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...No
olvide usted que la realidad tiene siempre una estructura,
y que hay que atenerse a ella en lo sustancial.
Torcuato Fernández Miranda
En enero de 1975 el
petrolero “Ildefonso Fierro” navegaba por el Mediterráneo camino de
Coruña con 60.000 toneladas de crudo a bordo cuando uno de sus tanques
laterales se agrietó. Aprovechando que pasaba por allí el buque entró en
Algeciras, trasegó a otro petrolero la carga de la zona afectada y
continuó viaje hasta que el 21 de enero las grietas se convirtieron en
un ominoso boquete de 50 metros cuadrados en su costado, pero hora y
cuarto después buque y boquete ya estaban a resguardo del temporal
fondeados tras el Cabo Finisterre. En una época en que la “opinión
pública” no opinaba y la “Administración Marítima Periférica” todavía
usaba más la bicicleta que la torre de control, el Estado solía
intervenir sólo lo justo; tras un sumario reconocimiento, cortar unas
chapas sueltas y asignársele una escolta de tres remolcadores, a la
mañana siguiente el “Fierro” dejó el fondeadero llegando a Coruña
aquella misma noche. No hubo vertidos significativos y, sin ser una
gestión antológica, al menos fue eficaz y nadie la complicó, por lo que
no hubo que alterar la agenda del Presidente del Gobierno. Además, al
capitán se le permitió buscarse la vida y rendir cuentas “a posteriori”,
una práctica habitual desde los tiempos de los fenicios. Dieciséis meses
después el “Urquiola” petroleó Coruña a conciencia tras dos errores
consecutivos de la propia Administración que trataba de quitárselo de
encima y que, por ello, hubo de pagar los platos rotos. La
Administración reaccionó estableciendo normas mucho más estrictas para
prevenir errores... ¡ajenos! y así, cuando en diciembre de 1989 y como
consecuencia indirecta de otro temporal el “Khark-5” sufrió la explosión
de un tanque y la pérdida de otras 50.000 toneladas de crudo entre
Canarias y la Península, nuestro país le negó el refugio solicitado
enviándole junto con las 223.000 toneladas de carga restantes a negociar
con Neptuno en “un punto remoto del Atlántico”. Como la historia acabó
bien se incorporó a un libro de “autoimagen institucional” donde,
cándidamente, se alardeaba de “presión” de las autoridades y
consiguiente aparato naval. Para mortificación de sus inspiradores,
durante la reciente crisis del “Prestige” un agradecido alto cargo de
Fomento ha descrito tal texto como “auténtica apología del alejamiento”.
El último caso
significativo ocurrió en diciembre del 2000 en el Mar de Alborán, cuando
una corrosión atípica asociada a un temporal agrietaron de banda a banda
la cubierta del “Castor”, un petrolero de 24 años cargado con 29.500
toneladas de gasolina. Tras inspeccionarle en la mar, nuestro país
tampoco le autorizó a refugiarse y el desdichado hubo de arrastrarse
durante 1000 millas, 39 días y varios temporales más antes de conseguir
desembarazarse de su carga. En buena lógica hubiera debido partirse,
pero su estructura resultó estar sobredimensionada y resistió, lo que a
mi juicio constituyó la última de una serie de nefastas “clases
prácticas” para nuestra Administración Marítima. Que nadie me interprete
mal, tanto la decisión de alejar al “Khark-5” (una bomba ecológica) como
al “Castor” (una bomba-bomba) eran defendibles en su contexto, baste
señalar que este último fue rechazado por siete países ribereños. Es
curioso que en ninguno de estos casos la “opinión pública” se rasgara
las vestiduras por la decisión de alejarlos (¿cosas del éxito?) pero
quienes, por haber vivido sobre ellos durante años, sabíamos que hasta
el petrolero más imponente tiene la espalda de cristal, sospechábamos
que “la patada en la popa” no era forma de tratar a una vieja dama con
escoliosis y un par de costillas fracturadas. Y así llegamos al
“Prestige” y a este artículo, que hago un tanto incómodo por el riesgo
de parecer un cutre profeta “a toro pasado”. Como algunos lectores saben
que en esta historia intervienen conocidos e incluso algún amigo y que
hasta el abogado del capitán es mi viejo profesor de Derecho Marítimo,
puntualizaré que nadie se ha “ido del pico” conmigo.
LA ESTRUCTURA DEL NEGOCIO
El “Gladys” era un
petrolero de crudo tipo “Aframax” construido en los astilleros japoneses
Hitachi-Zosen el año 1976 bajo normas de la American Bureau of Shipping
(la clasificadora “de bandera” norteamericana), que mantuvo su
clasificación hasta el fin de sus días. Tenía bandera liberiana, 243,49
metros de eslora, 34,39 de manga, 18,7 de puntal y 81.589 TPM
correspondientes a un calado de 14,07 metros; bajo cubierta un motor
tipo Burmeister de 20.000 bhp le permitía navegar a 15 nudos con un
consumo de 70 toneladas diarias de fuel, tres turbobombas le daban un
caudal máximo de descarga de 7.487 toneladas/hora, un alternador de 900
KW y dos de 480 se encargaban de la parte eléctrica y una planta de gas
inerte tranquilizaba al personal. Con sus mejores años ya por la popa el
“Gladys” cambió de propietario, su pabellón pasó a ser de Bahamas y, en
1988, su bonito nombre fué tapado por la vulgaridad con que pasará a la
historia. En 2002 su dueño nominal era lo que en el argot se llama una
“naviera monobuque” (para “limitar daños”), la liberiana Mare Shipping,
pero de su gestión se encargaba el manager griego Universe Maritime
(quien hubo de dar la cara); ambas empresas estarían controladas por un
opaco trust tras el que estarían (en condicional) los Coulouthros, una
gafada familia de navieros griegos que ya había perdido en 1979 el
“Aegean Captain” en un abordaje en el Caribe y en 1993 el “Aegean Sea”
en una embarrancada en Coruña, en ambos casos con vertidos de infarto.
Si a alguien le parece escandaloso el artificio registral debe
considerar que hubo una época en que las flotas petroleras eran
gestionadas con estándares más que elevados por compañías como BP, Gulf,
Esso, Exxon o Amoco, y que precisamente a base de ruido mediático y
saltos a la yugular de empresas solventes hemos llegado a la situación
actual, en que casi nadie con algo que perder quiere ver su nombre
pintado en la amura de un petrolero.
Salvo un embrollo con su
hélice en 1991, el “Prestige” pasó los noventa sin pena ni gloria. Entre
1996 y 1999 tocó tres veces Algeciras y una Las Palmas, así como puertos
franceses, alemanes, británicos, holandeses, canadienses y
norteamericanos y entre noviembre de 1998 y septiembre de 1999 le
constan cuatro inspecciones en EEUU (una deficiencia), otra en Canadá
(sin deficiencias) y otra en Rotterdam (tres deficiencias). Cabe señalar
que, estadísticamente, casi un 58% de las inspecciones se saldan con
deficiencias y más del 9% con detenciones, pero el “Prestige” se perdió
sin detenciones en su historial. Pasada la exaltación de los primeros
momentos sería prudente detenernos en este tipo de inspecciones (París
MOU on Port State Control) antes que, tras repetir como autómatas alguna
indiscriminada generalidad sobre “banderas piratas”, alguien nos saque
los colores. En el último informe anual publicado por el MOU (2001), los
países se dividen en tres grupos en función del número de deficiencias y
detenciones sufridas por buques de su pabellón en el curso de las 18.681
inspecciones efectuadas dicho año. Como el primer grupo se llama “black
list” no entraremos en detalles y pasaremos al segundo grupo (“grey list”),
donde encontramos a España en el segundo puesto por arriba e intentando
colarse en la “white list”; aunque cuarto por la cola, Bahamas (el
pabellón del “Prestige”) aparece en la “white list” junto con Liberia y
la flor y nata de los pabellones europeos. Pues eso.
Según su clasificadora, a
partir de octubre de 2000 el “Prestige” se habría dedicado casi de
continuo al bunkering “...with a large fender positioned at Frame 71
starboard” (ojo al dato). A primeros de abril de 2001 aparece por los
astilleros Cosco de Guangzhou (R.P.China) para pasar la “Special Survey
No. 5”, digamos que una “gran carena”. Durante ocho semanas se le revisó
de quilla a perilla incluyendo tomas de espesores, que reflejaron una
reducción media de escantillones inferior al 10%, aunque el tanque
lateral 3Er presentaba reducciones del 10-15%. En total se sustituyeron
362 tons de acero, principalmente entre las cuadernas 61 a 71 del tanque
3B y las 65 a 70 del 3E. Significativamente, en estribor se renovaron
los dos tercios superiores del mamparo transversal entre los tanques
2ErPp y 3Er, así como buena parte de los baos de ambos; la obra finalizó
el 19 de mayo con un coste aproximado de un millón de dólares y el
“Prestige” recibió los oportunos certificados, volviendo a su trabajo de
pontón. Entre el 15 y el 25 de mayo de 2002 superó la siguiente
inspección anual (que no incluyó tanques de lastre) en el fondeadero de
Fujairah (Golfo de Omán) y, apenas terminada, salió para aguas europeas.
El 7 de junio tocó brevemente Kalamata (Grecia), el 13 fondeó unas horas
en Gibraltar para repostar y el 21 de junio llegó a San Petersburgo,
donde permaneció cuatro meses como almacén de fuel-oil que recibía de
gabarras y transfería a buques cuyo calado les impedía acceder a las
refinerías. En octubre salió un flete para llevar un cargamento de fuel
pesado con destino a determinar (“...there was no specific destination
on the bill of lading”) por cuenta de Crown Resources AG, una polémica
empresa vinculada a Gibraltar y filial del holding ruso Alfa Group sobre
la que se ha escrito de todo. No era el negocio del siglo, al parecer se
lo consiguió “Petrian Shipbrokers” a razón de unos 13.000 dólares
diarios en lugar de los 18.000 que serían más normales. Pero tampoco el
“Prestige” era ya un petrolero normal; a despecho de sus papeles en
regla, tras el desastre del “Erika” los inspectores “vetting” de las
refinerías de postín le rechazaban por constituir (como todos los
monocascos de su generación) un potencial desastre económico y de imagen
(¡un “des-Prestige”!). Era un paria condenado a llevar lo que nadie
quería a precios de saldo y a ser desguazado forzosamente no más allá
del 2005; reparado y todo su valor rondaría unos 10 miserables millones
de dólares, estaba asegurado en 7 y, al parecer, hipotecado. Puesta en
Singapur, la carga valdría otros 14 millones en el mercado del “bunkering”.
El 30 de octubre, tras
sufrir otra inspección sin incidencias, salió de San Petersburgo a media
carga (50.883 toneladas por limitaciones de calado) para completar en
Ventspills (Letonia) hasta 76.973 (77.033 metros cúbicos) de un fuel
cuyo contenido en azufre (2,58%) lo hacía infumable en la Comunidad
Europea; en Letonia una pequeña cantidad rebosó en cubierta (¡perada!)
siendo arrastrada al mar por la lluvia, con lo que además les “llovió”
un puro. El 5 de noviembre abandonó Ventspils y también debió tener
problemas de calado, pues lo primero que hizo fue entrar en Kerteminde
(Dinamarca) para tomar combustible el día 7; aunque algún informe habló
de sobrecarga (se ha escrito que salió de Ventspils con un calado de
14,05 metros, la marca de verano) la carga era unas 4.616 toneladas
inferior al P.M. correspondiente con apenas combustible a bordo porque,
dada la baja densidad del Báltico, el buque estaría sobrecalado unos 25
centímetros con respecto al Atlántico, donde sólo calaría unos 13,80
metros (grosso modo la marca de invierno). De Kerteminde el “Prestige”
salió a enfrentarse con su “destino final”, o al menos con el de su
carga, que con toda probabilidad era Singapur. La página del Cuaderno de
Bitácora que se ha publicado tiene el destino en blanco, pero “Radio
Macuto” decía que pararían en Gibraltar para aprovisionarse y el buque
informó expresamente por VHF su destino: “Gibraltar for orders”. Es
probable que en Dinamarca tomaran sólo el combustible necesario con idea
de completar a mejor precio fondeados en la colonia.
LA
ESTRUCTURA DEL ATLÁNTICO
Tras cuatro meses parado
el “Prestige” andaba un tanto bajo de forma y parece que su quejumbroso
jefe de máquinas fue advertido por Universe Maritime que, salvo
emergencias, no tomarían en consideración nuevas comunicaciones
verbales. Tampoco produjo una gran impresión al práctico danés que lo
sacó del Báltico (“...it was obsolete, and I hoped that it would be sent
directly to the scrap yard”), irritado quizás por algún detalle aislado
(“…the radar and anti-collision equipment was not working”) o algún “mal
rollo” (“...the skipper was an elderly Greek man who was very difficult
to work with”). Como además de “difícil” el capitán del “Prestige” ha
sido descrito como “autoritario”, “huraño”, “rudo” y “de muy mal
carácter”, imagino las “dificultades” del práctico de haber sido
sorprendido llamándole anciano. Ioannis Apostolos Mangouras había nacido
en la isla griega de Icaria 67 años atrás, y llevaba 32 mandando
petroleros de entre 60.000 y 450.000 toneladas. Es muy difícil superar
tal currículo sin convertirse en un autócrata, siquiera en “defensa
propia”, y el hecho de que le confiaran un barco a sus años y ¡estando
operado del corazón! apunta que estamos ante todo un carácter. Mangouras
había embarcado el 13 de septiembre para la que sería su tercera campaña
a bordo del petrolero, que ya había mandado entre enero y agosto del
2000 y entre marzo de 2001 y junio de 2002 (¡jo!); a su edad, hubo de
recurrir a una pirueta legal y una licencia temporal para hacerlo. El
jefe de máquinas era el también griego Argyropoulos Nikolaos (¡de 63
años!) pero, a excepción de un ajustador rumano, el resto de los 27
tripulantes eran filipinos. Obviamente su formación, experiencia y
salarios eran de lo más “económico” del mercado pero, con todo, el buque
tenía un “Safety Management Certificate” en regla expedido un año antes
por el Bureau Veritas.

Análisis de superficie
(isobaras cada 2 mb) dos horas antes del accidente. (Infomet -
Universidad de Barcelona)
El “Prestige” entró en
nuestras vidas a las 0804 locales del miércoles 13 de noviembre
reportándose rutinariamente a Finisterre Tráfico como C6MN6, en posición
4331N 0942W (30 millas al NW de Villano), navegando al 210 a ocho nudos
y camino de Gibraltar. Su raquítica velocidad obedecía a estar sufriendo
los efectos de un “tren canadiense” cuyos frentes asociados enlazaban
directamente Europa con Norteamérica; como la cosa venía de atrás,
también había una considerable mar de leva. Según los análisis de
medianoche a medianoche, en aquel momento la baja más cercana estaría
pasando al Sur de Irlanda y profundizando a 967 milibares pero, por sí
solo, esto no justificaría los vientos huracanados que azotaron la
cornisa cantábrica a primera hora de la tarde; recordemos que en Bilbao
y Coruña un par de grúas cayeron sobre sendos edificios matando a dos
personas. Un análisis de superficie de las 1300A explica mejor lo
ocurrido: la baja irlandesa se extiende en vaguada hasta Galicia creando
un enorme gradiente con las altas presiones relativas del SE de la
Península. El Cuaderno de Bitácora del “Prestige” registra entre las
0800 y las 1200 una caída de presión de 15 milibares (cuadra al
milímetro) consecutiva a una noche toledana con temporal de proa y
seguramente moderados (¡no hay casilla para las RPM!).
Si alguien esperaba
reconstruir la derrota del petrolero en base a este documento va de
cráneo: el cálculo de la velocidad media de las 24 horas anteriores
tiene un error aritmético y, pese al “GMT -1” que encabeza la
singladura, la entrada del accidente es sin duda GMT sin constar cambio
de hora en los “Remarks”, lo que deja la página en un limbo temporal.
Finalmente, aunque dicha página sólo tiene anotadas tres situaciones,
podría esperarse al menos que fueran útiles para definir su trayectoria
aún sin referencia horaria fiable, pero ni eso. A las 1100 consta que se
arrumba al 180 en una posición inconsecuente con la “noon position” (que
está 6 millas ¡hacia atrás!), lo que podría significar media hora larga
apopados a la mar (¿personal en cubierta?) o, más probablemente, un
error de trascripción. La última anotación “normal” del Cuaderno es de
las 1200, seguramente del Tercer Oficial saliente de guardia; registra
un viento SSW de fuerza 9, “o´cast sky, strong gale force wind, very
rough sea, vsl rolling heavily” y, significativamente, que a esa hora el
rumbo de la “gyro” pasa a ser 190 para poder mantener el 180 verdadero;
ya con rumbo Sur, la mar de viento habría pasado de proa a la amura de
Er y la de fondo del través a la aleta de Er. Del lío de horas y
situaciones del Cuaderno puede intuirse una velocidad media de 8,6 nudos
durante las tres horas previas al accidente aunque, visto lo que pasó,
no es descartable que en el último tramo fuera superior. Si Mangouras
aumentó revoluciones tras doblar Finisterre es fácil que un íntimo
desasosiego le acompañe el resto de sus días (los capitanes de su
especie jamás pierden la cara en público). Con todo, su decisión habría
sido perfectamente ortodoxa: lo habitual en estos casos es que el
“viejo” aumente máquina paulatinamente, observe cómo se porta el barco
y, si el intento no funciona, modere al segundo pantocazo y vaya a
quejarse directamente a su Diario de Navegación.
LA
ESTRUCTURA DEL BUQUE
Todos los testimonios
coinciden en que a las 1510 hora española el “Prestige” experimentó un
fuerte golpe por estribor (a alguno le arrojó al suelo y a otro le
despertó con un golpe en la cabeza) simultáneo a un estremecimiento y un
ruido “como una explosión”; cinco minutos después el buque comenzó a
escorar a estribor hasta estabilizarse en 24º hacia las 1525. Alguien
activó el dispositivo de alarma por llamada selectiva digital (que
transmite la identificación del buque y su posición GPS) y Finisterre
Tráfico recibió la señal a las 1515, identificando al buque y situándolo
en 42º54N 0954W; a las 1517 se pudo escuchar un entrecortado “mayday”
por VHF. En el Cuaderno de Bitácora del petrolero hay una precipitada
entrada de las 1410 que dice: “SEND DISTRESS LAT 42º54,5N LONG
009º52,1W”, también inexacta, pero todos sabemos se haría “a ojo”, “a
posteriori” y con otras “inquietudes”. Bajo la entrada de las 1410 hay
otra (sin hora) que dice: “INFORM ALSO FINISTERRE TRAFFIC CH 11 FOR
MAYDAY” y aquí acaba el último Cuaderno del “Prestige”. Con el cuerpo
del delito en manos de Poseidón jamás conoceremos con certeza las causas
del accidente, pero podemos señalar algunas “no causas” desde ahora
mismo. En primer lugar no hay evidencia de explosión interna, por lo
demás improbable en un petrolero cargado de fuel e inertizado (a las
1100 consta un “V/L INERTED”). Se apuntó la posibilidad de choque con
objeto flotante pues, debido al temporal, un par de buques habían
perdido troncos y algún contenedor los días anteriores, pero el efecto
causado por tales objetos no pasaría de un bollo en la amura o (en el
peor de los casos) una pequeña inundación en el pique de proa. Además,
nadie habría sentido el golpe: en un buque como el “Prestige” el choque
con un objeto “ligero” (pongamos de hasta 100 toneladas) es
absolutamente imperceptible y, para tirar a alguien al suelo, se
requiere involucrar un “objeto” de muchos miles de toneladas. Por
añadidura, ante un enorme destrozo surgido a media eslora (como es el
caso) en un buque de 243 metros navegando en línea recta, casi sería más
plausible pensar en un meteorito que en un tronco (¡sí, aunque haya
balance!). Es cierto que capitán y clasificadora mencionaron la
posibilidad del “objeto flotante”, y en su caso yo hubiera hecho lo
mismo: una “circunstancia externa” supondría para cada uno de ellos y
por diferentes motivos un regalo de los dioses.
Cualquier marino sabe la
causa más probable de que, con temporal de proa, su buque experimente un
fuerte golpe seguido de un estremecimiento: se llama pantocazo y, de
prodigarse, el fenómeno resta puntos al “viejo” y vida al casco. Un gran
petrolero cargado no suele dar pantocazos con mar de amura, pero puede
ocurrirle algo que, de Agregado, yo llamaba “chocar con una ola” para
desesperación de puristas. Si cien mil toneladas de barco navegando a
cierta velocidad y con su proa en la parte baja de un cabeceo empujan la
amura de estribor contra una enorme ola, a la que un viento huracanado
haya vuelto anormalmente corta y la interacción con una “maría” de leva
convertido en efímero monstruo, el resultado también es un “fuerte
golpe” y un “estremecimiento”, en este caso acompañado de un
característico “culeo” por la componente lateral del castañazo. Las
fuerzas generadas intentarán “doblar” la proa a babor y hacia arriba,
produciendo compresión en la zona de cubierta a media eslora (según
Mangouras, dos tapas de registro y siete tapines de butter “saltaron con
el golpe”). En dicha zona también se producirá tracción en las planchas
del fondo y, más significativamente, en las del costado de estribor con
nulo beneficio para sus soldaduras, especialmente si ya están “tocadas”.
Por el momento nadie ha asegurado que tal cosa le ocurriera al “Prestige”,
pero se ha apuntado que “...there have in the past been cases where
major steel renewals have led to fatigue hotspots where new materials
join the old, as well as leading to structural deterioration as the
reaction between different materials (galvanic action) causes frames to
detach and shell plating to fail.” ; es casi seguro que la avería se
inició en la cuaderna 71Er, prácticamente el punto de unión del material
nuevo con el viejo. Con todo, no le falta razón a la clasificadora
cuando señala el probable inicio del desaguisado a partir de un punto
débil por deformación o rotura de elementos estructurales a causa de los
87 buques (alguno de hasta 123.893 TPM) que se habían abarloado al
costado de Er del petrolero en los diecisiete meses anteriores,
sugiriéndose el tamaño inadecuado de alguna defensa. De hecho, en 1989
uno de los cinco gemelos del “Prestige” (el “Apanemo”) ya había sufrido
tales averías en operaciones similares. Inicialmente la avería hubo de
consistir en una gran grieta (que nadie llegó a ver) bajo la flotación y
contigua al mamparo transversal entre los tanques 2ErPp (lastre limpio,
vacío) y 3Er (carga, vacío), que embarcaron unas 10.000 toneladas de
agua en apenas quince minutos (casi 700 toneladas por minuto).
A las 1525 el “Prestige”
era un caos. Los al menos 15º de balance (“...vsl rolling heavily”)
producidos por olas de más de 8 metros sumados a los teóricos 24 grados
de escora y aproximadamente 135 centímetros de inmersión (73,8 t/cm)
originada por la inundación dejaron al buque en una situación que
describiré cartesianamente para no ser tachado de exagerado.
.
Efecto de una escora permanente de 24
grados y un balance de 15 grados sobre el buque atravesado a la mar
después de la avería y antes de contrainundar; se trata de un balance
conservador por lo bajo (el ABS ha calculado un balance teórico de 18,6
grados). La situación concuerda con la descrita por el capitán
(pescantes de estribor 1,5 metros bajo el agua) y, sumada a olas de 8
metros, explica perfectamente la controvertida decisión de contrainundar
(elaboración y cálculos propios sobre un plano obtenido de ABS).
Además, la escora disparó la parada de
emergencia por baja presión de aceite del motor principal y su alarma se
sumó a la cacofonía de la alarma general hasta que, para evitar un
desaguisado por fuel en los circuitos de inyección, el jefe bajó para
arrancar de nuevo, cambiar la inyección a diesel y efectuar una parada
segura; que yo sepa, nadie le reconoció que salvara el motor. Poco
después la mar había arrancado de sus pescantes el bote salvavidas de Er,
destrozado parte de la pasarela de cubierta e inundado interiores; a
juzgar por las entrecortadas transmisiones del buque, en el puente daban
por hecho que se hundiría en pocos minutos. El capitán se quejó
amargamente de las escenas de pánico protagonizadas por algunos
tripulantes.
A los cinco minutos de
recibir el “Mayday” Finisterre Tráfico ya había movilizado un
helicóptero, y a los seis ya había ocurrido el primer episodio chusco:
la imposibilidad de movilizar un segundo helicóptero por saturación de
líneas telefónicas. Hay que reconocer que nadie perdió el tiempo, a las
1534 un remolcador de salvamento estaba de camino, a las 1535 se
requirió asistencia inmediata a los buques en zona y a las 1555 ya había
dos helicópteros en el aire. En tanto, las comunicaciones con el
“Prestige” resultaban apenas inteligibles y extraordinariamente
alarmantes. Finisterre había solicitado al “Walilly” (un buque situado a
dos millas) que se acercara al “Prestige”, a las 1600 ya estaba a media
milla informando de la fuerte escora, que por la chimenea salía algo de
humo, el radar funcionaba... y en el agua había fuel. A las 1619 el
“Walilly” informó al helicóptero más próximo (“Pesca 1”, a 13 minutos de
vuelo) que sólo era visible media cubierta del “Prestige” y que la
tripulación estaba agrupada esperando el rescate. Algunos hacían algo
más que esperar: más o menos por entonces Mangouras debió concluir que,
de no eliminar la escora de inmediato, su buque tenía los minutos
contados y en consecuencia ordenó lastrar los tanques 2BrPp y 3Br. Lo
primero que vieron desde el helicóptero fue un buque “...tan escorado
que no vimos el agujero”, a sus tripulantes agrupados en el alerón de
babor “...menos dos marineros que, increíblemente, se encontraban en la
mitad de la cubierta, enfangada de petróleo y barrida por unas olas que
saltaban el barco de babor a estribor”. Ambos tripulantes habían sido
enviados a cerrar una válvulas y “...de repente, una ola barrió la
cubierta y se tragó a uno de ellos: desapareció. ...ya íbamos a buscarlo
cuando reaparece el tío, agarrado a un pasamanos: increíble, no sé cómo
pudo conseguirlo. El otro le ayudó a retrepar sobre la cubierta”. Como
no será la última “excursión” a cubierta de la jornada, memorizaremos
bien el “cuadro” para cuando llegue la noche.

El “Prestige” visto desde
el primer helicóptero de salvamento (entre las 1630 y las 1710 horas del
día 13). La serie completa a la que pertenece esta foto apunta una
escora permanente de unos 10 grados, lo que confirma que ya se estaría
contrainundando (helicóptero “Pesca 1”, Junta de Galicia)
LA
ESTRUCTURA DEL DESCONCIERTO
Si Mangouras cometió un error fue
permitir que la práctica totalidad de su dotación abandonara el buque;
según él “...estaban muy asustados. Algunos marineros estaban llorando”
y “...en esas condiciones, más que una ayuda constituían un peligro”; el
jefe de máquinas dijo que “...la tripulación se asustó y se quiso
marchar” pero también dijo haberle advertido que, si el resto de los
tripulantes abandonaba el buque, él sólo “no podría volver a poner en
funcionamiento las máquinas” y que Mangouras “no me respondió”, lo que
encaja con el perfil del “viejo”. Duele pensar que, si algo agravó para
él las consecuencias de su error inicial, fue que la profesionalidad (o
el ego) le forzaran a permanecer a bordo y hacer su trabajo de la mejor
manera que supo. A las 1710 el “Pesca 1” abandonó la zona con siete
tripulantes y a las 1820 hizo lo propio el “Helimer Galicia” tras izar a
otros diecisiete e informar que a los tres que faltaban “...no se les ve
intención de abandonar el buque”. Quedaban a bordo el Capitán Mangouras,
el Jefe Nikolaos y el Primer Oficial Ireneo Maloto, un filipino de 39
años particularmente eficiente y discreto que, desde el inicio mismo de
la crisis, parece estar en todas partes ayudando al “viejo”. Tres
minutos antes de irse el último helicóptero Finisterre contacta con el
“Prestige” y le comunica que un remolcador de salvamento está a tres
millas y que “...debería darle cable para que les remolquen. Lo
agradeceríamos. ¿Es posible?”. El “Prestige” no responde por dos veces
(¡conciliábulo!) y, a la tercera, se acaban las amistades: “Le ordenamos
que le dé, para ser remolcado, señor, porque su barco está en una muy,
muy mala situación, señor. Tiene que ser remolcado porque está derivando
hacia la costa española”. Según la trascripción de la cinta, la
respuesta es “ ...el remolcador recibe órdenes de los armadores, no de
mí”, pero el registro escrito de Finisterre dice: “ ...damos órdenes de
que den el remolque de emergencia al Remolcador Ría de Vigo que está
llegando a la zona. El capitán contesta que sólo recibe ordenes de su
armador...”. En este momento, Mangouras acaba de traspasar sin
sospecharlo una puerta con cerrojo.

Efectos de la escora: en
la foto superior se aprecia que el bote de estribor ha sido arrancado
directamente de sus pescantes (obsérvese la posición de las pastecas).
En la foto inferior se aprecia la altura del bote, visible bajo el
alerón de estribor, sobre la flotación (fotos publicadas en “El Correo
Gallego”).
Es posible que la voz del “Prestige”
(que a veces era Maloto) tuviera información más “actualizada” que
Finisterre respecto al remolcador. El “Ría de Vigo” estaba arrendado a
Salvamento Marítimo para atender emergencias y precisaba su autorización
para efectuar operaciones por cuenta propia pero, según el Ministerio de
Fomento, su armador habría incumplido el contrato al alcanzar un acuerdo
sin autorización con la empresa holandesa de salvamento “Smit Tak”,
contratada a su vez por el manager del “Prestige”. A las 1650 Mangouras
había contactado por satélite con sus superiores, y a las 1700 éstos ya
negociaban un acuerdo con Smit-Tak (se firmó hacia las 1930: un “Lloyd´s
Open Form” con cláusula “Scopic”). A las 1815 ya existían contactos
entre Smit Tak y el armador del “Ría de Vigo”, aunque éste afirma que no
puso el buque a disposición de los holandeses hasta las 2100 y tras ser
informado por éstos de la autorización de Salvamento Marítimo. En la
transcripción consta que Finisterre ordena cuatro veces tomar remolque,
pero también que (sin negarse de plano) Mangouras solicita contactar con
su Armador y, es significativo, que colabora con la mejor idea de la
tarde: “Sí, si recibo la orden, que suba a bordo la tripulación del
remolcador, la tripulación del remolcador porque no hay tripulación a
bordo para dar los cables al remolcador. Sólo un momento. Contacto otra
vez con mis armadores”; también consta que se le da el visto bueno (“OK,
puede contactar con su armador, adelante”). Quien no capte la
importancia que tiene para un viejo marino griego elegir el remolcador
adecuado en una crisis donde la “ausencia” de tripulantes puede
transformar un salvamento en un “hallazgo”, tampoco captará que
demasiada presión puede ser contraproducente: según Mangouras, en algún
momento “ ...el Jefe de Máquinas sufrió una crisis de nervios y comenzó
a tener la idea fija de que los buques de salvamento internacionales
iban a asaltar el “Prestige”, asesinar a la tripulación y robar la
carga”.

Para entonces, también el
“Prestige” estaba sometido a cierta “presión”. El petrolero estaba
navegando con un momento flector del 48% (por quebranto), que tras la
inundación inicial había pasado al 125% (por arrufo) y tras la
contrainundación al 154% del máximo permisible para aguas tranquilas;
con olas de 8 metros y sin continuidad estructural estaba listo a medio
plazo. Inundar los tanques 2BrPp y 3Br debió ser una maniobra
desesperada ante el convencimiento de que el buque no sobreviviría a la
inundación de su superestructura (según Mangouras las olas cubrían
“...el nivel de la cubierta, el de los botes y un metro y medio más”).
En mi opinión, una alternativa más elegante a contrainundar hubiera sido
intercomunicar el 3C con el 3Br y topear después este tanque trasegando
con turbobomba el contenido del 2ErPr, maniobra que (a la vista del
plano y si no he perdido facultades) habría adrizado completamente el
buque sin aumentar el momento flector ni la inmersión ya existentes,
pero el horno no estaba para bollos y así son las emergencias. El
lastrado finalizó hacia las 1810 con una escora residual de 3º (me sale
una inmersión total de 2,70 metros desde el inicio de la avería y un
calado final de unos 16,5 metros, 17,4 con la escora); según el Primer
Oficial, a partir de este momento él y Mangouras dieron “...una vuelta
por el barco para comprobar si había más daños”. La clasificadora cree
que a esta hora los tanques de carga permanecían intactos y el buque
perdía fuel únicamente por las tapas que habían saltado en cubierta.
Tampoco el capitán debió ver salir fuel por el costado, pues a las 2101
comunicaría a Finisterre que “...la primera opinión es que se rompió el
mamparo entre el tanque 3 del centro y el número 3 del fondo (sic), un
tanque vacío, porque ..... sólo 10 minutos, 10 minutos el barco se
escoró 22 grados a estribor”. Pero la cosa era más grave y todavía se
agravaría más: en las siguientes veinticuatro horas se vertieron unas
4.000 toneladas de carga, lo que apunta una posterior rotura del mamparo
entre los tanques 2C o 3C y los 2 ErPp o 3 Er, que estaban en libre
comunicación con la mar a través de la grieta.

Distribución de la carga y
aspectos estructurales del accidente (elaboración propia sobre planos
obtenidos de ABS y cálculos extractados del “Technical Analyses Related
to the Prestige Casualty”, American Bureau of Shipping, 20 de febrero de
2003)
Al menos funcionaba el grupo de
emergencia pues, tras producirse el ocaso a las 1818, a las 1840 el “Ría
de Vigo” informó que tenía la cubierta iluminada y luces de sin
gobierno; pero también había sombras: a las 1920 Finisterre ya
gestionaba trasbordar... ¡una pareja de la Guardia Civil! El mosqueo
obedecería a no haberse largado el remolque de emergencia, un
dispositivo instalado en toldilla e inaccesible a causa del temporal
que, para entonces, estaba rolando al WNW y amainando a 30 nudos con una
mar gruesa de viento superpuesta a otra de leva de 3 metros. A las 2006
Finisterre hace la primera llamada registrada desde las 1817 para pedir
al capitán que permanezca en el puente diez minutos porque las
“autoridades marítimas” van a contactar con él: no consta tal contacto
(¿telefónico?), pero la respuesta de Mangouras (“sí, estoy siempre en el
puente, porque estoy esperando al remolcador, esperando para recibir el
barco aquí”) invita a pensar qué cuernos está pasando. A las 2036
Finisterre indica a Mangouras que han recibido “...un fax de su armador
y debe contactar lo antes posible con su director, su armador, porque
están de acuerdo en dar rápidamente el remolque al Ría de Vigo” y a las
2101 Mangouras contesta que “...el armador está de acuerdo en dar el
remolque, pero, deben subir a bordo quizás miembros de la tripulación
del remolcador para prestar ayuda al ..... impulsar el barco”. Hasta
aquel momento, el “Prestige” había abatido 8 millas hacia la costa, de
la que distaba otras 19.
LA
ESTRUCTURA DEL ABISMO
La maniobra de toma de
remolque iniciada a las 2101 tenía muy pocas posibilidades de funcionar.
Remolcar una masa de 94.983 toneladas con mar gruesa exige un tren de
remolque, no un simple “cable”; en una emergencia puede intentarse (sólo
intentarse) con un cabo específico de remolque durante unas pocas horas
y con potencia reducida, pero partiendo de unos mínimos que, aquí,
sencillamente no existían: en primer lugar el “Prestige” era un
“cadáver” carente de vapor para sus cabrestantes y en segundo lugar tres
personas no pueden sustituir a un cabrestante, es así de sencillo. Me
consta que un cabo de remolque mojado puede intentar izarse al castillo
con seis mozos y algún juramento, pero con tres “carrozas” la cosa no
funcionará ni usando el látigo. Las alternativas son arriar el remolque
propio (tras sacarlo del pañol y subirlo al castillo, con lo que
volvemos al punto anterior) o que el remolcador ice su propio cabo por
retorno de un virador, lo que aparentemente se intentó en este caso.
Ahora convertimos la cubierta en una rompiente, los currantes en un
geriátrico, dejamos al “viejo” en el puente a cargo del VHF y ya tenemos
el cuadro. El “Ría de Vigo” se arrimó todo lo que pudo y más (en algún
momento, el ancla le hizo un estropicio en la superestructura) pero,
como era de temer, a medianoche todas las sisgas del remolcador menos
una estaban rotas en el castillo del petrolero. En ese momento (casi
seis horas después de pedirlo Mangouras), se decidió helitransportar dos
marineros del remolcador “Ibaizabal Uno” al “Prestige”, donde llegaron a
las 0221 con el buque ya a 16 millas de tierra; pero seguían siendo
insuficientes. A las 0406 se habían roto otros dos viradores, la mar
estaba empeorando (ahora embarcaba en el castillo) y, tras siete horas
de suplicio, los agotados Maloto y Nikolaos hicieron mutis por el foro.
La cosa se puso tan borde que a las 0613 Finisterre ordenó por cuatro
veces al capitán que también él fuera a proa a tirar de estacha, un
suceso sin duda asombroso para Mangouras (¿? “...por favor repita”).
Mientras el “Ría de Vigo”
(de 8.800 HP) seguía partiendo viradores, a las 0634 Finisterre solicitó
al jefe la relación de tripulantes que necesitaría reembarcar para
arrancar la máquina; de los diez solicitados sólo cinco se ofrecieron
voluntarios. A las 0759 comenzó a clarear con cuatro remolcadores al
costado del petrolero y a las 0850 el más manejable “Charuca Silveira”
consiguió hacer firme un cabo, pero faltó a los 55 minutos (demasiado
corto); en todo caso, sus 3.600 HP no hubieran bastado para la faena,
por lo que el “Ría de Vigo” volvió al tajo. Para entonces casi había
calmado el viento (dejando una mar de leva de tres metros) y comenzaban
a llegar “refuerzos”: a las 0915 el “Pesca 1” arrió en cubierta cuatro
operarios de una empresa de salvamento y a las 0950 el “Helimer
Cantábrico” arrió los voluntarios filipinos y un peculiar inspector de
seguridad marítima “comisionado” para arrancar el buque. Ante la
percepción de que Mangouras no “colaboraba”, la Administración le
enviaba la horma de su zapato: un antiguo jefe de máquinas ¡de 68 años
de edad! que se las sabía todas y capaz de hablarle al “viejo” en su
propio “idioma”. Faltó el canto de un duro para que también cayera del
cielo un cargamento de Guardias Civiles, pero finalmente quedaron en el
aeropuerto en “stand by” y el potencial “garrote” adquirió forma de
fragata. A las 1340 y con el “Prestige” 4,6 millas al NW de Toriñana, el
“Ria de Vigo” consiguió afirmar un remolque y comenzar a alejarlo a dos
nudos de una costa que ya no volvería a ver.
El inspector encontró al
capitán “apático y cansado” y se puso en contacto con el Jefe comenzando
así un irrepetible duelo entre tres ictiosaurios que sumaban 198 años.
La idea de Mangouras era dirigirse a tierra, trasegar la carga y salvar
su buque que, no podía ignorarlo, estaba irremisiblemente perdido de
seguir en la mar; además estaba convencido de que arrancar el motor
principal sería una pésima medicina para una grieta que ya degeneraba en
boquete. En cambio, las instrucciones del inspector debían limitarse a
arrancar la máquina y alejar aquella ruina de la costa: en determinado
momento Mangouras le recordó enfadado que el capitán era él a lo que
respondió: “eso es cierto, pero si no colabora conmigo un oficial de la
fragata de la Marina de Guerra vendrá a relevarle de su cargo”. Tras
superar una supuesta falta de aire de arranque, un compresor
supuestamente averiado, una supuesta falta de potencia para las bombas
de circulación, un auxiliar “infraalimentado” y con supuestos problemas
de acoplamiento, otros supuestos problemas de filtros, la rotura de una
pieza irrompible y, finalmente, amenazar a su colega griego con la
Guardia Civil (“...en ese momento la actitud del jefe de máquinas
cambia...”) el inspector se doctoró “cum laude” arrancando el motor.
Parece obvio que tampoco Nikolaos era “partidario” pero como (por
desgracia) estaba cargado de razón, la victoria táctica del inspector
quedó inscrita en un desastre estratégico. A las 1525 el “Prestige”
salió avante a 55 RPM con rumbo NW.
Evolución de la
avería


Evolución de la avería:
arriba, efectos visibles en la mañana del 14 (Foto Helicóptero Pesca 2 -
Junta de Galicia). A mi juicio la deformación que se observa entre los
manifoles y la borda de Er. puede deberse al efecto hidrodinámico del
balance sobre una zona ya debilitada (la columna de agua alcanzó aquí 8
metros con la escora). En medio, fotografía publicada en “El País”
tomada casi con seguridad la tarde del 14 navegando avante. Abajo,
estado de la avería el día 18 (Foto Polmar II - Douanes Francaises, con
acotaciones propias).
Si en algún momento pudieron salvarse
los percebes de la que les venía encima fue entonces, con el buque
operativo, sin apenas pérdidas y el refugio al alcance de la mano. Pero
en la decisión inicial de alejarlo hubieron de pesar la sensación de
inseguridad creada tras veintitrés horas de abatimiento descontrolado y
la aparente falta de fiabilidad de Mangouras, que personalmente creo
fruto de una desgraciada serie de malentendidos. A “toro pasado” sabemos
que el petrolero podría haber entrado en Coruña o fondeado en Finisterre,
y que la decisión final de arrojarlo a las fauces de una cadena de
borrascas que llegaba hasta Canadá aparenta carecer de otra finalidad
estratégica que “desviar” el problema, “método” este que (como hemos
visto) ya había funcionado con el “Khark-5” en 1989 y con el “Castor” en
el 2000. Con todo, es difícil envidiar a quienes tomaron la decisión
cuando se tiene la certeza moral de que los mismos que les denunciaron
por alejar al “Prestige” les habrían denunciado igualmente por no
haberlo hecho y que, probablemente, ni siquiera descargarlo en Coruña al
precio de manchar sus playas con una milésima parte del fuel que
finalmente se derramó les habría evitado una denuncia por delito
ecológico. Sin salir de Coruña, alguien comentó que “los ecologistas
podrían bloquear el puerto”, los prácticos no parecían excesivamente
entusiasmados y alguna autoridad local propuso bombardear al petrolero
con “bombas de fósforo” para incendiar su carga (a tal efecto habría
dado lo mismo bombardearle con “bombas de retrete”, mucho más
ecológicas).

Secuencia de
acontecimientos. Aunque utilizo situaciones de cuatro fuentes distintas,
la mayoría proceden de las transmisiones del remolcador “Ría de Vigo” a
Finisterre (elaboración propia)
Incapaz de navegar a
menos de 6 nudos sin entrar en crítica, durante el resto del día 14 el
“Prestige” continuó alejándose de tierra a rumbo 330 y con dos remolques
firmes mientras la mar hacía de abrelatas en la grieta y el “viejo” se
daba a todos los demonios; finalmente, hacia la 0100 del 15 ocurrió lo
inevitable (una raja de 35 metros en el costado) y paró máquina, justo
dos horas antes de que llegara el capitán de salvamento para tomar el
mando. A las 1803 del día 15 Mangouras abandonó el buque con su gente,
siendo detenido apenas bajó del helicóptero por presunta “desobediencia
a la autoridad” y “delito contra el medio ambiente”; tras ochenta y un
días de prisión quedaría en libertad bajo fianza de tres millones de
euros y pendiente de juicio. El pobre hombre salió de la cárcel con
mucho mejor aspecto físico del que tenía al entrar, pero sospecho que no
apreció la terapia y que los esquemas sobre la autoridad de un capitán
fuera de las 12 millas van a precisar cierta redefinición.
También la precisaba su
relevo, que para poder embarcar había debido comprometerse por escrito a
no estar nunca a menos de 120 millas de “las aguas jurisdiccionales
españolas” y que, ante la falta de “voluntariedad” de todos nuestros
vecinos, resultó tener el “refugio” más cercano en Cabo Verde (y si
cuela coló). En pocas horas llegó la siguiente borrasca, con vientos de
45 nudos y mar gruesa; a las 1000 del día 16 la cosa estaba tan fea que,
inicialmente, los técnicos de salvamento no reembarcaron porque, con un
destrozo cada vez mayor que ya afectaba la cubierta, el buque amenazaba
romperse en dos. Increíblemente no llegó a partirse pero sí pareció
hacerlo su espalda quedando proa y popa precariamente unidas, con un
boquete de 50 metros y la cubierta desaparecida en parte.
El día 18 se hizo cargo
del remolque el “De-Da”, un monstruo chino de 221 toneladas de “bollard
pull” contratado por Smit Tak, permaneciendo en la zona otros dos
remolcadores y una fragata españoles... y otra portuguesa que, a las
2340, preguntó si no sabían que no podían entrar en su Zona Económica.
La siguiente borrasca estaba prevista para el día 20, pero el “Prestige”
no quiso esperarla; a las 0800 del día 19 su dolorida estructura se
cansó de hacer un trabajo para el que no estaba diseñada y, tras
plegarse sobre su cubierta, se partió en dos 132 millas al WSW de
Finisterre, hundiéndose la popa a las 1145 y la proa a las 1618 en
sondas de 3.830 y 3.565 metros. La subsiguiente rotura de tanques e
impacto contra el fondo originaron que, aunque obturadas las pérdidas
por un batiscafo, al día de hoy no quede a bordo ni la mitad de la carga
original. El CSIC estima que extraerla tendrá un coste de 230 millones
de euros, que sumados a otros 1.000 calculados por el Gobierno para
limpieza del litoral suman unas cincuenta veces el valor del buque y su
carga.
De esta crisis cada cual
sacará sus propias conclusiones pero es un hecho que, mientras escribo
estas líneas, hay cargos políticos imputados judicialmente por
decisiones que posiblemente asumieran más allá de su formación y porque
alguien tenía que asumirlas. Serían víctimas de un problema de
organigrama que (en mi opinión) viene padeciendo los últimos dos
decenios la administración marítima española y que ya había superado el
antiguo Ministerio de Marina, cuyas ramas política y operativa sólo
coincidían a la hora del bocadillo. Integrar ambas en un conflicto que
implique sacrificar Coruña para salvar Galicia precisaría resucitar a
Churchill para arrojarle a la basura una vez vertida la última gota de
“sangre, sudor y lágrimas”, lo que de hecho le ocurrió a él en 1945.
Creo que gestionar una catástrofe marítima exige un organigrama
sencillo, vertical y encabezado por un técnico marítimo cuyo prestigio,
capacidad de decisión y absoluta independencia le permitan servir además
de “elemento fungible” si las cosas no salen bien. A fin de cuentas, así
se han manejado los barcos desde siempre.
NOTAS
SOBRE LAS FUENTES
En ausencia de informe
oficial, mis fuentes son más de cuatrocientos documentos que incluyen
notas de prensa, meteos, documentación técnica, fotografías y
declaraciones judiciales tal y como se publicaron en la prensa. La
información comercial procede esencialmente del “Lloyd´s List”, la
técnica del “American Bureau of Shipping” (no “comulgo” al 100%) y, en
menor medida, del Lloyd´s. Cuando hablo de los “registros” de Finisterre
Tráfico me refiero al registro escaneado y colocado en la página web de
la Cadena SER y al “limpio” publicado por el periódico “La Razón”. La
“transcripción” de las conversaciones del buque con Finisterre ha sido
publicada en varios medios pero, por desgracia, ya traducida del
peculiar y exclusivo “inglés” en que nos entendemos los de mi antiguo
oficio sin distinción de credos. Finalmente, aclararé que el artículo
está escrito entre febrero y marzo, prometiendo la historia interesantes
novedades antes de llegar a manos de los lectores.
Luis
Jar Torre - Hablando en serio -
(Publicado en el suplemento “Contrastes” del
grupo “El Ideal Gallego” con motivo del primer aniversario del
desastre)
Me solicita este grupo
editorial unas reflexiones como marino y a título personal sobre el
“Prestige” y me echo a temblar, pues los de mi oficio solemos trabajar
con realidades y la realidad de este accidente parece estar en función
de los intereses o la opción política de cada contertulio. Como marino
no dudaría en salir por piernas pero, dado que como militar se me supone
cierto valor, aceptaré el reto intentando repasar tres aspectos del caso
y aparcando (hasta donde me atreva) lo “políticamente correcto”. Supongo
que pasado un año y con los ánimos más calmados, sin tanto grito, tanto
euro ni tanto chapapote encima de la mesa, ya será posible hablar en
serio.
En primer lugar, me
gustaría discutir la importancia relativa de un accidente marítimo.
Nadie con dos dedos de frente se atrevería a negar que el vertido de la
carga del “Prestige” fue un desaguisado ecológico en toda regla y, a
corto y medio plazo, un potencial mazazo para la economía pesquera y
turística de las zonas afectadas. Por ello, era razonable esperar un
considerable alarde mediático, e incluso cierta alarma social entre sus
potenciales víctimas (incluyendo los percebes), pero estoy por jurar
que, en España, el “Prestige” tuvo más cobertura que la tragedia de las
Torres Gemelas, un acontecimiento que, aparte su dimensión humana, está
condicionando nuestra historia inmediata. Así, cabe preguntarse ¿qué es
una noticia importante? ¿y qué es una noticia marítima importante?. Los
medios de comunicación parecen coincidir en que, por irreemplazable, lo
más importante es la vida humana, pero resulta dolorosamente obvio que
no se lo creen ni ellos: ¿alguien recuerda el nombre del “Joola”? ¿no?
pues deberíamos acordarnos, porque el “Joola se hundió en Senegal 48
días antes de que se agrietara el “Prestige” y unas 1.900 personas
(incluyendo tres españoles) se ahogaron como ratas. Pero no hagamos
preguntas de examen ¿alguien recuerda el “Casón”? ¡claro que sí!, ¡ésta
es más fácil!: barco con carga peligrosa embarrancado en 1987 en la
costa de Finisterre, exagerada psicosis de pánico que quedó en nada...
¿en nada? ¿pero nadie recuerda que a bordo del “Casón” palmaron 23
chinos? Y, si en el “Prestige” no se ahogó ni el gato ¿cómo es que su
estela nos ha dejado un (carísimo) terremoto legislativo en el campo de
la seguridad marítima?. Yo diría que la capacidad del “Prestige” de
afectarnos seriamente el bolsillo y su utilidad para permitir montar una
descomunal bronca al gobierno, sorprendido en claro fuera de juego, lo
hicieron incomparablemente más atractivo como “catástrofe marítima” que
la masacre de Senegal o los 23 chinos del “Casón” ahogados ante nuestras
narices ¿cierto?, pues nada, lo aceptamos y en paz.
El segundo punto que me
gustaría tratar son ciertos condicionantes de lo que podríamos llamar el
“proceso de decisión”. Trabajar con ochenta millones de ojos clavados en
el cogote resulta molesto, pero si los mirones tienen además la potestad
de mandarte al paro en las próximas elecciones resulta comprensible que
el personal se distraiga un tanto. Por ello, aún considerando (como
considero) que la libertad de prensa es un pilar básico de nuestro
sistema de gobierno, como profesional de la mar opino que en esta crisis
en particular hubo desmesuradas presiones (mediáticas y de todo tipo)
sobre los responsables políticos que, forzosamente, estos trasladaron a
los responsables técnicos y, finalmente, terminaron aplastando al
Capitán del “Prestige”. A quien tal presión le parezca normal le
invitaría a imaginarse a bordo de un enorme “Jumbo” con los motores en
llamas y a punto de intentar un aterrizaje forzoso para, ya instalado en
su asiento, considerar la conveniencia de que el piloto decida cada
maniobra en función de las instrucciones de los alcaldes afectados, las
comunidades de propietarios contiguas al aeropuerto o el índice de
popularidad de su director. Con todo, resulta obvio que en la gestión de
esta crisis se cometieron errores de bulto; personalmente me resultó
chocante que, en su fase inicial, la política de comunicación pareciera
estar diseñada por el enemigo y que, más adelante, se permitiera que
cierto “sostenella y no enmendalla” enajenara a parte de la opinión
pública contra un gobierno que, entonces, ya estaba haciendo todo lo que
podía y más. Queda la pregunta del millón ¿debió intentarse refugiar el
barco en tierra? Mi opinión como marino es, sin duda, que sí, pero la
mía es una opinión a toro pasado y, por ello, intrascendente; confieso
que la opinión más radicalmente honesta que oí (“...non teñen ni puta
idea”) fue en la tele y en boca de un pescador cuando el alejamiento
todavía le parecía una gran idea a casi todo el mundo.
Sin entrar en
consideraciones partidistas, podemos tratar de ponernos en el lugar de
quienes hubieron de decidir entre lo malo y lo peor. La experiencia
española en petroleros que se rompen consagraba las supuestas
excelencias de la “patada en la popa”, un truco que, para horror de los
marinos profesionales, ya había sido empleado con éxito el año 1989 con
el “Khark-5” y, de nuevo, el año 2000 con el “Castor” sin que nadie se
rasgara las vestiduras. En el caso del “Prestige”, sencillamente, el
cántaro se rompió camino de la fuente porque, a mi juicio, alguien
debería haber explicado “fuerte y claro” a otro alguien tres conceptos
básicos:
1) un viejo buque que se
desintegra arrojado a un tren de borrascas atlánticas que se extiende
desde Europa hasta el Canadá, apenas deja resquicio a la esperanza
2) a diferencia del
crudo, el fuel pesado casi no contiene elementos volátiles por lo que,
una vez derramado, tarde o temprano habrá que ir a recogerlo, y
3) especialmente en la
mar, nunca se debe escupir a barlovento.
Con todo, tengo la
certeza moral de que los mismos que denunciaron a los responsables
políticos por alejar el buque, les habrían denunciado por no haberlo
hecho y, ni siquiera descargarlo en Coruña al precio de manchar sus
playas con una milésima parte del fuel que finalmente se derramó, les
habría evitado una denuncia por delito ecológico. Dicho lo anterior,
quien no comparta mi certeza puede arrojar la primera piedra.
Finalmente, me gustaría
hablar sobre el tema del inevitable “malo” de la película. Al parecer,
cuando los antiguos chinos no conseguían resolver un crimen cogían a
cualquier desgraciado y le metían un puro que lo doblaban a fin de
restablecer el equilibrio entre el “ying” y el “yang” (léase “alarma
social”). He pasado diecinueve años de mi vida embarcado montando
guardia de puente y, durante otros cuatro, he sido lo que después pasó a
llamarse “Capitán Marítimo”: corporativismos aparte y hasta donde yo sé,
no he visto nada en el comportamiento profesional del Capitán Mangouras
que justifique el escarnio sufrido. Aunque su decisión inicial de
contrainundar lastres fue contraproducente en términos estructurales y
la de permitir una evacuación masiva de su aterrorizada tripulación
desacertada en términos operativos, ambas se tomaron en circunstancias
imposibles, por lo que criticarlas desde la comodidad de un sofá
carecería de elegancia. Respecto al estado del “Prestige”, lo cierto es
que tenía en regla hasta el último papel y que la estructura que se lo
cargó estaba certificada por una clasificadora seria. Cierto que se
trataba de un viejo barco tripulado por unos pobres de solemnidad con
los mínimos legales en formación y experiencia, concretamente los mismos
pobres que, trabajando por la tercera parte del sueldo, nos habían
mandado al paro en los años ochenta a los marinos españoles de mi
generación, pero como en los años sesenta la generación anterior a la
mía había hecho lo mismo con otros marinos más rubios, pues a callar. En
un sistema de libre mercado las cosas son así, o eres competitivo o te
“reciclan”, lo que no es coherente es que, tras “reciclar” la práctica
totalidad de la Marina Mercante Española para ahorrarnos un céntimo en
cada litro de gasolina, pongamos el grito en el cielo cada vez que nos
manchan la playa. Desearía poder terminar estas líneas escribiendo que
tal accidente no volverá a repetirse, pero no sería honesto;
desencantados con el inmisericorde carácter de la mar y las chapuzas
humanas, los marinos de cierta edad tendemos al pesimismo, así que buena
suerte a todos.
La mancha de petroleo
finalmente mancho las costas españolas y francesas del golfo
de Vizcaya, creando un inmenso desastre ecologico, mayor que
el del Exxon Valdez. Las corrientes desparramaron el aceite
por toda la zona, como se ve en las fotografias por satelite
que se ven abajo.
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Aquitania |
Galicia |
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Costas de
Galicia y Asturias |
Golfo de
Vizcaya, Aquitania. |
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Costas del Pais
Vasco. |
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