Historia y Arqueologia Marítima

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Las naves argentinas que participaron del combate de la Vuelta de Obligado

por Osvaldo Carlos Sidoli

La Vuelta de Obligado La Accion de Obligado El Periodismo y el Prestigo Argentino
Despues de Obligado Los buques Argentinos Bibliografía

El periodismo y el prestigio argentino 

            Tomás Guido, representante de la Confederación en Río de Janeiro, se apresura a escribirle a San Martín con noticias sobre Obligado, y el Libertador le contesta en mayo de 1846. “Ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué iniquidad! De todos modos, los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depara el destino, que en íntima convicción no sería un momento dudosa a nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la nuestra emancipación de la España”

            En “La Gaceta Mercantil”, decía días después de la batalla, su editorial: “El territorio argentino ha sido atacado por las fuerzas anglo-francesas sobre las márgenes del Paraná. La poderosa artillería de las escuadras combinadas ha destruido en ocho horas consecutivas de vivo fuego nuestras baterías servidas por artilleros y soldados improvisados cuyo valor heroico no han podido abatir los invasores a pesar de la inmensa ventaja de sus fuerzas y el valor y la intrepidez que han demostrado en el ataque… Esta memorable jornada ha multiplicado nuestras fuerzas. El país, inflamado por un sacudimiento glorioso, despliega el más heroico entusiasmo”.  

            El 23 de marzo de 1846 tiene lugar en la Cámara de los Lores una interpelación al primer ministro, Sir Robert Peel, que se vio en graves aprietos para tratar de explicar lo inexplicable. “ todos sabemos que el comercio inglés –dijo en esa sesión el vizconde Palmerston, representante opositor- ha sufrido considerablemente con motivo de las medidas adoptadas por el gobierno inglés para poner término a la guerra entre Buenos Aires y Montevideo. El lenguaje del gobierno cuando se lo ha interrogado sobre estos negocios ha sido de paz; pero los actos de nuestras autoridades en aquellos puntos han sido ciertamente actos de guerra. En primer lugar un bloqueo; en segundo lugar desembarcaron fuerzas inglesas en territorio argentino y asaltaron baterías; hubo después captura de buques de guerra argentinos y un aviso para la venta de esos buques como tomados en una guerra. Quiero saber, pues, si estamos actualmente en guerra o no con Buenos Aires. Si estamos en guerra con Buenos Aires, este hecho no se ha comunicado. Si estamos en paz con Buenos Aires, ¿Cómo pueden conciliarse estas medidas de guerra? ¿las ha aprobado Su majestad?

            Otro eminente parlamentario, lord John Russell, completó el acorralamiento al ministro: “La venta de barcos de guerra apresados es una medida de fuerza que no puede verificarse sin una orden en consejo, u otra providencia que autorice al almirante a proceder así. Lord Aberdeen ordenó en sus instrucciones que desembarcaran fuerzas solo para ocupar cierta isla, o para la seguridad de las fuerzas combinadas y buen éxito de la expedición. La latitud que se dio es grande y conviene que la cámara sepa a que respecto eran necesarias las operaciones militares”

            Peel no tuvo argumentos: en efecto, había dado a Mr. Ouseley instrucciones que lo autorizaban ampliamente a emplear medios coercitivos. Pero en esa apurada situación, desmintió esas instrucciones y cargó sobre el almirante el peso de la responsabilidad. “Quería encubrir –dice Saldías- el fracaso de sus planes colonizadores en el Río de la Plata”. En la desesperación, ante la imposibilidad de responder concretamente, apeló a un argumento pueril: el coraje de los soldados de Su Majestad ha quedado reconocido. De todos modos, prometió restablecer la paz y dar información inmediata a la Cámara. 

            La situación en Inglaterra determinó el envío de Mr. Hood para tratar con Rosas la paz a cualquier precio. Lo paradójico del caso es que al llegar el nuevo enviado a destino, el conflicto no lo tiene con Rosas ni con Oribe, sino con los almirantes Ouseley y Deffaudis, verdaderamente interesados en la continuación de la guerra. La clave de este aparente enigma nos la da “La Presse” de París, donde Emilio Girardín hace una revelación que no deja de ser sensacional: “Mr. Deffaudis no quiso comprender y quizá, fuera de los motivos políticos, tenía para ello excelentes razones. Había dado el 30 de mayo de 1846 su garantía a un empréstito de 60.000 pesos hecho por el gobierno de Montevideo a la compañía inglesa que explotaba esa ciudad; y la conclusión de la guerra, haciendo desaparecer el gobierno intruso, dejaba al descubierto la responsabilidad del ministro. Mr. Ouseley, que había contraído el mismo empeño, apoyó a Deffaudis”. A esto quedaba reducida “la causa de la humanidad…”. 

            Pero los compromisos y los intereses de Ouseley y Deffaudis habían ido muy lejos. Tanto que desacataron a Mr. Hood –que ya había llegado a un acuerdo con Rosas y Oribe, según sus instrucciones- y lo embarcan de regreso a Londres.  

            “El Tiempo”, “El Diario” y “El Araucano”, de Chile, expresaron reiteradamente su simpatía por la Confederación, considerandola defensora de la soberanía de América. “The Journal of  Comerse” de Nueva York comentaba la adhesión que en Estados Unidos evidenciaba la opinión pública hacia Buenos Aires. El “The New York Sun” del 5 de agosto de 1845 manifestaba su apoyo al gobierno argentino y a sus gobernantes. En parecidos términos se manifestaban “The Daily Union”, “The Semy Weekly Union”, órgano oficial de Washington, “The Advertiser” de Boston, “The Morning Chronicle” de Londres, “Le Journal des Débats” de París, “Le Courrier du Havre”, y muchos otros. Prácticamente, toda la prensa de América Latina, con la sola excepción de la que dirigían los unitarios emigrados, que festejó constantemente la agresión anglo-francesa a su propio país. 

            Pero pongamos las cosas en su justo punto: muchos de estos diarios –sino todos- estaban subvencionados por Rosas a través de las legaciones argentinas en Washington, Río de Janeiro, Londres y París. El Restaurador, que sabía de la importancia de la acción psicológica y no ignoraba lo que vale una buena imagen  en el exterior, se cuido de enviar copiosos giros a sus ministros diplomáticos para que estos ayudaran a que la posición argentina se difundiera y explicara a través de la prenda favorable.
 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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