Historia y Arqueología Marítima

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Buque Museo Fragata Presidente Sarmiento

Indice Fragata Sarmiento

     La Primera vuelta al mundo de la fotografía argentina

Abel Alexander - Sociedad Iberoamericana de Historia de Ia Fotografía (Argentina)

 

En los últimos años se ha instalado en el país una nueva disciplina histórica, nos referimos a la antigua fotografía, cuyos investigadores aportan sorprendentes hechos y aspectos de nuestro rico pasado, en base a imágenes, muchas veces desconocidas.

Hoy queremos aporrar una nueva historia, directamente vinculada con la gloriosa Fragata Presidente Sarmiento, donde la fotografía tuvo un protagnismo destacado.

En breve recapitulación histórica sobre los orígenes de la Armada, diremos que hacia el año 1872 Domingo F Sarmiento fundó la Escuela Naval, una de las iniciativas mas importantes de su fecunda presidencia. Con una clara visión, el gran sanjuanino estaba convencido de que los buques eran, por naturaleza, poderosos factores de civilización y alentaba una nueva, estrategia para la joven república: su apertura marítima internacional.

Casi tres décadas después, el gobierno argentino se encontraba inmerso en una profunda reorganización de las fuerzas armadas, consecuencia directa de graves conflictos con Chile por cuestión de limites territoriales. Fue en ese contexto que se imponía la adquisición de un moderno buque escuela para la formación integral de los futuros oficiales de mar.

Una vez tomada la decisión se optó por la propuesta del astillero británico Laird Brothers, a quien se encargó una poderosa fragata con casco de acero, nave muy velera y veloz, que sin embargo se auxiliaba con una máquina a vapor de 1.800 caballos de fuerza y cuyo mástil se erguía a 54 metros. Su armamento constaba de doce cañones de tiro rápido, dos ametralladoras y el adelanto de tres tubos lanzatorpedos.

La nave, botada en Inglaterra en 1897, arribó al puerto de Buenos Aires al año siguiente y se la puso a] mando del capitán de fragata Onofre Betbeder, responsable de llevar a buen término el primer viaje de aplicación de las promociones 22, 23, 24 y 25 de la Escuela Naval Militar.

Finalmente, el jueves 12 de enero de 1899, la nave con 336 tripulantes parte desde el Dique N" 4 del puerto de Buenos Aires. Fue despedida por el presidente Julio A. Roca, mientras una inmensa multitud de parientes, amigos y miembros de la Armada agitaban sus pañuelos en dirección a la estela de aquella orgullosa embajada flotante de la joven República Argentina. Su destino era circunnavegar el globo, visitando puertos y ciudades de los cinco continentes.

Un fotógrafo a bordo

El Estado Nacional, consciente de la proyección mundial de! viaje interoceánico, tomó disposiciones especiales con relación a la cobertura fotográfica de semejante periplo, pues consideró, acertadamente, que esa era definitivamente la técnica más apropiada para documentar todos los aspectos visuales de la ambiciosa iniciativa.

Fue así que, por decreto del Poder Ejecutivo del 7 de enero de 1S99, se nombró como Profesor Cívil en la asignatura de Fotografía a Don Pastor Valdez, encargado de dictar clases teóricas y prácticas sobre el arte fotográfico a los futuros oficiales navales.

Para tal fin, el Profesor Valdez contaba en el interior de la fragata con un completo laboratorio el cual funcionaba en un cuarto oscuro acondicionado al efecto. Allí los cadetes se ejercitaban en la práctica de negativos y copias, así como en el manejo de distintas cámaras y equipos técnicos. Tenían a su disposición también una surtida biblioteca y, obviamente, esta intensiva enseñanza se encontraba en relación directa con las necesidades militares.

Pero más allá de su tarea docente, Pastor Valdez tomó la determinación de documentar tan extenso viaje por el sistema de fotografía estereoscópica, un tipo de imagen muy en boga hacia la fecha, en especial entre los adinerados fotógrafos aficionados y que permitía obtener fotografías con la sorprendente visión tridimensional.

Sabemos que antes de partir Valdez se proveyó de los insumos necesarios en la conocida casa de Enrique Lapage y Cía., firma establecida en la calle Bolívar 375 de Buenos Aires. Adquirió allí una gran cantidad de negativos en vidrio marca Lumiere, especiales para tomas estereoscópicas, en la medida de 8,5 x 17 cm„ que le costaron un peso oro la caja.

Luego de atracar en varios puertos argentinos sobre el Atlántico, la Sarmiento participó junto a otras naves del histórico encuentro entre los presidentes Errázuriz y Roca, también conocido como el Abrazo del Estrecho y que inició el entendimiento pacífico entre Chile y la Argentina por sus cuestiones limítrofes.

Finalmente la nave penetró en el Pacífico, recalando en distintos puertos chilenos. En Perú visitó la gran fortaleza del El Callao y de allí a Ecuador y luego Panamá, cuando todavía era una provincia de Colombia y el Canal, el sueño de unos pocos audaces. Acapulco, por entonces tan solo una soñolienta aldea mexicana de pescadores, también fue captada, en todo su pintoresquismo, por la cámara de Valdez.

San Francisco la gran urbe de la costa oeste norteamericana, contrasta en las imágenes con las paradisíacas islas del Pacífico. En Honolulú los oficiales posaron frente a! monumento del rey Kamehameha y celebraron en esas lejanas latitudes la fiesta patria del 9 de julio. Pastor Valdez también documentó este viaje con una cámara especial para la obtención de latern slides, o sea positivos en vidrio para proyección por la linterna mágica.

Fue precisamente en Honolulú que se realizó a bordo de la nave un agasajo a una delegación norteamericana con motivo del 4 de julio de 1899, aniversario de la independencia de ese país. Durante la recepción se llevó a cabo una proyección de vistas obtenidas poco antes en Valparaíso, El Callao, Panamá, Acapulco, San Francisco y la misma Honolulú. Al respecto, el guardiamarina Ángel A. Caminos comentó en un escrito: "...reunidos en completa oscuridad y mientras la banda tocaba, suaves valses ... todos se admiraban frente a las imágenes.... por lo bien acabadas y la profusion de detalles...".

En Japón, el equipo binocular de Pastor Valdez documentó, en forma casi periodística, la enorme destrucción que produjo el incendio del 12 de agosto de 1899 sobre la ciudad japonesa de Yokohama y poco después captó las costumbres de la Tokio imperial. En la misteriosa China, Valdez logró reflejar la febril actividad del puerto de Cheefoo y toda la belleza de la bahía de Cantón con sus exóticos sampanes, antes de arribar a Singapur cuando todavía pertenecía a la India Británica, y más tarde a Candy en Ceilán.t

Varios puertos más allá lo esperaba el mundo árabe: la visión de una larga caravana de camellos en el desierto de Aden fue tomada como una postal de Lawrence en Arabia; la elegante figura de la Sarmiento anclada en el puerto egipcio de Alejandría y oficiales argentinos visitando las misteriosas pirámides con la Esfinge de fondo.

Europa fue el próximo destino: nuestros marinos entre las ruinas del Partenón en Atenas, el encanto de Italia con la infaltable fotografía del Palacio Ducal y el Campanillo en Venecia. En España, las populares corridas de toros tampoco escaparon a la cámara viajera de Pastor Valdez. Luego la travesía del Atlántico, Nueva York y toda la costa este norteamericana y por supuesto e! Caribe y Cuba con una magnífica vista del Fuerte Español en la ciudad de Santiago.

Valdez registró finalmente el extenso litoral marítimo de Brasil, antes de arribar a! puerto de Buenos Aires el 30 de setiembre de 1900. De esta manera, 20 meses y 18 días después de la partida y luego de recorrer un total de 49.000 millas -de las cuales 29.000 fueron realizadas exclusivamente a vela- nuestros bravos marinos regresaron a casa, luego de surcar todos los mares.

Un colosal proyecto fotográfico

Ese día también desembarcaba Pastor Valdez, pero no lo hacía solo. Lo acompañaban sus diversas cámaras fotográficas, una colección de lantern slides y un verdadero tesoro; cientos y cientos de frágiles negativos de vidrio estéreos, que en su conjunto testimoniaban aquella verdadera hazaña marina y geográfica.

Las vistas estereoscópicas se habían puesto muy de moda entre los centenares de miembros de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados -fundada en 1899- que las utilizaban para documentar sus viajes dentro y fuera del país, así como sus propiedades urbanas y rurales, registros con los que luego sorprendían a parientes y amigos. Es así que en la sala de recibo de toda familia acomodada, el misterioso visor estereoscópico, que se utilizaba para observar estas vistas con un efecto tridimensional, siempre estaba al alcance de las visitas.

El viaje inaugural de la Fragata Sarmiento fue también e! punto de partida de un gran proyecto fotográfico de carácter comercial y sin antecedentes en la Argentina: la edición de una completa colección de 600 vistas estereoscópicas con todas las alternativas de aquel viaje por América, Oceanía, Asia, África y Europa, con destino al mercado nacional. Comercialmente, el plan de Valdez era simple, pero ambicioso: la colección se ofrecería en primer lugar a los 336 tripulantes, a sus familiares y amigos, como así también a todas las jerarquías de la Armada y el Ejército.

Otro tanto se haría con las instituciones educativas, por su valor en el campo de la historia y la geografía. La venta parecía asegurada también entre el público en general, teniendo en cuenta el interés que el viaje de la Sarmiente había despertado. En realidad, el mercado fotográfico se encontraba maduro para esta iniciativa. Para entonces, grandes empresas extranjeras como White y Co., Underwood & Underwood o Keystone, todas ellas americanas, comercializaban entre el público argentino vistas estereoscópicas mostrando paisajes y realidades de todo el mundo, captadas por sus fotógrafos viajeros.

Pero Valdez no podía enfrentar solo tamaño desafío, y acertadamente se asoció con una leyenda de la época, el fotógrafo y eximio laboratorista Pedro Sanquirico, por aquel entonces gerente técnico de la prestigiosa Sociedad fotográfica Argentina de Aficionados.

Con infinita paciencia el italiano debió realizar dos copias sobre papel albuminado de cada negativo doble y luego pegar estas pequeñas imágenes con gran precisión sobre el soporte de cartón, dado que la simetría debía ser perfecta para poder obtener el efecto óptico de tridimensíonalidad al observarlas con los visores especiales.

Se debían acondicionar 1.200 copias para obtener una sola colección, 12.000 por 10 juegos y 120.000 fotografías para conformar 100 conjuntos, definitivamente fue una edición fotográfica a escala industrial y sin antecedentes en nuestro medio.

Pastor Valdez ostenta entonces el mérito de haber capturado por primera vez la realidad de países, regiones remotas, razas, religiones y costumbres en los cinco continentes y lo hizo desde una óptica argentina, desde una nave con pabellón nacional, construyendo una monumental fotográfica universal, que puso a disposición de nuestro público. Esta fue, definitivamente, una iniciativa pionera en la historia fotográfica argentina, que hoy apreciamos en su justo esfuerzo y dimensión, y que coloca ei nombre de este fotógrafo entre sus grandes realizadores.