Historia y Arqueología Marítima

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Indice Informacion General 

Las Carreras de las Indias - 9

13 – La destrucción de Portobelo

Articulo enviado por Osvaldo Sidoli- Julio 2007

Lo anteriormente expuesto demostraba lo inoperante del sistema de flotas frente al contrabando y la política de Felipe V se centró entonces en reprimir éste mediante la vigilancia de las costas americanas. Se dieron numerosas patentes de corso y se realizaron capturas de buques ingleses, lo que naturalmente molestó al Gobierno británico.

 Entretanto arbitristas y comerciantes hicieron infinitos memoriales y libros proponiendo fórmulas para mejorar el sistema comercial en América. Por su parte, la Corona intentó una nueva componenda de las flotas en 1735 con la Real Cédula sobre el despacho de galeones y flotas y método de comerciar los residentes en Indias con España. Esta vez no se estableció ninguna periodicidad anual de las mismas, habida cuenta de la experiencia pasada. Simplemente se estipuló que los galeones saldrían cuando se recibieran las informaciones favorables desde Lima y que se procuraría que dicha flota llegase a Cartagena al mismo tiempo que la Armada de la Mar del Sur arribaba a Panamá. Para la Flota de la Nueva España se fijó un máximo de 3.000 toneladas, más acorde con las necesidades reales y se ordenó que una tercera parte de las mismas fuera reservada obligatoriamente a los productos agrícolas españoles. Otra normativa fue la prohibición a los comerciantes de remitir dinero para sus compras de mercancía, disposición que luego fue revocada a causa de las protestas que despertó.

 En conformidad con lo dispuesto salió en 1737 la flota de Los Galeones, mandada por Blas de Lezo. Constaba de seis mercantes y dos buques de guerra y transportaba sólo 1.891,3 toneladas de mercancías. Serían los últimos galeones que cruzarían el Océano. En 1738 se celebró la feria de Portobelo, que sería también la postrera de dicho puerto. La plata peruana, llegada a Panamá en la Armada de la Mar del Sur pocos meses después del arribo de la flota, no pudo llevarse ya a Portobelo, por temor a un ataque inglés. Permaneció en Panamá durante varios meses y posteriormente volvió al Perú, aunque bastante diezmada, como de costumbre.

 Los obstáculos españoles al contrabando inglés, sumados a la perspectiva de perder en breve tiempo el Asiento de Negros y el Navío de Permiso condujeron a la Gran Bretaña a declarar una nueva guerra a España, llamada la Guerra de la Oreja, pues la Cámara de los Comunes la formalizó después de una tempestuosa sesión en la que el capitán Jenkins se presentó exhibiendo la oreja que le había cortado un corsario español cuando intentaba realizar su negocio ilegal, prueba de la crueldad que practicaban los papistas españoles, según informó a la Cámara. No vamos a ocupamos de este conflicto, pero sí a señalar que se había preparado mucho antes y minuciosamente.  

El almirante Vernon había partido en julio de 1739 hacia Jamaica para desencadenar un ataque fulminante sobre las colonias españolas. Allí dispuso, en cuanto se oficializó la declaración de guerra (mes de octubre), que el objetivo fuese Portobelo, terminal de la flota de Los Galeones. La verdad es que los españoles estaban esperando el golpe, pues misteriosamente habían desaparecido todos los buques de la South Sea Company, así como los habituales contrabandistas ingleses, lo que hacía presagiar el ataque. Por esto precisamente no se enviaron a Portobelo los 12 millones de pesos que habían arribado a Panamá en la Armada de la Mar del Sur.

Óleo sobre lienzo (50 x 70 cm), de Luis Gordillo (1994), copia de una litografía de los Episodios
marítimos, publicada en Madrid en 1849. Museo Naval de Madrid. Núm. de catálogo: 4144

 Edward Vernon se presentó con sus seis navíos de guerra frente a Portobelo el 2 de diciembre de 1739 y rindió la plaza sin gran dificultad. Luego se dedicó a destruir sistemáticamente todas sus defensas, demoliendo los fuertes y echando al mar los cañones. Incluso asoló los baluartes construidos sobre el río Chagres. El trabajo le llevó varios meses, al cabo de los cuales regresó a Jamaica. Portobelo, el viejo terminal de los galeones, había dejado de existir. En 1741 Vernon intentó completar su obra repitiendo lo mismo en Cartagena, pero fracasó estrepitosamente en el intento y tuvo que retirarse de la plaza después de haberla sitiado durante varios meses.

 La guerra entre Inglaterra y España duró nueve años, hasta 1748. Durante la misma fue imposible organizar flotas, ya que los terminales fueron destruidos o amenazados. Además, la marina de guerra española tuvo que ocuparse de la defensa de la Península y no pudo custodiar los mercantes de la Carrera de las Indias. El comercio con América se realizó por medio de los navíos de registro, embarcaciones fletadas directamente por los comerciantes quienes a menudo acompañaban sus cargamentos. Una vez en América procedían a instalarse en algunas ciudades para vender su mercancía. Esto despertó la hostilidad de los comerciantes mexicanos, que clamaron por el restablecimiento del antiguo régimen de flotas, en el que al menos tenían lejos a los competidores peninsulares. Además, no se atrevían a comprar los cargamentos de los navíos de registro, pues temían que al día siguiente llegara otra embarcación que provocase una baja del precio de los artículos. 

Tampoco los comerciantes limeños estaban muy contentos con el sistema de los navíos de registro. Estos buques eludieron la peligrosa ruta del Caribe, donde se libraba la guerra y se dirigían al Perú por el cabo de Hornos. Muchos de ellos se quedaban en Buenos Aires, internando desde allí la mercancía al Alto Perú, desde donde llegaba a Lima. Las cosas habían cambiado. Ahora eran los peruanos los que recibían las mercancías por Buenos Aires, en vez de al revés. Los comerciantes limeños pidieron también el restablecimiento del antiguo sistema de flotas, que habían manejado durante siglos.

 

14 – Las últimas flotas

Los comerciantes españoles se sumaron a sus colegas mexicanos y peruanos, pues el sistema de los navíos de registro les impedía averiguar cómo estaba el mercado americano y especular con los precios, a lo que estaban acostumbrados. El Consulado de Cádiz secundó así a los de Lima y México en solicitar el restablecimiento del viejo sistema.

 En 1750 se firmó la paz con Inglaterra y el marqués de la Ensenada convocó de inmediato una junta de comerciantes para estudiar la solicitud formulada por los consulados de restablecer el mecanismo de las flotas. Se decidió que era urgente enviar la Flota de la Nueva España en 1753 como muy tarde. El caso de Los Galeones estaba menos claro, pues el mercado suramericano estaba saturado de género como consecuencia de los navíos de Registro. Además era necesario reconstruir antes Portobelo.

 No todo era favorable a la restitución de las flotas. En 1743 Campillo había publicado su famosa obra Nuevo sistema de gobierno económico para la América, en la que abogaba por un comercio libre entre América y España, opinión que compartían ya muchos ilustrados. Ensenada se decidió al fin por restablecer el régimen de flotas. Sería el canto del cisne de las mismas. Se organizarían para la Nueva España y con periodicidad bienal, pero no para el Perú. La orden se dio el 11 de octubre de 1754 y poco después se anunció que la primera flota saldría en 1756.

 No salió en 1756, pero sí el 11 de febrero de 1757. Hacía más de 20 años desde la anterior. La mandaba don Joaquín Manuel de Villena y llevaba 7.069,7 toneladas en diez mercantes, a los que escoltaban dos navíos de guerra. La feria se hizo en Jalapa y como de costumbre quedó mucha mercancía sin vender. Para salir de ella hubo que retrasar la partida hasta el 2 de mayo de 1758.

 

Antonio de Ulloa, el marino que condujo hasta América la última flota de Indias, en 1776

 La siguiente flota la mandó Carlos Regio y zarpó de Cádiz el 29 de junio de 1760 con 8.492,7 toneladas de mercancías, transportadas en 13 mercantes, escoltados por 2 navíos de guerra. La acompañaron seis navíos de registro con destino a La Habana, Caracas, Santo Domingo y Honduras. Esta flota afrontó unas dificultades similares a la anterior, y regresó en abril de 1762.

 Ni el nuevo conflicto con Inglaterra, ni la toma de La Habana en 1763 por los británicos destruyeron el sistema. En 1765 salió otra nueva flota, mandada por don Agustín de Idiáquez, que transportó 8.013,6 toneladas de géneros y artículos. En ella iba un pasajero ilustre, don José de Gálvez, encargado de averiguar lo que ocurría en la feria de Jalapa y la forma de mejorarla. La flota cumplió su cometido y Gálvez el suyo, que fue el de no intentar retocar, ni mejorar, un sistema ya caduco. El futuro ministro de Indias estaba ya convencido de que lo mejor era el régimen de libre comercio. Libre comercio que se abría paso ya el 16 de octubre de 1765 cuando se otorgó como merced real a las islas de Sotavento, Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Trinidad y Margarita como única fórmula para reactivar su maltrecha economía. Tales islas podían negociar abiertamente con nueve puertos españoles autorizados. El nuevo método pareció ser más eficaz.

 Aún hubo tres flotas más en 1768, 1772 Y 1776. Esta fue la última de cuantas se enviaron a Nueva España y a Indias. La mandó don Antonio de Ulloa y transportó 8.176 toneladas. Las tres encontraron la misma dificultad, que fue vender toda su mercancía, pues siempre había sobrantes de veces anteriores.

 Finalmente, el 12 de octubre de 1778 se dio el llamado Reglamento de Libre Comercio para América que clausuró el sistema de flotas. No se trataba obviamente de ningún comercio libre, pues los americanos seguían obligados a negociar únicamente con su metrópoli, pero al menos se les liberaba de la obligación de hacerlo con un puerto único de la Península y bajo el dictado de los comerciantes andaluces.

 Dos territorios americanos, México y Venezuela, quedaron excluidos del nuevo sistema, no obstante. El Virreinato, porque aún se quería tenerlo abastecido por el sistema de flotas y la Capitanía General, porque estaba bajo el control de la Compañía Guipuzcoana. México no recibió más flotas, sin embargo, pues en 1779 se declaró otra nueva guerra con Inglaterra que impidió enviarlas, regresándose al sistema de navíos de Registro. El 28 de febrero de 1789 se ordenó que tanto México como Venezuela gozaran en el futuro de los beneficios del Reglamento de Libre Comercio vigente en el resto de América. Las flotas no resucitarían jamás.

 

15 - Corolario

Las flotas cumplieron la función primordial para la que fueron creadas: mantener el monopolio comercial español con sus colonias, transportar a América manufacturas europeas a precios costosos y traer de las Indias la plata americana. Con el transcurso de los años estas funciones fueron cambiando. La plata americana fluyó cada vez menos, aumentando en cambio los productos americanos que se vendían en Europa (cacao, azúcar, añil, cochinilla, algodón, cueros y finalmente café).

 Estos cargamentos de carácter agropecuario no eran tan costosos como para soportar un peso muerto de organizar las flotas. Por otra parte, el mercado americano fue abastecido abundantemente de mercancías europeas a través del contrabando, sistema absolutamente funcional porque representaba la red de distribución de las manufacturas que fabricaban los países europeos que habían emprendido la primera revolución industrial. Francia, Inglaterra y Holanda no podían prescindir del mercado americano y lo increíble fue que España intentara enfrentarse a semejante reto manteniendo un monopolio comercial en América, y con un mecanismo tan anacrónico como el sistema de flotas.

 

1- La Casa de Contratacion 2- La creacion del sistema de galeones 3- Dos flotas para Indias
4 - Organizacion y partida 5 - Los buques, la carga y las estibas 6 - Travesía y arribo
7- La conexion Americana y Oriental 8 - Las Flotas Subsidiarias 9- El Galeon de Manila
10- El Tornaviaje 11- La lenta agonia del S. XVII 12- Las Reformas de Felipe V
13- La destruccion de Portobello 14- Las ultimas Flotas 15- Corolario
16- Los Galeones 17- El Contrabando en Buenos Aires 18- Bibliografía

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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