Historia y Arqueología Marítima

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Indice Primeras Cias. de Navegacion Rioplatenses

CIAS. DE NAVEGACION RIOPLATENSES

LOS CAMBIOS ECONÓMICOS EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE LA COLONIA

Fuente: "La navegacion de los Rios en la Historia Argentina" - Clifton B. Kroeber - Paidos y The Univ. of Wisconsin Press c. 1960.


Si bien hubo importantes reformas para la región del Plata durante el último período colonial, ninguna fue de tanta importancia como la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Pedro de Cevallos, como primer virrey, fortaleció las defensas españolas. Incluso antes de la sanción del Reglamento de Comercio Libre de 1778, introdujo una nueva política económica en las provincias del Plata y del Perú.

Buenos Aires se transformó en la única salida legal para el metal del Alto Perú. La política oficial procuraba ahora reemplazar a Lima por Buenos Aires, haciendo de ésta la metrópoli comercial de todo el inmenso territorio que se extendía desde el Perú, abarcando el actual territorio de Bolivia, noroeste argentino y la región del Río de la Plata. En 1778 se les otorgó a las colonias americanas más amplios privilegios en el comercio imperial (61), lo que benefició también a Buenos Aires. Las poblaciones del Plata, cercanas al mar —Buenos Aires, ciudades del Paraná medio, y la Banda Oriental— experimentaron una creciente demanda de cueros y tasajo, que produjo la expansión de estancias y un alza en el valor de las tierras. El comercio fluvial aumentaba y nuevos colonos llegaban a las antiguas ciudades o fundaban otras nuevas.

El gobierno real, por vez primera, mostraba interés por integrar a Entre Ríos en el sistema comercial, enviando allí pobladores para colonizar y fomentar la incorporación en el comercio de nuevas ciudades. Gualeguay, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú fueron oficialmente fundadas, en 1783, por iniciativa del gobierno, y contra la resistencia pasiva de pequeños estancieros lugareños. Los funcionarios de la corona de Buenos Aires también establecieron poblaciones a lo largo de la costa de la Banda Oriental y fomentaron las misiones de franciscanos en el Gran Chaco. Las nuevas oportunidades en comercio atrajeron a comerciantes y otros trabajadores a las proximidades de Buenos Aires. Las acrecentadas rentas recaudadas en Buenos Aires recompensaron al gobierno por la actividad desplegada.

En 1778 fue establecida la aduana, y con ella una intendencia, la primera en toda la región del Plata. El Consulado, corporación de comerciantes, fue fundado en 1794. Los asuntos militares fueron puestos bajo el control inmediato del virrey, residente en Buenos Aires, y fue mejor atendida la base naval de Montevideo.

El comercio con las provincias andinas creció de manera lenta pero notable después de 1776. El tráfico fluvial con Paraguay, Corrientes y Entre Ríos era probablemente más importante que el que se hacía a través de la pampa. Tanto Buenos Aires como Montevideo enviaban cueros y tasajo a Europa. Montevideo era considerado todavía como el mejor puerto; pero las rentas aduaneras eran recaudadas por funcionarios reales de Buenos Aires, quienes eran los que también las dispensaban, y muy pocas veces, en beneficio de la Banda Oriental.

El desarrollo de Montevideo como centro comercial fue trabado por el hecho de que muchos de los productos de su interior eran llevados ilícitamente al Brasil en lugar de ser transportados al puerto para su embarque. De modo, pues, que los comerciantes y hacendados de la Banda Oriental tenían buenas razones para desear obtener la ayuda del virrey y de la aduana de Buenos Aires. Algunos de ellos pretendían mayor libertad para su comercio clandestino, mientras que el grupo de Montevideo deseaba una más estricta observancia de la ley contra el contrabando.

Pero hacia 1790 la actividad mercantil de Buenos Aires se había extendido, debido principalmente al favoritismo del que la hizo objeto la corona, como parte de su política de liberación del comercio. Durante la larga guerra con Inglaterra (1796-1802), los comerciantes y hacendados de Buenos Aires traficaron ampliamente con las naciones neutrales, eliminando así los intermediarios españoles, al par que obtenían la autorización del virrey para ampliar el comercio exterior con toda clase de franquicias. A principios de 1790, la explotación de un centro local de abastecí- miento de sal a bajo costo para la conservación de carnes, estimuló la actividad de estos grupos de Buenos Aires, que, con esta innovación, alcanzaron gran ventaja en su competencia con Montevideo.

El incremento económico, la producción de ganado en constante aumento y la centralización del poder gubernamental en Buenos Aires fueron todos factores de agitación política. Los comerciantes se hacían cada vez más poderosos en los consejos de gobierno locales; pero como grupo se dividieron entre los que defendían un librecambio exterior y los que sostenían la necesidad de limitaciones monopolistas en el sistema comercial.

Los comerciantes de Montevideo y los dirigentes del interior se resistieron a la dominación económica de Buenos Aires. Santa Fe pretendía recuperar su antiguo privilegio de puerto preciso, por el cual se pagaban en su beneficio unos impuestos especiales sobre el tráfico fluvial. Para asegurar la recaudación de estos impuestos, todas las mercaderías provenientes de lugares río arriba debían ser descargadas en Santa Fe, para ser enviadas por tierra a Buenos Aires. Este sistema había sido muy importante para los santafecinos, cuyo puerto no era naturalmente recomendable para la navegación fluvial. El poder de Buenos Aires, empero, representado por los funcionarios de la corona y el Consulado, rechazó todos estos intentos de restaurar privilegios especiales.

Los paraguayos, desde el gobernador real hasta los humildes dueños de pequeños botes de río, se sintieron también agraviados por la recaudación de impuestos al tráfico fluvial practicada por el virrey, sin que se les creara un fondo para su defensa contra los ataques de los indios. En verdad, los habitantes de la colonia paraguaya recibieron muy pocas veces dinero de las arcas reales para su nunca resuelto problema de fronteras. Los hombres equipaban y armaban sus propios regimientos, recibiendo sólo de vez en cuando paga por el tiempo empleado en el servicio militar 62. Los botes tenían que viajar armados y en grupos, como único modo de protegerse contra los ataques de las canoas indígenas (63). A fines del siglo XVIII, los paraguayos tuvieron que mantener patrullas permanentes en algunos de los pasos del río (64).

Este regular desembolso era más difícil de satisfacer que la ocasional demanda de servicios militares. Durante la generación anterior a la independencia, los comerciantes de Asunción trataron de elevar los precios de sus artículos comerciados en el tráfico fluvial, para brindar a su colonia, y darse a sí mismos, mayores ingresos; pero este intento fue frustrado por el gobierno real, que actuó a instancias del Consulado de Buenos Aires.

Los comerciantes porteños indujeron también al gobierno a eliminar algunos impuestos que recaudaban algunas ciudades del interior, como Córdoba y Salta. En ciertos casos estas cargas eran percibidas por funcionarios de la corona aun cuando dicho ingreso estaba claramente destinado para uso del municipio. En otros, las ciudades por sí mismas trataron de crearse una entrada estableciendo nuevos impuestos sobre el creciente tráfico mercantil por tierra. El Consulado de Buenos Aires supervisó con mano fuerte toda esta situación, apoyando alternativamente ya a la corona, ya a las ciudades contra las autoridades reales.

También cooperó con los funcionarios reales de Buenos Aires para establecer nuevos impuestos sobre el tráfico terrestre, que iban directamente a las arcas de la corona. Los virreyes y el consulado tuvieron en vista muchas veces los mismos objetivos: gravar con impuestos el comercio provincial más de lo que los comerciantes de algunas provincias hubieran deseado, o ampliar la actividad mercantil, más de lo que los comerciantes de otras provincias hubieran considerado seguro. Las poblaciones del interior advirtieron así claramente que la política económica iniciada por Buenos Aires amenazaba su futuro.

La actividad económica de la región del Plata se fue intensificando aceleradamente después de 1776, y adquirió renovado vigor en la década de 1790. El desarrollo mercantil trajo consigo desconfianza y graves conflictos entre las provincias del Plata. Hacia la finalización del período colonial, los comerciantes criollos obtenían mayor ingerencia en los negocios públicos, y los conflictos económicos entre el litoral y el interior adquirían matices políticos. Los gérmenes de esta rivalidad económica y política empezaban a manifestarse ya antes del estallido de las guerras de la independencia en 1810.


NOTAS

62 Actas del Cabildo de Asunción, 6 de agosto de 1696, 4 de febrero de 1701, 14 de junio de 1701, y una solicitud para pagar por servicios extra, todos en ANP, tomo 177, n9 4.

63 Auto del Gob. Echaurri, Asunción, 1739, tomo 119, n9 22, ibid. Esto se refiere a los viajes desde Asunción aguas arriba y a la navegación regular aguas abajo hasta Corrientes.

64 Memoria del Gob. Pinedo al rey, Asunción, 29 de julio de 1777, tomo 142, n9 1, ibid. En 1683 había doce puestos de frontera en el Paraguay; véase Actas del Cabildo de Asunción, 21 de julio de 1696, y 22 de febrero de 1683 (copias transcriptas en ANP).

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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