Historia y Arqueología Marítima

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LA CONQUISTA DEL BERMEJO

Una epopeya del siglo XIX - La "Compañía de Navegacion del Rio Bermejo"

Todo es Historia Nº 30, por José del Nieto

Datos de Wikipedia Comienzos El "Leguizamon"
Shilata Natalio El "Oran" Despojo
El golpe fue violento y fatal: se hundió en el casco el tronco de palo santo, totalmente sumergido, y el agua comenzó a entrar por el rumbo abierto bajo la línea de flotación.

El capitán ordenó abandonar el vapor llevando lo que podía serles útil, lo más necesario para sobrevivir en esa zona boscosa, inhóspita, a centenares de kilómetros del primer centro poblado. Las largas y angustiosas pitadas del "Oran" parecían buscar aliento en la maraña silenciosa, como adormecida bajo el sol tropical.

Los dos foguistas ingleses, ante la posibilidad de la explosión de la caldera, se lanzaron al agua ganando la costa. Quedaron los dos indios matacos tratando de apagarla, poniendo en evidencia cuánto habían aprendido de Roldan, quien les inculcó el espíritu del cumplimiento del deber, aún en las circunstancias más adversas.  En los botes desembarcaron Genara, su esposa, la familia de José Méndez, que los acompañaba desde Buenos Aires, los marineros, y por último Barbosa y Roldan con los matacos que habían apagado la caldera.

Lo que se estaba hundiendo en el Barmejo no era únicamente el "Oran", el último barco que Ie quedaba a la Sociedad: era ésta, agotada económicamente a través de tantos años de sacrificios, en los que ya había perdido a lo largo de. centenares de kilómetros, obra de titanes tres vapores; eran las esperanzas de dominar el río, peligroso siempre, indomable, que arteramente fue destruyendo esfuerzos, esterilizando sacrificios, en una lucha sin cuartel.

El "Oran" quedó por fin Inmóvil, asentado en el lecho barroso, apuntado al cielo la proa, la popa completamente hundida. Desde la costa lo contemplaban en silencio, sintiendo una angustia que dominaba a todos, sabiendo que ese golpe era el último.

Ya no oirían la selva, las barrancas, las llanuras, los esteros, las largas pitadas que anunciaban su paso, presencia de la civilización y el progreso en pleno corazón del Chaco. Más de tres lustros de penurias y amarguras, de sacrificios de toda índole, trabajando en la selva, a centenares de kilómetros de los centros poblados, expuestos a los indios, las enfermedades, las pestes, las inclemencias del clima, en un aislamiento que Roldan pretendía quebrar, tratando de conquistar las tribus que se multiplicaban en ese océano verde, sufriendo calor en verano, frío en invierno, el ataque de mosquitos, alimañas, fieras, viviendo bajo carpa, o en ranchos improvisados, o simplemente a la intemperie, fanatizado por un empresa con característica de epopeya.

El conocía palmo a palmo el río, sus pasos peligrosos, sus bancos, sus corrientes, los rápidos y remansos, muchos troncos sumergidos, petrificados por siglos de estar en el lodo. Pero las crecientes los removían, desplazaban y reformaban los canales, convirtiendo cada viaje en una aventura, en un nuevo desafío en el cual el río ganaba siempre.

Fuertemente tomada de su brazo, Cenara comprendía en toda su profundidad el dolor y la amargura de su esposo: no en vano habían compartido sueños, afanes, esperanzas, compañera de todas sus lides, sin temor a los indios, a los insectos, a las fieras, a la soledad, a las inclemencias de la naturaleza, a la absoluta falta de las comodidades más mínimas. En esa hora amarga estaba junto a él, como estuvo en los pasados triunfos.

 El Comandante Samuel Urlburu, que conoció al matrimonio en el terreno de sus desvelos, viviendo en plena selva, le había escrito:

 "A la señora Genara N. de Roldan: Cuando alguna vez se escriba con imparcialidad y patriotismo la historia de las grandes cruzadas civilizadoras de Natalio Roldan, navegando el Bermejo y estudiando el desierto del norte de la República, se ha de destacar espléndida, para eterno reproche de las mujeres de poco corazón, la figura de usted, esposa y novia, que con abnegación espartana supo, animada por el amor, vencer el desierto y soportar su intemperie y peligros.

Rivadavia, agosto 5 de 1884, márgenes del río Bermejo"

Roldan eligió un lugar apropiado y levantaron las carpas. Actuaba con entereza, con la energía de siempre, dando un ejemplo más de su extraordinario temple.
Los botes volvieron al barco, y la tripulación dirigida por Barbosa trató de rescatar todo lo que consideró útil: lonas, sogas, trozos de madera, enseres diversos. En la selva adormecida, los últimos reclamos del "Oran" habían encontrado eco: las angustiosas y largas pitadas fueron despertando el sonido de los pim-pim, los tambores de las tribus, Roldan dedujo que hablan comprendido el llamado.

Al segundo día del naufragio, ya perfectamente organizado el campamento, llegó el cacique Somayé con 150 hombres. Viejo conocido de Roldan, le ofreció sus servicios con demostraciones de afecto y respeto:
—Patrón shilata Natalio, nosotros sacar barco.

Sonrió tristemente Roldan. Hacía mucho lo habían auxiliado en una varadura; pero ahora, en la forma en que estaba hundido, era imposible de rescatar, la arena habría Invadido las bodegas convirtiéndolo en un tremendo peso muerto.
—No, Somayé: el barco no se puede salvar. No sirve más. Sí podríamos sacar parte de la carga, si se animan.
—Somayé animarse, patrón. Gente de Somayé meterse en el barco, bajo agua y sacar cosas.

Hizo armar aparejos en los palos, rescató los dos cañones, más sogas, cuando elemento creyó que podría serles útil. Mientras seguían llegando otras parcialidades, casi todos los caciques portadores de canutos de tacuara con los certificados de trabajo que él mismo les diera, cuando colaboraron en el trazado del canal.

Roldan organizó el salvataje, y los indios, disciplinados, comenzaron a bajar a las cuatro bodegas de popa, totalmente sumergidas, aguantando hasta tres minutos bajo el agua. Con baldes sacaban la arena, pasaban un estrabo bajo los bultos y los izaban con los aparejos.

Todo el primer día de trabajo permitió rescatar nada más que 10 bultos: lienzos, zarazas, ponchos, y muchas ollas y pavas. Casi todo lo repartió Roldan entre los Indios que habían trabajado, reservando lo menos averiado. Al dia siguiente entró a trabajar la tribu de su viejo amigo el cacique Mulato. Durante la noche la arena había invadido las bodegas nuevamente, pero ya tenían más experiencias y pudieron sacar 15 bultos. Roldan volvió a efectuar un reparto entre los indios que trabajaron. En esta forma afirmaba un principio que Impuso desde que comenzó su empresa: para obtener algo, hay que trabajar pero todo trabajo tiene siempre recompensa.

Organizada la tarea de rescate, observaba desde la playa, sentado sobre la arena, silencioso sintiendo el ruido apagado del agua gredosa, buscando el camino del mar. Analizaba su situación: primero se le había hundido el "Gobernador Leguizamón", su barco más querido. El mismo fin tuvo el "Congreso" Argentino". jPobre "General Viamonte"!, también habia quedado inutilizado. El "Oran" era el último. Ya no podría pedir una nueva suscripción de acciones para proseguir esa brega que parecía signada por la tragedia, tan costosa y amarga. Agotados todos los recursos, lo rodeaban el cariño y la entereza de Genara, la lealtad de sus hombres, la amistad de los indios.

Pero su dolor era muy profundo; adivinaba una nueva noche sobre el Chaco, un nuevo velo envolviendo esa región de sus afanos. Comprendía la inutilidad de sus sacrificios, de tantos años invertidos en esa empresa soñada hasta por los conquistadores hispanos. ¿Quién volvería a hablar de la navegación del Bermejo, quién sería capaz de arriesgarlo todo por concretar ese antiguo anhelo de unir Bolivia, Salta, con Buenos Aires a través del Bermejo y el Paraná? En ella invirtieron los españoles- recursos cuantiosos, fundaron ciudades que fueron amortajadas por la selva, y de las cuales no queda ni rastros, excepto de una. Sí, Roldan veia con pesimismo el futuro, no el suyo solamente, pues al final era simple tránsito por la vida, sino el de esa región que volvería a cercar el aislamiento.

A Genara la atendían cariñosamente las indias, le llevaban frutas silvestres, miel, huevos, aves, pescados frescos, pavas de monte, flores. Ella fabricaba tipois para que cubrieran sus desnudeces, les enseñaba a cortar y coser, a utilizar algunos elementos de la civilización, a mejorar sus chozas. Pero ese contacto le significó llenarse de piojos, de pulgas y soportar su mal olor. Estaba acostumbrada a luchar con el ambiente, a Imponerse haciendo uso de su bondad y carácter; muchos años había soportado con su esposo ese medio, conocía y había superado sus asperezas, sin abatirse. No lo haría ahora que él la necesitaba como nunca, en el ocaso de sus ilusiones.

La noticia del hundimiento del "Oran" había seguido la costa del río. Transmitida por los indios, se difundió a los cuatro vientos, llegando á Oran y Victoria, donde el Gobernador Propietario, Coronel Juan Sola, ultimaba los preparativos de una campaña en la que se proponía llegar a Formosa: era el 23 de junio de 1881.

La infausta nueva también alcanzó a Rivadavia, donde Rufino esperaba el arribo de su hermano Natalio. El barco llevaba 60.000 pesos fuertes en mercadería, propiedad de ellos en gran parte, y de dos comerciantes de Oran. Actuaba como aseguradora la misma sociedad, de manera que sobre ella recaía todo el peso de la desgracia.

 Rufino, con algunos vecinos voluntarios, partió enseguida a socorrer a los náufragos. A Sola le preocupó la noticia, sabedor de que el barco venía como siempre, con carga completa, pensó que los indios podían atacarlos para apoderarse de ella. Además, no tenía exacta noción de la tragedia.

Rápidamente preparó la tropa, y partió al día siguiente, dejando orden de que lo alcanzaran con refuerzos, especialmente mulas. Siguió la costa norte del rio, es decir, el Teuco. Destacó adelante una vanguardia al mando de un oficial. Debian hacer picadas, rodear o vadear esteros, madrejones, que dificultaban el avance.

Al cuarto día descubrieron tres grandes rastrilladas de indios que marchaban en la misma dirección. También en la margen sur había indicios de otra indiada dirigiéndose al lugar del siniestro . Sola comentó sus temores a los capitanes Pulo y Falcón, pero estos le manifestaron su confianza en Roldan, pues su habilidad para tratar a los indígenas, el ascendiente que tenía sobre ellos, el conocimiento de toda la zona, sus recursos. No lo conformaron del todo, y le ordenó a Pulo adelantarse con otra patrulla, reforzando la avanzada.

Pasado el medio día, este descubrió en la ceja de una enorme pampa, una indiada aparentemente descansando. Esperaron a Sola, quien impuesto de la novedad, analizó el terreno y avanzó haciendo desplegar la tropa. Los indios, al descubrirlos, comenzaron a arremolinarse. El Gobernador ordenó al corneta tocar atención. Hubo un coloquio entre los caciques, y luego se adelantaron corriendo, mostrando en alto canutos de tacuara.
Se acercó uno a Sola y extendiéndole el canuto le dijo: Somos peones del tata shilata Natalio.

Sola recibió el canuto. En s interior guardaba un arrugado y sucio papel: era un certificado de trabajo extendido por Roldan, como constancia de los servicios prestados por ese cacique y su tribu en las tareas de canalización del Bermejo.

—Nosotros ir a sacar barco roto. Ayudar a patrón Natalio y a la yanasa (señora) —comentó el cacique.

Los otros también extendieron sus canutos; contenían los mismos certificados. Sola le ofreció un poncho por el papel, pero el indio lo rechazó; le sumó un sombrero, luego un cuchillo, pero la negativa fue la misma. Tampoco los capitanes que hacían distintos ofrecimientos a los indios, consiguieron un certificado.
—Dar shilata Natalio. El patrón amigo...

Admirando esa extraña lealtadel deseo de ir a ayudarlo, Sola repartió algunos regalos y prosiguió la marcha. Alcanzaron otras tribus que llevaban la misma dirección, hacia el naufragio. Los caciques mostraban los canutos de tacuara, y repetían las mismas palabras: iban a ayudar al patrón Natalio.

El 29 llegó Sola al lugar del hundimiento del "Oran". En marchas forzadas, cubrió más de 300 kilómetros en seis días. Un enjambre de indios rodeaba las carpas de los náufragos. A orillas de la selva, centenares de chozas precarias indicaban que estaban dispuestos a quedarse todo el tiempo necesario. La llegada de Sola y de Rufino, alivió a quienes ansiosamente esperaban auxilios, y ponerse en contacto con la civilización. El campamento estaba bien organizado, y aún trataban de rescatar algo de la carga. La arena había lastrado el barco en tal forma que era una masa inmóvil.

Luego de cuatro días, convencido Sola que nada podía hacer personalmente, y habiendo recibido las mulas de refuerzo, resolvió proseguir hacia Formosa, prometiendo antes de partir que gestionaría ante el Comandante Fontana, Gobernador del Chaco, el envío del vapor "Cornejo" para trasladar a los viajeros y a la tripulación del "Oran" con la carga salvada hasta Rivadavia. Roldan le agradeció su gesto, pidiéndole encarecidamente que tratase con cariño a los indios que tenían su certificado, y que le estaban demostrando una adhesión admirable. El Gobernador de Salta llevaba una imagen imborrable de esos pocos blancos, con la tentadora mercadería que salvaron del naufragio, rodeados por una multitud de indios de distintas tribus, respetuosa, preocupada por que no les faltasen pescados, carne de aves de las lagunas cercanas, de guasunchos, huevos, miel, fruta silvestre, y hasta flores para las señoras: se evidenciaba que tan importante como la canalización del Bermejo, había resultado la acción pacificadora y conquistadora de Roldan, cuyos frutos recogía en tan amargo momento. Esa experiencia demostraba que los millares de indígenas podían incorporarse a la civilización con empeño, sensibilidad y respeto hacia Jos derechos humanos.

—Jamás debemos comenzar por el último de los argumentos, repetía Roldan a sus hombres cuando querían repeler con las armas los ataques de los Indios.

La presencia de su hermano Rufino resultaba para él tan reconfortante casi como la de sú esposa: Juntos habían hecho los proyectos, amalgamando sueños e ilusiones. Juntos se Jugaron íntegramente en la empresa, volcando en ella la totalidad de sus recursos, su energía y su fe. Y juntos en la hora del fracaso, presentían otra vez el olvido, el silencio, la soledad, el aislamiento para esa región de sus desvelos. Y por sobre todas las cosas, la ingratitud, la inutilidad de los esfuerzos sumados año tras año, en casi dos décadas, sepultados en la selva y en el río... Y los Indios, sus amigos fieles, volviendo a su primitivismo, otra vez considerados salvajes, ellos que sabían empuñar un hacha y una pala, que ya tenían sus sembrados, sus pequeñas huertas, resultado de sus prédicas y las de Genara.

Si, la noche caía nuevamente sobre el Chaco, en el ocaso de su vida...

Transcurrieron semanas, meses, e inútilmente esperaban el auxilio prometido por Sola, que debía llegar de Resistencia, de su puerto. Los amigos se habían vuelto apenas partió el Gobernador de Salta, confiando también en la pronta llegada del "Cornejo" sabiéndolos protegidos por los mismos indios que los habían inquietado.

Fueron casi seis meses, 170 días de espera inútil, viviendo bajo carpa. Después, inutilizadas éstas por la intemperie y los rigores del clima, frecuentes lluvias y el sol abrasador, en improvisados ranchos, alimentándose con lo que los indios les procuraban, de la caza y de la pesca, soportando con admirable estoicismo esa nueva situación que ponía a prueba su temple.

Definitivamente decepcionado Roldán, que había sostenido ante los indios que sus hermanos blancos no lo abandonarían y le enviarían otro barco, resolvió emprender la marcha que descontaba penosa, especialmente para las mujeres, a través de la selva, hacia Rivadavia. Debían cubrir más de trescientos kilómetros sorteando madrejones, riachos, esteros, monte cerrado, en una reglón habitada únicamente por indios y animales salvajes, donde las nubes de mosquitos los perseguirían, soportando las inclemencias del tiempo, el castigo de esa áspera geografía.

No estaban solos: no había llegado el prometido y esperado auxilio pero los centenares de indios que marchaban con ellos, abriéndoles camino a machete y hacha, consiguiendo alimentos y agua, eligiendo los mejores lugares para pernoctar, a la intemperie siempre, prendiendo fuego antes que llegaran con palo santo para ahuyentar los mosquitos, ofreciendo a la yanasa la miel que encontraban, rubricaban la obra más extraordinaria concretada por la empresa, un éxito admirable destacándose como un contraluz sobre el fracaso material: esa silenciosa caravana de Indios abriéndoles camino y protegiéndolos, atestiguaban un hecho, que como la misma canalización del río, tampoco tiene antecedentes en nuestra historia. Un hombre sólo había logrado el respeto y la fidelidad de millares de indígenas, donde habían fracasado las misiones religiosas y la acción de la iglesia, donde las armas resultaron tan inútiles como la acción de la cruz. Lo que no pudieron doctrineros ni soldados, lo había conseguido la acción silenciosa y fecunda de Natalio Roldan. Pero, todo este éxito, estaba amenazado de muerte con la segura desaparición da la compañía. Como si los indios también previesen ese fin, cuando los despidieron en la frontera de Salta, luego de un último reparto de elementos salvados del naufragio, repetían en prolongado clamoreo:

—Se va tata capitán, ya nadie curar si muerde víbora, si muerde tigre. Ya nadie hacer sudar si llega peste. Se va shilata Natalio, se va yanasa...

Era la despedida al hombre que pretendió dominar el río, conquistó las tribus sin derramar una gota de sangre, admirable ejemplo de carácter, capacidad, sensibilidad y entereza moral. Este hecho, este ejemplo, es mérito suficiente para merecer el reconocimiento de sus conciudadanos. Sus temores respecto al futuro de la región se cumplieron cabalmente: a un siglo exacto de la fecha de constitución de la Sociedad de Navegación a Vapor del Rio Bermejo, los pueblos del norte aún sueñan con la utopía de Natalio Roldan, aún esperan el milagro de la canalización que transformará la fisonomia geopolítica de aquella vastísima región y del sur de Bolivia.

"Como Auditor de Guerra en la Expedición del Señor Ministro de Guerra General Victorica, tuve oportunidad de observar estudiando con especial interés la vida y actuación de Natalio Roldan en su larga campaña, cuanto ha hecho y realizado. Notamos las profundas raíces que habían echado sus laudables esfuerzos y enseñanzas para civilizar, dominar y mejorar la vida de los salvajes. Me informé con los principales vecinos de aquella frontera, quienes no tenían sino elogio y reconocimiento para el relevante obrero del progreso.

Recorría parte de los grandes canales hechos a pala, pico y azada, diques, etc.; he tenido a la vista los planos de los ingenieros de todas las diferentes obras realizadas, que son muchas. Fue leal y respetuoso del salvaje, que supo pagar con fidelidad sus hidalgas actitudes. Su acción mereció desde un principio calurosas felicitaciones de Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield.

Terminó su lucha al naufragar su cuarto y último vapor, el "Oran"'. Los indios en esta circunstancias le demostraron su afecto a él y a su esposa. Lo rodearon, lo protegieron, y en inmensa caravana lo escoltaron, abriéndole picadas en un camino de más de cincuenta leguas. Ya entonces muchos caciques tenían chacras, trabajadas con herramientas y sembradas con semillas, obsequio de Roldan y de la Sociedad de Navegación del Bermejo.

Según los planos del ingeniero Tomás J. Page, en el año 1870 el Teuco era un simple cañada, que en el centro del Chaco se dividía hasta en cinco brazos. En otros puntos, en muchos bañados: se canalizaron y ensancharon brazos, se taponaron otros, se levantaron diques, murallones, se destruyeron con dinamita cinco saltos. Heroica y accidentada campaña, concretada por un alma intrépida, y puras luchas de progreso donde destacó sus perfiles salientes, a la altura de sus ideales y constantes anhelos. Alma altiva y generosa, no desconoció ninguna amargura, siendo indiferente al peligro, y fuerte y sereno en la adversidad.

 Su lucha tiene páginas de la magnificencia de un poema. Se proyectó con hidalguía a la altura de su vigor moral y de su carácter de bronca, su patriotismo y espíritu de progreso, alentado por su inquebrantable ideal.

En enero de 1885 encontré a los hermanos Roldan, Natalio y Rufino, en Rivadavia, con un pequeño negocio: habían enterrado en la empresa del Bermejo cientos de miles de pesos, en casi veinticinco años de cruentas luchas, para terminar pasando por el crisol de la pobreza. Algún día se les hará Justicia. No debe quedar Inédita esta hazaña, que merece admiración y aplausos.

Ángel J. Carranza, Auditor de Guerra en la Expedición del Señor Ministro de Guerra Gral. Victorica. A través del Chaco, 8 de mayo de 1886"

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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