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BARCOS ARGENTINOS Y
LOBOS GRISES
La Segunda Guerra Mundial
cumplía unos pocos pero terroríficos meses, Argentina permanecía
aferrada a su ostura neutral, como ya había ocurrido durante la Primera
Guerra Mundial. La escasez de bodegas isponibles y la necesidad de
colocar la producción agrícola obligaron al presidente Ramón Castillo a
adelantar la creación de la Flota Mercante del Estado, integrada por
viejos barcos (mucho de ellos italianos) veteranos de la guerra
anterior, que permanecían desde el comienzo de las hostilidades anclados
en los puertos argentinos.
Con estas viejas naves (la mayoría, alimentadas con carbón), partieron
los primeros y arrojados “gauchos del timón”, como califico entonces,
con innegable acierto, el periódico Buenos Aires Herald a los capitanes
de nuestra creciente Marina Mercante. Ellos desafiaron la presencia de
los submarinos alemanes en el Caribe, y, aun más arrojadamente, sus
torpedos en las peligrosas aguas de la Costa Este de los Estado Unidos.
Eran buques neutrales, condición que no siempre fue respetada por los
“lobos grises”, que vigilaban la tradicional ruta de los cargueros entre
América del Sur, el Caribe y la Costa Atlántica Norteamericana.
Uno de los nobles y pintorescos gauchos del timón fue el Capitán Jack
Aljanaty, quien en sus relatos brindaba detalles de cómo se navegaba en
esos mementos; había que tener un ojo para escudriñar el mar en busca de
periscopios y el otro para advertir a tiempo la siniestra estela de los
torpedos. Aljanaty debió navegar durante muchos meses en las zonas de
guerra mas frecuentadas por los submarinos alemanes. Al respecto,
recordaba “se le dio a nuestros barcos (por acuerdo entre los
beligerantes) un numero de banderas para llevar pintadas en su casco
(cinco para la Argentina, que compartía esa cifra con Suecia) y los
comandantes de submarinos, con el libro de silueta de barcos siempre a
mano y la observación de las banderas de los buques, podían establecer
claramente si estaban frente a un buque neutral o a uno beligerante.

Capitan del RIO III - Capitan Pedro SCALESE
La zona del Caribe.-
expresa Aljanaty - era muy peligrosa para toda la navegación. En Febrero
de 1942, a bordo del vapor Juncal, habíamos salido de Curazao al
mediodía, cargados de petróleo, y apenas a las dos horas del
radiotelegrafista empezó a recibir en ingles, señales que indicaban U-Boat
near (submarino cerca).
“Parecía que los submarinos alemanes estaban por todas partes, y
empezaron a sucederse los avisos desesperados de S.O.S.
Ese día los alemanes hundieron 20 barcos en las inmediaciones del área
donde navegábamos. “Cerca de medianoche, apareció en el horizonte una
luz a ras del agua. Era un submarino alemán que nos pedía, en código
internacional de señales, los datos de nuestro cargamento, lugar de
origen y destino. Supongo que nos había estado vigilando hacia rato,
desde muy cerca y que, como identificó nuestras banderas en su libro de
siluetas, no nos toco y dejo que siguiéramos viaje.
En esos años, en el mar habia que agudizar los sentidos, a los
sumergibles germanos se los describiría mas fácilmente cuando había un
mar de calma chicha, ya que con un poco de marejada, olas y espuma de
mar se ocultaban los periscopios.
A los submarinos alemanes se les iba haciendo cada vez más difícil
distinguir entre los barcos beligerantes y los neutrales, y crecía
entonces el numero de ataques contra buques de bandera argentina. No
obstante, en innumerables ocasiones los submarinos alemanes dejaron
continuar la marcha a nuestros barcos, tras comprobar que no llevaban
carga bélica. Aveces, los lobos grises tenían gestos de indudable
cortesía con los oficiales mercantes.
El primer ataque serio a un buque argentino, que indigno a nuestra
opinion publica, ocurrió el 27 de mayo de 1940. En la entrada del golfo
de Vizcaya, frente al Cabo Villano, al norte de España, el Vapor
Uruguay, de 3425 toneladas, que transportaba cereales con destino a
Amberes y había tenido que desviarse a Limerick, Irlanda, fue hundido a
las 10 de la noche por un submarino Alemán. Previamente había sido
detenido y sus bodegas revisadas, tras lo cual se lo mino con cargas
explosivas. A los 28 tripulantes del carguero se les concedió un plazo
perentorio para que se alejaran en dos botes salvavidas. En la noche del
17 de abril de 1942, dos torpedos hicieron blanco en otro buque
argentino, el petrolero Victoria, que navegaba al SE de Nueva York, a
300 millas de la Costa Este norteamericana. Solo llevaba semillas de
lino.

El Río Tercero
El 22 de junio de 1942, en la costa oriental de los Estados Unidos, a
120 millas de Nueva York, fue torpedeado y hundido el vapor argentino
“Río Tercero” en lo que fue el más trágico de los episodios entre buques
argentinos y submarinos alemanes, rodeado, además por una leyenda negra
que puso en duda la conducta de la tripulación del mercante.
El Río Tercero retornaba del puerto de Nueva York donde habian
descargado cereales. Estaba al mando del Capitán Luis Pedro Scalese y de
regreso traía carga general, pero nada que pudiera considerarse bélico y
justificara el ataque sufrido. Llevaba un solo pasajero: el medico
Francisco Arumbarri. Se fue a pique inmediatamente, con él se trago a
cinco tripulantes: los carboneros Clemente Alvarez, Roberto Emilio
Giménez y Luis Santiago Protto; fogonero Angel Elfi, y el marinero
Justino José Aguilar. El ataque a un barco neutral y a las cinco muertes
provocaría un serio incidente diplomático, aunque finalmente no se
rompieron las relaciones entre Argentina y Alemania.
El radiotelegrafista del buque, Roque Volpe, preciso que el ataque se
perpetro son previo aviso y los tripulantes del Río Tercero solo
pudieron ver al submarino atacante luego de que los hundió.
“Yo pedí el S.O.S. – relato Volpe – me atendieron enseguida los
norteamericanos. A la hora y media ya nos sobrevolaba el avión
bombardero que nos habían mandado. Quedaron 39 náufragos repartidos en
dos botes, rescatados por la noche y llevados primero a Estados Unidos.
Pero antes de que esto ocurriera, estuvieron a un paso de que los
submarinistas los despacharon a tiros. El submarino que los había
atacado emergió poco después junto a los botes de los náufragos. Tenia
escrito en la torreta: U-Boat, un numero y la inscripción “Innsbruck”.
“Al capitán Scalese se le ocurrió decirles a los alemanes que no
habíamos pedido auxilio y que no teníamos con nosotros ningún libro de
navegación. Entonces lo metieron en el submarino. Finalmente, Scalese
termino por darles el libro y el submarino se alejo, pero al poco rato
volvió junto a los botes. Los alemanes nos apuntaron desde la torreta
con dos ametralladoras.
“Todos pensamos que los submarinistas, creyeron que no habíamos
alcanzado a pedir auxilio, habían decidido matarnos para eliminar
cualquier indicio del ataque a un barco de un país neutral. En aquel
dramático momento, un bombardero norteamericano arrojo cuatro bombas que
levantaron grandes columnas de agua cerca del submarino. Este
rápidamente desapareció bajo el agua.
De regreso a Buenos
Aires, se difundió el rumor de que el Río Tercero había sido hundido
como represalia por haber violado la neutralidad avisando a los
norteamericanos la posición de otro sumergible alemán que los habría
interceptado anteriormente, y todo para cobrar una supuesta recompensa.
Volpe califico de absoluta falsedad tales presunciones y sostuvo: “yo
creo que el rumor surgió de nuestra misma Cancillería, que quería calmar
la ira popular por el ataque y las muertes, para evita a toda costa
represalias contra los interese germanos en la Argentina. Para colmo,
cuando volví al país, me tuvieron al principio incomunicado, para que no
hablara con la prensa y diera detalles del ataque.
Otro de nuestros marinos mercantes, el Capitán Julio Frutos, cuenta que
era de gran preocupación en navegar por zonas peligrosas, al punto de
extremar las medidas de no fumar de noche en cubierta, porque la brasa
del cigarrillo se distingue en el mar hasta cinco Kilómetros

Capitanes Julio FRUTOS y Carlos SABURO
junto a un cuadro del Rio III
“Teníamos que fumar en
pipa, porque la cazoleta oculta el resplandor de las brasa. Los
torpedamientos se producían por lo general a la salida o a la puesta del
sol, dos momentos en que el reflejo de la luz impide discernir en el mar
las formas del periscopio. Pero los torpedos venían casi siempre del
lado en que se producían la puesta. Cuando Argentina entro finalmente en
guerra con Alemania, a comienzos de 1945, las tácticas y procedimientos
de la navegación neutral debieron cambiar. “Entramos tan al final, que
los cubanos se burlaban aplaudiéndonos cuando llegábamos a sus puertos.
En nuestra nueva condición de beligerantes, tuvimos que navegar con
luces sigilosas y con un destructor norteamericano cerca, al que casi
nunca le entendíamos las señales”
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