Historia y Arqueología Marítima

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ACTIVIDADES MARITIMAS EN LA PATAGONIA DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

1780 - Preparativos y partida de la expedicion de Antonio Viedma al sur.

 

ANTECEDENTES.

Para reemplazar al superintendente don Juan de la Piedra, procesado por las autoridades de la Colonia por lo que se estimaba abandono del establecimiento de San José, nombró el Rey al teniente de navio don Andrés de Viedma, quien había llegado al Río de la Plata a fines de noviembre de 1779.

Su mal estado de salud le impidió nacerse cargo de su puesto que, con anterioridad de algunos días, había el virrey otorgado, interinamente, a su hermano Antonio, contador tesorero de real nombramiento de los establecimientos de San Julián y Deseado que debió fundar Piedra en 1779. Formaban el convoy expedicionario el paquebot "San Sebastián , capitana de la expedición, en la que embarcó don Antonio Viedma y cuyo mando ejercía el 2.° piloto don Bernardo Taforo o Tafor y los bergantines "San Francisco de Paula y "Nuestra Señora del Carmen , mandados respectivamente por los pilotos de aquel grado don José Miranda y Alonso Manzo.

Como práctico de la escuadrilla había embarcado nuestro antiguo conocido don José Goicoechea, iniciando también sus servicios en la costa una de las figuras más interesantes de la marina colonial: el piloto don José de la Peña, de quien más extensamente nos ocuparemos en otra oportunidad.

Después de algunas salidas infructuosas zarpaba la expedición de Antonio Viedma del puerto de Montevideo el 13 de enero de 1780. Llevaba consigo: 2 cirujanos, 2 capellanes, 1 oficial de infantería, jefe de una guarnición de 30 soldados de esa arma y 7 nombres de la de artillería, además de 18 pobladores solteros y los "oficiales obreros para el pronto necesarios'". Conducían también: víveres para un año, agua para 4 meses, herramientas, útiles de labranza y 10 muías para trabajos.

Era su misión la de reconocimiento de la costa desde el Golfo de San Jorge hasta el cabo de Vírgenes y formar un provisional establecimiento en el mejor puerto y terreno que se descubra respecto a que en San Julián hay la duda por la noticia de los que de esta Provincia han estado a cargar sal, no encontrarse agua dulce en todas las inmediaciones de aquel puerto".

RECONOCIMIENTOS EFECTUADOS DURANTE EL VIAJE

El 21 de enero, encontrándose la escuadrilla a 35 millas de San Antonio, se ordenó gobernar en demanda de Dan Jorge y pocos días después se dio como punto de reunión, para el caso de separación fortuita, la bahía Gregorio.

El 27 el "San Francisco de Paula" perdió de vista a las dos restantes unidades, siguiendo viaje directo a la citada bahía. En tanto, el "San Sebastián" y el "Nuestra Señora del Carmen' , hicieron rumbo a Santa Elena, en cuyo puerto fondearon el 19 de febrero, en el que desembarcaron con el fin de reponer el agua consumida, dedicándose Tafor, secundado por los pilotos de las dos naves, a obtener los datos necesarios para el levantamiento de la carta de ese puerto y el de caleta San Sebastián, cuyo nombre ha desaparecido en nuestras cartas. No teniendo en la actualidad ninguno se comprenderá lo fácil que resultaría a nuestro Servicio Hidrográfico el restituírselo con carácter definitivo.

En esos lugares estuvo, hasta el 26 de ese mes de febrero, la capitana de la expedición y hasta el 24 la nave de Manzo, reuniéndose el 27 en Bahia Gregorio toda la escuadrilla.

La permanencia de las naves en esos parajes, hasta el 18 de marzo, permitió al activo e inteligente Tafor el levantamiento de la carta de esos lugares. Desde allí zarpó la escuadrilla para Dan Julián, donde fondearon el 23, procediéndose a reconocer el lugar con ayuda de los indios entre ellos el cacique Julián, amigo de Goicoechea, que les facilitó toda clase de datos y con los que pudo Viedma abrir juicio sobre las condiciones de ese puerto que consideró el mejor de los hasta entonces visitados.

El 14 de abril zarpaba nuevamente el convoy con objeto de reconocer a Danta Cruz, cuya entrada balizaría la gente del cacique mediante fogatas en su boca. El mal tiempo, que por entonces se produjo, los hizo arribar cinco días después a Deseado, en donde se decidió a invernar, despachando el paquebot de Tafor con informes sobre lo reconocido y pedido de instrucciones al virrey para echar las bases de la colonia.

ASIENTO PROVISIONAL EN DESEADO. APARICIÓN DEL ESCORBUTO Y EMBARCO DE DESCONTENTOS Y ENFERMOS PARA BUENOS AIRES

A la llegada a Desead o procedióse a la construcción de una capilla, ranchos para la gente y almacenes para guarda de los efectos desembarcados, sembrándose el primer trigo que germinó en esa zona. En puerto Deseado, como antes había ocurrido en San José y luego sucedería en San Julián, el temido escorbuto no tardó en presentarse. La carencia de víveres frescos, la poca variedad de los que corrientemente se proporcionaban, los rigores de la estación, todo, en fin, conspiraría contra la vida de esos, hasta hoy casi ignorados pobladores, cuyos sacrificios fueran en verdad dignos de mejor suerte.

Trece individuos, entre la gente de las naves, soldados y colonos, dejaron allí sus vidas y un número no menor de enfermos graves parecían estar a punto de llevar idéntico destino. Con estos males, otro no menos grave, aconteció : el descontento de la gente, al parecer instigada por el contador raleón y teniente Climens o Clement, que proclamaban la necesidad de regresar al Río de la Plata.

Don Antonio Viedma, que tenía experiencia en esos asuntos por lo ocurrido en San José, cortó de raíz estos males embarcando a enfermos y murmuradores en el bergantín "Nuestra Señora del Carmen" que despachó para .Buenos Aires, a las órdenes del práctico don José Goicoechea, quienes abandonaron el puerto el 28 de agosto quedando, en consecuencia, en dichas aguas el bergantín "San Francisco de Paula" , puesto a las órdenes del piloto José de la Peña.

LLEGADA DE INSTRUCCIONES DEL VIRREY Y TRASLADO A SAN JULIÁN

En octubre de 1780 salía de Montevideo una nueva expedición de 3 buques que, además de traer algunos elementos, pobladores para el establecimiento, y gente para completar la dotación de las naves y guarnición, era portadora de la orden del virrey de proceder a formar la población de San Julián.

Fueron dichas embarcaciones la fragata particular "Carmen", mandada por el piloto Juan Pascual Calleja, bergantín "Nuestra Señora del Carmen , del mando de Goicoechea, y el paquebot "San Sebastián de Tafor". La última de las nombradas siguió viaje directo a San Julián y el bergantín penetró en cambio a Deseado el 12 de diciembre, pues había inseguridad sobre el puerto en que Viedma se encontraba.

Doce días después el superintendente entraba con el "San Francisco y el "San Sebastián , a San Julián. El arribo de la fragata "Carmen" producido el 28 de noviembre, no fué por cierto muy feliz, pues naufragó dentro del puerto, ahogándose los ganados destinados a la colonia y avenándose gran parte de los víveres y semillas que conducía.  Es interesante puntualizar que las maderas sacadas del buque náufrago se utilizaron para hacer puertas y ventanas en las casas del naciente pueblo y para la construcción de su fuerte, cuyos diseños también mostramos.

Bien puede, pues, decirse que la primitiva población de Floridablanca, nombre que por entonces recibió San Julián en honor del Ministro de Indias, don José Moruno, de aquel título, contó con un bautismo exclusivamente náutico.

El escorbuto no dejó de causar acá sus víctimas, llevándose, en 75 días, quince personas, entre ellas la esposa de uno de los pobladores y enfermando de gravedad el superintendente Viedma. La llegada del paquebot pan Sebastián y del bergantín Belen , con víveres frescos, salvó la situación, declinando desde entonces el mal.

Respecto al número de pobladores existentes en la naciente colonia diremos que, a juzgar por las memorias y documentos que hemos tenido en nuestras manos, existieron 16 agricultores, 8 de ellos casados — cuyas mujeres dieron todas hijos al pueblo, — además de la tropa de guarnición muchos de los cuales eran también casados, y de los empleados, artífices y desterrados, no siendo exagerado asignar una población total de ciento cincuenta españoles, a los que se sumaron no menos de 600 indios acampados en sus proximidades.

Respecto a los animales allí existentes, sabemos que el plantel real lo formaron 30 mulas — 6 de ellas compradas a los indios — 30 cabezas de ganado caballar, 18 vacunos, 25 ovejas, 25 cerdos y de 500 a 700 animales de plumas. Los particulares contribuyeron además con 37 caballos y yeguas canjeados a los indios.

Más feliz que los expedicionarios del viaje de Olivares — que recorrieron esos lugares sin hallar un solo indio para echar las bases de su proyectada misión, por desconocimiento posiblemente, de sus prácticas errantes, — encontró Viedma gran cantidad de patagones que obedecían al cacique Camelo, al que los españoles nombraban San Julián, y de quienes se expresa aquél en términos elogiosos. La bondad de los naturales y el buen trato que estos pobladores les prodigaron fueron provechosos para estos últimos, pues no sólo les indicaron aquéllos el lugar de las aguadas, sino les proveyeron, en días de estrechez, carne fresca de guanaco y león, con lo que les fué posible reservar los vacunos para el arado.

Dice Antonio de Viedma que estos indios adoraban los mascarones de proa de los buques y las figuras, que entonces llevaban los mismos en sus aletas de popa. Algunos de aquellos indios poseían y guardaban con veneración dichas tallas, procedentes de los muchos buques que por esa costa naufragaban. Llamábanlos "camalasque , que en su lengua significa "poderoso y valiente'.

Era tanta su docilidad, que afirma el mismo Viedma, que abandonaban con sólo exhortarlos, sus prácticas salvajes, ayudándolos en el cuidado del ganado, que recogían voluntariamente cuando se les escapaba y acompañándolos en sus excursiones. En una de ellas, llegó el superintendente hasta la cordillera remontando el río Santa Cruz en todo su curso, el mismo que, por su orden, levantó el piloto José de la Peña en su desembocadura, para lo cual zarpó el 4 de enero de 1782 con el San Francisco de Paula . Cuenta también que hasta se reunían para seguir con atención las clases de vocabulario castellano que los españoles les enseñaban y que con facilidad asimilaban.

COMO SE FORMO EL PUEBLO DE FLORIDABLANCA

Para dar una idea de la actividad desplegada por los nuevos pobladores de San Julián diremos que durante su estada en la región, construyeron un "fuerte de madera de 28 varas en cuadro" en que contaban con alojamientos para la plana mayor, maestranza, cuartel de tropa, cocinas y almacenes. Un hospital también de 28 varas de frente con :una sala para enfermos de 12 x 6 varas, habitación de los practicantes, farmacia, cocina, consultorio del cirujano y el todo tapiado de adobe de una vara de espesor, y tres de altura. El techo era de tejas fabricadas en el pueblo "sus maderas de pino y una reja de fierro en la sala de enfermos".

Inmediato a este edificio y dando frente a la plaza se construyeron 9 casas de pobladores — que ocupaban otras tantas familias — de 8 varas de frente y 6 de luz, con sala,
dormitorio, cocina y pozo "con sus techos, paredes, maderas, ventanas y rejas en todo como la anterior". Al lado opuesto del fuerte se hizo otra construcción de 41 varas de frente destinada a la panadería, con dos nomos para cocer pan, habitación para el artesano, herrería, tahona y dos piezas para los operarios.

Contigua a la panadería — aunque en otra manzana y con frente a la plaza — una segunda serie de habitaciones de los otros pobladores, en nueve casas distribuidas como las anteriores, en cuyas proximidades estaba el horno de cocer tejas y ladrillos, con un rancho de paredes de adobe para el obrero.

Además de estos edificios reales, existían las viviendas que algunos particulares construyeron a sus expensas. Pertenecieron, una de éstas al carpintero, tres a igual número de agricultores, 4 a soldados casados de la guarnición y dos pulperías: una al desterrado don José de la Serna y otra al vasco Juan Antonio Aizpurúa, dueño, como tal, de una fonda con un cuarto para alquilar que tenía la particularidad de ostentar paredes "de tosca labrada, techo de tablazón de roble y revoques de mezcla".

Para tales obras "no recibieron estos particulares más que las herramientas que el rey les ha prestado y la licencia concedida por los chejes del establecimiento para sacar madera de la fragata perdida que quedó varada dentro del puerto, con la condición de dar a su majestad la tercera parte de la que transporten al pueblo".

Respecto al lugar en que debió asentarse éste, diremos, con ayuda de la carta y diseño existentes en el S. H. A., que debió encontrarse sobre el meridiano que pasa tangente al fondo de la bahía y a unos 200 metros, aproximadamente, más al S. S. E. de los pozos de agua dulce que se encuentran situados en la carta mencionada.
Durante el primer año la construcción de las viviendas no permitió a los agricultores la siembra, que se efectuó recién en mayo del 82, en ^que se repartió la semilla y se contó con las muías que antes estuvieron ocupadas en acarrear materiales y pisar barro. Los inconvenientes de esta siembra fueron muchos, como se supondrá, pues los animales no estaban amaestrados en el arado y la tierra les resultaba difícil de roturar. Jo que les hizo retardar tal labor.

Otra causa se opondría al trabajo de los agricultores: las nuevas traídas por los tripulantes de las embarcaciones que venían de Buenos Aires que, anunciando el regreso de los pobladores, desalentaban a los colonos.

A pesar de todo eso el resultado de la cosecha no fué tan desfavorable, pues en total se cuadruplicó la cantidad de trigo y se sextuplicó la de avena sembrada, como más detalladamente consta en una planilla de la memoria de Antonio Viedma, copia de la que sirvió para la información sumaria que por pedido del mismo levantó el capitán Iriarte, que fué quien lo relevó en el cargo cuando regresó enfermo al Río de la Plata y con cuyo testimonio demostraría a las autoridades virreinales el buen estado del establecimiento puesto* a su cuidado.

ABANDONO DE SAN JULIÁN

Lo cierto fué que el virrey Vértiz, que nunca miró con simpatía la formación de esas poblaciones marítimas, a pesar de que su celo en otro orden de cosas lo hayan hecho famoso, influenciado como en otra oportunidad dijimos, por opiniones extrañas — entre las que según Antonio Viedma, estaban las de los jefes de marina en el Río de la Plata y algunos de los capitanes de las embarcaciones que hacían viajes entre Buenos Aires y San Julián, — dieron por resultado la real orden fecha 1° de agosto de 1783, que disponía el total abandono de la población de San Julián, que tuvo efecto el 29 de enero de 1784.

Simples pilares acreditarán por algunos años, la denominación española en la costa patagónica cuya soberanía quedaba relegada a simples visitas a cargo de los buques de paso por Malvinas quienes, anualmente, debían inspeccionar aquellos dos puertos.

Administrativamente considerado el intento de colonización acariciado por Carlos 111, había fracasado pues, sólo uno de los establecimientos, el del río Negro, trasladado a la margen norte del río después de la creciente que se produjo el 13 de junio de 1779, subsistirá, bien que rebajado a la simple categoría de puesto militar. Lo raro de esto es que fueran las autoridades virreinales las que más desearon su abandono y los superintendentes de la costa — únicos que debían soportar los rigores de esos parajes — los que más lucharon por su mantenimiento. 13ien^ dice Francisco Viedma en su memoria que encontraron su mayor ayuda en donde hubieron de recelar su ruina y que las autoridades de Buenos Aires fueron las que nías conspiraron contra su existencia.

¿Fueron inútiles los trabajos realizados por los superintendentes de la costa patagónica? No, porque, afortunadamente para el porvenir de ésta, en algo más que en labores agrícolas se ocuparon aquéllos.
 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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