Tumbas a salvo del viento, las olas, el tiempo - Víctimas de un nuafragio enterradas bajo una plataforma.

Matthew B. Stannard, Chronicle Staff Writer

                                                                

Unos seis pies bajo una playa de San Mateo, California, no lejos de las olas rompientes que los mataron, ocho antiguos marinos duermen nuevamente, bajo una plataforma de madera. Que esta plataforma no sea de ningun barco, sino de pino tratado y construido en tierra seca, hace poco para disminuir la poesía del paralelo en los ojos de Mark Hylkema.

Para Hylkema, un arqueólogo del Departamento Estatal de Parques, lo importante es que las dos plataformas sirven el mismo proposito: proteger a los marinos del viento y las olas. Y, espera, del tiempo.

Con suerte, Hylkema espera que haya parado - o al menos demorado - la erosion que por 20 años ha estado gastando las tumbas de estos marinos muertos en una serie de naufragios en el siglo XIX, exponiendo sus huesos a los curiosos y los vándalos. Su medio de hacer esto, un camino de madera y una plataforma de observación, están ahora listos para ser usados por los visitantes del verano en esta costa.

"Por un par de siglos, probablemente dure," dijo Hylkema, "pero quién lo puede asegurar?" 

Mientras habla, Hylkema subió con cuidado hacia un camino en madera que lleva al cementerio de los náufragos, en la cima de Franklin Point, a medio camino entre la playa estatal de Año Nuevo y el faro de Pigeon point. Desde la Ruta 1, Franklin point es sólo una salida, visitada regularmente por pescadores y el ocasional caminante. Pero aún esos pocos turistas eran demasiado para los residentes enterrados alli.

Había marineros y pasajeros de los grandes veleros de madera, que llevaban de todo, desde carbón hasta pianos entre lejanos puertos como Australia, Brasil y Nueva York. Ellos murieron cuando esos barcos fueron llevados por las corrientes hacia la costa, cuando sus capitanes, perdidos en la noche y las tormentas de invierno, trataron de sacar sos buques de las grandes rompientes y fallaron.

Cuando sus cuerpos flotaron hacia la orilla, los pescadores portugueses locales los enterraron en el punto donde los encontraron. Nombraron a este cabo por el barco Sir John Franklin, que se hundió allí en 1865.

Por casi un siglo, los huesos estuvieron en paz. Pero por los últimos 30 años, por razones no completamente entendidas, la erosion costera de California se incrementó. Al mismo tiempo, el número de visitantes a la costa aumentó, sus pasos cortando pasillos a través del follaje que mantenía seguras a las tumbas.

Unos 20 años atrás, sus huesos comenzaron a salir a la superficie. Algunos fueron llevados por los visitantes como recuerdo, otros por arqueólogos quienes -aunque bien intencionados- dejaron detrás un hoyo que aceleró la erosión.

Para Hylkema, que ha estado años trabajando para preservar los enterratorios indios para el gobierno, todo era cercano a un sacrilegio. El año último obtuvo una dinacion de u$s 81.000.- del estado para atender este problema. Localizó ocho de los merineros desenterrados, sus huesos desparramados en simples cajas aquí y allá en el estado.

Con la ayuda de un grupo dirigido por el antropologo de la Universidad de Davis Christyann Darwent, Hylkema aprendió un poco más sobre sus huesudos amigos. 

La mayoria eran marineros, alrededor de 30 años, con grandes músculos, malos dientes y envenenamiento por plomo de la carne envasada del siglo 19. Uno sufría de artritis severa y dbe haber caminado las cubiertas con un andar muy doloroso y lento. Otro era una mujer de ascendencia africana, de sólo 19 años, cuya calavera estaba rota por la violencia del impacto del naufragio que la mató.

A fines del año pasado, en una camioneta prestada, Hylkema recogió sus cuerpos en cajas en Sacramento y comenzó su viaje final al hogar. "Recuerdo que era la noche de Haloween", dijo. "Tenía una camioneta con 8 esqueletos en él y pensaba -"Si tengo un accidente la policía de caminos nunca me va a creer."

Fué bastante difícil convencer a los obreros latinos que contrató para hacer las nuevas tumbas, de que no tenía intenciones raras. Pero finalmente el proyecto fué completado, no obstante las tormentas de invierno de Enero - las mismas que condenaron a los barcos en primer lugar - que obligaron a Hylkema a llevar las ultimas tablas en helicóptero.

Hoy hay muy poco que demuestre que Frnklin Point es un cementerio de marinos: sólo una plataforma de 15 x 15 pies en el medio de un pasadizp fuerte de madera que va en  zigzag entre las plantas y las dunas.Los naufragos descansan seis pies debajo de esa plataforma, en cajas de cartón que se desintegrarán con el tiempo y protegidos por alambrado diseñado para repeler cualquier vándalo.

De todos modos, probablemente en otros lugares haya cuerpos aún no descubiertos, en la profundidad de la punta arenosa, donde espera Hylkema que se mantendrán.

Hylkema espera que los futuros visitantes vendrán a esa punta y pensaran sobre el destino de esos marineros, imaginen el sonido de los grandes barcos mientras rolaban hacia su muerte en las rompientes, los miedos y excitación que acompañaron al viaje por mar en todos los tiempos.

"Quiero que piensen en los tiempos cuando la gente exploraba el mundo en barcos de madera. La gente debe saber apreciar que fueron esos barcos los que abrieron el mundo a la humanidad".

Pero espera retornar a Franklin Point, quizás para instalar algunas señales con las historias de los marinos. Y espera también qu4 este cementerio pueda ser un modelo para salvar otros sitios similares alrededor del estado.

"somos los cuidadores de la historia y de la  ecología de este geografía. Se está perdiendo realmente rápido", dijo. "El patrimonio no es un bien renovable. Una vez que se va, se va para siempre. Perdemos esa ventana hacia el pasado".

E-mail Matthew B. Stannard at mstannard@sfchronicle.com

 

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