Historia y Arqueologia Marítima

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EL MISTERIO DEL MARY CELESTE

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El Mary Celeste es uno de los misterios maritimos con una enorme cantidad  de páginas escritas, con las explicaciones más descabelladas. Aquí se describen los hechos reales conocidos.

El Mary Celeste fué construído en Parrsborough, Nueva Escocia, en el año 1861. Era un bergantin goleta, con casco de madera y dos palos, con aparejo redondo en el palo trinquete, velas de estay entre éste y el mayor y escandalosa y compleja en el mayor.

Tenia 286 tons. de desplazamiento, con 30 metros de eslora y 7,6 de manga. Su nombre original era Amazon, luego Mary Sellars y al final se convirtió en Mary Celeste por un error tipográfico del pintor, segun cuenta la leyenda.

El 7 de noviembre de1872 zarpó de Nueva York con rumbo a Génova, a mando del capitán Benjamin S.Briggs, nacido en Marion, Massachussetts y 7 miembros de la tripulacion, acompañados de la esposa de Briggs y su hijita de dos años.

                               

La carga era de 1.700 barriles de alcohol comercial, pedidos por la firma H. Mascarenhas & Co. para aumentar el porcentaje de alcohol del vino.   

Segun el diario de a bordo, el bergantin llegó a las Azores el 24 de noviembre y a la noche siguiente se encontró con mal tiempo.   No hay más anotaciones, pero en la pizarra del puente (donde se anotaban las diferentes posiciones antes de pasarlas al libro de navegacion) figuraba que el Mary Celeste se encontraba exactamente al nordeste de la isla de Santa María. Es todo un misterio lo que sucedió al barco desde entonces hasta que fué hallado a la deriva y sin nadie a bordo.

Aproximadamente a las 15:00 horas del 15 de Diciembre de 1872 al cabo de 10 días de la última anotación del capitán Briggs en la pizarra del puente, el buque fue avistado a 650 km al este de las Azores por el Dei Gratia, un bergantín que, procedente de Nueva York, navegaba a Gibraltar: dirigía la proa hacia el Este, amurado a babor, mientras era impulsado por una suave brisa del Norte, pero seguía teniendo las velas acuarteladas y dispuestas como si el viento viniera por estribor (es decir del sur).

El hecho alarmó al comandante Morehouse, comandante del Dei Gratia y sus sospechas fueron en aumento cuando posteriormente consiguió leer el nombre del arco en medio del balanceo; en realidad conocía a Briggs desde hacia tiempo y sabía que era un marino muy hábil. Además, Morehouse observó que no había nadie al timón, ni señal alguna de vida en cubierta. Cada vez más preocupado, ordenó a su primer oficial, Oliver Deveau, que se enterara de lo sucedido. Deveau pasó a bordo del Mary Celeste con algunos marinos de la tripulación. Comprobó que estaba desierto y que había desaparecido el único bote. De la popa colgaban restos de la amarra. 

 El antepecho lateral, correspondiente al lugar donde debió arriarse el bote, continuaba abierto, clara muestra de la huida precipitada, mientras que la barra de sondeo (empleada para medir la cantidad de agua en la sentina) había sido abandonada en la cubierta, cerca de la bomba. Cuando Deveau comprobó el nivel de agua en la sentina, se dio cuenta de que apenas había un metro, cantidad totalmente aceptable para un barco de aquel tipo, motivo por el cual no tenía por qué alarmar a nadie. No obstante, había muchos detalles poco convincentes, como por ejemplo el hecho de que mientras la escotilla principal y la de carga permanecían cerradas, tanto la  posterior como la anterior y la de la despensa estaban abiertas, asi como el comedor sobre la cabina principal. 

El "Dei Gratia"  

Aparecía abandonado un sable cerca de una de las escotillas abiertas y su hoja estaba machada por algo que parecía sangre. La burda volante se hallaba enredada, la driza de la cangreja se había roto, y la vela de sobregavia y la trinquete se encontraban arriadas. Sin embargo, el barco se veía totalmente abandonado con restos de comida y bien colocados sobre la mesa los pequeños objetos que, con toda probabilidad, habrían caído en caso de colisión o temporal. La ropa del capitán y de su familia permanecía ordenada en sus baúles. El dinero y los equipajes de la tripulación seguían en sus lugares. Tan sólo faltaba la documentación del barco (con excepción del diario de a bordo) un sextante y algunas provisiones de alimentos que debieran encontrarse en la despensa. 

En este punto, Morehouse  hizo pasar algunos hombres al barco abandonado para llevarlo a Gibraltar donde presentó una demanda de indemnización por su recuperación.

 INICIO DE UNA SERIE DE HIPÓTESIS 

Tan pronto el Mary Celesté llegó a Gibraltar, se constituyó una comisión investigadora, dirigida por Solly Flood, procurador del Almirantazgo Se llevó a cabo una completa inspección del barco, pero no se halló nada que pudiera aclarar el motivo de la misteriosa desaparición del capitán, de su familia y de los tripulantes; además, el análisis del sable puso de manifiesto que estaba cubierto de óxido en vez de sangre. Por tanto, el informe oficial de la comisión no sirvió para disipar el misterio, y Flood opinaba que la tripulación consiguió apoderarse de la carga (nueve de los barriles de alcohol estaban vacíos o en mal estado) y que los marineros, en plena borrachera asesinaron al capitán y su familia, huyendo luego a bordo de otro barco. 

La teoría de que se hubiera cometido un delito a bordo, desató una serie de macabras hipótesis, algunas de las cuales rayan en lo fantástico. En enero de 1884, el Cornhill Magazine publicó un relato de J. Habakuk Jephson, según el cual el Marie Celeste [sic] viajaba hacia Lisboa al mando del Capitán "Tibbs" [sic] y con varios pasajeros a bordo, entre los cuales figuraba el autor del artículo y un tipo especialmente equívoco, un tal Septimius Goring. El relato de J. Habakuk Jephson se vuelve totalmente incomprensible a partir de este punto: de hecho, desaparecieron misteriosamente la esposa y la hijita del capitan, y éste, desesperado, se suicidó. El cocinero asumió el mando del barco y puso rumbo a África, donde todos los blancos fueron aniquilados, pero el autor consiguió salvarse gracias a una piedra negra que llevaba en el bolsillo. Sus carceleros creyeron que se trataba de la parte que faltaba en uno de sus ídolos y de este modo Jephson sobrevivió mientras el barco quedaba a la deriva. De inmediato se descubría la verdadera identidad del afortunado relato: sir Arthur Conan Doyle, el famoso creador de Sherlock Holmes

. El escritor logró cautivar el interés del público de una manera bastante morbosa e inspiró una serie de otras explicaciones extravagantes sobre la suerte del Mary Celeste. Alguien sostuvo la hipótesis de que el capitán Briggs y Morehouse estaban de acuerdo y lo habían preparado todo para conseguir la indemnización por el salvamento del barco, que luego se repartieron. Pero Briggs era propietario de parte del barco, y por tanto, según la ley, hubiera tenido que pagar parte de los gastos de salvamento. Además, tanto él como Morehouse eran personas de excelente reputación, y por tanto esta teoría no resultaba sostenible. Según otros, el barco colisionó con un gigantesco pulpo, y fue abandonado en un momento de pánico. En 1924, el capitán Millet supuso que el Mary Celeste salió de su derrota debido a fuertes vientos, se dirigió a África y fue abordado por una banda de piratas, mientras estaba encalmado. El capitán y la tripulación abandonaron el barco en el bote auxiliar, intentando huir, pero la embarcación habría sido seguida y hundida por los malhechores, mientras el Mary Celeste, empujado por la ligera brisa que entretanto se habría levantado, se alejó a la deriva. 

TEORÍAS PLAUSIBLES 

Queda un par de explicaciones plausibles del misterio. Había nueve barriles vacíos o dañados, lo cual avala la hipótesis de que la acumulación de gases de alcohol pudo provocar una pequeña explosión. Pensando que podía estallar todo el barco, el capitán, su familia y la tripulación pudieron haberse embarcado en el bote, dejándose a remolque con un largo cabo, con la intención de volver a bordo del Mary Celeste si sus temores demostraban ser infundados; pero la rotura del cabo y la deriva del barco les impidieron volver a subir a bordo. La segunda hipótesis creíble es que una tromba marina (una columna de agua en rápida rotación, parecida a un huracán, que se levanta de la superficie del océano impelida por un viento turbulento) produjo la rápida acumulación de agua en la sentina, induciendo al capitán y a la tripulación a pensar que el barco se hundía (teoría corroborada por la barra de sondeo hallada en cubierta). Entonces, habrían dispuesto el bote, confiándo poder volver a bordo, pero se rompió el extremo del cabo y el el oleaje se llevó el bergantín. l

                                               

               David Reed Morehouse, Capitan del Dei Gratia          Oliver Deveau, primer oficial del Dei Gratia.

EL FINAL DEL MARY CELESTE 

Después de los misteriosos sucesos, la carrera del Mary Celeste fué muy ajetreada. Cambió frecuentemente de propietario, y siempre se vendió por debajo de su valor de mercado, puesto que nadie estaba especialmente deseoso de navegar a bordo de un barco 'embrujado".

 Su último viaje, de Boston a Haití, tuvo lugar en 1884, con carga mixta. El 3 de enero de 1885, el barco encalló y resultó destruido en la escollera de Rosheli, en aguas de la costa de Haití. Un control de la carga puso de manifiesto que su verdadera valor no correspondía al que había sido asegurado, y el capitán, el cónsul americano en Haití y los expedicionarios fueron acusados de estar de acuerdo para estafar a los aseguradores. Durante el proceso se demostró que el capitán Parker había llevado deliberadamente al Mary Celeste a los escollos; no obstante, fue absuelto gracias a una formalidad burocrática, y murió antes de que se instruyese un nuevo proceso.  

EL MISTERIO DEL BERGANTÍN MARY CELESTE (Neptunia  1927)

Desde hace más de medio siglo, el caso del Mary Celeste constituye el más célebre misterio del mar, pues si bien se han producido muchos casos de veleros que han desaparecido completamente sin dejar rastro de ellos y de sus tripulaciones e igualmente otros han sido hallados como derelictos abandonados, flotando a la deriva con cuyos despojos no se ha podido determinar la causa del desastre ni el destino que cupo a sus tripulantes, nincuno de estos casos presenta las notables caracteristicas del Mary Celeste, encontrado abandonado en alta mar, en perfectas condiciones de navegación con el velamen establecido y todos los objetos de a bordo en completo orden, sin haberse observado que faltara alguno, ni que hubiera signos que demostraran las causas del abandono. Todo lo contrario, no fueron encontrados rastros de lucha, el libro de bitácora estaba llevado en forma hasta pocas horas antes del hallazgo y no se consignaban en él datos que presumieran nada fuera de lo regular en la vida de a bordo. Más aun, la mesa estaba tendida en la cámara del capitán y los platos en su sitio con restos de comida.

¿Cuáles fueron las causas del abandono?

¿Qué destino tuvo la tripulación?

Estas son las preguntas que desde hace cinco décadas están en boca de aquellos que se ocupan de la vida marinera.

El Mary Celeste, bergatín de la matrícula de Nueva York, zarpó de Boston en el mes de octubre 1873 cargado con sebo y relojes americanos, con destino a Lisboa. El capitán estaba acompañado de su esposa y de una hijita de cinco años. En diciembre del mismo año la barca inglesa Dei Gratia, encontró abandonado al Mary Celeste en latitud 30°40' N, longitud 17°15 0 posición entre Madeira y las islas Canarias y lo remolcó a Gibraltar.

El misterio consiste en las condicions en que el buque fué hallado por la Dei Gratia. El tiempo había permanecido bueno desde varios días atrás y cuando fué abordado se encontró que en él todo estaba en condición A 1, atesado como el parche de un tambor y sin ningún signo demostrativo de las razones que obligaron a la tripulación a abandonarlo precipitadamente.

No se encontraron rastros de que la gente se hubiera arrojado al mar, ni que las provisiones faltaran y el misterio aún se ahondó más, cuando se observó que los botes de a bordo permanecían intactos, que había comida a medio consumir en el castillete, que las ropas de las tripulaciones estaban en su lugar, como así también los instrumentos de navegación y el libro de bitá-CDra, sin embargo la tripulación incluso el capitán su esposa e hija habían desaparecido y nada se ha oído de ellos desde entonces.

Miles de teorías se han planteado, relativas a descorrer el velo de este enigma y todas las creaciones fantásticas de la imaginación han sido aplicadas a ese fin.

Sin embargo ninguna de ellas ha recibido una lógica aceptación. El asunto de la Mary Celeste ha atraído la atención de célebres autoridades en materia náutica, escritores como Conan Doyle han tratado de desvelar el misterio y repetidas veces se han hecho públicas confesiones de supuestos sobrevivientes, pero todas ellas han resistido la crítica del frío análisis de los hombres de mar.

Refiriéndose a este asunto el Sr. Federico Guillermo Wallace, reputado como escritor y autor del libro "Buques de Madera 3' Hombres de Hierro", dice en un reportaje que le fué hecho por el diario "The Montreal Star" que algunos hechos desconocidos lo conducen a dar a este misterio una solución natural.

En efecto; expresa el Sr. Wallace, se han dado tantas opiniones sobre el asunto del Mary Celeste que yo no titubeo en dar la mia.

Puedo empezar por dar a conocer algunos detalles desconocidos. En primer lugar el nombre del bergantín era Mary Celeste y no Marie Celeste. Muchos escritores la han denominado incorrectamente. Luego el Mary Celeste originariamente buque de Nueva Escocia era de 198 toneladas y fué construido en la isla Spencer, Nueva Escocia y registrado en Parrsboro, N. S. Su nombre primitivo era Amazonas y su constructor Joshua Dewis, siendo botado el 18 de marzo de 1860. En setiembre de 1866, encalló en la bahía Cow, cabo Bretón donde perdió sus fondos. Un americano lo adquirió y sa-

candólo de la varadura lo reparó, transfiriéndolo al registro americano en diciembre de 1868 cambiándole el nombre por el de Mary Celeste. La misma firma fué la que construyó varios otros hermosos buques de velas cuadras, pero el primero de todos es el ya famoso que ha dejado tras de sí un misterio.

Respecto a su teoría sobre tan particular abandono, el Sr. Wallace dice: no obstante haber escrito algunas románticas ficciones, temo que mi experiencia en los escritos sobre el mar escasamente me permitan aventurar una opinión inicial. Hechos que aparecen como sofisticaciones a los ojos de los hombres de tierra, son sin embargo aceptados como probables por la gente de mar. Un buque desaparecido con todos sus tripulantes se le considera un misterio del mar, pero hay que tener presente que aun cuando haya sido construido de la mejor calidad una colisión con un derelicto o con hielos flotantes puede precipitarlo al fondo con la velocidad de una piedra sin dejar en la superficie rastro alguno que pueda identificarlo. Hay también rocas y arrecifes donde el buque puede chocar y sumergirse sin dejar trazas. Cargamentos explosivos que pueden explotar por combustión espontánea y hundir el buque en pocos segundos no son raros. El océano es amplio y los buques no se detienen a recoger insignificantes despojos que flotan y que podrían dar indicios que orienten.

Pero ya que se me pide la opinión sobre el misterio del Mary Celeste, pienso que la tripulación lo abandonó con gran precipitación en estado de pánico supongo, arrojándose al agua y recogiéndola uno o varios botes pertenecientes a otro buque que se hallaba cercano. No puedo suponer que se hayan arrojado en conjunto amenazados por misterioso monstruo marino como ha sido sugerido, porque en este caso naturalmente habría buscado refugio bajo cubierta.

No existia en- la carga del Mary Celeste nada que indujera a un abandono, no hay pruebas tampoco de que un tripulante enloquecido hubiera arrojado al agua a los demás, ni hay señales de que una peste hubiese producido una muerte repentina de toda la gente, ni la hay de que un asalto de piratas la hubiera obligado a abandonar el buque.

Indudablemente la amenaza que produjo el abandono fué externa y llegó inesperadamente sin anuncio previo, sin dar tiempo a reflexionar.

Si escribiera la historia de la forma en que fué abandonado diría: el Mary Celeste estaba encalmado y próximo a otro velero cuyo cargamento era de carbón y dinamita; he oído decir que esta combinación de cargas era usual en esa época, luego mi suposición es lógica.

Como sucede con frecuencia, los buques encalmados que están próximos entre sí, tienen tendencia a atraerse y puedo suponer entonces que el otro buque se acercó al Mary Celeste a unos cien pies de distancia. Esto se ha visto repetidas veces. En ese momento la tripulación del otro buque se dio cuenta que el carbón se había incendiado por combustión espontánea, también accidente muy común y de ahí que habiendo fuego inmediato a la carga de dinamita, la tripulación presa del pánico lanzara un bote al agua quizá el más pequeño y liviano y en esta forma abandonara el buque y bogara hacia el Mary Celeste a informar del inminente peligro. Entretanto una brisa levantada de repente produjo mayor acercamiento del buque incendiado al Mary Celeste y el pánico cundió entre sus tripulantes.

Dentro de los limites de la probalidad el capitán del buque en fuego expresó que no había tiempo de arriar botes y la tripulación del Mary Celeste sin perder tiempo se arrojó al agua y nadó hasta el bote salvador.

Ahora tenemos a la tripulación de ambos buques alojada en un pequeño bote que rápidamente se alejó del lugar de peligro y cualquier cosa pudo suceder. El bote zozobraría echando la gente al agua sea por estar demasiado cargado, sea por estar reseco y hacer agua. Una catástrofe de esa clase muy posible, produjo la muerte de todos, si alguno pudo asirse al bote, los tiburones abundantes en esa región dieron cuenta de él.

Ahora, respecto del buque incendiado en la vecindad del Mary Celeste un nuevo golpe de viento lo separó y éste quedó ya fuera de la zona peligrosa cuando el otro explotó, siguiendo a la deriva a gran distancia del lugar de la catástrofe.

Esta es a mi juicio la teoría más lógica y como he oído y leído suposiciones análogas, opino que estoy dentro de lo que piensan las personas familiarizadas con el mar.


OTRA FAZ DEL MISTERIO SOBRE EL BERGANTÍN "MARY CELESTE"

 por Peak Halyard de "The Rudder" - Neptunia 1932

Transcribo a continuación algunas declaraciones de las prestadas ante el Tribunal que examinó el caso de la Mary Celeste. A mi juicio ellas parecen evidenciar muchas contradicciones entre las declaraciones prestadas por la tripulación respecto de lo que hicieron o no vieron a bordo de la Mary Celeste. Siento de veras no poder monopolizar las páginas del The Rudder para publicar en extenso esas declaraciones.

Poseo muchos otros datos sobre este caso y allí donde he puesto puntos suspensivos en las declaraciones podrán reconocer que algunas han sido borradas. Naturalmente, he tratado de dejar las partes más importantes.

Las cartas del señor H. L. Sprague, cónsul Americano en Gibraltar al Ayudante Secretario del Estado en Nueva York son verdaderamente interesantes, especialmente la que se refiere al Capitán del Dei Gratia, en la que se expresa que salió en gira por algunos pueblos en España mientras que en realidad se había dirigido a Nueva York.

Personalmente pienso que existe un juego contradictorio y que la tripulación del Dei Gratia cerró sus ojos a la señal S. O. S. dada por la de la Mary Celeste desde abordo del bote de la misma y que se posesionó del Mary Celeste dejándola que encontrara el único destino que podía alcanzar con la mar que corría. Tengo también una carta de un alemán dirigida al Cónsul

relativa a la tripulación del Mary Celeste, en la que dice que había encontrado dos o tres hombres de su tripulación expresando además que se encontraban tranquilos.

Ciertamente el misterio continúa pero tan interesante como siempre.

El autor

Neptunia en el número 62 transcribió un interesante juicio relativo a las posibles causas que influyeron en el abandono misterioso en alta mar del Bergantín Mary Celeste. Aquella opinión no venía más que a acrecentar la leyenda que se ha formado alrededor de este derelicto a través de los 59 años transcurridos desde el día en que el Mary Celeste fué encontrado en alta mar completamente abandonado, sin averías mayores, con parte del velamen izado y con indicios inequívocos de haber sido abandonado recientemente.

Como los misterios del mar forman parte integrante de la vida espiritual del yachtsman transcribimos traducido el artículo de Peak Halyard por considerarlo lleno de interés.

Al pie del mismo insertamos también la traducción de la carta que la esposa del Capitán del Dei Gratia, señora Morehouse ha dirigido a Peak Halyard reclamando para su finado esposo la hombría de mar de que ella misma está dotada.

N. de la D.

Muy a menudo la historia del Mary Celeste —ex Amazón de la Matrícula de Gran Bretaña— ha aceptado como verdaderas muchas de las ficciones que a ella conciernen.

En resumen, los hechos fueron que el buque inglés Dei Gratia se aproximó en medio del Atlántico al Mary Celeste, lo encontró en perfectas condiciones, con sus velas establecidas, sin los botes y con restos de un almuerzo comenzado con huevos colocados en hueveras sobre la mesa de la cámara.

Basados en estos informes nos han sido presentadas las más fantásticas soluciones y es en virtud de ellas que se respira aire fresco cuando leemos las declaraciones hechas ante el Trifcunal del Almirantazgo de Gibraltar en el año 1872 y ellas son:

"En el Tribunal del Vicealmirantazgo de Gibraltar 1872-1873. La Reina (Victoria) en el desempeño del Almirantazgo y en el juicio contra el buque que se supone haberse llamado Mary Celeste y su cargamento reclamado como derelicto, ante el Venerable Sir James Cochrane Knight Juez y Comisario del Tribunal del Vicealmirantazgo de Gibraltar y en las audiencias celebradas desde el martes 17 de Diciembre.

Presentes: Edward Joscelyn Baumgartner inspector, Frederick Solly Flood, Ssq. Abogado y apoderado de la Reina en representación del Almirantazgo ; Henry Peter Pisani, abogado y apoderado de David Reed Morehouse, Capitán del bergantín inglés Dei Gratia y de los Armadores, oficiales y tripulación del mismo buque reclamantes del salvataje.

Fué este el día designado por el Juez para tomar declaraciones y examinar vcrbalmente en audiencia pública a Oliver Deveau, John Wright, John Johnson, Charles Lund y Augustus Ander-son, testigos necesarios presentados por Pisani para probar los derechos que reclama su parte y en razón de que deben abandonar la jurisdicción del Vicealmirantazgo de Gibraltar por la prosecución de su viaje. Oliver Deveau previo juramento declaró así: Soy primer contramaestre del buque inglés Dei Gratia. Dejé Nueva York el 15 de Noviembre con destino a Gibraltar a las órdenes del Capitán Morehouse. El 5 de Diciembre hora local, estando mi guardia abajo, el capitán me llamó y me dijo que se avistaba una vela extraña a proa por barlovento aparentemente con averías y requiriendo auxilio —esto sucedía probablemente alrededor de las 3 p.m. hora local. — Subí a cubierta y vi con los anteojos un buque al parecer a 4 ó 5 millas de distancia. El capitán propuso hablar al buque para ofrecerle auxilio si fuere necesario y tomamos el viento para cumplir ese propósito. Calculo que estaríamos en los 38:20 N. y 17:15 W. por la estima de nuestro buque. Nos arrimamos al buque, llamamos y no encontramos a nadie a bordo. No recuerdo si fué el capitán o yo quien propuso lanzar un bote, pero uno de los dos fué y el bote fué lanzado y yo con dos hombres nos embarcamos y abordamos el buque. La mar que corría era alta y el tiempo había estado tormentoso pero el viento estaba moderando.

Subí a bordo y la primera cosa que hice fué sondear la sentina con la bomba la cual estaba en orden. No encontré a nadie a bordo. En la sentina había 3^2 pies de agua al sondearla. El aparejo de la bomba estaba bien, pero a una de las bombas se le había corrido el pistón al fondo... Sólo utilicé la otra bomba en esta ocasión y la dejé en el estado que la encontré. Encontré fuera de su lugar la tapa del tembucho de proa y la del combés y la lámpara de la bitácora adentro —gran cantidad de agua había entre cubierta— la cabina de proa llena de agua hasta las regalas, la cabina estaba en la cubierta superior. Encontré todo mojado en la cabina... el reloj estaba echado a perder con el agua; la claraboya "de la cabina estaba levantada; la bitácora del compás estaba destruida. Encontré todos los útiles del capitán y entiendo por éstos, sus ropas, uniformes, etc., y la cama estaba como si recién la hubiera abandonado : la cama y las otras ropas estaban mojadas. Juzgo que debió haber una mujer a bordo. Encontré las cartas náuticas y libros del capitán, un número de éstos en la cámara, algunos estaban en dos bolsas debajo de la cama y dos o tres

cartas náuticas sueltas sobre la cama. No vi cartas en la mesa; encontré el cuaderno de bitácora y la pizarra; el cuaderno de bitácora en la cabina del contramaestre sobre el escritorio; la pizarra sobre la mesa de la cámara. Vi una anotación en el C. de B. al 24 de Noviembre y una en la pizarra al 25 de Noviembre indicando que habían reconocido la isla Santa María. No observé la anotación en la pizarra el primer día, e hice en ella algunas anotaciones más y sin intención la borré cuando vi la pizarra, por lo menos así pienso que ocurrió. No encontré los registros del buque u otros papeles concernientes a! mismo sino algunas cartas y libros de resúmenes, (prueba a). Encontré la libreta de anotaciones del contramaestre donde figuraban anotaciones sobre recibos de cargas, etc.. .. En la cabina colgando sobre la cama del contramaestre había dos cartas que indicaban la ruta del buque hasta el 24 y una debajo de la cama. Parecía haberse abandonado las cosas en desorden como con apuro pero todo estaba en su lugar. Observé sobre la cama del capitán rastros de haber estado allí una criatura. El casco del buque aparentaba estar en buenas condiciones, casi nuevo...

Los mástiles eran buenos; las perchas estaban bien, el aparejo en desorden; parte del aparejo corriente había desaparecido; el aparejo firme estaba perfectamente; la sobre mesana y la me-sana no existían, aparentemente habían sido arrancadas de las vergas, el velacho colgaba por sus cuatro extremos; la trinquctilla arriada estaba en la cámara de proa, el foque y el volante establecidos, las demás velas estaban recogidas. El buque era un bergantín de unas 200 toneladas y estaba en condiciones de navegación, casi como nuevo. Las anclas y las cadenas estaban bien. No había feotes ni pescantes, parece que se llevara el bote sobre cubierta; había una percha cruzada en los pescantes de la popa aunque no había bote allí. Regresé a bordo de mi barco e informé al capitán del estado del bergantín.

Le propuse conducirlo pero me dijo que había peligro y grandes riesgos para nuestras vidas y nuestro propio buque. Consultamos con la tripulación y resolvimos llevarlo durante una distancia que estimé en 600 a 700 millas... El capitán me entregó dos hombres, un bote chico, un barómetro, compás y reloj. Yo llevé conmigo mi propio instrumental náutico y algún alimento que el cocinero había preparado. Regresé a bordo la misma tarde del 5 —una después quizá— izé el bote a cubierta; bombeamos y me hice cargo del mismo. Augustus Anderson y Charles Lund son los nombres de los dos hombres que tuve conmigo, pero no eran los mismos que me acompañaron

la primera vez que subí al bergantín, los nombres de esos eran John Wright y John Johnson. Llegamos a Gibraltar en la mañana del 13 de Diciembre. Cuando recién subimos a bordo tuvimos mucho que trabajar para dejar todo en orden. Encontré una vela de capa de repuesto que usé como triuquetilla. Dos días tardamos en disponer las cosas a bordo para poder seguir viaje y hacer navegación. Tuvimos buen tiempo al principio hasta alcanzar el estrecho donde nos tomó una tormenta por cuya razón decidí no recalar en la Bahía sino aguantarme frente a Cueta y después en la costa española hacia el Este. Cuando arribé a Gibraltar encontré allí al Dei Gratia al cual lo había avistado casi todos los días durante la travesía hablándole dos o tres veces. Nos mantuvimos en su compañía hasta la noche de la tormenta y entonces lo perdí de vista. Observé la naturaleza de la carga estibada entre cubiertas — barriles marcados, alcohol en uno de sus extremos — entrados con igual denominación en el libro de anotaciones del Contramaestre del Celeste... Olvidaba decir que la cámara que era una cabina en cubierta, tenía todas sus ventanas levantadas. También encontré la vara de sondear sobre cubierta al lado de la bomba.

Repreguntado por el abogado procurador de la Reina dijo:

"Dejé Nueva York el 15 de Noviembre. Examiné el libro de bordo y noté que había zarpado de Nueva York quizá ocho u once días antes. No puedo decir exactamente el número de días que salió antes de nosotros. Encontré que era un hermoso velero; yo llamo al Dei Gratia, un hermoso velero. Suponiendo que ambos buques estuvieran bien equipados, maniobrados y navegados, él debió ser más veloz que nuestro buque. No hallamos a ningún otro bergantín en nuestra travesía hasta Boston y no cruzó ni avistamos ningún buque similar en nuestra travesía, por ello la primera vez que vi este buque fué cuando lo encontramos abandonado. No puedo afirmar sin referirme a mi libro de bordo dónde estaba nuestro buque los días 24 y 25. No se si estábamos al N. del otro. Sé que estábamos entre las latitudes 40 y 42. Sólo sé que estábamos al N. de él mirando la ruta en su carta. No avistamos la isla St. Mary en ningún momento del viaje. No conozco la latitud y la longitud de la isla St. Mary sin observar la carta. Sólo he realizado antes un viaje desde Nueva York a Gibraltar y tampoco avistamos St. Mary entonces...

"Desde el 15 de Noviembre hasta el 24 de Noviembre tuvimos días tormentosos casi todo el tiempo de la travesía, las más de ¡as veces tiempo grueso. Durante él nunca abrimos la escotilla de proa mientras navegábamos, la escotilla principal estuvo abierta durante una hora quizá. Teníamos cuatro escotillas, una a proa, una en el combés, otra a popa y otra en el alcázar. El Mary Celeste sólo tenía dos, una a proa y otra en el combés aparte de la del alcázar. La cámara del Mary Celeste sobresalía ligeramente sobre la cubierta superior —dos pies más o menos— y las ventanas estaban en esos dos pies; había seis ventanas, dos en la cabina del capitán, una en la del contramaestre, una en el W. C, una en el antecomedor y una mirando a proa; estaban todas cerradas —levantadas— y obturadas con lona y tablas. Abrí una, la de la cabina del contramaestre, las demás quedaron como estaban, los masteleros y mastelerillos estaban arbolados. Tenía cuatro vergas, dos de juanete, una de velacho y una de sobrejuanete. Las velas mesana y juanete estaban cargadas, el aparejo corriente de esas velas estaba en su lugar. El aparejo fuera de lugar eran las brazas de proa a babor que estaban cortadas — la braza de estribor del juanete estaba rota — las drizas de pico estaban rotas; el aparejo de las velas de proa estaba cortado, las cargaderas estaban fuera de lugar — la proa del buque estaba hacia el W. cuando recién lo avistamos ■— estaba amurado a estribor — la rueda del timón no estaba amarrada y ella y su aparejo estaban en buen orden — con las velas de proa en viento habría podido orzar pero arribaría en seguida. Con las velas que tenía en viento cuando lo avistamos arribaría pero no mucho. Pudo siempre tener esas velas en viento — el viento era N. suave aunque había soplado fuerte por la mañana. No estoy al tanto de las corrientes que reinan en ese lugar pero creo que tiran hacia el E...

El primer punto que recalé cuando pude tomar marcaciones fué el Cabo San Vicente... No había perchas de repuesto en ninguna parte de las cubiertas del Mary Celeste. Cuando no hay botes en los pescantes de la popa, a menudo existe una percha que los une y evita que giren. En este caso la percha estaba pasada por los cáncamos de los cuadernales lo que demuestra que allí no había habido bote... Nosotros teníamos dos botes, el Celeste no tenía espacio en cubierta para dos botes. Podía presumirse el lugar donde pudo haber estado trincado atravesado sobre la escotilla del combés, pero ese np era el lugar que le hubiera correspondido. No había trincas visibles, entonces creo que el Mary Celeste no había tenido bote — pero había dos defensas donde el bote pudo haber sido trincado. Suponiendo que hubiera habido bote, no había signos que denunciaran cómo fué arriado, ni había signos de aparejos para haberlo botado. Nosotros izamos el nuestro desde el trancanil del buque sin aparejo e izándolo con un cabo de remolque directamente amarrado al casco...

Penetré a la cámara a los pocos minutos de haber sondeado con las bombas. Sobre la mesa estaba la pizarra de bordo y no puedo decir que otras cosas... No puedo decir si habia algunos cuchillos. No noté ningún preparativo de comida en la cámara; sobre la mesa había mucho que comer, pero todos los cuchillos y tenedores estaban en el antecomedor, el caballete de la fuente estaba en la mesa pero sin comida — no había nada que comer o beber en la cámara, sino carne conservada en el antecomedor. Examiné el estado de la cocina, se hallaba ubicada en el extremo de la cabina de proa y todos sus utensilios, ollas, cacerolas, calderos, etc., estaban desparramados, había un pie de agua en el piso de esta cabina. No puedo decir cómo pudo haber penetrado esa agua, pero la puerta estaba abierta y la tapa corredera del tambucho sacada; las ventanas estaban cerradas. No había provisiones cocinadas en la cocina. Nunca he visto que el agua penetre a un buque desde la altura de los mástiles. Había una barrica de harina en la cocina con un tercio consumido. Nosotros usamos las provisiones halladas en el Mary Celeste — papas y carne de los que había creo para seis meses. La bitácora del compás estaba averiada cuando subí a bordo, la arreglé y utilicé en la navegación. El cristal estaba roto, la bitácora había sido arrancada de su lugar y colocada provisoriamente amarrada en el techo de la cabina, pero como se habían roto las cornamuzas de madera había quedado suelta. Después encontré el compás en otro lugar — en la cabina del contramaestre — lo encontré recién cuando subí a bordo por segunda vez — es general que los buques lleven dos o tres compases. Encontré dos cuadrantes — uno en la cabina del segundo contramaestre... La carga parecía estar en buen estado y bien estivada sin haberse movido y en cuanto puedo saberlo la carga no estaba averiada. No encontré a bordo vino, cerveza o alcohol de ninguna clase. (Interrogado por el Juez) : El buque estaba estable mientras estuve a bordo y no encontré signo de que se hubiera tumbado porque las tapas escotillas se habrían salido de su lugar.

Suponiendo que el buque se hubiera tumbado y que las tapas escotillas hubieran estado cerradas, debió enderezarse de nuevo sin moverse la carga y sin dejar rastro de ese bandazo. Pienso que la tripulación se alarmó y sondó la sentina con la varilla y encontró que había una cantidad de agua en ella y suponiendo que se iría el buque a pique lo abandonaron... con el objeto de dar entrada en el libro de bordo — "las bombas cuidadosamente atendidas" las bombas debieron ser sondeadas cada guardia o cada cuatro horas. Si el buque estuvo haciendo agua más abundante — el hecho de encontrar en su sentina sólo cuatro pies cuando subimos a bordo, demostraba que no haría agua o hacía muy poca en las últimas 24 horas y entonces concluyo pensando que toda el agua que había en la sentina debió haber penetrado por sus escotillas a través de la cámara. El libro de bordo que se exhibe lo encontré en la cámara del Mary Celeste y ¡o continué usando en mi travesía hasta Gibraltar. Es de mi letra todo lo escrito desde el 5 de Diciembre hasta -el 13 del mismo, día de arribo, incluso las notas marginales sobre latitud y longitud. Eas cifras relativas a velocidad son solamente conjeturadas-— no había corredera a bordo. Cuando recalé tierra omití anotar la velocidad probable — el tiempo comenzó a soplar fuerte después de haber avistado Cabo Espartcl el día 11 — Earo Cueta.

"Afirmo que tuvimos que navegar 30 ó 40 millas remontando al largo de la costa española después de haber dejado Cabo Cueta — esto es después de dejar Cueta a las 6 a.m. a la vista de costa". Se exhibe la pizarra de bordo. El Procurador General da lectura a la entrada efectuada en la pizarra el 26 de Noviembre. "Yo nunca utilicé este lado de la pizarra sobre el cual aparece ahora este asiento. Dejé las cartas a bordo del Mary Celeste (Al Juez) He sido capitán de un brig, he llevado el libro de bordo del Dei Gratia. No poseo diploma de capitán pero sí certificado de contramaestre".

El Juez de acuerdo con el Tribunal del Vice-almirantazgo suspende la audiencia para el próximo viernes.

Viernes 30 de Diciembre de 1872.

Nuevas declaraciones de testigos se toman este día.

El testigo Oliver Deveau es llamado de nuevo:

"Deseo corregir mi .declaración del miércoles respecto a la hora en que el capitán me llamó, que era la 1.30 y no las 3 p.m. como dije.'Eran las 3 p.m. cuando subimos a bordo del buque que encontramos abandonado... Nuestra tripulación -da componía 8 personas todos mayores — el Dei Gratia — es también un bergantín. Pasamos al N. de todo el grupo de las Azores. Algunos buques cruzan por el S. y otros por el N... No había apariencias de perjuicios ocasionados por el fuego o el humo en ninguna parte del buque... (Al Juez). Pasamos al N. del grupo, el Mary Celeste pasó por el S. me parece dado el punto marcado en la carta en la última situación anotada del Mary Celeste el 24 y el lugar donde lo encontramos 500 o 600 millas de ese punto me parece. El viento soplaba del N. al S. W. en el intervalo entre el 24 de Noviembre y el 5 de Diciembre... No puedo dar opinión respecto a si el derelicto pudo recorrer la distancia hasta donde lo encontramos en ese intervalo con las velas que tenía establecidas. Navegaba constantemente ij4 ó 2 nudos con el viento por el través cuando lo avistamos. Debió tener más velas izadas al principio — no debió navegar continuamente con viento en popa y el timón sin amarrar. Tenía izadas dos velas de proa — foque y trínquetilla alta, amuradas a estribor. Las vergas estaban cruzadas... el viento era del N., su proa estaba al \V. Navegaba pues en sentido contrario que nosotros cuando lo encontramos. Probablemente cambió su rumbo más de una vez y a veces debió haber retrocedido... Las ropas de la tripulación fueron abandonadas a bordo, impermeables, botas y aún sus pipas como si los hubieran dejado con gran apuro... Los barriles de agua estaban en sus asientos y éstos movidos de su lugar como arrastrados por un golpe de mar. El contenido de los barriles estaba en su lugar — no se había derramado. Si el buque se hubiera tumbado se habrían vaciado al mar".

Leída la declaración y aprobada, fué firmada. Edward J. BaumgarTnér, Inspector.

Declaración leída y escuchada el día 3 de Marzo de 1873.

John Wright previo juramento tomado por Pisani.

"Yo soy segundo contramaestre del Dei Gratia. Recuerdo que el día 5 de Diciembre estando de guardia en cubierta de 12 a 4, recuerdo haber avistado un buque a la 1. El buque estaba más o menos a 6 millas de distancia por la amura de babor — nosotros gobernábamos al S. E. cuarta al E. Abordamos el buque con el contramaestre Deveau y John Johnson... La lumbrera, estaba en buen estado — no estaba abierta... Corría una mar tolerable cuando lanzamos el bute para abordar el Mary Celeste... Llegamos a Gibraltar un martes por la mañana, estoy seguro que no era jueves a la tarde".

Repreguntado por el Procurador de la Reina, dijo:

"Fué durante mi guardia que avisté el derelicto — el timonel Johnson en ese momento fué el primero que lo avistó y me indicó el buque... Transcurrieron dos horas desde que lo avistamos hasta que lo abordamos. Guiñaba algo pero no mucho... El compás estaba en la bitácora — el compás estaba averiado, cualquier presión que arrancara la bitácora de su lugar destruiría el compás... Había pescantes a popa para colgar un bote, estaban en buen estado. De ninguna manera podría decir si se lanzó o no bote al mar. No he observado ningún signo que permitiría afirmar que hubo un bote en cubierta. No vi ninguna trinca cortada. No vi ningún cabo que indicara que un bote fué lanzado al mar desde a bordo. No observé la presencia de ningún cabo de remolque... Las cadenas y anclas estaban correctamente a bordo y no mostraban signos de que hubieran sido fondeados o de que hubieran cortado la cadena... La cocina estaba fuera de lugar... Un golpe de mar pudo haberla sacado de sitio... Un golpe de mar que golpeara pudo ser la causa de que el recinto de la cocina se llenara de agua, la escotilla del alcázar estaba abierta y una buena cantidad de agua pudo penetrar por ella a causa de embarcar una ola por popa... La escotilla principal estaba cerrada y afirmada, había sobre ella dos perchas amarradas, eran perchas rústicas, yo no sé quién las colocó allí".

Leída y aprobada esta declaración fué firmada: Edward J. Baumgartner.

Charles Lund juró y fué examinado por Pisani:

"Soy uno de los marineros del Dei Gratia. Recuerdo que el 5 de Diciembre fué avistado el Mary Celeste, yo no estaba de guardia, fui llamado a cubierta.. ."

Repreguntado por el Procurador de la Reina, dijo:

"Cuando recién subí a cubierta la bitácora estaba sobre la cubierta al lado de la rueda del timón... La bitácora no fué arrastrada nuevamente por mal tiempo mientras estuvimos a bordo. Si se hubiera embarcado un golpe de mar después la bitácora pudo haber sido arrastrada desde donde estaba. Yo no he visto nunca una ola embarcada que pudiera hacer esto... La mar mientras estuve a bordo nunca llegó tan a popa como para perjudicar la bitácora... La primera cosa que hice fué bombear hasta secar la sentina, trabajo que efectué 3 horas o más... El Celeste hizo poca agua después... Yo trabajé en la bomba por la mañana y por la tarde a razón de 25 bombeadas cada vez. El Dei Gratia hacía más agua que el Mary Celeste, no encontré botes a bordo, no puedo decir cuántos botes pudo haber tenido. Estoy seguro que hubo un bote en la escotilla principal por las trincas que había allí... Creo que pudo haber un bote del mismo modo como hay una percha amarrada a los pescantes de popa".

El Tribunal suspendió el acto hasta mañana.

Augustus Anderson juró :

Soy marinero de primera y formo parte de la tripulación del Dei Gratia. El 5 de Diciembre el capitán del buque avistó un barco y ordenó lanzar un bote al mar..."

Repreguntado por el Procurador de la Reina dijo:

"El capitán primero avistó una extraña vela... El buque estaba con muy poca vela, no había izada ninguna señal de auxilio, no recuerdo el rumbo a que gobernábamos, llevábamos rumbo a Gibraltar; el buque estaba amurado a babor con proa hacia nosotros — navegaba bastante bien a rumbo... Había cuatro o cinco barriles de agua sobre cubierta — todos en su sitios — no habia cabos arrollados en cubierta..." Al Juez... "Tuvimos trabajo rudo para ponerlo en buen orden para arreglar el aparejo y ordenar el velamen — esto nos llevó dos o tres días... Pusimos el buque a la vela la misma noche — pero trabajamos dos o tres días en ordenar todo, lo bombeamos primeramente".

El Procurador de la Reina lee el cuaderno de bordo: "Fué bombeado a seco entre 8 y 9 de la misma tarde y luego las velas izaron... El buque estaba en condiciones ajustadas para un viaje de circunnavegación con buena tripulación y buenas velas.

Leída y aprobada fué firmada: Edward J. Baumgartner, Inspector.

John Johnson, juró. Examinado por Pisani. Por ser ruso luterano juró por el nuevo testamento:

Mi nombre es John Johnson — soy marinero de primera a bordo del Dei Gratia. — No sé que día fué, pero recuerdo eme vimos y nos aproximamos a un buque, cuyo buque está ahora en Gibraltar. Yo fui a su bordo en el primer bote que se trasladó a él con John Wright, segundo contramaestre y el primer contramaestre.

Subimos a su cubierta. (El testigo tiene ligeras nociones de idioma inglés). Yo no subí a cubierta — permanecí en el bote al costado del buque. Retorné a mi buque y el bote regresó de nuevo desde nuestro buque Dei Gratia al derelicto".

El Procurador de la Reina desiste de las preguntas porque el testigo no entiende inglés.

El Juez al Procurador de la Reina: "Vd. tiene la oportunidad de observar ahora el libro de bordo del Dei Gratia si le agrada y si no lo hace Vd. entonces no obtendrá un conocimiento del asunto por su propia culpa.

El Procurador de la Reina: "He pedido el libro de bordo veinte veces por día y no he podido obtenerlo".

Pisani: "El libro de bordo está aquí en el Tribunal y siempre ha estado accesible para el Procurador de la Reina".

Pisani: "El contramaestre está aquí y si el abogado de la Reina o su Representante quiere interrogarlo sobre otras cuestiones, sobre la vara de sondear la sentina puede hacerlo".

El Juez: "No deseo hacerle ninguna pregunta — he entendido desde el principio que el capitán del Dei Gratia no había sido interrogado.

Pisani entrega al archivo del Tribunal una copia del Registro y libro de bordo del Dei Gratia.

Viernes 31 de Enero de 1873.

G^rnwall solicita del Juez que admita el pedido de su parte, James H. Winchester como propietario legal del dicho bergantín Mary Celeste y que resuelva el pedido de restitución del buque a su favor...

El Juez: "Existen ciertas cuestiones que han sido traídas a mi conocimiento respecto de este buque y mi opinión sobre ellas hacen necesarias nuevas investigaciones antes de resolver ese pedido y admitir que el buque pueda zarpar de este puerto.

La conducta de los salvadores al ausentarse es en mi opinión lo más reprensible y puede probablemente influenciar la decisión relativa al reclamo de remuneración por los servicios prestados y aparece muy extraño porque el capitán del Dei Gratia que sabe poco o nada para auxiliar esta investigación permaneció aquí, mientras el primer contramaestre y la tripulación que abordó el Celeste y la condujo a este puerto se le haya permitido ausentarse como lo ha hecho.

El Tribunal se tomará el tiempo necesario para resolver el pedido de restitución. Martes 3 de Marzo de 1873. Repreguntado Oliver Deveau dijo: No he visto restos o pedazos de bozas o cabos amarrados en los trancaniles. No he visto marca alguna de un hachazo en el trancanil o que éste estuviese cortado... Yo no sé cómo pudo hacerse

un corte en el trancanil, parece que hubiese sido hecho con un hacha... Yo no vi hachas a bordo del Celeste — encontré un hacha vieja. — Yo no reparé los trancantes... Yo no puedo formar opinión sobre la causa de ese corte de hacha en el trancanil. Yo no vi señales de sangre en cubierta... Yo nunca lavé ni raspé las cubiertas del Mary Celeste — no teníamos gente suficiente para eso — la mar bañó la cubierta. (Aquí el Procurador de la Reina expiicó que el agua salada contiene cloro que disuelve las partículas' de sangre).

"Si algunas partes de la cubierta y trancaniles fueron raspados, no tuve noticias de ello y eso no se hizo mientras yo estuve a bordo. Vi una espada a bordo del Mary Celeste... La vi debajo de la cama del capitán... Me pareció que estaba oxidada. Creo que la dejé donde estaba o muy cerca... Yo no la vi al pie de la escalera, quizá alguno de los hombres la colocó allí.

Yo no estaba a bordo del Celeste cuando llegó el comisario para tomar posesión oficial del Celeste y por consiguiente yo no vi que él encontrara la espada".

El Procurador de la Reina trató de demostrar que la espada había sido limpiada con limón que la recubrió de citrato de hierro el cual destruyó las señales de la supuesta sangre que por consiguiente lo que ahora se ve no es sangre totalmente sino otra substancia colocada allí para destruir o desfigurar las señales originarias de sangre que allí habían. No se me ocurre que hubiese tenido lugar algún acto de violencia. Nada hay que me induzca a pensar que allí se ejerció violencia".


 

EL SECRETO DEL "MARY CELESTE"

Traducción de Hans-Joachim Walfer, especial para NEPTUNIA 1934

El 13 de Diciembre de 1872 entró al puerto de Gibraltar un pequeño bergantín, cuya historia perteneció durante décadas a los misterios más renombrados del mar. Ese velero era el "Mary Celeste". Otro bergantín inglés, el "Dei Gratia", lo escoltaba. Su capitán, Moorhaus, relató a las autoridades marítimas las extraordinarias circunstancias en que habría avistado al ''Mary Celeste'', el 4.de Diciembre a 400 millas al este de las islas Azores.

El bergantín tenía sus velas establecidas, pero sin un alma a bordo. El último asiento del diario de navegación databa del 24 de Noviembre. Se supuso entonces, con fundamento, que el velero debió errar por el mar durante 10 días, como verdadero barco fantasma. Aparte del diario no se encontraron documentas de ninguna clase. El cargamento, consistente en tambores de aceite y alcohol, estaba intacto. Tampoco se encontraron rastros de averías en el casco. En el camarote del capitán se encontraron alhajas de mujer, un reloj de oro también de mujer y una máquina de coser; en un baúl había vestidos que debían pertenecer a una muchacha o a una mujer sumamente delgada y pequeña. Ea ropa del capitán, sus zapatos y su gorra se hallaban diseminados por la cabina. Aparentemente había abandonado el barco sin vestirse mientras que su mujer lo había hecho vestida. En el salón y sobre una mesa se hallaba una merienda para tres personas, parcialmente consumida. Las autoridades marítimas registraron repetidas veces el barco. Ciertas circunstancias hacían suponer que el velero había sido teatro de un crimen. Pero eso no era más que una suposición. La historia misteriosa del "Mary Celeste" interesó inmediatamente a todo el mundo, y durante mucho tiempo se esperó la aparición de alguno de los tripulantes. Vana espera, pues semanas pasaron sin que se presentase nadie, a pesar de que, según informaciones del puerto de New York, la tripulación se componía de 14 personas.

Finalmente, el 26 de Marzo de 1873, el tribunal de Gibraltar tuvo que reconocer al "Dei Gratia" una recompensa por el salvamento del "Mary Celeste". Esta recompensa resultó ser mucho menor de lo que había esperado el capitán Moorhaus: en total no eran más que 1.700 libras inglesas, lo que representaba más o menos lo quinta parte del valor del barco y de su carga. Los jueces se basaban sobre inexactitudes notables en las declaraciones y exigencias del capitán Moorhaus. Aparentemente se sospechaba del rol que en este asunto tuvo el capitán del "Dei Gratia". Sea lo que fuere, el asunto estaba oficialmente terminado y el "Mary Celeste" se tornó el más célebre de todos los barcos fantasma. Durantes años este misterio ocupó la mente de los novelistas y muchas novelas fueron escritas para solucionarlo, mas sin resultado. Recién ahora el investigador inglés Lawrence J. Keating logró descorrer el velo del misterio que cubría al "Mary Celeste".

Dicho investigador encontró un superviviente del bergantín americano, el cocinero John Pemberton, y el relato de este anciano, controlado y ampliado a base de los archivos del puerto, dio el fundamento para su libro sobre el "Bergantín Mary Celeste".

El drama comienza ya en Setiembre de 1872 en el puerto de New York, donde se encontraba fondeado el "Mary Celeste", un pequeño dos palos bastante viejo y sucio, que a todas luces no armonizaba con su nombre. Su capitán, Benjamín Briggs, propietario de un tercio del barco, demoraba la estiba de la carga (aceite y alcohol) destinada a Genova y que ya se encontraba en el puerto. Quería encargar de ello a la tripulación, una vez que la tuviera, pero el conchabo no progresaba. En aquellos tiempos no lejanos, las costumbres del puerto de New York se parecían a las de un mercado de esclavos o de un instituto penal. Oficialmente el conchabo de marineros para buques mercantes se tramitaba por medio de un comisariato especial. En realidad se ocupaban de ello agentes particulares, los propietarios de fondas, inmundos tugurios visitados por los marineros. A menudo remitían a los barcos gente que jamás habían sido marineros, chusma peligrosa y criminal, lo cual le convenía mucho a la policía de New York, que de este modo se libraba de ellos.

Esa gentuza era a menudo la causa del naufragio de numerosos barcos. Así se explica, por ejemplo, que en el término de un solo mes, el de Noviembre de 1872. se fueran a pique nada menos que 180 veleros que habían dejado el puerto de New Eng-land. Muchos dramas causados por estos elementos dudosos se desarrollaron en alta mar, originando muchas veces la destrucción de esas siluetas siniestras. Hubo tiempos en que también en puertos ingleses existían "esas prácticas. En la joven América se mantuvieron hasta durante la segunda mitad del siglo pasado. Los capitanes y propietarios de barcos se hallaban a merced de los agentes y temían su venganza si se dirigían al comisario oficial. El capitán del "Mary Celeste" cometió esta imprudencia. Si bien no tomó los marineros remitidos, no aminoró por esto el rencor de Duncan Finley, el más peligroso y temido de los agentes y qué con anterioridad había ofrecido sus servicios al bergantín. Cerca del "Mary Celeste" se hallaba fondeado el bergantín inglés "Dei Gratia", que merecía su nombre tan poco como el "Mary Celeste" el suyo. El "Dei Gratia" pertenecía al poco estimado tipo de los "barcos mendigos". Se hacían a la mar con provisiones insuficientes y con tripulación reducida, se fingían víctimas de una catástrofe y mendigaban a los barcos que cruzaban su ruta.

Este Bergantín tenía un capitán digno de su aspecto y de sus métodos, el ya mencionado Moorhaus. Durante la larga estadía en puerto encontró ocasión de trabar amistad con el capitán Briggs, y al notar las dificultades que éste tenía para conseguir tripulación, le ofreció tres de sus marineros. Briggs aceptó la oferta, sin saber, por cierto, del arreglo entre Moorhaus y sus tripulantes, de acuerdo al cual éstos debían volver al "Dei Gratia" ya en el puerto de San Miguel de las Azores, donde ambos buques recalarían más o menos al mismo tiempo.

Estos tres sirvieron de base a la tripulación. Otros dos más le consiguió Finley y uno de éstos, Karl Wellholdt, tuvo un rol importante en la tragedia que se desarrollaría a bordo del "Mary Celeste". Este Wellholdt, típico representante del hampa del puerto, borracho y pendenciero, fué realmente robado por los agentes de Fin-ley, lo que en aquel entonces no era ninguna excepción. Durante una refriega en una fonda de marinos fué arrastrado al "Mary Celeste", borracho hasta la inconsciencia. Finley pensaba que la presencia de este individuo a bordo era la mejor venganza por el desaire sufrido por Briggs. Por otra parte, semejante chusma no era nada nuevo para los capitanes y luego que ios agentes de Finley habían tirado al "chancho borracho" sobre cubierta y le hubieran cortado la parte baja de los pantalones a modo de algo así como un recibo, el ayudante del capitán pagó el precio convenido. Calculaba que este montón de vigorosos músculos tomarían forma humana utilizable, una vez despierto de su borrachera. Este ayudante, Hellock, tenía un apodo muy apropiado: el "Back of Baltimore". Era un hábil marino y orgulloso de su extraordinaria fuerza física por lo cual llevaba chaquetas tan estrechas que se podía admirar el juego de sus poderosos músculos. En la tragedia del "Mary Celeste" tuvo un rol preponderante, mientras que los demás tripulantes eran sencillamente comparsas.

El capitán Briggs era un hombre enfermizo, probablemente neurasténico. Elevó consigo su esposa, una mujer fea, de poca estatura, y para su entretenimiento un pequeño piano. Mrs. Briggs, aficionada a la música, con voz discordante, y su píano, fueron también factores importantes del drama a desarrollarse.

En la mañana del 7 de Noviembre, abandonó el puerto de New York. Sólo el capitán Moorhaus despidió al modesto velero. Una parte de la carga, que no tuvo lugar en el "Mary Celeste", la había tomado a bordo del "Dei Gratia". Ahora estaba en el muelle, agitaba la gorra y gritó que se encontrarían en las Azores. El debía hacerse a la mar dos días después. Apenas que el bergantín hubo abandonado el puerto comenzó el drama del mar. La fresca brisa tuvo la virtud de despertar al salvaje Well-holdt, el cual comenzó inmediatamente a debatirse como un loco, exigiendo imperiosamente que se le volviera a tierra. Es de imaginarse la contestación que tuvo esta pretensión. Y mientras se hizo entrar en razón al marinero semidesnudo, es decir que se le molía a golpes encadenándolo, se oyó del camarote la voz chillona de Mrs. Briggs que comenzaba a dar salida a sus sentimientos musicales. Los marineros veían con malos ojos la presencia de una mujer a bordo y estaban de acuerdo en que ella acarrearía la desgracia sobre el barco. El teniente Hel-lock la odiaba desde el primer momento y tenía, además del apuntado, otro motivo: el piano molestaba bastante en el salón, muy estrecho de por sí, tapando además, y eso tenía mucha importancia, el armario que contenía las! bebidas alcohólicas. Hellock, como verdadero lobo de mar, no podía vivir sin su whisky, el cual formaba la principal parte de su alimentación. Cuando el primer día tormentoso el cabeceo del barco arrastraba al piano a través del salón, Hellock mismo lo sujetó con clavos, pero al revés, es decir, con el teclado hacia la pared. El no pudo imaginar naturalmente las consecuencias de esa jugarreta, que le parecía inocente.

Durante los primeros días de la travesía reinó buen tiempo y si el descontento había hecho presa de la tripulación se debía más bien porque se le alimentaba con provisiones podridas y porque el capitán quería subyugarla con trabajos tanto necesarios como innecesarios. En aquel tiempo se creía que este modo de chicanear era el mejor remedio contra el espíritu de rebeldía. El 21 de Noviembre un marinero robó parte de las provisiones del capitán y Briggs lo amenazó con hacerlo desembarcar en el próximo puerto y hasta con la muerte. Pero el buen tiempo

y quizás la proximidad del puerto tranquilizaron al capitán y los próximos tres días transcurrieron sin trastorno. Briggs anotó el punto en el diario: aproximadamente 100 millas al noroeste de San Miguel. La noche del mismo día comenzó una fuerte tormenta y sólo la sangre fría y la experiencia del teniente Hellock, que era realmente el único comandante del bergantín, salvaron a éste de un seguro naufragio. El pequeño velero apenas se mantenía sobre las enormes olas que invadían la cubierta y el camarote y en la estiba rolaban los tambores, mientras que en el salón se habían extinguido los sonidos musicales. De repente se oyó, sin poder precisar de donde, un espantoso grito femenino. Al precipitarse el cocinero Pemberton dentro del salón se presentó a sus ojos un horroroso desorden. El piso estaba cubierto de agua, todos los objetos estaban diseminados y el piano volcado cubría el cuerpo inanimado de Mrs. Briggs. El instrumento había aplastado a la pequeña mujer. Esta desgracia bastó para que el capitán Briggs, ya de por sí fuera de las casillas, perdiese por completo la cabeza. El sabía bien que Hellock no quería a su mujer, la cual, por otra parte, le había pagado en la misma moneda; ahora acusó a Hellock de haber causado la muerte de la mujer. Según él, habría puesto intencional-mente al instrumento en tal posición peligrosa que debía tumbarse. A pesar de lo estúpido de esta acusación, Hellock se sentía intranquilo. Aprovechó el estado del capitán, que había abandonado por completo el comando, para congraciarse con la tripulación. Toda la noche la pasó bebiendo con los marineros. A la mañana estaban de acuerdo de que el cadáver no podía quedar a bordo, porque esto traería aún más desgracia. Briggs se opuso al funeral eri alta mar, pero la tripulación subió el cadáver a la fuerza sobre cubierta, y a la noche, después de envolverlo con una lona, fué lanzado al mar. Hellock, ya repuesto de su borrachera, murmuró en vez de las oraciones algo sin conexión; los marineros borrachos que lo rodeaban entendieron sólo algo de que él era inocente de la desgracia.

La batahola a bordo duró también los días siguientes. En eí "Mary Celeste" mandaba una horda borracha, ávida de devorar toda la provisión de bebidas alcohólicas. Hellock tuvo la idea de hacerle el proceso al piano como causante de la desgracia. El instrumento fué encontrado culpable y condenado a muerte. Bajo el griterío de los marineros fué tirado al mar. (Las raspaduras y astillamientos a proa en la reeling de madera de babor causados por esta "ejecución", tuvieron más tarde las más fantásticas interpretaciones),. Enseguida estalló una pelea entre Hellock y Wellholdt, que terminó "cayéndose"' este último al mar. Luego hubo una disputa tormentosa entre el capitán y el teniente. Probablemente el primero recriminó al segundo por el "accidente" ocurrido a Wellholdt y en la noche del 26 de Noviembre desapareció Briggs de a bordo de su velero. Xunca se supo, ni se sabrá, si el capitán resbaló o si. lo cual es mucho más probable, su ayudante, perdido por completo el control sobre sí mismo, lo tiró al mar.

A pesar de la borrachera reinante a bordo, el "Mary Celeste" avanzaba en su rumbo y cuando en lontananza aparecieron las islas Azores se presentó a los siete tripulantes restantes el serio problema de cómo explicar a las autoridades la desaparición de los otros tres, especialmente la del capitán y su mujer. Llellock y dos de sus marineros resolvieron el asunto muy sencillamente desembarcando en el próximo puerto, que no era San Miguel como' ellos suponían, sino Santa Alaría.

A los tres marineros del "Dei Gratia" que se quedaron a bordo, como también al cocinero Pemberton, no les pareció buena la solución. Prefirieron seguir en alta mar, esperanzados de encontrar al "Dei Gratia", cuyo capitán los podría sacar del atolladero. Se hicieron a la mar y tuvieron la suerte de avistar el 4 de Diciembre al barco ansiado.

Cuando refirieron al capitán Moorhaus los sucesos que habían tenido lugar a bordo, éste se dio cuenta de que podría realizar un buen negocio. Para llevarlo a cabo volvió a su barco a los supervivientes e inventó la historia del barco sin tripulación, que ocupó por medio siglo la mente de los aficionados a los casos misteriosos.

 

OTROS MISTERIOS

  En 1849, el barco de pesca holandés Hermania se encontró abandonado, con el bote coIgando  todavía de los pescantes, las cosas de valor y los objetos personales en los camarotes (aunque en este caso había señales de una colisión). 

En 1855 corrió la misma suerte el James B.Chester, donde unicamente faltaban las cartas de navegacion.

 En 1881 una pequeña goleta, en perfecto orden pero sin nadie a bordo, fue abarloada por el Ellen Austin. la tripulación de rescate enviada a bordo parece que desapareció durante su viaje a puerto. Fue embarcado una nueva tripulación, pero también desapareció misteriosamente junto con la goleta. 

El hallazgo, en 1884 del bergantín Resolven, que estaba a la deriva, quizá sea el que presenta más analogías con la historia del Mary Celeste: había un fogón encendido en la cocina y todo parecía en perfecto orden. Tampoco en este caso se encontró resto de la tripulación.