Historia y Arqueología Marítima

Uruguayan Ensign  

HOME

Base aeronaval en el Río de la Plata

Indice Informacion Historica

 

Recibido de Alejandro Bertocchi Moran 02-10-2014 - por 27Pulqui »Nov 08, 2010

 El texto que copio a continuación dividido en tres mensajes trata la instalación de una base aeronaval norteamericana en el Río de la Plata, en territorio de la República Oriental del Uruguay. Lo publico en esta sección porque el eje es político, no militar. Resulta de interés por la profundidad con que el autor detalla los hechos, en un estilo ameno que nos lleva a devorarlo en minutos. Al artículo del Dr. Mario Scasso Burghi lo encontré hace algunos años en la web y por suerte lo conservé. Hoy no veo como hallarlo, al parecer desapareció la página, se encuentran actividades del autor (supongo que el texto es una trascripción de una conferencia) dedicadas a temas históricos y sociales de Maldonado, Uruguay. Dado que toca aspectos de la política argentina, en otra oportunidad repasaré algunos puntos. Encontré información (lamentablemente escasa) oficial estadounidense sobre la base de hidroaviones que también agregaré al final.

Consecuencias de la Batalla de Punta del Este

Por el Dr. Mario Scasso Burghi

La límpida tarde del miércoles 13 de diciembre de 1939, trajo, además de la conmoción de los cañonazos que estremecieron los habitantes de Punta del Este y de Maldonado, una consecuencia trascendental para la zona: la Base Aeronaval de Laguna del Sauce. A los que presenciaron desde la Punta de las Salinas el pasaje del HMNZS Achilles y la humareda del Admiral Graf Spee, más allá de Lobos, ni a los obreros que al finalizar su jornada a la altura de las paradas, trataban de atisbar desde las azoteas recién construidas, la procedencia de los estampidos, ni a los escasos playeros, o a los que descendieron del ómnibus que hacía el trayecto entre Maldonado, Las Delicias y Punta del Este, que no vieron más que una humareda lejana y los fogonazos en el horizonte; o en Maldonado, a los que se les cayeron los vidrios de las puertas y ventanas (se cayeron los vidrios de una claraboya de una casa ubicada sobre Román Guerra entre Montevideo y 25 de Mayo), se les ocurrió que esto casi nos pondría en estado de beligerancia con la Argentina. Los que vieron, los barcos contendientes entre asombrados e interesados, desde todos puntos elevados, escasos en el Punta del Este de la época: el faro, el semáforo (en realidad el Instituto de Meteorología), la desaparecida torre del agua de la plaza Artigas, tampoco se imaginaron que esto iba a provocar una crisis institucional en nuestro país. Los que presenciaron el combate entre los tres barcos de guerra en la segunda fase de la batalla (el HMS Ayax, HMNZS Achilles y el Graf Spee) en la ensenada del Portezuelo desde la altura de los cerros de la Ballena, tampoco pensaron que esto pondría a nuestro país en la consideración de las cancillerías y de la prensa de Estados Unidos de América y del Reino Unido, durante años.

A despecho de que según Alemania y el Reino Unido no se había combatido en aguas territoriales uruguayas, lo presenciado y oído por los habitantes de Punta del Este y Maldonado, los vidrios rotos y los cadáveres que aparecieron en las costas de Atlántida, pertenecientes a tres artilleros del HMNZS Achilles, que era el que navegaba más cerca de la costa, lo desmentían.

Patrulla

Pero esta no fue la primera vez que el Uruguay se vio involucrado en hechos de la Segunda Guerra Mundial. El Uruguay ya estaba frente a la guerra desde el domingo 3 de septiembre de 1939, justo al comienzo del conflicto en las primeras horas del día. Si bien la invasión a Polonia el viernes 1º de septiembre desencadenó la Guerra, el estado de guerra entre el Reino Unido y Alemania, se estableció al vencer el plazo de un ultimátum que presentó el Reino Unido, que estaba fijado a las 11 horas GTM del 3 de septiembre, si no cesaba la agresión a Polonia. Por la diferencia horaria aproximadamente a la hora 7, fue que se declaró la guerra en nuestras costas y a esa hora precisamente el crucero HMS Ayax, de patrulla habitual en el Río de la Plata, y con visitas frecuentes a la bahía de Maldonado en la temporada veraniega, detiene al vapor alemán Olinda, que había salido del Puerto de Montevideo el sábado 2 de septiembre por la tarde (con una carga de cueros, cereales y chatarra de hierro). Seguramente había sido avisado por el servicio de información británico de la salida del mercante del puerto y por el Almirantazgo del comienzo de la guerra, luego de evacuar a la tripulación, que ignoraba el estado de guerra, lo hunde a cañonazos frente al Cabo Polonio. La tripulación del Olinda fue transferida al buque petrolero inglés San Gerardo esa misma tarde, que los retornó al puerto de Montevideo el 4 de septiembre, hecho al que se le dio poca trascendencia periodística.

Pero la entrada del acorazado de bolsillo alemán al puerto de Montevideo, nos colocó en el conflicto, en la portada de las noticias internacionales y demostró que nuestro país no tenía capacidad militar para poder exigir su internación o su retiro. La única capacidad de bombardearlo y de destruir su comando era colocar una bomba atada en el fuselaje de un avión sin poder desprenderlo de él, lo que exigía el sacrificio del piloto al estrellarlo contra la torre.

Entre los militares de mi familia, se decía que el que se había ofrecido para esa misión era el entonces Tte. Cnel. Oscar Gestido. Si el Capitán Langsdorff no hubiera acatado la orden de abandonar el puerto, no hubiéramos tenido la capacidad militar para desalojarlo, sin especular lo que hubiera sucedido si los británicos hubieran intentado atacarlo en el puerto.

El buque salió de la bahía de Montevideo al atardecer del domingo 17 de Diciembre y fue volado al ponerse el sol, frente al Cerro, fuera del canal de acceso. El HMS Ayax no volvería a la bahía de Maldonado, pero sí a Montevideo, curado lo más rápidamente posible de sus “heridas”, recibido triunfalmente el 3 de enero de 1940.

Indefensos

Mientras Maldonado y Punta del Este en un verano por demás caluroso, comenzaban su “Época de Oro” con la afluencia de unos pocos miles de turistas argentinos de la más alta capacidad económica, quienes no podían vacacionar en Europa, el Uruguay continuaba declarándose neutral. Empero el Gobierno del Presidente Gral. Arquitecto Alfredo Baldomir presentó un proyecto de ley sobre el servicio militar obligatorio, que fue bloqueado por el Herrerismo en el parlamento. En sus consideraciones decía: Uruguay está indefenso ante un acto de agresión, sin  medios para respaldar su neutralidad e impotente para reprimir un movimiento subversivo.

En 1940 el país contemplaba la evolución de la guerra europea, enteramente favorable a Alemania y se sumergía en los rumores de una inexistente “quinta columna” alemana, propalados por la eficaz red de inteligencia británica y norteamericana, frente a una inexperta diplomacia local alemana. Se confeccionaron las llamadas: “listas negras”, que afectaron a los comercios e intereses de residentes alemanes. El Partido Comunista uruguayo se enfrentaba a las potencias imperialistas, principalmente a los británicos en su intento de monopolizar con su influencia, la dirección política de nuestro país, debido al entendimiento ruso alemán (Pacto Von Ribbentrop-Molotov), por el que se habían repartido Polonia y dejado en la órbita soviética a: Rumania, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania.

La derrota franco-inglesa, en mayo y junio de 1940 con el derrumbamiento francés y la retirada inglesa en Dunkerque llevaron al Reino Unido a redistribuir sus flotas, abandonando sus barcos el Atlántico Sur, donde no se esperaban enfrentamientos con unidades alemanas. Paralelamente Estados Unidos de América (E.U.A.) envió en mayo dos unidades: los cruceros USS Quincy y USS Wichita, con una fuerza adicional de marines a bordo, que arribaron al Río de la Plata en junio, tomando como base a Montevideo, permaneciendo varias semanas hasta  julio, con dos oficiales superiores a bordo, los Almirantes William Wickham y Andrew Pickens.

La base

Es en ese momento que aparece en escena en el Río de la Plata un personaje que a despecho de la importancia que tuvo para nuestra zona, es un desconocido para nosotros: el Capitán William Spears, un marino norteamericano, que sabía hablar español. Llega a Buenos Aires en junio, con un oficial del ejército, para discutir con los marinos argentinos las fuerzas navales que éstos podían utilizar para la protección de sus costas frente a una agresión extranjera.

El Ministro de Marina el Almirante León Scasso cortó las conversaciones. Este marino argentino era hijo de un primo hermano de mi bisabuelo Juan, que siguió para Buenos Aires, cuando este descendió en Montevideo con dos hermanas en febrero de 1868, 72 años antes. En Montevideo la comisión de la que formaba parte Spears, se reunió con el Ministro de los E.U.A. Edwin Wilson y con los Ministros de Relaciones Exteriores Dr. Alberto Guani y de Defensa Nacional Gral. Julio Roletti y el Director de Aeronáutica Tte. Cnel. Oscar Gestido. En esa reunión se mencionó la proposición de crear una base aeronaval capaz de vigilar y si fuera necesario cerrar el canal de navegación de ingreso al Río de la Plata contiguo a su costa norte, por parte de los E.U.A., lo cual en principio fue aceptado por los ministros políticos.

Spears sobrevoló la costa uruguaya y seleccionó la zona entre la Laguna del Sauce y el mar, como sitio ideal para instalar una base que pudiera controlar el acceso al estuario y paralelamente disponer de aviones basados en tierra y en agua (hidroaviones). Nuestro país no había renovado el material militar del ejército y de la marina prácticamente desde la guerra civil de 1904 y en el sentido de reequiparlos se dirigieron los pedidos hacia los E.U.A. a cambio de la autorización para construir la base. En el mismo mes de junio el Brasil enviaba a nuestro país armamento: rifles de 1908, balas, ametralladoras, artillería, granadas, etc., comprados a buen precio por supuesto.

El Brasil bajo Getulio Vargas políticamente populista-socialista, fundador del Partido de los Trabajadores, ideológicamente más próximo a las potencias del Eje, se aproximó geopolíticamente a los E.U.A., cediendo sus bases en el litoral Atlántico, teniendo la problemática de la poderosa inmigración alemana del sur. La Argentina con su ejército y su marina (la primera de América luego de los E.U.A.), liderados por descendientes de italianos, muy influidos por las ideas fascistas, permaneció en una línea neutral, pero más próxima al enfrentamiento por la intromisión de los intereses de los E.U.A. en el Río de la Plata. El 10 de junio entra en guerra Italia, el 22 se rinde Francia y el 3 de julio es atacada su marina por los británicos en Mers el-Kebir y Dakar.

El 4 de julio, al salir el USS Wichita del puerto de Montevideo, dos destructores argentinos le cerraron el acceso a los canales para internarse en el estuario, obligándolo a poner rumbo hacia el este. La Argentina estaba enterada y alarmada de las proposiciones de los E.U.A. sobre la construcción de una base aeronaval en “Punta del Este” y con razón planteaba que su instalación, más que para la protección del Uruguay, era contra su país. Sin olvidar que en su marina aun existían sostenedores de la “doctrina” del ex Canciller Dr. Estanislao Zeballos, de que su soberanía se extendía a todo el Río de la Plata y que la jurisdicción sobre el estuario aun estaba por resolverse.

Por otro lado, los E.U.A, armando a la vapuleada Gran Bretaña y con la perspectiva de entrar en la guerra, no contaba con las unidades navales y armamentos disponibles, que solicitaban las fuerzas uruguayas. Es decir que no quedaba aún claro como sería la contraprestación o el arriendo de la base aeronaval, ni su término, cuando la noticia se filtró a la prensa norteamericana, que anunció la construcción del “Gibraltar del Plata”.

Con la confirmación de sus sospechas, las fuerzas armadas argentinas y principalmente la marina se conmovieron y se movilizaron sin el adecuado control de su presidente Dr. Roberto Ortiz diabético y casi ciego (se había llamado en consulta al español Dr. Barraquer que lo iba a intervenir y fue expulsado por el “entorno”) y que había delegado el mando en julio en el vicepresidente Dr. Ramón Castillo.

Interpelación

Por otra parte en nuestro país el Dr. Luis Alberto de Herrera, hace interpelar al Canciller Guani por Eduardo Víctor Haedo en el Senado, el 21 de noviembre, preguntando sobre la existencia de las gestiones de autorización de la construcción por parte de los E.U.A. de una base aeronaval en la Laguna del Sauce. Guani tuvo que reconocer su existencia y que no le había dado cuenta al Senado de ellas. Por 25 votos en 26 presentes, en un cuerpo de 31 miembros, el Senado manifestó que no se autorizaría la construcción de bases militares, que supusieran una disminución de la soberanía nacional. Los que presenciaron la interpelación, relataron la intervención de Haedo como la más brillante de su carrera parlamentaria.

Esta interpelación acarreó tres consecuencias. La primera fue que a Herrera y al Herrerismo se les acusara de nazis, por parte de los intereses británicos y norteamericanos hasta 1945 y por parte de los comunistas desde junio de 1941, fecha de la invasión de Alemania a la Unión Soviética, cuando cambiaron de bando. Mi madre me cuenta de caravanas de camiones y manifestaciones de gente con carteles de “Herrera Nazi” y “Herrera a la cárcel” frente a su residencia y de muros escritos por todo Montevideo (los escraches no son novedad). Existieron grupos de jóvenes nacionalistas que se movilizaron para proteger a Herrera. Se presionó política  y diplomáticamente a Baldomir, para que mediante un golpe de estado rompiera la obligada coparticipación con el Herrerismo impuesta por la Constitución de 1934, lo cual efectivamente realizó en febrero de 1942.

La segunda consecuencia es que varió la política norteamericana, que no exigió la construcción de la base por ellos mismos y su propiedad, con cesión de la soberanía sobre ella en arriendo, si no que la base se construiría por el Uruguay, con asistencia técnica de los E.U.A. La tercera fue que dio lugar a que el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina Julio  Roca, en acuerdo con el Secretario de Estado norteamericano Cordell Hull, tratara de calmar a la inquieta cúpula militar argentina, liderada por el Gral. Juan Tonazzi y el Contralmirante Mario Fincatti, que estaban auspiciando agresivas maniobras militares contra “bases militares en países vecinos”. Se concerta una entrevista ente Roca y Guani, en la estancia de Aarón Anchorena (la actual estancia presidencial), en la boca del Río San Juan, sobre el Río de la Plata, frente a Buenos Aires. La entrevista fue gestionada por Roca, previo acuerdo con los militares, a través del contacto personal con la familia Anchorena logra que esta actúe de anfitriona en un “punto intermedio” para ambas partes. Se reunieron el 13 de diciembre de 1940, justo a un año de la Batalla de Punta del Este. El día 14 de diciembre acuerdan una declaración conjunta por la que se expresaba que los temas de defensa del Río de la Plata, debían tratarse primero entre los países ribereños, lo cual disipó la crisis.

Control uruguayo

Pero la base se construiría al tenor de cambios en el gobierno de la República Argentina por un golpe militar “nacionalista” en junio de 1943, a “contra pelo” de la situación militar del Eje, ya acontecidas: Stalingrado, El Alamein y Midway. En enero de 1944 llegan al puerto de Montevideo tres buques de guerra de los E.U.A., al mando del Vicealmirante Jonas Ingram a bordo del USS Memphis.

Entonces se vuelve a plantear la propuesta inicial del ahora Contralmirante W.Spears, Director de la División Panamericana de la Marina de los E.U.A.: construir una base aeronaval en la Laguna del Sauce, pero ahora con la variedad de planteo, que era que se haría por el Uruguay y quedaría bajo control uruguayo, pero disponible para los aviones de los E.U.A. “mientras dure la actual emergencia internacional”. Las obras constructivas de la base irían por cuenta del Uruguay, los E.U.A. pondrían equipos y técnicos y se habilitaría un crédito para nuestro país a través de la Ley de Préstamo y Arriendo. El Presidente de la República era entonces el Dr. Juan José Amézaga.

Se expropió la estancia de Augusto Costa Pértile, el casco central con techos de chapas rojos y un molino de viento con un gran tanque australiano, durante años existió frente al Cuartel de Ingenieros Nº 4, al otro lado de la “carretera de los americanos” o “de las bases”, como recuerdo aún se le decía en la década de 1950. Es de recordar que la conexión carretera a través de la Ballena recién se habilitó en 1951.

En marzo de 1944 llegaron los equipos y arribaron los técnicos norteamericanos, doce en total. En abril se comenzaron secretamente las obras, para lo cual se instaló en el lugar un batallón de ingenieros, que luego permanecería hasta ahora. Se planificó un cuartel para un batallón de artilleros para defender la base de un presunto ataque vecino, pero luego no se cambiaron las unidades. A partir de mayo se “filtraron” las noticias a la prensa, fundamentalmente El Debate (Herrera) y Marcha (Dr. Carlos Quijano) agitaron la opinión pública sobre lo que se estaba construyendo en Laguna del Sauce.

Se efectuó una interpelación en el Senado en junio, por parte de Haedo, a los Ministros de Relaciones Exteriores Juan Serrato y de Defensa Nacional Gral. Alfredo Campos, siendo Presidente del Senado Guani, en la que se exhibió una publicación norteamericana sobre la construcción de la base, que concluyó a favor del gobierno por 17 votos contra 11. Se alegó que las obras habían sido aprobadas en su ejecución en los presupuestos previos, si bien por partidas no específicas.

La Argentina no fue informada por que su gobierno “de facto”, no había sido reconocido por nuestro país. Son los prolegómenos del enfrentamiento del gobierno peronista que sucedería a este “de facto”, con el gobierno nacional y con el de E.U.A. La “emergencia internacional” no era en 1944 el Eje, sino la Argentina. El Embajador de los E.U.A. William Dawson calificaba la obra no como un emprendimiento conjunto entre nuestro país y el suyo, sino como un emprendimiento uruguayo con asesoría técnica y equipamiento norteamericanos.

La construcción de la base implicó la erección de la represa sobre el desagüe de la laguna, el Arroyo del Potrero, lo cual elevó el nivel de ésta varios metros, a consecuencia de lo cual también se elevó la napa freática, como resultado de lo cual la Playa del Portezuelo siempre permanece húmeda. También desaparecieron las dunas de arena que rodeaban la laguna por el sur, con los montes de sauces, ceibos y coronillas y las playas de arena gruesa y cantos rodados chicos.

Conozco a varias personas que intervinieron en la construcción de la base y tuvieron contacto con algunos de los ingenieros norteamericanos y me relataron las condiciones en que trabajaron, entre nubes de mosquitos y tábanos, que obligaban a mantener encendidas las hogueras para ahuyentarlos con el humo, el monteo de los extensos bosques litorales y la caza de “manadas” de carpinchos.

Desaparecido el uso de los hidroaviones, la represa se utiliza para mantener el reservorio de agua para el suministro de toda la región sur del departamento. A 64 años de la Batalla de Punta del Este y a 63 años del Acuerdo Roca-Guani, precisamente en diciembre y a 59 años del inicio de la construcción de la Base Aeronaval de Laguna del Sauce, es momento oportuno de reflexionar sobre qué hubiera acontecido si E.U.A. hubiera construido la base como era lo planteado y aceptado por Baldomir y Guani y la hubieran arrendado durante 99 o 50 años como era de estilo. Hubiéramos tenido una base tipo Guantánamo en la periferia de Punta del Este. Si no la tenemos debemos agradecérselo al Dr. Luis Alberto de Herrera.

La siguiente información pertenece al Volumen II de la obra institucional: Building the Navy's Bases in World War II: History of the Bureau of Yards and Docks and the Civil Engineer Corps 1940-1946, Departament of Navy – Bureau of Yards and Docks, United States Government Printing Office, Washington, 1947.

http://www.ibiblio.org/hyperwar/USN/Bui ... es-18.html

Capítulo XVIII: Bases en América del Sur y el área del Caribe, incluyendo Bermuda. En aras de la seguridad y defensa nacional, el gobierno de Estados Unidos formalizó sus primeros compromisos para la construcción militar en América del Sur un año antes de la entrada norteamericana en la guerra. Por la autoridad del Presidente, el 2 de noviembre de 1940, el Secretario de la Guerra firmó un contrato secreto con la Pan American Airport Corporation, una subsidiaria de Pan American Airways Incorporated. El contrato tenía por propósito crear una cadena de aeropuertos y bases para hidroaviones a lo largo de la costa de Brasil, desde la frontera de la Guayana Francesa a Uruguay (pp. 35-6). Estados Unidos ofreció su ayuda al gobierno uruguayo en la construcción de una base de hidroaviones en Laguna del Sauce y un aeropuerto civil y militar en Carrasco. La participación estadounidense comenzó el 10 de febrero de 1944, y consistió de un asesor ingeniero y las instrucciones para operar el equipo de construcción prestado. Uruguay pagó y llevó a cabo el trabajo (p. 46).

Según informa la historiadora Beatriz Figallo en un artículo sobre las relaciones bilaterales de Argentina y Uruguay, Panagra, subsidiaria de Panam, para junio de 1944 inauguraba cuatro pistas en el aeropuerto de Carrasco. En un próximo tema transcribiré de dicho artículo la parte pertinente al período. Los estudios de Figallo son un gran aporte al conocimiento del impacto de la Segunda Guerra en el Cono Sur y las consecuencias en las relaciones entre los países. Aquí voy a resumir de otro artículo de esta autora, relativo a Argentina y la región en 1940, la reacción de la Armada argentina frente al proyecto de la base norteamericana en territorio oriental, con interés en el Almirante Scasso, un personaje mencionado en el texto que abrió el tema.

Quedaba pendiente el repaso de algunos pasajes del artículo referentes a la Argentina.

Las reuniones con Spears y los otros oficiales estadounidenses de 1940 fueron previas a la II Reunión de Cancilleres con asiento en La Habana. Tanto el Ejército como la Marina eran renuentes a conceder territorios para bases norteamericanas, uno de los propósitos de los enviados. Ello no se debe a que como dice el texto de la apertura “La Argentina con su ejército y su marina (la primera de América luego de los E.U.A.), liderados por descendientes de italianos, muy influidos por las ideas fascistas…”, sino a que la concesión introducía en el control del Río de la Plata a una potencia ajena a la región, y a un aspecto de las clases dirigentes argentinas que quedará explicado con el informe del Almirante Scasso. Pero antes de ello, el texto tiene un error asociado a una apreciación reduccionista (la Armada dirigida por descendientes de italianos influenciados por el fascismo). El Ejército todavía estaba bajo la influencia del General Justo, por entonces neutralista. El General Márquez, ministro de Guerra, presentó un informe desfavorable a las consultas de la misión estadounidense, sugiriendo, además, que se esperase a la reunión de La Habana para una resolución definitiva.

Scasso, ministro de Marina, fue más contundente. Las razones pueden verse en el informe dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores. Transcribo un fragmento representativo de la actitud argentina: “Ocupamos una posición geográfica y tenemos una economía que son, dentro de lo relativo, bastante cómodas. Alejados de los teatros de operaciones actuales y de los probables en el caso que consideramos, podemos suponer irrazonable un atentado a nuestra soberanía. La circunstancia de ser un país económicamente complementario de Europa; de contar con un intercambio voluminoso con casi todas las naciones de ese continente, inclusive Alemania e Italia; el hecho de casi todos ellos consumen nuestros productos y producen nuestros consumos y otras razones de orden material coincidentes, nos aseguran, cualquiera sea el resultado del conflicto europeo, una libertad y una independencia a nuestra acción que, considero, casi un privilegio nacional”. Más adelante tiene conceptos sobre Estados Unidos únicamente negativos, para rematar con: “Mientras el mar es vehículo que nos conduce a abrazar la civilización del Viejo Mundo… de los americanos del Norte sólo guardamos recuerdos ingratos”. Estas palabras de fuerte tono europeísta y anti-norteamericano muestran el sentimiento de muchos dirigentes argentinos de 1940, influenciados o no por las ideas fascistas.

En Mario Rapoport, ¿Aliados o neutrales?, Buenos Aires, EUDEBA, 1988, pp. 59-62. En los últimos años la nueva documentación permitió otras miradas. El corpus construido con los estudios de las relaciones con las grandes potencias fue enriquecido con los análisis del espacio conosureño. Un ejemplo de ello es el artículo de Beatriz Figallo, “1940, un año en revisión. La Argentina y la repercusión regional de la Segunda Guerra Mundial”.

http://200.16.86.50/digital/9/revistas/th/rth00016.pdf

Recomiendo la lectura completa, sin embargo aquí anticipo que Scasso en 1940 tenía una perspectiva de la guerra europea limitada a las Islas Malvinas, especulaba sobre un cambio de soberanía a favor de Estados Unidos y por eso sugería patrullar la zona. Uruguay entraba en el tablero como una pieza pro-estadounidense, mediante la cual la potencia del Norte buscaba alterar el equilibrio en el Río de la Plata en desmedro de Argentina.

http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?f=27&t=13664


El Domingo 23 de Abril del 2000, el Diario Clarin publicó la siguiente nota:

LA IDEA DE BOMBARDEAR BUENOS AIRES

la investigación de un ministro uruguayo revela que militares de los Estados Unidos aconsejaron en 1940 situar en Laguna del Sauce, cerca de Punta del Este, una base aeronaval con 1.000 hidroaviones para dominar a la Argentina.

En 1940. cuando la Argentina era gobernada por el moderado presidente Roberto M. Ortiz, una operación de inteligencia de Gran Bretaña para obtener ayuda militar de los Estados Unidos se convirtió en una gigantesca burbuja bélica que tuvo en vilo al gobierna de Uruguay.

Los británicos estaban perdiendo la guerra un Europa, los ejércitos de Hitler parecian incontenibles, mientras los Estados Unidos continuaban dominados por una mayoría que, en los dos grandes partidos, se oponía a cualquier forma de participación en el conflicto.

Fue entonces cuando desde Londres se indicó al embajador inglés en Montevideo que debía poner en movimiento una operación de inteligencia destinada a provocar la mayor conmoción posible en torno al peligro que corría Uruguay de ser invadida por los nazi*.

El único soporte real de la truculenta historia era la batalla del Rio de la Plata, librada por el acorazado alemán Graf Spee a fines de 1939 contra varios barcos de guerra británicos. En base a esta +unica aunque consistente materia prima iba a articularse una leyenda sobre la amenaza nazi contra el Uruguay que, con inusitada rapidez, envolvería a la agencia norteamericana de inteligencia y a los grandes diarios de los Estados Unidos, todos ellos cautivados por la imaginación del embajador inglés en Montevideo.

El diplomático, por cierto, no estaba solo. La batalla naval en el remoto Atlántico Sur despertó la curiosidad de más de uno. Un periodista avanzó sobre la idea de que los alemanes podían estar buscando dónde establecer una base permanente para sus submarinos en la región y un estratega del Departamento de Estado estadounidense escribió por primera vez en un dato oficial secreto que los alemanes podían apoderarse sucesivamente de Brasil, Uruguay y Argentina.

En un reciente estudio, el historiador uruguayo Antonio Mercader llega a la conclusión de que la diplomacia de Londres se inquietó después de motorizar la cuestión del Río de la Plata, cuando advirtió que los Estados Unidos se lanzaban a gestionar una base naval propia en la región. En esos años, los ingleses consideraban al puerto de Montevideo como un enclave vital para el tráfico entre las islas Malvinas y Gran Bretaña que, en un caso extremo, podía servir como refugio alternativo para su fIota. Lo que Londres realmente deseaba era capitalizar estratégicamente a las Malvinas y después de resaltar su valor, incorporarlas tal vez a un paquete de bases británicas que Winston Churchillofrecía a los Estados Unidos en trueque por barcos de guerra estadounidenses.

Churchill. quien estaba empeñado en obtener destroyers de la industria naval norteamericana, no contaba con otra forma de compensación que las bases navales que Inglaterra habla acumulado en todos los mares del mundo y la puesta en valor de las Malvinas formaba parte del negocio. En esos días, tropas británicas desembarcaron en las islas holandesas de Curazao y Aruba, frente a la costa de Venezuela, con el pretexto de que los nazis que habían derrotado a Holanda podían quedarse con sus colonias sudamericanas; Churchill agregó estos trofeos al rosario de bases, que incluía otras en Terranova, en el Caribe y en la Guayana. y las ofreció a los Estados Unidos a cambio de 50 destroyers para reforzar la maltrecha flota británica.

Pero la historia de la amenaza nazi al Uruguay habia alcanzado vida propia y no sólo se habla derramado sobre la opinión pública uruguaya, sino que además había intoxicado al Servicio Secreto norteamericano. El embajador británico en Washington le expuso personalmente al ministro de Relaciones Estertores de Roosevelt lo que consideró un problema urgente: los nazis estaban a un paso de invadir al Uruguay para apoderarse posteriormente de Brasil y la Argentina.

El estado del complot nazi era dramático, según el embajador, aunque no podía ocultarse que también invitaba a sonreír. El grueso del ejército nazi que se disponía a invadir el territorio uruguayo eran 200.000 italianos residentes en el país, sobre los cuales se agregaba que "su mayoría son fascistas preparados para plegarse a los nazis". No solamente los italianos: también se contabilizaban 16.000 alemanes y una retaguardia de 250 japoneses. El alarmado embajador, un aristócrata con seis títulos de nobleza, estaba a su vez bajo observación en Washington, porque también él arrastraba un pesado antecedente como simpatizante nazi y miembro de un club de activos antisemitas que se reunían en Londres en la mansión de lady Astor.'

La fabricación de la amenaza nazi al Uruguay había sido una producción de la agencia de publicidad J. Walter Thompson, que en sus oficinas de Londres condimentó las estadísticas ordinarias del Uruguay de manera tal que convirtió en legiones fascistas a pacíficos inmigrantes italianos.

La ignorancia sobre América del Sur predominaba no solamente en los papeles confeccionados a los apurones. Tampoco los hombres de gobierno distinguían muy bien a qué se referian y el secretario de Estado Cordell Hull. por ejemplo, pasó mucho tiempo diciendo "Paraguay" cada vez que comentaba la situación del Uruguay. En el primer documento reservado sobre el complot, elaborado por una desorientada agencia de inteligencia de Estados Unidos, sobre cinco espías nazis señalados por sus nombres, cuatro resultaron ser democráticos comerciantes judíos nacidos en Alemania, una equivocación que causó irritación en Montevideo.

La campaña de inteligencia británica alcanzó su máxima elocuencia ese mismo año cuando reveló que "barcos mercantes con 6.000 nazis a bordo van hacia Brasil, donde tratarán de tomar el gobierno'. Roosevelt respondió con el plan "POT OF GOLD", que consistía en transportar 10.000 militares norteamericanos en 150 aviones hasta el Brasil, de manera de impedir que loa nazis ocuparan territorio brasileño.

Esta fantástica operación, de la que el historiador Mercader no ha logrado encontrar ningún rastro en los archivos alemanes después de la guerra, sin embargo parecía razonable al mundo de entonces, continuamente sacudido por la "guerra relámpago" nazi. Fue. asimismo, el paso previo a otra gigantesca superchería: un ataque a la Argentina desde Punta del Este.

Aunque parecia imposible ya entonces, y directamente inverosímil hoy. lo cierto es que expertos militares de los Estados Unidos llegaron a la conclusión de que en Laguna del Sauce, aledaña a la entonces despoblada playa de Punta del Este, podían reunirse 1.000 hidroaviones, listos para librar batalla en el Rio de la Plata.

Los responsables de la hipótesis, los oficiales de la marina de Estados Unidos Albert Benjamín y Willíam Brereton. suscribieron un despacho reservado sobre el tema, que sin embargo no termina de identificar la nacionalidad de semejante flota de hidroaviones, sin igual en la historia militar.

Tampoco es mas preciso un manual de operaciones del FBI. editado por J. Edgar Hoover en 1942 especialmente para los agentes destinados al Uruguay. El manual del FBI reproduce un programa para el Rio de la Plata que sigue sin definir la identidad de quienes podrían controlar la región militarmente, aunque sostiene que:

"Una pequeña pero bien organizada fuerza militar en Punta del Este o Montevideo podría controlar la boca y el canal del Río de la Plata y podría bloquear efectivamente todo el comercio a través de los puertos argentinos de Buenos Aires y Rosario (...) especialmente si dispone de una aviación efectiva .

FBI. Facsímiles da un manual confidencial del FBI, entonces dirigido por J. Edgar Hoover, alertando sobre la supuesta invasión nazi al Uruguay donde suma inmigrantes italianos, alemanes y japoneses en ese país como soldados de un ejército de ocupación. La propuesta estadounidense era construir una base aeronaval.

La tensión en América del Sur tuvo su foco en 1940 con esta desbordante operación de inteligencia que emprendieron los ingleses y a la que se sumaron los norteamericanos, momento en el cual tos primeros perdieron su interés.

En su libro El año del León, el uruguayo Mercader subraya que el New York Times publicó 50 notas destacadas sobre el Uruguay ese año. una cantidad igual a la que había editado en un periodo completo de quince años anteriores. Entre ellas, había algunas realmente inquietantes, como las que escribió uno de los periodistas norteamericanos más célebres. "Instalados en territorio uruguayo, con una base en Montevideo o en Punta del Este -escribió John Gunther-, sería posible que domináramos a la Argentina".

También la United Press, desde sus oficinas centrales, agregó una cuota de preocupación cuando escribió que "un país como Argentina, de 3 millones de kilómetros cuadrados y más de 13 millones de habitantes, tendría sus dos principales puertos dependiendo de una base naval en Punta del Este o en Montevideo".

Al final del "año del León" el presidente Ortiz, sin abandonar su prudente estilo presidencial, dijo que no dudaba que Uruguay "iba a tener presentes los intereses argentinos".

La base de los Estados Unidos no llegó a concretarse y los 1.000 hidroaviones norteamericanos tampoco se posaron jamás en las aguas de Laguna del Sauce, aunque para los gauchos de Maldonado y los solitarios bañistas de Punta del Este hubiera sido un espectáculo realmente inolvidable.

LA ESTIRPE DE UN INVESTIGADOR

La primera investigación sobre la historia secreta de la instalación de bases militares de Estados Unidos en el Uruguay es El año del León (Aguilar-Alfaguara, 1999), una obra que ha provocado polémica por el tema como por la personalidad del autor, Antonio Mercader, desde el mes pasado ministro de Educación y Cultura del presidente Jorge Balle. Mercader ya fue ministro de la misma cartera con el presidente Luis Lacalle y embajador del Uruguay ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Uno de sus antepasados, Ramón Mercader, fue quien mató a León Trotsky en México en 1938, cuando estaba atrincherado en la vieja casona del elegante barrio de Coyaoacin, en el sur de la capital mexicana. Su tía, la actriz María Mercader, es esposa del actor y director italiano Viltorio de Sica.

El hombre que alertó sobre el plan del FBI

En el Parlamento uruguayo, el senador Eduardo V. Haedo, que años después sería presidente de su país, alertó sobre el peligro de una base naval vecina a Punta del Este y mencionó la cuestión de los hidroaviones. En ese mismo momento, la idea de bombardear Buenos Aires ya figuraba en los papeles secretos del algunos funcionarios de los Estados Unidos. "La base de Laguna del Sauce es una de las cosas más graves que se puede hacer en el Uruguay (...) Y a esa base aeronaval ¿que se le va a poner? Es un plan belicista y militarista que obliga al país a la adquisición de una gran cantidad de hidroaviones. Y si no los adquiere el país porque no está en condiciones de pagarlo, ¿quién va a utilizar esas bases? Necesariamente serán países extraños, potencias extranjeras (...) Esa base de Laguna del Sauce puede ser motivo de conflicto, de que se desaten días de tragedia y angustio en nuestra tierra (...) la laguna del Sauce artillada es un peligro para la libertad del Rio de la Plata, vale decir que quien se apodere de esa laguna, que quien tenga el dominio de esa laguna, quien tenga superioridad de hidroaviones para poblar esa laguna, es materialmente el dueño del Río de la Plata." Este Fue el discurso de Haedo en 1940. Insistió varias veces en que no temía una invasión nazi desde Europa porque los alemanes ya habían demostrado su incapacidad marítima para atravesar el canal de la Mancha después de la derrota en Francia, la ironía de Haedo destelló cuando ridiculizó la hipótesis estadounidense de que en Laguna del Sauce . podían posarse hasta mil hidroaviones.

EL ARMA. Hasta un millar de hidroaviones podían, según los EE.UU.,establecerse en Laguna del Sauce, cerca de Punta del Este. Para unos, podían ser nazis pero la mayoría creyó que serían estadounidenses.

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar