Historia y Arqueologia Marítima

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CIEN AÑOS DE CIENCIA ARGENTINA EN LA ANTARTIDA

CAPITULO VIII

VIÑETAS ORCADENSES - 2

1933: PRIMER CONTINGENTE TURÍSTICO A LA ANTARTIDA 

          El turismo antártico, materia que hoy ocupa y preocupa a los países miembros del Tratado Antártico, por la incidencia de la presencia humana en el medio ambiente, tiene su primer antecedente mundial en el historial antártico argentino.

          En el año 1933 el transporte “Pampa” de la Marina, realizó el viaje de relevo de la dotación del observatorio de islas Orcadas del Sur. Con destino a Ushuaia, viajaba un numeroso contingente de turistas, entre quienes se contaban socios del club Universitario de Buenos Aires, el periodista porteño Juan José de Soiza Reilly, autor de inimitables trabajos periodísticos en la legendaria revista “Caras y Caretas”, a quien acompañaban su esposa y su hija de apenas diez años. Como invitados especiales figuraban el agregado naval de la embajada de Estados Unidos de América capitán de fragata Lelan Jordan jr., su esposa, sus hijas y un grupo de damas porteñas. Llegados al puerto de Ushuaia, el marino norteamericano, dictaminó que ése buque no podría llegar a las Orcadas del Sur, por carecer de maquina suficiente, ser demasiado grande, tener casco metálico, y en caso de naufragio, ser imposible el salvamento. Así las cosas, el comandante del buque, capitán Rodríguez, quizás prendado por alguna de las damas que formaban el pasaje, invitó a todos a participar del viaje a islas Orcadas. El marino norteamericano desechó la invitación, y se quedó en Ushuaia. El resto de los pasajeros, aceptaron la invitación de Rodríguez, y en esta forma se cristalizó el viaje del primer contingente de turistas que visitó la Antártida, ya que contra todas las predicciones, el “Pampa”, cumplió su cometido, relevó al personal del observatorio, e hizo conocer las tierras polares a este significativo grupo de personas, cuyos testimonios fueron vertidos por el legendario Juan José de Soiza Reilly, en el segundo número del año 1933 de la revista “Caras y Caretas”. 

LA PRUDENCIA 

            La advertencia de que la prudencia es una virtud de aplicación permanente en toda la vida del ser humano, no debe dejarse de lado en ningún momento en la Antártida donde las condiciones de supervivencia son altamente críticas. Nada debe dejarse librado al azar en aquel medio.

Cuando un día de sol, cielo abierto, sin viento, circunstancias que ponen de relieve la inconmensurable belleza del paisaje polar, es difícil no sentirse invitado a largarse por tierra, hielo o agua para, a mas de cumplir funciones puntuales, disfrutar las esencias de una naturaleza única. Esto parece ser lo acontecido a tres hombres en la campaña 1999 – 2000, que en un día como el descripto, se internaron en la bahía Scotia en un bote de goma, abandonando el socaire de las costas e ingresando en el mar abierto. Una espontánea ventolina, de esas que son tan comunes en la Antártida y cuya velocidad de 0 a 100 kms, crece en un instante, los arrastró mar adentro o afuera, según se mire.

Un mes de búsqueda por tierra, aire y mar, no dio resultado alguno. Los cuerpos de los tres hombres no aparecieron.

Tiempo después, mudo testimonio de un drama inimaginable, el bote de goma, con la pata de motor levantada, fue hallado flotando a varios kilómetros del lugar de partida, gareteando a son de las olas. Era otro día de sol, sin viento. De sus tripulantes… nada. Tres cruces se incorporaron al singular cementerio de isla Laurie. 

EL NAUFRAGIO DE “EL AUSTRAL” 

La empresa de atender y mantener el observatorio austral antártico fue muy difícil a principios del siglo pasado. Uno de los episodios que ilustra sobre las duras circunstancias de su historia, es la corta vida que tuvo nuestro segundo buque polar, “El Austral”, adquirido a la expedición francesa 1903-1904 del doctor Juan Bautista Charcot para realizar los relevos anuales de las dotaciones de isla Laurie. Cumplió con esa misión sólo en el verano 1906-1907. Al regreso de ese viaje y advertidas algunas falencias, se le realizaron reparaciones y cambio de maquina, en atención a la escasa potencia de la propulsora que poseía. A punto, se la alistó para la próxima campaña.

El 20 de diciembre de 1907 soltó amarras en el puerto de Buenos Aires. La misión comprendía varios objetivos: llevar una casa y los elementos para instalar un nuevo observatorio en el sitio  que designara la comisión meteorológica, al oeste de la península Antártica, y de ser posible, en el lugar en el que había invernado  la expedición de Charcot. Luego debía continuar la navegación para instalar cuatro estaciones de refugio en las tierras de Luis Felipe y en la costa de Danco, y por último llevar el relevo y las provisiones para la estación de isla Laurie.

Al comando de “El Austral” iba el teniente de navío Arturo Celery con cinco oficiales, una tripulación de veintidós hombres y la comisión científica que integraban William R. Bruce, Ernesto Miller, Enrique Ferningó, B. Greenvivord y N Cherkoff.

Cuenta la investigadora uruguaya Cristina Montalban que la zarpada del puerto de Buenos Aires se produjo en la madrugada entre chubascos y fuerte viento de proa,  desatado luego el temporal, las olas y la corriente fueron arrastrando el buque sobre el banco Ortiz, en el Río de la Plata. Del cotejo que realizó la investigadora en los artículos que publicara la prensa de la época, surgen con claridad los difíciles momentos vividos. El agua inundó “El Austral” rápidamente, por carecer de compartimentos estancos, y a las 9 y 25 del día 21, se fue a pique  En medio de la recia tormenta, el teniente Celery, con el agua hasta la cintura, dirigió la maniobra de salvamento. La tripulación echó los botes al agua, pero era demasiada gente y las embarcaciones corrían el riego de hundirse, por lo que la oficialidad y la comisión científica, demostrando una serenidad inalterable, se refugiaron en las jarcias del velero. De acuerdo con las declaraciones de uno de los náufragos, el cocinero y el carpintero fabricaron rápidamente una balsa, pero esta se hundió, y pudieron salvarse gracias al envío de un bote. Cuando amainó algo el viento, uno de los botes se aventuró al canal donde avistaron trasatlántico francés “Amazone”, comunicando al comandante lo que había sucedido, para que realizara el rescate. Los náufragos embarcaron en el buque francés, y una hora antes de la puesta de sol, entraron en el antepuerto de Montevideo, donde fueron transbordados al “Eolo”, que salía hacia Buenos Aires. Los trabajos que se hicieron para salvar a “El Austral” y su carga resultaron fallidos. Nada se pudo rescatar del naufragio.

La corbeta “Uruguay” zarpó el 15 de enero de 1908 en reemplazo de “El Austral”, con destino a Orcadas. quizás sentidos por siniestro vivido, algunos integrantes de la comisión científica desertaron. De la vieja comisión sólo viajaron William Robert Bruce y Ernesto Miller. 

LA OPINION DE BRUCE SOBRE SOBERANIA EN ORCADAS 

La trasferencia de la casilla hecha por el Sr. Bruce al gobierno argentino significó, una venta puramente privada, realizada por aquél a fin de obtener fondos -cinco mil pesos abonados por el Ministerio de Agricultura- que le eran necesarios para reanudar su viaje, sin que ello tuviera intervención oficial ­alguna la legación británica, que nada tenía que ver diplomáticamente en ese acto, dado que la expedición de Bruce, exclusivamente particular, no tenía relación con el gobierno de Gran Bretaña,  que ni la patrocinaba ni la subvencionaba. 

En ningún momento ni Bruce, ni la legación inglesa, habían considerado de soberanía británica a las Orcadas, ni se dio proyecciones políticas a la enajenación de la casilla instalada allí, pues los expedicionarios del “Scotia” reconocían que esa región no pertenecía a Gran Bretaña como se dice en la Obra publicada por Bruce en1906, titulada “The Voyage of the Scotia 

 En un capítulo redactado por R.N. Rudmose Brown se dice: 

“Muchas veces en los variados temas examinados durante las largas veladas de invierno, surgió la cuestión de la propiedad de las islas Orcadas del Sur y después de muchas y largas discusiones, llegamos a la grata conclusión de que, aún en esa época del imperialismo, las Orcadas del Sur habían escapado al poder de todo país y que gozábamos del privilegio de vivir en una tierra de nadie (no man's land). Pero temo que esto no dure mucho, no porque la pretendamos para Inglaterra, porque  aún  cuando siempre hemos deseado ensanchar los confines de nuestro imperio, no hu­biéramos podido pretender nuevos territorios en nombre de nuestro país sin un mandato de nuestro gobierno. 

Sin embargo, cuando el “Scotia” volvió a las islas en febrero de 1904 con una comisión argentina para hacerse cargo del observatorio, bajo los auspicios del gobierno argentino, la bandera argentina fue izada donde primeramente ondeara el león escocés, y yo presumo que las Orcadas del Sur son consideradas como una posesión de aquella potencia...”

LOS SUECOS DE ORCADAS 

Entre los años 2001 y 2003 conmemoramos los que la señora embajadora de Suecia, señora Madeleine Stróje Wilkens bautizó como el trienio de cooperación antártica argentino-sueca. Las efemérides se sucedieron, la exposición “Dos años entre los hielos” recordatoria de la hazaña sueca y argentina recorrió el país desde Tierra del Fuego a Misiones, la corbeta “Uruguay” volvió a navegar, hubo una expedición histórica sueca organizada por el ingeniero Lars Wiklander y el doctor Fred Goldberg en el 2002; en el 2003 la Captain Karls Anton Larsen Memorial Foundation de Noruega, a su vez y con la gerencia del nieto de Larsen, arquitecto Han Kjell, y con  la dirección operativa del bisnieto Kim, expedicionó a los sitios históricos y rindió homenaje a los náufragos del buque “Antarctic” en el sitio donde naufragó en el mar de Weddell. Toda este accionar conmemorativo culminó el 2 de diciembre del 2003 con un acto oficial recordatorio en la fecha en que cien años antes la corbeta “Uruguay” había regresado a puerto con todos los miembros de la expedición de la que participó en los dos años el alférez José María Sobral. El cierre del Trienio ocurrió el 10 de diciembre de 2003 con un acto en la residencia de la Embajadora, en el que el Rey de Suecia condecoró a uno de los autores de este trabajo con la Orden de la Estrella Polar, al que concurrieron autoridades y personalidades vinculadas con el quehacer y la historia Antártica.

 En este orden de cosas, en la conferencia que el Doctor Goldberg pronunció en la ocasión sobre la cooperación polar argentino-sueca, enumeró a los suecos que en distintos años, sirvieron como meteorólogos en el observatorio de isla Laurie, dejando alguno de ellos la vida en el cumplimiento de esa dura misión.

Y ellos fueron: en 1906 A. Lind, Nils Hessling y F. Thomander; en 1909 Heraldo Wistöm y en 1910 H. Christiansen. En los años 1911 y  1913, tres suecos formaban la dotación de Orcadas Heraldo Wiström, Karl Stalhandske, Knut Olivercrona, Alfred Winström y Ernst Andersson. Antón Stuxberg, J.L.Berg, y Ernst W. Andersson. Carl Berg en 1914, J. Bayon en 1915, Statel von Holstein y S Strid en 1916; el Barón Stiernblad, J. Schultz y S, Strauss en 1917; N. Hammaren y C.E. Berg en 1918; y N. Rotter en 1919, completan el listado de los suecos que marcaron otra etapa significativa de colaboración argentino-sueco en ciencia austral. 

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Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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