Historia y Arqueología Marítima

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ACTIVIDADES MARITIMAS EN LA PATAGONIA DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

1778 - Colonizacion Patagónica

 Desembarco y Asiento de la Expedicion de San José


Las tres embarcaciones que el día 7 de enero descubrieron y penetraron en la bahía de San José, fondearon en el lugar que indica la letra C. de la carta.
Después de medio día el teniente de infantería, don Pedro García, comandante del paquebot, desembarcaba en su playa para reconocer sus alrededores, naciendo lo propio, más tarde y separadamente, los dos superintendentes.
Dice Viedma, en su parte de viaje, que el terreno que
entonces conoció le pareció "mtíi árido, arenoso y que solo criaba espinas y malezas y por de contado hice juicio de ser
infructífero". Piedra, más optimista, dirá que "'SC encontró
tomillo, romero y otras yerbas aromáticas, escrementos de guanacos, carneros de la tierra, tigres y gamos y que se vieron abestruces y perdices".
Referente al nombre de San José que añora tiene esa banía, golfo mejor dicho, sólo podemos repetir que Piedra, después de haberse referido en particular al fondeadero F. de la carta, dice, "Ae puesto al Puerto el nombre de San José", que anteriormente había sido utilizado por Goicoechea para designar una punta, aproximadamente de esa latitud, en la actual península Valdez.
El 5 cambian de fondeadero — que sólo después de haber desembarcado comprendemos que nos hemos fondeado lejos — pasando al marcado con la letra D. en la carta.
Al día siguiente una partida de 20 nombres, a cargo de una clase, salta a tierra con el objeto de explorar las mme-dos que sobrevivieron al viaje — descubriendo un manantial de agua dulce. También Piedra, que había salido con idéntico propósito en el bergantín de Goicoechea — reunido el 13 a su jefe — la encontraba en unos pozos que practicaron en la playa y cuya ubicación da la letra I. de la carta.
Este último hallazgo originó el traslado del campamento al punto Y., en cuya oportunidad se produjo la deserción de 9 presos.
Efe ctuado aquel cambio (día 31) visitaban ambos superintendentes el manantial encontrado por Villanno,
cuya agua considera Víedma "mui buena y en abundancia que sale a la falda de un cerro no alto por tres manantiales y viene a desaguar en la salina", cuya superficie aprecia como de dos leguas de largo por algo menos ancho, y Piedra, rebozante de optimismo, o tal vez pretendiendo justificar el establecimiento definitivo de la colonia, afirma, refiriéndose a la misma y acortando la verdadera distancia: tres leguas
mas al S. 0. de la playa se hallaron también copiosas fuentes de buena agua conque aviendo abundancia de leña, famoso terreno, venigno clima y admirable Puerto, no quedó duda que se podría formar establecimiento con lo que quedaban logradas las intenciones del Rey".
El 8 de feb rero la resolución de Piedra estaba dada y Víedma, por mano de los artilleros, soldados y presos, daba comienzo a la construcción de reductos para la batería.
Pero la gente, que ya presentía lo que vendría más tarde, empezó a desertar. La falta de agua se aproxima, la mala calidad de los alimentos empieza a causar sus efectos. El excesivo trabajo y las privaciones engendrarán el malestar que no entiende de decisiones reales ni del bien de la nación.

RECONOCIMIENTOS ORDENADOS POR EL SUPERINTENDENTE PIEDRA

Tanto por la trascendencia que en sí tienen como por la exacta presentación de los hechos, haremos una breve reseña de las actividades marítimas a que dio origen la llegada de Piedra a San José.

El primero de estos actos lo motivó la separación ole la nave de Goicoechea que, el día 13 según dijimos, apareció en San José diciendo que "había hecho esquisitas diligencias por bolberse a unir con el convoy desde el día que se separó pero no pudo conseguirlo. Que había arribado a otra bahía en los 41 grados y medio de latitud mas abrigada y de mejores proporciones que esta: que desembarcaron en tierra y anduvieron como unas 506 leguas y que había abundancia de leña y aves pero agua por las diligencias que hicieron no pudieron hallarla".

Para comprobar estas aseveraciones despachó Piedra al teniente Pedro García, su nombre de confianza, a fin de que en el mismo bergantín de Goicoechea volvieran al referido puerto y para el que zarparon el día 14. A su regreso informó García que: "su entrada era muí expuesta a las embarcaciones respecto a tener barra y que bajamar quedaba cuasi en seco pero que en las mareas crecidas había cuatro brazas de fondo". Ese puerto resultó ser el actual de San Antonio el que, según lo dice el mismo García en su carta, recibió tal nombre "por haber entrado en este día".

El 24 salía nuevamente el citado teniente en la sumaca — porque el bergantín exigía una recorrida en las costuras de cubierta — con el objeto de reconocer el río Sauce . El capitán de aquélla — piloto de la armada, Manuel Bruñel — reclamó a Piedra sobre tal orden que, sin razón alguna, lesionaba su prestigio profesional, resolviendo Piedra que Bruñel continuara en el mando de su embarcación y que García sería a bordo un comisionado para informar de los descubrimientos que realizase.

El 3 de febrero regresaba la "San Antonio La Oliveyra" creyendo el comisionado embarcado en ella haber estado en el río Colorado y en el río Sauce, cuando en realidad, había reconocido, respectivamente, los ríos Negro y Colorado, como lo demuestra la colocación de tales nombres en su carta. A ese respecto dice "haver estado en la voca del Rio Colorado (negro) pero que no pudieron entrar por ser mui peligroso y haviendo hechado la lanchita para ir a tierra estuvieron a pique de perderse con un fuerte golpe de mar lo que les hizo volver a bordo; que consideraba no poder hacer este-reconocimiento sin dos embarcaciones menores para con la una socorrer la gente de la otra en caso de zozobrar: que pasaron a los Sauces (Colorado) y haviendo llegado a las 6 brazas de fondo no descubrieron tierra por lo que temieron seguir adelante "'.

El 12 salía, con igual comisión, el bergantín Nuestra Señora del Carmen  del mando de Goicoechea. Conducía a su bordo al piloto don Basilio Villarino como principal ejecutor de aquellas disposiciones y a quien veremos le correspondería el honor de ser el primero que cruzara la barra del río Negro, en cuya colonización y exploración tuviera parte destacada. Desgraciadamente Piedra no alcanzó a conocer el resultado de esta empresa que pudo cambiar, radicalmente, el curso de los acontecimientos.

LAS DESAVENENCIAS DE JUAN DE LA PIEDRA

Los ruidosos procesos, acusaciones y descargos a que, por espacio de 5 años, dio motivo la conducta del superintendente Juan de la Piedra, hace necesaria una ligera reseña de las desaveniencias que su actuación planteó.

La queja dirigida al ministro Gálvez, contra las autoridades de la colonia en general, y don Manuel Fernández en particular, no podía dejar de atraerle contrariedades que también debieron distanciarlo del virrey en su carácter de jefe supremo de la administración colonial. El sistema personalísimo de Piedra en el equipo de la expedición molestó también a su contador-tesorero y ya hemos visto, además, la incidencia ocurrida con su hermano Francisco al salir de Montevideo que debía dar por resultado una marcada animosidad entre ambos, como se comprueba en los informes posteriores a los sucesos practicados por uno y otro. Para Viedma, Piedra, a fuer de organizador de la expedición, será responsable de sus fallas; las mismas que por otro lado, achaca Piedra a las autoridades de la colonia.

Una prueba más de este estado de cosas la da la sospecha de separación de Viedma del convoy. Si fué maliciosa dicha tentativa, no está probado, pero sí, queda evidenciada otra muestra de desconfianza entre las relaciones de ambos. Otra nueva queja produce don Francisco Viedma a su llegada a San José, que no es sino corolario de la anterior; la falta de consideración que dice ha recibido del capitán de la fragata en que ha realizado el viaje como simple particular y que damos a conocer en su constancia escrita para que el lector no deba resignarse a nuestro fallo. Una cosa nos resulta desde luego conden able en Piedra : la falta de consulta a su colega en la elección del lugar en que ha de asentarse la población de la que será superintendente propietario.

En cambio nos parece exagerado el concepto del contador tesorero don Antonio Viedma quien, interrogado por el superintendente respecto a las sumas de dinero adelantadas a gente de expedición, le contesta que esos asuntos deben tramitarse por oficio y no con la expresión de depositario "propia para todo hombre pechero y llano y no a quien se halla condecorado por S. M. con el empleo que me autoriza y distinción de mi ilustre nacimiento .

La predilección demostrada por Piedra hacia el teniente Pedro García, comandante del Santa Teresa , a quien notoriamente favorecía con su confianza en detrimento de los profesionales, le traerá también la malquerencia, bien que momentánea, de algunos de éstos.

Finalmente la presencia de los descontentos de siempre, como se nos muestran el subteniente Márquez y uno de los capellanes, fray Thomas Nicolau, como así también el pretencioso celo del comandante de las armas, tenientedon Nicolás García, contribuirán más tarde a la desarmonía del conjunto que también debió pesar en los sucesos.

PARTIDA DEL SUPERINTENDENTE PIEDRA A MONTEVIDEO

La partida de Piedra de Bahía San José, que mo tivó una de las más graves acusaciones del virrey Vértiz y cosa rara de su secretario de cámara, el marqués de So-bremonte de tristísima conducta, se realizó el día 4 de marzo después de haberse desembarcado gran parte de los víveres y pertrechos destinados a San Julián.

Por entonces se encontraban frente al establecimiento la fragata mercante "Carmen", el paquebote, "Santa-Teresa" y la sumaca "San Antonio la Oliveyra\ pues el bergantín "Nuestra Señora del Carmen", había salido a explorar los alrededores de los ríos Colorado y Negro.

Dice Piedra que: la tardanza en regresar este último — cuya pérdida cree posible por los malos tiempos que se produjeron a su salida —; el apremio en despachar a Montevideo la fragata fletada; la falta de los pilotos prácticos (Goicoecbea y Villarino) para ir a San Julián; lo avanzado de la estación, el deseo de no dejar a San José sin el auxilio de una embarcación, como así también la ausencia de la sumaca "Madre de Dios" , cuya llegada han esperado en vano, fueron las causas que aconsejaron su regreso a Montevideo.

Nosotros creemos, firmemente, que el delito de abandono de su puesto, de que el virrey y Sobremonte han de acusarlo, es exagerado e injusto ya que ha mediado una entrega al superintendente propietario. En último caso pudo mejor ser acusado de no haber dado cumplimiento a la inmediata fundación de los establecimientos de San Julián y Deseado nunca de haber dejado una colonia para cuyo gobierno no había sido designado, sino, simplemente, comisionado a los efectos de su establecimiento.

Es posible, como antes lo insinuamos, que Piedra abrumado por la falta de tiempo, hubiera dispuesto su partida de Montevideo al inmediato efecto de dar comienzo a la colonización tan deseada por las autoridades reales y que, realizado tal intento y con mayor experiencia, no se sintiera con elementos para llevar a la práctica un intento que, lógicamente, suponía de difícil ejecución al llegar más al Sud.

A su partida otro enojoso incidente se produciría: el embarco subrepticio del subteniente Márquez que parecía contar con la complicidad del jefe de las fuerzas y, posiblemente, del mismo don Francisco Viedma. Sabedor Piedra de lo que ocurría, por el capitán Gorostiaga, comisionó al teniente Pedro García para que pasando a la fragata Carmen , obtuviera su desembarco, lo que dió motivo a la intempestiva nota del jefe de las armas.

Ya en alta mar Piedra ordenó se abriera un saco de correspondencia que el mismo subteniente Márquez había entregado a un empleado que lo acompañaba y que contenía 13 cartas dirigidas al virrey, intendente, jefes de los cuerpos de Buenos Aires y otras personas de actuación destacada en ella. Posteriormente recibía, de otras manos, dos nuevos sobres destinados al gobernador de Montevideo.

Piedra, que sabía muy bien cuál podía ser el contenido de esas cartas, dio recibo de esa correspondencia a los depositarios y abrió los sobres dirigidos al virrey e intendente cometiendo así un acto atentatorio al derecho elemental de gentes, único cargo que no podrá justificarse ante sus jueces. Pero esas cartas son indicio de dudosos manejos y obscuros fines maquinados, según Piedra, por sus enemigos que tenían en Márquez un delator oficial, para atenuar el calificativo.

CRUCE DE LA BARRA DEL RIO NEGRO POR EL PILOTO VILLARINO Y PARTIDA DE DON FRANCISCO VIEDMA PARA DICHO RIO

A la partida de don Juan de la Piedra se hizo cargo del establecimiento dé oan José el superintendente propietario del mismo don Francisco de Viedma quien procedió de inmediato a reunir, en uno solo, los efectos y víveres de los 2 campamentos. Habían quedado en ellos todos los que correspondían a la futura población de San Julián que, su superintendente, a su paso por Oan José, en su viaje al Sud, pensaba recoger.

El regreso del bergantín "Nuestra Señora del Carmen", en el que había embarcado Villarino para un nuevo reconocimiento del río a cuya boca llegaron antes, según dijimos. García y Bruñel, se produjo el 13 de marzo. Las noticias de que eran portadores no podían ser mejores: a pocas millas al N. E. de han José, donde la mala calidad de las aguas y las dificultades de su traída de las fuentes, obraban como pesadilla en los noveles pobladores, un verdadero cauce de agua dulce, de fértiles riveras y arbolado paisaje, con una barra fácil de cruzar en las embarcaciones de la escuadrilla y navegable en su interior, se les brindaba.

Traían de allí un indio tehuelche que, voluntariamente quiso acompañarlos y dos de los nueve presos desertores de la Colonia de San José. Aquellos dos infelices, después de grandes privaciones y a punto de morir de hambre, fueron los únicos que sobrevivieron a las causas apuntadas en que también había perdido la vida un negro que con anterioridad desertara. Fueron, pues, en total, 8 hombres devorados por la inclemencia patagónica. Los primeros de una larga serie que han encontrado, hasta no ha mucho, idéntica suerte.

En posesión de estas noticias, dispuso don Francisco Viedma trasladar la gente a su cargo al referido río, entregando a su hermano Antonio los efectos y personal destinado a San Julián. De las tres embarcaciones existentes, la sumaca y bergantín, irían al nuevo establecimiento, y el paquebot, cuyo comando abandonó el teniente Pedro García — despechado por las noticias contrarias a las suyas, esparcidas por Villarino a su regreso del Río Negro— permanecería fondeando frente a San José a cargo del piloto Pedro del Olmo.

El 12 de abril la gente estaba ya embarcada y sólo esperaban viento favorable para abandonar la Bahía, cosa que ocurrió el 16 del mismo mes logrando llegar, el 18, frente al ansiado río precisamente a tiempo en que crecía la marea y con lo oportuna ayuda de una apacible brisa. Echóse entonces al agua el bote del bergantín — en el que embarcaron Viedma y Villarino — y, determinada por la sonda la profundidad de 2 brazas en la barra, la cruzaron con toda felicidad. Desde su llegada — que fué a las 9 hs. 45 — basta encontrarse adentro, navegando aguas arriba, babía transcurrido una hora.

Pocos días después el patrón don José Domingo Gonzalorena, con la cbalupa "Nuestra Señora del Carmen' y 6 hombres del bergantín, se establecerían en esa misma boca para "servir de práctico . . . dar las señas y socorrer a los que vengan a entrar". Como se ve, se había establecido el primer estacionario de los muchos que, casi sin interrupción, se han sucedido hasta el presente. Servicio que acaba de cumplir 150 años, el más antiguo de todos los de la costa. Hasta el 22 — dice Francisco Viedma en su informe — estuvimos recorriendo rio arriba el Terreno mas ventajoso para el establecimiento con arreglo de la instrucción que se eligió en este mismo dia unas 6 o 7 leguas distante de la mar y una cuadra de la margen del rio por la parte del Sur\ actual población de Viedma, capital del territorio nacional del Río Negro.

En ese lugar se echaron las bases de la colonia trabajando ardorosamente sus primeros pobladores durante el día y retirándose durante la noche a las embarcaciones por temor a un ataque de los indios Pampas y Tehuelches establecidos en sus inmediaciones, indicio infalible de la fertilidad del suelo, si otras manifestaciones no lo hubieran mostrado ya.

Por los indios supo Viedma "que este es el Rio Negro" deduciéndose entonces "que la punta de San Matías será la que hay a la entrada de la boca sin que se reconozca Bahía alguna donde desagua dicho rio" lo que refuerza nuestra antigua creencia de que el nombre de San Matías, dado a Golfo Nu evo en el viaje descubridor de Magalla nes y el que más tarde recibió el que ahora lo lleva, nada tiene que ver con el citado golfo.

Referente al bautizo de la primer colonia del Río Negro nos dice Viedma que, "se le denomina "Nuestra Señora del Carmen" por haberla elegido por patrona", cosa que no podía dejar de ocurrir teniéndola tan presente, pues, como ya lo hicimos notar, llevaban su mismo nombre: la fragata particular que trajo desde el Río de la Plata a San José, a los pobladores y tropa, el bergantín que cruzó primero su barra y la chalupa que desembarcó los materiales para los mismos y se estableció luego en su boca.

La patrona de los marinos asentábase en las márgenes del río en cuyas aguas tantos episodios marítimos se producirían y en los que, la marina nacional, retomando más tarde el hilo de los presentes sucesos, escribiría nuevas páginas de trabajo y sacrificio. En cuanto al río Colorado, en el que ordenaban las instrucciones reales se efectuara un establecimiento o fuerte tributario del de Bahía Sin Fondo, también indicaron los indios su situación y a él irá más adelante Villarino.

La entrega por parte del cacique Negro de una carta dirigida por el virrey a don Juan de la Piedra, que recibió entonces Viedma, probaba la posibilidad de establecer por tierra comunicaciones con la Capital del Virreynato.

INTENTO DE COMUNICACIONES CON SAN JOSÉ

Ni la partida de don Juan de la Piedra para Montevideo ni la de Francisco de Viedma para el río Negro, mejorarían la suerte de los pobladores de San José. Las tentativas para conseguirlo fueron varias por parte del segundo. La primera de ellas fué la salida del piloto Víllarino el día 25 de mayo acompañado de un indio y una india que le servía de intérprete. Llevaban éstos : un par de caballos para cada uno y una mula carguera pero la falta de agua y alimentos para las bestias, impidieron la llegada a destino alcanzando, empero, a reconocer el Puerto de San Antonio, descubierto por Goicoechea, y sobrepasando el paralelo que divide, en dos partes iguales, el fondo del actual golfo de San Matías.

En vista de ese revés dispuso Francisco de Viedma el envío del bergantín de Goicoechea a San José con agua y consejos para sus moradores alentándoles — dice — para que permaneciesen en aquel sitio sufriendo las inclemencias del contagio y trabajos que da de si aquel infeliz terreno" hasta tener instrucciones del virrey que, como podrá ímparcialmente juzgarse, no se apresura mucho a tomar una resolución y quien parece más inclinado a buscar responsables en el abandono de la colonia San José que a auxiliarla.

Desgraciadamente los fuertes vientos del tercer cuadrante impidieron a Goicoechea — que el 22 de junio abandonó la boca del Río Negro — su arribo al desgraciado puerto llegando, en cambio, a Buenos Aires el 30 de junio, antes de la salida de los auxilios que dijo Vértiz haber despachado. Porque, en efecto, "la urca del Rey 'Visitación" despachada por mi desde Abril — habla del virrey en su nota al ministro Gálvez, — naufragó en el puerto de Montevideo", ¿qué día? ¡El 17 de junio!...

Eso indica, por lo menos, que su celo, en materia marítima por así llamarla, no fué el fuerte de su gobierno virreynal. El 31 de agosto los presidiarios José Paloma y Andrés Izaurralde — que también ellos tienen cabida en nuestro relato — se ofrecieron a llegar a Dan José a cambio de su libertad saliendo con ese destino con una tropilla de 5 caballos. Doce días después regresaban diciendo que habían conseguido llegar hasta el istmo de la península pero que, sorprendidos por los indios que les robaron 3 de sus caballos se vieron obligados a huir sin conseguir su objeto cuando sólo horas de marcha los separaban de sus infortunados compañeros.

En ese mes, intendente y virrey, decidieron recién la compra de dos goletas que piensan despachar en septiembre para San José. Pero ya es tarde porque el 1.° de agosto, Viedma, con casi toda la gente, se ha embarcado en el paquebote "Santa Teresa" con destino a Montevideo obligado por las contingencias que pasamos a enumerar.

LA PRIMER TRAGEDIA DE PUERTO DE SAN JOSÉ Y ABANDONO DE LA COLONIA POR DON ANTONIO VIEDMA

A don Antonio Viedma, nombrado contador tesorero de los establecimientos de Bahía Sin Fondo y posteriormente designado por el virrey para serlo de los de San Julián y Deseado, tercer superintendente de la desgraciada colonia de San José, le correspondería luchar en los peores días que a la misma aguardaba.

A la salida de su hermano Francisco para el río Negro quedaban alrededor de 10 enfermos de escorbuto, número que, desde entonces, y sin auxilio de ninguna especie, siguió en aumento. La mala calidad de las aguas de la playa, los escasos elementos para transportar desde el centro de la península, la por cierto más potable de las fuentes y el mal estado de los víveres proporcionados a la expedición a su partida de Montevideo, conspiraban, cada vez más, contra la salud de todos.

"Naturalmente hablando — dice el cirujano Ametller en oficio fecha 6 de junio — no me queda esperanza que se ha de cortar con los auxilios presentes dicha enfermedad, y menos restablezcan los que actualmente han adolecido de ella' por falta, claro está, de alimentos frescos. "Ademas — agrega — se me ban concluyendo las hierbas aromáticas y otras medicinas que hasta ahora he suministrado".

Veamos también otro aspecto de la situación a través del parte pasado por el comandante de las armas don Nicolás García que, por entonces, no tenía gente ni para apostar un centinela "porque solo he quedado con los oficiales pues la mayor parte de la tropa como a Vm. le consta se halla en el Hospital, los diez que están en el Cuartel se hallan tan enfermos como los del hospital y no quieren ir halla por haver reparado que los que entran no salen a- no ser para el Camposanto como se experimenta en los últimos días que se han sacado de dos en dos para dicho puerto y los que han quedado no les falta mucho para seguir la misma ruta pues como Vm. sabe los que ahora no están oleados están con viatico esperando su última hora".

Por esos días el "famoso Puerto" de Piedra se alborota con mayor frecuencia amenazando acabar con el paquebot Santa Teresa ', única embarcación que les queda para intentar su salvación. Con estos antecedentes convocó Antonio de Viedma a Junta a la Plana Mayor del establecimiento, la que, reunida en fecha 25 de junio, se pronunció unánimemente, por el regreso a Montevideo.

Pero esas razones no deciden a Viedma que pretende ganar tiempo esperando el regreso de Piedra o la llegada de alguna nave con víveres y auxilios en general. Iodo es en vano. Las autoridades coloniales no alteran el ritmo lento de sus actos. Piedra, detenido por el virrey, no volverá ni a San José ni a San Julián y en su defecto, a pesar de los tres meses que han transcurrido desde su llegada, nadie socorrerá a esos desgraciados. \Y son aquellos funcionarios los que luego buscarán agrandar los desaciertos de Piedra para pedir su condena y los que lo acusarán de desidia, abandono y mala conducción de las operaciones!

El 7 de julio, la "Santa Teresa', después de haber garrado durante la noche a impulso de un fuerte viento y dado una veintena de golpes contra el fondo, perdió su timón y estuvo una vez más a punto de perderse totalmente. Y si ella se pierde ¿qué harán esos infelices que en tierra desesperan por el regreso? Para el día 21 quedaba en condiciones de navegar, bien que su estado no era bueno y en casos normales tal vez nadie hubiera deseado embarcar en ella. Lo dice su mismo ex comandante, el teniente don Pedro García, que se ofrece en cambio a custodiar en ese puerto los efectos reales.

Por esos días ordena Viedma a los cirujanos bajo apercibimiento si no se conducían con verdad de 8 años de presidio y privación de ejercer para siempre la facultad" un informe escrito sobre el estado sanitario de toda la gente de la colonia. Su resultado fué por entonces : 58 enfermos de escorbuto y 72 sanos aunque tal calificativo es ahora, en razón de su miseria fisiológica, tan solo relativo. Pero las cosas empeorarán todavía. Antes de la partida, y luego en viaje, la lista de vidas y enfermos aumentará. Por entonces la gente busca su salvación en el campamento y en la playa; en el hospital y en las fuentes donde algunos se trasladan a pie, sudorosos, afiebrados y hambrientos. Otros, jugando el todo por el todo, desertan prefiriendo la sumisión al indio al peligro mortal del contagio.

¿Qué puede hacer en tal trance un jefe? Un día se le insolentan los oficiales, otro, la tropa, para obligarlo a decidir el regreso, — toma el arbitrio de "desjarretar" el caballo que hace el acarrea de agua de la fuente. La desobediencia está cercana. Para comprenderlo no basta que nadie lo diga y para saberlo son tan elocuentes los partes que luego pasarán los jefes como la simple exposición de los hechos.

Si en la guerra la disciplina militar exige sacrificios, tiene en la gloria su mayor recompensa y dinamismo. Por eso es siempre más sagrado el estoicismo de la paz que a sí solo se basta y a quien nadie canta. Para mostrar en forma más visible, el estado de ánimo de los que vivieron subordinados a estos acontecimientos, transcribiremos, a falta de otro documento, la letra de algunos de los versos que aparecieron pegados en la puerta de la capilla de San José — tosco rancho con techo de cuero y cruz de madera en lo alto — testigo, 27 años después, de una nueva tragedia.

"Los M. y P. han de vivir
Los A. y N. han de morir
Mejor medio yo no hallo
paguen ellos la mitad
y la otra los caballos .
"Todos deseando están
con felicidad salir
Y si no liega este caso
muchos se han de morir.
"Frailes y tropa
se han de embarcar
para otro puerto no hay duda
quédese pues es su gusto
la demás gente menuda .
"El timón está acabado
como bien se verifica
veinte y un hombres enterrados
de este mal según se explica
escorbuto declarado .

Y luego, pasando del simple relato a la letra incitadora de rebelión, agrega el poeta:

"Si la omisión ocasiona
la total perdida a todos
es la mejor medicina
que el gobierno quede solo" .

Terminando con esta rotunda declaración que no dejó de impresionar a Viedma :

"Si el embarco se dilata
con sofísticas razones
se verá la tropa alta
y con muy justas razones.

Pero las sofísticas razones desaparecen. Es el 1.° de agosto y Viedma parte. El 13, al cumplirse 8 meses de la salida, regresaba a Montevideo el paquebot 'Santa Teresa". Venían en ella 115 enfermos y 35 hombres que, aunque libres del mal — porque los había muy fuertes — revelaban en su físico, una vida de penurias y miserias. Cuarentitrés de sus compañeros habían rendido el tributo de su vida, muchos de ellos en vísperas de llegar al puerto.

Mala recomendación era ésta para las muchas familias que por allí esperaban su traslado a la costa patagónica y malos tiempos los que se le venían encima a don Juan de la Piedra, que destituido por el virrey, elevará por varios años instancias y súplicas a las autoridades de la metrópoli pidiendo jueces ante quienes justificar su conducta.
Tal fué el resultado de este principio de asiento de colonias en nuestra costa, el cuarto de los hasta entonces practicados.

 

 

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