua de toda la Antártida, un cementerio singular. Diez cruces determinan la existencia de este camposanto, cuyo morador mas antiguo es Allan C. Ramsay, maquinista del “Scotia” de Bruce, fallecido en los primeros días de agosto de 1903, durante la invernada de la expedición escocesa. 

En 1905, falleció el jefe de la comisión argentina Otto Diebel. Un duro temporal lo sorprendió en la cumbre del cerro Mossman, donde se encontraba haciendo observaciones científicas. El problema pulmonar contraído en esa ocasión lo llevó a la muerte en la mañana del 25 de setiembre. En 1910 falleció John Ellieson, segundo jefe de la comisión, víctima de un ataque al corazón. Antes de salir de Buenos Aires se le habla diagnosticado una afección cardiaca, que no denunció a quienes lo destinaron al observatorio más austral de nuestro país. Tenía tan solo 27 años.

En el año 1913 murió el Jefe de la comisión H. Wiström víctima de una apendicitis aguda que no pudo controlar, pese a la cantidad de hielo usado en el propósito. Actualmente se le practica la apendicetomía preventiva a todos los hombres que van a invernar en las bases más aisladas de la Antártida, aunque actualmente se cuenta  con modernos equipos sanitarios en las estaciones.

El 30 de abril de 1915 desapareció en una solitaria excursión en esquí el jefe de la dotación, Hartvig B. Wiig. Fortunato Escobar uno de los primeros radiotelegrafistas de Orcadas, describió por telégrafo el avance de una nefritis que lo llevó a la muerte el 27 de octubre de 1928.

El observador meteorológico Walter Soto completaba el obituario orcadense. Falleció el 13 de octubre de 1959. Tres nuevas cruces recordatorias se incorporaron en el año 2000. (ver mas adelante “La prudencia”).


Antonio Mocellini nos envia este articulo el 3.05.09:

Tres nuevas cruces simbólicas se incorporaron a partir del año 1998.

De  Amigos de la Tradición Náutica Argentina (ATNA)  (www.atna.com.ar/web/index.php?option=com_content&task=view&id=132&Itemid=29)

Un hombre de mar jamás abandona a otro hombre de mar

El 31 de marzo de 1998, el jefe de la base Orcadas,  Capitán de Corbeta Alejandro Hormanstorfer, de 35 años de edad, acompañado del Suboficial Auxiliar Aeronático Daniel Néstor Tavella, y del Cabo Primero Ricardo Alvez, salieron en un bote de goma con la intención de circunnavegar parte de la Isla Laurie, desde Bahía Uruguay hasta Bahía Scotia, pero jamás regresaron. En condiciones normales la distancia podría haber sido recorrida en poco más de tres horas.

La falta de noticias de los tres hombres disparó un operativo SAR en el cual participaron aviones Orión P3 de la Marina de Guerra y C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, a los cuales se sumaron un Hércules C-130 y un VC-10 de la Real Fuerza Aérea que acudieron desde Malvinas al conocer la infausta noticia, en el que fue el primer acto de colaboración entre el Reino Unido y la Argentina tras el conflicto del Atlántico Sur.

El operativo fue coordinado por la Agencia Nacional SAR, que tiene su sede en la base de Puerto Belgrano, y al mismo se sumó el rompehielos Almirante Irizar, que por entonces embarcaba dos helicópteros Super Puma de Ejército.

A lo extremadamente escarpado del terreno, las bajas temperaturas que ya se registraban en la zona, los fuertes vientos y las nevadas, hicieron que la búsqueda fuera infructuosa. Hormanstorfer era buzo táctico, paracaidista y andinista, lo que incrementó las esperanzas de encontrarlo con vida en una zona tan agreste, pero con el paso del tiempo esas expectativas se fueron diluyendo gradualmente.

Al año siguiente, cuando las condiciones meteorológicas mejoraron con la llegada de la primavera, se reanudaron las tareas de búsqueda con la esperanza al menos de encontrar sus cuerpos y poder darles cristiana sepultura. Por ello hoy tienen en Orcadas tumbas que simbolizan su paso por la vida.

Pero esos hombres no han sido olvidados.

Al arribar por segunda vez a Orcadas tras su travesía de regreso por el Mar de Weddell desde la Base Belgrano 2, el rompehielos Almirante Irizar ha cumplido con sus tareas en tiempo y forma, sin padecer atraso a pesar de haber estado detenido entre los hielos por casi tres días. El sistema buque-hombre ha funcionado perfectamente.

Ese tiempo “extra” ganado a las inclemencias de los hielos y el ahorro de horas de vuelo que ha significado el poder embicar el rompehielos en proximidad de Belgrano 2, le dan al comandante del buque la tranquilidad de poder hacer un pequeño esfuerzo por sus camaradas, y es así que ordena se realice un sobrevuelo por la zona en la que pudieron haber caido en alguna grieta o en un peñasco. El Sea King se eleva con observadores, entre los cuales participan el Segundo Comandante, Capitán de Fragata Luis Romero, el Jefe de Operaciones, Capitán de Corbeta Maximiliano Mangiaterra, el Teniente de Navío Patricio Gelsi, y este cronista como fotógrafo del grupo, entre otros.

“Un hombre de mar jamás abandona a otro hombre de mar”, ha comentado el Capitán de Fragata Guillermo Tarapow al ordenar esa misión, “con la esperanza de poder encontrarlos y llevarles algo de paz a sus familias”.

El vuelo del Sea King, bajo el comando del Teniente de Navío Marcelo Caso, ofrece a la contemplación un espectáculo fascinante de montañas, glaciares, peñascos y glaciales que no es posible imaginar si no se los tiene ante los ojos como una obra de la naturaleza, infinita y creadora pero, al mismo tiempo, de acongojada memoria de cómo pudieron haber sido los últimos momentos de aquellos camaradas desaparecidos hace casi una década, en la fría letanía de gemidos del viento y la crueldad de rocas que no han sido concebidas para la presencia humana.

La Antártida tiene sus mártires, desde los desconocidos y lejanos foqueros que han desaparecido en sus costas y mares, hasta los hombres de nuestra época que le dedican su esfuerzo, en la aventura del conocimiento o, como si fueran modernos Ulysses, para vivir con intensidad la vida.

 

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Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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