Historia y Arqueología Marítima

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EL "CLEOPATRA"

 

 

Las ciudades de Roma, París, Constantinopla, Nueva York y Londres poseen algunos de los famosos obeliscos egipcios. conocidos algunos también con el nombre de Agujas de Cleopatra. El transporte de uno de estos enormes blocks de piedra a su nuevo destino desde lejanos puntos de Egipto, no dejaba de causar sus buenos dolores de cabeza a los encargados de tan ardua tarea.

Las verdaderas Agujas de Cleopatra (Cleopatra's Needle) es el nombre anglosajón de una pareja de obeliscos ordenados esculpir por el faraón Tutmosis III en el siglo XV a. C. Los obeliscos fueron esculpidos en granito rojo, miden cerca de 21 metros de altura, pesan unas 180 toneladas y están inscritos con jeroglíficos egipcios. Fueron erigidos originalmente en la ciudad de Heliópolis alrededor de 1450 a. C. Posteriormente fueron trasladados a Alejandría, por deseo de César Augusto. En el siglo XIX fueron trasportados a Londres y Nueva York respectivamente.

A veces se denomina por error Cleopatra's Needle al obelisco erigido en la Plaza de la Concordia de París, esculpido en tiempos del faraón Ramsés II y obsequio a Francia de Mehemet Ali en 1826. Sin embargo, este obelisco nunca estuvo en Alejandría junto a los dos anteriores, y su pareja todavía se encuentra en el templo de Luxor.

El granito provenía de las canteras de Asuán, cerca de la primera catarata del Nilo. Las inscripciones fueron ordenadas grabar unos doscientos años después por Ramsés II, para conmemorar sus victorias militares. Cuando fueron trasladados a Alejandría en el año 12, se instalaron en el Caesarium (un templo construido por Cleopatra) pero fueron derribados más adelante. Gracias a que quedaron enterrados, se conservaron la mayoría de los jeroglíficos a salvo de la acción atmosférica

Obelisco de Londres

La aguja de Londres está en Westminster. Fue un regalo al Reino Unido que Mehemet Ali hizo en 1819, en conmemoración de las victorias de Lord Nelson en la batalla del Nilo y de sir Ralph Abercromby en la batalla de Alejandría de 1801. Aunque el gobierno británico agradeció el gesto, declinó financiar el costo de transportarlo a Londres, por lo que permaneció en Alejandría hasta 1877, cuando sir Erasmus Wilson, patrocinó su transporte a Londres. Fue erigido en el Embankment (Londres), a orillas del Támesis.

Obelisco de Nueva York

La aguja de Nueva York está en Central Park. Tras la apertura del canal de Suez en 1869, Ismail Pasha ofreció uno de los obeliscos a Estados Unidos con la esperanza de cultivar las relaciones comerciales, formalizando el hecho su hijo y sucesor Tewfik Pasha en 1879. William H. Vanderbilt financió el traslado, y el obelisco quedó instalado en el parque en 1881.

Carga del obelisco en el SS Dessoug para Nueva York

Hay que considerar que la mayoría de los mismos se transportaron en lejanas épocas de conquistas, donde no se tenían los modernos buques de carga capaces de tragar en sus grandes bodegas hasta una docena de enormes locomotoras con la ayuda de poderosas grúas. Veremos en el presente relato, cómo se ingeniaron en el pasado para transportar uno de los mas famosos de esa época. Los ingenieros ingleses, a quienes se confió la tarea de su transporte, se encontraron ante un arduo problema y con seguridad habrían consumido mucha aspirina si hubiera existido. La cuestión era que tenían una enorme carga, pero no el barco capaz de efectuar su transporte. Por fin resolvieron algo nunca visto en el mundo: ¡construyeron el barco alrededor de su carga! Así una vez navegó un enorme cilindro con una cabina y unas velas sobre su cubierta, pero con un valioso obelisco en sus entrañas.

Cuando las tropas inglesas al mando del Gral. Abercromby triunfaron en la batalla de Alejandria, algunos de sus oficiales concibieron la idea de llevar alguno de los muchos obeliscos diseminados en el desierto de Egipto, ubicarlo en una plaza de Londres y asi recordar el triunfo de sus armas.

El obelisco por ellos elegido fue uno de los cuatro que un faraon hizo cortar de las montañas ubuicadas mas o menos a 1200 kms arriba del Nilo., para ser levantadas frente al templo del Sol en Heliópolis, cerca de la desembocadura del Nilo. Estuvieron en ese templo 1.500 años hasta que Octaviano en su marcha triunfal resolvio llevarselos a Cleopatra para ser erigidos en honor a ella en la ciudad de Alejandria. Alli se encontraban tumbados y semienterrados en la arena cuando llegaron los soldados de Abercromby.

Los ingleses reunieron 7.000 libras y se dispusieron a trasladar, arrastrando, una de las piedras, pero su enorme peso y la necesidad de aparejos especiales terminaron con esta tentativa.

Diecinueve años transcurrieron hasta que en el año 1820 el Khedive de Egipto Mehmet Alí, propuso al entonces cónsul de Inglaterra Samuel Briggs y para demostrar su agradecimiento por la ayuda prestada por los ingleses en sus guerras, la construcción por su cuenta de un muelle especial para poder cargar el obelisco. El regalo se aceptó, y W. H. Smythe fué el encargado por el gobierno inglés, para efectuar los estudios de transporte. No obstante, pasaron 12 años, hasta el año 1832 cuando nuevamente se consideró este intento esta vez seriamente; grandes debates se suscitaron en el Parlamento. En esa oportunidad, uno sus miembros, un tal Joseph Hume, solicitó una fuerte suma para costear su traslado a Inglaterra. El escandalo fue tal, que el ya famoso obelisco quedó en el olvido hasta que, 35 años después, el asunto fué nuevmente considerado.

En 1867 el Teniente General Sir James Alexander ) en la Sociedad Real de Edinburgh dio una conferencia referente al Obelisco de Alejandría y su traslado a Londres. Ocho años después se trasladó Sir Alexander ex profeso a Egipto para considerar esa posibilidad. Durante su permanencia en Alejandría, trabo relaciones con un competente ingeniero, John Dixon; conjuntamente estudiaron el asunto y llegaron la conclusión gue el transporte, aunque difícil, era factible. Vuelto Sir Alexander a Inglaterra en el año 1876 se unio a sus esfuerzos el famoso egiptólogo Ersamus Wilson. Con tan entusiasta colaborador fué fácil reunir a varios técnicos y bajo la direccion del ingeniero John Dixon se firmo un contrato para llevar por fin el obelisco a Inglaterra. Sir Erasmus Wilson donó 10.000 libras para poder iniciar los primeros trabajos, esperando que el gobierno facilitaria el resto de la suma necesaria.

Nuevamente la indiferencia del gobierno defraudo todas las esperanzas, y únicamente con la ayuda algunos entusiastas se mantenía aún en pie el proyecto.  Setenta y cuatro años de inútiles trabajos y cabildeos no intimidaron a un núcleo de entusiastas caballeros que formaron una comisión para lograr que por fin el obelisco se encontrara ubicado en algún sitio de Londres.

El gobierno facilitó únicamente un terreno frente a la Terraza Adelphi y sobre el Victoria kay. El ingeniero Dixon construyó un facsímil en madera del obelisco en tamaño natural y el mismo fué ubicado en el sitio destinado. En esa forma se logró que se aprobara definitivamente su ubicación. Recién entonces la comisión se dedicó de lleno a la tarea de su traslado a Inglaterra.

El plan de John Dixon consistió en la construcción en un astillero inglés, de un cilindro de hierro con capacidad suficiente para mantenerse a flote con el enorme peso gue debía llevar en su interior. Construido en secciones gue permitirían llevarlo al desierto para armarlo alrededor del obelisco y, gracias a su forma cilindrica, llevarlo rodando hasta el Nilo y de allí por un canal especialmente dragado, hasta un astillero cercano al mar para terminar de darle condiciones para la travesía hasta Inglaterra. Aprobado este plan, se encomendó la construcción de esta curiosa embarcación a los talleres metalúrgicos Themse en Millwall. Sus medidas eran las siguientes: eslora, 28 metros; manga, 4,50 metros, divididos en diez secciones desarmables y estancos.

Este barco fue bautizado como CLEOPATRA y seria comandado por el capitan Carter. Tenia una proa y popa verticales, un timon, dos quillas, un mastil para balancear velas y una caseta en cubierta, era un ponton flotante.

Su lastre serían 12 toneladas de vías viejas convenientemente aseguradas a su fondo. Esas vías al desprenderse sus ligaduras, casi provocaron durante la travesía el hundimiento del obelisco. Terminadas las piezas gue formaban el cilindro, se llevaron a Egipto y con ellas el capitán Henry Carte con algunos obreros ingleses gue deberían armar el cilindro alrededor de su carga. Una vez llegados al sitio en gue se encontraba la misma, una nueva dificultad parecía oponerse a las tenaces tentativas de traslado.

Durante los muchos años transcurridos, las tierras en las cuales se encontraba el obelisco, pasaron a propiedad de un griego llamado Giovanni Demetri, guien se opuso tenazmente a la extracción de una piedra de la cual se consideraba único dueño. Despues de largos trámites y muchas dificultades se consiguió gue por medio de unos cuantos regalos, este señor permitiera su extracción. Gran cantidad de nativos contratados por el ingeniero Dixon, cavaron la arena alrededor del obelisco y a medida gue dejaban el mismo en descubierto, se armaban alrededor del mismo las divisiones y planchas gue formaban el barco. Durante las excavaciones se descubrieron gran cantidad de piezas de gran valor argueológico, como también algunos cráneos y restos humanos, gue convenientemente embalados se trasladaron en cajones a bordo del "Cleopatra" al iniciar su travesía rumbo a las costas de Inglaterra.

Todo estaba listo. El obelisco con el correspondiente lastre se encontraba dentro del hermético cilindro. Lentamente, con centenares de árabes tirando de los cabos, lo fueron rodando hacia las aguas del Nilo previamente canalizado. Su caída al agua fué impresionante; un momento de zozobra siguió a la misma, ¡pues el enorme cilindro no reapareció en la superficie! El desaliento fué enorme. Tanto trabajo, muchos gastos y sacrificios, todo perdido. Felizmente pronto se comprobó que en su caída hasta el fondo cayó sobre una roca que al perforar una de sus secciones retuvo el cilindro en el fondo. Al moverse el mismo se desprendió, y gracias a ser sus secciones estanques el obelisco se salvó de quedar sepultado en el fondo del Nilo.

Reparada la avería, fué remolcado por dos pequeños remolcadores hasta un astillero en las proximidades de Alejandría, donde en unas cuantas semanas se terminó de construirle sobre cubierta, una cabina para la tripulación, un timón, dos quillas laterales de estabilidad, mástil, velas y en su interior varias escotillas a través de los tabiques para poder inspeccionar su interior durante la travesía.

   El tamaño de las mismas era el necesario para dar paso a un hombre. El aspecto de semejante barco provocaba por parte de los viejos lobos de mar los más risueños comnientarios. No había marino que llegado al puerto de Alejandría, no se trasladara al astillero para admirar ese barco. La mayoría de ellos afirmaban que semejante barco jamás llegaría a su destino, y si no se hundia en el Mediterráneo, el golfo de Vizcaya con seguridad no lo podría cruzar.

La estación propicia ya estaba bastante avanzada cuando se dió término a los preparativos para la travesía. El capitán Cárter estaba cada día mas preocupado, los comentarios desfavorables aumentaban a medida que se aproximaba el día de a partida.

En toda la costa del Mediterráneo no le fué posible encontrar tripulantes dispuestos a embarcarse en el "Cleopatra". Más aún, cuando se corrió la voz de que en sus bodeqas o sea en su interior, llevaba cajones con restos humanos, los marineros supersticiosos aseguraban que ni por la mejor paga del mundo lo acompañarían. Mientras el capitán Cárter estaba a la caza de tripulantes, se estaba considerando quién y cómo se remolcaría al "Cleopatra" a su destino, pues con su pequeño velamen naturalmente no podría independizarse.

La finalidad del mismo era únicamente darle al barco alguna estabilidad y en todo caso para aliviar al remolcador en caso de vientos de popa. Por fin, el capitán Booth del vapor "Olga" se ofreció a remolcar con su barco al "Cleopatra" por la suma de 1.000 libras.

Al capitán Cárter le pareció una suma fantástica y le ofreció la mitad. El capitán Booth le respondio que si le parecía fácil remolcar semejante barco durante 3.000 millas, desde Alejandría hasta Falmouth que se buscara otro dispuesto a ello; él bien sable que no sería tan fácil. Finalmente se pusieron de acuerdo y por 900 libras se cerró el trato. Se estipuló que en caso de tener que abandonar el remolque, él cobraría la parte proporcional del recorrido hecho. Ultimados otros pequeños detalles y conseguidos 7 tripulantes, malteses todos ellos, resolvieron hacerse a la mar a la brevedad posible. La tripulaicón, el capitán Cárter, 5 marineros que recibían como única paga 20 libras cada uno por toda la travesía, un contramaestre (25 libras; y un carpintero (50 libras).

El 21 de septiembre de 1877 salió el "Olga" con el "Cleopatra" del puerto de Alejandría. Un cable de acero de más o menos 300 metros los unía. El primer día fué espléndido, el Mediterráneo parecia un lago. Al día siguiente se levantó una pequeña brisa y una leve marejada hacía guiñar al "Cleopatra", era demasiado, el barco remolque sufria violentos tirones que estremecian su casco al estirarse y contraerse el cable de remolque.

La preocupacion de Cárter iba en aumento: ¡si con tan poca marejada hacia esto, qué sería en un temporal!. Pasado ya al final de ese día, el capitán Carter tenia la idea de esperar lo peor; desde ese momento su preocupación era la atención del timón de manera de evitar las peores consecuencias. Los rolidos eran espantosos. La tarde del mismo día aumentó el viento y toda su tripulacion estaba mareada. El capitán solo en el puente no lo podía abandonar un momento. Desde el puente se escuchaba el qemir de sus asustados marineros; muchos atribuían la causa de todos estos males a la presencia de los restos macabros que llevaban a bordo!

Por favor le pedían a su capitán que llegara al puerto de Valetta y los dejara desembarcar: si esto fuera tan fácil! Las señales convenidas entre los dos barcos no se podían llevar a cabo de noche; su sistema era de lo más curioso: una pizarra negra y grandes letras hechas con tizas como la única forma como se podían entender, logicamente eso de noche no era posible. En realidad se podían considerar incomunicados apenas empeorara un poco el tiempo. Esa noche el capitan hizo tranquilizar a varios de sus marineros dándoles alguna bebida fuerte y les prometió que para el día siguiente iba a mejorar el tiempo; sus propias dudas se las guardó para él. Los días siguientes el tiempo estaba peor. El capitán confió el timón a uno de los pocos que estaban en condiciones de atenderlo y se trasladó al interior del barco para inspeccionar el estado el casco. Con una vela por única luz se fué arrastrando por el fondo del cilindrico barco revisando cada una de las secciones. En una de ellas se le cayó la vela y no teniendo fósforos para encenderla tardó más de dos horas para salir e ir cerrando las divisiones, todo en plena obscuridad y casi sin aire respirable.

Mientras tanto entre los tripulantes cundía el pánico, pues ya creían que estaban perdidos faltándoles su capitán, el único que todavía los ayudaba con el ejemplo de su tranquilidad. Al aparecer nuevamente entre ellos, todos sus males desaparecíeron como por encanto. Mientras tanto el "Olga" con su débil máquina apenas avanzaba hacia el estrecho de Gibraltar.

El 2 de octubre, once días después de la salida de Alejandría, se encontraban a la altura de Argel. El capitán Booth señaló al "Cleopatra" que se estaba terminando el carbón y que debían recalar en Argel. Al atracar en el muelle de este puerto se hirió gravemente uno de los marineros malteses con el cable de remolque, tuvo que ser internado y quedó en Argel. El resto de la tripulación del "Cleopatra" se embriagó terriblemente, degenerando en una ríña con los tripulantes del "Olga". Desde ese día las tripulaciones de los dos barcos eran enemigas.

A fin de evitar deserciones los dos atribulados capitanes resolvieron hacerse a la mar nuevamente, los primeros días todo fué bien. El 7 de octubre llegaron al puerto de Gibraltar. El capitán Cárter enroló a dos marineros más, siendo en total 9 tripulantes. Todos se preguntaban para qué se necesitaban tantos hombres en un barco sin máquinas ni velamen, aparte que el capitán no podía hablar con ellos pues no dominaba su idioma. El espacio era tan reducido que únicamente con grandes sacrificios se podia vivir a bordo.

Al salir de Gibraltar y entrar en el Golfo de Vizcay las olas hacian perder de vista al barco que los remolcaba, dando la sensación que estaban navegando solos. Todo daba lo sensación que en unos 10 días más podrían llegar a la costa de Inglaterra y de allí hasta Falmouth no faltaba mucho. ¡Cuán distinto sería todo, al amanecer del día siguiente! El 14 de octubre unas fuertes y repentinas rachas tomaron a los dos barcos por el través, faltando poco para que zozobraran. A las 10 de la mañana estaban en pleno temporal, las olas rompían sobre cubierta y era imposible estar al timón; los rolidos eran tan violento que únicamente estando todos fuertemente amarrados se pudieron evitar lesiones a los tripulantes. A las 12 el viento se convirtió en un formidable huracán.

Parecía increíble que los pobres tripulantes pudieran resistir encerrados en ese cilindro que al extremo de ese largo cable daba formidables tumbos atravesándose continuamente a la mar. Por momentos corría vertiginosamente adelantándose al mismo barco que lo remolcaba, con inminente peligro para ambas embarcaciones. Todo esto en medio de la mayor confusión de la atemorizada tripulación. Desde el "Olga" su capitán no veía al "Cleopatra" y únicamente por los violentos tirones del cable sabía si todavía existía algo del mismo.

En esa situación se empezaron a sentir a un costado del "Cleopatra" violentos golpes. ¡El lastre, las vías se soltaron; ahora el peligro era terrible y no era posible hacer señales al "Olga": no se podía ver ni a 30 metros de distancia!

El capitán, considerando que la pérdida del barco era sequra y preocupado por la vida de sus hombres, resolvió hacer una tentativa para abandonar el mismo con el único bote que disponían. Un golpe de mar lo deshizo apenas lo bajaron; los marineros malteses perdieron ya toda esperanza de salvarse; únicamente su valiente capitán los mantenía aún con ánimo. En un momento de visibilidad, desde el "Olga" pudieron observar las tentativas que hacían los tripulantes del "Cleopatra" para abandonar el barco; vista la pérdida de su bote, el capitán Booth ordenó arriar uno de los botes y con 5 hombres al mando del sequndo timonel loqraron cubrir la distancia, pero el bote se dio vuelta en la tormenta y los seis tripulantes perecieron. Una placa de bronce al pie del monumento recuerda sus nombres.

Abandonada la esperanza de poder recibir ayuda de sus compañeros del "Olga", los hombres en peligro trataron, bajo la dirección del capitán Cárter, de fijar en alguna forma el lastre que, suelto como estaba, ponía el barco en peligro de zozobrar o de abrir algún rumbo en el mismo. Esa tentativa también tuvo que abandonarse, pues era imposible trabajar en su interior sin correr peliqro de ser aplastado.

Mientras tanto, a bordo del "Olga", su capitán, que no vió la desgracia ocurrida a sus hombres y en la suposición que la tardanza de los mismos se debía a que eran pocos, resolvió enviar otro bote en su ayuda. Esta vez el esfuerzo de los abnegados salvadores tuvo éxito, pues después de una titánica lucha con las embravecidas olas, lograron poner a salvo a todos los hombres del "Cleopatra".

A la llegada del segundo bote salvador, el capitán Cárter no quiso abandonar su barco y pidió dos voluntarios para que le acompañaran. No presentándose ninguno y siendo inútil la estadía de un solo hombre en el mismo, se resignó a abandonarlo, trasladándose con sus hombres al "Olga". Recién llegados todos, salvados y salvadores al mismo, se enteró el capitán Booth de la desgracia ocurrida en la primer tentativa de salvamento.

Inmediatamente dió orden de cortar el cabo de remolque, dedicándose a salvar, si fuera posible, a alguno de sus hombres. Recién llegada la noche y perdidas todas las esperanzas, pusieron proa al puerto de Falmouth, donde llegaron 3 días después. La comisión, presidida por Sir Alexander, considerando la desgracia ocurrida a los 6 valientes marineros ingleses, disimularon su desencanto por la pérdida del Obelisco y se resignaron a darlo por definitivamente perdido.

Mientras tanto el "Cleopatra" abandonado surcaba esos mares con grave peligro para los barcos que cruzaban por esa zona. A todos los capitanes se les advertía del peligro, pero en realidad ninguno sabía si existía o no. El Capitan Booth habia reportado al Cleopatra como "abandonado y hundiendose", pero en realidad estaba al garete en el golfo de Vizcaya haasta que 4 dias mas tarde fue reportado por pesqueros espanoles. Ya en Londres, todos perdieron la esperanza de recuperar el Obelisco, cuando un telegrama llegado de Lisboa comunicaba que el vapor inglés "Fizmaurice", navegando por el golfo de Viscaya encontró al "Cleopatra", logrando llevarlo a remolque al puerto del Ferrol.

El propietario del "Fizmaurice", un tal Burrel, exiqía la suma de 5.000 libras. La comisión presidida por el General Sir Alexander, apeló a sus sentimientos patrióticos, ofreciéndole 600 libras por sus gastos, debiendo considerarse suficientemente premiado al haber salvado un monumento nacional. Burrel no admitió tales razones e insistió por cobrar la suma pedida. El asunto pasó al Tribunal marítimo, donde por fin se dió término al pleito, asignándole a Burrel la suma de 2.000 Lib.

En los primeros días de Diciembre se trasladó el capitán Cárter con dos marineros ingleses al puerto de Ferrol, a fin de poner en condiciones al "Cleopatra" y contrataron al remolcador a vapor ANGLIA, al comando del Capitan David Glue para remolcar al Cleopatra hasta el Támesis.

 Su curioso aspecto le valió el apodo de "Three - Fingered Jack", debido a sus tres chimeneas que surgían desde su centro. Construido en el año 1866 y dotado de una maquina de 140 HP., era el remolcador más extraño de Inglaterra. Esta caricatura de barco salió de el Ferrol en Enero de 1878 con el "Cleopatra" a remolque. Apenas llegados mar afuera empezaron las preocupaciones para el capitan del remolcador, realmente asustado por raro comportamiento del barco remolcado, que ratos se encontraba a su proa para más tarde dar violentos tirones a un costado, navegando a estribor de su barco.

El peligro de averías a sus enormesruedas laterales era inminente, por lo cual el capitán Glue, señaló al capitán Cartler, la intencion de volver al Ferrol.

Este, decidido a todo y acostumbrado a cosas peores, dió orden terminante de seguir, de mejorar las condiciones de remolque, alargar el cabo, de manera que los violentos giros del "Cleopatra" aminoraran. Después de constantes zig - zags durante 5 días„ llegaron por fin a Gravesend, Inglaterra, después de que accidentado viaje de 122 días desde su salida de Alejandría. Su llegada fué un gran acontecimiento nacional, siendo festejados como los tripulantes y capitán del más extraño barco que surcara los mares en esos tiempos.

Agosto de 1878, la ereccion de la Aguja.

A su arribo al estuario del Thames el 21 de Enero de 1878 hubo un feriado escolar para que pudieran ver el famoso barco.Una maqueta de madera fue colocadsa frente a las Casas del Parlamento, pero este lugar fue rechazado y finalmente se lo colocó en el Victoria Embankment el 12 de Setiembre de 1878. Se coloco en su base una capsula del tiempo con un juego de fotos de las 12 mas bellas inlgesas de ese momento, una caja de clips para pelo, una caja de cigarros, varias pipas, un juego de pesas imperiales, una botella de bebe, algunos juguetes infantiles, una navaja de afeitar, un jack hidraulico y algunas muestras del cable usado en su ereccion, un modelo de bornze del monumento de 3 pies, ujn juego completo de monedas britanicas, un rupee, un retrato de la Reina Victoria, documentos sobre su viaje, planos en vellum, una traduccion de las inscripciones, copias de la biblia en varios idiomas, un copia del Almanaque de Whitacker, una guia de los FFCC, un mapa de Londres y copias de 10 periodicos.

Esta flanqueada por dos esfinges eghipcias de bronce falsas con jeroglificos que dicen "netjer nefer men-kheper-re di ankh" (el buen Dios Thuthmosis III dado vida). Estas estas esfinjes estan mirando hacia el obelisco en vez de protejerlo, ya que se colocaron al reves.

Mientras tanto se oxidaban y se quedaban en el olvido los restos del "Cleopatra", el valiente que con su abnegada tripulación hizo que Inglaterra poseyera uno de estos valiosos monolitos llamados "Agujas de Cleopatra".

 

 

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