Historia y Arqueologia Marítima

Intento de Rescate Febrero del 2004 y Notas del diario La Nacion

Rendering de computacion hecho en base a las imagenes de sonar. La Nacion, 31.03.04.

 

22 de Diciembre de 1999

Intentarán reflotarlo

MONTEVIDEO (AFP).- Un grupo de expertos intentará rescatar del lecho del Río de la Plata, frente al puerto de Montevideo, el antiguo acorazado de bolsillo Graf Spee, orgullo de la ingeniería nazi en la Segunda Guerra Mundial, informó el diario El País.

El buque, protagonista de la batalla del Río de la Plata, uno de los hechos que más conmovieron a los uruguayos, y que desde hace 60 años permanece hundido al oeste de la bahía de Montevideo, podría ser reflotado si prosperara un proyecto que desde hace un tiempo se viene preparando.

El estudio debe ser sometido para su autorización a la Prefectura Naval uruguaya, al tiempo que se realizan contactos internacionales para obtener capitales para llevar a cabo el plan. La iniciativa promovería también la creación de un museo establecido en Uruguay y uno itinerante, con todos los elementos que se puedan reunir de la batalla del Río de la Plata.

Después de sostener frente a la costa oriental de Uruguay una batalla contra los cruceros aliados Exeter, Ajax y Achilles, el acorazado Graf Spee se refugió en el puerto de Montevideo, donde desembarcó a sus muertos y heridos. El resto de la tripulación, aproximadamente un millar de hombres, se dirigió hacia Buenos Aires en dos buques de bandera argentina.Pero el acorazado fue obligado a abandonar el puerto de Montevideo a las 72 horas de atracar en sus muelles, por una decisión del gobierno uruguayo, que mantenía entonces la neutralidad en el conflicto mundial.El Graf Spee, entonces, salió de la bahía y se internó en el Río de la Plata, al tiempo que su capitán, Hans Langsdorff, ordenaba su voladura.Con ella puso punto final a su periplo bélico, el 17 de diciembre de 1939.

 

22 de Diciembre de 1999

La batalla del Río de la Plata A 60 años del fin del Graf Spee

Campaña: tras enviar al fondo del mar a 9 mercantes, el buque alemán dio batalla a tres cruceros aliados; el capitán hundió su nave y se mató.

"...Después de una gran lucha interna tomé la tremenda decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee y así evitar que cayera en manos del enemigo... Estoy convencido de que bajo esas circunstancias no tenía alternativa, una vez que llevé mi buque a la trampa de Montevideo. Con la munición que tenía, cualquier intento de pelear a mar abierto estaba destinado a fracasar... Un capitán con sentido del honor no puede separar su destino del de su barco..."

Ese es un tramo de la carta que el capitán de navío Hans Langsdorff escribió al embajador alemán en Buenos Aires, el 20 de diciembre de 1939, antes de dispararse un tiro en la sien, envuelto en la bandera germana y vestido de gala: había cumplido con la ley no escrita de los caballeros del mar.

La detonación alertó a los guardias del Arsenal Naval porteño, donde el comandante alemán estaba alojado desde hacía menos de tres días. Para entonces había decidido hundir su buque en las aguas del Río de la Plata, luego de dar batalla a tres cruceros aliados, a 9 millas de Punta Ballena, en la costa uruguaya. Sería la única batalla naval del siglo en el estuario más grande del mundo.

Ahora se cumplen 60 años de aquella trágica decisión tomada por Langsdorff, quien con el paso del tiempo se convirtió en un personaje de leyenda.

Nació en la ciudad alemana de Rügen, en 1894, y era descendiente de una tradicional familia de marinos. Creció como militar a la sombra de un estratego de la guerra naval europea: el vicealmirante Maximilian Graf von Spee, héroe de la gran batalla de Jutlandia, en junio de 1916, frente a las costas de Dinamarca.

Von Spee, para toda una generación de la marina imperial alemana, fue un ejemplo del guerrero prusiano marcado por el sentido del honor y también se hundió con su barco.En esa contienda, el entonces joven oficial Langsdorff tuvo una destacada actuación que le valió ser condecorado.

El 21 de agosto de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial llevaba sólo 40 días, Langsdorff zarpó al comando de una de las naves más poderosa, casualmente bautizada con el nombre de Admiral Graf Spee, que contaba con un arma secreta para la época: el radar.

Casi como un corsario

Langsdorff tenía precisas instrucción del alto mando naval nazi: "...proceder inmediatamente a la destrucción del tráfico mercante enemigo. Realizar frecuentes cambios de posición para engañar al adversario. Deberá comportarse como un corsario, por lo que podrá camuflarse, cambiar de nombre y de bandera... Entrará en combate con los barcos de guerra enemigos sólo si es indispensable..."

Desde el Atlántico Norte llegó hasta la costas de Brasil. De allí pasó a las costas sudafricanas y luego hizo una breve incursión por el océano Indico para regresar al Atlántico Sur. En 68 días el Graf Spee envió al fondo del mar a nueve buques mercantes. En todos esos encuentros Langsdorff no tuvo bajas, amigas ni enemigas.

Los sucesivos hundimientos empujaron a los aliados a iniciar la mayor operación de rastreo de la historia naval. Armaron nueve grupos de ataque, integrados por 26 buques de guerra ingleses y franceses, pero nunca pudieron cazar al Graf Spee.

A las 6.15 del 13 de diciembre de 1939, el Graf Spee, mientras perseguía a un carguero francés que iba a Montevideo, tropezó en las costas uruguayas con la escuadra del comodoro Henry Harwood, que comandaba los cruceros ingleses Ajax y Exeter y el neozelandés Achilles.

La batalla del Río de la Plata no tardó en librarse. Duró menos de una hora y media y se cruzaron 120 cañonazos. El Exeter llevó la peor parte. Quedó envuelto en llamas, sus cañones enmudecieron y 60 tripulantes yacían muertos en la cubierta. Los otros mastines de la flotilla aliada quedaron malheridos, pero no perdieron de vista a su presa.

El Graf Spee recibió 18 impactos de los cañones de 150 mm (del Ajax y del Achilles) y de 203 mm (del Exeter). Perdió a 36 hombres. Su cocina fue destruida, el sistema de provisión de combustible dañado y sólo contaba con el 25 por ciento de su munición.

El buque germano puso proa al puerto neutral de Montevideo, donde libraría su segunda gran batalla, la diplomática.

Langsdorff pidió al gobierno uruguayo dos semanas de permanencia en puerto. Pero luego de agitadas tratativas, sólo se le concedieron 96 horas. En esa decisión mucho influyó la estrategia planeada por el embajador británico Eugen Millington Drake, descendiente del célebre corsario inglés sir Francis Drake.

Casi medio millón de uruguayos se agolpó en los muelles del puerto de Montevideo para observar la partida del acorazado de bolsillo. Todos esperaban una nueva batalla, pero la suerte del Graf Spee ya estaba echada.

19.01.2003 

Memoria  - El reencuentro de los camaradas del Admiral Graf Spee

Los veteranos del célebre acorazado alemán, hundido por sus tripulantes tras la Batalla del Río de la Plata en diciembre de 1939, se reunieron en el cementerio alemán para recordar y homenajear al comandante Hans Langsdorff, que se quitó la vida días después de la derrota

Eran cerca de las once de la mañana del 22 de diciembre último. Una violenta tormenta se abatía sobre Buenos Aires, barriendo con violencia las cuidadas sepulturas del Cementerio Alemán. Albergábamos dudas acerca de si la reunión proyectada tendría lugar. Pronto, éstas se despejaron. En pequeños grupos, cerca de cuarenta personas, ancianas la mayoría, de rostros rubicundos y ocasionalmente ajados, de aspecto digno, comenzaron a reunirse en la entrada del cementerio. Leves palmadas y algún abrazo marcaron el encuentro de los viejos camaradas. Nada de exuberancia, todo era medido en la reunión. Es que se han conocido de toda una vida. Eran los últimos sobrevivientes de la tripulación del acorazado de bolsillo Graf Spee que se congregaron para cumplir con una cita de honor.

Como todos los años en diciembre (cada vez con alguna nueva y triste ausencia), se reunieron para evocar la Batalla del Río de la Plata, donde su barco, el orgulloso Graf Spee, concluyó su trayectoria de guerra -tras hundir 50.000 toneladas de barcos mercantes enemigos- al enfrentarse el 13 de diciembre de 1939 con los buques británicos Exeter, Ajax y Achilles. También se encontraron para recordar a sus camaradas que ya no están (a los que cayeron en la batalla y a los que venció el paso del tiempo) y, sobre todo, para homenajear a su inolvidable comandante, el capitán de navío Hans Langsdorff, que luego de volar su nave antes de que cayera en poder de sus enemigos, y tras poner a salvo a sus tripulantes en Buenos Aires, se quitó la vida en su habitación del Arsenal de Guerra Naval, en la noche del 19 al 20 de diciembre de aquel año.

Bajo la lluvia torrencial, los marinos, acompañados por sus familiares y por algunos pocos y leales simpatizantes, avanzaron lentamente rumbo a la capilla cercana a la entrada del cementerio. Para estar allí, habían viajado mucho, algunos desde Alemania, otros desde lugares más distantes aún. Kurt Wecker, presidente de la agrupación de veteranos del Graf Spee, pronunció un austero y emotivo recordatorio de la historia del barco.

Luego, la emoción se apoderó de todos los presentes, cuando los marinos empezaron a entonar los compases melancólicos de Der gute Kamerad ("El buen camarada"), una vieja canción militar alemana de comienzos del siglo XIX. Sus rostros, curtidos por tantas aventuras y por el impiadoso paso del tiempo, mostraban, muy a pesar de ellos, el deslizarse de alguna lágrima. Una delegación de la Armada argentina, con sus uniformes blancos, impecables, permanecía firme, saludando a los viejos combatientes, cuyas voces parecían elevarse por las paredes del recinto. A un costado, un joven capitán de la marina alemana, con su uniforme de color acerado, entonaba la melodía con la misma emoción que los marinos del Graf Spee.

No se trataba de una típica canción marcial germana la que los conmovía. Había algo más profundo allí. "Esta melodía -nos dijo después Kurt Wecker- es viejísima, y la han cantado desde siempre los soldados y marinos alemanes para honrar a sus muertos. Mi padre, que fue oficial del ejército durante la Primera Guerra Mundial, la cantó o la escuchó cantar junto a las tumbas abiertas de Verdún".

Fuera de la capilla, y aún bajo el pesado manto de lluvia, los viejos camaradas del Graf Spee caminaron, algunos erguidos, otros no tanto, hasta la tumba de su comandante, el capitán Langsdorff, que está enterrado junto a otros marinos del acorazado. Allí, un toque de clarín proporcionado por un marino argentino y un respetuoso silencio envolvieron por un instante a la partida.

Imágenes de un comandante

Los veteranos del Graf Spee, se lo percibía en sus ojos fijos, en sus rostros crispados, retenían seguramente distintas imágenes de su viejo comandante. Algunos lo recordarían como al oficial siempre correcto, algo distante, que sostenía su infaltable pipa mientras salía de su camarote, sobre la banda de estribor a popa. O lo rememorarían, tal vez, tomando sol en la cubierta de la nave, junto al capitán británico Patrick Dove, que por el trato caballeroso de Langsdorff terminó por olvidar que éste había enviado al fondo del mar a su carguero, el Africa Shell. Otros, por fin, lo recordarían el mismo día de la Batalla del Río de la Plata, cuando tras ser herido dos veces, perdiendo sangre y quedando inconsciente luego de la explosión de una granada, volvió en sí, para retomar el mando y dirigir el combate. Un silencio opresivo, cargado de emoción, acompañaba la escena, mientras la lluvia barría la tumba del marino.

Luego, tras los respetos al viejo comandante, la mayoría de los ex tripulantes y sus familiares abandonó el lugar, dirigiéndose al comedor de una tradicional entidad deportiva de la colectividad alemana para compartir un almuerzo de camaradería. Fue entonces la ocasión de cambiar unas palabras con ellos. El ya mencionado Kurt Wecker -amable, levemente irónico- nacido en Pomerania hace 83 años comenzó por recordar al capitán Langsdorff: "Era un hombre agradable, cordial, no demasiado marcial. A mí, cada vez que lo iba a saludar y cuadrarme, me bajaba la mano con un gesto cómplice. Como yo era uno de los marinos más jóvenes, y muy prolijo -agregó sonriente- solía distinguirme y siempre me pasaba su postre durante las comidas. Era un marino caballeroso, tanto con nosotros, sus subalternos, como con los prisioneros británicos que pasaron por nuestra nave mientras estuvimos en operaciones. A todos los marinos capturados los trató con el mayor respeto. El capitán británico Dove, incluso, terminó hablando en su defensa luego de la batalla".

A tantos años, para Wecker, la figura de Langsdorff parece la de un padre distante, pero padre al fin, que decidió el destino de sus subordinados al internarlos en la Argentina. "Yo quedé internado en el país -señala- y vivir en la Argentina a principios de los años cuarenta era una fiesta. Aquí conocí a mi mujer, Olga, una linda argentina hija de alemanes con la que tuve dos hijas, que luego me dieron cinco nietos y tres bisnietos".

Wecker, que debió regresar a su país tras finalizar la guerra, no pudo permanecer allí. "Mi familia era de Pomerania, que fue ocupada por los rusos, y luego por los polacos. A mi madre, que intentó llegar a Berlín en los últimos días de la guerra, la mataron los rusos, luego de violarla. A mi hermano, simplemente lo fusilaron. No quedaba nada para mí allá".

Antes de separarnos, Wecker tuvo una mención para un viejo camarada: "Peor destino tuvo el capitán Ascher, primer oficial de artillería del Graf Spee, que había dirigido los disparos contra el Exeter en la batalla del 13 de diciembre. El pudo escapar de la Argentina para seguir en la guerra y terminó hundiéndose con su nueva nave, el Bismarck. Allí la suerte lo abandonó".

Con respecto a la decisión de Langsdorff de quitarse la vida, Wecker afirmó: "Me apenó terriblemente, pero sin duda era parte de la tradición de la marina alemana, la de morir con honor. En ese sentido, su decisión fue inobjetable".

Otro testimonio invalorable es el del capitán de corbeta (R) Friedrich W. Rasenack, autor de un vivaz libro de recuerdos sobre la campaña del Graf Spee. Este oficial imperioso, de baja estatura, no pudo asistir a la tocante ceremonia en el Cementerio Alemán. Se lo impidió una delicada dolencia pulmonar que padece hace tiempo. Tras su internación en la Argentina, en 1939, Rasenack escapó del Arsenal de Marina para volver a Alemania y a la guerra. "Con otros jóvenes oficiales me escapé del Arsenal, pese a la severa guardia. No es cierto, como dijeron los ingleses, que hubiéramos dado nuestra palabra de honor de no abandonar la Argentina mientras durara la guerra.

Un regreso ajetreado

"Me tomó casi medio año regresar a Alemania. Me hice pasar como un ingeniero checo de la fábrica Skoda, llegando así a Chile. Después me convertí en viajante de vinos búlgaro. Junto con un camarada nos detuvo la policía secreta norteamericana en la zona del Canal de Panamá. Finalmente pudimos escapar en un barco japonés, con el que llegamos a los Estados Unidos. Desde allí, cruzamos el Pacífico para alcanzar Japón, atravesar luego Manchuria y Siberia, y entrar al territorio ruso como comerciantes alemanes. En Rusia, pese a que ese país todavía no estaba en guerra con Alemania, observamos importantes preparativos bélicos, y nos salvamos por un pelo de ser detenidos. Finalmente, el 1° de septiembre de 1940, logramos llegar a nuestra patria.

"Allí -agrega Rasenack- volví a ver acción a bordo de otra gran nave de combate, el acorazado Tirpitz, que desde enero de 1942 a noviembre de 1944 sirvió en aguas de Noruega. Nuestra tarea consistía en amenazar los convoyes británicos y norteamericanos que se dirigían rumbo al puerto ruso libre de hielos de Murmansk."

Como su compañero Wecker, Rasenack tampoco permaneció en Alemania tras el conflicto. "Cuando terminó la guerra, mi tierra natal, Silesia, había quedado en poder de los rusos, que se quedaron con todas las propiedades de mi familia. No tenía nada que hacer allí". El relato de los dos viejos marinos se interrumpió aquí, ya era tiempo de volver con sus camaradas y sus recuerdos. Está bien, podía ser la última vez.

Por Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal

 
22.01.2001

Emotivo encuentro de veteranos de la Batalla del Río de la Plata

Ocurrió en Montevideo, el jueves último

  • Un marino británico llegó a Uruguay, donde se reunió con un alemán que sobrevivió al hundimiento del Graf Spee
  • Homenaje a los caídos en el enfrentamiento de 1939

 

MONTEVIDEO.- El ex teniente Basil Trott, de la Marina Real británica, llegará hoy a Puerto Argentino (Port Stanley), en una travesía en crucero después de toda una vida, y tras una conmovedora ceremonia de conmemoración realizada en Montevideo, el jueves último.
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La circunstancia fue única, ya que dos hombres de ochenta y tantos años fueron reunidos para recordar acontecimientos de comienzos de la Segunda Guerra Mundial.
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Durante 60 años, el teniente Trott pensó "si no sería grato" volver a Uruguay para ver la ciudad que fue testigo de los días más dramáticos de su carrera. Sin embargo, hasta ahora nunca había logrado recorrer los 12.000 kilómetros hasta el Río de la Plata, ya que su puesto municipal en la ciudad de Portsmouth, después de abandonar la marina, en 1958, nunca pareció darle el respiro necesario.
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En jueves, Trott dijo que fue muy grato para él haber regresado y recordar a todos esos marinos y camaradas, mientras permanecía de pie, bajo un cálida garúa estival, al lado del ex Hauptgefreiter (cabo) del Graf Spee, Fritz Adolph, en el pequeño cementerio británico de Montevideo, utilizado por primera vez en 1807 y que ocupa su actual predio desde octubre de 1884.
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Los dos hombres rindieron un homenaje ante la tumba de dos de las víctimas a bordo del HMSAchilles, que murieron el 13 de diciembre de 1939 en la Batalla del Río de la Plata. Los dos sobrevivientes depositaron una pequeña ofrenda floral en la tumba de los telegrafistas N. J. Milburn y F. Stennett.
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Luego fueron a pie hasta la oficina de la administración del cementerio, a cargo de George Roper, un capitán de la marina uruguaya retirado, de 53 años, para tomar el té.
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El acto había sido organizado por Gerry Evans, vicecónsul de la embajada británica en Montevideo, y por Rolf Meurer, agregado cultural de la embajada alemana. Entre otros, asistieron la esposa de Trott, Sadie; el historiador uruguayo Omar Medina Soca, y, casualmente, un editor del diario The Buenos Aires Herald.
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Herr Adolph es uno de los tres sobrevivientes del "acorazado de bolsillo" alemán Almirante Graf Spee que viven en el Uruguay. Los dos restantes, Herbert Paach y Kurt Gabriel, no se sentían tan bien de salud como para estar presentes en la ceremonia.
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Fritz Adolph había cumplido 20 años el 1º de septiembre del ´39, cuando estalló la guerra. Era un joven ayudante en la sala de máquinas del Graf Spee en el momento de la batalla.
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Curado en Uruguay
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Después de depositar la ofrenda, recordó que una de sus piernas había resultado malherida y fracturada en varias partes. "Casi morí desangrado, pero me curaron aquí, cuando me trajeron a tierra firme", señaló.
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El ex teniente Trott es uno de los sobrevivientes del HMS Exeter, el barco más bombardeado y que tuvo más bajas en la Batalla del Río de la Plata, en diciembre de 1939. Se enganchó en la marina como grumete, y fue nombrado marinero experimentado y práctico a los 19 años, en 1939.
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Desde el cementerio británico, Trott acompañó a Herr Adolph hasta el cementerio alemán, en la zona norte de Montevideo, para depositar una ofrenda ante la tumba de los tripulantes del Graf Spee; luego llamó a la casa de Herr Gabriel, que debía guardar reposo allí, y después visitó la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad, donde una placa conmemora a los tantos muertos a bordo de los HMS Ajax, Achilles y Exeter. Trott leyó en silencio los sesenta nombres.
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El aspecto social de la conmemoración fue organizado en el Club Británico, fundado en 1868. Se trata de un viejo edificio del cual penden antiguos estandartes y escudos de armas de los barcos, y donde los inmigrantes y antiguos residentes se reúnen.
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Su presidente es Oliver Ward, de 39 años, que hace cuatro años se estableció como agente naviero en Montevideo y, si bien se inició en la actividad como agente de ELMA, en Bilbao, a principios de los ´80, hoy es vicepresidente de la compañía Montemar Marítima, de la capital uruguaya.
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Ward señaló con orgullo las fotos autografiadas de los sobrevivientes de la batalla. Comentó que el piano del club fue un regalo que, en 1945, hicieron los británicos de la marina mercante que estuvieron prisioneros en el Graf Spee y luego fueron liberados en Montevideo. Ward añadió que el actual piano, en realidad, había sido restaurado ya que el original fue destrozado por los marineros que, en 1939, celebraron la Navidad allí.
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De la reunión participaron el embajador británico, Andrew Murray, exultante, por cierto; el presidente de la filial local de la Legión Británica, David Oie; el presidente de la comisión del Hospital Británico, Patrick Sherwood, y también el hijo y la hija de Edwin Herbert Vignoles, que en 1939 fue el primer agente del servicio de inteligencia británico que subió a bordo del destruido casco del Graf Spee, frente a la costa de Punta del Este, para tomar nota del cañón del acorazado alemán, cuya potencia y alcance los británicos estaban ansiosos por conocer. Andrew Cooper, director de la compañía naviera J. R. Williams, estuvo presente en su función de agente del crucero que llevó al ex teniente Trott a Montevideo.
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Trott y su esposa viven hoy en España, en Torrevieja, Alicante. A Montevideo llegó a bordo del Mercury, un crucero de la Royal Caribbean, que, tras haber hecho escala en Buenos Aires, llegará hoy a Puerto Argentino (Port Stanley).
 

05 de Febrero del 2004

Vuelven a suspender el rescate del Graf Spee en Uruguay

Debido a los fuertes vientos que afectan Montevideo, el domingo o lunes continuarán las tareas para recuperar las partes del acorazado alemán hundido durante la Segunda Guerra Mundial

MONTEVIDEO.- El rescate de partes del acorazado alemán Graf Spee fue suspendido hasta el domingo o lunes por los fuertes vientos en el lugar, informó hoy Héctor Bado, encargado de las operaciones.

"Es increíble pero el Río de la Plata sigue demostrando sus características, podemos decir, hasta malévolas", dijo Bado.

"Está virtualmente suspendido el rescate fijado para el viernes ya que los fuertes vientos que azotan desde ayer y que llegaron a los 18 nudos (35 kilómetros horarios) impide la operación. De concretarse los pronósticos meteorológicos recién se podría realizar el domingo o lunes próximo".

Bado agregó que el martes, una operación de tender cables de acero para sujetar el telémetro de 27.000 kilos "sólo pudo cumplirse a medias" debido al viento que se registraba en la zona.

El telémetro, que tenía adosado parte de un radar, era el instrumento óptico para mejorar la puntería del Graf Spee que estaba causando estragos a las flotas aliadas en el Océano Atlántico en la Segunda Guerra Mundial.

El Graf Spee se enfrentó a tres cruceros de las flotas aliadas contra la Alemania nazi y finalmente, averiado por los enfrentamientos con los cruceros "Ayax", "Exeter" y "Achilles", recaló en el puerto de Montevideo donde pudieron descender los heridos y trasladar a los muertos.

La batalla llamada del Río de la Plata ocurrió en diciembre de 1939 y después que se desembarcaron los tripulantes, su capitán Hans Langsdorff lo hizo hundir y él se suicidó tres días después.

 

 

06 de Febrero del  2004

La batalla del Río de la Plata: llevarán a un museo los elementos que recuperen

Van al rescate del acorazado Graf Spee

Está hundido frente al puerto de Montevideo desde 1939 por decisión de su comandante para no entregarlo al enemigo

  • Un proyecto privado intentará rescatar un instrumento de artillería
  • El casco está a ocho metros de profundidad
  • Las operaciones comenzarían mañana

Desde hace más de 60 años descansa frente a la costa de Montevideo. Su capitán decidió hundirlo antes de entregarlo a manos enemigas. Pero la historia del acorazado alemán Graf Spee no quedará sepultada bajo las aguas del Río de la Plata.

Es que un proyecto privado comenzará con el rescate de un instrumento de artillería mañana o pasado mañana, si el clima acompaña, para que vuelva a ver la luz.

Tras sembrar el terror en las rutas comerciales, este "acorazado de bolsillo" fue echado a pique por su comandante, el capitán Hans Langsdorff, a una distancia de entre cinco y siete kilómetros de la ribera de Montevideo, luego de ser perseguido con tenacidad y resultar seriamente dañado por una flota británica.

Desde entonces, el arma letal de los nazis para el control del Atlántico yace a ocho metros de profundidad bajo el fondo turbio y agitado del Río de la Plata.

En 1997, un equipo dirigido por el buzo uruguayo Héctor Bado recuperó un cañón de la nave, actualmente en exposición frente al Museo Naval de Montevideo. Años después, el proyecto de rescate de la nave revive, con el intento de recuperación del telémetro, un instrumento que permitía a los artilleros ajustar los tiros con precisión.

Esta maniobra iba a comenzar el 29 del mes último, pero los organizadores decidieron postergarla por razones climáticas en dos ocasiones.

El salvamento sigue a cargo de Bado en colaboración con expertos internacionales; entre ellos, el británico Mensun Bound, director de la Unidad de Investigaciones de Arqueología Marina de la Universidad de Oxford.

Según sus promotores, la extracción del telémetro, de 27 toneladas, es la primera etapa de un programa de recuperación más ambicioso.

"Lo que vamos a hacer ahora es el comienzo de las operaciones", explicó a la agencia AP el dueño de los derechos del barco, el uruguayo Alfredo Etchegaray.

El proyecto, que cuenta con el apoyo del gobierno uruguayo, apunta a reunir las piezas rescatadas en un museo dedicado al legendario navío, donde Etchegaray estima que acudirán miles turistas interesados en la historia del Graf Spee.

Puesto en servicio en junio de 1934 y hundido en diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee era limitado por su tonelaje, pero temible por sus avances técnicos, sobre todo por su sistema de radar y el telémetro electrónico.

Debido a las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles, la marina alemana había desarrollado tres acorazados de bolsillo, cuyo desplazamiento no era superior a las 10.000 toneladas, por lo que conciliaban la velocidad y la facilidad de maniobra de un crucero con la potencia de un acorazado: el Deutschland (rebautizado Lutzow), el Admiral Scheer y el Admiral Graf Spee.

Tras haber zarpado de incógnito de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, incluso antes de la declaración de guerra contra Francia y Gran Bretaña, el Graf Spee tomó la dirección del Atlántico con la misión de desorganizar el tráfico marítimo de las rutas comerciales en los océanos Atlántico e Indico.

Desde el 30 de septiembre hasta el 7 de diciembre, el acorazado alemán hundió nueve barcos, lo que hizo que los británicos intervinieran. La Marina Real Británica envió la División Sudamericana, formada por cuatro cruceros, al centro comercial de carne y cereales hacia Gran Bretaña, donde fue detectado el Graf Spee.

El 13 de diciembre comenzó la batalla del Río de la Plata, en cuyo desarrollo el Graf Spee resultó dañado y sufrió 36 bajas, frente a 72 que tuvo la tripulación de las naves británicas.

Tras refugiarse en el puerto de Montevideo y al no obtener el permiso de las autoridades del Uruguay -país neutral- para quedarse el tiempo que requerían las reparaciones, el capitán Langsdorff decidió hundirlo la noche del 17 de diciembre. La tripulación fue remolcada hacia Buenos Aires, donde Langsdorff, tres días más tarde, se suicidó.

Friedrich Adolphe, único sobreviviente del acorazado, no estaba de acuerdo con la operación. Pidió que lo dejaran tranquilo. Este hombre, de 85 años, que después del episodio decidió radicarse en el Uruguay, contó: "La batalla del Río de la Plata comenzó frente a las costas de Punta del Este". El prefiere el recuerdo.

En el Cementerio del Norte, a unos 12 kilómetros del centro montevideano, 40 cruces de metal de unos 50 centímetros de alto, clavadas en tierra, identifican y guardan los restos de los marinos fallecidos.

Agencias AP y DPA
De la Redacción de LA NACION

 
06 de Febrero del 2004

Todos consideraban al capitán un verdadero caballero del mar

El comandante Hans Langsdorff se suicidó tras la derrota

  • Fue condecorado por su actuación en la Primera Guerra Mundial
  • Siempre se preocupó por sus hombres y prisioneros
  • El precio por hundir su buque
  • Evitar el saludo nazi

"[...] Luego de una gran lucha interna, tomé la tremenda decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee y así evitar que cayera en manos del enemigo... Estoy convencido de que bajo esas circunstancias no tenía alternativa, una vez que llevé mi buque a la trampa de Montevideo. Con la munición que tenía, cualquier intento de pelear a mar abierto estaba destinado a fracasar... Un capitán con sentido del honor no puede separar su destino del de su barco[...]."

Ese es un tramo de la carta que el capitán de navío Hans Langsdorff escribió al embajador alemán en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1939, antes de dispararse un tiro en la sien, envuelto en la bandera naval alemana y vestido con su uniforme de gala: había cumplido con la ley no escrita de los caballeros del mar.

Entierro de los muertos, el Capitan Langsdorff al fondo con la espada.

La detonación alertó a los guardias del Arsenal Naval porteño, donde el comandante alemán estaba alojado desde hacía menos de tres días. Para entonces había decidido hundir el buque en el Río de la Plata, luego de dar batalla a tres cruceros aliados, a 9 millas de Punta Ballena, en la costa uruguaya. Sería la única batalla naval del siglo en el estuario más grande del mundo.

Langsdorff había nacido en la ciudad alemana de Rügen, en 1894, y era descendiente de una tradicional familia de marinos. Creció como militar a la sombra de un estratego de la guerra naval: el vicealmirante Maximilian Graf von Spee, héroe de la gran batalla de Jutlandia, en junio de 1916, frente a las costas de Dinamarca.

Von Spee, para toda una generación de la marina imperial alemana, fue un ejemplo del guerrero prusiano marcado por el sentido del honor: él también se hundió con su barco. En aquella contienda, el entonces joven oficial Langsdorff tuvo una destacada actuación que le valió ser condecorado.

Tras hundir su buque en la rada de Montevideo, Langsdorff se encargó personalmente de sus hombres heridos y muertos, y también de sus prisioneros. En el sepelio de uno de ellos, los tripulantes despidieron al fallecido con el saludo nazi, pero su capitán lo hizo con el tradicional saludo militar.

Esa imagen, horas después, llegó a Berlín y a muchos no les gustó. Por entonces se dijo en el ámbito diplomático que era conveniente que el capitán no regresara a Alemania.

Tal vez, aquel comentario sea cierto pues, a 64 años de su muerte, sus restos aún descansan en el cementerio alemán de Buenos Aires.

 
06 de Febrero del 2004

El artillero que aún recuerda esa batalla

BAHIA BLANCA.- Pasaron 64 años, un mes y 24 días de la batalla; el estrépito de los cañonazos y el tiempo han afectado los oídos del artillero. Eso explica los gritos de frases pausadas en la casa del marino. Son las 9: los recuerdos de Helmut Hanussa, de 83 años, sólo son nítidos por la mañana o cuando duerme.

A menudo, Helmut sueña con la batalla del Río de la Plata, el 17 de diciembre de 1939, cuando el acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee, al mando del capitán de navío Hans Langsdorff, fue derrotado cerca de la costa uruguaya por los cruceros ingleses Ajax y Exeter y el neozelandés Achilles. Cuando la tripulación estuvo a salvo, Langsdorff hundió el barco. Después se disparó un tiro en la sien. Ahora, un equipo integrado por argentinos, alemanes y uruguayos intentará rescatar el buque.

Helmut era artillero del Graf Spee, que había hundido nueve buques. El alto mando nazi había ordenado, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, destruir el tráfico mercante enemigo. En sus sueños, dice Helmut, vuelve a estar detrás de un cañón; siente el olor acre de la pólvora, oye las voces estentóreas que dan órdenes...

La segunda esposa del artillero, Elsa Leguizamón, dice que se asusta cuando su marido sueña: "Me da miedo". Helmut sonríe y resta importancia a los temores de su esposa. "Nunca tuve miedo: soy alemán", afirma.

Está sentado a la cabecera de la mesa, ahora cubierta de álbumes con fotos en blanco y negro y sepia, la chaqueta azul del uniforme con una svástica en el pecho, dorada, al igual que los botones.

"Queríamos pelear hasta el final, no rendirnos -recuerda Helmut, que conserva su acento alemán-. Navegamos hasta a Montevideo, para reparar el acorazado. No nos dejaron..."

El Graf Spee había zarpado el 21 de agosto de 1939, once días antes de que Alemania invadiera Polonia. Así que el acorazado ya estaba en alta mar cuando empezó el conflicto. "No sabíamos nada de la guerra. Sólo el alto mando lo sabía", cuenta.

El acorazado recorrió el océano Atlántico. Había hecho una incursión en el Indico, para despistar a los grupos navales ingleses y franceses. "Eramos invisibles", dice, y abre un álbum. Señala unas fotos con algunas de las embarcaciones enviadas al fondo del mar. "Antes de hundirlos, tomábamos prisionera a la tripulación", aclara.

Casi cuatro meses después de haber zarpado, el Graf Spee se enfrentó con la escuadra de los cruceros Ajax, Exeter y Achilles. Ese fue el fin.

La guerra había sido para Helmut algo cotidiano. Su padre, Federico, había participado en la Primera Guerra Mundial. Y él, como muchos adolescentes en el período de entreguerras, se anotó como voluntario de la marina. Tenía 14 años.

Nunca regresó a Alemania. "Estuve cinco años prisionero, en Mendoza. Otros compañeros estaban en Sierra de la Ventana y en Córdoba. Estábamos muy bien. Teníamos un sueldo de 400 pesos, muchos trajes y salíamos", dice Helmut. Durante una salida conoció a una mujer, Nelda Torrontegui. "La vi en una tienda, la invité a tomar el té a la tarde y al otro día nos casamos."

En 1990 murió su primera esposa. Poco después conoció a Elsa. Es mediodía y los recuerdos Helmut ya no son tan nítidos. Almorzará, cruzará los brazos sobre la mesa y apoyará sobre ellos la cabeza para dormir la siesta. Quizás, el artillero oiga otra vez el estrépito de los cañonazos.

Ramiro Sagasti

 
09 de Febrero del 2004

Con dificultades, comenzó el rescate del Graf Spee

El buque está hundido frente al puerto de Montevideo desde 1939; una grúa intentó alzar el telémetro, un artefacto óptico de 27 toneladas, pero al sacarlo del agua, uno de los cables se cortó.

A BORDO DEL REMOLCADOR ANGLIEN WARRIOR.- La operación de rescate de un legendario buque nazi hundido en 1939 frente a la costa uruguaya comenzó hoy con dificultades cuando se intentaba alzar desde las profundidades uno de sus equipos, de 27 toneladas de peso.

Se trata de un pesado instrumento denominado telémetro, de tecnología secreta para la época. Era un artefacto óptico para mejorar la puntería del acorazado Almirante Graf Spee que causó estragos a la flota de los países aliados en la Segunda Guerra Mundial.

En medio de un fuerte viento, la pieza fue sujetada por cables de acero y desde una grúa de 60 metros de altura se estaba intentando sacarlo del agua cuando uno de los cables de cortó.

Los encargados de la operación, estiman que la recuperación total de la nave demandará al menos tres años, pero se decidió comenzar con el rescate del codiciado instrumento, que habría motivado al capitán alemán hundir el barco a fin de evitar que ese equipo cayera en poder de los aliados.

La magnitud de la operación de recuperación y el tiempo desfavorable con vientos de hasta 30 kilómetros por hora, determinó la utilización de dos remolcadores para respaldar a la grúa en las primeras tareas.

El hundimiento

El barco participó en diciembre de 1939 en la Batalla del Río de la Plata contra los cruceros aliados Achilles, Ajax y Exeter, a los cuales se unió el Cumberland.

Luego del combate, el barco dañado entró al puerto de Montevideo, donde el 17 del mismo mes, cuatro días después de su llegada, el capitán Hans Langsdorff lo hundió y luego se suicidó en Buenos Aires.

El telémetro era un artefacto óptico para mejorar la puntería del acorazado, uno de los llamados "de bolsillo" por su relativamente corta eslora de 186 metros, el cual causó sin embargo fuertes daños a las escuadras aliadas en la segunda guerra mundial.

Versiones de la época dijeron que la decisión de hundirlo fue para que las fuerzas aliadas no tuviera acceso al telémetro, al cual estaba adosado un radar, que según Bado fue el primero en ser empleado en ese tipo de barcos.

El Graf Spee se encuentra partido en dos a unos ocho kilómetros de la costa del puerto de Montevideo sobre su lado oeste, frente al cerro que domina la bahía. Aproximadamente el 60% de su partido casco se encuentra sepultado en el lodo del Río de la Plata.

 

10 de Febrero del 2004

Se retrasa el rescate del Graf Spee

Los fuertes vientos sobre el Río de la Plata impiden la recuperación del telémetro del barco alemán hundido

MONTEVIDEO.- El rescate de una pieza "de museo" del acorazado alemán Graf Spee, hundido en el Río de la Plata a comienzos de la segunda guerra mundial, debió suspenderse hoy debido a los fuertes vientos que soplaron en la zona.

La recuperación del telémetro, instrumento óptico para mejorar la puntería de los cañones, es el primer objetivo de los buzos, investigadores y expertos, que se proponen extraer íntegramente al navío en un plazo de tres años.

Ayer fracasaron cuatro intentos para sujetar al telémetro, de 27 toneladas, con el fin de rescatarlo. El fallido intento se atribuyó a las adversas condiciones climáticas, que impidieron el accionar de la grúa en la tarea.

"Acá no ha pasado nada, sólo se perdió un día de trabajo", comentó el jefe del operativo, el uruguayo Héctor Bado, para ahuyentar la sombra del fracaso del emprendimiento que, sostuvo, continuará no bien mejoren las condiciones climáticas.

El Graf Spee fue hundido a ocho kilómetros del puerto de Montevideo por su propio capitán Hans Langsdorff, el 17 de diciembre de 1939 tras una dura batalla con tres buques aliados, los británicos Exeter y Ayax y el neocelandés Achilles.

Langsdorff se quitó la vida días después en Buenos Aires, mientras que el resto de la tripulación fue internada en la propia capital argentina y en Montevideo.

El Graf Spee yace en el lecho de la bahía de Montevideo desde entonces, tras haberse partido en dos su estructura debido a la explosión provocada por su capitán para preservar los "secretos bélicos" del navío.

Buzos británicos y uruguayos lograron, en marzo de 1997, extraer un cañón de ocho metros y unas 3,5 toneladas de peso.

El intento del operativo denominado "Rescate al Graf Spee" es el más ambicioso de los realizados hasta el momento.

Bado no descartó hoy que, si las condiciones del tiempo lo permiten, las tareas para izar el telémetro se retomen mañana mismo.

Fuente: ANSA

 
16 de Febrero del 2004

Fracasó un nuevo intento de rescate del buque Graf Spee

La marea y el viento impidieron que se lleve a cabo la operación, frente al puerto de Montevideo

MONTEVIDEO.- Un nuevo intento en la operación de rescate del legendario acorazado nazi Graf Spee fracasó hoy cuando debido a la marea y vientos fue imposible sacar a la superficie un pesado instrumento del navío, se informó oficialmente.

En horas de la mañana un grupo de ocho personas, entre ellos seis buzos, partió hacia la zona donde está hundido el Graf Spee, para determinar si podía levantarse el telémetro, un instrumento óptico que le permitía medir las distancias y puntería de sus cañones.

El capitán de navío retirado Alberto Braida dijo temprano que todo parece indicar que "puede intentarse el rescate" porque el tiempo era bueno con vientos moderados.

Sin embargo, las condiciones variaron y el grupo salió por segunda vez a la tarde para intentar acomodar todo, dijo Braida.

"A esta hora creemos que ya es imposible hacer salir la grúa, por lo que virtualmente la operación queda para el martes", dijo Braida telefónicamente por la tarde.

Además, dijo que había marea alta en la zona a siete kilómetros de la costa del puerto de Montevideo, la tumba marina desde hace 65 años del Graf Spee.

La operación llamada "Rescate al Graf Spee" tuvo hace una semana un primer fracaso cuando no pudo ser sacado de su tumba marina el telémetro, artefacto que hizo temible al barco alemán.

El almirante Graf Spee, en diciembre de 1939, en los inicios de la segunda guerra mundial, se trenzó en una batalla naval contra unidades aliadas en la Batalla del Río de la Plata.

La nave, averiada, recaló en el puerto de Montevideo donde fue hundida por su capitán Hans Langsdorff, que se suicidó en Buenos Aires tres días después.Fuente: AP

 

26 de Febrero del 2004

Frente al puerto de Montevideo
Comenzó el rescate del Graf Spee

http://www.lanacion.com.ar/04/02/26/dg_576295.asp

Sacaron el telémetro del acorazado alemán, de 27 toneladas

  • Tras varios intentos, un equipo de buzos, con la ayuda de una grúa portuaria, extrajo el pesado sistema óptico del legendario barco de guerra

  • Estudian rescatar una torre de cañones

MONTEVIDEO.- Un nuevo intento otra vez fallido. Alfredo Echegaray, concesionario del rescate del acorazado alemán Graf Spee, se agarraba la cabeza y no ocultaba su expresión de disgusto. "Otra vez, no...", comentaba, mientras veía que el famoso telémetro del buque de guerra que fue hundido en 1939, en el Río de la Plata, era más fuerte que las herramientas de rescate, y, como en cámara lenta, la pieza histórica volvía al río.

Una hora después estallaron los festejos cuando la grúa del puerto de Montevideo logró, finalmente, rescatar el telémetro del barco, que estalló ante los ojos de miles de uruguayos hace 64 años. En aquella ocasión, el comandante del Graf Spee, Hans Langsdorff, decidió hacerlo explotar para que no cayera en manos de la flota inglesa, que lo perseguía y lo había sitiado en Montevideo. Todo el mundo quería ver el final de la batalla, pero no fue así, y el Graf Spee se hundió envuelto entre explosiones y fuego.

Ahora, la platea fue más íntima. Y el festejo de los rescatistas, rodeados de periodistas, tuvo un doble motivo. Por un lado, se celebraba la recuperación en sí misma de una pieza histórica: era el novedoso telémetro, que pesa 27 toneladas y tiene seis metros de alto por 10,5 metros de ancho. El aparato es un sistema óptico que permite apreciar desde el punto de mira la distancia a la que se halla un objeto lejano. Así se ajustaba la puntería de los cañones hacia los barcos enemigos.

Los responsables del operativo admiten que la repercusión internacional les permite promocionar el caso para obtener inversores asociados, auspiciantes o fundaciones interesadas en contribuir con el rescate. "Te imaginás, con tantas cámaras de TV de todo el mundo, si había un logo en la grúa... era una gran promoción", comentó Echegaray a LA NACION.

La inversión que precisan es para continuar con las tareas e ir por piezas mucho más pesadas. Como el barco se partió por la mitad, en el fondo del río están la proa y la popa del llamado acorazado bolsillo. La proa pesa 8000 toneladas y la popa, unas 2000 toneladas, explicó el concesionario.

El telémetro estaba llegando anoche al puerto y será exhibido en el frente del Ministerio de Turismo. Por allí ingresa la mayor parte de los turistas argentinos que llegan en buques que cruzan el Río de la Plata.

La expedición se prepara ahora para el rescate de una pieza de 300 toneladas: una de las dos torres con tres grandes cañones de 28 cm de calibre cada uno. Entienden que se deberá trabajar en el alivianamiento del casco de casi 200 metros de eslora.

El grupo de buzos que trabajó en el rescate estuvo comandado por el uruguayo Héctor Bado. El otro responsable del operativo fue el capitán de navío Alberto Braida.

En diciembre de 1939, el Graf Spee se enfrentó a dos buques británicos y a otro neozelandés que lo perseguían. Tras una corta batalla frente a Punta Ballenas, el acorazado alemán se refugió en Montevideo. Víctima de una operación de inteligencia británica por la que se acercaban más barcos enemigos al Río de la Plata, Langsdorff decidió hundirlo; tres días después, se suicidó.

Por Nelson Fernández
Corresponsal en Uruguay

 

31 de Marzo del 2004

Se demora el rescate del legendario acorazado alemán sumergido en el Río de la Plata

El Graf Spee está hundido en juicios

Los rescatistas quieren vender partes del buque para seguir la operación, pero el gobierno no los deja.El buzo Héctor Bado, responsable de la expedición, dijo que las autoridades uruguayas no cumplen con el contrato. Varias denuncias ante la Justicia

MONTEVIDEO.- Se advierten aguas turbulentas para el rescate de buques que naufragaron en el Río de la Plata, entre ellos el famoso acorazado alemán Graf Spee, donde yacen sumergidas no sólo grandes historias, sino también riquezas incalculables.

Por un lado, aguas turbulentas que dificultan la extracción de piezas; por el otro, aguas turbulentas en la órbita estatal, que complica la venta de lo extraído y que permitiría recuperar utilidades para ser invertidas en los operativos de rescate.El buzo Héctor Bado está dedicado desde hace muchos años a hurgar en las aguas del Río de la Plata; este verano su nombre trascendió fronteras por la misión de rescatar el Graf Spee. Los restos del legendario buque de la marina alemana están en la bahía de Montevideo y Bado logró recuperar el famoso telémetro, instrumento de precisión considerado de avanzado nivel tecnológico para comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Los argentinos que llegan a Montevideo por vía fluvial pueden apreciarlo a simple vista, ya que fue expuesto frente al Ministerio de Turismo, que está ubicado en el puerto de la capital uruguaya.

Un acorazado con historia

Con el rescate de esa pieza simbólica se buscó dar empuje a otros operativos pendientes. El Graf Spee fue el acorazado alemán que echó a pique a una decena de buques mercantes aliados hasta que protagonizó, frente a las costas uruguayas, la única batalla naval del siglo XX en el Río de la Plata. Luego, con algunas averías y pocas municiones, ingresó en el puerto de Montevideo.

Tras quedar envuelto en una trampa diplomática pergeñada en la embajada británica en Montevideo, el buque alemán quedó acorralado en el estuario más grande del mundo. Horas después, Langsdorff lo sacó del puerto y lo hundió al hacer explotar varias cargas explosivas. Pocos días después, en Buenos Aires, el comandante alemán se vistió con su uniforme de gala y se suicidó.

Estos atractivos históricos resultaron un poderoso imán para que llegarán aquí varios equipos de la TV de Europa y de los Estados Unidos a registrar el rescate y recordar aquella legendaria batalla naval. También se acercaron inversores extranjeros interesados en negocios.

¿Cuál es la ganancia? Según la normativa vigente, una vez obtenida la habilitación para el rescate de un buque que naufragó, lo que se recupera se reparte en mitades entre el sector privado y el Estado.

Sin embargo, eso no se ha hecho fácil. Bado dijo a La Nacion que la Comisión de Patrimonio le impidió hacerse de lo que le corresponde, lo que le ha generado importantes pérdidas. Esa comisión es un organismo del Ministerio de Educación y Cultura, que asesora sobre el cuidado del patrimonio histórico.

Según Bado, se han acumulado varias piezas rescatadas, cuyo valor es de "varios millones de dólares", pero se mantienen en custodia y no pueden ser comercializadas.

Dice que de esa forma ni ellos pueden recuperar dinero, ni el Estado puede hacerse de lo que le corresponde. Y, además, el público no puede observar estos elementos.

Ante esa situación, y al aprovechar el caso del Graf Spee, se ha puesto en el centro de la atención pública el tema de los rescates bajo las aguas. Bado instruyó a sus abogados para que inicien acciones judiciales para defender sus derechos y a la vez, presionar ante la opinión pública.

"Para empezar, queremos nuestra mitad: hay miles de objetos que hemos recuperado y que están ahí, guardados, sin que nadie haga algo para cumplir los compromisos", dijo Bado.

Agregó que "la acción es contra la Comisión de Patrimonio, porque dice que el titular de ese ente los trató de ladrones de tesoros. "La demanda -adelantó Bado- será por incumplimiento de contrato."

Dijo que el problema derivó en el alejamiento de inversores norteamericanos interesados en este negocio.

La cuestión de dividir lo rescatado no encuentra solución. El presidente la Comisión de Patrimonio, Jorge De Arteaga, ha efectuado comentarios que irritaron a los rescatistas: "Y ahora qué... al Graf Spee lo vamos a dividir en dos? Estamos todos locos, eso no se va a hacer. Es todo un juego que nos está llevando a la estupidez".

Por Nelson Fernández
Corresponsal en Uruguay

De Trafalgar a las playas uruguayas

Héctor Bado dio a conocer ricos detalles históricos sobre las distintas piezas rescatadas que aún no pueden se pueden comercializar.

"Hay una gran cantidad de monedas que están bajo custodia del Banco Central del Uruguay. También hay un cañón del barco Agamemnon, que es la única pieza de esa naturaleza que hay en el mundo, navío que, vale recordar, participó de la Batalla de Trafalgar", agregó Bado, que tiene los derechos para el rescate del antiguo navío británico.

"Era uno de los buques de primera línea de la armada británica y uno preferidos por el almirante Horatio Nelson; además, como este cañón que rescatamos no hay otro cañón certificado de haber participado en aquella batalla".

Dijo que el Agamemnon (construido en 1781 en Hampshire y que tenía 64 cañones) está hundido, desde 1809, en la Bahía de Maldonado, a ocho metros de profundidad. Se lo encuentra a la altura de la parada 12 de la rambla de la Mansa, en Punta del Este, está a mitad de camino entre la playa y la isla Gorriti.

Dicho buque trascendió en la historia cuando pasó a comandarlo el propio Nelson. Se destacó en el bloqueo de Tolón y otras misiones en Nápoles y Túnez. Luego de una activa participación en Copenhague en 1801, adquirió fama en la Batalla de Trafalgar. El 28 de junio de 1809 naufragó a la entrada del Río de la Plata.

 

Graf Spee's eagle rises from deep

Divers have salvaged a 2m (6ft) bronze imperial eagle from the German World War II battleship Graf Spee that was scuttled in the River Plate.
Three divers had to loosen 145 bolts securing the 300kg (661lb) eagle to the stern of the craft in the muddy waters off Uruguay's capital, Montevideo.  "The eagle is really impressive... it's all virtually intact," said team leader Hector Bado. 

 The ship was scuttled in December 1939 to stop it falling into enemy hands.  Mr Bado told Associated Press news agency the eagle had a wingspan of 2.8m (9ft) and a special barge with a crane was needed to raise it from the river.
The barge brought the eagle back to port on Friday with a yellow tarpaulin covering the swastika at its base - out of consideration for those who
still hold strong feelings against the symbol of Nazi Germany, Mr Bado said.

The eagle was taken to a customs warehouse, but not before curious cruise ship guests had had a chance to disembark and get some snapshots.  The ship has lain in waters only 10m deep since its scuttling - until a project financed by private investors from the US and Europe with the backing of the Uruguayan government sought to salvage it.  The operation has now been going two years. Previous items raised included a 27-tonne section of the battleship's command tower and a range-finding device for gunners.  It is hoped the vessel will become a tourist attraction in Montevideo.

The Graf Spee was once a symbol of German naval might. In the early days of World War II it roamed the South Atlantic, sinking as many as nine Allied merchant ships.  But during the Battle of the River Plate it received several direct hits and took refuge in Montevideo harbour.  Uruguay, under
diplomatic pressure from Britain, ordered the Graf Spee out to sea. And there she was scuttled by her captain, Hans Langsdorff.  Capt Langsdorff committed suicide in a Buenos Aires naval camp three days later.


Jueves | 18.05.2006
Montevideo, Uruguay | 07:39

Gobierno alemán pide que no se venda el águila nazi

Consideran que Graf Spee pertenece a Alemania. Rescatistas dicen que el barco se vendió a Uruguay en 1940

El águila de bronce rescatada en febrero del Graf Spee ya no se encuentra en exhibición en el Hotel Palladium. Ahora, por motivos de seguridad, permanece guardada en una bóveda precintada. Los rescatistas del equipo liderado por el buzo Héctor Bado esperan el permiso de Prefectura para venderla en una subasta internacional.

Pero la conmoción que generó en su momento el hallazgo del águila rápidamente dio lugar a una polémica entre los rescatistas y la Comisión de Patrimonio, ya que su presidente, Manuel Esmoris, consideraba que no debería salir del país. Ahora la lucha por el destino del emblema se ha librado en otro frente.

Hace veinte días, el embajador alemán en el país, Volker Anding, presentó personalmente una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde, en nombre del gobierno alemán, alegaba que el Graf Spee es un barco de guerra y como tal pertenece al Estado alemán.

La subsecretaria de Relaciones Exteriores, Belela Herrera, dijo a El País que la carta especificaba que, dadas las "excelentes relaciones que mantiene el gobierno con Uruguay, prestaban el águila nazi de forma permanente, siempre y cuando no se venda ni salga del país". Ahora el pedido está siendo evaluado por el Departamento Jurídico del Ministerio.

Miembros del equipo de rescate de Bado sostienen, no obstante, que por ley todo barco hundido y abandonado por más de 30 años pertenece al Estado uruguayo. Además, alegan que Alemania vendió el Graf Spee al Estado uruguayo en 1940 por 20 mil libras, y que tienen la documentación para respaldarlo.

Datos

Según la carta presentada al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Estado alemán presta el águila nazi de manera permanente al Estado uruguayo. Esto en el entendido de que el Graf Spee es un barco de guerra y como tal pertenece a Alemania. En ese sentido, solicitan que el emblema nazi no se venda ni salga del país.

Desde el equipo de rescate del águila, sostienen que el Estado alemán vendió el Graf Spee al Estado uruguayo en 1940 por 20 mil libras, por lo cual no tienen derechos sobre la embarcación ni el destino del águila. Ahora Relaciones Exteriores evalúa el pedido