Historia y Arqueologia Marítima

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Indice Armada
LA ARMADA DE LA REPUBLICA ARGENTINA Y SUS UNIDADES EN EL SIGLO XX.

Por Alberto Hernandez Moreno

Antecedentes Los Años de la Gran Guerra El Buen Obrar argentino durante la Década Difusa (1918/1928)
La Edad Dorada de la Armada Argentina - 1928/  1948 Los años dificiles y la voluntad de resurgimiento (1948/ 1968) Los 70: década de la recuperacion.
La ARA y las Malvinas El Canto del Cisne (1983 - 1990) El Ocaso
El futuro y conclusiones.

 El canto del cisne (1983-1990)  

A finales de los años 70, cuando a nadie en Argentina se le pasaba por la cabeza la guerra con Gran Bretaña, se gestó un ambicioso plan que continuaba la renovación de la escuadra iniciada con los Type 42 y los U-209, y que por el origen de los buques escogidos llamaremos "Programa Alemán".

Este programa preveía la sustitución en primer lugar de los Fletcher, Sumner y Gearing por modernas fragatas misilísticas de fabricación europea. Argentina una vez más fue pionera y, por su cuenta y riesgo, eligió el proyecto alemán MEKO-360, un modelo de fragata de diseño y construcción modular que inauguraría una prolífica serie de buques construidos bajo idéntica filosofía que a día de hoy se siguen fabricando. Originalmente las fragatas (que Argentina denominó "destructores") ordenadas debían haber sido 6, pero finalmente la última pareja fue sustituida por un sexteto de corbetas MEKO-140 (una versión a escala de las fragatas) a realizar en Río Santiago con asistencia alemana. Se buscaba así multiplicar el poder de la fuerza, sobre todo en la lucha antisuperficie, aumentando el número de cascos en detrimento del carácter oceánico de la flota.

Las fragatas se comenzaron a construir en 1980 en los célebres astilleros Blohm & Voss de Hamburgo. En 1983 se entregaron las dos primeras (Almirante Brown y La Argentina), y en 1984 las restantes (Heroína y Sarandí). A su llegada lo más parecido que había en el ABC eran las Niteroi brasileñas, cuya capacidad misilística era mucho menor; Chile, embargada militarmente por la mayoría de países occidentales, no podía hacer otra cosa que acumular viejos cascos de los años 60 y 70 transferidos de Gran Bretaña. Las MEKO contaban con el más moderno armamento de origen europeo de la época, desde la artillería italiana OTO-Melara 127 mm. y Breda-Bofors de 40 mm., a los misiles antiaéreos también italianos Aspide o a los misiles antibuque franceses Exocet MM-40. Su principal carencia eran los helicópteros embarcados Sea Lynx vetados por el Reino Unido, sustituidos por los mucho menos capaces y más antiguos Alouette III (de la pareja de Lynx argentinos sólo sobrevivía uno, ya que el segundo, el 3-H-142 se accidentó durante la Guerra al despegar del Santísima Trinidad). Aun así, eran las fragatas más modernas y respetables de Iberoamérica.

La historia de las corbetas MEKO-140 es mucho más complicada y, por qué no decirlo, trágica. Entre 1980 y 1983 fue puesta la quilla de las 6 en Río Santiago, y las tres primeras (Espora, Rosales y Spiro) fueron entregadas en plazos normales (1985, 1986 y 1987). La cuarta, ARA Parker, vio su construcción muy demorada, ya que hasta 1990 no fue terminada. Y finalmente las dos últimas, Robinson y Gómez Roca, fueron abandonadas durante años y sólo se concluyeron una en el año 2000 y la otra en el 2004, 19 años después de su puesta en quilla, cuando el valor militar que tenían las unidades en sus orígenes (artillería de 76 y 40 mm., misiles MM-38, torpedos antisubmarinos y helicóptero ligero embarcado) empezaba a verse muy superado. Ahí tenemos el drama de la ARA: con embargo británico o sin embargo, la crisis económica hacía imposible la realización de los planes navales proyectados, que sistemáticamente fueron aplazados sine die o directamente cancelados.

Algo parecido sucedió con los submarinos: el "Programa Alemán" contemplaba la construcción de 6 submarinos diseñados por Thyssen para la ARA, los TR, en dos variantes: la 1400 y la 1700. Los TR eran los submarinos convencionales (diesel-eléctricos, no nucleares) más potentes de todo Occidente, capaces de alcanzar puntas de velocidad de 25 nudos sumergidos, y muy cómodos al requerir tan sólo 30 tripulantes. El plan era la construcción de una primera pareja en Alemania, y de dos parejas más (dos 1400 y dos 1700) en Argentina, que finalmente se configuraron como cuatro 1700. Para ello se construyó un costoso complejo de ingeniería naval, el Astillero Ministro Domecq García, en Buenos Aires, anexo a TANDANOR, preparado para emprender por primera vez la construcción de submarinos en Argentina. Las pareja alemana, formada por el ARA Santa Cruz y el ARA San Juan ya estaba en Mar del Plata en 1985 formando flotilla con el Salta y el San Luis, mientras que en Domecq García se trabajaba en la primera pareja argentina, los proyectados Santa Fe y Santiago del Estero. Nunca se terminaron. El Astillero fue cerrado durante el mandato de Ménem, y los cascos y anillos de los TR-1700 nacionales quedaron en su interior durante años cogiendo óxido. Años después, en 2004, Néstor Kircher presidió la ceremonia de reapertura de las instalaciones, con los fantasmagóricos submarinos de fondo, pero la reanudación de sus trabajos parece imposible hoy: ni hay fondos, ni hay prácticamente herramientas de trabajo, que se vendieron tras la clausura.

Nos queda hablar del que seguía siendo buque insignia de la ARA, el Veinticinco de Mayo. Tras la Guerra sufrió las modificaciones necesarias que le permitieron, por fin, operar con los Super Etendard (además de con los Tracker, Skyhawk y Sea King). Pero no por mucho tiempo. En 1985 el portaaviones realiza sus postreros ejercicios de guerra, y en 1987 navega por última vez rumbo a su base en Puerto Belgrano, donde permanecería arrumbado diez años más a la espera de una prometida y nunca realizada modernización que incluía la sustitución de su planta propulsora.

Hemos titulado a este capítulo como "el canto del cisne". Y es que precisamente eso fue la década de los 80 para la ARA: incorporó buques modernos y sofisticados, superiores a cualquiera de los de sus vecinos, en sustitución de loas antiguos destructores y submarinos de segunda mano que aún seguían navegando en las armadas de Brasil, Chile o Perú. También incrementó su nómina de transportes logísticos con incorporaciones como el Capitán Panigadi o el San Nicolás, potenció su presencia antártica con el buque auxiliar Bahía Paraíso (perdido por accidente en 1989), y mejoró las capacidades de los buques existentes, como el caso de la conversión de los dragaminas Chaco y Formosa en cazaminas. El punto culminante de este canto de cisne fue probablemente el envío de dos buques, la fragata Almirante Brown y la corbeta Spiro, el septiembre de 1991 al Golfo Pérsico, que puede entenderse como la bienvenida de Occidente a su descarriado aliado tras la guerra del 82. 

En 1989 la ARA alineaba un portaaviones ligero con aviones antisubmarinos y antibuque embarcados, dos destructores antiaéreos de escolta, cuatro fragatas polivalentes, seis corbetas misilísticas, cuatro submarinos modernos, un buque de desembarco de tanques y cinco transportes logísticos. Unos pocos años después no quedaba casi nada de eso. Veremos cómo.

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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