Historia y Arqueologia Marítima

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LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA - 1873

LA CATÁSTROFE DEL «NORTHFLEET».

Un terrible desastre marítimo, semejante á aquel de que fué víctima en 1782 el navio inglés Royal George, y del cual todavía se conservan en Inglaterra dolorosos recuerdos, ocurrió en el canal de la Mancha, entre Folkstone y Dungeness, en la noche del 22 de Enero último.

El buque Northfleet, que conducía á Australia 350 trabajadores y empleados para los ferro-carriles que allí se están construyendo, más un número no pequeño de mujeres y niños, y un gran cargamento de rails, chocó instantáneamente con un vapor que cruzaba por el estrecho, y casi al punto, ó en muy breve tiempo, se fué á fondo, pereciendo ahogados la mayor parte de aquellos infelices. En los anales marítimos no se registraba otra desgracia parecida, desde el incendio y naufragio, del vapor América, en las aguas del rio de la Plata, de cuyo triste suceso también nos ocupamos oportunamente en La Ilustración Española y Americana.

El Northfleet era un viejo buque de 940 toneladas, que habia sido construido en 1852 en el arsenal de Northfleet, cuyo nombre llevaba, distrito de Kent, y salió de Gravesend en la tarde del 14 anterior al en que ocurrió el choque, con dirección á Hobart Town.

El capitán primer jefe, Mr. Oates, citado por los tribunales de justicia de Londres para prestar una declaración en el famoso proceso Tichborne, habia confiado el mando del buque á su segundo Mr. Knowles, recientemente casado, y cuya joven esposa también iba á bordo.

Los periódicos do Londres The Evening Standard y The Lloyd fueron los primeros que recibieron detalles numerosos acerca de la catástrofe, que llenó de consternación á toda la población de Londres.; de todos los pasajeros que conducía el Northfleet, se salvaron 84, que á bordo de una pequeña chalupa del mismo buque consiguieron arribar á Dover, y fueron hospedados en el hotel de los Marinos; otros cuantos náufragos fueron recogidos por el remolcador City of London, cuyo capitán, Mr. Kingston, merece cumplidos elogios por su valor y caritativos sentimientos; algunos más, en corto número, habian podido salvarse á bordo de otra pequeña chalupa que acudió á su socorro desde Dungeness, al oír, aunque confusamente, los gritos de dolor y desesperación del equipaje del Northfleet, desde el momento en que se hubo persuadido de la inminencia de la catástrofe.

Según la relación más fidedigna, publicada por el Evening Standard, los marineros de vigilancia del Northfleet vieron que se acercaba, con mediana velocidad, otro buque de vapor, y dieron al punto la voz de alarma; pero antes que aquél hubiera podido ejecutar una maniobra para salir de la línea que seguía el buque inglés, tuvo lugar el choque. El otro buque siguió, pero el Northfleet habia quedado casi destruido, presentando en seguida una gran vía de agua en el costado izquierdo, desde la parte superior del mismo hasta más abajo de la línea de flotación, y quedándose acostado sobre la parte descompuesta.

El interior del buque se inundó en breve tiempo; los pasajeros subieron á la cubierta, y los gritos de los hombres, el llanto desesperado de las mujeres y niños, y dominándolo todo la potente voz de mando del capitán Mr. Knowles, quien dio pruebas de un valor heroico y de una serenidad admirable en aquellos supremos instantes, debian formar un cuadro espantoso, que no puede describirse. Uno de los tripulantes, el piloto del buque, salvado milagrosamente en un pedazo de mástil que lo tuvo á flote hasta ser recogido por un bote de socorro, cuenta así aquella suprema y espantosa catástrofe :

«...Entraba el agua á torrentes, y el capitán dio las órdenes oportunas para que maniobrasen treinta hombres en las bombas, mientras otros hacían señales de socorro á las embarcaciones, cuyas luces á lo lejos se divisaban en la rada do Dungeness. »Al mismo tiempo mandó cortar los cables de uno de los botes que conducia el Northfleet, sobre el cual se arrojaron diez y seis personas, amparándose otras, en número bien pequeño, en los otros pequeños botes. »La confusión que reinaba á bordo era inmensa, y partían el alma los gritos de desesperación de todos, y el capitán, con una sangre fría admirable, dio orden de que bajasen primero las mujeres, los niños y los enfermos; pero no fue obedecido por los hombres, que se arrojaron inmediatamente sobre los botes y se apartaron enseguida del Northfleet, que se hundia por momentos.

Sin embargo, en el ultimo bote pudieron ser colocadas dos mujeres. una de ellas la joven y desventurada esposa del capitán, y tres niños. Luego, poco a poco, fue desapareciendo todo y solo quedaron sobre la solas agitadas algunos pedazos del buque y los desventurados que luchaban con la muerte.

Otras relaciones de dos pasajeros, tambien salvados, han publicado los períodicos de Londres, con detalles interesantes y tristísimos: uno refiere la tierna despedida del capitan Knowles y su esposa, que no puede leerse sin sentir el corazón profundamente angustiado. El valiente Knowles murió también cumpliendo con sus deberes, y en Inglaterraa se ha abierto una subscripcion, que asciende ya a una suma respetable, para honrar su memoria.

Pero, ¿cuál fue el buque que choco con el Northfleet? Creíase en prime rlugar que habia sido el vapor Pelayo, español, que entro en El Havre a las dos de la tarde del 27, con averias en la proa.: mas practicado un escrupuloso reconocimiento por las autoridades marítimas, resultó que esas averías habian sido causadas por el temporal.

Luego se tuvo por cierto, y varios periódicos de Inglaterra y Francia lo publicaron como cosa indudable, que otro vapor español, el Murillo,  con cargamento de rails, fue el buque que chocó con el Northfleet y huyo inmediatamente sin prestar auxilios a los náufragos.

Pero el Murillo arribó a Cádiz tres dias después, habiendo tocado antes en Lisboa (de donde zarpó al punto) y sometido a un minucioso reconocimiento pericial, con asistencia del consul británico en aquella plaza, la comision asegura no haber sido el Murillo el autor de la desgracia ocurrida al Northfleet, pudiendo responder de ello con la misma seguridad que si se hubiese hallado a bordo desde el mismo momento en que zarpó de Inglaterra. Entre otras razones se alegó la de que, siendo el Murillo un barco de hierro, ni las tenues capas de óxido que revisten la parte interior de su casco están saltadas, lo cual sucede en esta clase d ebarcos al menor choque d eproa. El barco, que estaba intervenido y custodiado desde antes de fondear en el puerto de Cádiz, quedo en libertad desde el momento de abandonarlo la comision de reconocimiento. LO hacemos constar con gusto, aunque deploremos amargamente la catástrofe de que han sido victimas los desgraciados trabajadores y colonos que transportaba a Australia el Northfleet.

 

APRESAMIENTO DEL VAPOR «VIGILANTE», DE LA MARINA DE GUERRA.

 

A consecuencia de la insurrección separatista .que triunfó en Cartagena y se extendió rápidamente á otras provincias, el Gobierno central dictó algunas medidas enérgicas con el objeto de dominarla y vencerla en poco tiempo. Una de estas medidas, quizá la más importante, consistió en declarar piratas, por decreto de 20 de Julio , los buques de la marina de guerra de España que estaban en poder de los insurrectos.

No se hicieron esperar mucho los efectos de este decreto : en la mañana del 24 se recibió en Madrid un telegrama anunciando que la fragata Federico Carlos, buque prusiano mandado por el comodoro Mr. Ricardo Werna, avistó en la boca del puerto de Cartagena al vapor insurrecto Vigilante, que llevaba bandera roja; y como este distintivo no pertenece á ningún país, la fragata en cuestion se apoderó del buque. En él iba, como comandante, el diputado D. Antonio Calvez , que quedó en calidad de prisionero en la fragata prusiana.

A la vista tenemos el numero 8 de El Cantón Murciano , periódico, que ha empezado á publicarse en Cartagena con el carácter de órgano oficial de la federacion española (así lo dice) , en el cual se explican los sucesos ocurridos posteriormente con motivo de aquel hecho. Apenas se supo en Cartagena el apresamiento del vapor Vigilante (dice el periódico citado, que extractarnos) , las gentes acudieron en tropel á la sala de sesión de la Junta; otros, en lanchas, salieron á ver la fragata, que se habia situado al pié de las fortificaciones avanzadas y á cubierto de los tiros más importantes.

Salió una lancha, tripulada por paisanos, en que iba el ciudadano Moya, individuo de la junta, para conferenciar con el comodoro, y á la par reunia el Sr. Contreras á los cónsules extranjeros con igual objeto. Entre tanto, á bordo del Federico Carlos, después de dos horas de discusión, se aprobaron las bases suscritas por el comodoro alemán, en que se hacia constar que la detención era legítima por izar el vapor, yendo armado, una bandera desconocida en la marina militar, y comprometiéndose á dejar en libertad al Sr. Calvez y tripulación del Vigilante, devolviendo las armas y 72.000 rs. que el buque llevaba; pero quedándose con este y fijando por plazo el dia 28 para recibir instrucciones de su gobierno, en cuyo ínterin no saldrían de la plaza buques de guerra.

La contestación llegó, en efecto; pero mientras telegrafían de Berlín diciendo que el comandante de la Federico Carlos obró sin instrucciones ni autorización de su gobierno, y añaden que tendrá que justificar su conducta, el vapor Vigilante, que fue" conducido á Gibraltar, allí continúa todavía, tripulado por marinos prusianos. En la pág.damos un grabado que representa el acto de ser apresado el Vigilante por la fragata Federico Carlos.

FESTEJOS POR LA VISITA DEL SHAH

 

Cherbourg. Iluminacion de la rada y del puerto al arribo del Shah de Persia

NAUFRAGIO DEL VAPOR "VILLE DE HAVRE"

 

A las grandes catástrofes marítimas de que nos hemos ocupado más de una vez en las páginas de La Ilustración Española y Americana, hay que añadir, por desgracia, la ocurrida en el Atlántico al vapor Ville du Havre, de la Compañía Trasatlántica.

Era éste un soberbio buque de 3.000 toneladas, el mejor de la línea, llamado Napoleón III antes de la caida del imperio francés, y que habia costado la importante suma de seis millones de francos.

Salió de Nueva-York para las costas de Francia el 15 de Noviembre, llevando á bordo 141 pasajeros y 169 tripulantes; total 310 personas, más algunos niños. Después de seis dias de viaje, con grandes tempestades y opacas nieblas, en las primeras horas de la madrugada del 22, hallándose no lejos de Terranova y á unas 1.300 millas de la costa de Francia, el Ville du Havre fué embestido súbitamente por el buque de hierro inglés Loch-Earn, procedente de Glasgow, capitán Robertson, quedando muertos á consecuencia del choque algunos maquinistas, destrozadas las máquinas, y abierta anchísima brecha en los costados del buque.

La terrible escena que ocurrió entonces no puede describirse, mas véase cómo la traza á grandes rasgos, en cierto periódico de Paris , uno de los pasajeros salvados:
«En diez minutos, los mástiles se rompen en mil pedazos, aplastando una lancha con más de 30 personas que se salvaban ya. Los pasajeros y los marinos, despertando, se reúnen sobre cubierta: un grupo de jóvenes damas, después de orar, se despiden abrazándose; otra joven de 20 años, que besa ardorosamente á su madre, le dice:—Valor, mamá, y después de una lucha de algunos segundos, entraremos juntas en el cielo; cuatro niños, á quienes han sacado casi dormidos del lecho, se arrodillan ante un sacerdote católico, que olvidando su propio peligro, va dando la absolución á los infelices náufragos.

Pocos son los que gritan, y las mujeres, orando, inspiran á todos calma y resignación. Él capitán Surmont, que manda tan magnífico buque, como todos sus oficíales, hacen esfuerzos increíbles para salvar el mayor número de náufragos , y sólo á la fuerza son conducidos, cuando el Ville da Havre se ha sepultado en el seno de los mares, al Loch-Earn, que recibe á bordo 28 pasajeros y 59 marinos, únicos que se han salvado en tan espantosa catástrofe.

«Acogidos más tarde con gran caridad cristiana en otro pequeño buque inglés, cuyos pasajeros partieron v con los náufragos vestidos y alimentos, llegaron á las costas de Inglaterra.»

De tal manera ha impresionado en Francia la espantosa catástrofe del Ville du Havre, que en la sesión celebrada por la Asamblea Nacional en Ja tarde del 3 del corriente, el diputado Mr. Limperani dirigió una interpelación al Ministro de Marina acerca de aquel infausto suceso, contestando el señor Ministro que el buque inglés Loch-Earn habia observado todas las prescripciones que fijan los reglamentos vigentes.

El grabado es un pálido bosquejo de las horrorosas escenas que acabamos de describir.
 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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