|
|
Diarios: La Nacion 06/07/98 |
|
Según se desprende de 731 documentos En 1945, el servicio de inteligencia norteamericano
consideró posible que hubiese llegado a las costas del Sur en
submarino
Un paquete de 731 documentos del Federal Bureau of
Investigation, recientemente liberado del secreto, prueba que los
servicios de investigaciones norteamericanos sospecharon que Adolf Hitler
había sobrevivido a la caída de Berlín en mayo de 1945 y conseguido
huir a la Argentina a bordo de un submarino. Según los documentos, el FBI consideró posible esta
versión durante al menos cuatro años, y hasta movilizó en la búsqueda
a sus agentes en Buenos Aires y en Montevideo. Las sospechas más fuertes con relación a la Argentina
eran que Hitler y un grupo de sus allegados más íntimos habían arribado
a las costas del golfo de San Matías, en Río Negro, desplazándose después
a una estancia en la zona de la cordillera, y que hasta había visitado a
amigos alemanes en La Falda, Córdoba. Uno de los documentos clave, fechado el 21 de
septiembre de 1945, recoge el testimonio de un ciudadano argentino
residente en Los Angeles, California. Aunque el nombre del testigo fue
tachado por la censura norteamericana, se lee en él su versión de que el
jefe del Tercer Reich llegó al golfo de San Matías dos semanas y media
después de la caída de Berlín, ocurrida entre el 1º y 2 de mayo de
1945. Según este testimonio, dos submarinos
habrían llegado de noche a las costas del golfo, y Hitler habría
desembarcado de la segunda de las naves junto a dos mujeres, medio
centenar de soldados y un médico. Del primer submarino, se dice que
desembarcaron otro médico y más soldados. Aunque hoy la versión no es más que una hipótesis
excitante, fantástica e inverificable, lo cierto es que submarinos
nazis sí llegaron clandestinamente a la Argentina después de terminada
la Segunda Guerra. Y hasta es posible que algunos de ellos lo hayan hecho
en el lugar detectado hace 53 años por el FBI. Ese lugar es un sitio remoto llamado caleta de Los
Loros, en medio de la costa que forma el golfo de San Matías, y allí,
bajo sus aguas, podría estar la respuesta a un misterio que lleva más de
medio siglo sin resolverse. La caleta Por el camino de la costa que va desde Viedma hacia San
Antonio Oeste, la caleta de Los Loros se ve como una laguna calma, inmensa
y triangular. Desde el mar, la entrada está marcada por un médano alto a
la derecha y la barranca acantilada de la punta Mejillón a la izquierda.
Durante la pleamar tiene una profundidad de seis metros, y queda arenosa y
vacía en las horas de bajamar. Hay dos riachos que desembocan en ella y
fue, desde siempre, un refugio engañoso para capear temporales. A su alrededor la vegetación es rala, y los días sin
viento son un milagro. Aquí nunca hay turistas y los pocos pobladores de
la zona viven campo adentro, alejados de la playa. Frente al médano alto que marca la entrada este de la
caleta, a unos 800 metros de la línea de playa en bajamar, durante años
se vieron restos de una nave. Aparecían y desaparecían entre las olas, y
hasta principios de los años ochenta, en los días de marea baja y viento
norte, los vecinos de Viedma y San Antonio llegaban hasta allí para
verlos. "Vamos a ver el submarino", decían, pero sólo tenían
la certeza que da el rumor. En realidad, las versiones sobre la existencia de un
submarino alemán hundido frente a caleta de Los Loros, datan de mediados
de los años cincuenta. Uno de los primeros en verlo fue Mario Chironi, un
piloto civil que durante años sobrevoló los médanos que rodean la
caleta. "Volando sobre ella vi los restos del submarino
varias veces. La primera vez fue en 1957 y después, en los años
siguientes. La verdad es que no me interesaba otra cosa que ver si se podía
desguazar y hacer algún negocio vendiendo el fierro. Pero sí, el
submarino está ahí y hasta hace poco, a veces, se lo podía ver desde la
playa". Quien dice haberlo visto desde la playa, justamente, es
Vidal Pereyra, un español de 64 años, jubilado de la empresa alemana
Lahusen. "En marzo de 1980 vinieron unos amigos y me dijeron:
"Hay viento norte, vamos a ver el submarino". Cuando llegamos a
la playa se veía perfectamente la proa; estaba varado a unos 200 metros
de donde llegaba el agua. Después no lo vi más, pero mucha gente de por
aquí conoce la historia, y hasta creo que hay fotografías...". La foto Eduardo Frías es veterinario y, a esta altura, fotógrafo
más que aficionado. Hace 12 años que integra un fotoclub coordinado por
Marcelo Ochoa, y casi ocho que fotografió, al este de la caleta, lo que
podrían ser los restos del submarino. ¿O de "los submarinos",
como cita el paper del FBI? "Era un día de bajamar extraordinaria y alquilé
una avioneta para ver si los encontraba. Quien me había hablado de los submarinos
y me había dicho dónde estaban era Carlos Taborda, presidente del
Consejo Provincial de Educación. Estábamos sobrevolando la zona y de
pronto los vimos. Los fotografié, seguimos un poco hacia San Antonio,
dimos la vuelta, y cuando regresamos el mar ya había crecido, la luz había
cambiado y no los vimos más". La foto que tomó Frías muestra dos figuras alargadas,
paralelas entre sí y a la línea de la costa, y cubiertas por el agua. El
avión que había alquilado estaba volando a unos 500 metros de la
superficie y, según los primeros peritajes, las figuras podrían tener más
de 60 metros de largo por unos cuatro de ancho. Parecerían ser elementos
ferrosos apoyados en el fondo, y el hecho de que sean dos fue lo que dio
pie a la versión de que allí había dos submarinos
y no uno solo, lo que parece concordar con el documento del FBI. La de Frías es la única foto privada existente de
restos navales frente a caleta de Los Loros. La imprecisión de la toma
-realizada en movimiento, sin una lente adecuada y mediatizada por el acrílico
de la cabina de la avioneta- le quita nitidez y calidad a la imagen. Lo que no le quita, en todo caso, es el carácter de
evidencia de que allí hay algo en el fondo del mar, y que sea esto
lo que sea, no figura en las cartas náuticas del Servicio de Hidrografía
Naval. Para los mapas oficiales, allí no hay restos ni objetos que
dificulten o impliquen peligro para la navegación, y después de todo la
navegación allí es casi nula. Ahora bien: ¿qué dice la Armada sobre todo esto? Los documentos En los archivos de la Armada Argentina, más modestos
que los del FBI, hay unos 70 documentos que hablan de posibles submarinos
alemanes llegados a playas argentinas en los días siguientes al fin de la
guerra. La serie se inicia el 22 de mayo de 1945 dos semanas
después de la rendición de la Alemania nazi y termina el 25 de
septiembre del mismo año. En esos cuatro meses se había vivido una
especie de psicosis colectiva con los submarinos,
y decenas de testigos entre San Clemente del Tuyú y Comodoro Rivadavia
juraban haberlos visto cerca de la costa y hasta desembarcando a sus
tripulantes. Dos de esos documentos en particular son breves, pero
interesantes. Están fechados el mismo día, y el primero dice: De la
Escuadra de Mar. 18 de julio de 1945. 19.15. C.4063. GR20. Retransmito señal
Mendoza diciendo EGA periscopio San Antonio Este. He dispuesto reforzar
exploración allí. En el segundo documento se lee: De Escumar a
Buques de Escumar. Recibido a 23.00 día 18 de julio. Hidrófonos vigías
denuncian submarino atacado con bombas hasta oscurecer. Sin novedad.
Posición: proximidades el Fuerte. La Mendoza era una lancha torpedera de la Armada,
movilizada por 12 buques de guerra por las denuncias de avistamientos, y
El Fuerte es una zona costera del golfo de San Matías, al oeste de la
caleta de Los Loros. Un tercer documento, fechado el 20 de agosto de 1945,
completa la historia: en un memorandum, la embajada de los EE. UU. pide
información sobre las andanzas de los submarinos
y pregunta "si las tripulaciones han tenido alguna comunicación con
personas en el territorio argentino, o cualquier otro contacto con la
costa". La respuesta argentina al pedido fue que de las
constancias existentes "no puede deducirse que (...) hayan estado en
contacto con la costa argentina o mantenido comunicación con personas del
territorio nacional". Después de eso, un enérgico "Archívese" y
fin de la cuestión. ¿Fin de la cuestión? La sospecha Cincuenta y tres años más tarde, durante una reunión
informal mantenida a fines de abril último entre La Nación y
oficiales superiores de la Armada, la posición de esa fuerza fue:
"No sabemos nada, pero no lo descartamos". Para ese momento, el alto mando naval ya había
evaluado los informes que los capitanes de navío Diego Milles y Ricardo
Leprón, desde el aviso ARA Burruchaga, habían enviado en enero de este año
sobre una búsqueda oficiosa realizada en el golfo de San Matías, frente
a caleta de Los Loros. La búsqueda no había dado ningún resultado, y el
Burruchaga había sido trasladado al Sur. La noticia de la pesquisa había
sido publicada por un diario de Viedma, y el fracaso dio lugar a preguntas
ineludibles: ¿Cómo era posible que no se hubiera encontrado nada? ¿Y
los testigos que los habían visto? ¿Y la foto del veterinario Frías? ¿Y
el documento de la Armada que hablaba del ataque? Y la pregunta que ponía
en duda toda la historia: ¿o será que allí no hay ningún submarino? "Que no los hayan encontrado no significa que no
estén", dijo Juan García Belver, buzo profesional y especialista en
rescate de naves hundidas. "La primera cuestión es que en el mar, si
no se cuenta con una ubicación exacta, la búsqueda se torna casi
imposible. Lo segundo es que, después de más de 50 años, es posible que
los restos estén diseminados en un área extensa y tapados por la arena.
Lo tercero por resolver es la elección de una técnica de rastreo y del
instrumental adecuado, como detectores magnéticos y perfiladores de
fondo. Hasta tanto no se haga una búsqueda profesional y seria, no se
puede descartar nada." Por ahora sigue la sospecha, y lo único cierto es que
allí en el fondo del mar, frente a la solitaria caleta de Los Loros, yace
un secreto aún no develado. Las llaves para desentrañarlo quizá no estén
tan lejos, y hasta es posible que, hace 20 años, la Armada Argentina
supiera más que ahora. La carpeta Carlos Massey es subprefecto retirado y dueño de una
agencia de rescate de buques. Es perito naval en salvamento y buceo, y
mientras estaba en Prefectura -entre 1966 y 1979- se vio imprevistamente
involucrado en la historia de los submarinos. En agosto de 1978, Massey estaba en Puerto Belgrano
trabajando en los preparativos para reflotar el Conturianis, un buque
griego incendiado y hundido frente a Puerto Madryn. Era miembro de un
equipo de peritos de Prefectura que habían desarrollado una técnica de
reflotamiento novedosa -la inyección de styroporus en el casco
hundido- y había sido llamado para hacer la tarea. "Un día, a fines de agosto, fui convocado a una
reunión en la base naval. Yo no sabía para qué era, y cuando llegué me
encontré con que tenía que evaluar, con otros peritos, la posibilidad de
rescate de dos submarinos alemanes
hundidos al final de la guerra. La Armada tenía precisiones sobre su
localización, porque un avión Neptuno los había sobrevolado unos siete
años antes. Estaban a unos quince metros de profundidad, y a unos
ochocientos metros de la costa, casi paralelos entre sí y apenas más
separados en las popas. En las fotografías que nos mostraron podían
distinguirse las siluetas de las naves y hasta las torretas, que se veían
más oscuras." Según Massey, el hallazgo de la Armada había sido
casual: "En realidad, estaban buscando presuntos submarinos
soviéticos que se sospechaba que estaban en aguas jurisdiccionales
argentinas, y por eso habían mandado al Neptuno, con equipos especiales,
a sobrevolar una línea cercana a la costa". El anuncio lo había hecho un oficial superior de la
Marina, quien antes de explicarles el asunto les había ordenado reserva y
confidencialidad. "El documento que nos mostró -recuerda Massey-
estaba dentro de una carpeta azul que en la tapa tenía el sello de Estrictamente
secreto y confidencial . El informe tenía 100 fojas, donde había
fotografías de los submarinos,
croquis, dibujos y cartas náuticas de la zona. También había informes
firmados por un jefe de la fuerza que reproducían la hora exacta del
avistamiento, las condiciones en que se había hecho y las coordenadas
exactas del lugar donde estaban los submarinos." Massey no volvió a tener noticias oficiales sobre el
reflotamiento que se intentaba, pero después escuchó rumores. Estos decían
que la operación se había cancelado ante la sospecha de que los submarinos
pudieran estar protegidos por explosivos estables, de alta resistencia y
cuyas cualidades permanecían intactas por muchísimo tiempo, aun bajo el
agua. Como se indicó antes, la respuesta a La Nación por
altos oficiales de la Armada es que desconocen toda esta historia, y que
no tienen conocimiento de la reunión a la que alude Massey. "No sabemos nada -insisten-, pero no lo
descartamos." El alerta Un último indicio sobre el conocimiento que algunos
jefes navales habrían tenido sobre la presencia de los submarinos
en la caleta de Los Loros lo dio el testimonio, en enero de 1997, un capitán
de la Marina Mercante. Diego Ginacca está jubilado desde 1991 y vive, ahora,
de la renta de una estación de servicio y de su pensión de ex
combatiente. Durante 25 años había navegado buques de abastecimiento
petrolero de YPF, y así se habría retirado de no ser por una
circunstancia fortuita: en 1981, la empresa lo mandó a hacer un curso en
la Escuela de Guerra Naval, y un año más tarde le encomendaron el Campo
Durán para que abasteciera a la flota argentina durante la Guerra de
Malvinas. Un día -que tuvo que ser después del 2 de mayo de
1982, porque el General Belgrano ya había sido hundido-, el buque que
comandaba Ginacca estaba en el golfo de San Matías, muy cerca de la
costa, abasteciendo a la fragata Santísima Trinidad. Ya se habían conectado las mangueras y la nave estaba
en pleno abastecimiento, cuando un helicóptero argentino que controlaba
la operación dio un alerta que desató los nervios: "Tiene en su
popa compañía". Según Ginacca, desde el helicóptero se habían
divisado las siluetas de los submarinos,
y se los había confundido con naves británicas a punto de atacar. Rápidamente
se cortaron las mangueras y los buques comenzaron a maniobrar para salir
de la zona; sólo una hora después, desde el helicóptero, volvieron a
comunicarse con los barcos para decir que no había peligro. Hoy, retirado de la actividad, Ginacca dice que lo
visto desde el helicóptero no eran ballenas ni submarinos
ingleses, sino los dos submarinos
alemanes que la Armada conocía desde 1971. Sobre la ubicación exacta, el capitán no recuerda
nada: "Estaba atento a las maniobras y no a la ubicación",
dice, y lamenta que el incidente no haya quedado registrado en los libros
de navegación. Las investigaciones sobre la presencia de submarinos
alemanes, los temidos lobos grises hundidos en aguas patagónicas,
no han dicho aún la última palabra. Una reciente expedición financiada
por el diario La Mañana del Sur volvió a dar resultados precarios: unas
confusas señales magnéticas y difusas imágenes de un video subacuático
apenas si excitan la imaginación sin probar nada. Sea lo que sea lo que haya bajo el agua frente a caleta
de Los Loros, el secreto sigue a salvo. Jorge Camarasa |