Historia y Arqueología Marítima

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LA “NUEVA FLOR DE LA BARCA”

Por Pedro Félix Guridi (h), Licenciado en Historia- Dic 2009

El siguiente artículo se basa en la tradición familiar transmitida al autor por su abuelo, Pedro Guridi y su padre, Pedro Félix Guridi, amén de aportes de otros parientes.

 Los párrafos encomillados en bastardilla corresponden al trabajo sobre el mismo tema de Andrés René Rousseaux, a quien agradecemos se haya interesado en él y “haya abierto camino”.

 “En diversos artículos publicados en el Diario La Calle [de Concepción del Uruguay], por destacados autores locales se han referido que la conocida balandra " Nueva Flor de la Barca" (Matrícula 2871), que fue construida el 29 de septiembre de 1879, fecha que a mi entender, no es correcta acorde la documentación obrante en el Registro de la Propiedad Naval de la Prefectura Naval Argentina, organismo rector en lo atinente al material naval de la marina mercante nacional, equivalente al registro de la propiedad o al registro del automotor que la da como construida en 1898.

En el correspondiente legajo podemos leer: "Nueva Flor de la Barca"-casco de madera de 9,80 metros de eslora, 3,88 metros de manga, 1,42 metros de puntal calando 3 pies con un tonelaje bruto de 9,60 toneladas, neto de 7,76 toneladas, carga máxima 12 toneladas, capacidad de bodega 23 m3.” (Agregamos, por nuestra parte, que al serle colocado motor el calado se modificó y alcanzó a 4 pies, aunque a proa calaba sólo 2 pies).

Efectivamente, la presunción del Prefecto Sr. Rousseaux de que la fecha de 1879 no es la verdadera es acertada, sólo que la fecha de botadura es mucho más antigua que la supuesta por él. La “Nueva flor de la Barca” fue construida en época muy anterior a todo registro, y es el buque más antiguo que hoy existe navegando en la República Argentina.

Conforme la tradición oral transmitida por mi abuelo Pedro Guridi, fue construida en los astilleros de Dock Sud, Buenos Aires y botada el 8 de febrero de 1864. El hecho de que que no exista documentación sobre este acontecimiento y sólo la tradición trasmitida de boca en boca se debe, probablemente, a que en aquellos tiempos nuestro país se hallaba en pleno período organizativo -proceso culminado en la década de 1880- y las oficinas y archivos públicos, cuando existían, funcionaban en forma harto rudimentaria. El asiento de la Prefectura que la da erróneamente como construida en 1898 -cuando ya llevaba más de tres décadas navegando- es un claro ejemplo de ello.

Ignoro quién fue su primer propietario, pero sabemos que el buque tuvo el nombre de “Fortuna” y fue destinado a transportar víveres a la isla Martín García, entonces base naval. (Me han informado que en un museo de dicha isla figura un cuadro con un buque de ese nombre. También he podido averiguar que diferentes buques de la Armada se han llamado “Fortuna” a partir de entonces). 

Al respecto, afirma Rousseaux: “En sus primeros años, se la utilizó como buque de pesca en el Río de la Plata, para posteriormente ser afectada al transporte de personas y víveres a la Isla Martín García, como también realizó viajes a las islas del Delta del Paraná y los puertos fluviales de los ríos Paraná y Uruguay.”

Lo de la actividad pesquera y los supuestos viajes a los ríos mencionados no han sido registrados por la tradición familiar y el autor que hemos transcripto no menciona la o las fuentes de donde tomó esos datos. De todos modos, en ese espacio de quince años de la “niñez” de nuestro buque (1864-79), caben tales posibilidades. Es cuestión de ahondar las investigaciones, en especial, en los archivos navales de Martín García.

Sin embargo, sólo se le “hicieron papeles” en 1879, al cambiar de dueño.

Don José Bendrich fue mi bisabuelo. El apellido original era “Bendric”,  pero  se convirtió en “Bendrich” para adaptarlo a la pronunciación castellana. Siempre según la tradición familiar, había nacido en 1858 en Barracas al norte, ciudad de Buenos Aires. Hijo de catalanes -y catalán hablante él mismo-, su padre, empero, era descendiente de austríacos. Como Austria en aquella época era bastante más extensa que en la actualidad, presumo que sería  realmente de origen esloveno o croata. Su madre, también catalana, se llamaba Cristina Salvatierra.

En 1871, al caer sobre la ciudad de Buenos Aires el flagelo de la fiebre amarilla, la familia decidió emigrar al Delta del río Paraná. Allá, casi niño aún, fue José con sus progenitores y  sus hermanos.

Se establecieron en el Río de la Barca Grande, que nace en el Paraná Guazú del lado bonaerense. Según narraba mi padre -Pedro Félix Guridi- el nombre le viene de la época de la colonia, cuando una ballenera quedó encallada en la desembocadura de este riacho en el Río de la Plata.

Navegando con la “Nueva Flor de la Barca” -a 11km/hora a motor-, entrando por el Paraná Guazú, existen dos rutas para llegar al Puerto de Frutos de Tigre. Una es remontar el “Guazú” hasta el Paraná Miní y bajar por él en pos del actual canal Nº 4. La otra, más usada en nuestros viajes, consiste en embocar el arroyo Naranjo, por él pasar al Canal de Laguna Grande y, al cabo de dos horas de navegación a partir de la entrada al “Guazú”  desembocar en La Barca. Sobre esa margen norte, unos centenares de metros río abajo, se halla la quinta que fue de Don José Bendrich. El autor de estas líneas estuvo en ella en su adolescencia en 1966. Sobre el muelle de la misma pudo ver el timón original de la “Nueva Flor de la Barca”, íntegramente de madera, con una muesca para colocar la barra de dirección.

La familia Bendrich en  la década de 1870 compró un bote que fue traído en una carreta desde Mar del Plata y  le puso de nombre “Flor de la Barca”, en clara alusión a su hogar isleño.

El 29 de septiembre de 1879 – año que coincide con su mayoría de edad- Don José Bendrich compró la balandra “Fortuna” y la rebautizó “Nueva Flor de la Barca”. Fue, pues, la segunda embarcación que llevó el apelativo “de la Barca” . Por eso lo de “Nueva”. En total fueron cinco las que lucieron ese  “gentilicio”. Aparte de las mencionadas: “El Jefe de la Barca” -un lanchón-, el “Nene de la Barca” -también lanchón- y “El Progreso de la Barca” -un barco con casco de hierro.

Hoy día, desde la vieja casona de los Bendrich se accede al canal Arana, casi enfrentado a ella que,  en cinco horas más –a velocidad siempre de la “Nueva Flor de la Barca”- lleva al Puerto de Frutos, tras arribar al “Miní”. De éste, por los canales Nº4 y Gobernador de la Serna al Paraná de las Palmas y desde aquí , por el Canal Gobernador Arias al río Luján.  En aquellos tiempos no existían tales canales y era indispensable salir al río de la Plata para arribar al canal San Fernando, que era el primer puerto accesible para los deltaicos. Se comprende así la necesidad de una balandra.

El censo de 1895 registra a José Bendrich y su familia viviendo en “la lagunita de La Barca”, es decir, en el mismo sitio que hemos señalado. Está casado y ya le han nacido seis de los catorce hijos que tendrá. Entre ellos se encuentran Pablo, de seis años, que adulto será propietario del buque “Gobernador Laurencena” que navegará por el delta entrerriano y Felipe León, de un año, padre de la escritora zaratina Erica Bendrich de Floux.

La “Nueva Flor de la Barca” era una balandra, es decir, velero de un solo palo con cubierta. Izaba una vela mayor (cangreja) sobre la botavara de popa y el pico. Una trinquetilla, sobre otra  botavara hacia proa y un foque, vela de cuchillo izada por delante de aquélla. Ignoro si arbolaba gafe de tope o “escandalosa”, vela complementaria que solía izarse sobre el pico. El mástil original del barco en cuestión tenía como el doble de la altura del que tuvo después (ver foto) y, por lo menos hasta la década de 1980 se hallaba aún enhiesto con sus jarcias y cruceta junto al muelle de la isla Juanicó, en el delta del río Uruguay. Igualmente, el botalón que lució en las últimas décadas no era el original. Éste, compuesto de dos piezas, bauprés y astolina, fue retirado cuando se le colocó motor.

Rousseaux afirma: “ Fue construida por los afamados astilleros de José Badaracco y Cía. ubicado en la "Vuelta de Badaracco" en la Boca del Riachuelo en el mes de julio de 1898.”  Probablemente se trate de una reparación a que fue sometido el buque pues, para ese entonces, como se ha expresado, ya contaba más de treinta años de navegación.

“Su casco tenía líneas puras -al decir de los entendidos en buques veleros- que hacían que se destacara entre sus iguales. A principios del siglo XX.. fue motorizada…”

Ciertamente, el 17 de julio de 1907 se convirtió en el primer buque de la República Argentina propulsado por motor naftero. Un detalle digno de mención de este primer motor era que no poseía cambio de marcha a engranajes, sino un dispositivo unido al eje de la hélice que modificaba el paso de las aspas y así hacía retroceder al barco. A causa de este cambio fue oportunamente recategorizada oficialmente con la “exótica” y contradictoria denominacion de “balandra a motor”.

Mi padre me señaló más de una vez los orificios en cubierta donde, antes de la instalación del motor, se colocaban los dos remos necesarios para impulsar el buque por los estrechos riachos deltaicos cuando no había viento. El de estribor se hallaba colocado casi en la popa y el de babor a media eslora.

Por esa época aparece en escena un navegante que previamente se había desempeñado -desde 1898-  como marinero en varios buques. Nacido en 1881, Pedro Guridi, mi abuelo, era oriundo de Concepción del Uruguay, de rancia estirpe vasca de Guipúzcoa. Pronto entró en sociedad con Don José Bendrich y en 1915 se convirtió en su yerno.  Sería el siguiente dueño de nuestro barco.

“El 13 de octubre de 1924, pasó a propiedad del Sr Pedro Guridi (padre) acorde escritura pública realizada ante el escribano Emilio J. Pérez de la Ciudad de Bs. As...”

Pedro Guridi también se estableció en La Barca, en la margen opuesta a la vivienda de los Bendrich. Sus hijos fueron: Pedro Félix Guridi (1916-89); María Elsa (1917-89); Jorge Alberto (1919-47) y Américo Orlando “Pocho” (1927-95).

La “Nueva Flor de la Barca” navegó entonces hasta Tigre y San Fernando, y en ocasiones hasta el puerto de Buenos Aires. También comenzó a llevar fruta del delta, madera y otras mercaderías a los puertos del río Uruguay hasta Concordia, habiendo pasado el Salto Grande en alguna ocasión en que el río se hallaba crecido.

Asimismo, surcó  el Paraná en el mismo menester, donde navegó tanto por la región de las Lechiguanas como así también efectuó repetidos viajes a las ciudades de Paraná, Diamante y Santa Fe. Fue en una de estas idas a Paraná  que Don Pedro se entrevistó con el entonces gobernador de Entre Ríos, Sr. Eduardo Tibiletti, para solicitarle instalara una escuela en las islas del río Uruguay. El buque tenía entonces un nuevo motor, un Bolinder diesel.

Hacia 1930, por problemas familiares, Don Pedro retornó definitivamente al río Uruguay llevando consigo a sus hijos.  Se estableció primeramente en la isla Juanicó, donde quedó luego su hijo Américo a cargo del almacén de ramos generales que había establecido. Luego fue a vivir al Volantín. Ya casi octogenario, regresó a su natal Concepción del Uruguay. Los hijos varones de Don Pedro, en particular Pedro Félix y Jorge Alberto, acompañaban desde niños a su padre en el barco de marras y, antes de llegar a adultos comenzaron a hacer viajes solos.

“Don Pedro Guridi, fue pionero de la colonización de las islas del "Delta del Uruguay", habiendo sido el "Primer Alcalde de la Islas", y gracias a sus gestiones se materializó la Escuela Flotante República Argentina,  inaugurada el 29 de marzo de 1936 con la presencia del Sr. gobernador de la provincia de Entre Ríos Dr. Eduardo Tibiletti. Hoy esta escuela tiene su asiento en la Isla "Juanicó".  El Sr Guridi la afectó al transporte de víveres y personas a las islas del delta del río Uruguay, ubicadas al sur de Concepción del Uruguay, comerciando en su condición de "acopiador" de cueros de nutria, lobito de río carpinchos etc, adquiriendo además miel, cera, carbón vegetal, paja, leña y otros productos que eran llevados para su venta a los puertos de San Fernando y Tigre (Provincia de Bs. As).” Algunas veces llevó cargamentos de harina de Concepción del Uruguay a Gualeguaychú, pues no había caminos idóneos.

“El 14 de febrero de 1939, fue transferida por venta realizada a Don Juan Chiozza en la suma de $ 3500 pesos m/n acorde escritura realizada ante el escribano local Don Diógenes Vallarino (antecedentes del Registro de la Propiedad Naval de la PNA).”

“El 30 de octubre de 1943, vuelve a ser propiedad de la familia Guridi, siendo adquirida por Pedro Félix Guridi en la suma de $ 3000 pesos m/n acorde escritura pública labrada ante el Escribano Don Rodolfo Cassano (antecedentes del Registro de la Propiedad Naval de la PNA).”

Don Juan Chiozza Traverso era un vecino de mucha confianza que vivía contiguo a la casa de Don Pedro en Concepción del Uruguay. Ignoro el motivo por el que se hizo esa venta, a todas luces simulada, pues el barco jamás salió del poder de  mi familia.

En verdad, aproximadamente hacia 1940, la “Nueva Flor de la Barca” pasó a mi padre, Pedro Félix Guridi. Mi abuelo Pedro quedó con el lanchón “Nene de la Barca” -que luego transfirió a su otro hijo Américo- y con la chata “Amable Ramona”.  No obstante, Este último, Américo “Pocho” Guridi jamás fue propietario del buque que nos ocupa. Aparte del “Nene de la Barca” poseyó el “Progreso de la Barca”, primer barco de casco de hierro de la familia. El primero terminó sus días despedazado en una playa en el arroyo Molino, al norte de Concepción  del Uruguay. En cuanto al segundo, sus restos yacen cerca de la entrada al río San Salvador (ROU), donde una noche de 1960, hallándose fondeado, fue embestido por otro buque y naufragó pereciendo sus dos tripulantes. Más adelante, mi tío Américo fue propietario  de el “Glorioso”, el “Repamar” y más tarde, de la chata a motor “Ramos Mejía II”.


Nota enviada pro el Sr. Guridi con fecha 12.05.2010:

 http://www.cibernautica.com.ar/avisos/informacion.htm   En el mismo pude hallar la siguiente información que reproduzco:

SUBJET:=Informe de navegantes
OBSERVADOR=Velero "Modorra"
INFORMACION=En ruta al Río Negro, en el río Uruguay a la altura de Punta Cabeza del Negro, entre el Río Salvador y Puerto Aldao (posición exacta Lat. 33º 31,450' S - Long 58º 26,065' W.), hay algo metálico sumergido que con la marea a nivel normal vela al pelo del agua y no figura en las cartas. En el momento en embestirlo la profundidad en el lugar era de 2,5 metros aprox. A esa altura el canal se acerca a 300 mts. de la costa, la obstrucción está entre esta y el veril del canal.
 Pablo Fernandez. Velero “Modorra”.
pablofs@fullzero.com.ar

FECHA Y HORA=21/01/2004

Con ayuda del  programa "Google Earth" ubiqué las coordenadas en el mapa y ellas coinciden, con una notable  precisión, con la ubicación del casco del "Progreso de la Barca". Puedo así afirmar, con un alto nivel de certeza, que el objeto metálico hallado por el navegante en cuestión es el buque naufragado. Lamentablemente, no pude hacer contacto con el informante pues ese correo ya no existe.
Esto es todo por ahora. Un cordial saludo

Pedro Félix Guridi (h)


Entre 1940-45, el gobierno entrerriano subsidió a la “Nueva Flor de la Barca”, la que actuó en calidad de “mensajería isleña” pues desempeñaba un servicio público postal, de transporte y asistencia único en el delta del Uruguay, sito entre las ciudades de Concepción del Uruguay y Fray Bentos.

"La Nueva Flor de la Barca" fue por muchos años, la esperanza de los isleños, su llegada representaba, la harina para el pan que escaseaba, el remedio que se había encargado para el enfermo, el traslado de la pareja que se iba a casar o a los "gurises que iban a la escuela de Juanicó", y también más de una vez , fue el coche fúnebre , llevando al fallecido a "tierra firme" para que recibiera "cristiana sepultura".  En cierta ocasión -contaba mi abuelo Don Pedro- hasta  le tocó llevar en el buque a un sacerdote de Gualeguaychú, el padre Jeannot, a los fines de “cristianar” a la multitud de niños nacidos en las islas del río Uruguay que, algunos en edad escolar ya, no habían recibido aún el bautismo. Demás está decir que como padrino de todos ellos figuró Pedro Guridi.

Para esa época se le había cambiado nuevamente de motor. Se le instaló en reemplazo del Bolinder un motor diesel Otto Deutz de dos cilindros y 25 HP, modelo 1925. En total, pesaba unas tres toneladas. Un tercio de ese peso correspondía al volante, una pieza maciza de acero. Una particularidad de este motor era que, al contrario de otros diesel de factura anterior que requerían se les calentase la “bocha” que tenían en la cabeza de los cilindros al rojo para darle arranque, poseía dos clavas acodadas a las que se les agregaban “cigarrillos” hechos con papel secante. Se  encendía éstos y se atornillaba las clavas en un orificio especial que tenía cada cilindro. A continuación, se ponía en funcionamiento el motor recurriendo a un tubo de aire comprimido. Nunca más volvió a cambiársele motor al barco, por lo menos hasta 1989, en que salió de la familia.

Fue entonces -como se dijo- que mi padre, Pedro Félix Guridi, se hizo cargo del buque. Emprendió radicales transformaciones del mismo que le dejaron de balandra sólo el nombre. Quitó el aparejo de velas y le colocó el mástil y el botalón que se ven en la foto. Desmontó el extenso y bajo rufo que formaba el castillo de popa y le hizo instalar un casillerío de chapa de hierro, con una toldilla del mismo material que cubría toda la obra muerta desde la timonera hacia atrás. Le hizo agregar también una barandilla en la parte techada, más de medio metro por encima del bordo. Aparte, la dotó de una timonera -lo que implicó reducir la escotilla de la bodega- con tres puertas, una de las cuales por un sistema de trampa daba a la sala de máquinas. Dotó además a esta cabina de una rueda de timón en reemplazo de la antigua palanca que se manejaba desde popa. Detrás de la timonera hizo construir un comedor -coincidiendo con el emplazamiento del antiguo rufo-, el que contaba además con un banco-cucheta. A popa del comedor se hallaban, a estribor, la cocina, equipada con una cocina a leña, marca “Isthilart” y a babor, un baño, con inodoro y una palangana que hacía de lavabo. Entre el comedor y la puerta de este baño había otra puerta que, por una escalerilla, daba paso a las dos cuchetas de popa. En la proa, que no fue modificada, había un pequeño rufo cuya escotilla llevaba a otras dos cuchetas, donde además se guardaban los cabos de amarre y el lonerío. Visto desde estribor, se notan (foto) tres ventanas, las dos primeras son las del comedor –que poseía dos puertas abiertas una a cada  banda- y la tercera es la de la cocina.

Así equipado, durante el día se le colocaban al buque dos toldos en cubierta, delante y detrás del mástil, respectivamente. El toldo delantero se sostenía además por dos candeleros desmontables que se colocaban al comienzo de la amura. Además, del lado que daba el sol se le colgaban dos cenefas, la primera desde proa al comienzo de la toldilla y la segunda desde allí hasta popa. Era muy laborioso mantener esa cubierta de madera, que se calafateaba cada tanto con pabilo y masilla y se pintaba de naranja, en tanto que el casco y el casillerío eran blancos y la tapa de regala celeste, siendo los escobenes pintados también de naranja. La parte superior de la toldilla recibía pintura de aluminio, en tanto que bajo la línea de flotación se pintaba con cobre.

En mi adolescencia le pregunté una vez a mi padre qué quedaba realmente del buque original. Me respondió que el derecho de proa y la quilla. Todo lo demás había sido reemplazado pieza a pieza con cada reparación. Éstas se efectuaban en la década de 1950 en un astillero de la ciudad de Paysandú (R.O.U.). En la década siguiente en el Tigre, en el astillero Pagliettini, si mal no recuerdo,  A partir de julio 1967, que fue una de las últimas veces que se lo sacó a tierra, las reparaciones se espaciaron por el alza constante del precio de la madera. Entonces, se procuró hacer en la misma Concepción del Uruguay reparaciones de emergencia para mantenerlo en navegación, tratando de minimizar el deterioro.

“Tuvo una destacadísima actuación en las grandes crecientes del río Uruguay de mayo de 1941 y abril de 1959 evacuando familias y ganado de las islas, en estrecha colaboración con los efectivos de la Prefectura que participaban en la emergencia.”

Desaparecida la mensajería isleña, desde mediados de los cuarenta hasta fines de la década de 1960, dos tareas llenaron el tiempo de la “Nueva Flor de la Barca”, con atracadero en el puerto de Concepción del Uruguay.

Por un lado, Pedro Félix Guridi se dedicó a servir a las numerosas dragas que entonces llenaban el río Uruguay extrayendo pedregullo –canto rodado- con destino a la edificación en Buenos Aires. El barco hacía el servicio de la draga. Esto es, transportaba las tripulaciones de relevo o cuando comenzaban o terminaban los francos de éstas, les llevaba los víveres para la semana y a veces un tambor de aceite de máquina, como así también repuestos que le entregaban los talleres. Igualmente llevaba a los visitantes, ya fuese el empresario de la draga en cuestión, el capitán de armamento u otra persona. Mientras permanecía amarrada a la draga, la “Nueva Flor de la Barca” hacía las veces de remolcador, pues acercaba las chatas que se hallaban fondeadas en las cercanías para cargar y retiraba a su fondeadero a las ya completas, en espera del remolcador que las llevaría a Buenos Aires. En algunos casos también se encargaba de llevar a descargar  la chata barrera, embarcación sin motor que en los yacimientos con mucha arena o barro se cargaba por el costado opuesto de la draga al que estaba el  buque que recibía la piedra y luego era vaciada por el fondo –mediante un dispositivo a modo de compuerta- lejos del canal de navegación.

Sucesivamente, Pedro Félix Guridi hizo los servicios mencionados con su barco a las siguientes dragas: primeramente, la “Patria”, pequeña draga sin propulsión propia que tenía la particularidad de poseer la “escalera” o aparejo para dragar ubicada en popa, al revés de todas las otras dragas que lo tenían a proa.  A mediados de los 50’ estuvo con la draga “Nimmersat” (“Insaciable”), conocida popularmente como “La Alemana”. Otro “buque” peculiar, ya que era una balsa tripulada en su totalidad por emigrados alemanes arribados al país luego de la Segunda Guerra Mundial. Este  original ingenio era propiedad de la Srta. Lambrich, de nacionalidad belga. En dicha  balsa se había montado un equipo de dragado que tenía la originalidad de estar propulsado íntegramente por motores diesel, cuando todas las demás dragas eran movidas a vapor. Por otra parte, la “Nimmersat” carecía de propulsión alguna y también de timón, era propiamente un pontón. Luego, en diversas épocas laboró para las dragas “La Paz”, y la “Rocca” –con esta última trabajó en diversas oportunidades siendo tal vez la que más veces sirvió-. También con la draga “Nº10”, y un buen tiempo con la gran “Aldosivi” –la segunda en tamaño de todas las del río Uruguay, propulsada por dos máquinas de vapor de dos cilindros cada una- y también la draga Nº1, propiedad de la familia Campodónico.

En este tiempo el puerto de Colón era “de facto” la base de operaciones de nuestro buque ya que la mayoría de las tripulaciones de las dragas eran reclutadas en esa ciudad.

Por el otro lado, cuando la actividad de las dragas mermaba, quedaba a la “Nueva Flor de la Barca” hacer el antiguo trabajo: en especial en los meses de verano, navegar hasta el Puerto de Frutos de Tigre, cargar allí o en las quintas isleñas frutas y verduras y regresar a venderlas al menudeo en el puerto de Concepción del Uruguay. Se ponían entre 24 y 28 hs. en hacer  el trayecto entre ambas localidades. Lo notable es que el buque no tenía diferencia de velocidad vacío o cargado. De hecho, “gobernaba” mejor con carga plena. Resabio de su época de velero.

En los duros años de finales de los 60, de decadencia de la navegación, esta actividad frutera se hacía a falta de otra. Era algo tradicional que poco a poco iba siendo arrinconado por la competencia de los camiones. La construcción del complejo Brazo Largo-Zárate puso punto final a esta época. El último viaje habrá sido hacia 1971.

El autor de estas líneas (1949...) acompañó a su padre Pedro Félix como simple pasajero cuando niño y, a partir de su adolescencia y hasta comienzos de 1972 como marinero de la “Nueva Flor de la Barca” en tiempo de vacaciones. Se constituyó así en el postrero vástago de la última familia de navegantes que surcó el río Uruguay, clausurando de esta manera una etapa histórica en la navegación fluvial, luego de cuatro generaciones embarcadas.

A partir de 1973 el barco volvió a trabajar con empresas pedregulleras, esta vez, de propiedad de un tal Deganis.

Hacia 1976 Pedro Félix Guridi se jubiló y continuó navegando con su buque efectuando tareas esporádicas o deportivas. Entre estas últimas se contaba, en lugar destacado, el escoltar y dar apoyo logístico a los participantes argentinos de la Regata Internacional a Vela desde la Meseta de Artigas a Paysandú. También llevar remeros y nadadores de Concepción del Uruguay a esa ciudad uruguaya.

Como dice Rousseaux: “En diversas ocasiones, la balandra trasladó a delegaciones deportivas de los clubes locales a puertos de la vecina República Oriental del Uruguay en oportunidad de la realización de eventos internacionales.”

Una particularidad -de las muchas que acumuló la “Nueva Flor de la Barca”- es la de haber servido de vivienda. Efectivamente, fue el hogar de Pedro Félix Guridi en su soltería y cuando se casó (1948) por varios meses. Tanto es así que quien estas líneas escribe fue concebido a bordo de ese barco, de tal manera que el ruido de su motor Otto le sonó siempre a canción de cuna y jamás tuvo problemas para conciliar el sueño pese a que era algo ruidoso y el dormitorio de popa se hallaba contiguo a la sala de máquinas.

El 18 de abril de 1989, Don Pedro [Félix] Guridi, transfirió la balandra con "carácter de donación definitiva" a su hija Zulma Nilda Guridi residente en la localidad de [Posadas], Provincia de Misiones, interviniendo en la parte notarial el escribano Roberto Miguez Iñarra, siendo inscripta en el Registro de la Propiedad Naval de la PNA el 13 de julio del mismo año (Expte I-5408-c-c-1989).

Tras fallecer Pedro Félix Guridi poco después, “…la embarcación quedó fondeada en la desembocadura del arroyo "Molino" en el Itapé , próximo al lugar donde había estado el "Patagonia" sede del Club Regatas Uruguay.”

 “La falta de cuidado motivó que la embarcación sufriera la acción de vándolos, que produjeron roturas y robos de diversas partes de sus máquinas y estructura.”

Aparte de ello, en ese apostadero y, falta de mantenimiento, la embarcación “se fue a pique” varias veces porque el deterioro de su casco hacía necesario un frecuente bombeo del agua que se acumulaba en su sentina y ya no estaba mi padre para hacerlo. La simbiosis se había roto. Fue entonces cuando Américo Guridi, el hermano menor del fallecido Pedro Félix, acudió varias veces al salvataje.

Esa situación insostenible provocó la lógica salida, la venta del muy querido buque a una familia –cuyo apellido este autor desconoce- de Buenos Aires. No nos hallamos en  condiciones de corroborar ni desmentir la versión de Rousseaux de que se trataría de gentes de “… la zona de Escobar (Prov de Bs As) donde habría sido trasladada y sometida a importantes reparaciones y se encontraría "en servicios",no constando lo expresado en los registros matrices de la Prefectura Naval Argentina.”

Lo que sí sabemos por información directa de Zulma Nilda Guridi es que los nuevos adquirentes desmontaron toda la superestructura construida por Pedro Félix Guridi y la reemplazaron por un rufo bajo al estilo del primitivo, transformándola así en un yate y … por ahí dicen haberla visto navegando en el río de la Plata como en los viejos tiempos.

“Lamentablemente la centenaria balandra "Nueva Flor de la Barca" no quedó en nuestra ciudad, a cuyo patrimonio histórico está incorporada y de haber sido adquirida por algún concepcionero amante de la náutica o de una entidad de la ribera (según comentarios de un antiguo socio, el Yacht Club Entrerriano había estado interesado en su compra) nos habría permitido seguir viendo su esbelta silueta en la ribera de nuestro…”

Conmovedora afirmación del Sr. Rousseaux. Mas, modestamente –y esa era la idea de mi padre, Pedro Félix Guridi- el verdadero lugar de la “Nueva Flor de la Barca” hubiera sido un museo por su condición de decana de la navegación fluvial argentina, que ahora  se acerca al siglo y medio de su botadura.-

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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