Historia y Arqueologia Marítima

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EL APORTE EXTRANJERO A LA CONFORMACION DE LAS TRIPULACIONES DE LAS ESCUADRAS ARGENTINAS
EN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y DEL BRASIL, 1814-1830

Julio M. Luqui-Lagleyze
Buenos Aires - 2007

Introduccion Conscripcion y Reclutamiento de la Marinería Reclutamiento para la Escuadra de 1814
Estudio del Origen de la Marinería de 1814 Empleos y Funciones de las clases y la marineria en la Escuadra de 1814 Las Tripulaciones de las Campañas Corsarias
El reclutamiento de la Marinería durante la Guerra con Brasil Origen nacional o geográfico de las tripulaciones en la Guerra del Brasil. Conclusiones
 

LAS TRIPULACIONES DE LAS CAMPAÑAS CORSARIAS

Finalizada la campaña naval de Montevideo, las tripulaciones -en especial I extranjeros - fueron licenciadas, como se ha visto en el apartado anterior, la vez que los buques se "vendieron" en pública subasta o volvieron, más propiamente, a sus lugares de origen. Como se dijo, a partir de 1814 quedó marinería criolla en los pocos buques en servicio, como el Fama y el Santísima Trinidad. Pero poco después se decidió continuar la ofensiva naval contra España en la forma de la "Guerra de Corso" contra el comercio marítimo español y sus vías de comunicación con América. Decidida la nueva forma de guerra naval, se hizo necesario alistar nuevos buques y nuevas tripulaciones, cuyo origen esta vez fue tanto o más dispar que las anteriores de 1814, por lo que el estudio del origen y procedencia de los corsarios al servicio de Buenos Aires merece una atención especial dadas la diversidad de nacionalidades y maneras de reclutamiento. Aquí marcaremos las pautas de una aproximación al tema.

Con respecto a estas heterogéneas tripulaciones, señala coloridamente el contralmirante Laurio H. Destéfani que estaban constituidas por marineros, desertores, aventureros, presos, delincuentes, voluntarios traídos en levas, etc. Las nacionalidades eran muy variadas, predominando los norteamericanos, a los que seguían ¡os ingleses, los franceses, los criollos y por último los portugueses. Para muestra, el citado historiador nos detalla el rol de la tripulación de la barca Congreso del capitán Almeida, un portugués "norteamcricaniza-do", corsario de Baltimore, en una de sus campañas, la de 1817: ingleses, 22 hombres; norteamericanos, 17; de Buenos Aires, 9; irlandeses, 7; franceses, 6; suecos, 3; de Islas Azores, 1; españoles, 2; italianos, 2; mallorquines, 2; de Cartagena de Indias, 1; holandés, 1; de Indias Occidentales, l. Total: 74 tripulantes.

El mismo autor dice que, debido a la diversidad, se hacía necesario el embarco de intérpretes, y que, pese a que se señala que las tripulaciones corsarias estaban formadas por "la hez de los puertos y la gente de peor calaña", éstas no eran ni mejores ni peores que los marinos mercantes de la época, y que en las levas caía gente huilde de los bajos fondos pero a veces tambien simples paisanos.

En otras oportunidades los corsarios tomaban una presa e incorporaban los compulsivamente a parte de la tripulacion, en especial si se trataba de esclavos, los cuales eran liberados para servir como marineros. Asimismo, después de la guerra d elos Estados Unidos contra Inglaterra, muchas tripulaciones se formaron  con veteranos norteamericanos, de las campañas corsarias v regulares.

Los ya clásicos estudios de Currier y Winkler Bealer sobre los corsarios noerteamericanos al servicio de Buenos Aires dan una aproximación al origen  de los marineros, al menos del de los que salieron desde los EEUU. Currier, al respecto, señala que la mayoría provenía de la marina mercante norteamericana y, según sus estadísticas, su número total llegó a superar los 3.500 (29), cifra no tan exagerada teniendo en cuenta que se registraron 188 buques corsarios saliendo de puertos norteamericanos30.

 Algunos otros autores y fuentes contemporáneas presentan cifras aún mayores para las pérdidas de hombres de mar norteamericanos arrastrados por el corso sudamericano entre 1815 y 1820. Aunque no todos se fueron con los buques de Buenos Aires y muchos se irían con los del corsario Aury y con los que estaban al servicio de Simón Bolívar en el Caribe31.

Sobre por qué los norteamericanos se prestaron para ser corsarios, Currier explica que muchos de los barcos que se dedicaban al activo comercio de Buenos Aires después de la guerra de 1812 habían sido corsarios en ella y se hallaban dispuestos a ejercer en la misma forma el corso para otras naciones. Y acerca de la manera en que eran reclutados en los Estados Unidos, Currier nos indica que lo eran más o menos secretamente y que está probado que en algunos casos eran engañados respecto del verdadero destino hasta que el corsario no se hiciera a la mar. La promesa de fantásticas sumas de dinero provenientes del corso era el cebo que los incitaba a enrolarse32.

Hay constancia, dice por su parte Winkler Bealer, de que en varios casos los miembros de las tripulaciones de distintos corsarios atestiguaron que no conocían la naturaleza del barco en que zarpaban hasta estar en alta mar; como el caso de Antonio King, quien salió en el bergantín Wycoona en 1817, no supo que estaba armado hasta después de salir de Nueva York y sólo se enteró de que sería corsario al llegar a Buenos Aires33.

Era creencia popular la mala calidad de las tripulaciones, y sobre ello el New York Evening Post del Io de septiembre de 1818 decía que los corsarios eran tripulados por la escoria de las naciones cuya inclinación al robo la hacían campar barcos privados bajo el no menos reprobable nombre de corsarios. El secretario de Estado de los EEUU decía que los corsarios se formaban "con la basura de la calle" y que los marineros utilizados se encontraban entre los "hombres más disolutos"; y los culpables eran las autoridades de Buenos Aires por enviar las patentes en blanco a especuladores más interesados en el pillaje que en la Guerra de Independencia, y por permitir extranjeros y que los barcos presas -los capturados en campaña- fueran a cualquier lado34.

Pero es el propio Currier quien aclara que la creencia popular de que las tripulaciones de los corsarios se recogía de la "basura de la calle" no es consistente porque el estudio de archivo de la tripulación demuestra que se tomaban de las mismas fuentes que los barcos mercantes de los EEUU, lo cual se comprueba por las quejas de la prensa de los puertos debido a la deserción de los marinos mercantes para el corso y a que no había tripulaciones mercantes porque todos estaban en el corso.

Los marinos se enrolaban en las casas de pensión de Savannah y Baltimore patrocinados por comerciantes respetables; y la edad era la corriente, incluyendo muchachos, siendo la mayoría ya veterana de la marina mercante. Al respecto, señala que los conseguidos en el mar por abordajes, en el caso de los corsarios de Baltimore, eran los menos. Según los relatos, la práctica era la de hacerse a la vela en Baltimore como buques mercantes y tomar cañones y marineros en la bahía de Chesapeake.

Otra fuente de reclutamiento de marineros de origen norteamericano eran los barcos mercantes de esa nacionalidad que anclaban en Buenos Aires. Los mismos eran reclutados, ya fuera con promesas de recompensas o con medios coercitivos. Algunos corsarios, incluso llegados de los EEUU tenían nativos de las indias occidentales, negros y europeos del sur 35. 

Una idea clara de la heterogeneidad de orígenes y comportamientos de las tripulaciones de los buques corsarios es advertida en los testimonios personales en los expedientes y reclamos efectuados por los mismos marineros, asi como en los interrogatorios a quienes eran capturados por las autoridades españolas, donde señalaban su propio origen y el de las tripulaciones a las que pertenecían.

or ejemplo, el testimonio citado por Currier del marinero Nathaniel Smith, en Junio de 1820, pintando con los peores colores la suerte de las tripulaciones: él había navegado desde Nueva York en el corsario Curazio; llegó  a Buenos Aires sin un peso, navegó en el Unión; pasó luego a una presa para ir de vuelta a Buenos Aires, donde derivó en el Rondeau. Cuenta que pasaban hambre, sed, el temor de la captura y una escasa paga.

Otro ejemplo son los relatos de varios marineros de la escuadra corsaria del después almirante Guillermo Brown y el capitán Hipólito Bouchard en la campaña del Pacífico y la toma de Guayaquil, que fueron tomados prisioneros y presentados ante las autoridades realistas. El primero de ellos señaló que en uno de los buques corsarios36:

...examinó interiormente las fuerzas que tenía y reconoció que se reducían a 18 o 20 hombres de tripulación inclusos los "oficiales", entre ellos tres ingleses, dos limeños, tres chilenos y el resto de franceses, que traía dos pedreros calibre de a uno y fusilería, que el pailebote, pese a ser chico era de mucho andar.

Otro, haciendo alusión a la Fragata Hércules de Brown, dijo que en

...el puerto de Dagua, provincia de Cali, se hallaba la "Fragata Negra" de los insurgentes de Buenos Aires, la misma -señaló- que entró al asalto de la ciudad de Guayaquil... la fragata se hallaba fondeada armada en guerra, con un grueso número de oficiales, gente de tripulación, a que se han agregado muchos caleños y popayanejos.

Algunos más relatan la forma en que fueron "enganchados", dramatizando a su favor los pormenores. Uno de ellos, sospechoso de no ser "presa", sino de haber navegado con el "pirata Brown", señaló que en el año de 1812 navegaba de Baltimore al auxilio de Cádiz cuando lo bloqueaban los franceses. En esa ocasión fue prisionero de los turcos y rescatado por los ingleses, que lo llevaron a Cádiz. De allí pasó a Lisboa y de ésta se embarcó otra vez a Inglaterra y en Dover en un bergantín inglés con destino al Brasil. Sus desgracias comenzaron cuando recalaron en las costas de Buenos Aires,

...y habiendo llegado al puerto de aquella ciudad como marinero en el bote del capitán inglés para dejarlo en tierra, donde a los cuatro días que se hallaba andando del barco, lo empuñaron seis soldados de Marina y lo condujeron a bordo de la corbeta de su armada.

El buque en el que se hallaba salió detrás de las fragatas "Negra" y "Colorada" (sic) y las demás embarcaciones de guerra que las encontraron en el mar Por estar atrasada su nave, se perdió de participar en el ataque de Brown a Guayaquil, por lo que él no vio este asalto ni pudo saltar a tierra y librarse de estos enemigos..

Sus penurias no terminaron allí. Vuelto al mar luego del canje de Guayaquil toda la Armada, se fueron a la isla de San Carlos en las Galápagos, donde, habiendo saltado a tierra para hacer la aguada de la corbeta con veinte hombres desertó y se metió a los montes junto a otros dos marineros provenientes de la Costa Firme. Pasaron escondidos más de un mes hasta que llegó una fragata ballenera inglesa a la cual suplicaron que los sacase de aquella inclemencia y los botase a tierras "de cristianos", lo que aceptó el capitán inglés y los llevó hasta encontrar un bergantín español que los condujo al puerto.

Pese a todo lo dramático del relato, el interrogado reconoció que había sido "guardián" en el buque de Buenos Aires -con lo cual era un oficial de mar y no un simple marinero forzado-, pero que su intención -de buen vasallo español (¿?j!) era la de liberarse de la compañía de "unos hombres de horror".

Otro marinero, natural de la isla de León, España, declaró que se hallaba trabajando en Montevideo y Buenos Aires, por el espacio de siete años desde que viniera de España y que por el sólo hecho de ser europeo "se le intimó de parte del gobierno de aquella capital que compareciese a tomar las armas o sería desterrado para un presidio".

Al parecer hizo una presentación que le fue denegada, se decidió a navegar y el gobierno lo destinó a la corbeta Oca (31). Al llegar a Guayaquil lo transbordaron al bergantín de Guillermo Brown para el ataque de esta ciudad, tras lo cual quedó prisionero "con el dicho general". Luego lo pasaron a un cuartel donde contó su historia de que se hallaba "forzado sirviendo a esos malvados"; pero al llegar la orden de canje de prisioneros volvió a bordo de su respectiva nave. Estando en las Galápagos, al saltar a tierra desertó en compañía de los otros, hasta que apareció la fragata inglesa ballenera. La última parte de los relatos fue confirmada por un joven de 12 años que estaba a bordo de la ballenera y refirió que, al llegar a las Galápagos para refrescar víveres, se hallaron con mucha gente: ingleses, americanos y españoles, subiéndolos a bordo, pues dijeron ser prisioneros fugados de los insurgentes.

Un claro ejemplo de la diversidad de las tripulaciones corsarias son los  marineros de Hipolito Bouchard en su corso con la fragata La Argentina. Generalmente se señala que la mayoria d ela tripulacion del buque del marino francés era criolla - otros autores dicen que era francesa-. Pero tomando los apellidos de la lista de revista que levantó el propio armador del buque corsario, y que se halla archivada en el DEHN 38, la tripulación estaba compuesta de la siguiente manera: cabos de presas: 3 anglosajones; pilotines, 1 anglosajón-contramaestres: 2 anglosajones; guardianes: 4 (3 anglosajones y un probable alemán.); carpinteros: 3 anglosajones; veleros: 3 anglosajones; condestables:3 (2 anglosajones y un alemán); sargento de IM, 1 criollo voluntario; cabo de IM otro criollo voluntario; armero:l anglosajón; herrero: 1 anglosajón; tonelero:].' anglosajón; soldados: 25 (9 anglosajones, 1 alemán y los otros 15 criollos); timoneles: 8 anglosajones; gavieros: 10 (9 anglosajones y un alemán); marineros de Ia y 2a 49 (12 criollos, 1 portugués, el resto anglosajón); mozos: 36 (14 criollos, 2 portugueses, el resto anglosajón); pajes (grumetes): 8 criollos.

Como vemos, un total de 160 tripulantes, de los cuales sólo 51 eran criollos, el 32%; el resto era extranjero: 102 anglosajones -un 63%-, 4 alemanes (3%) y 3 portugueses (2%), predominando los anglosajones y no los franceses, como sería previsible dada la nacionalidad de su comandante y como señalan muchos autores, que por lo visto no han confrontado las listas originales.


29 Theodore S. Currier, Los Corsarios del Río de la Piala, en Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, n° XLV, Buenos Aires, Coni, 1937, p. 31, citado a su vez por Lewis Winkler Bealer, Los corsarios de Buenos Aires, en ibidem n° LXXII, p. 43.

30 Horacio Rodríguez y Pablo Arcuindeguy, El Corso Rioplatense, Buenos Aires, Instituto Browniano, 1996, p. 25.

31 Los diarios de Baltimore, en 1820, llegaron a decir -quizás exageradamente- que desde la conclusión de la guerra con Gran Bretaña habían sido unos quince mil los marinos "perdidos" en el Corso, Cfr. Nile's Weekly Register, Baltimore, 8 de enero de 1820, cit. por Bealer, op. cit., p. 44.

32 Currier, Los Cruceros del General San Martín, investigación sobre el corso norteamericano realizado con bandera de lasPprovincias Unidas, Buenos Aires, 1944, pp. 16 y 31.

33. Twenty four years in the Argentine Republic - New York 1846, cit. por Bealer, op. cit., p. 25.

34- Currier. op cit..

35- ídem, ibidem, pp. 32-33

36 Expediente formado para emprender una expedición marítima contra un paylebot de los Insurgentes de Buenos Ayres que aportó a Atacantes en esta Costa. Fechado en el puei' de Tumaco, el 1 de julio de 1816, en el Archivo Nacional del Ecuador - Fondo "milicias", Caja 6, carpeta 15.

27  Era, sin duda, la Hawk o Halcón, que su oído hispano entendió como Oca.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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