Historia y Arqueología Marítima

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El Morse: música de seguridad

Por  Hernán Pablo Gávito, oficial de la Marina Mercante, Periodista. Este trabajo fué publicado enla Revista Marina, de la Liog Naval Argentina en su numero 592 de Diciembre del 2005, se reproduce aqui con permiso del autor.

No es novedad que, en los últimos años, una avalancha de tecnología ha cambiado profundamente muchas costumbres. Tampoco lo es que esa tecnificación ha llegado masivamente a los buques mercantes. El 1 de febrero de 1999, entró en vigencia en todo el mundo el nuevo sistema de comunicaciones de seguridad llamado GMDSS (del inglés Global Maritime Distress Safety System) que vino a reemplazar a la radiotelegrafía respecto de la cual, probablemente, sea más eficiente, requiera menos personal y, sobre todo, esté en línea con otros adelantos que han llegado a la navegación. Pero es muy improbable que alguien se entusiasme con el “arte” que pueda hacer falta para apretar unos botoncitos que pueden ser del GMDSS o de un portero eléctrico. La radiotelegrafía, en cambio, además de haber sido un sistema eficaz durante un siglo, sin dudas tenía (y sigue teniendo) la magia inexplicable de aquellas cosas que despiertan interés y admiración más allá de su utilidad concreta.

Hace un siglo, la radiotelegrafía llegaba a las comunicaciones navales para resolver un problema milenario: la pérdida de todo contacto con los buques que se alejaban en sus aventuras marítimas. Por eso, si bien las comunicaciones de radio tuvieron enorme importancia en todas las actividades, en pocas influyó tan decididamente y por tantos años como en la actividad marítima.
Se puede decir que la historia empezó un frío mediodía, en las instalaciones de un hospital canadiense abandonado.

Terranova, 12 de diciembre de 1901, l2:50 LT: Guillermo Marconi logra recibir los tres puntos de la letra “S” del código Morse trasmitida desde Gran Bretaña por un colaborador. La señal había cruzado el Atlántico sin cable, es decir, por transmisión de radio. Marconi había confirmado en el mundo real lo que James Clerk Maxwell -físico escocés- ya había demostrado matemáticamente y el brillante y joven científico alemán, Heinrich Rudoph Herz, había comprobado en su laboratorio en 1888.

El acontecimiento científico concretado por Marconi daría lugar a la vertiginosa expansión de las radiocomunicaciones en general y, en particular, a un nuevo modo de contactar los barcos en navegación. Si bien para esa fecha había algunos pocos buques con Estación de Radio, hasta ese momento se creía que las radiocomunicaciones tenían un alcance muy limitado.

El ensamble de la experiencia de Marconi con el código que el norteamericano Samuel Morse había ideado a mediados del siglo XlX, darían forma a las comunicaciones navales durante un siglo. En un principio, se las pensó como una mejora para las comunicaciones comerciales. El propio Marconi, que además de científico fue un hábil empresario, montó su “Marconi´s Wireless Telegraph Company” con la que haría fortuna. Pero no se dio cuenta de que el suyo, era uno de esos descubrimientos que, por su trascendencia, se convierten rápidamente en patrimonio de la humanidad.  Marconi pretendió que los barcos llevaran estaciones de su propia empresa, con radiooperadores empleados suyos y que sólo se comunicaran entre sí.

En pocos años, se advirtió la importancia clave del sistema para la seguridad de la navegación y Marconi debió claudicar en su intento monopólico. Si bien el tema de las normas para el servicio radioeléctrico marítimo ya había sido abordado por algunas conferencias internacionales anteriores, el detonante para su reglamentación fue el famosísimo siniestro del Titanic.  Resulta impresionante el registro en el Libro de Guardia de Radio del Carpathia (el primer barco en llegar al lugar del naufragio) que ilustra intensamente las circunstancias:

Atlántico Norte, domingo 14 de abril de 1912

17:30 Intercambio señales con Titanic a intervalos frecuentes hasta 21:45.
23:20 Oigo Titanic trasmitiendo SOS y CQD. Respondo inmediatamente. Titanic dice choqué montaña de hielo, venga a socorrerme inmediatamente. Posición 41.46N 50.14W.
Informo al puente de mando inmediatamente.
23:30 Rumbo alterado; nos encaminamos al lugar del siniestro.
23:45 Olimpic comunica con Titanic. Titanic dice tiempo está claro y tranquilo. Sala de Máquinas inundándose.

Lunes 15 de abril de 1912

00:10 Titanic lanza CQD. Su potencia parece considerablemente reducida.
00:20 Titanic está ajustando al parecer el espinterómetro. Trasmite “V”. Señales muy interrumpidas.
00:25 Llamo a Titanic. No responde.
00:28 Titanic transmite CQD; sus señales borrosas terminan súbitamente.
00:30 Llamo a Titanic a intervalos frecuentes; mantengo escucha cuidadosa pero no vuelvo a oír nada.

Las investigaciones posteriores demostraron que otros barcos estaban más cerca del Titanic que el Carpathia pero no se enteraron del accidente por no tener Radioestación. Asimismo, se supo que, horas antes, el California, un pequeño buque de pasaje que también navegaba hacia el oeste, intentó avisar al Titanic sobre la presencia de un témpano enorme, pero el radiooperador del lujoso transatlántico inglés no dio importancia a sus llamados por la gran cantidad de tráfico comercial y privado que tenía que cursar.

Si bien ya había intentos por reglamentar las radiocomunicaciones, la tragedia provocó que se establecieran normas internacionales claras y obligatorias entre las que se dispuso la caducidad de la señal de socorro precursora CQD. Quedó instaurado definitivamente y de modo universal el mítico SOS y su prioridad absoluta.

En pocos años, todos los buques de porte tenían Estación Radiotelegráfica y su dotación contaba con Oficiales Radiotelegrafistas.

Tiempo después, aparecería la radiotelefonía pero, en su versión inicial, era en amplitud modulada (AM) con lo cual, ocupaba mucho espectro de frecuencias (no hay lugar suficiente para todas las emisiones) y estaba muy afectada por las interferencias atmosféricas. Recién a fines de la década del 60 empezó a aparecer la Banda Lateral Unica (BLU). Sin embargo, por razones de confiabilidad, nunca los organismos internacionales avalaron que reemplazara a la legendaria guardia radiotelegráfica en 500 kiloherz como sistema de comunicaciones de seguridad.

Para su relevo, fue necesaria la llegada de nuevas tecnologías: satélites geoestacionarios en cantidad suficiente, computadoras y comunicaciones satelitales. El ensamble de estos adelantos técnicos posibilitó el advenimiento del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima.

Sin embargo, y curiosamente, ya entrado el siglo XXI, los cultores de la radiotelegrafía aumentan en el mundo entero. Aman su originalidad y su estética musical. Una estética casi imposible de compartir si no se entiende el “piripipí”. Una estética seguramente no ajena a que Morse fue, ante todo, un apasionado pintor y profesor de Bellas Artes.

La estética que tenía la profesión del comunicante abordo y que, como otras actividades náuticas, ha sido reemplazada por una tecnología mucho más eficiente, pero completamente carente de espíritu y de arte. Hoy se navega con Inmarsat, GPS y una palanquita que controla el rumbo, pero a la hora de un lindo dibujo náutico, todos imaginamos, con regocijo, un sextante, una rueda de cabilla o un manipulador telegráfico.-

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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