Historia y Arqueología Marítima

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Prehistoria del submarino

Por Osvaldo Sidoli - Agosto 2007.

Siglo XVIII

En 1729 el carpintero inglés Nathaiel Symons creó una nave expandible y contraible, para un solo hombre, sin propulsión, que utilizó para entretenimiento del público. En 1773, en Plymouth, un carpintero de barcos norteamericano llamado John Day, utilizando un novedoso sistema de inmersión, desarrolló un aparato que utilizaba lastres desechables, al que bautizó “María”. Su idea terminó en desastre. Durante su segunda inmersión, el casco implosionó a 40 metros de profundidad. Lord Sandwich, primer Lord del almirantazgo, ordenó lo que sería la primera operación de rescate submarina de la historia, por supuesto, infructuosa. Este norteamericano es el primero de la larga lista de muertos que se sacrificaron por hacer realidad el submarino.

La Tortuga

Se puede decir que el primer sumergible de guerra que se tenga conocimiento fue inventado por un ciudadano americano, egresado de Yale, llamado David Bushnell durante la guerra de la independencia de los Estados Unidos. Este inventor diseñó y construyo en el año 1776 un sumergible en forma de esfera con el propósito de quebrar el bloqueo que estaba realizando el Reino Unido.

 

Era un aparato monoplaza de casco de madera, forrado con planchas de cobre, que se manejaba con pedales. Tomó el nombre de “Turtle” (tortuga) por estar fabricado mediante la unión de dos casquetes en forma de concha de tortuga. Aunque fue destruido por los colonos cuando los ingleses tomaron Manhatan, Bushnell nos ha dejado en una carta de 1787 dirigida a Thomas Jefferson una explicación muy detallada de su diseño.

 

El Tortuga de David Bushell

            Reunía  diversos sistemas o ideas notables para su época, estaba provisto de hélices (conocidas como "tornillos de Arquímedes", propuestas por Bernoulli como motores de navío), unos años antes una de eje vertical para cambiar de cota y otra de eje horizontal para avanzar y retroceder, que se movían través de unos pedales que trasmitían dicho movimiento  por un sistema de manivelas. Una cúpula provista de visores que permitía al único tripulante la observación hacia el exterior con el sumergible a ras de agua. De dicha cúpula se destacaban dos tubos que proveían la ventilación que contaban con dos válvulas que se cerraban automáticamente si penetraba agua.  

El aire era renovado por una bomba tipo fuelle accionada a mano, también disponía de bombas para extraer el agua de lastre del interior o la que podría filtrarse al interior. El agua de lastre era admitida en un tanque ubicado por debajo del piso que se inundaba accionado otro pedal. También llevaba un lastre fijo de 200 libras asegurado al fondo de la nave que por un sistema de cuerda y poleas podía ser liberado y recuperado a voluntad. Un compás para facilitar el gobierno, un rudimentario manómetro indicador de profundidad y un asiento para el tripulante.

La "Tortuga”, tripulada por el sargento Ezra Lee, fue utilizada contra la flota inglesa en la guerra de la independencia de los Estados Unidos, consiguiendo hundir una goleta en 1777 siendo felicitado y recompensado por el propio George Washington en persona. El "sistema de armas" de la "Tortuga" consistía en una barrena accionada desde el interior para taladrar alguna parte de la obra viva de madera de los buques de la época, con el fin de fijar cargas explosivas (150 libras de pólvora negra, contenida en un envase de roble) provistas de mecanismos de relojería.

En 1778 el sargento Lee consigue colocar otra carga en el navío de la flota inglesa “Cerbero”, y aunque fue descubierto al alejarse, y salvó la vida gracias a una maniobra de inmersión rápida, la carga explosiva hizo su efecto produciendo daños de consideración en el buque.

El Nautilus

Algunos años más tarde se produce el último acontecimiento submarinista del siglo XVIII: llega a Francia el mecánico norteamericano Robert Fulton para ofrecerle a napoleón los planos de su "Nautilus".

Napoleón, obsesionado por el poderío naval de Inglaterra y por la presencia de la flota inglesa en el canal de la Mancha, concedió a Fulton una asignación para construir "Nautilus", que fue probado en el Sena y después en la mar con la intención de atacar algún navío de la flota inglesa pero nunca pudo entrar en combate: sea por casualidad o por ser avistado y esquivado no pudo nunca aproximarse a ningún barco a pesar de las recompensas prometidas por Napoleón en caso de hundir alguno.

Robert Fulton Nautilus submarine, an early historic submarine

Reproducción del “Nautilus” de Robert Fulton

El "Nautilus" tenía forma elipsoide y casco de madera, se movía a vela en superficie, que se desplegaba con un sistema de varillas articuladas, y en inmersión con hélices movidas a mano mediante un sistema de engranajes. Tenía formas hidrodinámicas superiores a las del "Tortuga" y llevaba garrafas con aire de reserva para respirar en inmersión. El arma consistía en un "torpedo remolcado" (carga explosiva) que se enganchaba a la quilla del buque enemigo mediante un cáncamo por el que se deslizaba la driza del torpedo...

Fulton no pudo convencer a Napoleón para continuar sus experiencias cuando la marina francesa rechazó el invento por considerarlo una forma bárbara de hacer la guerra. Después del fracaso en Francia, Fulton ofreció submarino a Inglaterra, pero el almirantazgo británico también lo rechazó por estimar que el submarino representaba una forma de guerra que, de tener éxito, podría acabar con el poderío naval inglés. Esta postura del almirantazgo británico se reforzó cuando el “Nautilus” consiguió hundir el bergantín "Dorotea" ante los ojos de William Pitt.

Un antecedente argentino  

En 1810, inmediatamente después de la instalación del primer gobierno patrio argentino en la Argentina, el problema más grave que enfrentaba éste era la tenaz oposición de la Banda Oriental. El espionaje era moneda corriente en las dos orillas y no se descartaba un ataque de los realistas desde Montevideo. 

            Por esos días arriba a Buenos Aires, procedente de Amsterdan y embarcado en el brig mercante inglés “Patty”, el ciudadano norteamericano Samuel Williams Taber, con intención de radicarse en el Plata y dedicarse al comercio.

            Taber tenía treinta años, había nacido en la ciudad de Nueva York y pertenecía a una familia acomodada de origen judío. Había arribado a Montevideo en diciembre de 1810, pero al tomar conocimiento de la revolución porteña, optó por pasar a Buenos Aires a efectos de aportar su esfuerzo a la causa emancipadora. 

            Se presentó inmediatamente en el fuerte, donde expuso a los miembros de la Primera Junta los planos de un artefacto submarino que serviría para atacar a la flota realista. Su invento era una especie de tortuga de madera con un taladro en la punta con el que Taber pensaba perforar el casco de los buques enemigos en la rada de Montevideo, a efectos de colocar allí los explosivos. 

La Junta designó una comisión especial para que estudiara los planes de Taber, integrada por Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga, quienes, mediante un informe secreto, aprobaron la factibilidad de la idea y la posibilidad de volar los polvorines flotantes de la armada española.  

En menos de quince días comenzó la construcción del conocido solamente como “proyecto Taber”, dado el secreto de que se le rodeó. El mismo fue financiado enteramente por su inventor. 

            A poco de iniciarse los trabajos, el norteamericano fue enviado a la Banda Oriental en calidad de espía, a efectos de estudiar in situ el ataque. Taber regresó a Montevideo y se abocó a su misión realizando estudios de sondajes, corrientes, etc. El 26 de marzo de 1811, junto con dos capitanes, dos subtenientes y un ingeniero, se disponían a huir del puerto oriental en una pequeña embarcación con el resultado de su espionaje, pero fue detenido, acusado de sobornar a marinos españoles. Cargado de cadenas fue llevado a prisión, donde permaneció hasta el 25 de mayo de 1811, en que, luego de muchas protestas, y mediante la intervención del cónsul norteamericano, y la única condición de que se embarcara en el primer navío que se dirigiera a los Estados Unidos y nunca más se inmiscuyera en los asuntos del Río de la Plata, fue liberado. 

En agosto abordó la nave que lo depositaría en su país natal. Pero Taber había decidido  que su corazón era de Buenos Aires, descendió del buque en Río de Janeiro e inició el regreso, llegando a esta ciudad el 10 de septiembre de 1811. Inmediatamente se reunió con los miembros de la Primera Junta para exponerles su plan, que consistía en atacar con su invento una fragata y un bergantín españoles utilizados como depósitos de pólvora y amarrados en el puerto de Montevideo. La Junta aprueba el plan y nombra a Taber capitán de artillería ad-honorem. 

Fabricada la embarcación, construida en madera, de entre ocho a diez metros de largo, pintada de negro y marcada con una “T” en blanco, sus partes son colocadas en un gran cajón de madera de pino, también marcado con una “T”. El 21 de octubre de 1811 Taber solicita permiso para trasladarse a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento a efectos de completarlo, armarlo y experimentarlo en aguas del río. Esto era necesario porque el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires hacía imposible la navegación del artefacto. Además, hubiera llamado la atención de todos y no faltaría el soplón que informaría a los realistas.  

Jamás llegó a Ensenada, porque antes que la pesada carreta tirada por bueyes iniciara su travesía, el 22 de septiembre de 1811, cayó la Junta Grande y asumieron Juan José Paso, Manuel de Sarratea y Feliciano Chiclana.  A los miembros del primer triunvirato les pareció arriesgada la idea del norteamericano y la descartaron, a pesar de que Juan José Paso había integrado la Junta que aprobó el proyecto de Taber. Jamás se supo adonde fue a parar el cajón con las partes del aparato. Los planos del submarino de madera desaparecieron, y la tortuga de Taber jamás pudo participar de la guerra de la independencia.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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