Historia
y Arqueologia Marítima
LA PERDIDA DEL A.R.A. "FOURNIER"
Informe del naufragio hecho por un oficial Chileno.
| La Pérdida del Fournier | Informe del naufragio hecho por un oficial Chileno. | Eriberto Oscar Bulo, Marinero del Fournier |
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NAUFRAGIO DEL AVISO A.R.A. FOURNIER A mediados de septiembre de ese
año, el
patrullero Lautaro regresaba a su base en Punta Arenas, después
de una comisión de reabastecimiento de faros en la parte
oriental del estrecho de Magallanes. Al atracar al muelle,
llamó la atención que el propio Almirante, Comandante en
Jefe de la III Zona Naval, estuviese, en persona, esperando a
la pequeña nave, junto a dos camiones cargados con víveres y
elementos de auxilio y rescate. La misión asignada al Lautaro era
aprovisionarse y zarpar de inmediato en busca del buque
perdido, lo que se hizo en el brevísimo lapso de tan sólo
una hora, sin tener tiempo la tripulación de ir a sus casas o
siquiera avisar a sus familias de las cuales ya estaban
ausentes largos dias. El zarpe del Lautaro fue tan rápido y urgente, que apenas alejados algunas millas del puerto, el buque paró sus máquinas y todos los Oficiales, 3 en total, nos reunimos para evaluar la situación, analizar las alternativas y determinar un plan de rebusca bien concebido. Este análisis de la situación dio el siguiente resultado: La ruta desde puerto Belgrano hasta cabo Dungeness, en la boca oriental del estrecho de Magallanes era una sola y bordeaba la costa argentina, por lo que no se justificaba un pedido de auxilio si el siniestro se hubiera producido en esa parte. Desde la latitud de punta Dungeness, el Comandante del Fournier pudo tomar dos rutas: una interior, por el estrecho de Magallanes, siguiendo los canales Magdalena, Balleneros y Beagle, hasta Ushuaia, y la otra, la ruta oceánica, bordeando por el Este de la isla grande de Tierra del Fuego; estrecho Le Maire entre la isla de los Estados y la isla grande y canal Beagle Oriental, hasta Ushuaia. Se concluyó que lo más probable era que hubiera seguido la ruta interior. Como el Lautaro acababa de aprovisionar todos los faros del sector oriental del Estrecho, desde Punta Arenas hasta el faro Punta Dungeness, sin encontrar ninguna novedad y como además en esa zona existen numerosos faros y estancias con pobladores a los que nada pasa inadvertido, se descartó la posibilidad de encontrar la nave perdida, en esa zona. Por lo anterior, y resuelta ya la idea de maniobra a seguir, el Lautaro puso proa al sur, para explorar ambas orillas del estrecho de Magallanes entre Punta Arenas y el faro Anxious, a la entrada del canal Magdalena. Toda esa tarde y toda la noche se recorrieron ambas costas, esperando encontrar restos de la nave o náufragos en la orilla haciendo señales de auxilio, sin encontrar nada. Al dia siguiente, se siguió la ruta fueguina, explorando todo el canal Magdalena, el paso Brecknock, el canal Ocasión y parte del canal Balleneros, -tampoco se encontró nada-. Salimos al océano por el Brecknock hasta los islotes Furias de afuera, pero todo resultó negativo. En los siguientes dias se continuó la
exploración de los canales Balleneros; O'Brien, paso Timbales
y Brazo Norweste del canal Beagle, hasta la isla del Diablo,
zona bien conocida por la tripulación del patrullero, pues
desde su llegada, el año anterior, habia hecho varios viajes
a la isla Navarino, donde comenzaba a nacer Puerto Williams. El Lautaro tomó el control de la operación
de rebusca y distribuyó las zonas de exploración de acuerdo
a las condiciones marineras de cada nave. Muy desmoralizados, los 5 buques de la flotilla, el Lautaro y 4 naves argentinas, fondearon ese anochecer en puerto Morris. Al comentar los sucesos del dia, antes de planificar el trabajo para el día siguiente, en reunión de Comandantes con sus Oficiales de Operaciones, el Comandante del buque argentino Spiro, gemelo del Fournier, sorprendido comentó que navegando frente a caleta Zig-Zag, a la altura de puerto Cono, -a la entrada del canal Gabriel-, había visto a un poblador tan despistado, que en su bote tenía izada la bandera chilena al revés, es decir con la estrella hacia abajo y el color rojo hacia arriba. Los chilenos saltamos en el acto y le
explicamos al argentino que esa acción del poblador no era
descuido ni ignorancia, sino que al izar la bandera en esa
forma el hombre estaba pidiendo auxilio. Como la noche estaba
ya muy avanzada y el tiempo tampoco era bueno, se acordó que
los zarpes del día siguiente se harían una hora más
temprano y que el Spiro se dirigiría de El Spiro se dirigió a todo andar a caleta
Zig-Zag, donde fondeó y envió un bote a tierra al mando de
un Teniente. En tierra el poblador, hijo de chilote y yagana,
le informó que unos 20 días atrás, había visto pasar un
bote, llevado por la corriente. Echó su chalana al agua y lo
alcanzó, encontrando dentro de él a dos cadáveres de
marinos. Remolcó el bote hasta la orilla y para evitar que
los cuerpos fuesen comidos por los perros, procedió a
enterrarlos en la playa de arena y al ver pasar las naves
frente a su casa, les izó la bandera al revés para pedir
auxilio. La noticia fue transmitida a la III Zona Naval y de ahí a las autoridades navales argentinas, las que ordenaron el despacho de tres naves más, para proseguir la búsqueda, entre ellos una nave de la Flota de Mar. Era un hecho que no había sobrevivientes; que el Fournier había violado la soberanía chilena entrando sin permiso a sus aguas interiores, y que se había hundido totalmente en un punto cercano a caleta Zig-Zag, en el llamado seno Magdalena. El área de rebusca se reducía ahora a una de 20 por 25 millas solamente, lo que facilitaba mucho nuestro trabajo. La III Zona Naval pidió apoyo aéreo al mando
de la Fuerza Aérea de Chile en Punta Arenas, el que dispuso
la instalación de una cámara fumadora en un avión de caza
A-24 para fotografiar toda la costa en busca de restos o de más
cadáveres. En estas rebuscas el aviso Spiro tocó fondo
en una roca y dado el estado de ansiedad y nerviosismo de su
tripulación, el buque fue abandonado por algunos minutos. Al
comprobarse que el buque no se hundía, la tripulación volvió
a bordo y el buque flotó con la marea. Otra de las naves
argentinas, el buque hidrográfico Bahía Blanca también chocó
con una roca, pero la reacción de su tripulación fue menos
dramática. Utilizando un método poco científico pero
efectivo, el Lautaro zarpó y se ubicó frente a un punto
conocido, donde se iniciaba la filmación, y desde allí navegó
la costa siguiendo una ruta paralela a la que habia hecho el
avión, comparando los accidentes de la costa con las imágenes
de la película. La noche estaba clara, habia luna llena pero negros nubarrones la cubrían por momentos, dándole al escenario un macabro dramatismo. El Teniente, a su regreso, muy emocionado, relató un hallazgo dantesco. A unos 20 metros de la playa, medio iluminada por la luz azuleja del proyector apareció ante sus ojos un cuadro terrible: una balsa con cinco cuerpos sentados en la borda, con los pies hacia adentro, abrazados y acurrucados unos contra otros. Todos llevaban capotes o gruesas ropas de abrigo. La piel de todos ellos estaba ennegrecida por efecto del intenso frió. Era evidente que murieron antes de llegar a la orilla; la causa: el frió. El traslado de los restos mortales de estos
marinos fue largo y penoso. Fueron embarcados en una chalupa y
llevados a bordo del Lautaro, donde fueron colocados
respetuosamente en toldilla, cubiertos con pabellones chilenos, excepto el
Comandante, que fue cubierto con la única
bandera argentina existente a bordo. Todos los relojes marcaban la misma
hora, -aún
no era común el uso de relojes impermeables- las 05 horas y
25 minutos, lo que nos hace suponer que a esa hora se produjo
el naufragio o que por lo menos a esa hora los hombres cayeron
al agua. No cabía duda, bajo esa mancha y a 250 metros
de profundidad se encontraba el casco del infortunado Fournier
y buena parte de su tripulación. El informe obtenido de las anotaciones en el bitácora del Lautaro, coincidentes con los registros del Servicio Meteorológico de Punta Arenas, indicaban que ese día hubo un fuerte temporal de viento del norweste en esa parte del estrecho de Magallanes, y nuestra experiencia nos indicaba que en el seno Magdalena -lugar del accidente-, con esos vientos, el mar se torna excepcionalmente violento debido a la configuración de la costa y de los cerros que encajonan el viento. Cerca del lugar del naufragio, existe un bajo fondo de 7 metros. En bajamar el Fournier calaba unos tres metros y medio, pero con un oleaje fuerte, como el de esa siniestra noche de tormenta, en una cabezada dura bien pudo haber golpeado su casco en la roca y haber sufrido una averia mayor que causara su hundimiento. Esta última hipótesis, aunque posible, fue descartada, ya que una nave, por muy grande que sea la via de agua, tarda algunos minutos en hundirse y da tiempo suficiente para transmitir una señal de auxilio, lo que en este caso no ocurrió. El análisis
completo, documentado y ponderado, concluyó en que el aviso Fournier se dio vuelta de
campana por la banda de babor, golpeado por una sucesión de
olas de gran tamaño, generadas por la fuerte tormenta del
norweste, en el seno Magdalena, peligro conocido por los
marinos chilenos que navegan esas aguas, pero ignorado por los
infortunados argentinos. Mientras se efectuaba la rebusca final, se
desató otro temporal de gran intensidad. El Lautaro aprovechó
para hacer una interesante experiencia: lanzó al agua una
balsa similar a las del Fournier, con un peso equivalente al
de las 5 personas, en el supuesto lugar del hundimiento, para
estudiar su comportamiento. Esta balsa demoró una hora y
media en llegar a la costa y
arribó a un punto muy cercano del que se encontró la balsa
del Fournier. Esto terminó por corroborar toda la hipótesis
del naufragio, como también el hecho de que todos los
tripulantes cuyos restos fueron encontrados, cayeron al mar y
que después se subieron a la balsa y al bote, donde murieron
de frió, en menos de 90 minutos, por el enfriamiento
resultante del efecto de la evaporación del agua de sus ropas, causado por el
viento. Primó la cordura y esta audaz suposición fue
descartada. La esforzada labor de los buques chilenos fue
ampliamente reconocida por la armada y gobierno argentinos,
tanto que su Presidente, Juan Domingo Perón, extendió una
invitación especial para que el patrullero Lautaro fuera a
Buenos Aires a recibir los agradecimientos del pueblo
argentino por un
trabajo sin descanso e ininterrumpido de más de un mes, en
una zona inhóspita y de clima muy duro, sin volver a sus
hogares que se encontraban a pocas millas de distancia.
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