Historia y Arqueologia Marítima

HOME

Indice Informacion Historica 

Hipólito Yrigoyen y la solidaridad latinoamericana

Los articulos que aparecen aqui fueron escritos por el Sr. Carlos Piñeiro Iñíguez, embajador de la Republica Argentina en Santo Domingo y por  César de Wlndt Lavandier. Contraalmirante Marina de Guerra Dominicano y fueron publicados en el Boletin del Centro Naval Nº 800; son un complemento del articulo de Carlos Manus sobre el mismo tema.

El 24 de mayo de 1919 moría en Montevideo Amado Nervo. Cumplía allí y en Buenos Aires funciones diplomáticas, como embajador de México ante los gobiernos del Uruguay y de la Argentina. Este honroso cargo empalidecía ante su condición de "poeta de América"; desaparecido Rubén Darío apenas tres años antes, Amado Nervo era la voz poética más conocida de la América Hispánica. Representaba a una generación de escritores que se había reconocido como americana en Europa, y había adoptado el programa de compartir con los pueblos la convicción de tener un común destino americano.

Eran tiempos en que la muerte de un poeta conmovía a pueblos y gobiernos.

El presidente uruguayo Baltasar Brun dispuso que el cuerpo de Nervo fuese trasladado de Montevideo a Veracruz en el crucero Uruguay,  el presidente argentino Hipólito Yrigoyen decidió que el crucero 9 de Julio lo acompañara. La entrega del cuerpo se cumplió sin incidentes; los inconvenientes —si así se los puede denominar— se producirían durante el regreso.

En 1916, Hipólito Yrigoyen había accedido al gobierno argentino a través del libre ejercicio de la soberanía popular; en su ideario, democracia, libertad e independencia estaban indisolublemente ligados. Desde esa perspectiva, ciertos sucesos que se producían en el continente no podían despertar simpatías. Concretamente, nos estamos refiriendo a la ocupación de la República Dominicana por fuerzas militares de EE.UU., situación que se prolongaba desde 1916.

 Pese a que la intervención militar se había realizado en cumplimiento de una muy discutida "Convención Dominico-Americana de 1907", el presidente Yrigoyen tenía dificultades para comprender cómo el gobierno del llamado "apóstol de la democracia" Woodrow Wilson podía haber descendido a invadir Estados autónomos, privando a los pueblos de su natural soberanía.

La "Religión Cívica" yrigoyenista era clara y sencilla en su proyección internacional: "Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos", "No estamos con nadie contra nadie sino con todos por el bien de todos". Fueron esas convicciones éticas las que guiaron su política exterior. Convicciones que indicaban que debían afrontarse las consecuencias del sostenimiento de los principios de igualdad de las naciones con independencia de su fuerza material. La soberanía de las naciones, aun de las más débiles, era de carácter inmutable. La libertad de América es la libertad de cada una de sus partes

El núcleo de la historia que hoy traemos a la memoria americana, se relaciona con la actitud adoptada en Santo Domingo por el comandante del crucero argentino 9 de Julio, capitán de fragata Francisco Antonio de la Fuente, por instrucciones de las autoridades nacionales argentinas. El Ministerio de Marina había dispuesto que, en su viaje de regreso, el 9 de julio tocara el puerto de Santo Domingo en la República Dominicana; como hemos dicho, ese país se encontraba en manos de las fuerzas de ocupación de EE.UU.

Concretamente, el día 6 de enero de 1920, el capitán de la Fuente consultó acerca de cuál bandera debía saludar desde el crucero: la de las fuerzas de ocupación o la domininicana. La respuesta provino directamente del presidente Yrigoyen, y era terminante: "Id y saludad al pabellón dominicano en reconocimiento a su independencia y soberanía". El 13 de enero, el 9 de Julio fondeó frente a Santo Domingo y saludó izando a tope ese pabellón.

Las memorias dicen que los pobladores cosieron de apuro con grandes trozos de tela la bandera dominicana, y que la izaron en el torreón de la fortaleza; el 9 de Julio respondió con una salva de veintiún cañonazos. El pueblo se lanzó a las calles, olvidando las prohibiciones impuestas por las tropas de ocupación. ¿Cómo actuaron éstas? Los delegados pidieron instrucciones a Washington y ese mismo día recibieron una sensata y conciliadora respuesta: responder los saludos con las salvas de práctica.

La invasión norteamericana "Más que un crimen era un error"; ante la difusión internacional que tuvo el suceso, Washington resolvió de inmediato cablegrafiar a Santo Domingo para que fueran levantadas por medio de la Orden Ejecutiva  Nº 385 las disposiciones que conculcaban la libertad de expresión oral y escrita de los dominicanos. Aprovechando el nuevo clima de relativa distensión contituyeron Juntas Patrióticas que exigieron con firmeza el fin de la ocupación.

En 1921, el Congreso de las Juntas Patrióticas reunido en San Pedro del Macoris, envió un mensaje de agradecimiento especial a Yrigoyen, y al recuperar la completa independencia en 1925, la ciudad de Santo Domingo honró al presidente argentino imponiéndole su nombre a una calle céntrica.

Los acontecimientos antes relatados fueron mucho más que un noble y atrevido gesto diplomático. El saludo al pabellón dominicano fue un hecho político, consciente y premeditado. La vena de la solidaridad americana había latido; la Patria era América y dolía allí donde fuera herida.

La lira del gran poeta muerto había convocado a la dignidad del estadista. La estética y la ética celebraron entonces nupcias que siempre es provechoso recordar, porque nuestra América —todavía joven— tiene mucho por aprender de quienes nos mostraron el sentido de la unidad y solidaridad continentales.

Carlos Piñeiro Iñiguez
Embajador de la República Argentina Santo Domingo, Diciembre 2000

En 1920 el crucero argentino 9 de Julio saluda a la bandera dominicana

En la noche del 24 de mayo de 1919 exhaló su último suspiro en Montevideo-Uruguay el romántico poeta Amado Nervo, Ministro de México. La nación uruguaya, dispuso que el cuerpo del poeta fuera devuelto a su patria en una de sus unidades navales. La Argentina decidió que uno de sus buques de guerra acompañara al buque uruguayo, con tal motivo, por expresa disposición del Presidente Hipólito Yrigoyen, el Ministro de Marina ordenó al comandante del crucero 9 de Julio, capitán de fragata Francisco Antonio de la Fuente:
"Que el buque a su mando escolte al crucero Uruguay que conducirá a México los restos de Amado Nervo".

Según versiones muy socorridas, el capitán del crucero argentino recibió instrucciones del Presidente Yrigoyen, de que al regresar a su país hiciera escala en la República Dominicana, en aquel entones ocupada militarmente por fuerzas de Estados Unidos, cuya bandera flameaba en nuestro país intervenido. Refiere la tradición que a los cruceros 9 de Julio y Uruguay, al navegar por aguas del Mar Caribe, con destino a Veracruz, se les incorporó el crucero Cuba de la marina de guerra cubana.

A su regreso hacia Argentina, después de cumplida su misión, arribó al Puerto de Santo Domingo el 20 de enero de 1920. El comandante del crucero 9 de Julio al no ver en la fortaleza "Ozama" la bandera dominicana, no hizo los saludos exigidos por el protocolo internacional, lo que motivó que las autoridades norteamericanas pidieran al Capitán las causas de su descortesía.

Cuando ocurrió este desagradable caso, hacía 4 años que se había declarado oficialmente la implantación del gobierno militar norteamericano, que tuvo lugar en aquella época (1916), cuando el íntegro patricio doctor Francisco Henríquez y Carvajal, designado Presidente de la República por decisión del Congreso Nacional, se negó a aceptar las humillantes condiciones que para su formal reconocimiento le hiciera el gobierno de Estados Unidos que en ese entonces detentaba, de acuerdo con la convención de 1907, la total percepción de los ingresos aduaneros dominicanos.

Todos conocemos que una fuerza de ocupación coloca al tope de los edificios y fortalezas cautivas su propia bandera. La dominicana no flameaba sobre la tierra de las virtudes soñada por Juan Pablo Duarte, que siempre deseó una patria libre, soberana y sin intervención de extrañas potencias. La gallarda respuesta del comandante del crucero 9 de Julio, no se hizo esperar. Tengo instrucciones de mi gobierno de saludar la bandera dominicana. Así lo hizo.

Epopeya sin nombre, gran hazaña sin par.

Hace más de ochenta años, la muy noble y leal ciudad de Santo Domingo, sintióse regocijada y fortalecida cuando el crucero argentino 9 de Julio, en arbolando al tope de su palo mayor la bandera dominicana, la saluda tal y como se le hace a una nación soberana, gesto sin precedente, en aquellos tiempos cuando nuestra soberanía estaba eclipsada por la intervención militar de Estados Unidos.

La población de Santo Domingo, no sabía cómo agradecer a la Nación Argentina tan noble gesto. Todos sus habitantes se lanzaron a las calles entregándoles flores a los audaces marineros, que en noble acción, señalaban que la patria no había perecido ante la injustificable ocupación militar impuesta por la fuerza de las armas.

Años después, por gestión de la Liga Naval Dominicana, la Armada Argentina obsequia a la Marina de Guerra Dominicana el cañón del crucero 9 de Julio, con el que se habían disparado las históricas salvas en honor a nuestro país intervenido.

Sirva este gesto amistoso para perpetuar el ejemplo y la dignidad de los hombres que en la oscuridad de la noche, nos dieron un anhelo de esperanza que hoy nos permite amar más a nuestra Patria.

César de Wlndt Lavandier - Contraalmirante Marina de Guerra - República Dominicana!

   

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

Direccion de e-mail: histarmar@fibertel.com.ar