Historia y Arqueologia Marítima

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Banderas Rosarinas en la Guerra del Paraguay

 

Por Miguel Angel De Marco, conferencia pronunciada el 16 de Junio de 1960

            Rosario, la ciudad que se debía a su propio esfuerzo, progresaba día a día. Al lado de las casonas coloniales de gruesas paredes y techos de tejas, se levantaban como centinelas del progreso, edificios de dos o tres pisos, verdaderas maravillas en aquellos tiempos en que aún se veían muchos ranchos de barro y paja. Numerosos comercios daban un aspecto de inusitada actividad a las calles céntricas, mientras que en el puerto recibía buques de todas las banderas en su seno. Dos periódicos, El Ferro-Carril” y “El Cosmopolita” publicaban noticias del país y del exterior, cuando no chocaban violentamente , mientras que la “modernísima” imprenta a vapor de Eudoro Carrasco, otra de las maravillas de entonces, inundaba a la ciudad con folletos de carácter político, volantes anunciando un elixir milagroso que curaba todos los males o que en el “Café de Peyrano” se podían adquirir “bien barato” los “helados de helado bien helado” en los más diversos gustos, y la exquisita “agua con burbujas”...

             Así era la Perla del Paraná en 1865. Tranquila y a la vez pujante, siempre que no hubieran elecciones. Entonces se convertía en campo de enconadas controversias, que no siempre terminaban bien. Muertos y heridos arrojaron los comicios de gobernador en marzo de ese año.

             No obstante, finalizada la lucha, tornaba la tranquilidad. Elegido el gobernador y concluidas  las diferencias, todos lo rodearon amistosamente, decididos a colaborar en su tarea.  ¡Quantum mutatus ab illic!

             En abril los rosarinos angustiábanse por la difícil situación entre Argentina y Paraguay. Sabían que los procederes irreflexivos del mariscal López traerían la guerra cuando era más necesaria la paz. El Cosmopolita” exhortaba al gobierno a actuar con calma, diciendo tener la firme convicción de que el Presidente Mitre haría cuanto estuviera en sus manos para mantener la neutralidad.

             Todos esos buenos y pacíficos deseos, se verían empañados por un cruel suceso que obligaría al pueblo argentino a armarse en defensa de la intangibilidad de sus derechos.

             El 13 de abril, cuando toda Corrientes se hallaba entregada al reposo, cinco buques paraguayos la bombardearon, llevándose luego a remolque a dos vapores argentinos fondeados en su puerto, a cuyos tripulantes degollaron sin piedad, mientras que un gran ejército la invadía...(ver Captura 25 de Mayo y Gualeguay)

             La noticia que iba a exaltar al espíritu nacional llegó a Rosario tres días después, por conducto del “Esmeralda”, buque insignia de la escuadra brasileña.

             Tanto el comandante de la nave como las autoridades restaron importancia al suceso con el fin de no caldear los ánimos, dando un comunicado en el que se anunciaba  que los invasores habían sido rechazados por el pueblo de Corrientes, luego de corta lucha.

             Nadie creyó que unos pocos hombres mal armados podían haber derrotado a un ejército tan aguerrido. La inquietud fue en aumento y hasta “El Cosmopolita” se hizo eco de ella, diciendo que consideraba “completamente apócrifa” la noticia y que sí era posible que algo más grave sucediera. [1] 

             Por fin el 19 se confirmaron las presunciones de los rosarinos. El Paraguay no sólo había ultimado a los tripulantes del “Gualeguay” y del “25 de Mayo”, sino que sus ropas avanzaban rápidamente “con el fin de acampar en Buenos Aires”.

             La indignación del pueblo no tuvo límites. No sólo se había violado la soberanía argentina, sino que los paraguayos y paraguayistas se animaban a afirmar que llegarían hasta la Capital de la República. “Estos insultos – decía un testigo de los acontecimientos – debían lavarse con sangre”.

             Manifestaciones improvisadas convergieron en el Consulado del Paraguay, frente al cual se entonó el Himno Nacional, y se leyó la proclama del Presidente Mitre, llamando a las armas y los decretos declarando el estado de sitio y movilizando la Guardia Nacional.

             Aplausos, vivas a la patria y al gobierno, mueras a López y a la tiranía, atronaban el aire mientras que dos jóvenes arrancaban el escudo de armas de la nación guaraní, al que luego de balear arrojaron al río con un retrato del dictador. [2]

             A cada paso se sumaba un hombre a la larga columna que al compás de la marcha de “El Tala” ejecutada por un grupo de aficionados, se dirigía a la plaza 25 de Mayo. Allí varios oradores se refirieron a los acontecimientos que conmovían al país, reconociendo que la única solución aceptable era ir a la guerra. Cerraba el acto un joven de romántica melena, hermosa barba negra e inconfundible estampa. Era Pedro Nicolórich, poeta y periodista que invitaba a la juventud a tomar las armas “en defensa de sus legítimos derechos de argentinos”.[3] 

             Antes de regresar a sus hogares, un grupo de ciudadanos redactaron un acta en la que se responsabilizaban de los sucesos que habían tenido lugar en el Consulado Paraguayo. La firmaban los más distinguidos habitantes de Rosario.

             El entusiasmo desbordó los cuarteles de los batallones “Constitución” y “Caseros”. Anticipándose al decreto de la convocatoria de la Guardia Nacional por parte del Gobierno de la Provincia, hombres ya maduros, jóvenes y hasta algunos niños se presentaron a la Jefatura Política para solicitar su alta como soldados en las citadas unidades. Así también surgió en el seno de la juventud la idea de formar una Compañía inmediatamente para ponerse a órdenes de Mitre. De ello da cuenta “El Cosmopolita” en su número correspondiente a los días 25 y 26 de abril:

 “Sabemos – decía – que algunos buenos argentinos van a presentarse al gobierno pidiendo autorización para formar una compañía de voluntarios, para marchar al ejército. Damos un ¡bravo a estos valientes patriotas”

 Apenas recibidas en Santa Fe la noticia del ataque en Corrientes, y la copia de los decretos del 16 y 17 de abril sobre la declaración del estado de sitio en todo el territorio y movilización de la Guardia Nacional, se dispuso la reorganización de dos batallones de infantería que guarnecían a Rosario. El 25 de Abril  don Juan del Campillo, gobernador delegado de la provincia, firmaba un decreto en tal sentido encargando que “hiciera cumplir la disposición anterior el ciudadano comandante don José Fidel de Paz” [4] Poco trabajo tuvo este jefe ya que los voluntarios se incorporaban en números elevados viniendo muchos de los campos vecinos, bien equipados y mejor armados.

 Dos días después, el doctor del Campillo firmaba otro decreto disponiendo la cantidad de soldados con que debía contribuir cada Departamento a la formación del primer batallón de infantería.

 “Las quinientas plazas de que debe componerse el expresado se sacarán a la suerte de la Guardia Nacional de los cuatro Departamentos de la Provincia en la proporción siguiente: por el Departamento de Rosario, trescientos, y doscientos por los de Capital, Coronda y San José”. [5]

 La pujante ciudad del sur proporcionó ella sóla los quinientos soldados. Cuiando se realizó el sorteo y muchos quedaron fuera de los contingentes, libres del servicio, se presentaron voluntarios, declarando no poder eludir sus obligaciones para con la patria.

 Así, en menos de 15 días, ya estaba prácticamente listo para marchar “El 1ro de Santa Fe”, como se llamó el batallón mandado por el Coronel Ävalos y formado por don José Fidel de Paz. Este jefe escribía al general  Mitre dando cuenta de la adhesión del pueblo:

 “Nunca, Excmo señor, en la provincia de mi nacimiento, ha habido mayor entusiasmo ni tan completa decisión para hacer una campaña...Con orgullo puedo decir, Excmo. Señor, que la oficialidad del batallón será compuesta por lo más brillante y distinguido de la juventud santafecina”. [6]

 Mientras se organizaba la primera unidad rosarina y se convocaba a la segunda, ocurrían en la ciudad graves acontecimientos. El Cónsul paraguayo, José F. Caminos,

 “se ocupaba – informaba el jefe de policía al gobernador – en infundir voces ofensivas a la causa nacional y corrompía a nuestras masas distribuyendo dinero a fin de inocular en ellas un sentimiento adverso al orden, al respeto de las autoridades de la provincia y al espíritu nacional”.  [7]

 Don Marcelino Freyre, jefe político, ante la actitud del representante del país vecino, procedía a ordenar a los dueños de los bancos en que los empleados del consulado contaban con fondos que

 “retuviesen los valores referidos en poder inter. se daba cuenta al gobierno de la provincia para que este lo pusiere en conocimiento del de la República, a los efectos que hubiere lugar; pidiéndoles al tiempo que expresaran el monto de dichos valores” [8]

 Los agentes paraguayos poseían gran cantidad de pesos fuertes y bolivianos, y dos casas, una en la ciudad y otra “a extramuros”, así lo informaban los escribanos Arzac y Llovet. [9]

 La difícil situación del cónsul y sus subalternos, que eran hostilizados por el pueblo a cada momento, tornábase grave con la anulación del exequátur a las patentes de Cónsul General, Cónsul y Vice-Cónsul, dispuesta por el Gobierno Nacional, por Decreto del 10 de Abril y con la expulsión de todos los funcionarios del Paraguay, residentes en Rosario. [10]

 Con sus bienes embargados, ante la repulsa del pueblo rosarino, partían donde no pudieran ofrecer peligro alguno, quienes habían olvidado que las conciencias argentinas no se compran ni se venden jamás...

             El Gobernador Delegado de la Provincia firmaba un Decreto el 7 de Mayo de 1865, por el cual nombraba a los oficiales propuestos por el Coronel Avalos días antes. Delos a conocer los nombres de estos jóvenes abnegados:

             CAPITANES: Pedro Nicolórich, Benjamín Sastre, Tomás Argañarás, J. Antonio Echagüe, Augusto Agote y Bernabé Martínez.

 TENIENTES 1ros: Manuel Guillón, Marcelino Freyre, Martín Viñales, Anselmo Cabrera, Pedro F. Rueda y David López.

 TENIENTES 2dos: Manuel Fernández, Almanzor Lassaga, Sixto Taltabull, Máximo Lara, Benjamín Calderón, y Carlos Rueda. 

SUBTENIENTES 1ros: José María Ruiz, Saturnino Lara, Pedro Cortina, Cleto Salvatierra, Joaquín Echagüe y Pedro Rapela.

 AYUDANTE MAYOR 1ro: Nicanor Manso.

 AYUDANTE MAYOR 2do: Rosario Suárez.

 ABANDERADO: Subteniente 1ro Mario Grandoli [11]

 Instruir a los Guardias Nacionales fue tarea fácil. El amor a la Patria los había llevado a enrolarse espontáneamente en los batallones que se formaban en Rosario y al hacerlo estaban concientes de la misión que les correspondería cumplir. Sabían que los ejercicios serían duros y la disciplina férrea y sin embargo se prestaban gustosos a ejecutar cuanto se les ordenara. Así se explica que en menos de un mes estuviera la unidad en condiciones perfectas y listas para marchar.

 Los campos en que los rosarinos se preparaban para ir a la guerra estaban a extramuros de la ciudad. Allí se iniciaban las tareas a diana y se interrumpían sólo cuando caía la noche. No estaba ausente jamás del campamento el jefe del batallón, quien no solo corregía fallas deslizadas involuntariamente, sino que permanecía horas instruyendo personalmente a los soldados.

 Junto al “Santafesino” se alistaba el “Libertad”, a las ordenes del Coronel José Ramón Esquivel, que aún no había sido designado oficialmente para mandarlo. Lo secundaba el mayor Jenaro Racedo, militar de sólido prestigio y dueño de un carácter firme y decidido.

 A fines de Mayo, recibían los batallones uniformes de campaña color cáñamo, con vivos rojos, fusiles a pistón, correajes y mochilas. Ya podían verse por las calles de Rosario a los bizarros Guardias Nacionales, luciendo las sencillas y pintorescas ropas.

             No podían estar ausentes en todas estas patrióticas inquietudes, las damas de Rosario. Rivalizaban en patriotismo esas abnegadas matronas y esas dulces niñas de la Perla del Paraná. “El Cosmopolita” nos relata entusiastamente, toda la actividad desplegada en torno a las amistosas reuniones de damas. Mientras se tejía una gorra de lana o se cosía un bornús, se decían cosas tan risueñas como estas. “Si yo fuera Mitre – exclamaba una señorita – declararía traidores a la patria a todos los que toman mate con yerba paraguaya” ¡Qué muchacha tan patriota! Decía el redactor del periódico.

             En una de las habituales reuniones en casa de don Juan Rosas, donde se dan cita gran cantidad de señoras, surge la idea de confeccionar banderas a los batallones “1ro de Santa Fe” y “Libertad”. Inmediatamente se abren suscripciones y con lo recaudado, que es mucho, se inicia la tarea. Como las patriotas mendocinas, las damas de Rosario donan sus joyas para bordar las enseñas.

             No podemos de dejar de dar la nómina de contribuyentes que trae “El Cosmopolita” del 17 de Junio, y que posibilitaron que doña Dolores Guerra de Medina, doña Angela Cardoso y doña Rosa Aldao, bordaran los sacros paños bicolores:

             SEÑORAS: Agustina Carbonell de Lassaga, Tomasa G. De Guillón, María de los Ángeles R. De Rosas, M.S. Carbonell, Teresa L. de Fraguerio, Parmenia de Parkins, Urbana de Palacios, Felisa Correa de Cevallos, Paula de Olivia, Fidelia de Vila, Doidamia de Díaz Velez, María A. de Miller, Celestina de Echagüe, Celestina de Salvá, Eulalia de Gordillo, Zenobia de Guizotti, Rosario de Alvarado, Lucinda de Juárez, Josefa de Ortiz,  Clara de Zubiría, N. de Rosas, Manuela de Rivas, Angela Benegas, Celestina Álvarez, Asunción de Paganini, Rosa de García, Petrona de Brignardollo, Feliciana Zabala, Trinidad de Paz, Lucía de Echeverría, Romana G. De Areoza, Ricarda G. de García,  J.C. de Rodríguez, Enriqueta de Rosas, Trinidad de Carbonell, Trinidad de Llanti, Rosario de Ferrer, Inés de Ramayo, Inés nicolorich de Aldao, Joaquina de Arrotea, Eulogia de Salvatierra, Adela Ojeda de Hertz. 

            SEÑORITAS: Leopoldina Rodríoguez, Cristina Rodríguez, Cfarmencita Alvarez, Angelita Jáuregui, Panchita Rodríguez, Virginia A. de Arrotea, Carmencita Guillón, Manuela y Julia Álvarez, Dolores García, Eulogita Rosas, Eloísa Arzac, Honoria Suárez y Albina Palacio.

                        Pasan los días. El 17 de Junio, en una animada reunión social que se lleva a cabo en la casa de don Juan Antonio Rosas, y a la que concurren los jefes y oficiales del batallón “Santafesino”, las damas rosarinas entregan la bandera por ellas costeada al jefe de la unidad, coronel José María Avalos. La enseña es de gran tamaño, con franjas iguales celestes y blancas. Lleva bordado un gran escudo de hilos de oro y un sol enjoyado, notándose también la siguiente inscripción, hecha también en oro “Batallón Santafesino – 1865”

             Hace uso de la palabra entre otros el Mayor don Miguel Panelo, quien manifiesta que “esa bandera volvería ilesa en su honra pero acribillada por las balas del enemigo después de haber vengado las injurias hechas a la Nación”. [12]

            En esta misma reunión en que se entonó con cálido acento el Himno Nacional, y se renovaron briosas manifestaciones por parte de los jóvenes voluntarios, surgió la idea de dotar de una bandera al batallón “Libertad”, que no la poseía aún. Ofreciose para bordarla, acompañada por la señorita Angela Cardoso, la señora Delfina Fernández de Almería, distinguida dama rosarina. Se renovaron las contribuciones y muy pronto pudieron abocarse a la tarea de bordar la enseña que irá a tremolar en la lejana y misteriosa república del Paraguay.

             Dos días después de la entrega de la bandera del “1ro de Santa Fe”, se realizó en la Iglesia Catedral la solemne bendición a cargo del cura párroco, Dr. Don Claudio Seguí. Pronuncia una vibrante arenga el jefe político, Dr. Freyre, quien señala a los jefes y oficiales que la provincia, y aún más la ciudad que los vio nacer, espera de ellos que sepan conducir con honor y gloria la bandera entregada por el bello sexo de Rosario. [13]  Acto seguido, procede el Mayor >Miguel Panelo a tomar juramento a la tropa, pronunciando con tal motivo bellas palabras que no podemos dejar de repetir:

             “Acaban de depositar en nuestras manos el inmortal pabellón azul y blanco que nuestros mayores nos legaron como herencia de su heroísmo y de sus virtudes. Aquí, señores, a pocos pasos de nosotros, por una bendita aspiración del vencedor de Tucumán y Salta, se levantaron por primera vez los colores que debían ser más tarde la enseña de redención para más de la mitad de Sud América. Mirad el centro y advertid que ese sol no tiene manchas. Puro ha resplandecido en cien batallas,  sin ocultarse y descender jamás para las armas argentinas. Venid pues y jurad conmigo, en presencia de la heroica y venerada tradición que acabo de evocaros, el sacrificio espontáneo de la vida para conservarle a esta bandera el esplendor y gloria que le dieron los padres de la patria. Venid y prometed solemnemente devolverla inmaculada al generoso bello sexo de Rosario, que en nombre de la Nación la ha confiado a nuestro honor, para que pueda conservarla en ese templo, como testimonio de haber cumplido fielmente el sagrado deber que en este instante contraemos. ¡Oh, sí! Ya podréis entonces, cada uno de vosotros, al regresar de la cruzada, decir con noble orgullo: Yo soy uno de los que sostuvieron esa preciosa bandera en las jornadas memorables del Paraguay. Y en fe de que así lo juráis, gritad: “Viva la gran Nación del 25 de Mayo!”   [14]

            Quinientas voces varoniles respondieron al llamado del jefe, con un vibrante ¡Viva! que resonó en toda la plaza, indicando a los que observaban la ceremonia que podían estar seguros de los voluntarios que enviaba Rosario a la lid.

             “El Cosmopolita”, periódico que recogía y transmitía el sentir del pueblo, decía al referirse al “1ro de Santa Fe”:

             “Sorprendidos quedamos ayer al presenciar la parada y las evoluciones de nuestro batallón, uno de los más grandes del ejército. El material es excelente; los hombres todos robustos, sanos y dóciles; los oficiales activos, trabajadores e inteligentes...el Rosario puede tener un legítimo orgullo del batallón que manda como contingente, pues pocos batallones en el ejército serán mejores...Si el Coronel Avalos se debe mucho por su actividad y celo, el puede enorgullecerse por el honor de llevar a campaña tan brillante batallón”. [15] 

            El 8 de Julio será el día más triste para los rosarinos. El batallón “1ro de Santa Fe” ha recibido orden de embarcarse inmediatamente para el teatro de guerra y va a hacerlo en el vapor “Pampero”. Nadie mejor que “El Cosmopolita” relatará como dijo adiós Rosario a sus hijos: 

            “Allí la madre se despidió del hijo, la hermana del hermano, la esposa del marido, los amigos del amigo, en fin, el que quedaba del que partía, el pueblo entero de aquella parte de sí mismo que abandona el hogar, la familia, para ir a verter su sangre por la Patria...Ese fue un momento conmovedor, triste e imponente”. [16]  

            Formada la unidad en la cubierta, rodeando los oficiales al abanderado, se entonó el Himno de la Patria, mientras el vapor partía suavemente. La bandera flameaba orgullosa de tanto renunciamiento, de tanta nobleza, pero podría haberse dicho que no se agitaba con fuerza, sino quedamente como si la tristeza ambiente llegara a ella.  

            Cinco días tardó el “Pampero” en llegar a destino. El 13 de Julio, los flamantes soldados en campaña veían de a bordo un mar de tiendas blancas diseminadas en impresionante extensión. Eran las nuevas casas de miles de ciudadanos que abandonándolo todo habían corrido en defensa de la Patria. Ejemplo de tales renunciamientos, pocas veces se vieron en la historia... 

            El General Mitre queda entusiasmadísimo por el porte y la marcialidad del batallón: 

            “En la mañana de hoy – escribe al Ministro de Guerra Gelly y Obes – fondeó el “Pampero”, desembarcando poco después el batallón de Santa Fe, al que visité enseguida. Los jefes y oficiales nada dejan de desear y presiento que este batallón ha de saber cumplir con su deber en el campo de batalla”. [17]   

            El Generalísimo proclamó a la Guardia Nacional de Santa Fé con bellas palabras, evocando pasadas glorias y exhortándolo a aumentarlas. [18] 

            Poco tiempo pasará para que se de al batallón una misión de gran importancia. Decidido el general en Jefe a rendir Uruguayana, ordena que el batallón “1ro de Santa Fe” lo escolte, tocándole asistir a las acciones que culminaron con la total rendición de la plaza sitiada. 

            En tanto se desarrollaban estos acontecimientos en el frente de lucha, en Rosario de aprestaba el “Libertad” a partir a campaña. Compuesto en su totalidad de voluntarios y siendo sus oficiales [19] jóvenes de expectable posición social y méritos reconocidos, formaba un plantel inmejorable con que Santa Fe contribuía en exceso a la formación del Ejército Nacional. Su jefe, el Coronel Esquivel, era toda una garantía de probidad, capacidad y aptitudes militares, lo mismo que el Mayor Racedo. “Tales jefes – diría más tarde el General Fotheringham – tales cuerpos. ¡De tal palo tal astilla! 

            La bandera del batallón “Libertad” fue bendecida en tocante ceremonia el 13 de Julio de 1865. En tal oportunidad, el Dr. Freyre, padrino de la ceremonia, pronuncia un vibrante discurso, expresando entre otros conceptos:

             “Aquí tenéis el pabellón azul y blanco, es el emblema del honor y dignidad de la Nación, la expresión más genuina de nuestras pasadas glorias y el signo que simboliza nuestras libertades, nuestras instituciones y nuestro derecho. Yo, en nombre del pueblo que represento, de este pueblo que os ve con satisfacción llenar vuestro deber, hago votos para que seáis los destinados a añadir nuevas glorias a las que ya cuenta nuestra hermosa bandera. Recordad que con ella jamás el soldado argentino hizo una campaña en que no conquistase miles de trofeos. Quiera el cielo que al regresar a la provincia de vuestro nacimiento, vuestra sien venga orlada del galardón con que la victoria debe premiar a los guerreros que en el campo de la lucha cumplen con su misión”. [20] 

            Seguidamente, y entre las aclamaciones de los asistentes a la emotiva ceremonia, tomó el juramento de práctica el coronel Esquivel. “El señor Coronel pronunció unas palabras – dice “El Cosmopolita” – que no publicamos por no haber podido conseguirlas pero con la energía y el fuego que manifestaba, se veía claramente el entusiasmo que dominaba a aquel valiente y viejo soldado”. [21]  

            En una reunión ofrecida a los oficiales, brindaron conocidas figuras como el viejo y glorioso coronel Pablo Díaz, el veterano de la independencia don Manuel A. Pueyrredón y varios jóvenes rosarinos. Todos coincidieron en resaltar el patriotismo y la noble decisión de los voluntarios del batallón “Libertad”. Dos días más tarde se renovaban las escenas de dolor al partir a campaña lo que quedaba de la juventud rosarina. Contados eran los que permanecían por órdenes del gobierno, no por su voluntad, pero que pronto irían a reunirse a los que despedían, cuando Rosario enviara a la guerra su tercer contingente de la Guardia Nacional. 

            Pasan los meses, rendida Uruguayana las tropas aliadas inician la campaña de Corrientes. Luego de largas marchas se establece todo el ejército en el campamento de Ensenaditas. Allí llega en enero de 1866, el batallón “General Paz”, formado en Rosario, a las órdenes del teniente Coronel Daniel Villafañe, con veintiséis oficiales [22] y doscientos veintitrés soldados. Es abanderado el subteniente Justo Sócrates Anaya quien al finalizar la guerra seguirá la carrera de las armas, para retirarse cargado de años y de servicios con el grado de General de Brigada. 

            El Comando en Jefe resuelve la fusión de esta unidad con el “Libertad” y crea un regimiento que lleva el nombre de “Rosario” y que es puesto a las órdenes del coronel Esquivel, siendo segundo jefe el Teniente Coronel Villafañe y tercero el mayor Jenaro Racedo. [23]    

            El pasaje al territorio paraguayo se cumple con toda felicidad por el Paso de la Patria, luego de un combate con los defensores en la orilla opuesta. El “1ro de Santa Fé” y el “Rosario” integran con otras unidades, el primer cuerpo del ejército argentino. Ya en territorio paraguayo se libra una cruenta batalla en el Estero Bellaco. El Regimiento “Rosario”que acababa de relevar al “1ro de Santa Fe”  de su puesto de vigilancia en la vanguardia, recibe todo el peso del ataque enemigo y de no ser por el valor de los rosarinos, la derrota hubiera sido inevitable. Dejemos que el veterano mayor Casiano Ortiz, oficial del “Rosario” en la Guerra del Paraguay, nos relate cual fue la actuación de la unidad en la batalla: 

            “Fueron las primeras banderas (todavía se llevaban las de los dos ex batallones “Libertad” y “General Paz” juntas, no habiéndose dispuesto cuál de las dos iba a ser retirada) que flamearon en el Estero, las del Regimiento “Rosario” , pues el jefe de la División coronel Matías Rivero, en un delirio de entusiasmo por su conducta, hizo que las banderas avanzaran hasta que el estero lo permitiera y se hicieron tremolar bajo las baterías de los cañones del enemigo, enlodando a una de ellas con el lodo del estero salpicado por las balas de cañón”  [24]  

            Después de la acción de Estero Bellaco, la bandera del batallón “Libertad” es guardada en un cofre de honor, por haber quedado destrozada, y se envía a Rosario. Aquí estará durante la intendencia del señor Meyer, en un cuarto destinado a depositar trastos viejos, hasta que en su oportunidad fue honrada por las autoridades municipales, yendo a engalanar la Sala del Concejo Deliberante primero, y el Museo Histórico Provincial después. [25] 

            24 de mayo de 1866. Batalla de Tuyutí. Las unidades rosarinas se destacan brillantemente. El “1ro de Santa Fe” y el “Rosario” se cubren de gloria, y sus banderas, sostenidas por los jóvenes abanderados Grandoli y Anaya, flamean en medio del combate, en tanto que las balas las acribillan poniendo en serio peligro a los que las llevan. El Coronel Avalos, cuyo Cuerpo perdiera ochenta y dos hombres, felicita al portaestandarte que demostrara no temer a la muerte en esa horrible batalla que fuera considerada por los más destacados especialistas en temas castrenses, la más grande y sangrienta de América del Sur. 

Batallas de Yataytí  Corá y Sauce. Los rosarinos vuelven a conquistar laureles entre el fuego de los fusiles enemigos, en honrosos puestos de vanguardia. Tres batallas se habían ganado luego de derramar torrentes de sangre generosa. Pero aún faltaba para no esterilizar los esfuerzos realizados, tomar un puesto clave, sin el cual no era posible, así lo pensaban los altos jefes aliados, continuar la campaña: Curupaytí. 

Luego de una lluvia de varios días, el comando en jefe decide el ataque. El 21 de Septiembre se hicieron grandes preparativos, al día siguiente se intentaría el asalto a la formidable trinchera. 

“Amanecía el 22 de Septiembre – dice el General Garmendia - ¡Solemne despertar!. Las armonías del himno patrio conmovían tantos corazones que pronto dejarían de latir. Un bello sol de primavera apareció perezosamente detrás de la selva del oriente, esparciendo sus brillantes tintes sobre el silencioso campamento, que esperaba impasible la orden de ponerse en marcha. Algún tiempo después, la vibración de la artillería de la escuadra atronaba la atmósfera y se sentía bien distintamente el ruido espantoso de las granadas que se lanzaban al campo enemigo”. [26] 

            El batallón “1ro de Santa Fe” había sido designado por el General Mitre para servir de vanguardia a todo el ejército argentino. Marcha al frente de la brigada compuesta por el batallón “Rosario” y el 5 de línea, el coronel José María Avalos y manda al “Santafesino” el teniente coronel Joaquín Lora, en forma accidental.  Siguen a esta brigada afamados regimientos de línea y de Guardia Nacional. El regimiento “Rosario” se encuentra a las ordenes del mayor Racedo, ya que el coronel Esquivel manda la tercera división. 

A las doce y media las tropas de la primera división pisan el terreno descubierto y se inicia el asalto Los cañones paraguayos comienzan a vomitar metralla haciendo grandes estragos. El “Santafesino”, a cuyo frente va Grandoli, recibe en pleno la descarga. Caen muchos soldados, la artillería ha abierto una gran brecha. Se oyen los gritos de los valientes oficiales rosarinos. ¡No es nada, cierren los claros! ¡Adelante! Mariano Grandoli, con su poco peso, consigue encaramarse en la trinchera y desplegar la enseña de la Patria. Estoicamente, impertérrito, el niño héroe, erguido mostrando el pecho al enemigo, desafía las balas, mientras que nuestros voluntarios al contemplar al portaestandarte, hacen prodigios de valor. 

Todos los batallones se confunden en una masa de hombres desesperados por escalar las posiciones. Son derribados por centenares. De pronto, Mariano Grandoli cae como fulminado por un rayo. Las balas que lo han respetado por más de una hora, cumplen con su misión de dar muerte. [27] 

Corren a rescatar la enseña Pedro Nicolórich, los distinguidos Frutos y Azcurra, y el teniente Cortina. Se adelanta el Capitán y arranca la bandera de las crispadas manos del héroe. Con fuerza la arroja hacia donde están sus subalternos, y en el momento de hacerlo, recibe un balazo que le destroza el brazo. Pocos días después morirá en Corrientes el heroico oficial que siendo en Rosario un importante personaje, escritor, poeta exquisito, considerado por todos como político de nota y posible diputado en los días en que estalló la guerra, dejara todo para correr en defensa de la Patria. En este homenaje a la bandera, se asocian en la veneración las figuras del heroico Mariano Grandoli, que cayera en su intento de penetra vencedor en la trinchera, y del valeroso capitán Pedro Nicolórich que la salvara de caer en poder del enemigo, al igual que Frutos, Cortina, Azcurra y tantos otros cuyos nombres no han quedado y que dejaron sus vidas para posibilitar que no fuera arrebatado por el enemigo el azul-celeste y blanco trapo, enrojecido por la sangre del niño héroe. 

Al ordenarse la retirada, se comprueba que lo mejor del Ejército ha quedado en Curupaytí. Cientos de cadáveres alineados dan cuenta del drama. Son muchos de ellos jefes ¡y qué jefes! Charlone, Fraga, Díaz, mientras que en la trinchera quedan Salvadores, Rossetti, y tantos otros, a merced del enemigo. 

Se conmueve el espíritu al evocar la cruel tragedia y a la vez se reconforta en el recuerdo de tanto heroísmo. El coronel Avalos escribe a Juan Antonio Rosas, días después del asalto, refiriéndose a la bandera: 

“Salió con catorce balazos, perdiendo la vida quien la llevaba tan dignamente y retirándose toda su escolta, sus distinguidos todos heridos. Hecha pedazos como está y manchada con la sangre del intrépido subteniente 1º de bandera D. Mariano Grandoli, tal vez no la conozcan más las señoritas que la trabajaron; sírvase decirles a ellas que en al ataque del 22 fue la primera bandera que flameó contra la trinchera, mediante haber sido el batallón para servir de vanguardia a todo el ejercito argentino. Sírvase decir a las señoritas que bordaron la bandera, no se olviden de los que quedaron en Curupaytí que tal vez ellos recordaran de ellas por el tanto arrojo que hubo”  [28] 

            Para reemplazar a Mariano Grandoli, es designado el “distinguido” Frutos que asciende a subteniente y tiene la gloria de hacer tremolar el sagrado lábaro hasta el fin de la contienda. 

Siguió la campaña. En 1867, los bizarros batallones rosarinos incorporan nuevos laureles a sus enseñas. El 27 de Marzo llevan a cabo un difícil reconocimiento en los campos de Angulo, junto al 1 de línea y al regimiento de caballería “General Lavalle”. Gracias a esta acción los paraguayos se retiran y se concentran en Humaitá. Cruentas batallas vuelven a librarse. Tuyú Cué, Chaco, Servicio de Lagunas. En Lomas Valentinas (27 de Diciembre de 1868), el cabo Tiburcio Aldao  del “1ro de Santa Fe”, toma al enemigo una bandera que entrega al General Gelly y Obes, entonces comandante del ejército argentino. [29]  

Después de esta batalla que significó una derrota definitiva para el tirano del Paraguay Francisco Solano López, las unidades se encuentran en los desfiladeros de Ascurra, tomados a la bayoneta por el “1ro de Santa Fe” Cerro San Joaquín, Villeta y Asunción, demostrando un valor y abnegación dignas de encomio. 

Finalizada la guerra, retornan las tropas a Rosario. Manda al batallón “1ro de Santa Fe” el teniente coronel Enrique Spika, y el regimiento “Rosario” el joven teniente coronel Napoleón Berreauto. El “Santafesino” que fuera a la campaña con 564 plazas, retorna solo con 175. 

Los actos celebratorios del regreso de los guerreros alcanzan proyecciones inusitadas. Hasta el presidente Sarmiento llega para recibir a los Guardias Nacionales. En los diarios “La Capital” de los días 20, 21 y 22 de enero, podemos leer interesantes crónicas de aquellas celebraciones. 

Domingo Faustino Sarmiento concurre al solemne Te Deum celebrado por el cura párroco doctor Martín Piñeiro, en la Iglesia Matriz. La gente ha cubierto todos los espacios del templo. Muchos son los mismos que en 1865 despidieron a los noveles guerreros ya veteranos, y entre ellos, vestidas de luto, las madres de Grandoli, Nicolórich, Guillón y Calderón, llorando silenciosamente. La ciudad engalanada ve desfilar a sus hijops que retornan victoriosos. Marchan al frente de las fuerzas los tenientes coroneles Spika y Berreauta y lo sigue la plana mayor. Ya no queda nada de los brillantes uniformes y de los guantes de cabritilla que llevaron para entrar “en tres meses en la Asunción”, como lo asegurara Mitre para infundir entusiasmo en la juventud. 

Los inválidos, en carruajes descubiertos abrían la marcha de la columna. Lo seguían los veteranos llenos de cicatrices y rodeados de una aureola de gloria marchando bizarramente. Las banderas del batallón “Santafesino” y del Regimiento “Rosario” son recibidas por el Intendente Municipal, don Salvador Carbó, en una emotiva ceremonia que detalla “La Capital” del 1 y 2 de Febrero y de la que extraemos el siguiente comentario con respecto a la enseña del “1ro de Santa Fe”: 

            “aquella bandera que habían recibido de las damas rosarinas y jurado sostener en los campos de batalla, volvía al mismo suelo, no ya con el brillo de la tela ni del escudo de oro, pero sí con el esplendor de la gloria imperecedera que conquistara entre el humo de sus combates” 

            Después de una breve estada en el Municipio, la enseña del “1ro de Santa Fe” fue llevada a la Jefatura Política. Tampoco estuvo allí mucho tiempo, porque el coronel Hernández, disponiendo de ella como si fuera suya, la obsequió al General Lorenzo Vinter, meritorio jefe de destacada actuación en la Guerra del Paraguay. Este jefe la conservó junto a la del “Rosario” hasta su muerte. Por disposición suya, sus hijas la donaron al Museo Histórico Nacional, donde permaneció la primera (la del “1ro de Santa Fe”) hasta 1941, en  que fue trasladada a Rosario, en tocante ceremonia. [30] 

            Aún se encuentra en Buenos Aires la gloriosa enseña que tremolara en Estero Bellaco y que ganara la entusiasta admiración del bravo coronel Rivero, junto con la del ex batallón “Libertad”, la  que felizmente atesora el Museo Histórico de nuestra ciudad. Debo solicitar al pueblo de Rosario, a las autoridades respectivas, que esta enseña sea restituida para su custodia en esta ciudad patricia que tanto dio a la Nación en los días aciagos de la Guerra del Paraguay. Será un acto de estricta justicia. Que para el próximo aniversario de Estero Bellaco, podamos recibir con fervorosa devoción a la gloriosa bandera del regimiento “Rosario”. Comprometámonos a aunar nuestros esfuerzos para lograr que se cumpla lo que estimamos un mandato histórico. Que en 1961 podamos ver juntas, como en aquellos días lejanos de la guerra de la Triple Alianza, a las tres enseñas que bordadas por delicadas manos femeninas fueron a vindicar el honor nacional en los esteros y selvas paraguayas.  

 APÉNDICE 

Decreto nombrando oficiales del Batallón “LIBERTAD” 

Santa Fe, Julio 1ro de 1865

 “Habiéndose aceptado las propuestas elevadas por el coronel D. José R. Esquivel, para oficiales del batallón “Libertad” de Guardias Nacionales movilizados. – El Gobierno de la Provincia.

 Acuerda y decreta:

 Art. 1ro: Nómbrase oficiales del citado batallón, a los individuos siguientes:

EN LA PLANA MAYOR

 Para AYUDANTE MAYOR 1ro, al teniente 2do D. Salvador Aguilar

Subteniente de Bandera, al ciudadano D. Vicente Racedo.

 EN LA COMPAÑÍA DE GRANADEROS

 Para CAPITAN, al Sargento Mayor de Guardias Nacionales D. Segundo Ramayo.

Para TENIENTE 1o, al igual clase de Guardias Nacionales D. Blas Ramayo.

Para TENIENTE 2o, al Alférez D. Benigno Maldonado.

Para SUBTENIENTE, al ciudadano D. Eugenio Toledo.

 EN LA 1ª COMPAÑÍA

 Para CAPITAN, al de igual clase D. Victor Esquivel.

Para TENIENTE 1º, al de igual clase D. Benedicto Baigorria.

Para TENIENTE 2º, al ciudadano D. José Felix Solís.

Para SUBTENIENTE, al ciudadano D. Rodolfo Palavecino.

EN LA 2ª COMPAÑÍA

 Para CAPITAN, al Tte 1º de Guardias Nacionales D. José Lencina.

Para TENIENTE 1º, al de igual clase de Guardias nacionales D. Cipriano Tabares.

Para TENIENTE 2º, al ciudadano D. Remigio Bermudes.

Para SUBTENIENTE, al ciudadano D. Dermidio Espinosa.

 EN LA DE CAZADORES

 Para CAPITAN, al de igual clase de Guardias Nacionales D. Jesús Paez.

Para TENIENTE 1º, al ciudadano D. Miguel Juárez.

Para TENIENTE 2º, al ciudadano D. Manuel Ríos.

Para SUBTENIENTE, al ciudadano D. José Juárez.

 Art. 2º Expídase los correspondientes despachos, comuníquese, publíquese y dése al R.O.

OROÑO

Juan del Campillo”

 Decreto en el Archivo Histórico de Santa Fe. Gobierno. Año 1865, leg. 5, s/foliar.

  

 DECRETO NOMBRANDO OFICIALES DEL BATALLON RESERVA “GENERAL PAZ”

 Santa Fe, Agosto 8 de 1865.-

 “El Gobierno de la Provincia –

 Acuerda y decreta:

 Art. 1º Nómbrase oficiales del batallón de reserva “General Paz”, a los individuos siguientes:

 Para CAPITANES, D. Gabino Olmedo, D. Bernabé Cárdenas, D. Genaro Silva, y D. Mamerto Machado.

 Para TENIENTE 1º, D. José Mugica.

 Para TENIENTE 2º, D. José Ruiz, D. Lucio C. Rodríguez, D. Julián Moreno y D. Ramón Millares.

 ALFÉREZ INSTRUCTOR, D. Cirilo Molina.

 Art. 2º Expídaseles los correspondientes despachos, comuníquese, publíquese y dese al R.O. 

            OROÑO

  Juan del Campillo”

 

 DECRETO NOMBRANDO OFICIALES DEL BATALLON RESERVA “GENERAL PAZ”

 

Santa Fe, Septiembre 4 de 1865.-

 “El Gobierno de la Provincia

Acuerda y decreta

 

Art. 1º Nómbrase oficiales del batallón reserva “General Paz”, a los ciudadanos siguientes.

 Para CAPITANES, Emilio Onrubia y D. MiguelItuarte

 TENIENTE 1º, D. José M. Pacheco.

 TENIENTE 2do, D. Higinio F. De Paz y D. Cándido Lencinas.

 SUBTENIENTES SEGUNDOS, D. Lázaro Morales, D. Ponciano Roblado, D. Nestor Guemes, D. Enrique Buenanueva, D. Blas Carrión, D. Nilamón Guemes, D. Manuel Heredia y D. José Zeballos.

 AYUDANTE MAYOR 10, al Capitán D. Eustaquio López.

 AYUDANTE MAYOR 2º, al Teniente D. José Ruiz.

 ABANDERADO, al alférez D. Sócrates Anaya.

  Art. 2º Expídase los correspondientes despachos, comuníquese, publíquese y dése al R.O.

     OROÑO

Juan del Campillo” 

Decreto en el Archivo Histórico de Santa Fe. Gobierno. Año 1865, leg. 5, s/foliar.

 


 

[1] “El Cosmopolita”, 17 de Abril de 1865.

[2] En nuestro libro próximo a aparecer, “Santa Fe y la Guerra del Paraguay”, estudiamos con más atención estos sucesos.

[3] Cfr. Miguel Angel De Marco: “El Capitán Pedro Nicolorich, un rosarino ilustre”, publicación del Instituto de Investigaciones Históricas “Brigadier General Estanislao López”, Nro 1, año 1959.

[4] Registro Oficial de la Provincia de Santa Fé, Tomo IV, página 344.

[5] Ibídem, página 346

[6] Archivo del General Mitre, (Presidencia de la República), Tomo XXIII, página 145.

[7] Nota del Jefe de la Policía de Rosario al Oficial 1ro del Ministerio de Gobierno de la provincia, en Archivo Histórico de Santa Fe, Gobierno, Tomo 27, Log 5, folio 424.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem, Anexo 2-3 (Cartas de los escribanos).

[10] Registro Nacional, Año 1865, página 199.

[11] Registro Oficial de la Provincia de Santa Fe, Tomo IV, páginas 349 – 350.

[12] “El Cosmopolita”, 18 de Junio de 1865.

[13] Archivo de la Jefatura de Policía de Rosario, Año 1865, leg. “Impresos”.

[14] “El Cosmopolita”, 21 de Junio de 1865.

[15] “El Cosmopolita”, 5 de Julio de 1865.

[16] “El Cosmopolita”, 5 de Julio de 1865.

[17] Archivo del Grl Mitre, Tomo III, página 35.

[18] Esta proclama fue impresa y distribuida en el Ejército. Copia en nuestro poder.

[19] Véase sus nombres en el Apéndice.

[20] Archivo de la Jefatura de la Policía de Rosario, año 1865, leg. “Impresos”.

[21] “El Cosmopolita”, 14 de Julio de 1865.

[22] Véanse sus nombres en el Apéndice.

[23] El teniente Coronel Villafañe se retiró poco después, quedando Racedo en su lugar.

[24] Cfr. CASIANO ORTIZ: “El Regimiento “Rosario” tiene un glorioso historial”, en “La Capital”, 30 de Octubre de 1911.

[25] El Intendente Municipal, coronel Felix Goulú, decretaba el 10 de Octubre de 1911, la formación de una comisión compuesta por los doctores Juan Alvarez, Antonio Cafferatta y Alberto parody, para que estudiara la forma de conservar la histórica bandera.

[26] JOSE IGNACIO GARMENDIA, “La cartera de un soldado”, página 35.

[27] El joven abanderado escribía a su madre presagiando su fin: “Mañana seremos diezmados por el enemeigo pero yo he de saber morir por la bandera que me dieron”. Carta en Legajo “Grandoli”. Archivo del Museo Histórico Provincial de Rosario.

[28] En Archivo del Museo Histórico Provincial de Rosario, leg. “Grandoli”.

[29] Cfr. DAMACENO FERNÁNDEZ, “Batallón Santafesino”, en “La Capital”, 31 de Enero de 1870.

[30] El 31 de Mayo de 1935, las señoritas DINA y Nelly Vinter hicieron entrega de las banderas del batallón “1ro de Santa Fe” y regimiento “Rosario” al director del Museo Histórico Nacional, en una emotiva ceremonia. Estaban presentes los últimos sobrevivientes de la campaña al Paraguay, almirante Rafael Blanco, Contralmirante Diego Laure, coronel Antonio Sagasta y teniente coronel Nicanor Sagasta. Cfr. “La Nación”, 1 de Junio de 1935.

 
 
 

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