Historia y Arqueología Marítima

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HISTORIA DE LOS CRUCEROS ARGENTINOS

Alberto Hernández Moreno

Con estas líneas comenzaremos una serie de tres breves artículos dedicados a los cruceros modernos (1931-1982) argentinos, motivada esencialmente por tres razones: la primera es el hecho de que Argentina fue el único país iberoamericano que encargó este tipo de unidades de primera mano; la segunda está relacionada con la cifra, nunca superada, de 5 cruceros operativos simultáneamente que Argentina llegó a mantener durante la década de 1950. Y la tercera es el encanto que para todos los aficionados a las cosas de la mar y sus buques tienen los cruceros, esos galgos grises, rápidos y bien armados, que durante décadas sirvieron de “criadas para todo” en esos años ya perdidos en los que la guerra en el océano aún se dirimía a cañonazos.

CRUCEROS ALMIRANTE BROWN Y VEINTICINCO DE MAYO
 

 

Crucero A.R.A. "Almirante Brown"

Estos dos buques fueron el más notable resultado del Programa Naval argentino autorizado en 1926, y financiado con 75 millones de pesos. Tal programa fijaba, entre otras cosas, la necesidad de adquirir una serie de tres (que al final fueron dos) cruceros veloces y modernos que complementasen a los acorazados Moreno y Rivadavia, recientemente modernizados, en la línea de batalla de la ARA. El concurso fue ganado por los astilleros Odero Terni Orlando, de Génova, con un diseño basado en el primer tipo de crucero de la Regia Marina que cumplía los requisitos del Tratado de Washington, es decir, la clase Trento (dos unidades, Trento y Trieste). El parecido externo entre ambos tipos era evidente, aunque el italiano tenía más eslora y manga, estaba mejor protegido y poseía distinto armamento. Lo que sí tenían los dos en común era el concepto de crucero vigente en la Italia de los años 20 y 30: un buque muy veloz, con una protección mínima y pesadamente armado con una potente batería principal y unas abundantes defensas antiaéreas.

  

Crucero A.R.A. "25 de Mayo"

El armamento principal, cañones de 190/52 mm., era bastante exótico, ya que no llegaba a ser el usual de los cruceros pesados (203 mm.) ni de los ligeros (152 mm.). En total eran seis los cañones, montados en tres torres dobles. Su ángulo máximo de elevación era de 46º, y su alcance, unos 28 kilómetros. El armamento secundario consistía en seis montajes dobles de 102 mm. Odero Terni, en las bandas. Además, los buques disponían de 6 tubos lanzatorpedos en dos montajes triples y seis ametralladoras de 40 mm. Un hidroavión de reconocimiento completaba su panoplia bélica. Inicialmente fue el Vough Corsair 02, aunque posteriormente se incorporaron nuevos modelos (el Supermarine Walrus y el Grumman J2F). Las instalaciones para su manejo se encontraban, como en los demás buques italianos, en la proa, e incluían una catapulta fija Gagnotto y un hangar que permitía cobijar dos aviones. Difícilmente se podía aprovechar tanto un casco de 170 metros de eslora (163 entre perpendiculares) y apenas 18 de manga, tripulado por unos 800 hombres.

 La protección se limitaba a la sección central del buque en sus áreas vitales, como la sala de máquinas. La vertical alcanzaba los 70 mm., y la horizontal unos 25. También el puente de mando y las torres estaban ligeramente protegidas, con un espesor de 50 y 65 mm. respectivamente. La maquinaria la formaban 6 calderas Yarrow que movían turbinas Parsons. La potencia que se podía lograr era de 85000 hp., y la velocidad de unos 32 nudos.

Botadura en Livorno, Italia, del Crucero 25 de Mayo, el 11 de Agosto de 1929

 Estos dos preciosos cruceros fueron entregados formalmente el 5 de julio de 1931, aunque hasta el 15 de septiembre no navegaron sobre aguas argentinas. Su historial operativo consistió en maniobras con el resto de la escuadra (no tantas como las deseadas, ya que la escasez de combustible hizo que los buques no navegasen demasiado) y numerosas visitas a países americanos, en una mezcla de cortesía y muestrario del flamante poder naval argentino. No obstante, el Veinticinco de de Mayo participó marginalmente en la Guerra Civil española entre agosto y diciembre de 1936, velando por los intereses argentinos en la Madre Patria y recogiendo a no pocos refugiados. Más triste fue el episodio protagonizado por el Almirante Brown el tres de octubre de 1931, día en el que, en el transcurso de unas maniobras, abordó y hundió al destructor Corrientes, otra unidad también novísima, y a su vez fue embestido por el acorazado Rivadavia, sufriendo daños considerables que lo mantuvieron tres meses de reparaciones en el dique seco de Puerto Belgrano.

 Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial la actividad naval argentina apenas existió. Finalizado el conflicto, los cruceros gemelos participaron en la campaña antártica de 1947-1948 y continuaron con sus visitas de cortesía. La más destacada sin duda fue la del Almirante Brown a Nueva York en 1949. Otro hito importante de este crucero fue el primer amerizaje de un helicóptero (un Bell 47) en un buque de la ARA. Fue el 20 de abril de 1950.

 Lo cierto es que Argentina mimó mucho a esta pareja y se esforzó en mantenerla actualizada continuamente gracias a sucesivas modificaciones: al poco de entrar en servicio el hangar de proa fue transformado en espacio de alojamiento, la catapulta original fue sustituida por una Rapier Ransome, y ésta se reubicó tras la chimenea junto a una nueva grúa. A finales de los años 40 fueron dotados de un radar de navegación tipo 268, en junio de 1950 cuatro montajes dobles Bofors 40/60 mm. reemplazaban a las ametralladoras simples Vickers/Terni, y en 1956 la batería antiaérea de 102 mm. era suplantada por seis montajes dobles Bofors idénticos a los ya mencionados.

Cambio catapulta y embarque avion Grumman

 Debería pensarse que, con todas estas modificaciones, los buques podían haber tenido una existencia algo más dilatada, pero lo cierto es que en 1959 el Veinticinco de Mayo quedó inmovilizado, y en 1960 su gemelo sufrió igual suerte. Oficialmente en julio de 1961 dejaban de ser parte de la ARA. Su destino fue el desguace en el país que los vio nacer. Argentina perdía dos barcos bellísimos y poderosos, pero a cambio ganaba un flamante portaaviones, el Independencia, que cubría el hueco que el Veinticinco y el Brown dejaban en la escuadra.

 Conceptualmente se podrá argumentar que ambos cruceros eran buques débiles ante contemporáneos suyos como los Washington de cualquier país, y que su modernidad no les salvaba de su vulnerabilidad ante los cañones de los acorazados brasileños Minas Gerais y Sao Paulo, no digamos ya de los del enorme Almirante Latorre chileno. Pero lo cierto es que con ellos, Argentina dispuso de la pareja de grandes unidades más moderna y rápida de todo el subcontinente, idónea para una eventual guerra al tráfico marítimo (pegar y salir huyendo), mientras que para el Moreno y el Rivadavia quedaba la tarea de enfrentarse a los acorazados vecinos. En unos años en los que Brasil y Chile mantenían armatostes de la era pre-dreadnought como el Barroso o el O’Higgins, bajo la albiceleste navegaban buques contemporáneos a los Leander, Algerie, Köln, County, La Galissonière, Trento, Pensacola o Mogami, lo cual no deja de ser destacable y meritorio. Nunca entraron en combate, y lo más que llegaron a hundir fue al desdichado Corrientes, como antes dijimos, pero su mera presencia dio a Argentina proyección y representación internacional, disuadió a posibles enemigos y, junto a los dos acorazados Moreno y Rivadavia y al crucero que a continuación reseñaremos, el La Argentina, constituyeron la línea de combate más sólida que Argentina jamás a tenido, a excepción tal vez del breve lapso durante el cual estuvieron simultáneamente operativos el portaaviones Veinticinco de Mayo, las 4 fragatas MEKO 360 y la pareja de destructores antiaéreos Hércules y Santísima Trinidad.

 CRUCERO LA ARGENTINA

 

Crucero A.R.A. "La Argentina"

El que para muchos fue el mejor y más equilibrado crucero argentino llevó, paradójicamente, una existencia pacífica como buque escuela y embajador de Argentina por todo el planeta.

 En efecto, el crucero La Argentina nació como respuesta al requerimiento de un buque escuela realmente moderno y semejante a las unidades con las que se encontrarían los futuros oficiales argentinos, algo que no podía ofrecer el barco que hasta ese momento se empleaba para la instrucción, el viejo crucero acorazado Pueyrredón. La experiencia de los Almirante Brown llevó a Argentina a repetir la aventura de solicitar en Europa la conversión de un modelo autóctono según sus propios requerimientos. Pero en esta ocasión no fue Italia la beneficiaria, sino Gran Bretaña, cuyos astilleros se llevaron la contratación de 7 rápidos destructores y del crucero ligero La Argentina, cuya construcción en Barrow (astilleros Vickers Armstrong) fue autorizada en 1935.

 Estructuralmente, el buque era una versión modificada de la clase Arethusa, una serie de 4 pequeños cruceros ligeros británicos de 5000 toneladas y armados con 6 cañones de 152 mm. Era mucho más pesado (7500 toneladas a plena carga) y largo (165 metros de eslora) que los Arethusa, y disponía de una mejor habitabilidad, contemplándose el alojamiento de hasta 60 cadetes. Sus niveles de protección eran similares (76 mm. de faja vertical y en la torre de mando, y 51 mm. de cubierta y torres), pero su armamento era mucho más potente al ser sustituidas las torres dobles originales por los montajes triples que montarían las inmediatas series de cruceros ligeros británicos. Incluía también 4 cañones bivalentes de 101/50 mm en montajes simples y 12 ametralladoras antiaéreas de 25 mm., además de los típicos tubos lanzatorpedos (6, en dos montajes triples) y las instalaciones necesarias para operar con hasta dos hidroaviones Walrus Sea Gull, luego sustituidos por los modelos que antes mencionábamos al hablar de los que integraron los cruceros Almirante Brown y Veinticinco de Mayo.

La maquinaria del La Argentina era menos potente, ya que su función primaria no iba a ser el combate naval (aunque en esta faceta estaba a la altura de cualquier crucero ligero europeo). Ello, unido al aumento del desplazamiento, significó que era casi tres nudos más lento que los Arethusa. Tres turbinas Parsons movían sus tres hélices, con una potencia máxima de 54000 hp. Como máximo, el buque daba 30’5 nudos. A 20 nudos, el crucero gozaba de una autonomía de 15000 kilómetros, cifra realmente respetable.  

El barco fue entregado el 31 de enero de 1939, y hasta marzo no llegó a Argentina. Treinta y cinco años de servicio le esperaban.

 Aunque fue encargado como buque de instrucción, la capacidad de combate del La Argentina nunca se descuidó y, al igual que los cruceros de origen italiano, fue cuidadosamente actualizado para mantener su vigencia tanto como fuese posible. Fue el primer buque Argentino en recibir un radar de navegación, un Marconi sobre el mastil proel, en 1946. Y gozó de un idéntico reemplazo de su artillería antiaérea (1949) al de los otros dos cruceros: los 4 cañones de 101 mm. se sustituyeron por montajes dobles de 40 mm. en idéntico número, y las ametralladoras de 25 mm. por 6 Bofors 40 mm. simples. En los años 50 sus sensores se vieron notablemente mejorados, entre otras cosas con un moderno (para la época) CIC, un radar Raytheon Pathfinder, un radar de descubierta SA y otro para la dirección de tiro Mk.8.

Con un hidroavion Walrus en su catapulta.

 Orgánicamente el La Argentina no solía operar junto al Veiticinco de Mayo, el Almirante Brown y los acorazados, y sólo en los años 60 quedó encuadrado, junto a los clase Brooklyn, en la llamada “División de Cruceros”. No obstante, era tan valioso como los italianos en una eventual batalla. Recibió la numeral C3, mientras que al Brown se le adjudicó la C1 y al Veitincinco la C2. Cuando se produjo su llegada Argentina podía permitirse el lujo de formar tres agrupaciones navales, cada una de ellas integrada por un crucero y 4 destructores (entre 1928 y 1938 se incorporaron 12 modernas unidades fabricadas en España y Gran Bretaña), acorazados aparte, que hubieran garantizado en caso de guerra su dominio sobre el Atlántico Sur y quién sabe si sobre el Pacífico, de no haber estado la FLOMAR de la escasez de combustible que antes mencionábamos. Gracias a su gran autonomía el La Argentina hubiera actuado de modo semejante a los Graff Spee, Scheer y Lutzow alemanes, como corsario solitario, mientras que el Almirante Brown y el Veinticinco de Mayo bien habrían podido emular a otra pareja de inseparables buques germanos, el Gneisenau y el Scharnhorst, explotando su velocidad en raids contra el comercio enemigo, y evitando cuidadosamente enfrentarse a buques mejor armados. Como dijimos, la tarea casi exclusiva del Moreno y el Rivadavia era dar cuenta de los acorazados vecinos: contra los brasileños no hubieran tenido excesivos problemas; contra el Latorre se puede discutir largo y tendido la eventual batalla, pero parece que la superioridad numérica y la mejor protección compensaban la inferioridad del poder artillero argentino.

Tras múltiples cruceros de instrucción y vueltas al mundo, el La Argentina fue retirado en 1974. No deja de llamar la atención que cruceros ligeros botados y entregados casi a la vez, y con una guerra a mundial a cuestas (como los dos Brooklyn chilenos, los dos argentinos o el segundo de los brasileños, e incluso el Canarias español, “jubilado” en 1975) resistiesen en activo unos años más. Probablemente los continuos viajes habían provocado un desgaste considerable en el buque. Lo cierto es que 4 años después a Argentina le hubiesen venido muy bien los cañones de este crucero (y los de su clase Brooklyn Nueve de Julio, retirado en 1977) para la casi-guerra que el país mantuvo con Chile por la soberanía de las islas del Canal Beagle. Hubiera sido bonito que, al igual que el HMS Belfast, con el que guardaba cierto parecido, el La Argentina se hubiese conservado como museo flotante en el Río de la Plata. Por desgracia, el soplete fue de nuevo implacable con otro hermoso barco de guerra.

 CRUCEROS NUEVE DE JULIO Y GENERAL BELGRANO

 

Crucero A.R.A. "9 de Julio"

              Aunque hasta abril de 1951 Argentina no recibió oficialmente su última pareja de cruceros, para entender la razón de ser de estos buques nos debemos retrotraer a finales de los años 40: es en este periodo cuando los acorazados argentinos fueron inmovilizados para nunca más volver a navegar: en 1947 el Rivadavia y en 1948 el Moreno. Y aunque la baja administrativa de ambos no llegaría hasta 1952 y 1956, de facto ambos buques estaban retirados, dejando dos plazas vacantes que Argentina deseaba cubrir.

 

Crucero A.R.A. " General Belgrano"

             La ocasión llegó cuando los EEUU decidieron desprenderse de seis de sus nueve cruceros ligeros del tipo Brooklyn, preservados mediante cubierta hermética y deshumidificador desde el final de la II Guerra Mundial, vendiéndolos a los países iberoamericanos que consideraban aliados confiables a razón de dos buques por nación, y a precio reducido (3’7 millones de dólares por barco): para Brasil el Saint Louis y el Philadelphia, para Chile el Brooklyn y el Nashville, y para Argentina el Boise y el Phoenix, que recibieron los nombres de C4 Diecisiete de Octubre y C5 Nueve de Julio. Como dijimos, el 12 de abril de 1951 se realizó la transferencia formal.  

           Es bien sabido que los Brooklyn eran cruceros ligeros derivados de los Washington caracterizados por su extraordinariamente numerosa artillería principal (15 cañones de 152 mm. en torres triples). No siendo precisamente elegantes como los dos modelos antes descritos, ni tan imponentes como los retirados acorazados, los Brooklyn rellenaron el hueco que éstos dejaron. Se perdía la potencia de las 24 piezas de 305 mm., pero se ganaban dos unidades ágiles que podían operar con el resto de la escuadra y mantener las velocidades de los destructores y demás cruceros (en sus buenos años daban 32 nudos). Su potencial ofensivo tampoco era desdeñable, si bien la baja de los acorazados privaba a la ARA de medios para enfrentarse al aún activo Latorre: a los 15 cañones hay que añadir 8 de 127/25 mm y casi una treintena de Bofors antiaéreos de 40/60 mm. Su hangar, asimismo, permitía albergar hasta 4 aparatos.  

Los Brooklyn se integraron en la escuadra nada más ser entregados, ya que las unidades venían ya reacondicionadas y con los mejores radares y direcciones de tiro de toda la FLOMAR. No sufrieron cambios de armamento o de electrónica, de hecho el Nueve de Julio fue retirado con una configuración idéntica a la que presentaba el día de su entrega. El Diecisiete de Octubre sí presenta algunos episodios referidos a modificaciones, la más notable de ellas el nombre: en 1957 la caída del régimen de Perón obligaba a ello, pues la fecha que daba denominación al buque era una de las más celebradas en el calendario peronista (el día de la revuelta popular que exigía la excarcelación del dirigente populista). El nombre elegido fue el de General Belgrano, ostentado por un viejo crucero acorazado que aguantó en las listas argentinas hasta 1947, la friolera de 49 años. Por este nuevo nombre, y no por el casi olvidado original, pasaría a la historia el buque.  

             Más interesante si cabe es el hecho de que el Belgrano fuese el primer buque argentino en incorporar misiles, en su caso dos lanzadores cuádruples de Short Bros. Sea Cat antiaéreos, que se instalaron a ambos lados del puente de mando en 1967, tres años después de la entrada en servicio de este sistema en la armada de Chile. Hay testimonios gráficos que parecen indicar que en algún momento de finales de los años 70 o principios de los 80 el General Belgrano embarcó al menos un lanzador de misiles antibuque Exocet MM-38, pero no sabemos si fue una medida simplemente experimental o meramente puntual. Lo que sí se sabe es que progresivamente el Belgrano vio desaparecer su artillería antiaérea, de modo que en el momento de su hundimiento los cañones de 40 mm. se habían reducido a 8. No modificaciones, pero sí obras mayores, sufrieron ambos buques en 1956 a raíz de una colisión entre ambos durante ejercicios nocturnos en marzo de ese año.  

               Acabamos de mencionar el cambio de nombre del C4 con motivo del derrocamiento de Perón. Precisamente en el movimiento militar que propició la caída del carismático presidente, la llamada Revolución Libertadora (16 de septiembre de 1955), este buque tuvo un papel especial: su comandante, Capitán de Navío Carlos Bruzzone, se sumó al levantamiento, consolidó su triunfo en la principal base argentina, Puerto Belgrano, y de ahí partió a Mar del Plata, para asegurar el dominio de la Base de Submarinos, como buque insignia del Almirante Rojas. De nuevo puso rumbo al norte, con el objetivo de sofocar núcleos de resistencia peronista en La Plata mediante bombardeo artillero. El ultimátum anunciado antes del bombardeo fue aceptado, y el día 21 el Gobierno cedía formalmente el poder a la Junta Militar.

 

El Amirante Rojas baja del Crucero Gral Belgrano, ex 17 de Octubre en el puerto de Buenos Aires al triunfar la Revolucion Libertadora.

             Durante los años 50 los Brooklyn formaron escuadra con las unidades argentinas de los años 30 (cruceros Almirante Brown, Veinticinco de Mayo y La Argentina, y destructores británicos y españoles). Se trataba de una flota bastante heterogénea por la procedencia de sus unidades que entre 1959 y 1961 iba a sufrir un impulso homogeneizador importante, cuando los cruceros de procedencia italiana y los destructores de origen español Miguel de Cervantes y Juan de Garay fueron reemplazados por antiguas unidades estadounidenses y británicas: destructores tipo Fletcher y el portaaviones ligero HMS Warrior, flamante Independencia. Brasil realizó similares adquisiciones (no así Chile, que se quedó claramente descolgada, y además obligada a retirar su gran icono naval, el vetusto Latorre), y el núcleo de la flota argentina pasó a estar formado por el portaaviones (una década después de su recepción el Independencia sería relevado por su casi gemelo Veinticinco de Mayo), los dos Brooklyn que ahora nos ocupan, y distintos destructores en plena renovación (entre 1961 y 1973 se recibieron 5 Fletchers, 4 Allen Sumner –uno de ellos destinado a fuente de repuestos -y 1 Gearing).

            En la primera mitad de los años 70 se produjo el desmantelamiento de la División de Cruceros, cuando en 1974 fue retirado el La Argentina, y en 1977 el Nueve de Julio. No hay testimonios del estado de este último en los meses previos a su baja, pero se deduce que no debía ser muy bueno a tenor de cómo estaba en 1982 su hermano; además, si el buque hubiese estado en buenas condiciones hubiera sido retenido hasta que se resolviese la crisis con Chile, país que, aunque carecía de portaaviones, alineaba 3 cruceros con un total de 37 bocas de 152 mm., y que Argentina pudo haber contrarrestado con 39 de haber mantenido en servicio en 1978 a los dos cruceros mencionados. Por tanto, el Belgrano quedó como el único y último crucero argentino, con los días contados ya que para 1982 estaba prevista su baja y posible conversión en museo en los EEUU en tanto que último buque superviviente de Pearl Harbor a flote.   

            Como el resto del material naval ex-estadounidense (submarinos GUPPY y destructores Fletcher, Sumner y Gearing), el estado del Belgrano el 1 de abril de 1982, víspera de la ocupación argentina de las Malvinas, era deplorable. Quede para otra ocasión discutir cómo se pudo iniciar semejante aventura, con media flota cayéndose a pedazos y con sus sustitutos a dos años de su finalización en astilleros alemanes. Lo cierto es que el crimen del Belgrano no fue su torpedeamiento por el HMS Conqueror el 2 de mayo de 1982, sino el hecho de haber enviado a un buque de 1939, con las calderas reventadas, armados sólo con cañones que se encasquillaban a la tercera o cuarta salva, y escoltado por dos destructores en no mejores condiciones (el Bouchard y el Piedra Buena) a unas aguas en las que rondaban submarinos nucleares de ataque.  

            Sí hay que decir que el veterano crucero zarpó de Ushuaia con 1201 hombres a bordo y con la misión de constituir la boca meridional del ataque en tenaza que la FLOMAR pretendía llevar a cabo. Un tema muy discutido es precisamente el valor del buque en ese conflicto y si era realmente necesario su hundimiento. La verdad es que, al margen de su vetustez, era un barco bien artillado. Sus cañones no tenían el alcance de los MM-38 de los buques británicos, pero poseía la robustez necesaria para aguantar el impacto de los mismos o los envites de los Harriers. Sea como fuere, dos torpedos Mk.8 lanzados desde el Conqueror dieron cuenta del último crucero argentino, el único que participó en dos guerras, cada una bajo dos banderas diferentes, y el primer y hasta hoy único buque hundido por un SSN. 323 tripulantes descansan desde 1982 en paz en un punto indeterminado del Atlántico Sur, en un panteón helado que en determinados momentos de su historia se llamó USS Phoenix, ARA Diecisiete de Octubre, y ARA General Belgrano.

                Es triste concluir este somero repaso a naves tan gallardas con el hundimiento del Belgrano, pero a la vez da la sensación de que no fue tan mal final para la saga de cruceros argentinos, sin duda la más apasionante de entre el resto de armadas iberoamericanas que contaron con este tipo de buques (Brasil, Chile y Perú) quedémonos con la idea de que el Belgrano, el veterano de Leyte, Mindanao, Cebú o Bahía de Brunei, cayó en combate desigual, y de que sus tripulantes no fueron mártires sino héroes. Un trágico fin de fiesta para una saga de buques, los cruceros argentinos, que llena 50 años de historia naval.

 
 

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