Historia y Arqueología Marítima

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ACTIVIDADES MARITIMAS EN LA PATAGONIA DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

1765 - Relato del naufragio del registro Purisima Concepcion y construccion de la goleta Nuestra Real Capitana San José y Las Animas puesta en gradas en Tierra del Fuego en 1765

 

EL NAUFRAGIO

Desde el cabo de Santa Inés — "El de la ballena varada en tierra" , como Diego Ramírez la nombró en 1619 — la línea de costa que sigue hacia el sudeste exhibe algunos montes arbolados, cosa que no deja llamar la atención del que viene barajándolas desde el Norte. Como es alta, limpia, de aguas naturales profundas y la naturaleza la dotó de las buenas balizas naturales de Monte Orozco y Tres Hermanos, los buques no temen recostarse a ella, hasta avistar Cabo San Diego, del que es prudente abrirse al estar a cuatro o cinco millas de distancia.

Pero una cosa es cerrarse a tierra y otra, por cierto muy distinta, llevársela por delante, como casi ocurrió con el navio "Purísima Concepción" que, bajo el mando del capitán Curruchea (Los nombres del capitán Curruchea, del escribano de la Molina y del capellán Juan de Camiruaga son los únicos que figuran en el documento que hemos seguido para el presente artículo. (Archivo de Indias. Sevilla. Audiencia de Buenos Aires. Expedienta a instancias de partes-Año da 1771 a 1776. Estante 124. Cajón 1. Legajo 14, incom) babía salido de Montevideo el 6 de diciembre de 1764, conduciendo caudales reales de Buenos Aires al Callao, amén de 197 hombres de tripulación y pasaje. Naufragio este, según veremos, doblemente histórico, porque dio lugar a la construcción del primer buque en nuestra Patagonia y a las expediciones del teniente de fragata Manuel Pando, de cuyos resultados y peripecias, algunas gráficamente expuestas por el piloto Berlinguero, nos ocuparemos en otra oportunidad.

A juzgar por el parte de navegación, probablemente del primer piloto, cuya copia — infelizmente fragmentaria — pasa a ser propiedad del Archivo del Servicio Hidrográfico, el navio venía navegando sin observación el 9 de enero de 1765, por lo menos, desde la víspera del naufragio, y con una latitud estimada, a cero horas de 53° 37'. Como el capitán juzgó encontrarse bastante alejado de tierra, ''ordenó gobernar al S.S.O. procurando descubrirla durante el dia, pero no habiendo podido conseguirlo a las ocho de la tarde, se atravesó para sondar, hallando las 58 brazas", manteniendo luego el rumbo que no creyó conveniente enmendar durante la noche. Entregó la guardia de retén al segundo piloto, con la consigna "de sondar de dos en dos horas", como lo hubiera hecho cualquiera de nuestros comandantes, pero. . . se fue a dormir , en contra de lo que la experiencia aconseja en noches de recalada.

No marcharían muy bien las cosas a bordo de la Purísima, cuando el piloto, sin haber cumplido la orden y picada la hora por la última ampolleta de su cuarto, dejó a su vez la guardia al contramaestre y pilotín; concepto práctico, atendiendo a aquello de que en asuntos de navegación, "Contramaestre y Pilotín uno valen", pero que, en realidad, obedecía a otra causa : la de que el capitán en lugar de levantarse a las doce, no se recordó hasta la una y media", en que el último de los nombrados lo llamó.

Cuando subió sobre el alcázar, consta que preguntó lo que los capitanes, a corto intervalo, cuando está por avistarse tierra: ¿Cuándo dio la sonda? Recibiendo por contestación la que pueda dar un inexperto y mal oficial sorprendido en falta:
Que el que le había entregado la guardia no había sondado , omitiendo, como claro queda expuesto, el decir por qué no lo había hecho él en su defecto.

En tal estado, el capitán Curruchea, que tal vez se sintiera tolerante por no haber acudido a su puesto a la hora en que se le llamó, disimuló la falta del pilotín — y la suya propia — mostrándose confiado y bondadoso, ordenando que antes de preparar la sondalesa y amurar el trinquete (venda en los ojos de los buques a vela) se diese de beber a la gente.

¡Cara le resultó la cañita aquella! En esos instantes, la tierra, parapetada en las tinieblas, preparaba a sólo dos cables de distancia la sorpresa. Avistada de improviso, se abandonó la sonda y maniobra del trinquete para tratar de derribar. . . Pero ya era tarde.

El temor de tripulantes y pasajeros, que se lo traían ceñido al cuerpo desde que se sabían cerca de Le Maire, se trocó en consternación general al producirse la varada. A partir de entonces, claro que se hizo todo lo que la experiencia aconseja para casos tales: aferrar el paño. . sondar. . . arriar luego una lancha. . . ya tender un ancla por la popa llamando el buque a mayor agua, maniobra esta última que se hizo "con alguna fatiga por el susto y aflicción en que se hallaba la tripulación."

Para mal de sus desdichas — cosa que no podía dejar de ocurrir — l7a marejada tocaba el navio y a nosotros nos arrancaba el corazón". Aligerado el buque y con todos los tripulantes y pasajeros repartidos en espías y cabrestantes se intentó la zafada, la que en verdad se produjo con la ayuda más callada y poderosa dé la marea. Pero con la zafada, vino lo otro; la mayor entrada del agua a bordo al punto que, a pesar del trabajo de las cuatro bombas, no se conseguía hacer disminuir el nivel de nueve pies que se mantenía en las bodegas. Puesto el buzo en funciones, comprobó un desgarrón de la tabla de quilla, no restando en consecuencia, más recurso que embicar la nave, preparándole su mortaja, a fin de asegurar — habla el autor del diario —nuestras vidas, como también el bastimento con ánimo por entonces de morir en tierra  — cosa esta última que se hace con o sin él cuando el último tramode la ampolleta de la vida cambia de cono — corriendo el riesgo de que jamas hubiese noticias de nosotros'.

EN TIERRA
Lo que luego siguió fué también lo obligado: tratar de salvar la gente y los víveres necesarios para iniciar la vida en tierra. Para lo primero, echaron abajo los palos de la "Concepción', haciendo "una jangada con los masteleros, vergas, respetos y botalones" en la que embarcó gran parte de pasajeros y tripulantes; y para lo segundo, se cargó la lancha de bizcochos y armas, "recelosos de que hubiera indios en la isla , pero hubo de regresar a bordo sin haber podido desembarcar, atento al mal estado de la playa, en la que corrieron el riesgo de perderla, "lo que nos hubiera totalmente inhabilitado y reducido acabar nuestros dias entre bárbaros en un miserable estado".

Luego de algunas tentativas y trabajos que sería de excesiva prolijidad- relatar, una de las cuales fué que la jangada estuvo a punto de deshacerse — impulsada contra las rocas de una punta, por fuerte corriente y mar — y después de una noche, que para los que no habían podido desembarcar no fué de angustiosa zozobra y para los de tierra de no menores sufrimientos, pues la pasaron mojados y llenos de miseria sin poder sosegar asi por el mucho frió como temerosos de que de repente fuesen asaltados por los indios , llegó la luz del nuevo día y con él se reinició el desembarco. Ciento noventa y siete náufragos, con escasos recursos, tomaron así posesión efectiva de la parte de costa, que al Norte del Cabo de San Diego, tira en dirección Este-Oeste, contando, para reunirse con el mundo civilizado, con la sola ayuda de una lancha. Pero digo mal, porque con algo más contaban : con el conocimiento ole las cosas de su profesión — por parte de los tripulantes — y con el esfuerzo de sus brazos. El buque, cuyos restos tenían ante su vista y los bosques a sus espaldas les darían, en cambio de marineros empeños, los elementos suficientes para la construcción ole una nueva nave destinada a poner en lugar seguro a cerca de doscientos hombres. ¡Empresa digna de un astillero!...

¿Cuál fué el lugar en que se asentó este pueblo de laboriosos náufragos? Lo dice el documento que tenemos a la vista: "era un Puerto en que la mar estaba mui vella, como que parecía una Bahia mui hermoza con una entrada mui angosta y abrigada por todas partes.." Y más adelante aclara en forma decisiva: De los Tres Montes, tan conocidos en la parte oriental de Tierra del Fuego con el nombre de Tres Hermanos, el de el medio hace fondo del dicho puerto , fijándole sus límites con las siguientes palabras : "por la parte del E. le abriga el hermano mas oriental, aunque no baja hasta tan cerca del Puerto como el otro, sino hay un pedazo de tierra antes de llegar a la falda, de dicho cerro y por la parte occidental asimismo está abrigado por una loma alta que desciende con un bosque mui frondoso hasta el mismo bordo del agua..." (El croquis que se acompaña de las proximidades de Monte Tres Hermanos es exacto, aunque agregado por el autor de la acotación.).

A esa caleta pusiéronle los náufragos el nombre de Puerto de la Consolación, que creemos de justicia conservar, tanto por el ejemplo poco común dado por aquellos marineros españoles, dignos herederos del espíritu de mar de los descubridores, como por lo que significa el exhibir ante la vista de las generaciones que han de sucedemos un esfuerzo que, hasta el presente, no hemos imitado, a pesar de la riqueza y perfeccionamiento que en otros muchos órdenes de la vida nacional habremos acumulado.

Pasaremos por alto los mil inconvenientes derivados del frío del lugar, carencia de elementos y las continuas lluvias que por entonces se sucedieron. Baste decir, que con las velas, palos y vergas salvados — como ya expusimos — formaron unas cuantas barracas para depósitos de los artículos retirados de la Concepción y alojamiento de oficiales, pasajeros y tripulantes. La disciplina de estos últimos, en los primeros días, parece que dejaba mucho que desear, evidenciada en las palabras siguientes del diario : tuvimos varias desazones con la tripulación por los latrocinios que cometieron abriendo a discreción baúles, papeleras, cajas y cuanto encontraban a mano, sin reservar bastimentos, lo cual nos era muy sensible por el daño que se seguía en común . Y más adelante, refiriéndose a las armas y temor que les inspiraba la vecindad de los indios, agrega : que de unos y otros era preciso vivir con cautela, advirtiendo que algunos cantaradas se apropiaron para sus barracas todos los sables y pistolas y algunos fusiles con segunda intención pero que, después que se dio la providencia de hacer el barco, se sosegaron unos y otros". He aquí expuesto en este último párrafo el secreto y verdadera clave de la disciplina marinera: el trabajo. . . Con éxito o sin él ¡bien estaba sólo el intento de construir la nave!

PRIVACIONES Y ABUNDANCIAS
No deja de tener interés el dar a conocer la vida llevada por los náufragos en el Puerto de la Consolación. Días de privaciones los más, de abundancia algunos, todos de incierto porvenir. . . El diario que acotamos nos dice que desde la llegada a tierra se arreglaron los ranchos de a doce hombres cada uno con su Cabo para la distribución del trabajo y Comidas , la que era condimentada una vez cada veinte y cuatro horas en un caldero, la misma para, todos, de capitán abajo, y que consistía un dia en un plato de frixoles y otro dia de mais siendo la ración diaria de pan, de una galleta. Además, todas las mañanas, como era de práctica por entonces, alábasele a la gente un trago de aguardiente.

La tierra les brindaba no sólo 'la madera para la fabrica de la unica esperanza" , sino también algunos alimentos, "como apio para el caldero, berros y achicorias amargas para ensaladas"; frutas silvestres, como "una especie de ubas de corintho, que crecían en unos arbolillos como de parra"; fresas o frutillas sin semillas, o lo que más de su agrado era, unas "moras grandes de zarzas", y, finalmente, una variedad de trigo "cuyo grano es más delgado y mas largo, que a fines de Marzo está maduro".

A veces cazaban patos y chorlos, y de tarde en tarde becazinas, tordos, jilgueros y otros pájaros y de los que no vuelan. . . el pájaro niño o pingüín, y hasta la carne de lobo, a la que, según parece, se aficionaron. En los primeros tiempos cuenta que había mariscos en la playa, pero aquéllos fueron mermando en atención a la cantidad de "mariscadores", y consistía en erizos, lapas, almejas y mejillones. Cuando el hambre apretaba, comían "diversas clases de zargazo (cachiyuyo) tostado o cocido con sebo." Fué de memorable recordación para estos pobladores, el milagro ocurrido el día "del glorioso Apóstol señor San Matías ( El día 24 de febrero ea el de San Matías, siempre que el año no sea bisiesto. Si lo fuera, como cuando se descubrió S. Matías— que ya hemos dicbo es Golfo Nuevo --- entonces ese santo caería en 25, por aquéllo de "San Matías, marzo al quinto día"  como a los historiadores enseña un refrán popular de Andalucía.) cuando después de transcurridos días de gran necesidad, tuvieron la particular complacencia y gusto de habernos favorecido Dios con toda la playa llena de sardinas hermozas y frescas, varadas con algunas pescadas, de manera que no quedó ninguno en el real que a esta novedad no acudiera a recojerlas y por cualquier parte de este pueblo no se encontraba otra cosa que un puro freidera de pescado y parillas llenas de sardinas asadas como que a cada individuo encontró con muchísimo hambre y necesidad, pues la cernida, de 24 en 24 horas, de un poco de mais cocido y frijoles con una galleta, tenian a todos consumidos".

LA CONSTRUCCIÓN DE LA GOLETA
El día 13 de enero, tercero a partir del naufragio, sin recordar que era domingo y mucho menos 13, se dio comienzo al desmonte y corte de madera para la construcción de la nave salvadora y su grada. La proyectada fué una goleta (Embarcación fina y rasa, que arbola dos palos y velas cangrejas. Tal vez llevara ésta a que nos referimos, una vela volante o de fortuna para aprovechar el viento en popa como era frecuente ) por "ser mas cómoda y de pronta maniobra en la navegación . Como tal, arbolaría palo mayor, trinquete, bauprés y botavara, que no eran sino: la verga mayor, la del trinquete, gavia y mesana, respectivamente, del buque náufrago, cuyas veías cangrejas no se cortaron basta estar flotando la embarcación y afirmados los palos.

Sus características fueron:
Eslora 28.5 codos equivalentes a 16.36 mts. (El "codo tiene 574 mm2)
Manga 9 id. id. 5.10 id.
Puntal 4 id. id. 2.30 id.
correspondiéndole en consecuencia, para un coeficiente de fineza medio, un desplazamiento de 75 toneladas, casco, por cierto, insignificante, comparado con la tripulación destinada a conducir, pero grande, si se tiene en cuenta los exiguos recursos de los constructores.

Fué tal el tesón con que se emprendió la obra en el improvisado astillero, que al terminar la primera semana, estaba lista la grada para la goleta y las piezas de quilla, roda, codaste y cuadernas. La primera de las nombradas se construyó con "un mastelero de gavia de respeto de la (concepción , celebrándose el domingo 20, la primera misa "con particular gozo de todos, habiendo asistido a ella parte de los indios, unos de rodillas y otros sentados con mucho sosiego". Antes de terminar el mes, habían sido paulatinamente presentadas las anteriores piezas y terminados los planes, branques, piques y varengas. Pero ninguno de estos acóntecimientos causó mayor alegría que un hallazgo providencial del ex carpintero de la "Concepción que Dios quiso trajera de a bordo una sierra grande para cualquier madera".

A mediados de febrero — o sea al mes de iniciarse los trabajos — estaba armado el casco, con todos sus baos, yugos y buzardas ; empernada la sobrequilla; asentados los palmejares; puestos los trancaniles ; concluida la colocación de la cubierta, y preparadas las tablas del costado. De la arboladura iban quedando totalmente listos el palo mayor y el bauprés mientras que, con los trozos de jarcia inútil, se hacía estopa para calafate. "A esta altura, (Por esos días se produjo el milagro do las sardinas.) los operarios habían caido mucho de sus fuerzas, asi por la continuación del recio trabajo como por el escaso alimento", lo que no impidió que el 4 de marzo se hubiera entablado y calafateado el costado, faltando algunos remates de la borda, toldilla y timón.

Como la falta de clavos, o simplemente de hierro, se hacía sentir amenazando paralizar las obras, dedicóse el mayor número posible de gente a juntar, para una hoguera que se levantaría en la playa, los trozos de hechazón y deshechos del navio, y "en menos de dos dias quedó reducido todo a ceniza y por consiguiente la playa abastecida de fierro para escojer con abundancia", proporcionándose así pernos y hembras de timón, de los que tanto necesitaban.

Para mediados de marzo, el trabajo de los carpinteros de ribera estaba prácticamente terminado, cosa que también ocurría con toda la jarcia y aparejos de buque. Por esos días tuvo lugar un acto de fe digno de darse a conocer con las palabras del autor del diario. Consistió en hacer "dos viajes a la playa (La playa a que ahora se refiere este párrafo es la que utilizaban para el desembarco de los efectos de la Concepción , de la que estaba algo alejada la del varadero. ) por común consentimiento de todos, sin excepción de persona, en comunidad y con mucha devoción rezando el Rosario por nuestro Capellán, a conducir toda la clavazón que cada uno, según sus fuerzas podia cargar, con acuerdo a que deberla servir de lastre y llegados a salvamentó, su producto dedicado para sufragio de las Animas del purgatorio".

 El 18, aprovechando un día claro, fresco y viento del S.O., se realizó con toda precaución, la faena de calentar el casco para darle una mano de betún, mezcla de brea y sebo, para impermeabilizar y protejer la carena, y durante lo poco que restó del día, se preparó todo lo concerniente para el lanzamiento fijado para el siguiente, a las tres de la tarde, hra de la pleamar, tendiéndose un anclote por la proa del buque, cuya guindaleza se empalmó a varios aparejos reales, afirmados a bordo para halar por ellos, contándose, como de suponer es, con otro de retenida trabajando en contra por la popa.

EL LANZAMIENTO
El día martes 19 de marzo, correspondiente al magno acontecimiento de honra y premio a los afanes de tan tesoneros como mañosos constructores, fué como correspondía, "claro, benigno y hermoso. . ." A la solemnidad del acto se asoció la celebración del Oficio divino, al término del cual "se tocó la Campana a Comunidad, para ir juntos en procesión cantando las letanias de la. Virgen al astillero, a bendecir y baptizar "NUESTRA REAL CAPITANA SAN JOSEPH Y LAS ANIMAS ALIAS DEL BUEN SUCESO", procediendose luego al lanzamiento".

Todo estaba listo. Encerada y aplanada la grada en toda su extensión, tesos los aparejos para iniciar el lanzamiento al primer esfuerzo, apuntalada a las bandas la goleta, pero... "la confianza, que es la causa primera de nuestra pérdida — dice filosóficamente el autor del diario — malogró el primer intento. Una de las cuñas que afirmaban los puntales que la soportaban por estribor, se corrió, originando la tumbada de la embarcación, no sin producirse en ella algunas averías.

Este traspié fué, sin embargo, subsanado con varias horas ole trabajo por parte de los carpinteros de tal suerte, que a las diez de la noche estaba nuevamente lista para el lanzamiento. Al día siguiente, mediando alguna "discordia entre los Maestros sobre el modo conque se había de echar al agua", se apuntaló nuevamente la goleta, y a las tres de la tarde su casco se deslizaba gallardamente sobre la grada, cuando de pronto, acelerando excesivamente su velocidad — libre de sus retenidas de popa — se paró reciamente, estando su proa a corta distancia del agua. La aflicción, bien que momentánea, que esto produjo y la situación general por que atravesaban los náufragos la traducen las siguientes palabras del diario: este accidente consternó enteramente a todos, contemplando que su pérdida ocasionaba la nuestra por causa de la estación abanzada, pocos bastimentos y la gente aniquilada y sin fuerzas para demorar mas tiempo, pero no permitió Su Majestad Divina dejarnos sin conzuelo, aunque todos quedamos turbados en aquel trance, por el peligro en que estaba la embarcación y su quilla a riezgo de partirse por medio".

Estos segundos, elocuentes y eternos, porque así son los que la duda y el temor nos brindan, debieron en verdad ser de dura prueba, pero, afortunadamente, lo ocurrido tenía remedio. Se trataba de un defecto en la grada, que había producido la frenada y fué reparado. En cuanto al lanzamiento, como el anclote estaba ya cerca y el esfuerzo que añora debía ejecutarse había aumentado, aquél no podía dejar de garrear, por lo que se determinó botar la goleta "a fuerza de golpes de cuña, ayudando al mismo tiempo toda la gente de espaldas, haciendo hincapié por la popa". Fué así como, con sobresalto y esfuerzo, terminó lo que en la misma forma comenzóse. Aquella tarde del 20 de marzo de 1765, "Nuestra Real Capitana San José y las Animas del Buen Suceso", flotaba marcando con su proa el monte central de Tres Hermanos y el fagus antártico de nuestra Tierra del Fuego recibía el beso cariñoso de aquel mar que no ha vuelto a ofrendarlo en pago de obra tan fecunda. Y así también, fondeada aquella tarde frente a las barracas del pueblo náufrago de la Consolación, le fué dado escuchar la acción de gracias de tan esforzados marineros finalizada con las voces del Ángelus, mientras el ronco son de la resaca modulaba un himno de esperanza.

ÚLTIMOS PREPARATIVOS Y PARTIDA DE LA GOLETA
Con el optimismo que el lanzamiento de la embarcación engendraba, se activaron los preparativos para el viaje al Río de la Plata. Al día siguiente, se procedió a armar una cabria que sirviera para izar a bordo y guindar los palos, que luego fueron calzados en sus carlingas y acunados a la cubierta, encapillándose la jarcia, envergándose las velas de mayor trinquete y los dos foques, sin descuidar el aprovisionamiento de agua y víveres para la travesía, los que consistieron en " 52 tercerolas de agua, 31 sacos de pan, 17 barriles. de carga con carne salcochada — por si fuera imposible cocinar durante el viaje — 4 idem de perdices y chorizos y 9 de vino y aguardiente, que es lo que se reservó para el viaje".

El día 31 se produjo un incidente digno de mención : la decisión de la Plana Mayor y tripulación de la goleta ( Es importante consignar, que esta goleta era un poco menor y desde luego menos sólida que las que para Tierra del Fuego construyeron los capitanes Nodal. Si aquéllas conducian cuarenta hombres ¿cómo podrían embarcarse en esta otra cerca de doscientos? ) llevada ante el escribano Eusebio de la Molina, que transcripta dice: "que habiéndose construido la goleta con el trabajo respectivo de cada uno, de la madera que se cortó en el Monte para su ligazón y de los fragmentos del navio, como son clavazón, tablas de jarcia y demás pertrechos de que se componía, y por lo mismo estar ciertos y sabedores del derecho que les asistía a la citada embarcación, todos de común acuerdo renunciaban y cedian al combento de nuestro Padre San Francisco de la Ciudad de Montevideo, en obsequio del Señor San Joseph y sufragio de las Animas Venditas del Purgatorio, con todos sus pertrechos y la corta parte de lastre de fierro que se condujo en dos ocasiones de la playa en procesión para sufragio de las dichas Almas, haciendo voto solemne ante dicho Escribano de llevar a devido efecto esta renuncia, luego que Dios fuere servido, dejarnos llegar a algunos de los puertos del Rio de la Plata, y que si por algún aconsentimiento tuviese efecto quedase el dicho a sailbo para repetir ante quien hubiese lugar".

El 1.° de abril se procedió, por ranchos, al embarco de la gente, produciéndose algunos inconvenientes, porque aquellos "querían llevar cada uno un saco grande", con sus efectos personales, cosa que no permitía el reducido desplazamiento de la goleta, teniendo en cuenta la cantidad de personas a conducir, pero — "viendo que de esta suerte no cabía la mitad de la tripulación, se le minoró, arrojando al agua todo lo que era superfluo".

Antes de emprender el viaje no podía faltar la Orden de Buque, sabia y prudente ésta, como podrá juzgar el náutico lector, y que, por cierto, no dejaremos de dar a conocer íntegra y literalmente, omitiendo nuestros propios comentarios para no alargar en exceso este relato.

Dice el diario:
"Deseando evitar todo discordia, falta de unión y buena  armonía, tan conveniente a nuestro éxito, que debíamos guar dar con tanta gente en tan pequeña embarcación, en todo lo  que se pudiera ofrecer, fueron leídos por nuestro Escribano a los oficiales y tripulantes los artículos siguientes:

1º  Que teniendo ya habilitada dicha goleta, nos habíamos de hacer a la vela al primer buen tiempo, dirigiéndonos al Rio de la Plata, el que debíamos preferir por todos los motivos en primer lugar el puerto de Buenos Aires y en segundo la Ensenada de Barragan y en su defecto por causa de viento  contrario Montevideo, o Maldonado, prefiriéndolo siempre  según el orden referido en lo que el tiempo permitiese a menos que la contrariedad de viento por el Norte u otro accidente inopinado nos obligase a tomar resolución a pasar por el estrecho de Magallanes cuya determinación en tal caso se tomará con acuerdo formal de oficiales pasajeros y principal  gente de mar, y en este segundo caso procuraríamos uno de los puertos de Chile como es Chiloe o Baldivia".

2º Que en la embarcación durante el viaje debíamos conservar una buena unión y hermandad sin pretender la igualdad que algunos ignorantes habían proferido en aquel decierto, teniendo presente que la igualdad se debía entender en orden a la ración y demás conducente a la humanidad que es común a todos sin confundir esta con la condición de personas y justa subordinación a que ademas de ser absolutamente necesaría a la común conservación estaban obligados, bajo la pena que el incurriese en la falta seria acusado al juez ante quien se debían presentar a dar cuenta del desgraciado subceso".

3º Que siendo la embarcación pequeña para contener cerca de 200 personas, tanto para las guardias como para los alojamientos y distribución de ración, toda la gente se dividiría en quadrillas de a doce hombres con su cavo que se le alojaría donde se les ordenase sin alteración ni disputa, bajo la pena de ser acusados de inovedientes.

4º Que pudiendo haber entre mucha gentes algunos de malas inclinaciones cuyos atentados no pudieran ser muí perjudiciales cualquiera que fuese convencido de haber barrenado alguna basija, o robado cualquier parte de víveres, " o se le encontrase canuto vaina, u otro instrumento de beber por fraude, seria castigado con la suspensión de la ración del dia, y prohibición de entrar bajo de cubierta por el término que se tuviera por conveniente".

5º El que por fraude le privase a su compañero de cualquier cosa de alimento que tuviese reservado de su ración, se les suspenderá la mitad de la suya por tres días".

6° Cualquiera que bajo cubierta cometiese algún desacato que pudiese perjudicar a la salud, no teniendo indisposición que lo impida salir a sitios señalados, para el fin tendría la pena detestar sobre cubierta tres dias con sus noches'.

7º Si durante el viaje la falta de víveres, de aguada u otra cualquier urgencia nos obligase a abordar a algún puerto o ensenada o costa, las quadrillas que tuviesen gente mas propia, hasta el numero que se ordenase, deberían ir a solicitar nuestro remedio y si hubiese discordia sobre las quadrilias que se debían desembarcar se decidiría echando suertes entre las que tuviesen gente mas apta para diligencia sin que en este sorteo entrase la gente inútil para el efecto, bien entendido que los que fuesen deberían hacer todo lo posible y trabajar para la común conservación sin aplicar a su particular la menor parte de lo que fuese alimento, bajo la pena que el que incurriese en esta falta de humanidad seria excluido de la compañía y abandonado en la misma tierra".

8º Que el que en la embarcación fuese sedioso, revoltoso, maltratare, amenazare con arma, o en efecto le hiciese a otro daño, respeto de no tener prisiones con que conducir a entregar con la correspondiente seguridad seria asi mismo abandonado en la primera tierra si fuese antes de llegar a puerto, quedando no obstante la facultad en el Capitán para que pudiese usar su clemencia según la inocencia del caso".

9° Que el que fuese convencido de haber levantado falso testimonio a otro, tendría la pena correspondiente a la culpa que imputase".

"Los nueve artículos antecedentes fueron leídos por el infrascrito Escribano hoy día de la fecha a bordo de la goleta nombrada "San Joseph y las Animas" estando ya para hacerse a la vela, a toda la gente de mar, y demás individuos de que quedaron enterados y para que constase dio fe a 1.° de  Abril de 1765".

La zarpada de la goleta se produjo a las dos horas treinta del día 2 de abril, remolcada por la lancha, cuya dotación bogó con firme brazo la milla y media que separa el fondo de la playa de la caleta de sus puntas exteriores, las que prudentemente rebasó, quedando en franquía a la disposición de un bonancible N. O. acompañados, hasta que se perdieron de vista, de las demostraciones de amistad y cariño de los indios que quizás, desde lo más intimo de sus conciencias infantiles, envidiaban la obra de los que durante ochenta días, compartieron con ellos, en armoniosa paz, los frutos e inclemencias de la tierra.

Excepto tres de los antiguos pobladores blancos del astillero y puerto de la Consolación, que fallecidos en el viaje fueron echados a la fosa común de los marinos, todos los restantes llegaron a Buenos Aires, como en otro brevísimo documento consta.

¿Fueron muchas las vicisitudes que durante el viaje tuvieron aún que soportar? No lo dice el diario fragmentado que hemos seguido, aunque así lo suponemos. ¿Le fueron propicios los vientos de nuestra costa patagónica y comportóse marineramente la "Nuestra Real Capitana San Joseph y las Animas del Buen Suceso" — de más nombre que eslora? - Tampoco podríamos asegurarlo, aunque ambas cosas se lo merecían sus avezados y valientes tripulantes. Pero. . . bien pensado ¿qué podía significarles a tales hombres el mal tiempo?

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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