Historia y Arqueologia Marítima

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EL MOTIN DE LA "LADY SHORE" - 2

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MARY CLARKE

Entre las convictas inglesas llegadas a Buenos Aires en 1797 en la fragata 'Lady Shore' hubo una que salió del anonimato en que vivieron sus compañeras y por mérito propio se destacó en el medio social porteño rivadaviano y federal. Los hermanos Robertson, Love, Darwin, John M.Forbes y Wilde en sus crónicas, memorias y libros de viaje hacen referencia a su persona y el British Packett, periódico redactado en inglés, la menciona en varias oportunidades incluyendo entre sus relaciones a Manuelita Rosas y doñia María Josefa Ezcurra.

Conocemos pocos datos sobre su origen y causa de su condena. De acuerdo con la documentación del Public Record Office, una de las sesenta y seis convitias embarcadas en la 'Lady Shore', llamada Mary Clarke, fue condenada por los tribunales de Londres a 7 años de prisión el 17 de febrero de 1796 por un delito que ignoramos. En dicho documento se especifica que debe ser transportada a ultramar. En el viaje, frustrado viaje según se ha relatado en la primera parte, entabló relaciones con Conrad Lochar o Lochard, ex oficial al servicio de Francia. Prisionero de los ingleses, había sido forzado a engancharse como "voluntario" en el regimiento de la Nueva Gales del Sud y embarcado en la fragata 'Lady Shore' perteneciente a la Compañía de Indias. Eso declara ante las autoridades españolas en Montevideo y cuando es requerido sobre su estado civil, responde que "se encuentra casado condicionalmcnle con María Clara, natural de Londres que ha venido en la misma fragata y se halla en esta ciudad".

La fonética germana (Lochard es natural de Zurich y declara en alemán) modifica el apellido inglés en nombre castellano, ayudado tal vez por el intérprete oriental. Más tarde los norteños la identificarán como "doña Clara" o con el agregado de su nación, "Clara la Inglesa" y ella se mimetizará a tal punto con su nuevo nombre que en su edad madura, el 12 de agosto de cada año, día de Santa Clara, hará oficiar una misa en las "Clarisas" y celebrará su onomástico con un baile en su residencia en la calle "del" 25 de Mayo.

¿Mary Clarke participó en el motín de la 'Lady Shore'? Así lo afirma Forbes. "Doña Clara, alias Mrs. Clarke, delincuente británica convicta que encabezó un motín y que se dice, ayudó con sus propias manos a ultimar al capitán y trajo luego el barco aquí, donde vive desde entonces, siendo propietaria de una hostería, con la que ha hecho una fortuna".

Felipe Espil, que en un eximio trabajo compiló, tradujo y anotó las memorias de Forbes, ha contado el episodio y explica que la nombrada no aparece directamente involucrada. Sin embargo -añade Espil- su participación en el motín debió haber sido legendaria a juzgar por la versión de que se hace eco Forbes y que Darwin repetirá años más tarde al visitarla junto con el capitán Fitz Roy, añadiéndole un toque erótico referente a su hermosura y connubio con el capitán asesinado supuestamente por ella. Con fecha 9 de noviembre de 1832 anota en su Diario:

"Junto con el capitán Fitz Roy visitamos a doña Clara o Mrs. Clarke. La historia de esta mujer es extraordinaria. Alguna vez fue muy hermosa. Embarcada por un crimen atroz, conviviría a bordo con el capitán. Poco antes de llegar a la latitud de Buenos Aires conspiró con otras mujeres convictas, para asesinar a todos a bordo, salvo unos pocos marineros. Mató al capitán con sus propias manos y con la ayuda de algunos marineros condujo el barco hasta Buenos Aires. Aquí se casó con una persona de gran fortuna a quien heredó".

Sin embargo, según las conclusiones que se pueden extraer del sumario sustanciado por las autoridades de Montevideo -que hemos analizado en la primera parte de este trabajo- las acusaciones contra Mrs. Clarke son falsas. La explicación sobre el rumor que corría en ese entonces en Buenos Aires tal vez radique en que el marido 'condicional' de doña Clara, el alemán Lochard, fue señalado por numerosos testigos que declararon en el referido sumario, como el hombre que malhirió al primer oficial a bordo. La relación que se produjo en el viaje entre ambos la convertiría, a través de la versión popular, en cómplice o instigadora de ese crimen. De todos modos los hechos que según veremos, protagonizó a lo largo de su vida permiten sospechar que no fue una pasajera más de esa singular tripulación.

Desembarcados en Montevideo, los tripulantes fueron encerrados en la Real Cárcel junto con los amotinados mientras que las convictas, a falta de un lugar apropiado, se distribuyeron en casas de los vecinos. Aunque uno de los oficiales sobrevivientes afirma que "de este privilegio sólo disfrutaron las más bonitas siendo las otras recluidas en prisión". Poco después, por orden del virrey, hombres y mujeres fueron trasladados en grupos a Buenos Aires.

Muy poco sabemos sobre los primeros tiempos de Mary Clarke en tierra sudamericana. Al parecer, por gestiones del jefe de los amotinados, el francés Delis, su marido Lochard logra salir en libertad en enero de 1799 y es uno de los diez tripulantes a quien le es reconocida una parte sobre el producto de la presa. Las convictas a su vez, a medida que van llegando de la vecina orilla, son internadas en la Residencia, establecimiento donde eran depositadas las mujeres acusadas de delitos, insanas, chinas e indias o de vida libertina.

En setiembre de 1798 "María Clara" figura entre la lista de ese mes correspondiente a las inglesas provenientes de la 'Lady Shore'. El Dr. Fabre y el Dr. O'Gorman son los médicos que se ocupan de la atención de las convictas y se puede presumir que es a raíz de ello que este último ayuda a sus compatriotas y entabla una relación de amistad con María Clara que perdura hasta su muerte.

Las autoridades hacen lo posible para colocar a las mujeres en casa de los vecinos siempre que estos se comprometan "a catequizarlas en los dogmas de nuestra religión y velar por sus inclinaciones" así como reparar a su subsistencia. En otra de las lisdtas archivadas en el legajo correspondiente a ese establecimiento de mayo de 1799 María Clara es dada de baja por haber salido "para la casa de don Felipe Santiago Illescas". <5>

Existe una laguna informativa sobre la vida de María Clara que va del año 1799 al año 1807. Darwin habla de su "extraordinaria" labor como enfermera de los soldados ingleses heridos durante las invasiones y afirma "que todo el mundo parece haber olvidado sus fechorías". Gillespie parece confirmar esta aseveración, aunque sin nombrarla, señalando que "dos mujeres, que antes habían sido criminales pero que ahora eran casadas, daban diariamente ejemplos de estas virtudes a nuestros soldados que estaban confinados en la Residencia". Finalmente, en el censo llevado a cabo en Buenos Aires en enero de 1807 reaparece, con distinto apellido, Mary Clarke.

El alcalde del cuartel nº 13 que comprende el barrio circundante a la iglesia de San Miguel consigna que en la casa de don José Bidal, situada frente a la iglesia, habita don Rosendo del Campo, asturiano de 47 años, su esposa "doña María Clara Jonson" de 29 años y cuatro criados de color. También habita un 'agregado' natural de Alemania llamado José Jorge de 28 años de edad. El primer marido ha desaparecido para dar paso a un segundo hombre cuya profesión es la de maestro zapatero, es decir persona de cierto rango en el gremio, y el agregado alemán se desempeña como su dependiente. La inglesa ha transformado su apellido en segundo nombre y Jonson, o Johnson, es el apellido de sus padres según puede constatarse en sus numerosos testamentos conforme veremos más adelante. Del Campo y el alemán Jorge se encuentran enrolados en el cuerpo de asturianos del capitán Bernardo Juárez formando parte de las milicias organizadas para repeler a los ingleses.

La versión de Darwin referente al matrimonio y herencia de doña Clara se ve confirmada por dos testamentos que he ubicado entre las escrituras de esa época. El primer testamento es de Rosendo del Campo y lleva fecha 4 de agosto de 1807, es decir, 7 meses después del censo. Afirma estar casado con "María Clara Janzon" y la instituye heredera universal de sus bienes consistentes en 4 esclavos "una tienda de zapatería y los demás muebles y chismes de casa de que dará cuenta mi consabida consorte" así como de algunos pequeños créditos que enumera". Del Campo, que ha firmado su testamento encontrándose "en cama enfermo de enfermedad natural" fallece poco después.

 Ante el mismo escribano el 27 de abril de 1808 su viuda dicta su propio testamento: "María Clara Johnson natural de Londres" hija legítima de Thomas y Ana Johnson "vecina de esta ciudad" hallándose -también- "en cama enferma de accidente natural que el Todo Poderoso se ha servido mandarme". Declara ser católica y no tener sucesión y enumera sus bienes que consiste "en todos los que al tiempo de mi fallecimiento se encuentren en la presente casa de mi habitación como asimismo cinco esclavos" cuyos nombres da. Afirma no tener deudas y que los créditos que posee surgen de sus apuntes que sus albaceas, el presbítero Mariano Somellera y el Dr. Miguel O'Gorman, comprobarán, e instituye como heredera universal a su alma "para que en sufragio por ella se invierta todo".

La ex convicta, llegada a Buenos Aires diez años atrás ha logrado pues, ubicarse en esta ciudad en una situación económica desahogada. Se recuperará de su enfermedad y vivirá 36 años más pero la posesión de bienes le hará adquirir -también- el hábito de dictar testamentos. Cada vez que se siente enferma, o, al menos en 1819, 1839 y 1843, llamará al escribano y merced a ese hábito podremos ir desentrañando la evolución de su patrimonio, su condición civil, sus amistades y relaciones comerciales, y hasta su estado de ánimo. También sus inexactitudes al suministrar determinados datos, desde su verdadero nombre hasta el estampado de su firma.

Sobre este último tema podemos observar que quien firma al pie del testamento es un testigo ya que ella alega no saber firmar. Nos estamos refiriendo a su primer testamento, el redactado en abril de 1808. Sin embargo, ella sabe firmar, y el escribano Agrelo la ha visto hacerlo el año anterior al suscribir otra escritura de su protocolo de la cual tenemos noticias por el libro de Alberto Salas sobre las invasiones inglesas. Este autor -que crónica día por día los sucesos de la ciudad, dice que el 10 de enero de 1807 "Mary Clara Johnson ha dado libertad a su esclavo Manuel" mediante el compromiso de parte de éste de pagar una suma de 4 pesos por semana hasta completar los 200 pesos. Al pie de la escritura se observa la firma de la otórgame: "Mary Clara Johnson".

En esta escritura también llama la atención el que la inglesa haya podido disponer de la libertad de un esclavo sin la venia material, trámite éste que era de cumplimiento obligatorio para las cónyuges ya que en esa época estaban en una posición jurídica de total subordinación a sus esposos. A través de estas escrituras podemos ver que la vecina" -así la califica el escribano goza de una posición social bástante buena. Su situación promisoria contrasta con sus compañeras de viaje que deben mercar con su cuerpo para sobrevivir- el caso de Mary Bailey envuelta en el crimen referido en la primer parte de este trabajo o el de Jane Grigg, abandonada por un viejo residente inglés con una hija de la cual doria Clara se hará cargo tiempo después.

Hasta su redención, los negros esclavos, que constituían una cuarta parte de la población de Buenos Aires, servían de mano de obra e inversión a los habitantes más pudientes. Al tiempo de redactar su testamento Mary Clarke ya era poseedora de cinco de ellos y al año siguiente adquiere un sexto esclavo en 350 pesos formalizando la respectiva escritura ante el escribano Agrelo. Pero el negro padece "el vicio de ser ladrón", y la inglesa decide deshacerse de él y lo vende al chantre de la Catedral en febrero de 1811.

 Esta operación degenera en un pleito -toda su vida se meterá en litigios- pues el cura descubre la tacha y la demanda por lo que en los términos técnicos jurídicos se denomina la 'acción quanti minoris' por haber pagado más por lo que el negro vale. Alega en su favor que la vendedora le ha ocultado el vicio -característica bastante notable según los peritos ya que el esclavo se encuentra preso por esa causa- y doña Clara es condenada a devolver parte del precio de compra. De nada le ha valido alegar dificultades idiomáticas.

En las disposiciones de última voluntad, escrituras y expedientes judiciales se registran algunas huellas que nos permiten conocer fragmentariamente ciertos episodios del pasado. Plagas del momento para los litigantes, sin embargo cumplen su función histórica y ayudan a la investigación reuniendo sus piezas para armar parte del gran rompecabezas. En su juicio con el chantre de la Catedral, el Dr. Melchor Fernández, doña Clara ha recuperado su facultad de firmar y lo hace como "Mary Clark Johnson". En las postrimerías del expediente, una vez que el juez ha dictado su fallo contrario a los intereses de la demandada, ella decide apelar. Encabeza el escrito de interposición del recurso dando su nombre y agrega ahora: "ser legítima consorte de don Tomas Tela, ambos ingleses". ¿Quién es este nuevo personaje?

La documentación más antigua que he podido ubicar de Tomas Taylor es un sumario militar ordenado en mayo de 1805 por el virrey Sobremonte contra éste, piloto en ese entonces de la corbeta norteamericana 'El cazador de Baltímore', sospechado de querer entregar el puerto de Buenos Aires a un corsario inglés. En 1808 es encerrado y "colocado en un calabozo enzepado por los pieses en un espacio de 4 horas" acusado de querer introducir una partida de contrabando en la goleta 'Molly'.

 En su declaración afirma llamarse Tomas Taylor Wilmington, natural de Delaware, Estados Unidos de Norte América. Después de la revolución participa en la guerra del corso contra la armada realista y figura en varios juicios de presa. Los hermanos Robertson no simpatizan con él y en sus conocidas Cartas Sudamericanas afirman que fue el causante de la derrota naval en Patagones. "Individuo aventurero casado en Buenos Aires con una inglesa de nombre Mary Ann Clarke, tan conocida (al menos por los caballeros que desembarcaban en la ciudad) como lo fue otra dama de su mismo nombre que hoy ocupa un lugar en nuestros anales militares".

A renglón seguido los Robertson cuentan la historia de Mrs. Clarke aunque modificando un tanto los datos sobre el motín. Confunden -posiblemente ex profeso, pues cuando escriben sus Cartas ella aún vivía- el nombre del buque y omiten hacer referencia a los antecedentes penales de su tripulación. Dicen que finalmente el buque vino a dar a Buenos Aires y Mrs. Clarke "se hizo muy popular por su carácter vivaz, por su bondad y el espíritu hospitalario que demostraba sobre todo para los extranjeros. Hizo mucho dinero con una casa de pensión que alcanzó la categoría de hotel, y en esa circunstancia contrajo matrimonio con el referido comodoro de la armada de Buenos Aires, aunque sería más exacto decir que el señor comodoro Taylor se casó con el dinero de la señora Clarke".

En cambio otro de los amigos de doña Clara -Tomas George Love- da una imagen más favorable del marino norteamericano, aunque también insinúa un manejo patrimonial no muy eficiente. Al referirse a la inglesa, en llamada al pie de página recuerda que ésta vio reducida su fortuna por los préstamos que hizo a su difunto esposo el capitán Taylor. Y añade que éste "aunque hombre de buenos sentimientos, era un visionario. Murió en octubre de 1822. Se cuenta que fue él quien bajó la real bandera española e izó la bandera de los patriotas en el Fuerte, en los comienzos de la revolución"

Taylor era diestro en el manejo de pabellones según es posible colegir de las acusaciones que le formulan enjuicio de presas en el cual consta que para capturar a las naves españolas navegaba con la bandera inglesa en el mástil e izaba la nacional cuando su víctima estaba muy cerca y ya no podía huir mar adentro. Tiene varias anécdotas como estas  propias de la gente de mar. En una figura bebiendo en los altos de la fonda de doña Clara con su amigo el almirante Brown, otro personaje de la picaresca local. Aunque su foja de servicio registre ciertas infracciones y los hermanos Robertson no simpaticen con su persona, Taylor se desempeñó bastante satisfactoriamente y el gobierno lo nombró su representante en los Estados Unidos de Norte América.

Forbes afirma que estaba "casado secretamente" con madame Clarke y ello es probable pues no he podido localizar el acta de matrimonio pero, de acuerdo con la fecha del escrito presentado en el pleito con el chantre de la Catedral a que he aludido antes, a fines de 1811 ya existía una relación bastante firme, entre ambos. Y en este tema del matrimonio soy dubitativo porque, conforme veremos cuando tratemos el segundo testamento de Mrs. Clarke, el capitán Taylor es mencionado por ella pero no unido al vínculo matrimonial.

No sabemos si fueron los avalares de su frustrada navegación a Botany Bay o su nueva relación con el capitán Taylor -u otro hecho desconocido- los que impulsaron a Mary Clarke a abrir una fonda en la zona del puerto y aprovechar así el auge que, a partir de la revolución, adquiere el movimiento marítimo con Buenos Aires. Lo cierto es que, por la descripción que Darwin hace de su persona -"su disposición feroz"- el contacto y trato diario con la marinería llegada de todos los puertos del planeta impregnó su lenguaje con expresiones tales como:
'Yo los colgaría a todos, señor' o 'Le cortaría los dedos' que no se ven repetidos por otros personajes, ni siquiera masculinos, del Diario del famoso naturalista inglés.

Ese barrio del puerto ha sido descripto por Love en su libro Cinco años en Buenos Aires vistos por Un Inglés el cual refiere que estaba poblado por marineros borrachos de todas las naciones "que llenaban los burdeles por la noche y danzaban al compás del violín y de la flauta causando asombro a las chicas criollas". La fonda de doña Clara, o Clara la inglesa, se encontraba en la calle 25 de Mayo, entre Piedad (Bmé. Mitre) y Cangallo. Era casa de altos y la alquilaba a doña Francisca del Prieto y Pulido según se desprende de un aviso que esta señora hace publicar en El Argos poniéndola en venta.

En el año 1816 el gobierno la exonera por un año de la contribución de 5 pesos que le corresponde pagar "en razón de una posada que tiene abierta en esta capital". El fundamento es: "servicios particulares que ha hecho al gobierno". Por las acusaciones que hace el Encargado del gobierno norteamericano Forbes, y por otra documentación, podemos sospechar cuáles eran tales servicios.

En uno de sus informes a John Q. Adams, en donde trata de desalentar la candidatura de Cecil Rodney para sucederle en el cargo ante nuestro país, afirma que éste tiene "vinculaciones políticas inconvenientes" y lo acusa de tener a "doña Clara alias Mrs. Clarke" como "su mejor informante". A continuación enumera los antecedentes penales de la inglesa incluyendo el detalle de haber ayudado "con sus propias manos a ultimar al capitán" a que ya nos hemos referido al comienzo. Este oficio de informante -típico de los dueños de posadas y fondas- de que es acusada doña Clara, puede parecer exagerado ya que Forbes no es nada prudente en los juicios que vierte en sus informes. Sin embargo, en un expediente criminal sustanciado por Díaz Vélez, jefe de policía del general Pueyrredón, doña Clara aparece como 'soplona".

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Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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