Historia y Arqueologia Marítima

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Indice General del Articulo

LOS DERECHOS DE LA REPUBLICA DE BOLIVIA PARA SU SALIDA AL MAR

Por Ricardo A.R. Hermelo

LOS MALONES EN LA PATAGONIA

La EXISTENCIA DE LOS MALONES EN LA PATAGONIA

-Carlos Escudé y Andrés Cisneros-Historia de las RREE de Argentina.

-Malones y comercio de ganado con Chile. Siglo XIX. Jorge Lagarde, Ed. El Elefante Blanco-2004

Un hecho poco conocido en lo que hace a las relaciones entre Argentina y Chile esta relacionado con los malones de los indios que actuaban en la patagonia.

Se los conoce por la acción indígena de depredación y cautiverio de cristianas pero no en cuanto a la razón de su existencia.

Las partidas que incursionaban y robaban ganado tenían por objeto principal cruzar a Chile y vender el ganado en el país vecino con importantes ganancias y conveniencia por ambas partes. Los aborígenes arriaban el ganado por una difícil senda en la patagonia norte que estaba en su primera parte, carente de agua que la hacia muy dura y en la que el ganado sufría los efectos de la sed, pero luego, en la zona de lo que hoy es Neuquen y antes de cruzar la cordillera, con el beneficio de pasturas y aguas aumentaba su peso y su valor.

El Gobierno Nacional dispuso que una línea de fortines defendiera nuestros intereses y así surgieron diferentes lugares ocupados por La Guardia Nacional que durante años estableció un limite o frontera de seguridad. Entre otras cosas también se construyo a pico y pala la famosa “zanja de Alsina” para  dificultar la penetración de los malones.

Las autoridades de Chile favorecían el cruce de ganado en pie. Se trataba de un ingreso conveniente para los consumidores del país andino, que después de la campaña de ROCA experimento una importante reducción. La Conquista del Desierto fue una acción que evito que Chile hiciera uso de nuestro territorio y es mas, estableció y aseguro la soberanía en la Patagonia, hecho que hasta hoy es reconocido con recelo por los chilenos, que aseguran que sus derechos se extendían hasta el Rió Colorado.

A pesar de la exitosa campaña al desierto efectuada por Juan Manuel de Rosas en 1833, y de los arreglos de éste con los indios, los malones indígenas constituyeron un problema permanente durante todo el período rosista, el cual se potenció tras la caída del Restaurador de las Leyes en 1852. Una estimación señala que entre 1820 y 1870 los indios robaron 11 millones de cabezas de ganado, 2 millones de caballos y 2 millones de ovejas; asesinaron o capturaron a 50.000 personas, y robaron bienes por valor de 20 millones de pesos. Con su acción, los indios habían puesto límites al uso de las tierras y a la colonización. Desde el punto de vista económico, el dominio que los indios tenían del sur de la provincia de Buenos Aires, la actual provincia de La Pampa y el sur de Mendoza implicaba una forma primitiva de producción, cuyo superávit era enviado a Chile.  Un autor ha considerado que el mencionado dominio constituía un verdadero estado-tapón indígena (preponderantemente araucano) en la Patagonia, organizado y mantenido desde Chile, con el fin de entorpecer la colonización Argentina en el sur.  Además del problema de los malones indios, la necesidad de asegurar la presencia argentina en esas tierras para poder negociar con Chile desde una posición fuerte y el deseo de incorporar dicha región como área productora de ovinos para la creciente demanda lanar por parte de Gran Bretaña fueron factores que decidieron que se emprendiera la ocupación de la Patagonia.  

    Adolfo Alsina, el primer ministro de guerra del presidente Avellaneda, comenzó el avance de la frontera con el indio con un plan que consistía en la construcción de una línea de fortines unidos entre sí por una zanja[33]. La línea de fronteras se ubicó en Carhué, Trenque Lauquen, Puán, Guaminí e Italó, con lo cual quedaron incorporadas al dominio nacional 2.000 leguas de tierras.  No obstante, la lucha contra el indio debió sortear serios inconvenientes entre los cuales no eran menores el derivado de las luchas por el poder en Buenos Aires y el de los intereses de quienes no les convenía que las cosas cambiaran. Alsina dejó un testimonio ilustrativo de los factores que conspiraban contra la realización de la empresa en su Memoria especial sobre la nueva línea de fronteras, donde se lamentaba que mucho tiempo antes de emprenderse la expedición, el cacique Namuncurá sabía todo lo concerniente a ella. El ministro afirmaba en el mencionado documento que: "los mensajes del gobierno pidiendo fondos para la ocupación definitiva del desierto habían sido leídos en la tolda del Soberano de la Pampa".  Dichos manejos subterráneos habían provocado un levantamiento general de indios en la época del ministro Alsina iniciado por la tribu de Catriel, seguida por los ranqueles de Baigorria, el pueblo de Namuncurá -con refuerzos provenientes de Chile-, más el cacique Pincén. Alsina logró frente a ellos la importante victoria de Paragüil, en marzo de 1876, lo cual le permitió avanzar muchas leguas la línea fronteriza y construir los fortines unidos por la zanja. 

   A la muerte de Alsina, ocurrida en diciembre de 1877, su sucesor Julio Argentino Roca decidió emprender una campaña más agresiva. En el mensaje que dirigió al país en 1879, el ministro explicó claramente las razones de ésta:

El viejo sistema de las ocupaciones sucesivas legado por la conquista, obligándonos a diseminar las fuerzas nacionales en una extensión dilatadísima y abierta a todas las incursiones del salvaje, ha demostrado ser impotente para garantir la vida y la fortuna de los habitantes fronterizos continuamente amenazados. Es necesario abandonarlo de una vez e ir directamente a buscar al indio a su guarida, para someterlo o expulsarlo, oponiéndole en seguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del Río Negro profundo y navegable en toda su extensión, desde el Océano hasta los Andes. 

  La estrategia de Roca consistía en una prolongada serie de ataques cortos por pequeñas fuerzas de gran movilidad, que llevarían la guerra al corazón del territorio indio y privarían a sus dueños de su medio de subsistencia  -el ganado robado-. Las fuerzas de frontera, durante largo tiempo descuidadas, estaban ahora mejor equipadas: los fusiles Remington y las municiones eran provistos en cantidad suficiente. La estrategia de Roca recibió además el apoyo de dos factores importantes, el telégrafo y el ferrocarril. Hacia la década de 1870, el gobierno de la provincia de Buenos Aires venía presionando al Ferrocarril del Sur a llevar sus líneas hacia adelante, en dirección a la frontera india, de tal manera que éste sirviera para el transporte de tropas. En definitiva, a fines de 1878, el ejército estaba en condiciones de llevar a cabo la "conquista del desierto". 

    De gran importancia, como base de la campaña del año siguiente, fueron los raids punitivos llevados a cabo durante todo el año de 1878, luego de la llegada de Roca al ministerio de guerra. En enero se realizó un ataque contra los pampas de las Salinas Grandes, en octubre el teniente coronel Lorenzo Vintter llevó a cabo una embestida contra Catriel, en noviembre Conrado Villegas logró la captura de Pincén y sus lugartenientes. A fines de este mes, una nueva incursión a las Salinas Grandes, conducida por Nicolás Levalle, y algunas otras realizadas durante el mes siguiente permitieron, además del debilitamiento general del indio con la captura de sus miembros y la recuperación de ganado, el reconocimiento del terreno inexplorado, lo cual sería extremadamente útil para la campaña del año siguiente. 

El plan de Roca consistió en una expedición de cinco divisiones que partiendo de distintos puntos debían convergir en el sur, realizando un gran movimiento de pinzas. Las cinco divisiones tuvieron los siguientes objetivos: la primera, dirigida por Roca, debía alcanzar la isla de Choele-Choel en el río Negro; la segunda división, al mando de Nicolás Levalle, debía marchar de Carhué a Chadi Levu y el río Colorado. La tercera división, dirigida por Eduardo Racedo, desde el sur de Córdoba debía recorrer el área de los ranqueles. La cuarta división, bajo el coronel Napoleón Uriburu debía partir de San Rafael, Mendoza, y recorrer toda la zona cordillerana hasta Chos Malal en Neuquén. La quinta división, comandada por Hilario Lagos debía esperar órdenes en Trenque Lauquen, las que le encomendaron dirigirse a Tobay y realizar conexiones con otras divisiones. El plan concebido por Roca funcionó a la perfección. A fines de mayo, la primera división alcanzaba Choele-Choel y luego se producía el encuentro con la cuarta división. En total la expedición había demandado dos meses y veinte días. Roca regresó a Buenos Aires en julio, luego de dejar pequeños destacamentos a lo largo de la frontera. 

En síntesis, el saldo de la campaña de Roca fue de 15.000 indios tomados prisioneros, 1.313 muertos  y 15.000 leguas cuadradas incorporadas al territorio argentino. No obstante, el problema no estaba completamente resuelto. Entre 1881 y 1883 debieron ser organizadas nuevas operaciones contra los indios para estabilizar la frontera sur.

Junto con la Campaña del Desierto emprendida por Roca, cabe mencionar también durante la gestión de Nicolás Avellaneda las actividades de exploración del hombre de ciencia Francisco P. Moreno. Este fue comisionado en 1879 para explorar nuevamente la Patagonia -lo había realizado durante el primer año de gestión de Sarmiento- con el objetivo de examinar las riquezas de la región y entrever la posibilidad de incorporar a los indígenas que la ocupaban a la vida civilizada. De acuerdo con Alberto Palcos,  Moreno influye en la modificación de las ideas de las generaciones precedentes sobre la Patagonia. Conocían las descripciones de Fitz Roy y les impresionaba el criterio de tierra maldita que Darwin le aplicó, debido a que no se internaron lo suficiente como para formarse de ella un concepto global.  Cuando Moreno y otros exploradores penetran en sus zonas fértiles y se extasian en presencia de sus paradisíacas bellezas, la Argentina toma posesión efectiva de esa inmensa y abandonada heredad. Pasa entonces el peligro de un golpe europeo. Y el de los anexionistas chilenos será conjurado .

El dominio del Estado argentino sobre los territorios adquiridos en virtud de la campaña de Roca fue completado durante la presidencia de éste con el envío de nuevas expediciones, el establecimiento de destacamentos militares en puntos estratégicos, el fomento de las comunicaciones costeras y una legislación que organizó el nuevo territorio en distintas jurisdicciones. 

El presente Capitulo 11 tiene la finalidad de relacionar los conflictos de Chile con los paises vecinos y permite una sistesis de su Politica Exterior. La Argentina en particular se ha visto envuelta en incidentes y ademas, lo que se persigue es demostrar que la decision de su Gobierno de reachazar el Laudo Arbitral en 1977, no se trato de un hecho aislado. Fue la resultante de varios años de desencuentros y dificultades entre los Gobiernos.

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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