Historia y Arqueologia Marítima

LA EXPEDICION PY A LA PATAGONIA - 1878

Tensiones con Chile Comparacion de los poderes navales argentino  chileno Formacion de la Division Naval Argentina
Zarpada de la expedicion y navegacion a Sta. Cruz Izamiento del Pabellón en Santa Cruz Sucesos durante la estadía
Conclusiones

Zarpada de la expedición y navegación hasta Santa Cruz 

Al comódoro Py se le dio la orden de za pada. Debía dirigirse rumbo al Sur a toda máquina. El 8 de noviembre de 1878, el monitor Los Andes, la corbeta Uruguay y la bombardero Constitución, saludando con su pabellón y salvas de cafiones a los buques de guerra surtos en el puerto de Buenos Aires, se dirigieron a tomar el canal de Balizas Exteriores; poco después, perdieron de vista la ciudad. 

Se había previsto que la corbeta Cabo de Hornos con cargamento de carbón y víveres, y la bombardero República zarpasen poste- riormente para plegarse a las naves de Py en Santa Cruz. Los tres buques marchaban en línea de frente y en forma frecuente se hacían señales con las banderas y, llegada la noche, continuaba esa práctica con faroles encendidos y con luces de bengala.

 Durante la navegación se efectuaban ejercicios de maniobras, zafarranchos de combate, y además se prepararon baterías mediante el uso de pilas para colocar una línea de minas a la entrada del río Santa Cruz. En las inmediaciones de cabo Corrientes soportaron un fuerte temporal que separó a las naves, y en forma independiente prosiguieron navegando rumbo a la barra del río Negro, que era el punto acordado para reunirse. 

El 13 de noviembre el monitor Los Andes arribó a esa desembocadura y allí encontró a la bombardero Constitución; llegó más tar- de la cañonera Uruguay. A bordo de esta nave se llevó a cabo una reunión entre el comodoro Py con los tres comandantes de buque, con el objeto de abrir en su presencia el sobre que contenía las instrucciones, que en síntesis expresaban que si los chilenos pretendían permanecer en el río Santa Cruz se les intimaría de inmediato el desalojo y, en caso de resistencia, era necesario el uso de la fuerza para expulsarlos. Los comandantes se pusieron de acuerdo sobre el plan que se seguiría, y poco después cada uno regresaba a su buque.

Las tripulaciones, al conocer la misión que tenían asignada, se motivaron al considerarse protagonistas de una acción tan significativa. Los buques se pusieron en marcha, remontaron la barra del río Negro y por último fondearon en Carmen de Patagones. En este puerto, el comodoro Py hizo conocer a las dotaciones el contenido de la siguiente orden general:

 "Prontos a zarpar en el desemperio de una misión delicada del Gobierno de la Nación, es menester para lograr el buen éxito de ella que reine la más severa disciplina y la más perfecta armonía entre todos. El patriotismo y el deber militar nos lo imponen y espero que sin esfuerzo alguno será cumplido por todos y cada uno de vosotros. Vuestro Jefe y amigo. Luis Py." 

El día 19, la división zarpó de Carmen de Patagones pero debió esperar dos días para sobrepasar la barra del río Negro, pues el mal tiempo y el fuerte viento hacían infranqueable aquel paso. Por último el 21 pasaron ese escollo y se encontraron en alta mar. Al anochecer del día 23, el monitor Los Andes hizo una señal que indicaba que tenía una avería en la máquina, y poca después emitió un segundo aviso comunicando la rotura del timón. Para agravar la situación comenzó a desencadenarse un temporal y el mar se encrespó de tal modo que en momentos en que la corbeta Uruguay pretendía prestarle auxilio al monitor ambos buques estuvieron casi a punto de chocar, circunstancia que se repitió cuando se acercó la bombardera Constitución. 

El temporal entró en su fase más crítica y los buques se vieron obligados a separarse y se perdieron de vista, y disparaban sus caiíones para indicar el punto en que se encontraban. Tal era el vendaval que soportaban que la tripulación de cada buque creía perdidas a las otras naves. Se había convenido que el punto de reunión de los buques sería la entrada del río Santa Cruz. El monitor Los Andes entró a la capa y con poca fuerza en la máquina, dándose al viento las velas latinas arrizadas y mientras se trataba de reparar el timón se continuó gobernando con las hélices. 

En estas pésimas condiciones, el monitor prosiguió la navegación. Al alba del día 22, el viento comenzó a amainar y el buque remontó la península Valdés; luego el mar se encalmó y el viaje continuó tranquilo en las tres singladuras siguientes, pero las naves no se avistaban entre sí. La marinería estaba alerta para avisar sobre cualquier objeto que divisara en el horizonte. Desde la corbeta Uruguay se avistó un punto, y cuando se fueron acercando a él se comprobó que era la bombardero Constitución, que prácticamente estaba desarbolada luego de haber soportado esa terrible tormenta; se había agotado el carbón y, ante la ca- rencia de este elemento, su tripulación improvisó con remos y ropa blanca una vela que impulsaba al buque muy lentamente. 

El sargento mayor Cabassa, subió a bordo de la Uruguay y conferenció con el teniente coronel Guerrica. Ambos comandantes creían perdido al monitor Los Andes y decidieron llevar a cabo la misión encomendada al comodoro Py. Sin embargo, el monitor había continuado la navegación rumbo a Santa-Cruz. El 25 de noviembre avistó Monte Entrance y poco después penetró en aguas del río homónimo, que fue reconocido previamente con la sonda para elegir un lugar donde fondear. Se seleccionó un punto entre El Mono y la Isla de los Leones, donde se largó el ancla a la espera de los otros dos buques. 

Mientras tanto, la Uruguay había suministrado carbón a la Constitución; ambas naves continuaron la navegación en procura del río Santa Cruz, y el día 26 pasaron la desembocadura de éste y penetraron en su interior. Las tripulaciones se alistaron para iniciar los trabajos tendientes a colocar una red de minas en el lugar, cuando al disiparse una neblina que cubría el lugar pudieron obser- var a la distancia, sobre la margen derecha del río, al monitor Los Andes, que en principio fue difícil de reconocer. 

Guerrico y Cabassa se dirigieron con sus buques en procura del monitor, haciendo saludos con el pabellón, con el cañón, tocando a diana y dando hurras de júbilo las tripulaciones, pues entre ellas se creían perdidas unas a las otras. Reunida la división naval, el comodoro Py, que durante la navegación se había cruzado con la barca ballenera Janus a la altura del cabo San Francisco de Paula, fue informado por su capitán que los buques chilenos se habían retirado del río Santa Cruz. Por lo tanto, dispuso navegar aguas arriba para comprobar lo afirmado por el capitán de la Janus. 

Así llegaron frente a Cafíadón de los Misioneros, y un solitario habitante del lugar, el gaucho Coronel, le manifestó al comodoro Py que las dos naves chilenas que hacía poco tiempo se encontraban allí se habían alejado del lugar rumbo a Punta Arenas. Py permaneció con sus buques en Cafíadón de los Misioneros. El monitor, anclado frente a éste; la bombardero, a unos 300 metros aguas abajo, y la Uruguay aguas arriba, no lejos del buque insignia. 

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