Historia y Arqueología Marítima

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ACTIVIDADES MARITIMAS EN LA PATAGONIA DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

1766 - Los viajes del Tte de Fragata Manuel Pando a la Patagonia

Antecedentes de su Primer Expedicion

Los informes y relatos sobre lo sucedido en Puerto Consolación — que hemos identificado con Tres Hermanos — debieron ejercer notable influencia en el ánimo de las autoridades de la metrópoli, cuando enterado el Rey de lo ocurrido, consideró la conveniencia de mantener en aquellas elevadas latitudes, una colonia y puerto de arribada para las embarcaciones, que por malos tiempos u otras contingencias de la navegación, se vieran impedidas de cruzar Le Maire o montar el Cabo de Hornos. Considerándose también la amistosa acogida que los indios de aquellos parajes dispensaron a los náufragos de la Concepción , dispúsose por real orden de fecha 2 de octubre de 1766, el envío de una expedición llamada a llevar a la práctica tan importantes objetos, cuyos gastos serían costeados de la real hacienda.

Dicha colonización se efectuaría mediante la catequización de los indios, que tan buenas disposiciones mostraban para la vida en común. El intento de colonizar la costa patagónica, puesto de manifiesto en 1745, al disponerse la expedición de Olivares, renacía trasladado algo más al Sud. El gobernador Bucarelíi, consecuente con la orden recibida trató de darle cumplimiento, ordenando, previamente, la construcción de un bergantín de 22 codos de quilla, vale decir, de parecidas características a las de la goleta construida por Curruchea, confirmándose una vez más el superior concepto marítimo de las autoridades coloniales comparadas con las nacionales que le sucedieron.

 El hecho de que dicha embarcación fuese bautizada con el nombre de "San Francisco de Paula", día en que la "Real Capitana San Joseph y las Animas", inició su viaje de
Tierra del Fuego a .Buenos Aires, y lo aproximado del largo de su quilla — dimensión básica entonces para la construcción de esas embarcaciones — nos hace suponer que alguna participación tenían en esto los antiguos náufragos de la Concepción , siendo también curioso el que tal disposición la comunicase Francisco de Paula Bucarelli el día 3 de abril — día siguiente al de aquel santo — asunto este de interés para nuestra toponimia, porque, como más adelante diremos, el nombre de este bergantín le es luego dado al Cabo.

Además del deseo anteriormente expresado, disponían las instrucciones reales el reconocimiento de la costa patagónica, en la cual suponían existiera "establecimiento de ingleses, que en realidad resultaron ubicados en Puerto Egmond, Malvinas. Para tal comisión se requería, finalmente, el nombramiento de "algún sugeto de confianza" siendo designado el teniente de fragata D. Manuel Pando, que había dirigido la construcción de la embarcación.

El susodicho bergantín se hizo a la mar, desde Buenos Aires para Maldonado la tarde del 19 de enero de 1768 y desde este lugar para el Sud el 8 de febrero siguiente. Conducía cuatro religiosos dominicos, un sargento, seis soldados de infantería y "algunos otros individuos", que no serían mucho más que los nombrados. Llevaban provisiones y los elementos necesarios para la reducción de indios, habiéndosele enterado a su comandante respecto de la conducta a seguir "en su navegación, reconocimiento de la costa y con cualquier nación extranjera que halle en la "extensión señalada a su examen".

El 7 de marzo estaban los expedicionarios entre el Cabo Espíritu Santo y el de Peña, y dice Pando, que barajando la costa descubrió una ensenada en la que determinó entrar y dar fondo", cosa que hizo en 7 brazas y a 3 millas de la playa. Al día siguiente después de echar al agua la lancha para sondar, aproximóse más a tierra, fondeando nuevamente a media milla de ella en 3 y 1/2 brazadas de agua. Como esta ensenada la sitúa por los 54° de latitud y entre los cabos Espíritu Santo y Pena, no hay ninguna duda se trate de la bahía de San Sebastián, por lo cual sería justo recordar tal hecho, dando su nombre a algún accidente de sus proximidades. Nuestra creencia es que fondeó en la parte N. de la misma, pues desde ese lugar se cumplen fielmente las palabras de Pando, de estar toda cercada por el mar".

Luego de dejar algunas órdenes a bordo, tendientes a la seguridad de la embarcación, saltó su comandante a tierra — sin armas ni escolta — para reconocer sus alrededores, regresando esa misma noche, por temor a un ataque de los indios, que en número de diez se le aproximaron al llegar al desembarcadero.
Es posible que muchos de estos indígenas fueran antiguos conocidos de los náufragos de la Concepción que, como ya dijimos, en tanta armonía vivieron con ellos, pues cuenta Pando, en su informe de viaje, "que lo abrazaron con tan grande algazara, que nadie de los que con él venían entendió palabra alguna".

Hasta el día 15 y después de haber hecho excursiones por las inmediaciones, visitando viviendas de los naturales y obsequiando a sus moradores con "abalorios, rosarios y cascabeles", decidióse Pando a zarpar para el Puerto de Consolación, que dice distaba, "de esta ensenada unas 14 leguas" , o sean unas 50 millas, que en efecto son, aproximadamente, las que separan San Seoastián de Tres Hermanos.

Un fuerte N. E. que se levantó a las dos de la tarde de ese día, le obligó a rebasar el puerto que demandaba y a las once de la noche, habiendo saltado el viento al N. O., tuvo que ponerse a la capa, hasta el amanecer en que avistó tierra, que reconoció ser el cabo de San Diego, a la entrada del estrecho de Le Maire. A la salida del sol el viento era ya de O. N. O., con mar muy gruesa, viéndose forzado a penetrar en el estrecho, por no poder dar la vuelta del Norte (bordejear ganando ese rumbo), y a las once del día 16, hallándose 12 millas al S de la bahía Valentín, se entabló del S. O. con tanta violencia, que lo sacó rápidamente de Le Maire.

Las condiciones difíciles en que se encontró, lo expresan mejor las siguientes palabras de su diario: "No es decible Exmo. Sr. lo que padecí en este paraje porque, por mi  desgracia, bajaba entonces el mar lo que me ocasionó que éste se enfureciera de tal modo que me vi sumergido por dos  veces de la manera que en la última pensé no poder salir arriba pues de cuantos temporales he pasado ninguno me ha causado mas horror que éste. Continuando el viento con misma tenacidad me precisó correr siempre con el trinquete arrizado hasta el dia 20 que reconocí las islas Malvinas y pude conseguir entrar en este puerto en el que quedo reparando las averias que ha causado a la embarcación".

Tal fué en síntesis, lo ocurrido en esta primera expedición y las causas que obligaron al teniente Pando al incumplimiento de las instrucciones encomendadas.

Afortunadamente para él, las Malvinas, que por su situación oriental con respecto a la costa patagónica, era refugio obligado de los que corrían a un largo, impelidos por los vientos del tercer y cuarto cuadrante, predominantes en esas regiones, formaban parte de la jurisdicción de Buenos Aires, ventajas marineras que, además de otras superiores de orden nacional, perdimos con la ilegal ocupación inglesa. jHe ahí el lugar más apropiado de todas cuantas colonias marítimas pudimos contar!
 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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