Historia y Arqueología Marítima

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Buque Museo Fragata Presidente Sarmiento

Indice Fragata Sarmiento

El Primer Viaje 1899-1900  -      (Viaje 21 de Instruccion / 1° de la Fragata)

Fragata Sarmiento en Valparaíso

Del Libro "Los Viajes de la Sarmiento 1899/1931" editado en 1931- en este, su primer viaje, se intercalan comentarios del articulo de Teodoro Caillet Bois (Recuerdos del primer viaje) y del libro de Hugo da Silva, "Libro de Bitácora" en distinta tipografia.

Partida, Punta Arenas, Valparaiso, Callao, Peru, Panama, Acapulco San Francisco, Hawaii (Honolulu) Yokohama, Kobe, Kure, Yedashima, Miyashima, Nagasaki, Talien Wan, Port Arthur, Chefoo, Wer Hai Wei, Kiau Chau, Shanghai, Hong Kong Manila, Colombo, Aden, Moka, Suez, Alejandria
Pireo, Pola, Venecia, Napoles, Magdalena, Spezia Toulon, Barcelona, Argel Cartagena, Gibraltar, Madeira, Barbados,  La Guayra, Santiago de Cuba, Habana New York, Hampton Roads, Rio, BsAs

El historial del comando - La jira (sic) abarcó 49-500 millas -Fué el recorrido más largo que efectuó la Fragata.

ITINERARIO:

 Zarpó el 1 de Enero de 1899 y regresó el 30 de Septiembre de 1900; Buenos Aires - Valparaíso - Callao - Panamá - Acapulco - San Francisco - Honolulú -Yokohama - Kobe - Kure - Yedashima - Miyashima - Nagasaki - Talien Wan - Port Arthur - Chefoo - Wer Hai Wei - Kiau Chau - Sanghai - Hong Kong - Manila - Colombo - Aden - Moka - Suez - Alejandría - Píreo - Pola - Venecía - Nápoles - Magdalena -Spezia-Toulón- Barcelona - Argel - Cartagena - Gibraltar - Madeira - Barbados - La Guayra - Santiago de Cuba - Habana - New York - Hampton Roads - Río de Janeiro -Santa Catalina - Buenos Aires.

En líneas generales el viaje consistió en contornear la América del Sur visitando las repúblicas hermanas, y en atravesar el Pacífico para volver por el Mediterráneo, llevando el saludo de la Argentina a las principales naciones latinas, y a la gran república del Norte. En particular se reconocerían los puertos que habían sido teatro de las últimas guerras navales: ruso-china, hispano-americana, etc.

Puede decirse también que el itinerario se asemejaba bastante al de la famosa campaña de corso de Bouchard, si bien en sentido inverso, ya que el pabellón volvió a mostrarse, después de casi un siglo, por las islas Sandwich, California, Filipinas, etc., donde está de más decir que nadie recordaba al corsario ni de nombre.

LISTA DE JEFES, OFICIALES Y SUBOFICIALES

Comandante: Capitán de Fragata D. Onofre Betbeder; 2." Comandante: Teniente de Navio D. Enrique Thorne; Tenientes de Fragata: Leopoldo Gard, Mariano F. Beascochea, Julián Irizar, Vicente Oliden, Ernesto Anabia, Guillermo Mulvany, Enrique Moreno; Guardiamarinas: D. Héctor Y. Godoy, Santiago Baibiene, Bailón M. Navarro, Ángel Caminos, Víctor Rolandone, Rafael Zubiría, Pedro Etchepare, Julio Castañeda, Mario Gómez, Alberto Ibarra, Agustín Herrero, Teodoro Caillet Bois, Enrique G. Plate, Francisco de la Fuente, Orfelio Iguain, Federido Guerrico. Osvaldo Fernández, Aureliano Rey, Napoleón S. Moreno, Gerónimo Asencio, Francisco Artigas, Francisco Arnaut, Jorge Campos Urquiza, Manuel Caballero, Pedro S. Casal, Carlos Braña, Federico Rouquaud, Hermenegildo D. Pumará, Horacio Oyuela, José M. Sobral, José M. Alvarez, Hugo da Silva, Carlos Moneta, Armando Cruz, Luis G. Segura, Agustín Eguren, Raúl Katzenstein, Tadeo M. Saravia, Alfredo Constante, Eduardo Colombres.; Cirujano de 2. D. Prudencio Plaza; Farmacéutico: D. Juan Fourment; Contador de 1.a: D. LuisJ. Scarsi; Maquinista de 1.a: D. Federico Coldwell; Maquinista de 2.a.- D. Rodolfo Morales; Maquinistas de 3.a.- D. Tomás Brady, José M. Seguí; Electricista de 2.a; Herbert Blackburn; Fotógrafo: D. Pastor Valdés; Profesor de Idiomas: D. Daniel Mackinlay Smith; Profesor de Esgrima: D. Víctor Flechet; Maestro de Banda: D. Julio Collniet; Profesor de Box: D. Bert Collins; Contramaestre de 3.a; D. Enrique Serantes; Contramaestres de 1.a: D. José Cordo, Manuel Becco y José López; Contramaestre de 2.a: D. Nicolás Alegría; Condestable de 2.a: D. Juan Demestri; Condestable Torpedista de 1.a: D. Rogelio Aguirre; Ayudante Electricista de 1.a: D. Luís Malobertti; Ayudante Electricista de 2.a: D. Arturo Zinelli; Maestro de Armas de 3.a: D. Enrique Gelien; Maestro de Armas de 2.a: Luis Moisset; Carpintero de 1.a: D. Justo Couzain.

En este primer viaje la Sarmiento no llevó conscriptos.

TCB: En el año 1898 llegó al país la "Sarmiento" en momentos en que parecía inminente la guerra con Chile. Hizo la travesía del Atlántico, a son de guerra, en condiciones precarias, con tripulación adventicia, pues había tenido que pasar al Pueyrredón, recién terminado, la que se le destinara en un principio para un viaje de estreno por puertos europeos.

Esa travesía, en la que vino al mando de Enrique Thorne (Hijo del famoso marino Juan Bautista Thorne, de nuestra vieja marina, de la guerra con el Brasil y otras contiendas.) sirvió para demostrar en forma bien práctica las excelentes condiciones marineras del barco. Los balances, sin embargo, resultaron excesivos, y como consecuencia se le quitaron en Buenos Aires las vergas y velas más altas, los "sosobres", reduciéndosele en dos o tres metros de altura el inmenso velamen.

En el mismo año quedó luego aclarado, por lo menos momentáneamente, el horizonte internacional. Los dos presidentes irían en sendos buques de guerra a encontrarse en el Estrecho para el simbólico abrazo de Punta Arenas y a fines de diciembre se resolvió que la fragata haría su primer viaje de instrucción, que sería de circunnavegación.

Ninguno de sus ulteriores viajes, como es natural, suscitó tanta expectativa como éste. Desde los tiempos de Bouchard ningún barco argentino había realizado viaje de tanto aliento. La opinión del vulgo era probablemente que nuestros marinos de agua dulce no estaban en condiciones de abordar semejante empresa. Del punto de vista diplomático se le atribuyó con justa razón la importancia de una embajada extraordinaria, exponente de la cultura y progreso alcanzados por el país.

LA OFICIALIDAD

El comando fué confiado por el ministro Rivadavia al capitán de fragata Onofre Betbeder, con el teniente de navio Enrique Thorne de segundo; sus oficiales de cubierta fueron seis; Leopoldo Gard (encargado | de guardiamarinas), Mariano Beascochea (Secretaría),  Julián Irízar (derrota), Vicente Oliden (torpedos),  Ernesto Anabia, (maniobra), Guillermo E. Mulvany,  (artillería) y Enrique Moreno (señales y encargado de aprendices). Tenientes de fragata todos ellos, varios ascendieron durante el viaje, estando el buque por las antípodas. El cirujano fué el doctor Prudencio Plaza, a quien se debe una crónica del viaje. Farmacéutico, Juan  Fourment; Contador, Luis Scarsi; Jefe de máquinas, Federico Coldwell, con tres oficiales maquinistas: Rodolfo Morales, Tomás Brady y José Máximo Seguí. Electricista, Herbert Blackburn. Tuvieron además tratamiento de oficial el profesor de inglés Daniel Mackinlay Smith, el fotógrafo Pastor Valdéz y el profesor de esgrima Víctor Flechet.

LOS GUARDIAMARINAS

Los alumnos tuvieron en este viaje rango de oficiales pues eran ya guardiamarinas los cadetes egresados hace poco de la Escuela Naval después de cursos abreviados por la inminencia de guerra. (En los viajes que siguieron los alumnos fueron cadetes, o aspirantes, que equivale a lo mismo).

Embarcáronse guardiamarinas de tres promociones, hasta sumar 41, máximum de capacidad de alojamiento para alumnos. Este alojamiento consiste, como siempre, a pesar de todas las modificaciones de detalle, en una regular camareta, donde duermen los muchachos, en coys (hamacas) los que pueden, y los que no, en el piso y bancos. En caso de mal tiempo no hay más remedio que colgar coys, por más que queden éstos más apretados que sardinas en lata, y en tal caso constituye un cuadro curioso el de la capa maciza de coys, moviéndose a una y otra banda con los balances. A diana la misma camareta se transforma en sala de estudio y clases, y oportunamente en comedor.

LA TRIPULACIÓN

Sumó 260 hombres, completando así 320 con los 60 de la plana mayor. Como característica de esta tripulación cabe mencionar: 1') que no se llevaron conscriptos. En el viaje siguiente los llevó por primera vez el barco. En cambio hubo 98 grumetes, niños de 16 a 17 años, que hicieron un rudo aprendizaje en los veinte meses que duró el viaje, y que nos formaron un sólido plantel de hombres de mar en toda la extensión del vocablo. 2'') Que los 4 contramaestres y 15 cabos de mar eran en buena parte españoles, profesionales de primer orden, en particular algunos vicentinos (Cabo Verde) o filipinos, traídos al país con las diversas adquisiciones navales, tipos curiosos de gente que ha corrido todos los mares, que era frecuente ver en nuestros buques hasta hace unos quince años.

LA PARTIDA

Enero 12 de 1899. Enorme gentío despide al barco en Dársena Norte. El presidente Roca, que ha almorzado a bordo, con sus ministros de Guerra y Marina, pronuncia una corta alocución a los guardiamarinas, y se retira entre los hurras de la marinería repartida en la arboladura. A las 12.30 horas se da máquina adelante. Al día siguiente, ya en agua salada, se despliegan por primera vez los 2.000 metros cuadrados de paño y se retiran los fuegos. Desaparecen el calor, el humo, la carbonilla y el ruido de la máquina, pero desaparece también un gran comodidad: la luz eléctrica. Despliéganse también alas y rastreras, velas suplementarias de buen tiempo a los costados de las cuadras. Recorrido del barco a son de mar, en previsión de mal tiempo: ojos de buey, trincas: disminución de paño al anochecer. La primera singladura se cierra sin contratiempo. Al día siguiente calma, luego niebla y luego los primeros chubascos. El primer pampero también, se ha cargado y rizado velas a tiempo, y el viento no encuentra daño que hacer. La tripulación comienza a foguearse y se inicia la rutina de brigadas y clases.

AL comandante Onofre Betbeder, que fué después el gran ministro de Marina de la presidencia del General Roca, le cupo el honor de mandar la fragata Presidente Sarmiento en su primer viaje de instrucción.

Por tratarse de la iniciación en sus funciones de escuela naval práctica, y por la importancia que tuvo el viaje, transcribimos a continuación los capítulos principales del parte oficial del comando del buque.

La "Sarmiento" salió de Buenos Aires el 12 de Enero de 1899. Fueron a despedir al buque-escuela que iniciaba sus viajes de instrucción, el Presidente de la República, General Julio A. Roca, los ministros nacionales, y altos funcionarios de la Armada. Después de una breve alocución del general Roca, la tripulación formada en cubierta escuchó la lectura de la siguiente proclama del ministro de Marina:

"En nombre del Señor Presidente y en el mío propio, cábeme la satisfacción de dar la despedida al primer buque argentino que conducirá el pabellón nacional en su viaje alrededor del mundo.

"Aparte de la importancia que en sí tiene esta campaña, cuyo principal fin es completar la educación científica y profesional de los futuros oficiales de nuestra escuadra, tiene también la de dar a conocer en el extranjero el grado de civilización de nuestro país y los adelantos intelectuales y materiales de nuestra joven marina, en pleno período de crecimiento.

"Es altamente halagador al amor propio nacional vernos capaces de seguir, en la formación del personal dirigente de nuestros barcos, el ejemplo de las naciones viejas y ricas, con la ventaja aún de que este viaje que los aspirantes a oficiales emprenden, lo hacen en un buque modelo en su género, diseñado especialmente para el objeto a que se destina, y reuniendo en sí todo aquello que constituye el complicado mecanismo de un barco de combate moderno — esta circunstancia es una de las tantas que reflejan el interés que el gobierno y el pueblo argentinos han puesto en la formación de su marina.

"El señor Comandante está penetrado de las responsabilidades que contrae ante el país, que le conf

la delicada misión de dirigir este buque, así como del alto honor que estas responsabilidades significan; no dudo que estará en todo momento a la altura de ellas, secundado por un grupo de oficialidad preparada, joven y animosa, llena de entusiasmos y de bríos para el estudio y el trabajo.

"Señores guardiamarinas: vais a conocer la profesión bajo su faz más ruda: aprovechadla; ello es lo que formará vuestro carácter; tened presente que de las aptitudes que demostréis en esta campaña, dependerá en gran parte el éxito de vuestra carrera en el futuro; sed disciplinados y estudiosos y habréis correspondido dignamente a los sacrificios que el país hace por vuestra educación.

"Tripulantes de la "Sarmiento". Hago votos porque vientos propicios os acompañen y abrigo la confianza de que en todas partes haréis honor a vuestro uniforme; que vuestra conducta caballeresca y correcta en los pueblos que vais a visitar, inspirará cariño y respeto a ese emblema querido de la Patria que flamea al tope, cubriendo con su sombra generosa este pedazo de suelo argentino en el que vais a cruzar los mares, acompañados del afectuoso recuerdo de vuestros compatriotas que os desean felicidad y éxito en la campaña".

PRIMER PUERTO DE RECALADA

Golfo Nuevo. - Puerto Madryn - enero 23 de 1899.

"A pesar — dice el primer parte parcial — de la poca extensión recorrida y de no haber tenido ningún mal tiempo, y sólo guiándonos por las pocas pruebas a que ha sido sometido el buque durante esta travesía, se pueden encomiar sus condiciones marineras y su estabilidad a la vela.

"Siendo una de las características, que pueden servir para formar juicio sobre las cualidades marineras de un barco a vela, las facilidades que éste presente para virar por avante, le dediqué preferente atención a esta maniobra, ordenándola en circunstancias a veces desfavorables y en algunos casos con vientos tan flojos que la salida del buque no excedía de dos millas y media. A pesar de ello el buque viró siempre por avante fácilmente. Resulta, además, muy velero, pues, con brisa fresca que nos permitía llevar cómodamente alas y rastreras, la Fragata ha alcanzado once millas largas, velocidad que creo podría ser aún mayor con fuerza superior de viento, disminuyendo sólo las velas accesorias. "El buque tiene, tal vez, una marcada tendencia a orzar, que procuraré reducirla sin recurrir a la supresión de velas a popa.

"Como hasta la fecha no hemos experimentado ningún mal tiempo, no puedo saber si la buena estabilidad que ha demostrado, tenga por consecuencia más tarde alguna violencia en los rolidos. El tiempo, en general, ha sido favorable y hemos tenido con frecuencia contrastes de viento; el más serio de los cuales sucedió en la noche del 15, en que éste saltó de N. O. al Sur con tal violencia y aspecto tan amenazador que nos obligó a cargar precipitadamente el paño y a correr en popa, mientras se rizaban las gavias y con las velas así reducidas el buque navegó a razón de nueve millas hasta que nos pusimos a la capa por intervalo de algunas horas.

"Poco después el viento declinó sensiblemente y principió a soplar del N. N. E., pero con fuerza tan débil que nos daba muy poco camino. "Así continuó nuestra navegación con muchas alternativas de vientos flojos, favorables, contrarios y calmos hasta la entrada de Golfo Nuevo donde recalamos en la mañana del día 19, viéndonos obligados media hora después, a causa de un S. S. O. flojo que que recibíamos por la proa y que comenzaba a establecerse con fuerza, como sucedió más tarde, a mandar alistar la máquina para tomar el puerto Madryn.

"Ese mismo día a la caída de la tarde dimos fondo en este puerto, habiendo navegado a vapor durante algunas horas con un gasto de carbón de siete toneladas aproximadamente".

El mismo día de la fecha del parte, 23 de enero, zarpó la Fragata de Golfo Nuevo para Santa Cruz, habiendo empleado siete días de los nueve que le fueron asignados para el viaje de Buenos Aires a dicho puerto.

El comandante del acorazado "San Martín", buque jefe de la división de Bahía Blanca, coronel García, dirigió a los jefes, oficiales y guardiamarinas, antes de la partida la siguiente alocución;

"Niego a cualquiera el derecho de experimentar mayor regocijo y apreciar mejor que yo el inmenso progreso que para nosotros representa el encontrar reunidos en la cubierta de esta nave, un grupo tan numeroso y 'brillante de marinos argentinos. Niego este derecho, porque para regocijarme en el alma y para apreciar todo lo que ello representa de trabajo, de fatiga y de virtudes ocultas es menester pertenecer como yo a aquella noble profesión, en la cual se aprende desde la más temprana edad a practicar en silencio la religión del sacrificio, y haber conocido, juzgando como marino educado, el abismo material y moral que separaba hace unos veinte años la marina argentina de cualquier marina debidamente constituida.

"Para apreciar ese abismo, era indispensable ser marino de profesión y poder comparar con imparcialidad".

"Comprenderéis, señores, mis pasadas angustias, al medir con el pensamiento el inmenso trayecto que aún nos quedaba por recorrer moral y materialmente, lo repito, para alcanzar el grado de adelanto que mi patriotismo anhelaba para la marina de mi país, joven entonces, y lleno de entusismo, confiaba con razó-en el porvenir.

"El tiempo me ha dado razón; y ningún día como el de hoy ha dejado mayormente satisfecha mi patriótica ambición, puesto que hallo aquí reunidos a una pléyade de jóvenes dignos de su profesión y de su bandera, maestros los unos, alumnos los otros, que proclaman a las claras que nuestra marina no es tan solo una esperanza sino una hermosa realidad!

"Felices vosotros, guardiamarinas, que alcanzáis a recibir, dictadas por maestros que llevan con honra el botón de ancla, las lecciones que sólo ellos son dignos de inculcaros. Sólo ellos son competentes y tienen el derecho de hacerlo, por haber adquirido en esa ruda escuela del mar, los secretos y el amor a su profesión.

"Escuchad respetuosos las lecciones y los consejos que os darán, pues son — podéis estar seguros — el fruto de largas vigilias, de penosas labores, de pasadas angustias y peligros.

"Pensad en las largas y sufridas horas de guardia, meditad en los riesgos y zozobras por los cuales forzosamente han pasado vuestros maestros, quienes os han precedido en la carrera, y entonces escucharéis con más respeto y legítimo orgullo la palabra de vuestros mayores.

"Escuchad y meditad seriamente sobre esas lecciones que enseña la dura y sana práctica de nuestra noble profesión, pues ella forma el carácter, templa el espíritu y fortifica el alma por el contacto continuo con Dios y la lucha constante contra el peligro y la muerte.

"Que la Divina Providencia os ampare, que la idea de la Patria ausente os inspire y que regreséis con felicidad a ella para servirla siempre con honra, son mis más sinceros deseos".

La oficialidad del "San Martín" ofreció un banquete en el que pronunció un brindis el capitán Malbrán que fué contestado por el segundo comandante de la "Sarmiento", teniente de navio Thorne.

UN EPISODIO HISTÓRICO

La fragata "Sarmiento", durante ese primer viaje, participó en un episodio histórico de gran trascendencia, no solamente por la importancia del hecho mismo, como resultado de felices gestiones de orden internacional, sino porque caracterizó una gran presidencia y destacó el aspecto civil de un gran militar argentino. Nos referimos a la célebre entrevista entre los presidentes Roca y Errázuriz, a bordo de un barco de guerra en la que se perfiló la solución del pleito entre la Argentina y Chile.

TCB Al siguiente mediodía — 15 de enero — zarpan formando escuadra los tres barcos, la Sarmiento al medio, y dos horas después entran al puerto chileno de Punta Arenas, viniendo del oeste, con no poca extrañeza de los dueños de casa, que no suponían que el "Belgrano" pudiera venir por los canales angostos y llenos de peligros. Sucédense dos días de fiestas ininterrumpidas; homenajes de la población austral al primer magistrado de su país: baile y cuadrilla histórica de sus maduras Excelencias con respetables damas; banquetes de gran protocolo en los buques insignia, comidas de camaradería entre oficiales, entre guardiamarinas y entre marinerías. Con esas fiestas, confirmatorias de los fallos del arbitraje internacional se selló en forma ostensible la paz entre dos naciones, hecho auspicioso y trascendental.

En el parte del primer informe de navegación figuran las siguientes referencias a ese episodio.

"Punta Arenas, febrero 20 de 1899. — (Parte relativo al primer mes de viaje). Durante nuestra estadía en Puerto Madryn fondeó en el puerto el transporte nacional "Villarino" y el Crucero Acorazado "General San Martín", buque insignia de la división Bahía Blanca, teniendo el agrado de recibir al día siguiente a bordo la visita del jefe de la citada división.

"Cumplida esta parte de mis instrucciones zarpé del puerto con rumbo a la boca del Golfo, el día 24 a las 10.30 a.m. Así que estuvimos en movimiento se vio que el acorazado "San Martín" mandaba su gente a las bordas y batidianas en señal de despedida, saludo que fué retribuido por nosotros en la misma forma.

"A las 1,20 p.m. encontrándonos aún dentro del Golfo avistamos por el lado de Bahía Craker el Crucero Acorazado "General Belgrano" con insignia presidencial y al Crucero "Patria". Al pasar el "General Belgrano" a mil metros por la popa, se hicieron sobre la marcha los saludos de ordenanza y tan luego como nos encontrarnos fuera del Golfo se mandó largar los paños y apagar los fuegos de la máquina.

  Patagonia y Magalllanes  
Monte Entrance Punta Kiel un glaciar
Entrada a Bahia Puerto Hambre El crucero Acorazado Belgrano y el crucero Patria oficiales de la Sarmiento en la costa de Puerto Hambre

     "De ahí hicimos rumbo al Puerto de Santa Cruz en cuya travesía empleamos cinco días, habiendo tenido durante el viaje vientos variables en intensidad y dirección.

"En circunstancias en que me disponía a ordenar que los guardiamarinas continuaran en la práctica de los trabajos hidrográficos, llegó V. E. al puerto (de Santa Cruz), a bordo del crucero acorazado "Belgrano", que conducía al Excmo. Sr. Presidente de la República. Al día siguiente de este arribo V. E. ordenó por nota que hiciera levantar por los guardia-marinas dirigidos por los oficiales, un plano de la región comprendida entre Monte Entrance y Punta Keel, fijando con la mayor precisión posible la situación de las balizas, y haciéndome saber al mismo tiempo que se había dispuesto que la Fragata-Escuela se incorporara al "General Belgrano" el día 14 en la Bahía de San Sebastián para acompañar al Excmo. Sr. Presidente hasta Punta Arenas, con motivo de la entrevista que debía verificarse allí con el Excmo. Sr. Presidente de la República de Chile. 

Concluidos que fueron los trabajos, estudios y limpieza general del barco, zarpé del fondeadero (después de 13 días de estadía) en dirección al canal Norte, el día 10 de febrero a las 7.30 horas de la mañana, y una vez en franquía se apagaron los fuegos y se largó todo el paño, pues el viento era bonancible. Al poco tiempo de navegar así fuimos sorprendidos por un chubasco blanco que nos obligó a cargar las velas altas y largar drizas y escotas a fin de desahogar y evitar la escora y orzada del buque, que amenazaba poner en facha el aparejo. A pesar de la violencia del chubasco, no ocurrió rotura de perchas y sí sólo la de algunos cabos de la maniobra de babor.

"A las 25 horas de salir de Santa Cruz avistamos por estribor las tierras altas del cabo de Espíritu Santo y la de Punta Nombre de Tierra del Fuego, y a las dos horas de la tarde fondeamos en la Bahía de San Sebastián, teniendo al Oeste magnético la Punta de Arenas y como a un milla de distancia.

     
Oficiales un una choza de indios entrada a Bahia Borja haciendo un fuego en la costa de Bahia Borja

"A la tarde del día 13 de febrero fondeó en la Bahia el Crucero "25 de Mayo", que traía para mí la orden de V. E. de ir a fondear con la Fragata al Puerto del Hambre, donde debía esperar al Crucero Acorazado "General Belgrano" y al Crucero "Patria". Así lo hice, y calculando aprovechar la marea entrante para el paso de las angosturas, zarpé en demanda de la boca del Estrecho de Magallanes esa noche a las 11.20, después de haber echado abajo las vergas de sobre y juanete, pues reinaba viento duro del S. O.

TCB Puerto Hambre, 14 agosto — Paisaje hermosísimo; montañas abruptas surgen del mar cubiertas de tupido bosque. Población: un indio ona, peón de una estancia. A las diez de la noche del día 14, llegan el "Belgrano" y el "Patria", triunfantes de su arriesgada travesía de los canales.

"El día 15 recibimos órdenes de zarpar y así lo hice a las 11 de la mañana, siguiendo las aguas del "General Belgrano", que navegaba con rumbo al Puerto de Punta Arenas, donde se fondeó en las primeras horas de la tarde, después de haber empavesado y saludado con los honores de ordenanza la insignia presidencial que arbolaba el Crucero Acorazado "O'Higgins" de la marina chilena, surto en aquel puerto.

     
El crucero chileno O´Higgins desde la Sarmiento Crucero argentino Belgrano, Fragata Sarmiento y crucero Patria Una vista de Punta Arenas
     
  La famosa foto del "Abrazo del Estrecho" entre el Pte Roca y el Pte Errázuriz, abordo del crucero O¨Higgins.  
     

    "Aún cuando creo innecesario dar cuenta a V. E. de los acontecimientos ocurridos entre dicho día y el de la partida de S. E. el Sr. Presidente de la República, me parece oportuno mencionar la cordial acogida que se hizo en este buque a los guardiama-rinas chilenos, donde tuvieron un almuerzo, retribuído con una comida a bordo del "Zenteno", lo mismo que una comida que la marinería de la "Sarmiento" dio a su bordo, a las de los buques chilenos, y en la cual reinó la más completa cordialidad, armonía y correcto orden, demostrándose así la buena educación militar y disciplina de ambas marinerías.

"En la tarde del día 18 regresó al Puerto el Acorazado "O'Higgins", y habiendo mandado saludar a S. E. el Sr. Presidente de la República de Chile y comandante del buque, este último retribuyó mi saludo por escrito, invitándome a comer a bordo de su buque en nombre de S. E. el Sr. Presidente de la República. Durante la comida el Sr. Presidente Errázuriz tuvo conceptos y recuerdos altamente cariñosos para S. E. el Sr. Presidente de nuestro país, habiéndole recordado en tres diversas oportunidades.

"El día 19 recibí la visita de S. E. el Gobernador de Punta Arenas, retribución de la que le había hecho con anterioridad, invitándome entonces a una comida esa misma tarde, a la cual asistí y donde se encontraban reunidos los Sres. comandantes del "O' Higgins'V las autoridades marítimas del Puerto y otras personas de la sociedad".

El 20 de febrero a la 11.30 a. m. zarpó la Fragata con rumbo a Cabo Pilares.

TCB: Colazo de estas fiestas fué que la Sarmiento tocara en el puerto de Valparaíso, que no figuraba en el itinerario. Tras de un día de navegación por el Estrecho, entre escenarios grandiosos, entró al Pacífico, que en esas latitudes no responde generalmente a su nombre, pero que esta vez no puso mal ceño a la novicia mensajera del Atlántico. Entre otros fondeaderos utilizados en el Estrecho, el de Bahía Borja le hizo pasar un mal rato al comandante, pues habiendo bajado los guardiamarinas a tierra dos de ellos se perdieron entre los bosques y tuvieron que pasar la noche allí, transidos de frío y de humedad. En vano se les hicieron señales de luces y cohetes. Recién al día siguiente lograron acudir, a los cañonazos de alarma del barco.

El segundo parte mensual del comandante Betbeder, fechado en Panamá el 27 de abril de 1899, contiene las siguientes referencias del viaje desde Chile al referido puerto.

"Durante nuestra permanencia en Chile — dice el informe — fuimos objeto de muchas manifestaciones amistosas tanto en Valparaíso como en Santiago de parte de las autoridades y de la sociedad. A bordo de esta Fragata se obsequió con un banquete a S. E. el Señor Presidente Errázuriz.

     
Cruceros chilenos Condell, Errázuriz, Pratt y O´Higgins
Puerto de Valparaiso , Escuela Naval y almacenes fiscales Fiesta en la Escuela Naval

     

S.M.S. Geier en el Dique IV del Puerto de Buenos Aires, en Febrero de 1899, antes de ser enviado a China

Comentarios de Teodoro Caillet Bois: 7 de marzo. Valparaíso — Precedida por un crucero alemán, que la seguirá luego de puerto en puerto, el "Geier",(que se hundiria en un tifon en Japon unas semanas mas tarde) entra la "Sarmiento" saludando a la plaza y a la insignia de la escuadra chilena. Diez días dura esta escala, serie ininterrumpida de fiestas populares y oficiales, navales, militares y sociales, en Valparaíso y en Santiago, que ponen a dura prueba la resistencia física de los marinos. Visita del Presidente Errázuriz al buque. Fué curioso el momento político que en el país hermano les tocó a los "cuyanos" presenciar: Aunque la opinión general era muy favorable a la paz y el arreglo de las cuestiones de límites, no faltaban los políticos ocupados en agitar en sentido contrario las pasiones populares, creando un ambiente delicado y peligroso a las fiestas que se daban a los marinos. El menor traspié hubiera resultado de importancia. Y al respecto puede asegurarse que fué muy hábil y prudente la actuación del comandante Betbeder, demostrando un tacto no común en política y diplomacia. No debe olvidarse que hasta el día anterior se tenía allí todo listo, incluso la opinión pública para la guerra con la Argentina. Entre las figuras interesantes que intervinieron en los festejos merecen recordarse el ministro de Guerra Concha Subercasseaux, que más tarde representó a su país entre nosotros, al general alemán Korner, a quien habíase confiado la organización del ejército, Monseñor Jara, "el apóstol de la paz", etc.

  VALPARAISO Y SANTIAGO DE CHILE  
Monumento a Pratt, Av. Brasil Plaza Victoria, en Valparaíso
Visitantes al buque arreglos para la visita del Sr. Presidente de Chile llegada en tren de los oficiales a Santiago
El hotel donde se alojaron el cerro Santa Lucia el cerro San Cristóbal y alrededores.
  Visita a la Escuela Militar de Santiago y ejercicios de los cadetes  
 
Banquete municipallidad de Santiago visita al fundo del Sr, Concha Subercaseaux  

     "El 17 a las 8 a.m., en cumplimiento de las órdenes recibidas de V. E., zarpé del fondeadero, y una vez en franquía, se saludó nuevamente a la plaza y se hizo rumbo afuera, navegando a vapor durante todo el resto del día con rumbo al N. O., y una vez suficientemente abierto de la costa se apagaron los fuegos, se largó el paño y se dio rumbo al Callao.

TCB: 27 de marzo. Callao — Después de diez días de hermosísima navegación. En aquella época ya bastante lejana, ninguna escala podía seguramente ser más grata a los argentinos que la de Lima, la "Ciudad de los Virreyes", por razones más bien románticas que fuera largo exponer. Ciudad de gran abolengo colonial, interesantísima del punto de vista histórico... los restos de Pizarro... 62 iglesias... el barrio chino... Chorrillos, ruinas de la guerra con Chile... etc. Agradables fiestas en tierra y a bordo, de las que participó e! Presidente Piérola. Quince días de escala.

"El día 27 a las 11 de la mañana, a pesar de la densa niebla que ocultaba la costa, nos aproximamos a tierra y reconocimos las rocas Palominas por la proa; de alli se hizo rumbo al Puerto del Callao, y una vez en el fondeadero se dejó caer el ancla, siendo las 2 p. m.

  El Callao y Lima  
     
Puerto del Callao
Monumento al Alm. Grau La Darsena Monumento 2 de Mayo
Palacio de la Exposicion Puente sobre el Rio Rimac catedral de Lima
Alameda de los Descalzos vista panorámica de Chorrillos costa de Chorrillos
   
  Una matinee en Chorrillos  

"Trasladados a Lima los marinos argentinos participaron de varias fiestas y realizaron diversas visitas a establecimientos públicos y edificios de la ciudad. Los ministros argentino y chileno, ofrecieron recepciones en honor del estado mayor de la "Sarmiento". Los jefes y oficiales asistieron a funciones de teatro especialmente invitados, siendo obsequiados con banquetes en el Club Unión y en el Palacio de la Exposición.

"En la Escuela Naval fué servido un gran banquete al que asistió el Presidente de la República, los ministros nacionales, diplomáticos, jefes y oficiales de la Armada y el Ejército y representantes de las altas clases sociales. Ofreció el banquete el director de la Escuela, capitán de navio D. Juan Manuel Ontaneda, pronunciando el siguiente brindis: "Señor Comandante, señores oficiales y guardiama-rinas de la "Sarmiento":

"La marina argentina, cuyo rápido crecimiento asombra y entusiasma a los que, como nosotros la contemplamos desde el punto de vista de la doble comunidad continental y de origen que nos liga; a los que poseídos de amor profesional la vemos desarrollarse sólida en ciencia y fuerte en poder material; a los que inspirados en la santa fe del patriotismo la admiramos, cuando enarbolada su hermosa enseña, cuyos colores copia del firmamento, pasea ufana por remotos mares, asegurando honra y gloria para su Patria; para esa patria que nos enviara un día la palabra redentora por boca de su ilustre procer, a esa marina que nació ya hazañosa con el esforzado Brown, en las aguas de Martín García y Montevideo, es a la que hoy tengo el alto honor de saludar en vosotros, dignos hijos de aquel gran pueblo, que allá, en la extremidad austral de nuestra cara América, ha lanzado con viril acento el ¡adelante! del progreso; y empuñando con potente diestra el estandarte de una raza, va con firme paso a cumplir los designios que la Providencia tiene fijados a la humanidad en este trozo del planeta.

"Llegáis, señores, a nuestras playas en alas del apasible alisio constante; como él, sincero y leal, encontraréis el viejo afecto que atesora el corazón peruano. Como hermanos, os saluda y regocijado recibe vuestra grata visita, deseando la prolonguéis todo el tiempo que el cometido de vuestra misión lo permita.

"Que os complazca la permanencia en nuestro hogar, y al separaros de él para continuar vuestra expedición de estudio la gallarda nave que montáis, sea siempre mecida por apacibles ondas; que ante su proa se humille y desvanezca el terrible huracán, y que bajo la presión de su quilla se deslice tranquilo el líquido elemento, dibujando esa rauda estela que para el marino es tema constante de atrayente contemplación.

"Vais con rumbo a occidente, siguiendo la histórica ruta de los primeros circunnavegantes; diariamente desaparecerán los astros por vuestro frente, mas no olvidéis que también bajo el horizonte y en rumbo opuesto dejáis pueblos que como los que el Plata y el Rimac bañan, os miran animados de un idéntico afecto y anhelando vivamente que la ventura os acompañe por doquier, en el camino que recorréis; y pliegue al cielo que así como en el decurso de vuestra derrota tendréis que cambiar la fecha aumentando en un día más, para restablecer el tiempo inapreciado, así también aumentéis a su término con una nueva y brillante página, la ya interesante historia de vuestra marina nacional.

"Hoy, que el Perú nuevo y regenerado se yergue también con viril espíritu y guiado por experta mano, marcha resuelto a conquistar los laureles que brindan las lides del progreso; no dudemos de que pronto y a mérito de su potencia desarrollada por el trabajo, ocupará el nivel a que por destino está llamada a la par de sus hermanas, los demás pueblos de este continente, en el concierto de las naciones que luchan por su engrandecimiento.

"Invocando, pues, ante vuestra consideración, tan grandes y nobles sentimientos, cuales son la fraternidad de una raza y la solidaridad de un mundo; a nombre de las Escuelas Técnicas de Aplicación y Militar, Preparatoria y Naval, que me honran con su representación, tengo la complacencia de ofreceros este banquete, como una pequeña manifestación de la profunda simpatía a que muchos motivos nos impulsan, contándose entre ellos el que la identidad de instituciones liga nuestro afecto con más estrechos lazos, aceptad benévolos este cariñoso agasajo, y con-tadnos siempre en el número de vuestros hermanos".

"Contestó agradeciendo el Comandante Betbeder. Luego brindó el Presidente de la República, doctor Piérola, por la Argentina y el presidente Roca, contestando el Ministro Argentino, Sr. Arroyo.

"En el Callao se hicieron víveres y aguada y asistimos a varias fiestas de carácter oficial y social, debiendo mencionar entre ellas la que nos ofrecieron las Escuelas Militares, a la que concurrió S. E. el Señor Presidente del Perú, sus ministros y miembros del cuerpo diplomático suramericano. Esta fiesta fué retribuida a bordo en la misma forma que se hizo en Chile. El día 10 de abril a las 3 p. m. se zarpó con rumbo a Panamá, habiéndose podido dejar el fondeadero a la vela por sernos favorable la brisa reinante.

HDS El Pacífico
Estamos en alta mar, en el gran Océano, hemos atravesado ya las regiones heladas del Estrecho, dejado atrás las zonas templadas y nos encontramos en las tropicales, después de haber pasado la línea de fuego. El mar como la tierra tiene sus zonas bien marcadas por los seres que pueblan su vasto campo, a más del carácter que en ellas se nota. En las frías regiones de las latitudes 50° no se aprecia la vida acuática más que por una que otra tonina, delfín y ballena y el albatros, el ave gigante que acompaña al navegante hasta cerca de los 30° de latitud. Esta es la región de los chubascos temporales, el cielo permanece cubierto completamente por varios días y lo variable de los vientos hace que a veces se navegue a nimbo diezy once millas como también que se pierda camino porvenir del lado opuesto. En las regiones templadas la navegación es más regular; el viento da suficiente fuerza para navegar a siete y ocho millas con gavias y juanetes, sopla durante varios días, el viento refresca mucho por la noche, dándose con las velas indicadas las diez millas desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana. Vense todavía uno que otro chubasco y racha, (pero) por lo general el tiempo es bueno. Es la región donde menos se nota la existencia de peces, el albatros va desapareciendo y degenerando en uno más pequeño que también desaparece en la (región) tórrida. Llegamos por fin a las regiones tropicales tan bien marcadas y de carácter tan distintivo como las frígidas. Es la región de las calmas, de las calmas chichas, como se dice, sin que la más leve arruga se note en la horizontal superficie. Los rayos del sol son por demás ardientes y van haciéndose notar paso a paso a medida que nos aproximamos a la línea. El viento es tan sólo una suave brisa que nos da vida en las abrasadoras regiones. No se sufren temporales ni rachas; nunca se oye tronar y sólo uno que otro relámpago ilumina allá en el horizonte. Las noches de luna son hermosísimas; los crepúsculos notables por la salida y puesta del sol. Déjanse ver variedad de peces: desde la gran ballena, el terrible tiburón, hasta el alado que parte de la tranquila superficie como una exhalación para caer nuevamente en ella después de un recorrido de cincuenta o cien metros; vense en gran número delfines que dan grandes saltos, la voraz bonita, la exterminadora del pez volador, a quien devora tan luego lo agarra a tiro; abunda(n) también el salmón y otros peces que nunca pude conocer.

En navegación
A la deseada recalada en los puertos, al deseo de conocer algo nuevo, al placer de saltar a una ciudad apenas conocida por el nombre, al recorrer sus calles ya anchurosas o angostas, lindas o feas, a las comodidades de puertos, frutas frescas y nuevas, a los paseos, banquetes, bailes, a las largas horas de la noche pasadas en conocer y recorrer todo, este conjunto de placeres, en fin, es terminado por el retumbo del cañón que anuncia la despedida, así como lo hizo a la arribada, todo entonces cambia, ya no nos acercamos a un puerto desconocido, por el contrario, nos alejamos de uno que queda ya impreso en el pensamiento; no vamos a ver ya nada nuevo, sino la mar, el azul del cielo confundirse con el azul del océano. No pensamos ya en las calles, anchas o angostas, lindas o feas, sino en el estado del tiempo bueno o malo, en la dirección del viento, conveniente o no. Ya no esperamos las comodidades del puerto, frutas nuevas (y) frescas, sino por el contrario sus incomodidades, galleta, carne salada, charque y porotos; nada de paseos, sino los largos que se hacen en las interminables horas de guardia en la alta mar. No más banquetes; clases, estudios, guardias, cálculos. No más baile que aquél a que nos puede no invitar.
sino obligar un temporal. La levita, el traje civil, el chambergo, al fondo del cajón. Vuelven la blusa, el sombrerito blanco y el pañuelito al cuello. Es así; el recuerdo de lo visto en el puerto que abandonamos no desaparece, pero tampoco pensamos en él. (¡)Pues no faltaría más!, pues entonces ¿qué sería del inglés, francés, navegación, artillería y maniobra? Estas y, sobre todo, los cálculos que sitúan el barco nos absorbe(n) todo el día tanto que durante todo él no nos acordamos de que estamos en el océano. Todos los días pasan lo mismo, de guardia, calculando o en clases. La noche es la hora del descanso, de la contemplación y del sueño. Nada más hermoso que acostarse en esas espléndidas noches de luna llena, de completa calma, sobre la red del bauprés, a mirar el astro rey que reverbera en el agua con brillante luz, mirar el horizonte iluminado, dominar desde allí el romper del agua por la proa, las velas henchidas y los numerosos cabos que van y vienen.

EL PACIFICO

Navegación tropical: cantidad de ballenas. Paso de la línea, con el consiguiente remojón para los neófitos, que son las cuatro quintas partes de la tripulación.

"Después de una travesía relativamente lenta a causa de la escasez y flojedad de las brisas propias de estas regiones, se dio fondo en este puerto (Panamá) el día 24 de abril de 1899 a las 8 a. m.".

  Panama  
Oficiales en la costa de Panama, a la entrada del Canal El HMS Imperieuse responde al saludo al cañon Una vista del puerto de Panama
     

Panamá, 24 de abril — A título de curiosidad, para que se vea lo que cambian las cosas en 30 años, diremos que al llegar a este puerto, la salva de saludo de la "Sarmiento" puso en verdadero apuro a las autoridades, pues no tenían pólvora. Habían mandado por ella al otro lado del istmo, y contestarían al día siguiente.  Hoy día Panamá es quizás el puerto más poderosamente fortificado del mundo. Tampoco tenían bandera argentina, y hubo que prestarles una, cosa que por otra parte ocurrió muy frecuentemente en este viaje.

Visita de oficiales y guardiamarinas al Canal. La importantísima obra estaba en período de reorganización. Habíanse hecho cargo de ella los norteamericanos, después del sensacional fracaso de la empresa de Lesseps, y daba pena ver la inmensidad de materiales abandonados.

   
La casa de la gobernacion Ruinas de una iglesia jesuítica, en la ciudad de Panamá
   

HDS Tres horas en Panamá
La travesía de) Callao a Panamá se hizo, si bien no con vientos favorables, sí con escasez de ellos, tanto que a veces parecía que estábamos fondeados; a veces una o dos millas y otras, hasta siete; de esta manera y después de dieciocho días, dimos fondo el día veinticuatro en el Golfo de Panamá, a tres millas de la ciudad, después de haber saludado la plaza, la que no pudiendo disponer inmediatamente de una pieza de artillería, recién al siguiente día nos devolvió el saludo.

El aspecto de la ciudad desde a bordo era muy pintoresco, rodeada de montañas por la parte continental, las cuales cubiertas de vigorosa vegetación se veían de un verde tan oscuro como las aguas del mar que a sus pies se extendía; un poco a la izquierda de la ciudad se elevan aigunas islas montañosas y pequeñas, pero que como las vecinas tierras ostentan el lujo de la vegetación de las zonas tórridas. Debido a la fiebre amarilla que ahí reina en ciertas épocas y que es mortal para el extranjero, sólo el último día nos permitieron disponer de cuatro horas para visitar Panamá. En consecuencia, a las nueve de la mañana del día veintisiete nos embarcamos en la lancha, que remolcada por la a vapor, debía conducimos a tierra Colombiana4.

El trayecto a recorrer antes de tocar (tierra) era bastante largo, tres millas, lo que representaba una hora y cuarto de camino, lo suficiente para ir notando paso a paso el cambio de aspecto de la ciudad. Cuando aún faltaban como trescientos pasos para poder atracar a tierra, pues no habla muelle ni atracadero artificial, tuvimos que cambiar de embarcación pues la nuestra casi tocaba fondo. Tres subimos a la pequeña lancha, la que diez minutos después clavaba la proa en un extenso cangrejal, la mayor parte de piedra. Pagamos al botero veinte centavos por cada uno y saltamos a tierra Colombiana, a la patria de Jorge Isaacs; salvamos el extenso cangrejal, que quedaba cubierto por las aguas en la plena mar, y por una escala de piedra trepamos la especie de barranca que nos separaba del nivel de la ciudad. Trepada ésa, yo y mis dos compañeros Constante(s) y Etchepare, nos encontramos en una estrecha calle cuyos edificios eran todos de madera. La población de negros -pero, es de advertir que eran de lindo tipo-, facciones agradables y algunas bonitas, vestían elegantemente y las mujeres aun con lujo. Estas eran por lo regular altas, y de cuerpo delgado; todas llevaban la cabeza cubierta de sombreritos de paja.

Abundaba también la raza de la Gran China, con sus pómulos salientes, sus ojos arqueados, color amarillo y la larga trenza que muchas veces daba lugar a duda de si eran mujeres u hombres, recorriendo la calle y admirando la abundancia de ñutas en ciertas casas, frutas que sólo y muy escasamente se ven en los grandes mercados de Buenos Aires, llegamos a una plaza adornada de grandes plantas, cuyas vivísimas flores la cubrían casi por completo. Una vez allí pensamos en almorzar, lo que hicimos a satisfacción en un hotel cuya pobreza respondía a la de la ciudad. Terminado aquél, que nos costó seis pesos, tomamos un carruaje dejando a voluntad el llevamos donde mejor le placiese; en consecuencia dijo que nos iba a llevar a las empezadas obras del Estrecho.

Tomamos, luego que nos apartamos un poquito, por una especie de avenida natural: ¡nunca pensé yo entrar en el Paraíso Terrenal, que sólo en nuestra fantasía existe, como la región más favorecida de la Naturaleza!, tal era la riqueza de vegetación de aquella privilegiada tierra. Primero atravesamos un bosque de plátanos, cuyos grandes racimos casi se caían por el propio peso. ¡Qué hermosas plantas! Sus enormes hojas formaban una especie de techado dando agradable y fresca sombra; bajo de ellas se elevaban pajizas viviendas de negros, de forma cónica algunas, otras cilindricas y las demás, comunes, y a la puerta de ellas, o jugueteando bajo las generosas palmeras, multitud de negritos completamente desnudos con collarcitos al cuello. Eran tan negros como el betún y barrigones que parecían algo como un bichito o gusano- Al bosque de plátanos se iban mezclando algunos cocoteros, hasta que desapareciendo los primeros, cedieron su puesto a estos últimos así pues que al bosque de plátanos siguió el de cocoteros en que colgaban sus abultados frutos. Entre los cocoteros se veían otras clases de palmeras con diversidad de frutos, unos muy grandes del tamaño de la cabeza de un niño de cuatro años, de color verde y cuyo nombre ignoro.

Otros más pequeños, por fin una especie de algodonero, a juzgar por lo blanco del capullo que se veía<n> al abrirse la fruta. Nuestro cochero se admiraba de vemos admirados ante aquella vegetación para él mezquina y nos decía: «¿Y qué dejan Ud(s). para admirar en los bosques grandiosos del interior donde no sólo es intrasitable entre plátanos, cocoteros, sino entres paltas, chirimoyas, y otra gran variedad de palmeras y plantas frutales? Todo lo verde que se ve en lo alto de las montañas como en sus faldas son los bosques que le(s) menciono de lo que esto no es más que la muestra de lo peor». ¡Cuánto deseaba yo uno de estos bosques en nuestro Parque Lusitano, para que mi buen padre no sólo pudiese disfhitar de su sombra, sino también de su exquisita fruta, que hacen de las selvas vírgenes de Colombia, un edén. En realidad era aquello el Paraíso, con la diferencia de que allf la fruta prohibida era una y aquí lo eran todas, pues de arrancar unas de aquéllas que parecían brindarse y comerlas, hubiéramos sido, no arrojados de allí, sino que allí hubiéramos quedado quizás eternamente.

Sin haber llegado donde nos propusimos, por la escasez de tiempo, alcanzamos a ver establecimientos, maquinarias, rieles, todo dependiendo de los trabajos del Estrecho. Así pues sin llegar, dimos vuelta volviendo por donde fuimos, atravesando los mismos bosques, dejando atrás el cementerio donde los muertos tenían tantas y tan hermosas flores como las tenían los vivos en sus plazas. De nuevo en el centro de la población, seguimos recorriendo sus calles, bajando de vez en cuando para ver alguna curiosidad o hacer una compra. De este modo gastamos los últimos minutos de que disponíamos, con un calor sofocante cuya temperatura media seria de treinta y cuatro grados. A la una de la tarde, hora en que expiraba nuestro plazo, nos dirigíamos a la lanchita de la Sarmiento, la que después de una hora y quince minutos atracaba por la banda de estribor. A las ocho de la noche nos pusimos en movimiento, encontrándonos actualmente en alta mar, a una latitud de 12° y 88' W aproximadamente, con un calor sofocante de 31°; a las 8 a.m. pasamos un regimiento de delfines.

DE ACAPULCO A SAN FRANCISCO DE CALIFORNA

El 27 de abril de 1899 zarpó la Fragata de Panamá para Acapulco, de donde se dirigió a San Francisco de California. He aquí algunos detalles de esa parte del primer viaje según los propios informes del comandante de la "Sarmiento".

Después de tres días de escala continúa el viaje, y con otras diez singladuras arriba el barco a Acapulco (7 de mayo), puerto mejicano de importancia otrora, en la época de los galeones que iban a Filipinas, pero entonces insignificante. Tipos pintorescos de "charros", con descomunal sombrero; corridas de toros populares y riñas de gallos. Puerto hermosísimo.

"San Francisco de California, junio 19 de 1899.

Durante la travesía de Panamá a Acapulco la mar estuvo casi siempre en calma y el tiempo bueno. Entre Panamá y Acapulco se navegó a vapor y a vela, pues para librarnos, navegando a la vela solamente, de la zona de calmas que media entre uno y otro puerto, hubiéramos tenido que bajar hasta los 2" N. de latitud y abrirnos hasta cortar el meridiano 110'-' de latitud Oeste, haciendo, por consiguiente, triple camino que el directo en una zona donde las corrientes nos eran contrarias. Durante esta navegación se marchó siempre con una de las calderas Niclausse, auxiliándonos con las velas siempre que el viento nos era favorable, lo que nos permitió navegar con una velocidad de cinco millas y media por hora con un gasto de 8 toneladas de carbón por día.

"Al llegar al Puerto de Acapulco, se hizo un telegrama al Ministro de Guerra y Marina de la República de Méjico, saludándolo y por su intermedio al Señor Presidente de aquel país, haciéndole saber al mismo tiempo que esta Fragata en viaje de instrucción había fondeado en Acapulco para saludar el pabellón mejicano, telegrama que fué contestado en los términos más cordiales.

   

Acapulco: El edificio municipal

Una parte del fuerte.

    HDS De paso por Acapulco

A las 4 a.m. del día 24 de Abril empezamos a virar el ancla y a las ocho nos poníamos en movimiento, alejándonos lentamente del puerto Colombiano, para seguir rumbo a Acapulco. Toda la navegación debíamos hacerla a máquina, pues los vientos nos eran completamente opuestos. Con buen tiempo y calor sofocante, navegando de 4 a 6 millas por hora, avistamos tierra el día 26 como a las siete de la mañana. No era en (este) punto ni muy llana ni muy accidentada, notándose en el interior algunas prominencias cubiertas de vegetación. Hacia la proa y medio oculta por la bruma se percibía una elevada montaña, como especie de sombra difusa, la que por nuestra progresiva aproximación se iba destacando al mismo tiempo que parecía aumentar en elevación, creíamos algunos encontrar allí la deseada y mencionada ciudad de Acapulco, pero aquello quedó por el través, y nosotros seguíamos avante, la ciudad no (a)parecía; de pronto comenzamos a virar y penetramos en una gran bahía sin que por eso la ciudad se hiciese notar más que antes. La elevada montaña defendía la entrada de la profunda bahía por el lado de estribor, y por el de babor elevadas islas más o menos separadas, más o menos sombreadas o iluminadas que la hacían sumamente pintoresca. Mientras tanto seguíamos penetrando, la tierra estaba ya muy cerca de la proa. Una nueva virada nos puso a descubierto lo que tanto ansiábamos ver: Acapulco. Sin embargo seguíamos mirando, pues no sabíamos si aquella multitud de ranchos diseminados sin orden y de tan marcada pobreza, era lo que tenía su puesto en las cartas geográficas, si era aquello lo que la geografía menciona como puerto Mejicano. Nos apresurábamos; enormes palmeras por su altura se elevaban cual rudos y cilindricos pilares, con su abundante ramaje en la parte superior. Grandes nos parecían a simple vista desde a bordo, pero nuestra admiración fue mayor cuando un rancho pajizo de altura más que suficiente para albergar a un hombre de pie sólo le alcanzaría en la décima parte; aquellas palmeras tenían sus 20 a 25 metros.

Bahia de Acapulco

La ciudad cada vez nos parecía más pobre, más en desorden sus casas; sin embargo, a lo que (a) aquel pueblo le faltaba, la naturaleza le brindaba un abrigo y seguridad como difícilmente lo tendría población ni puerto alguno, pequeño o grande, era la hermosa bahía. Ya he dicho que para llegar a descubrir la ciudad hicimos dos viradas: una para tomar la gran bahía, sumamente fácil de hacerla infranqueable para el más audaz acorazado y otra algo más pequeña, a la izquierda de la primera, que es en la que nos encontramos a la vista de la población. Por todas partes nos rodea la tierra con elevadas montañas y al parecer no hay salida ninguna. ¿Cómo suponer ningún navegante que recorra la costa de día o de noche, que allí hay una población? Esta pregunta me hacía cuando se. oyó la voz del comandante que gritaba «¡Fondo!», casi al mismo tiempo el ancla levantaba una elevada columna del azulado líquido y el estampido del cañón retumbaba dentro de aquellos muros que parecían desplomarse al ruido de la primera detonación. El bramido con los continuos retumbos no tenía tiempo de perderse cuando era reanudado por otro: parecía como un combate naval, el ruido que debido a la disposición circular de las elevaciones producía nuestra pequeña pieza de 47 (mm). ¿Qué sería el ruido producido allí por varios acorazados que arrojaran proyectiles de 250 mm.?

El barco paró, pero lejos de abandonar nuestro puesto de observación, continuamos en él, dirigiendo los anteojos a los distintos puntos de nuestros hermosos alrededores. A nuestro saludo contestó el fuerte manteniendo izada a su tope la bandera mejicana. Hacia la misma proa estaba la población, a la derecha el fuerte y en la bahía, a nuestra izquierda, algunos barcos. Poco después de dar fondo, la bien recibida licencia de poder los francos bajar a tierra, se hizo circular de boca en boca, pero con carácter más extensivo, pues pudimos hacerlo todos los guardiamarinas, estuviesen o no de guardia, excepción de los arrestados.

Atracábamos al muelle, la playa era arenosa y suave, una gran cantidad de hombres y algunas mujeres estaban estacionada(s) al extremo del pequeño muelle, como pasa en todas partes del mundo cuando se trata de ver algo que pueda llamarles la atención. Aquellos curiosos espectadores parecía.! cómicos, por el aludo sombrero terminado en larga y cónica punta, la mayor parte de paja, con más o menos firuletes, según lo desease el dueño. Poco después vimos que todos los hombres lo llevaban iguales, si bien algunos lo eran de felpa.

La calle del Comercio

El aspecto de la población en conjunto era curiosísimo: conjuntos de ranchos en su mayor parte, se encontraban formando estrechas callejuelas, algunas más o menos rectas con veredas en peor estado, todo sumamente antiguo y de estilo español, con las ventanas resguardadas por gruesos barrotes de madera, las puertas de madera tosca y resistente. La población completamente americana, con su color característico bronceado, ojos negros y grandes, cara redonda, su andar y modos como el nuestro criollo. El calor era abrasador, como que reflejaba en la arena y piedra de la calle.

Acapulco, muelle de resguardo

Después de tomar una cerveza con mis compañeros Gómez y Etchepare, que nos dejó muy satisfechos, seguimos caminando, penetramos en la iglesia, cuya fachada e interior correspondía a la población, algo extensa, con el techo haciendo luces, sin más que una anciana arrodillada, un Cristo crucificado en el altar y dos o tres imágenes. Salimos de allí, entramos en una tienda, la más surtida, como que a la vez era almacén, ferretería y muchas otras cosas. Allí preguntamos por muchos otyetos. el valor de otros, pero no compramos nada; sin embargo, averiguamos muchos datos referentes a la población: supimos que la plaza que tenía al frente se llamaba plaza Alvarez. que ese domingo había corrida de toros, que sólo ocho veces se daban en el año, pero que el toro no se mataba, etc. Luego que salimos y recreando siempre nuestra vista sobre aquel pueblo tan distinto de cuantos habíamos visto, con las elevadísimas palmeras  que al costado de un rancho se elevaban, el agua azul de la bahía que parecía un segundo Firmamento, las callejuelas estrechas y tortuosas, vimos al doblar de una esquina multitud de bonetes blancos de paja que iban y venían con sus dueños. Atraído(s) por la curiosidad del gran número quisimos ver de qué se trataba, entramos: en una especie de antesala había una aglomeración tal que tuvimos que esperar para llegar al grano; esperamos. Se trataba de una riña de gallos, de varias parejas, y para verla había que pagar diez centavos. Hicímoslo así y penetramos en una especie de corredor donde había un círculo de gran diámetro que era donde la lucha tenía lugar.

Tuvimos mucho tiempo esperando que la función principiase, gozando del entusiasmo de las apuestas de aquella muchedumbre andrajosa y quizás hambrienta, que, sin embargo, tenía cómo hacer frente a las apuestas que se hacían mutuamente. Cada gallo bajo el brazo de su dueño que aparecía allí era recibido con vivas y aplausos; la función debía empezar, los dos dueños saltaron al círculo cada uno con su gallo, un tercero, ató fuertemente una ñlosa y aguda cuchilla de tres pulgadas de largo en las canillas derechas de cada uno de los infelices combatientes. Luego que se estuvo listo, trazaron dos líneas a unos cinco metros de distancia cada una, agacháronse colocando los dos animales frente a frente sobre su línea manteniéndolos agarrados con la izquierda, mientras con la derecha le daban fuertes tirones de la cresta y cola para hacerlos enojar. Soltáronlos enseguida, con el pescuezo estirado los dos gallos, las plumas paradas, inmóviles por un momento mirándose frente a frente como si con la vista quisieran medirse mutuamente. Enseguida, y casi al mismo tiempo, dan tres pasos lentamente, pican el suelo, se vuelven a mirar, dan tres pasos, pegan dos o tres brincos y uno de los dos cae de costado sin poder levantarse: había sido atravesado y quedaba <a>fúera de combate pero siempre dispuesto a atacar a su adversario demostrando a los que con su sangre se divertían que un simple animal tiene más valor que un hombre.

Terminado el encuentro de esta pareja debía venir otra, pues no había tiempo que perder pues la corrida de toros debía empezar a las cuatro. Continuamos en la dirección de la fortaleza, atravesamos por el mercado que es un gran techado sin paredes laterales, lleno de diversidad de frutas de la zona tórrida; los ranchos cada vez más en desorden salpicaban la falda de la montaña. Algunas mujeres se veían en su interior tendidas sobre hamacas hechas con cuerdas vegetales. Llegamos por fin al término de una de las callejuelas, en la parte trasera del fuerte, en donde se verificaría la corrida. Había allí un gran circulo, especie de corral, cuyo cerco de varillas de madera era bien poco resistente. Esta especie de corral tenia dos puertas: una para la entrada de los toreros y otra para pasar el toro que está en un alojamiento adosado al corral pero separado; hay cinco de éstos correspondientes a otros tantos. Unos palcos hechos de madera y paja de techo eran reservados para la primera categoría que debía satisfacer la suma de 10 (hay una palabra ilegible).

Poco antes de principiar la escena había un numerosísimo público, alojado no sólo a los alrededores sino en la elevación del fuerte: mujeres, niños, hombres, mercaderes ambulantes, con grandísimos sombreros, dando aullidos para llamar la atención de sus mercancías. Por fin se sintió un tropel y rumor de multitud de movimiento: eran los toreros que venían y por detrás de ellos una banda de música, formada por un flautín de lata, un clarín viejo, unos platillos abollados y un tambor con el parche roto, detrás de éstos, en tropel, multitud de alegres muchachitos, negritos en su mayor parte.

(Los toreros) eran cinco, cada uno con sus trajes distintivos, con costosas y coloridas capas con las que provocan al animal. Todo listo ya, y después de distribuirse convenientemente, sacaron las tranqueras de las entradas del fondo, y salió un torito de linda parada, Con sus afilados y largos cuernos; titubeó un momento y luego se abalanzó sobre los toreros quienes ni de esperarlo habían tenido tiempo. Este primer empuje del animal fue salvado felizmente; después de tomar aliento el animal y como le hicieran flamear una manta roja, se les vino encima. El torero, lista en la mano una banderilla, espera el empuje del toro, en el momento mismo de llegar y cuando debía levantarlo en las astas, hácese a un lado y clava<ba> en el pescuezo del animal, cerca de la cabeza, su banderilla; al sentirse herido da un bufido y atropella al primero que ve, sin darle tiempo a la cuerpeada, lo tira por tierra y pasa; felizmente, no fue más que el rudo golpe, pero no fue herido. Llevóse este toro, y se sacó uno que pasó con paso lento y mirando a la concurrencia en medio de la silbatina que le armaban, llegó al centro, se paró, echó una mirada de menosprecio, dio media vuelta y se fue al lado de uno de sus compañeros, donde no hubo fuerza humana que lo hiciera salir.

Vino un tercer toro, ¡lindo animal!, grande, gordo, de linda parada; fue recibido con entusiasmo por la concurrencia. Entusiasmado en exceso salió un vigilante que estaba también medio alegre, para remedar a los toreros; sacó su pañuelo de mano y con eso quería llamar la atención del animal que ni se dignaba a mirarle. Envalentonado con esta indiferencia y resistiendo a los que lo querían sacar, logró hasta clavar una banderilla. El animal salió entonces de su empaco y encarándose sobre el pobre tonto lo dio contra el suelo dondehubiese quedado, si no hubiese<n> empleado la fuerza de los cuatro toreros que lo sacaron medio muerto. Como se fuese haciendo tarde, tuvimos que retiramos a pesar nuestro, para aprovechar en ciertas compras el poco tiempo que nos quedaba. Una vez que nos alejamos un poquito de aquella inhumana diversión, subiendo la cuesta del fuerte apreciamos el bonito conjunto que formaba el círculo de la corrida, los movimientos del toro, las cabriolas de los toreros, el inmenso público que los presenciaba; éste era compuesto de gente pobre casi en su total mayoría, hombres algunos en mangas de camisa, con grandes fajas y enormes sombreros de paja cuya elevada punta los hacía medio metro más altos y mujeres rodeadas de sus pequeñuelos, aplaudiendo entusiastas algunas banderillas bien colocadas, las que no, vendiendo guayabas, granadillas o bocadillos.

Pocos momentos después dábamos el último adiós a aquel pueblo tan escaso de elementos de civilización como de vida, pero sin embargo, pintoresco y alegre.

Al oscurecer del día ocho nos alejamos de la profunda y hermosa bahía de Acapulco, llevando de ella una agradable impresión. Apenas nos hubimos alejado de la costa, el barato elemento, el aire, sustituyó al vapor, hinchando las velas y llevándonos casi contempletamente al Oeste, empezando así esta nueva travesía que tan cara debía costamos.

 

Con Acapulco terminan por ahora las escalas en países de habla castellana. La siguiente será San Francisco, a 800 millas solamente en línea recta, pero que exigirán 3.700 de recorrido, en inmensa bordada que lleva al buque hasta 1.200 millas de tierra, y que dura casi un mes. Hace su aparición un velero "clipper" de cuatro palos, que en vano intenta luchar en velocidad con la fragata. Esta despliega todo su velamen, a pesar del fuerte viento, y alcanza a dar 10 1/2 nudos.

Celébrase el aniversario patrio (25 de Mayo) en la inmensidad del mar, y cuatro días después enlútase el barco con el fallecimiento del guardiamarina Leopoldo del Campo. Impresionante ceremonia la del sepelio del marino en el mar, entre el furor de los elementos desencadenados que impedían detener el barco, las palabras del comandante en nombre de Dios y de la Patria, la marcha fúnebre tocada por la banda, el cuerpo envuelto en la bandera y arrojado por el portalón a las profundidades.

      

La fragata Sarmiento al ancla en Acapulco.

UN DUELO EN EL MAR

En este primer viaje falleció a bordo de la "Sarmiento" el guardiamarina Augusto del Campo. El entonces teniente de fragata, D. Mariano F. Beascochea, que formaba parte del personal superior, narra en su interesante libro "La Novela del Mar", el duelo de sus camaradas y de la tripulación, en la forma conmovedora de que damos cuenta a continuación:

"29 de mayo. — Son las seis y media de la tarde El sol acaba de ponerse. Una zona de fuego marca todavía su curso en el horizonte lejano. El cielo está cubierto de nubes, die nubes ciímichis que el crepúsculo enrojece. El mar, el mar inmenso, está desierto y sombrío. Como no hay viento se ha aferrado el paño y la fragata sin sus velas desplegadas, nos causa la impresión de un barco desmantelado!

"La luz moribunda del día aminora el efecto de las tinieblas que avanzan.

"La vista no percibe movimiento alguno sobre el sombrío desierto de aguas que nos rodea.

"Un silencio profundo reina a bordo.

"Vamos lejos, muy lejos de la costa. El punto más cercano dista de nosotros ochocientas millas. La banda de música no toca a su hora de costumbre. Por la cubierta se ven pasar cabizbajos y callados algunos guardiamarinas.

"¿Qué pasa? ¿Por qué está así todo tan triste?

"El guardiamarina Augusto del Campo está en agonía! El Comandante ha bajado a la enfermería, a visitar al joven subalterno que la muerte le arrebata.

"Las sombras aumentan, la noche se aproxima apacible y negra. El aire sigue en calma.

"La soledad, las tinieblas, la tristeza de todos y la quietud majestuosa de las aguas, imprime a nuestro ánimo un recogimiento religioso.

"Ocho de la noche. — El enfermo continúa agonizante; hace ya más de dos horas que ha perdido el conocimiento. No se queja, no sufre, va extinguiéndose como se apaga una tarde de primavera. Sus compañeros lo rodean silenciosos. La enfermería presenta un aspecto sombrío; todo allí es imponente y el silencio sería perfecto si rio lo interrumpiera con frecuencia el murmullo de las ondas y la respiración fatigosa del enfermo.

Once de la noche. — A las nueve y cinco, entregó su alma a Dios el guardiamarina Augusto del Campo. Me dicen que sus últimas palabras fueron: Mamá . . . me muero! ¡Pobrecito! Con qué inmensa amargura escribo estas líneas en mis impresiones de viaje!

"Los guardiamarinas lo visten y preparan en la cámara baja de oficiales un túmulo severo, para velar su cadáver. A las 10, lo sacan de la enfermería y lo trasladan al sitio donde debe velarse. Le cubren la cara con un pañuelo, un pequeño crucifijo le fué colocado entre las ya crispadas manos y una imagen de Jesús sobre el pecho. Cuatro candelabros de plata, con pequeños hachones iluminan la escena; una guardia militar armada hace los honores. El comandante, el segundo, los oficiales y los guardiamarinas velan el cadáver.

"Afuera la noche está tranquila, la luna brilla apacible, el cielo se ha descubierto hacia el nordeste y centenares de estrellas irradian entre las pequeñas nubes desgreñadas, que van desapareciendo.

"Dos aves marinas de inmensas alas negras se cruzan, revolotean y se ausentan. ¡Aves fatídicas, qué buscáis entre las sombras de la noche, en estas horas tristes!

"30 de mayo. — Pocos son los que han dormido. La luz del alba tiñe el cielo del más hermoso color verde azulado que he contemplado en mi vida. Sopla viento fresco del oeste, todo el aparejo va en viento, navegamos a un largo, con rumbo al norte cuarta al nordeste; filamos ocho millas, amuras a estribor, con alas y rastreras desplegadas.

Das de la tarde. — El viento refresca, y la mar se va encrespando poco a poco. El cielo ha vuelto a cubrirse de nubes, el horizonte está brumoso, hace frío y la tarde se pone destemplada y obscura.

"El cadáver ha sido sacado a cubierta y conducido a una pequeña capilla ardiente formada con banderas de la patria. Un contramaestre y dos cabos de mar lo envuelven y lo cosen dentro de una lona; luego le aseguran fuertemente varios pedazos de fierro y a los pies un pesado proyectil, y concluida la triste faena, sus compañeros lo envuelven en la gran bandera y allí queda próximo al palo mayor, descansando sobre un túmulo. Cuatro marineros, vestidos de parada, hacen la guardia de honor. Oficiales y marineros visitan y acompañan el cadáver, durante el resto del día. ¡Triste día!

"A la puesta del sol el viento sopla con más ímpetu, las olas enfurecidas chócanse entre ellas y vienen a reventar con rumores de catástrofe sobre las bordas, que se inclinan temerarias sobre una y otra banda. Los estays, los brandales, la cabullería toda, tiembla, se sacude y gime con ayes de moribundo y entretanto la noche avanza y sus sombras se extienden por la infinita soledad del océano. Los alba-troces gritan sin cesar, con esa voz áspera y quejumbrosa semejante al chirrido de una veleta o de una polea seca y raída.

"Son las ocho de la noche, de una noche tempestuosa y negra; el viento arrecia, las gavias van con rizos, los sobres cargados y las velas de juanete van haciendo cimbrar sus masteleros. El oeste es duro, el mar grueso; el cielo cubierto, no tiene luna ni estrellas, sino un aspecto sombrío. La fragata corre sobre las olas entre el clamor de los vientos y las aguas, cubierta por la espantosa obscuridad de la noche. A bordo todo es silencio, silencio religioso, de esos que preceden a los grandes momentos. El clarín ha sonado ¡Atención! Llamada y tropa y la tripulación acude a formar por brigadas, que el segundo comandante dispone en cuádruple fila circular en el alcázar. La banda de música, forma en el combés a estribor, diez grumetes con grandes faroles rodean y alumbran el cadáver. El Comandante, acompañado de los oficiales, baja al alcázar. Todos los guardiamarinas se agrupan a estribor, próximos al fúnebre catafalco. El jefe ordena transportar el cadáver hasta el portalón de sotavento, por donde será arrojado y—al ponerse en movimiento la triste procesión, la banda entona una marcha fúnebre; la campana de a bordo, repica lentamente. En la toldilla, los timoneles gobiernan y el oficial de guardia maniobra con cautela para disminuir la velocidad del barco y hacer que se detenga un momento entre las olas y el viento.

"El acompañamiento ha hecho alto. El cadáver ha sido colocado sobre el portalón para arrojarlo al mar, la banda de música ha callado; sólo la campana continúa tocando a muerto. El Comandante toma la palabra y dice: "Señores Oficiales, Guardiamarinas y tripulación de la fragata "Sarmiento":

"Una ley fatal que nos alcanza a todos, nos arrebata en la soledad de los mares, un joven compañero de armas. Muere al iniciarse su carrera, en el albor de la vida, cuando todo le sonreía, pero muere en un pedazo flotante de la patria, a la sombra de su bandera y aunque distante del hogar de sus padres, rodeado del sincero cariño de todos los que con él emprendimos este largo viaje. El mar inmenso, Campo de acción de nuestra carrera, va a recibir ahora mismo estos despojos; las ondas agitadas de la superficie se abrirán para darle paso hacia un abismo de quietud y silencio. Muere en el ejercicio de su profesión y es su tumba, la verdadera tumba del marino, cuyo reposo en las profundidades del océano, ni las mismas tempestades perturban.

"La ciencia médica que dispuso de todo cuanto fué necesario, lo auxilió desde el primer momento con celosa competencia, agotando con fraternal cuidado los humanos recursos y si no pudo conservarnos su vida, acatemos con resignación cristiana los fallos supremos de la Providencia, en cuyos misteriosos designios no nos es dado penetrar.

"Al entregar al océano los restos mortales del que fué en vida el guardiamarina Augusto del Campo, demos expansión a nuestros sentimientos religiosos, rogando al Divino Hacedor por la paz y bienestar de su alma, en este instante solemne en que vamos a dejarlo para siempre.

"Estos restos queridos son arrojados al acéano Pacífico norte, a los 3 6 grados de latitud y 141 de longitud oeste, 850 millas distantes de la costa más cercana.

"Guardiamarina Augusto del Campo: en nombre de Dios, yo te bendigo y en el de la patria, cuyo glorioso símbolo os envuelve en este momento, te despido con el supremo adiós, al que acompañan el dolor y las lágrimas de todos tus compañeros los actuales tripulantes de la fragata "Sarmiento".

"Después hubo un momento de silencio. El Segundo dijo: Listo. La banda de música volvió a entonar la marcha fúnebre, el Jefe bendijo el féretro con la mano y luego... un objeto pesado cayó al mar. Un torbellino se abrió y se cerró al instante y el cadáver principió su descenso hacia el abismo insondable del eterno silencio!

"Un instante después derivamos. Las velas se hincharon de viento y la fragata principió a volar entre las sombras, como si fuera inmenso pájaro nocturno de blancas alas que huía. . .

"¡Pobre Guardiamarina! En su última morada no vendrán a llorar y a arrojar flores los seres que le fueron queridos. Una inmensidad espantosa lo separa de sus padres y de sus hermanos!".

HDS- Hace ya siete días y me parece imposible la realidad. ¡El!, tan lleno de vida, tan fuerte, tan alegre; él, mi compañero de estudios, de tareas y alegrías; él tan joven y lleno de nobles ambiciones, él que tan lleno de entusiasmo como de satisfacción se despide por tan sólo dos años de sus padres, para dar la vuelta a nuestra esfera llamada mundo; él, en fin, que parte dejando lágrimas en los ojos de sus queridos padres y esperanza en el corazón, esperando el hermoso momento del regreso, yace descansando en las profundidades del océano. Me parece verlo, lleno de alegría, saltar a tierra, para buscar en ella el descanso y las comodidades tan deseadas cuando se está en la mar: me parece verlo en cubierta, pasearse de banda a banda, con algunos compañeros, contemplando el mar y su inmensidad; pero recuerdo y le estoy viendo, en una pequeña enfermería, delirante por la fiebre, sus ojos velados por la proximidad de la muerte, su frente sudorienta; le recuerdo también, sus débiles quejidos, que de cuando en cuando exhala en el profundo silencio de la noche: recuerdo cuando su respiración se hacía fatigosa, su quejido imperceptible y recuerdo también que después de un instante, <mas> sus labios agitados por la<s> fiebre dejaron de moverse, sus ojos perdieron el brillo, la palidez cubrió su rostro, el calor de los pies disminuía, las manos estaban frías; ¡aún tenía vida! ¡Qué momentos supremos! Veinte compañeros, pues no cabían más, apoyado(s) en su lecho aguantaban hasta la respiración, si como con el profundo silencio quisieran devolverle la esperanza a los corazones; era en vano, una especie de suspiro se escapó de su interior; quizás sería el adiós de su espíritu al dejar este miserable mundo y elevarse a la verdadera vida, pues su cuerpo no era sino un cadáver; miserable e inmundo despojo humano, que bien pronto se arrojaría al mar.

La noche estaba fría y oscura, la mar picada, la nave meciéndose agitadamente y en ella, una mesa enlutada, las paredes revestidas de negro; en la mesa un cadáver, las manos entrelazadas sosteniendo en sus rígidos dedos un crucifijo; cuatro centinelas con el rifle armado y contemplando con tristeza esos despojos de un compañero querido, aquellos que con él compartieron la inclemencia de la mar y las alegrías de tierra, allí estaban acompañando a aquél cuyo cuerpo también sería arrebatado para siempre.

Al día siguiente debíamos ponerlo en suataúd, en su modesto ataúd como el de todo marino que muere en su elemento; no teníamos por cierto el placer y hasta puede decirse el consuelo de depositarlo en uno de ricas maderas, sino envolverlo en blando lienzo, colocando entre sus piernas y alrededor de, antes, su delicado cuerpo, barras de hierro que le sirvieran de lastre, envuelto convenientemente, se le cosió perfectamente y se le amarró a los pies una maza de hierro de cuarenta kilos, el pabellón patrio cubría su cuerpo, como lo había hecho desde el momento que falleció, el día 29 de Mayo a las 9 hs. 5 m. de la noche.

Se aproximaba la desgraciada hora de tener que entregar al océano el cuerpo de un compañero, sin tener el consuelo de darle sepultura en tierra, donde una vez pudiese recordar algún día, el lugar del descanso etemo a sus padres y amigos.

La noche empezaba fría y negra como la anterior, pero la mar se agitaba con furia chocando la rota ola en la misma borda, como si estuviese hambrienta de ese cadáver. La tripulación formó por brigadas en ambas bandas. Los guardiamarinas y demás oficiales inclusive el comandante se aproximaron a él. En el misterioso silencio que había, sólo interrumpido por el chocar de las olas, a la débil luz de un farol, el comandante leyó:

«Señores oficiales, guardiamarinas y tripulación:

«Una ley que fatalmente debe cumplirse para todos, nos arranca en la soledad de los mares a un joven compañero de armas. Muere al iniciarse en su carrera y en el albor de la vida, pero muere en un pedazo flotante de la Patria, a la sombra de su bandera y aunque distante del hogar de sus padres, rodeado en cambio del sincero cariño de todos los que con él emprendieron viaje a bordo de esta nave.
«El Océano, inmenso campo de acción del marino, va a recibir ahora mismo los despojos de uno de ellos, y las ondas agitadas de la superficie se abrirán para darle<s> paso, hacia un abismo de quietud y de silencio.

«Muere en el ejercicio de su profesión y será su tumba la apropiada tumba del hombre de mar, cuyo reposo en las grandes profundidades ni las tempestades mismas perturbarán.

«La ciencia médica provista de cuanto le ha sido necesario lo auxilió desde el primer momento en su enfermedad con celosa competencia, agotando los humanos recursos y ya que no pudo consérvanos su vida, acatemos con resignación cristiana el fallo supremo de la Providencia, en cuyos misteriosos designios no nos es dado penetrar, al entregar a las aguas los despojos mortales del que fue en vida el guardiamarina Augusto del Campo, y al separamos de él para siempre, demos expansión a nuestros sentimientos religiosos rogando al Divino Creador por la paz y bienestar de su espíritu.

«Estos restos queridos se arrojan al Océano Pacífico Norte en los 36° 25' de latitud y 141° 32' de longitud Oeste, a 840 millas de la costa más cercana.

«Guardiamarina Del Campo:

«Como jefe de este buque en el nombre del Todo Poderoso te bendigo y en el de la Patria, cuyo glorioso símbolo envuelve vuestro cadáver en este momento, te despido con el supremo Adiós, al que acompafla(n) el dolor y las lágrimas de tus compañeros, los presentes tripulantes de la Fragata Sarmiento.»

Terminado que hubo se tomó la tablilla, donde descansaba, se la llevó a la banda opuesta, mientras una marcha fúnebre acompasada por el lúgubre sonido de una campana hacían salir sollozos en vano tratados de reprimir: la tablilla descansó en la plataforma de la escala con los pies hacia afuera y el lingote próximo a caer; la mar se sacudía con violencia, el viento silbaba en la arboladura, la tabla se inclina, el lingote -enorme masa de hierro- cae al mar, pega al mismo tiempo un brusco y terrible tirón, el cuerpo cae y una ola impetuosa le cubre para siempre.

 

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