Historia y Arqueología Marítima

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Indice Primeras Cias. de Navegacion Rioplatenses

CIAS. DE NAVEGACION RIOPLATENSES

La Fiebre Amarilla y el Correo Marítimo Rioplatense

Fuente: Mario D. Kurchan (Historia Postal Maritima Argentina, 1994)

No puede explicarse satisfactoriamente el desarrollo del correo marítimo rioplatense y algunos de sus hechos sin dar razón de las sucesivas epidemias de fiebre amarilla que asolaron a los principales puertos rioplatenses en varias de las décadas del siglo pasado.

No se ha determinado aún si la fiebre amarilla (1) tiene su origen en el África Ecuatorial o en las Antillas. Tradicionalmente se acepta que fue introducido por gente de Cristóbal Colón y que se hizo endémica en Méjico.(2) La enfermedad avanzó desde las Antillas hasta la altura de Río de Janeiro hacia 1849. En esa región también se hizo endémica por varias décadas. Como casi todas las naves con destino al Río de la Plata tocaban ese puerto, la trajeron desde allí hasta las costas del Plata.

La primera ciudad rioplatense que la sufrió fue Montevideo, en febrero de 1857. Normalmente la enfermedad recrudece en febrero (mes cálido) y tiende a desaparecer hacia junio (mes frío) dado que el mosquito vector es sensible a temperaturas inferiores a los 15 grados centígrados. La primera epidemia que soportó Montevideo en 1857 milagrosamente no llegó a Buenos Aires sino en forma tangencial, pero ocasionó en Montevideo más de ochocientas víctimas. Duró hasta fin de junio de 1857. De ninguna manera se disimulaban en Buenos Aires estos problemas y prueba de ellos son las siguientes publicaciones del diario El Nacional:

- Con fecha 26 de febrero de 1857 se publica que el vapor de guerra inglés Wasp ha quedado en observación sanitaria en Río de Janeiro el día 15, por haber muerto a su bordo un hombre de la tripulación de fiebre amarilla. También se informa que la fragata francesa Poursuivant, surta en el puerto de Río de Janeiro y pronta para zarpar para el Río de la Plata, habría tenido varios casos de fiebre amarilla a bordo. Lo propio habría ocurrido con el vapor inglés Virago, surto en el mismo puerto, que perdió seis hombres por dicho flagelo.
- Otra noticia dice que el 2 de marzo de 1857 no bajó la correspondencia del paquete Prince por haber venido un pasajero con fiebre amarilla con procedencia de Europa vía Río de Janeiro. El periódico recomienda a la Capitanía de Puerto y al Consejo de Higiene la más activa vigilancia.
- En comentarios publicados el 10 de marzo de 1857 se hace saber que según el Boletín Sanitario del Hospital Marítimo de Santa Isabel (Brasil), del 19 al 25 de febrero último entraron 157 enfermos de fiebre amarilla, existiendo ya 223 con los anteriores. Fallecieron 34, se dieron de alta 140 y quedaron tratándose 206.
- Siempre en el mismo periódico, el 13 de abril de 1857, se publica otro interesante artículo. Se dice allí que el Gobierno, la Comisión y el Consejo de Higiene han decidido no disimular al público el estado de sanidad de la población. Se dice que en los quince días transcurridos sólo se sabe de otro caso de fiebre amarilla, luego del caso de la Srta. Martínez (venida de Montevideo con la enfermedad), y del marinero muerto hacía una semana luego de enfermar a bordo. Se deben tomar medidas rigurosas hasta que el invierno llegue y aplicar rígidamente la cuarentena, pues después de los quince días a juicio de los médicos pierde actividad. Se exhorta en el artículo a la población a no dejarse llevar por rumores tremendistas que esparcen especies sobre un número exagerado de casos. Puede esperarse que el mal que aflige a Montevideo no llegue a Buenos Aires, dado que ya ha pasado un mes.

En la misma fecha que el artículo anterior y bajo el título "Ultima Hora", el mencionado periódico informa que el paquete sardo ha llegado a puerto, pero que hasta la hora de cierre de la edición (tres y media de la tarde), la correspondencia aún no ha bajado a tierra. Se dice que el vapor ha tenido un muerto de fiebre amarilla durante el trayecto de Río de Janeiro a Montevideo. También se dice que en Montevideo habrían fallecido por la misma causa el poeta Figueroa y el Dr. Don Mateo Margariños, pero el periódico no garantiza la exactitud de las mencionadas versiones dado que aún no bajó el paquete la correspondencia a tierra. En cuanto a los restos del Sr. Rivadavia (3) que se decía venían en este paquete, no han llegado todavía.

El miércoles 22 de abril de 1857 se publica en el mismo periódico un artículo en forma de Comunicado titulado "La Cuarentena". En el mismo se expresa la opinión de que la cuarentena de ocho días establecida por las autoridades no es suficiente para calmar la ansiedad pública provocada por la muerte en tierra de un enfermo de Fiebre amarilla luego de pasar los mentados ocho días de cuarentena. Se sabe además que hay otro individuo enfermo en un domicilio de la calle Tucumán también después de pasados los ocho días. Se reclama subir a quince el mencionado período, y si es preciso, establecer la absoluta prohibición de comunicación con Montevideo. No es suficiente que el gobierno haya seguido las opiniones del Consejo de Higiene, dado que no es una ciencia matemática y no debe correrse el peligro de que la fiebre se instale en Buenos Aires.

En una publicación del 9 de junio de 1857 se deja constancia de que por las dudas no se ha publicado el aviso para Oran (Salta), ciudad limítrofe con Bolivia, debido a la fiebre amarilla. Se notifica asimismo que el día 10 saldrá para el mismo destino el vapor inglés Vermejo (sic) al mando del capitán Lavarello y tocando el puerto de Corrientes. Firma el aviso la firma Juan Best & Hnos.

Con fecha 23 de junio de 1857 y con el título de "Crónica local" se comunica que ha cesado desde ese día la cuarentena a la que se sujetaban los buques llegados al puerto de Buenos Aires, procedentes del puerto de Montevideo. Montevideo fue nuevamente afectada por la epidemia en 1858. En esta ocasión dejó alrededor de 300 víctimas, casi la mitad de ellos gente de color por las desfavorables condiciones ambientales de vida.

La epidemia de Montevideo esta vez sí llegó a Buenos Aires, aunque en forma ligera. El primer caso de fiebre amarilla ocurrida en Buenos Aires propiamente dicha fue diagnosticado en marzo de 1858. Para el mes de mayo se había vuelto epidémica.(4) Duró cincuenta días. Se inició en el barrio de San Telmo. Para ese entonces Buenos Aires tenía una población de unos 110.000 habitantes. No siendo siempre posible determinar las causas de los decesos, la mortandad por esta afección no se hizo muy apreciable.

Desde 1858 hasta 1870 no hubo fiebre amarilla en Buenos Aires. Habrían de unirse varios factores: climatológicos unos, de imprevisión pública otros, para que se propagase una temible epidemia.

La Terrible Epidemia de 1871

El año 1870 había sido excepcional por la cantidad de lluvia caída. Se recuerda que en el mes de marzo cayeron en pocos minutos 145 mm, inundando la ciudad. Se llenaron de agua todos los pantanos y la parte alta de los lodazales. Se inundaron los pozos ciegos y desbordaron las materias fecales. Con el calor del verano de 1871 todo ello fue el caldo de cultivo para el mosquito vector. Las tierras bajas del Delta, Tigre, Las Conchas, los bañados de Avellaneda, Quilmes y Ensenada, el cauce del Riachuelo, los terrenos inundables de Palermo y La Recoleta propagaron los insectos dentro y fuera de la ciudad en un radio de cincuenta kilómetros.

La Comisión de Higiene Pública presidida por el Dr. Luis María Drago y el Dr. M. A. Montes de Oca comunicó bien claramente el 18 de enero de 1871 que si la población hubiera declarado y aislado el primer caso, el daño hubiera sido considerablemente menor. Pero nadie lo hizo. En consecuencia ocurrió el desastre. Buenos Aires tenía para ese entonces una población de 200.000 habitantes con una mortalidad anual habitual de 5.800 decesos. La fiebre amarilla cobró 13.000 víctimas.  La población se atemorizó y algunos vecinos infectados se desparramaron por los alrededores de la ciudad, causando el desborde del brote. Quedaron afectadas entonces las localidades de Flores, Belgrano, Morón, Moreno y Lujan. A principios de febrero había 10 decesos diarios por fiebre amarilla. El 1º de abril fueron 545 los decesos.

Lamentablemente, en esta ocasión las bajas temperaturas no ayudaron al decrecimiento de la epidemia hasta casi entrado el invierno. El último caso oficialmente registrado lo fue el 21 de junio de 1971.

También en 1871 se desata la epidemia en Montevideo. Fue de una intensidad tal que el 31 de marzo de ese año se cierran todos los puertos orientales, causándose un gran perjuicio a la navegación y comercio del país hermano. Se aplicaron rigurosísimas medidas sanitarias y de seguridad y el frío del invierno terminó con la epidemia. El 2 de julio de 1871 se volvieron a reabrir los puertos.

Hechos Posteriores

La lección fue aprendida por las autoridades porteñas. En 1872 se habilitaron 200 cuadras de cañerías. Los episodios de fiebre amarilla posteriores fueron de menor envergadura, y pueden citarse los siguientes:
a) El vapor inglés Charles Forbes arriba en 1872 con enfermos a bordo, pero las medidas sanitarias fueron rigurosas y no se produjeron consecuencias.
b) En 1873 se registra un caso de fiebre amarilla en Buenos Aires, sin consecuencias. En este mismo año es en Chile donde se registra una importante epidemia, sin contagio a la Argentina.
c) En 1883 el vapor Equateur trae a su bordo dos enfermos, pero los mismos son aislados por las autoridades sanitarias y no pasa de un simple incidente aislado.
d) Ya en años posteriores, se recuerdan otros casos, como los registrados en el barrio de Belgrano en 1896, que no pasó a mayores.
De esta forma se desarrolló la epidemia, con las consecuencias de interrupción del servicio postal que hemos visto, dado el peligro de introducción de la enfermedad por vía marítima.


Notas

1. La fiebre amarilla, también llamada tifus amarillo o "vómito negro" es una hepatitis debida a un virus trasmitido por ciertas especies de mosquitos (el culex vibrensis y el Robineau). La incubación media de la enfermedad es de tres a doce días. Se conocen formas fulminantes de falle- cimiento en cuarenta y ocho horas, pero en general se desarrolla en la siguiente secuencia, a) fiebre elevada de 39 o 40 grados, dolores violentos en músculos, columna, articulaciones y estómago, alteración de la fa-cies, ansiedad, insomnio o postración grave; b) hacia el cuarto día ictericia y vómitos, hemorragias en el tubo digestivo y hasta en la piel (esquimosis); c) posteriores afectaciones cardíacas (descenso del pulso), renales y debilidad general. El deceso se puede producir en las cercanías del octavo día. Superados los quince días, disminuye el peligro. Los tiempos modernos no la han hecho desaparecer. Actualmente hay focos en África (entre los paralelos 10 y 15), en algunos países de América del Sur (afortunadamente no en el nuestro) y se conocen casos en algunos Estados meridionales de los EE.UU.) Ello pese a la existencia de vacunas (Dakar, D7, etc.) y de poderosos insecticidas contra el mosquito vector de la enfermedad (DDT y sus variantes). No existe fármaco específico para el tratamiento. Se utilizan hepatoprotectores, y glucosa e insulina, con el doble fin de proteger el hígado y proporcionar energías a un organismo muy debilitado. La dieta es muy reducida en alimentos sólidos y con gran cantidad de líquidos que compensen los vómitos y hemorragias.
2. Se dice que una enfermedad es endémica cuando tiene una presencia constante en determinadas localidades o países, circunstancia que con frecuencia se encuentra relacionada con determinadas características ecológicas (malaria en las zonas palúdicas, por ejemplo).
3. Creemos que se refiere a don Bemardino Rivadavia, nacido en 1780 y fallecido en 1845. Ya hemos hecho referencia al mismo en otros tramos de este trabajo, pero no es sobreabundante decir que este ilustre patriota que fundó la Universidad, la Bolsa de Comercio, las escuelas de campaña, etc. Fue el primer presidente constitucional de la Argentina. Expatriado al Uruguay, pasó luego a Cádiz (España) donde fallecería.
4. Se dice que una enfermedad constituye una epidemia cuando se difunde de manera rápida e imprevista, afectando simultáneamente a un gran número de personas durante un tiempo limitado. Nos hallamos en presencia de una pandemia cuando hay una gran extensión de territorio geográfico afectado (naciones, incluso un continente) y un alto porcentaje de personas afectadas.

 

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