Historia y Arqueologia Marítima

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HyAM News Nº 02 -2005

INFORME DE VIAJE VERANO 2004/2005 

HISTORIA Y ARQUEOLOGIA MARITIMA EN LA PATAGONIA CHILENA

 

Por Guido Seidel

 

Durante el último viaje que hicimos recientemente al sur de Argentina y Chile, y siempre atento a pistas que me permitan encontrar esos venerables restos de barcos, se revelaron algunas perlitas que me dispongo a compartir con los amigos interesados en el tema de historia y arqueología marítima.

Ya que la mayor parte de los itinerarios que cubrimos comprendían la zona cordillerana limítrofe con Chile, en éste informe se habla exclusivamente de barcos naufragados en el extenso litoral marítimo del país hermano.

 

                                                        EL “LONSDALE”

 

Sobre la recientemente pavimentada Avenida Costanera de la ciudad chilena de Punta Arenas y a pocas cuadras del centro de la misma,  hay dos maltratados carteles que avisan al viajero sobre la existencia, justo debajo de la barranca que da al Estrecho de Magallanes, de los restos de lo que fuera un hermoso clipper de hierro de aparejo completo.

 

 

He visitado los restos del Lonsdale numerosas veces, y nunca puedo escapar a la penosa sensación que me producen esos restos en franca desintegración. De reyes de los mares durante la corta etapa de la época dorada de la navegación oceánica a vela, no menos de 14 de estas maravillas del ingenio humano terminaron su vida en las cercanías de Punta Arenas. No es extraño, ya que durante muchos años la travesía obligada o por el Cabo de Hornos o por el Estrecho de Magallanes las terribles condiciones de la mar dejaron a muchos veleros fuera de aptitud para continuar navegando. El seguro pagaba y el pecio quedaba en el lugar para iniciar una lenta desintegración.

Los veleros de hierro eran generalmente objeto de desguaces para aprovechar un bien escaso, y el Lonsdale no fue la excepción pero en su caso por razones que no pude averiguar el proceso quedó a mitad de camino. Como se ve en las imágenes se salvó toda la proa, parte de la popa y la zona de quilla y cuadernas inferiores. Dentro del casco hay un objeto cilíndrico parecido a una caldera pero no puede ser de ese barco. El aparejo desapareció casi por completo excepto el bauprés, cadenas y anclas.

Como se encuentra a pocos metros de la playa cualquiera abordar impunemente  a depredar a pesar de que uno de los carteles que menciono arriba advierte que se trata de una reliquia histórica. Desde la última vez que estuve ya falta todo el nombre del barco sobre las amuras.

Un detalle que me llamó poderosamente la atención y que nunca había observado antes es la máquina del timón. En mi memoria reciente tenía la imágen de una máquina igual instalada en el pecio de Punta Ameghino en Península Valdes. Un detalle muy importante para investigar quedó como objetivo!

 

LOS PONTONES DE ASMAR

 

Muy, muy cerca de allí y justo en frente a la ciudad de Punta Arenas se encuentran las instalaciones de la Armada Chilena conocidas como ASMAR, astilleros de la marina.

Embicados en la playa como rompeolas hay cuatro grandes barcos que hacen latir más fuerte el corazón de cualquier apasionado por el tema. Lamentablemente se trata de una zona militar absolutamente restringida. Durante dos visitas anteriores varios años atrás hice gestiones para que se me permita visitar los pecios como objeto de estudio, y llegué hasta el Departamento de Relaciones Públicas de la Armada de Chile con resultados frustrantes. No, no y no. Porque esto, porque aquello, porque estamos descargando munición, porque atraca tal o cual buque. Para colmo cada vez hay más verjas, alambradas, carteles y recientemente prohibición de estacionar.

Para colmo, me contaron que la Avenida Costanera  pasará por medio del Asmar que supongo será mudado a otro lugar. Estos cuatro grandes pecios están asentados en fondo y obviamente están  absolutamente imposibilitados para navegar, con lo que quedarán en ese lugar ésta vez al alcance de todo el mundo......

De dos de los pecios se sabe algo su historia. El más importante es el “Muñoz Gamero”, ex “County of Peebles” que era una gran barca de cuatro palos botada en Escocia en 1875. Fue adquirida por Chile en 1898 junto con otros dos veleros. Después de su vida activa pasó a funcionar en 1966 como pontón depósito en la Bahía Muñoz Gamero y finalmente terminó sus días como rompeolas en Punta Arenas en 1975. Es el barco que se encuentra en mejores condiciones y en lo que fuera el salón del capitán se hizo un salón para relaciones públicas de la Marina. Merced a la intervención de una persona muy importante interesada en el tema y que citaré posteriormente, solo se le abatieron los masteleros. Quedan los cuatro imponentes palos machos que se distinguen desde muy lejos. Lamentablemente le fue cortado el bauprés.

 

 

Otro de los barcos, del que lamentablemente no se ve casi nada, es el “Cavenga” de gran valor histórico por haber tenido actuación en los viajes de Henry Morton Stanley en su búsqueda del Dr. Livingstone cuando desapareció en Africa.

Los otros dos son el “Hypparchus” y el “Fallstaff”. El primero era un vapor distinguible por su proa redondeada y la cavidad de la hélice a popa, su casco está partido a media eslora. Era de la compañía Braun y Blanchard.  El otro pecio era un velero con una hermosa proa y popa de  clipper.

 

 

 

 

Antes de irnos de Punta Arenas volví a recorrer las fascinantes instalaciones históricas del Instituto de la Patagonia, y tuve el placer y honor de ser recibido por su director el profesor Mateo Martinic. Esta gratísima persona es uno de los historiadores mas eminentes de Chile y fuente ineludible de consulta. Además de varios otros cargos que tuvo y tiene ha sido intendente de la Ciudad de Punta Arenas y gobernador del territorio. A pesar de ser una persona de avanzada edad y de sus múltiples ocupaciones me recordaba de una visita anterior cuando yo estaba buscando datos sobre el clipper “Ambassador”.

Y justamente a la intervención del  profesor Martinic se debe que la histórica barca “County of Peebles” conserve sus palos machos!

           

                                          EL VAPOR DE RUEDAS “LOS AMIGOS”

 

Uno de los motivos para haber bajado hasta Punta Arenas era llegar hasta la Isla Riesco, que solo separada del continente  por el estrechísimo canal Fitz Roy se ubica entre los senos Skyring y Otway. Se trata de una zona con cierto parecido con los highlands de Escocia, y está expuesta a toda la furia de los elementos que llegan del Pacífico.

Lamentablemente nos tocó uno de esos días de viento impresionante en la Patagonia, y no pudimos apreciar el panorama en lo que realmente vale. La isla Riesco alberga algunas grandes estancias, y recorrerla íntegramente es algo complicado por los caminos. Como en todas las zonas insulares de Chile hay que transbordar en balsa, que en éste caso funciona en un estrechamiento del canal frente a la pequeña localidad de Río Verde. Para llamar a la balsa cuando está del otro lado hay un código de señales con unos discos que hay que alzar, blancos o rojos según se quiera transbordar personas o vehículos.

A unos tres kilómetros de Río Verde y frente al seno Otway hay un cartel que recuerda el naufragio del vapor de ruedas laterales “Los Amigos” que se usó durante mucho tiempo para transportar el carbón extraído de una mina local. Es muy poco lo que queda del barco y menos aún lo que se puede ver, lo  que nos resultó  perfectamente entendible al ser testigos de la violencia de la marejada que batía aquella costa.

 

 

La idea original era acampar un día allí y hacer al menos una inmersión para ver el estado de los restos que se encuentran muy cerca de la costa, intención que abandonamos rápidamente en vista del temporal que se había desatado y cuya ululante furia me zarandeaba despiadadamente mientras sacaba la única y mala fotografía en la que intentaba retener las dos puntas de las ruedas de paletas que apenas se distinguían en la espumeante marejada.

 

                                               LOS PECIOS DE CALETA TORTEL

 

 Hace muy poco tiempo que la Carretera Austral de Chile se extendió desde poco antes de llegar a Puerto Yungay hasta Caleta Tortel sobre el canal Baker que da al Océano Pacífico. Desde Cochrane son 130 kilómetros de ripio por un camino alucinante por selvas pluviales, bordeando lagos, transitando por inquietantes  caminos de cornisa y demás delicias a corta distancia de los Campos de Hielo Norte.

Caleta Tortel es la localidad más original y fascinante  que he visto en los últimos años. Es una población que dada su ubicación sobre la ladera de una montaña no tiene ni un solo camino vehicular. Todas las casas, negocios y demás edificaciones (todas de madera) están conectadas exclusivamente por un laberíntico sistema de pasarelas de madera. Como en toda esa zona las caudalosas precipitaciones (3500 – 5000 mm anuales) crean un clima muy húmedo de selva pluvial y turbales que imposibilitan caminar por el suelo, todo se hace arriba de pasarelas o caminitos de madera. Obviamente todas las construcciones están enclavadas sobre pilotes, modalidad aquí llamada palafitos.

Yendo a lo que nos interesa, encontré en el fondo de la caleta algunas cosas interesantes.

Primero me llamó la atención el casco varado de un hermoso yate oceánico de doble proa, estilo antiguo como el barco de Vito Dumas. Aún se podía leer su nombre en la amura, “Visund”. Hechas algunas averiguaciones supe que se trató de un barco en que una tripulación noruega realizaba una travesía oceánica muy importante y naufragaron hace muchos años en San Pedro sobre el temible Golfo de Penas. Hace algunos años un buzo mariscador dió con él, y con esa información un pescador local que lamentablemente no pude entrevistar,  lo reflotó y remolcó hasta Tortel .

 

 

En otra caleta lateral encontré otra cosa rara. Sobre la costa y calzado sobre unas gradas, un gran  barco de madera, muy mangudo y de gran pantoque, unos 25 metros de eslora, como en alistamiento en un astillero. A su lado había un enorme montón de viruta de madera. Me contaron que es por lejos el barco más grande construído en Caleta Tortel, y que nunca navegó ni va a navegar. Se   fabricó como transporte de madera hacia Punta Arenas, y cuando ya estaba a punto de botadura y con su enorme motor ya instalado se zafó de donde estaba arriba del montón de viruta que era el lugar de construcción cayendo por la ladera hasta la playa donde se quebró la quilla. Lo enderezaron con aparejos a su posición actual pero en vista de los daños se lo abandonó. Posteriormente se le retiró el motor y se mandó afuera ya que no había en la zona ningún otro barco de ese porte.

 

 

 

A pocos metros de la costa una lancha patrullera de Carabineros se rendía al abandono, aún íntegramente equipada.

 

 

 

                                               EL BARCO DE BRIDGES

           

Esteban Lucas Bridges fue un pionero en todo el sentido de la palabra. Hijo del misionero anglicano fundador de Ushuaia y de la primera estancia en Tierra del Fuego, Harberton, es el autor de “El último confín de la tierra” donde relata la historia de la llegada de los primeros misioneros anglicanos a Tierra del Fuego, y sus contactos con los aborígenes en su juventud y adolescencia en un relato fascinante.

Además de exitoso empresario ganadero en Argentina, Bridges tuvo destacadísima actuación en la colonización y explotación de las riquezas de todo el sistema del río Baker, el más extenso de Chile y mas importante de la región sur. Entre las décadas de 1920 y 1930 su espíritu inquieto no dejó de correr aventuras en estas tierras fascinantes ni dejó rama de la explotación de recursos naturales sin probar. Dado que el río Baker es navegable en su tramo bajo, el emprendedor Bridges implementó el uso de varias embarcaciones para moverse por el río desde y hacia los primeros asentamientos de los colonos.

Se han descubierto recientemente en un tramo del Baker los restos de una embarcación a motor que con fundamento se cree fuera una de las lanchas de éste pionero, tal vez la “Juanita”. El lugar es correntoso, mucho sedimento, y las aguas del Baker tienen un color lechoso por ser agua de deshielo, con visibilidad casi nula. Enterrado en el sedimento se ha detectado el motor de la embarcación y hay algún proyecto local para la puesta en valor del pecio.